Diabetes mellitus tipo 2
Complicaciones crónicas
microangiopáticas
Se incluyen en este apartado la retinopatía y la
nefropatía diabéticas, si bien para muchos autores tal vez debiera de tenerse en cuenta
la neuropatía, en la que junto con otros mecanismos patogénicos la microangiopatía
juega un papel esencial.
Retinopatía diabética
Epidemiología
Según el Wisconsin Study (1995), la tasa de prevalencia
de retinopatía en diabéticos diagnosticados antes de los 30 años y tratados con
insulina, en diabéticos diagnosticados después de los 30 años y tratados con insulina y
en diabéticos diagnosticados después de los 30 años y no tratados con insulina, fue
respectivamente de 70,7 por ciento, 70,1 por ciento y 48,7 por ciento. A partir de este
mismo estudio se comprueba también como en la DM1, en los primeros años del
diagnóstico, la frecuencia de retinopatía global es muy escasa, alcanzando a los 10
años del mismo una cifra del 60 por ciento, y casi de un 100 por ciento a los 20 años.
Por su parte, pudo observarse como en la DM2, en el momento del diagnóstico, la
frecuencia de retinopatía global estaba próxima al 20 por ciento (tal vez debido a que
en ocasiones la DM2 lleva ya una evolución silente durante una temporada previa), al
tiempo que a los 20 años de evolución no sobrepasaba el 60-80 por ciento. La presencia
de retinopatía proliferativa a los 20 años de evolución es superior en DM1 (50-60 por
ciento) que en DM2 (10 por ciento), siendo similar la presencia de edema macular (10-20
por ciento); si bien suele predominar esta última manifestación en el grupo de
diabéticos tipo 2, tratados con insulina.
Etiopatogenia
Los principales factores de riesgo en cuanto al desarrollo
de la retinopatía son, sin lugar a dudas, el tiempo de evolución de la diabetes y el
grado de hiperglucemia, así como la presencia de hipertensión arterial. Otras
circunstancias favorecedoras, de menor entidad, parecen ser la hiperlipemia, el
tabaquismo, la presencia de neuropatía autonómica vascular o proteinuria franca, el
desarrollo puberal, el embarazo, la hipomagnesemia y la posible presencia de factores
genéticos aún no dilucidados.
Parece fuera de duda la relación entre buen control
glucémico y desarrollo y progresión de la retinopatía, según ha podido demostrarse
tanto en la DM1 (DCCT, 1993) como en la DM2 (Kumamoto Study, 1995; UKPDS, 1998). Asimismo,
se ha comprobado fehacientemente como el estricto control de la tensión arterial se sigue
en sujetos con diabetes tipo 2, de un 37 por ciento de reducción de complicaciones
microvasculares (UKPDS, 1998).
Se ha descrito, a su vez, la existencia de posibles
factores protectores del desarrollo de la retinopatía, tales como disminución de la
presión carotídea, miopía, aumento de tensión ocular y presencia de cicatrices
coriorretinianas.
En cuanto a la génesis de la retinopatía parecen
intervenir diversos mecanismos patogénicos.
Mecanismos bioquímicos
Aumento de actividad de la vía del sorbitol, glicación
no enzimática de proteínas (GNEP), actividad del sistema proteína-kinasa C y estrés
oxidativo. Estas alteraciones se complementan con modificaciones cuantitativas y
cualitativas de la membrana basal capilar, afectación endotelial, estimulo de la
actividad plaquetaria y procoagulante e inhibición de la fibrinolisis.
Mecanismos hemodinámicos
Aumento de flujo y permeabilidad capilar con pérdida de
su autorregulación. Presencia de hiperviscosidad sanguínea, disminución de la
deformabilidad y aumento de la agregabilidad eritrocitaria.
Factores de crecimiento
Influencia de la hormona de crecimiento hipofisaria (GH) y
producción a nivel local retiniano de diferentes factores de crecimiento: FGF (factor de
crecimiento fibroblástico o "fibroblast growth factor"), TGF-ß (factor de
crecimiento transformador o "transforming growth factor"), IGF-1 (factor de
crecimiento insulinico o "insulin growth factor"), VEGF (factor de crecimiento
vásculo-endotelial o "vasculo-endothelial growth factor").
