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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
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Hiperuricemia y gota
Etiología
Clásicamente, la gota úrica se clasifica en
primaria y secundaria según su origen (Tabla I). A su vez, cada una de ellas puede
subdividirse según el mecanismo que produce hiperuricemia: hiperproducción o
hipoexcreción renal. Esta clasificación nos parece la más útil a la hora de abordar el
tratamiento. Siguiendo la clasificación de Sorensen, antigua pero muy racional,
dividiremos la gota de origen primario en metabólica (por hiperproducción) o renal (por
hipoexcreción). La gota secundaria, frente a la primaria, comprende los casos en los que
el origen de la hiperuricemia es adquirido, es decir, secundario a otros procesos.
También la dividiremos en la causada por hiperproducción de AU, o gota metabólica
secundaria y la producida por una disminución de la excreción renal de AU, o gota renal
secundaria.
TABLA I.
CAUSAS DE HIPERURICEMIA Y GOTA |
| 1. HIPERURICEMIA PRIMARIA A) Con hiperproducción de
úrico
Idiopática
Deficiencia de fosfofructoaldolasa
Déficit de la hipoxantina-guanina-fosforribosil transferasa
Parcial (Síndrome de Seegmiller-Kelley)
Completo (Síndrome de Lesch-Nyhan)
Hiperactividad de la fosforribosil-pirofosfato sintetasa
Glucogenosis (I, III, V y VII)
B) Con hipoexcreción de úrico
Idiopática (defecto selectivo de la secreción tubular de úrico)
2.- HIPERURICEMIA SECUNDARIA
A) Con hiperproducción de úrico
a) Origen exógeno (nutricionales)
Ingesta excesiva de etanol
Ingesta excesiva de fructosa
Dieta rica en purinas
Dieta hipercalórica
b) Asociado a enfermedades que cursan con aumento del recambio celular
Psoriasis
Enfermedades Linfo /mieloproliferativas crónicas
Anemias hemolíticas crónicas
Mononucleosis infecciosa
B) Con hipoexcreción de úrico
a) Secundaria a fármacos
Diureticos (tiazidas, furosemida, etacrínico)
Ciclosporina A
Salicilatos o fenilbutazona (en dosis bajas)
Laxantes de contacto
Tuberculostáticos (pirazinamida, etambutol)
Antirretrovirales (didanosina, ritonavir)
b) Secundaria a enfermedad renal
Insuficiencia renal crónica (múltiples causas)
Nefropatía familiar con hiperuricemia
Insuficiencia renal aguda (múltiples causas)
Hipertensión arterial
Contracción crónica de volumen
Intoxicación crónica por plomo
c) Miscelánea
Acidosis láctica/respiratoria
Cetosis
Gestosis
Hipotiroidismo/Hiperparatiroidismo
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NOTA: En negrita las causas más frecuentes de gota.
Gota primaria por hiperproducción de ácido úrico
Idiopática
En muchos pacientes con hiperuricemia en los que se
aprecia hiperproducción endógena de AU, no se puede establecer la presencia de un
trastorno metabólico concreto. Tras descartar que se trate de una hiperuricemia por
hiperproducción de origen exógeno, es decir relacionada con un aporte excesivo de
purinas, estos pacientes se considerarían afectos de gota primaria idiopática.
Formas heredofamiliares
Incluimos aquí los trastornos del metabolismo que
cursan con hiperproducción de AU, la llamada gota metabólica primaria, que desglosamos a
continuación. Debe tenerse en cuenta que estas enfermedades heredofamiliares suponen un
porcentaje muy bajo de todos los casos de hiperuricemia y gota en la práctica clínica.
Déficit de hipoxantina-guanina fosforribosil-transferasa
La hipoxantina-guanina-fosforribosil-transferasa (HGFRT) es el enzima que cataliza la
conversión de hipoxantina y guanina en ácido inosínico y ácido guanílico
respectivamente. Su déficit conlleva el aumento de la producción endógena de
hipoxantina y la conversión de ésta, por acción de la xantino-oxidasa, en AU. El
defecto de HGFRT se hereda ligado a un defecto en el brazo largo del cromosoma X y se han
descrito déficits parciales (síndrome de Seegmiller-Kelley) y completos o síndrome de
Lesch-Nyhan.