Tratando de ensamblar todas estas alteraciones, se han
articulado diferentes hipótesis patogénicas de la retinopatía diabética, expresando a
continuación una de las que resulta más verosímil. La hiperperfusión retiniana,
condicionada por la hiperglucemia y empeorada por la presencia de alteraciones en la
autorregulación capilar y por niveles elevados de la tensión arterial, junto a la
hiperglucemia "per se",daría lugar a una pérdida de pericitos
(microaneurismas) y a un incremento de la actividad endotelial (aumento síntesis membrana
basal), circunstancias que conllevarían a una oclusión capilar con la consiguiente
hipoxia. Esta situación favorecería la liberación local de factores de crecimiento
(FGF, VEGF, TGF-ß) que influiría en las proliferaciones vasculares y conectivas
retinianas.
Historia natural de la retinopatía
Las manifestaciones lesionales que caracterizan el
desarrollo de la retinopatía diabética podemos resumirlas en: a) microaneurismas, b)
aumento de permeabilidad capilar, c) oclusiones vasculares, d) neoformaciones vasculares y
conectivas, y d) contracción de proliferaciones vásculo-conectivas (hemorragia vítrea,
desprendimiento retiniano).
De acuerdo con su aparición, podemos arbitrariamente
reconocer las siguientes fases evolutivas en la retinopatía diabética (figura 5).
Figura 5.- Evolución clínico-patológica de la retinopatía
diabética
(GNEP: glicación no enzimática de proteínas. MB: membrana
basal. IGF-1: insulin growth factor 1,
TGF-ß: Transforming growth factor ß. FGF: fibroblast growth
factor. PDGF: platelet derived growth factor.
VEGF: vascular endothelial growth factor. IRMA: intraretinal
microvascular abnormalities). |
Retinopatía diabética no proliferativa (RNP)
* Dentro de la misma existe inicialmente la que podríamos
denominar retinopatía no proliferativa de "base" o retinopatía no
proliferativa leve o moderada. Se traduce por la presencia de dilataciones capilares con
aumento de flujo y permeabilidad, así como de oclusiones capilares (engrosamiento
membrana basal, alteraciones hemorreológicas); alteraciones no visibles en el examen
convencional de fondo de ojo, y sólo detectables tras la administración por vía
intravenosa de fluoresceína. En el examen rutinario del fondo de ojo se encuentran
microaneurismas (pérdida de pericitos), microhemorragias (hemorragias
"redondeadas" en capas profundas retinianas), exudados duros (de aspecto
amarillo céreo y en relación con extravasación de componentes lipoproteicos) y escasos
exudados algodonosos o "cotton wool spots" (de color blanco grisáceo y en
relación con infarto de fibras nerviosas).
*Conforme evoluciona la retinopatía, nos encontramos con
la retinopatía preproliferativa o retinopatía no proliferativa severa. Se producen
entonces oclusiones precapilares y arteriolares, observándose en el fondo de ojo la
existencia de múltiples exudados algodonosos, anormalidades venosas (bucles,
arrosariamientos y reduplicaciones), anormalidades arteriales (estrechamientos
segmentarios, oclusiones), macrohemorragias (hemorragias superficiales "en
llama") y anormalidades microvasculares intrarretinianas (IRMA).
*Por último en el contexto de la retinopatía no
proliferativa, al igual que en el de la retinopatía proliferativa, puede insertarse la
maculopatia diabética. Este cuadro oftalmológico se caracteriza por la presencia de
edema retiniano y exudados duros en zona perimacular (retinopatía "circinada")
que con frecuencia suelen dar lugar a pérdida visual. Suelen describirse tres variedades:
focal, difusa e isquémica. El edema macular puede pasar desapercibido en el examen
rutinario del fondo de ojo, precisándose generalmente de un examen estereoscópico o de
la utilización complementaria de lámpara de hendidura.
Retinopatía diabética proliferativa (RP)
La hipoxia retiniana subsiguiente a lesiones isquémicas
retinianas (oclusiones capilares y arteriolares) condiciona la producción de una serie de
factores de crecimiento angiogénicos y fibrogénicos que se traduce oftalmoscópicamente
en dos tipos de lesiones: proliferaciones vasculares (neovasos originados a partir del
disco óptico o de la periferia retiniana) y proliferaciones de tejido conectivo.
Las neoformaciones vasculares (NV) son de carácter
anómalo, con paredes frágiles, y pueden crecer hacia adelante y penetrar en el vítreo.
Por rotura de las mismas surgen hemorragias prerretinianas o vítreas y como consecuencia
de la tracción de la retina es posible que se originen distorsiones maculares o
desprendimientos retinianos.
La agravación de estas complicaciones, y su asociación
con "rubeosis iridis" y glaucoma neovascular, constituyen la denominada
retinopatía diabética avanzada.
Pérdida de visión en el paciente
diabético
De manera indudable es la pérdida de visión más o menos
aguda una de las situaciones que más angustia al paciente diabético. Ésta puede surgir
en la RNP como consecuencia de la presencia de maculopatía (edema macular, oclusión
capilar perimacular) y en la RP debido al desarrollo de hemorragia vítrea o
desprendimiento retiniano.
Pueden, asimismo, existir en el paciente diabético tipo 2
otras patologías oculares, más o menos relacionadas con la diabetes, que conllevan a
alteraciones visuales o a síntomas oftalmológicos agudos: pérdida brusca de visión por
oclusión de vena o arteria central retiniana, visión borrosa (diabetes mal controlada,
catarata, edema macular), visión doble (mononeuropatía ocular), percepción de
"moscas" volantes (hemorragia vítrea, desprendimiento retiniano), dolor ocular
(abrasión corneal, glaucoma neovascular o de ángulo abierto, iritis).
Tratamiento
Comprende la consideración de los siguientes aspectos:
Control metabólico de la diabetes
Diversos estudios prospectivos realizados en los últimos
años han confirmado como el estricto control metabólico de la diabetes disminuye el
desarrollo o progresión de la retinopatía, tanto en la DM1 (DCCT, 1993) como en la DM2
(Kumamoto Study, 1995; UKPDS, 1998), conforme antes ya comentamos. Por esto es importante
el tratar de conseguir en el paciente diabético un buen control glucémico, especialmente
en las fases precoces de la evolución de la diabetes, ya que en situaciones más tardías
(cuando existen lesiones retinianas avanzadas) el beneficio terapéutico va a ser
prácticamente nulo.
Terapia farmacológica
Existen resultados discordantes con respecto a la utilidad
de los antiagreantes plaquetarios. Junto al DAMA Study (1989) que refiere resultados
positivos en orden a evitar la progresión de la RNP precoz con el empleo de aspirina,
sola o asociada a dipiridamol, la mayoría de estudios como el Early Treatment Diabetic
Retinopathy Study (ETDRS, 1985) muestran como la administración de aspirina no previene
el deterioro visual en pacientes con RNP.
Existen otros fármacos, aún en fase experimental, que
tratan de controlar determinados aspectos patogénicos de la retinopatía diabética.
Así, se ha llevado a cabo un estudio multicéntrico denominado Sorbinil Retinopathy Trial
(1990), para tratar de ver la eficacia del uso de un inhibidor de la aldosa reductasa en
la evolución de la retinopatía, sin haberse podido objetivar resultados satisfactorios y
siendo discutible la tolerancia del fármaco. Asimismo, existen ensayos a nivel animal
experimental, pero no en humanos, con el empleo de inhibidores de la glicación no
enzimática de proteínas (aminoguanidina).
Tratamiento fotocoagulador
La terapia fotocoaguladora, inicialmente con xenon y
posteriormente con láser de argón, constituye el arma fundamental para combatir la
retinopatía diabética.
Las indicaciones fundamentales de esta técnica son las
siguientes:
Retinopatía proliferativa: El Diabetic Retinopathy Study
(DRS) (1976) confirma que la fotocoagulación panrretiniana reduce la progresión de
pérdida visual en un 50 por ciento de los pacientes tratados, especialmente ante la
presencia de uno o varios factores de riesgo: NV moderadas o severas en disco óptico con
o sin hemorragias vítreas o prerretinianas/NV leves en disco óptico con hemorragias
vítreas o prerretinianas/NV moderadas o severas en periferia retiniana con hemorragias
vítreas o prerretinianas.
Retinopatía no proliferativa severa (preproliferativa) o
proliferativa precoz: El establecimiento temprano de fotocoagulación panrretiniana en
estas circunstancias se acompaña de mejoría del pronóstico visual (EDRTS, 1991).
Maculopatía: El tratamiento fotocoagulador focal o difuso
("rejilla") de las lesiones perimaculares consigue un efecto positivo sobre su
evolución.