El déficit parcial se presenta en varones, con hiperuricemia en la juventud y gota
precoz. Además de presentar gota, la elevada eliminación renal de AU puede conllevar la
aparición de nefrolitiasis y ulteriormente de nefropatía por urato. La presencia de un 1
por ciento de actividad de la HGFRT protege de la aparición del déficit neurológico
propio del síndrome de Lesch-Nyhan, que se presenta plenamente con actividad enzimática
menor al 0,5 por ciento. El déficit parcial de HGFRT puede acompañarse de déficits
neurológicos que incluyen cierto grado de retraso mental, disartria, síndrome
espinocerebeloso y epilepsia.
El síndrome de Lesch-Nyhan tiene su presentación en la infancia, cursando con retraso
mental, movimientos coreoatetósicos y tendencia a la automutilación. Es la enfermedad en
que se observa una mayor hiperproducción de AU, conduciendo finalmente a la aparición de
nefrolitiasis y nefropatía por AU.
Déficit de fosfofructoaldolasa
Recientemente se ha descrito una relativamente alta prevalencia del déficit
heterozigoto de fosfofructoaldolasa, cuyo defecto homozigoto produce la intolerancia a la
fructosa. La prevalencia de este defecto heterozigoto en la población general se ha
estimado en un 4-12 por mil. La presencia de este defecto se ha asociado a una alta
prevalencia de hiperuricemia y gota y se estima que podría suponer hasta un 20 por ciento
de los casos de gota con clara predisposición familiar.
Hiperactividad de la FRPF sintetasa
Se han descrito más de 20 familias con hiperproducción de AU, gota y nefrolitiasis
por déficit del enzima fosforribosil-pirofosfato sintetasa. Se hereda como rasgo
autosómico dominante. Ocasionalmente se ha asociado a sordera, pero la clínica
generalmente se limita a la de hiperproducción de AU.
Glucogenosis
Las glucogenosis son enfermedades por depósito por trastorno del metabolismo de los
glúcidos, con depósito tisular de polisacáridos. El mecanismo de hiperproducción de
purinas puede explicarse por el aumento de síntesis de FRPF desde glucosa-6-fosfato, dado
que estos pacientes sufren el defecto del enzima glucosa-6-fosfatasa. Además, la
presencia de acidosis láctica y cetosis en estos pacientes, favorece la aparición de
ataques de gota.
Se ha descrito gota por hiperproducción en las glucogenosis de tipo I (de von Gierke o
hepática), en el tipo V (de McArdle o hepatomuscular) y en el tipo VII. Cursan con
hepatomegalia, hipoglucemia de ayuno, hiperlipemia, diátesis hemorrágica, tendencia a
desarrollar precozmente enfermedad cardiovascular, gota y nefrolitiasis. En la forma
muscular (McArdle), también se asocian mialgias y acidosis láctica tras el ejercicio.
Gota primaria por hipoexcreción renal de
ácido úrico
Idiopática
Consiste en un defecto tubular selectivo en la
secreción tubular de AU o gota renal primaria. Este defecto en la secreción tubular de
AU podría tener un componente heredofamiliar, según estudios realizados en familiares de
pacientes con gota y gemelos univitelinos. Inicialmente se describió que este defecto
dependía de la carga filtrada en el glomérulo, es decir, que existía hipoexcreción en
situación de hiperuricemia pero no en situación de normouricemia y, por lo tanto,
podría corregirse al reducirse la uricemia. Sin embargo, García-Puig y colaboradores, en
una de las mayores contribuciones al conocimiento de la fisiopatología de la gota,
demostraron elegantemente que este defecto de la secreción tubular de AU no depende de la
uricemia, y por lo tanto de la carga de úrico filtrada en el glomérulo, ya que no se
corrige incluso induciendo uricemias menores de 3 mg/dl. Esta deficiencia de secreción
tubular de AU afecta también a la de xantina e hipoxantina, lo que indica un defecto
selectivo para la secreción de purinas en el túbulo renal. No obstante, se ha descrito
que los pacientes con gota primaria por hipoexcreción renal también muestran una
alteración del transporte tubular del fosfato, ya que se observa una reducción de la
reabsorción tubular de fosfato respecto a controles normales con normouricemia.
La hipoexcreción renal primaria por déficit selectivo de la excreción de xantinas,
incluyendo la del AU, es la causante de la mayor parte de las gotas primarias, por lo que
la gota debiera considerarse más una enfermedad "renal" que
"metabólica": la hipoexcreción de AU es la causa de la hiperuricemia y no al
contrario.