Vitrectomía
Este procedimiento está indicado en el tratamiento de
determinados aspectos de la retinopatía diabética avanzada (hemorragias vítreas de
difícil resolución, desprendimiento retiniano por tracción vítrea). Se suele conseguir
una discreta mejoría de la agudeza visual (Diabetic Retinopathy Vitrectomy Study, 1985),
pero las complicaciones secundarias pueden llegar a un 25 por ciento (edema corneal,
nuevos desprendimientos retinianos y hemorragias, glaucoma neovascular...).
Detección precoz de la retinopatía
diabética
Con objeto de diagnosticar precozmente la presencia de
retinopatía en el paciente diabético, y así poder instaurar el oportuno tratamiento, se
ha sugerido la observancia de la presente estrategia.
Diabetes tipo 1
Examen inicial de fondo de ojo, a los cinco años de
diagnóstico de la diabetes. Posteriormente revisiones anuales.
Diabetes tipo 2
Examen inicial desde el momento del diagnóstico de la
diabetes. Posteriormente revisiones anuales.
Gestante diabética
Examen inicial preconcepcional. Posteriormente revisión
trimestral y posparto.
Nefropatía diabética
Epidemiología
La diabetes es la primera causa de fracaso renal crónico
en el mundo occidental. En la DM1, a los 20 años de evolución existe una incidencia
acumulativa de microalbuminuria del 50-60 por ciento, de proteinuria persistente o
nefropatía establecida del 30-40 por ciento y de fracaso renal del 20 por ciento. En la
DM2, si bien en fases precoces de su desarrollo es más frecuente la existencia de
alteraciones de la función renal (microalbuminuria, proteinuria), a largo plazo es menos
frecuente la presencia de nefropatia (10 por ciento de fracaso renal a los 20 años).
Desde un punto de vista étnico, es preciso reseñar como la frecuencia de nefropatía en
determinadas razas con alta prevalencia de DM2 (nativos americanos, afroamericanos y
mexicano-americanos) es similar a la existente en diabéticos tipo 1 de origen caucásico.
En términos generales, en nuestra población, la mayor
presencia global de DM2 (80-85 por ciento) frente a DM1 (15-20 por ciento) hace que la
mayoría de nefrópatas diabéticos sean diabéticos tipo 2.
Histopatología
En fases iniciales del desarrollo de la nefropatía
diabética (nefropatía diabética incipiente), especialmente en DM1, es frecuente la
presencia de nefromegalia con hipertrofia glomerular y tubular. Conforme va progresando la
afectación renal asistimos a diferentes manifestaciones lesionales a nivel glomerular,
vascular y túbulo-intersticial.
En el glomérulo, las lesiones se caracterizan por el
hallazgo de un engrosamiento de la membrana basal capilar glomerular (PAS +) y de una
expansión mesangial; traducibles finalmente como glomeruloesclerosis difusa intercapilar
y glomeruloesclerosis nodular. Otras afectaciones glomerulares menos frecuentes son la
glomerulopatía exudativa ("fibrin cap") y las gotas capsulares ("capsular
drops").
A nivel vascular, junto con la posible presencia de
lesiones ateroscleróticas, es característica la existencia de arterioloesclerosis de las
arteriolas aferente y eferente glomerulares.
En cuanto al complejo túbulo-intersticial podemos
observar el hallazgo de vacuolizaciones glucogénicas en los túbulos renales proximales
(células Armanni-Ebstein), engrosamiento de membranas basales y atrofias tubulares, e
infiltrados linfocitarios intersticiales inespecíficos.
La nefropatía que se manifiesta en el diabético tipo 2
suele ser, a diferencia de la que se desarrolla en el diabético tipo 1, una
"nefropatía diabética compleja" en la que a los rasgos específicos de la
genuina nefropatía diabética arriba enumerados, pueden asociarse con frecuencia lesiones
típicas de una nefroangioesclerosis, lesiones pielonefríticas o cuadros de necrosis
papilar por afectación isquémica a nivel medular renal.
Etiopatogenia
La circunstancia de que sólo aproximadamente un 40 por
ciento de pacientes diabéticos desarrolle nefropatía, nos indica el posible papel
condicionante de factores géneticos.
En este sentido, se ha comprobado, tanto en DM1 como en
DM2, la presencia en familiares diabéticos de personas que padecían una nefropatía, una
mayor frecuencia de afectación renal. Asimismo, es mayor la presencia de hipertensión
arterial y de complicaciones cardiovasculares en familiares de nefrópatas diabéticos que
en los de aquellos diabéticos sin nefropatía.
Como posibles marcadores de este riesgo viene
analizándose la presencia a nivel celular de una mayor actividad del sistema
contratransporte Li +/Na +, o lo que parece más verosímil del sistema Na+/H+. Asimismo,
existen múltiples estudios tratando de relacionar determinados genes con el desarrollo de
la nefropatía diabética. Así destacan los estudios sobre polimorfismos de
inserción/delección a nivel del gen del enzima convertidor de la angiotensina, que si
bien en algunos casos parecen guardar relación con el curso de la nefropatía, no parecen
tener un papel evidente en su génesis. Se han descrito también asociaciones débiles con
los genes de la sintetasa del óxido nítrico, apolipoproteína E, heparan sulfato y
methylen-tetrahidrofolato reductasa. Por último, la presencia de resistencia insulínica,
determinada genéticamente, puede ser otro factor de riesgo que puede influir en el
desarrollo de la nefropatía y explicar a su vez su asociación con manifestaciones
ateroscleróticas.
Además de la posible influencia de estos factores
genéticos, existen otros factores ambientales que van a condicionar de manera evidente la
aparición y progresión de la nefropatía diabética, como son la duración y el mal
control de la diabetes, la hipertensión arterial, la hiperlipemia, el tabaquismo y la
excesiva ingesta proteica.
Independientemente de la duración de la diabetes, el
factor de riesgo más importante parece ser la hiperglucemia, conforme se ha demostrado en
determinados estudios clínicos prospectivos, tanto en DM1 como en DM2. En el estudio
UKPDS (1998) se pudo poner de manifiesto, tras un seguimiento de 12 años en pacientes
diabéticos tipo 2 sometidos a un control metabólico estricto, la existencia de un
descenso de un 34 por ciento de la microalbuminuria. En este mismo estudio pudo también
objetivarse el trascendente papel de la hipertensión arterial en la génesis de la
nefropatía diabética, al poner en evidencia como su estricto control se sigue de una
menor incidencia de complicaciones renales.
Los mecanismos patogénicos, a través de los cuales la
hiperglucemia genera la aparición de la nefropatía son múltiples, y de manera resumida
pueden quedar reflejados de la siguiente forma:
Alteraciones bioquímicas
· Glicación no enzimática de proteínas (GNEP) que
afecta la estructura proteica de la membrana basal y de la matriz mesangial, al tiempo que
conlleva a una activación de células endoteliales, macrofágicas y mesenquimales
(interacción con receptores específicos para los productos avanzados de glicación), con
la consiguiente liberación de citokinas y factores de crecimiento que estimulan la
proliferación celular y la síntesis de matriz extracelular.
· Activación de la vía polyol, con subsiguiente
deplección celular de mioinositol.
· Acción directa de la glucosa (glucotoxicidad) que, a
través entre otros factores de la liberación de TGF-ß, condiciona modificaciones de la
función endotelial y del crecimiento celular e incrementa la síntesis de componentes de
la matriz extracelular (colágeno, fibronectina y laminina).
· Activación del sistema proteína-kinasa C que conduce
a un incremento de la síntesis de colágeno, permeabilidad capilar, actividad
contratransporte Na+/H+ antiport **y proliferación celular.
Alteraciones hemodinámicas
Como consecuencia de la hiperglucemia y de la acción de
otra serie de factores hormonales (GH, glucagón, prostaglandinas) se genera un aumento de
la presión hidrostática transglomerular y de la filtración glomerular que, a largo
plazo, contribuye a aumentar la permeabilidad glomerular (proteinuria) y a favorecer la
expansión mesangial.
Historia natural de la nefropatía
diabética
En la DM1 la nefropatía diabética suele evolucionar con
arreglo a cinco estadios bien definidos, si bien en la DM2 existen determinadas
peculiaridades en relación con el referido esquema, que paralelamente comentaremos.
Hiperfiltración glomerular
En fases iniciales del desarrollo de la diabetes tipo 1
(0-3 años) se ha comprobado la existencia de un incremento del 20-40 por ciento del
filtrado glomerular, que se suele acompañar de nefromegalia (hipertrofia e hiperplasia
glomerular) y aumento del flujo plasmático renal (10-15 por ciento). Se ha tratado de
relacionar esta hiperfiltración con factores tales como hiperglucemia, aumento de cuerpos
cetónicos, GH, glucagón, péptido natriurético atrial, prostaglandinas y kalikreína.
Se acompaña, generalmente, de niveles normales de tensión arterial. En los diabéticos
tipo 2 suele ser menos frecuente el desarrollo de esta fase inicial de hiperfiltración
glomerular.
Período silente
Se manifiesta entre los 3-7 años de evolución de la
diabetes, pudiéndose comprobar la presencia de mínimas lesiones histológicas
específicas (expansión mesangial y engrosamiento membrana basal glomerular). La tensión
arterial es normal, persiste la hiperfiltración glomerular (no en pacientes diabéticos
tipo 2) y puede existir microalbuminuria de forma transitoria (esfuerzo físico).
Microalbuminuria persistente o nefropatía
diabética incipiente
Se define como microalbuminuria la excreción urinaria de
albúmina entre 20-200 ug. /min. ó 30-300 mg./24 hr. En estas circunstancias, la tasa de
filtración glomerular suele ser normal o discretamente aumentada, y en un 40 por ciento
de casos suele existir hipertensión arterial. En DM1 suele aparecer entre los 7-15 años
de evolución de la diabetes, al tiempo que en DM2 se ha comprobado que hasta un 15 por
ciento de sujetos pueden presentarla ya en el momento del diagnóstico.
Contribuyen a la presencia de microalbuminuria diferentes
factores como son el mal control metabólico de la diabetes, hipertensión arterial,
estrés, fiebre, ejercicio físico, infección urinaria e insuficiencia cardíaca.
En su origen intervienen dos mecanismos fundamentales:
hiperfiltración glomerular y alteración selectiva de la permeabilidad glomerular por
pérdida de cargas aniónicas de la membrana basal (disminución del contenido de
heparan-sulfato).
Tanto en DM1, como en DM2, la microalbuminuria constituye
un "marcador" o "factor de riesgo" en orden al desarrollo posterior de
nefropatía diabética establecida y a la mortalidad por complicaciones cardiovasculares.
Con respecto a este último punto, se ha considerado por algunos autores que la
microalbuminuria no sería sino otro elemento más a considerar dentro del conocido
"síndrome metabólico" (obesidad central, hipertensión arterial,
insulinorresistencia, dislipemia, etc.).
Proteinuria
Se define como la eliminación urinaria de proteínas
superior a 0,5 g./24 hr. o de albúmina superior a 200 ug. /min. Se trata de una
proteinuria no selectiva, a la que contribuyen de forma especial la pérdida de cargas
eléctricas negativas de la membrana basal y el aumento de los poros de la misma. Existe
hipertensión arterial asociada en un 85 por ciento de casos, y puede ya observarse una
paulatina disminución del filtrado glomerular (1 ml./min./mes). A nivel histológico son
ya evidentes las lesiones específicas de la nefropatía diabética.
Se manifiesta entre los 15-20 años del inicio de la
diabetes, y a partir de los 5-8 años del comienzo de la microalbuminuria; si bien estos
tiempos suelen verse acortados en el caso de la DM2.
La proteinuria puede desembocar en un síndrome
nefrótico, acompañado de los síntomas y signos propios del mismo (edemas, alteración
del espectro lipídico...).
Fracaso renal crónico
La insuficiencia renal se desarrolla de forma progresiva,
alcanzándose alrededor de los 20-25 años de evolución en la DM1 y más precozmente en
la DM2 (10-15 años), la presencia de niveles de aclaramiento de creatinina < 10
ml./min. La tensión arterial está elevada en la mayor parte de los pacientes y
paralelamente puede asistirse a una disminución de la proteinuria. A nivel histológico
se comprueban lesiones oclusivas glomerulares.
Junto con la clínica propia de la uremia, es frecuente la
existencia asociada de retinopatía diabética, neuropatía (diabética y/o urémica) y
complicaciones vasculares ateroscleróticas (vasculopatía periférica y cardiopatía
isquémica). El desarrollo ocasional de hipoaldosteronismo hiporreninémico es un rasgo
específico del paciente diabético con insuficiencia renal.
De manera resumida, y a tenor de lo antes expuesto,
podemos reconocer las siguientes peculiaridades en la historia natural de la nefropatía
diabética en la DM2:
· Presencia de microalbuminuria y/o proteinuria en un
3-30 por ciento de pacientes en el momento del diagnóstico de la diabetes, debido a que
suele tratarse de un tipo de diabetes con un período previo silente que dificulta a veces
su detección precoz.
· El fracaso renal terminal es menos frecuente en la DM2
que en la DM1, apareciendo cuando tiene lugar de manera más precoz en la primera (10-15
años evolución) que en la segunda (20-25 años evolución).
· Es poco frecuente la presencia inicial de
hiperfiltración glomerular, tal vez debido a la asociación de cambios ateroscleróticos
renales.
· La afectación renal de la DM2 se trata en muchas
circunstancias de una nefropatía diabética compleja por asociación de diversas
entidades: nefropatía diabética genuina, nefroangioesclerosis, pielonefritis, etc.
Tratamiento
Distinguiremos el tratamiento de la nefropatía diabética
incipiente (microalbuminuria) y el de la nefropatía diabética establecida (proteinuria
y/o insuficiencia renal).
Nefropatía diabética incipiente
Parece confirmado en diabéticos tipo 2 como el buen
control glucémico previene o lentifica el desarrollo de la microalbuminuria, conforme
antes expresamos.
Se ha comprobado en DM1 como el descenso de los niveles de
tensión arterial, aun partiendo de niveles normales, se sigue de una disminución de la
microalbuminuria; circunstancia más discutida en un principio en la DM2, si bien en
estudios recientes ha podido también ser confirmado este efecto positivo (UKPDS, 1998).
Se ha encontrado una efectividad similar con el uso de diferentes fármacos
antihipertensivos (antagonistas del calcio, IECA, ß-bloqueantes), no obstante parece más
recomendable el empleo de IECA, que al tiempo que mejoran la hemodinámica intrarrenal
tienden a disminuir la síntesis de la matriz mesangial.
Se postula también, para corregir la microalbuminuria y
prevenir el desarrollo de la nefropatía, el uso de restricción proteica (0,8
g./Kg./día)en la dieta, teniendo en cuenta que el exceso de proteínas puede favorecer el
incremento del filtrado glomerular y por consiguiente contribuir al desarrollo de la
glomeruloesclerosis.
En fase experimental, en animales y/o humanos, se vienen
empleando con escasos resultados una serie de fármacos inhibidores de la aldosa reductasa
(sorbinil), de la GNEP (aminoguanidina) o de la actividad de las prostaglandinas.
Nefropatía diabética establecida
Comprende la realización del correspondiente tratamiento
médico conservador y cuando las circunstancias lo demanden el establecimiento del
pertinente tratamiento renal sustitutivo (técnicas de depuración extrarrenal o práctica
de trasplante renal).
En lo referente al tratamiento conservador, es preciso
llevar a cabo las siguientes recomendaciones.
· Coordinación entre diferentes profesionales
(diabetólogo, nefrólogo, oftalmólogo, cardiólogo...).
· Establecimiento de una dieta racionalizada
(restricción proteica: 0,6-0,8 g./Kg./regulación de aporte de sodio/condicionamientos
propios de la diabetes).
· Tratamiento de la diabetes con administración de
insulina.
· Práctica periódica de autocontrol glucémico y de
control de peso y tensión arterial.
· Control adecuado de tensión arterial (IECA,
antagonistas calcio, diuréticos de asa, bloqueadores alfa-adrenérgicos...).
· Vigilancia periódica de complicaciones (fondo de ojo,
valoración de función cardíaca y examen de neuropatía autonómica).
· Tratamiento precoz de alteraciones del metabolismo
fosfocálcico (calcio oral /vitamina D).
· Control de posible anemia (eritropoyetina).
· Corregir la hiperlipemia con modificaciones
nutricionales y tratamiento farmacológico (estatinas).
· Combatir la hiperuricemia si surge sintomatología
clínica (alopurinol).
· Adición de bicarbonato sódico (1,2-4,8 g./día) si
existe severa acidosis metabólica.
· Protección frente a posibles yatrogenias
(administración de fármacos nefrotóxicos o contrastes iodados, instrumentación
vesical, deplección de volumen).
A diferencia de lo que ocurre con la nefropatía
diabética incipiente, en la que el estricto control metabólico de la diabetes suele
seguirse de una mejoría de su curso evolutivo, cuando existe una nefropatía establecida
es escasa la influencia del buen control glucémico sobre su evolución. Por el contrario,
el tratamiento agresivo de la hipertensión arterial se sigue de una mejoría evidente de
la insuficiencia renal.
Con respecto al tratamiento de la diabetes, ante la
existencia de insuficiencia renal, se recomienda pasar del uso de antidiabéticos orales a
insulina, teniendo en cuenta la interferencia de la afectación renal en el metabolismo de
muchos de estos fármacos.
Es preciso, asimismo, señalar la disminución de las
necesidades insulínicas en estos pacientes, como consecuencia de una menor
metabolización de la insulina a nivel renal.
Por lo que se refiere al tratamiento renal sustitutivo, se
planteará el empleo de diálisis peritoneal ambulatoria, hemodiálisis o realización de
trasplante renal, una vez alcanzadas cifras medias de creatinina plasmática de 5 mg./dl.
La diálisis peritoneal crónica ambulatoria es de fácil
aprendizaje y de cómoda utilización (puede llevarse a cabo incluso por personas
invidentes). Se presentan menos alteraciones hemodinámicas que con la hemodiálisis, no
requiere práctica de accesos vasculares y posibilita una más fácil y fisiológica vía
de la administración de insulina (vía intraperitoneal), si bien el control de la
glucemia suele ser difícil y se puede favorecer el desarrollo de hiperlipemia. Entre las
posibles desventajas cabe citar el riesgo de peritonitis, la pérdida progresiva de
capacidad de filtración de la serosa peritoneal, la aparición más frecuente de
hidrotórax, gastroparesia y hernia abdominal, los accidentes debidos al catéter (rotura,
perforación vesical) y el posible cansancio del paciente conforme transcurre el
tratamiento.
La hemodiálisis, realizada fundamentalmente a nivel
hospitalario, precisa de menos sesiones que la diálisis peritoneal crónica ambulatoria.
Requiere la práctica de accesos vasculares (dificultados por aterosclerosis periférica).
Posibles complicaciones de su utilización son el desarrollo de episodios hipotensivos,
cuadros hemorrágicos (empeoramiento retinopatía), aceleración de la aterogénesis,
infección y trombosis de accesos vasculares y pobre rehabilitación. Conlleva a un mayor
coste a largo plazo que el trasplante renal.
El trasplante renal, efectuado a partir de cadáver o de
donante vivo, es la técnica que se acompaña de una mayor supervivencia del paciente
(90-95 por ciento al año, frente a un 75 por ciento en idéntico tiempo para diálisis
peritoneal ambulatoria y hemodiálisis) y de una mejor rehabilitación, constituyendo el
tratamiento más definitivo. Como posibles desventajas están la progresión de lesiones
vasculares ateroscleróticas (cardiopatía isquémica, amputaciones reiteradas), riesgo de
sepsis (corticoides, inmunosupresores), empeoramiento del metabolismo hidrocarbonado,
mayor frecuencia de hiperlipemia e hipertensión (corticoides), desarrollo de nefropatía
en riñón trasplantado y aparición secundaria de neoplasias cutáneas o linfomas
(inmunosupresores).No debe emplearse en sujetos ancianos (> 60 años), ni en aquéllos
que presenten una enfermedad cardiovascular severa o infecciones crónicas.
Existe amplia experiencia, y buen éxito con la práctica
conjunta de trasplante renal y pancreático. La consecución de un buen control
metabólico con el trasplante pancreático se sigue de una evidente protección para el
"nuevo" riñón en orden a la presencia de diabetes; así como se evita el
progreso de las complicaciones crónicas específicas de la diabetes (neuropatía,
retinopatía).
De todo lo antes expuesto, se deduce que a la hora de
decidirse por uno u otro tipo de tratamiento renal sustitutivo es preciso tener en cuenta
las contraindicaciones de cada técnica: trasplante renal (pacientes >60 años,
cardiopatía isquémica, vasculopatía periférica severa, vejiga neurógena),
hemodiálisis (retinopatía proliferativa severa, vasculopatía periférica, neuropatía
autonómica) y diálisis peritoneal crónica ambulatoria (cirugía abdominal previa).
Indudablemente, será también necesario considerar la experiencia acumulada con cada tipo
de tratamiento por la institución hospitalaria que vaya a tratar al paciente.
Diagnóstico precoz de la nefropatía
En el paciente diabético sin afectación renal previa se
recomienda la práctica periódica de un control bioquímico (microalbuminuria /creatinina
plasmática o aclaramiento de creatinina), que se realizará anualmente a partir del
diagnóstico en el caso de la DM2 o a partir de los cinco años de evolución en el caso
de la DM1.
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