Síndrome X
Más recientemente se han descrito casos de
hiperuricemia y gota, dentro del denominado síndrome X. Este síndrome comprende una
serie de alteraciones metabólicas, que incluyen intolerancia a la glucosa con
hiperinsulinemia, hiperlipemia, con hipertrigliceridemia y reducción de los niveles de
HDL-colesterol y aumento de la actividad del inhibidor I del plasminógeno.
La fisiopatología de la hiperuricemia en este síndrome se localiza probablemente a
nivel de la reabsorción tubular proximal. Como expusimos previamente, la reabsorción
proximal de AU en el túbulo proximal se halla ligada a la reabsorción de sodio. La
insulina tiene un efecto antinatriurético activando el intercambio de sodio por
hidrógeno y favoreciendo la absorción de aniones, como sodio, cloruro, bicarbonato y
urato. La presencia de hiperinsulinemia en estos sujetos puede favorecer la reabsorción
tubular de úrico. De hecho se ha demostrado una relación entre los niveles de AU en
plasma y el grado de resistencia a la insulina.
Clínicamente se manifiesta por hipertensión arterial, aumento de la incidencia de
arteriosclerosis con cuadros de isquemia vascular y gota.
Nefropatía familiar juvenil
con hiperuricemia
Algunas familias desarrollan una forma de
nefropatía tubulointersticial de transmisión autosómica dominante, entre cuyas
manifestaciones iniciales destaca la aparición de hiperuricemia y gota hacia la segunda o
tercera décadas de la vida. Estos pacientes muestran una marcada hipoexcreción renal de
AU. Posteriormente sufren hipertensión arterial y deterioro progresivo de la función
renal.
Se ha discutido si la patogenia de esta forma de nefropatía se debe a una alteración
tubulointersticial por depósito de urato o, por el contrario, si la hipoexcreción de
urato es una manifestación precoz de esta nefropatía. Actualmente la mayoría de los
datos disponibles apuntan a la segunda hipótesis. Primeramente no se ha demostrado
fehacientemente el efecto lesivo de la hiperuricemia sobre la función renal, excepción
hecha de los síndromes heredofamiliares que cursan con hiperproducción. En segundo
lugar, los estudios histopatológicos de pacientes con nefropatía familiar con
hiperuricemia no han mostrado depósitos de urato. Por último, el control de la
hipertensión y de la uricemia en estos pacientes no se ha acompañado de un mejor
pronóstico final de la función renal, aunque recientemente se han publicado casos en los
que el tratamiento con uricosúricos (benzobromarona), ha limitado la progresión del
deterioro de la función renal.
Gota secundaria a hiperproducción de ácido
úrico
Aporte exógeno de purinas
Clásicamente se ha considerado que el aporte
excesivo de purinas procedente de una dieta rica en tejidos animales pluricelulares
(carnes, vísceras o marisco) era una causa fundamental en la gota, creando el arquetipo
de gotoso obeso y aficionado a la buena mesa. Esto quizá ha llevado a sobrevalorar la
importancia de la dieta tanto en la etiología como en el tratamiento de la gota.
Sin embargo, la restricción estricta de purinas en la dieta no reduce la uricemia, en
general, más de 1 o 1. 5 mg/dl. Aparte de la dieta rica en purinas, una dieta
hipercalórica y la obesidad asociada a ella serían factores que contribuirían a una
mayor uricemia. La reducción del sobrepeso se ha relacionado, además, con una reducción
de la hiperuricemia. Por el contrario, las dietas hipocalóricas extremas (menos de 1000
cal/día) también se asocian a hiperuricemia, probablemente por aumento del catabolismo,
aunque no a gota, por la imposibilidad práctica de mantener esta situación durante el
tiempo suficiente para producir la formación de depósitos tisulares de AU.
Emmerson ha sugerido que la reducción de la uricuria en más de 200 mg/día tras una
dieta libre de purinas es útil para diagnosticar un exceso de aporte exógeno de purinas.
Recientemente se ha propuesto que la determinación plasmática de uridina podría servir
también como marcador de hiperproducción de úrico.
Etanol
La ingesta de etanol produce un aumento de la
producción endógena de purinas y una disminución de la excreción renal de úrico. La
ingesta crónica de bebidas alcohólicas en cantidad considerable se ha relacionado con
una mayor prevalencia de hiperuricemia y gota. Sin embargo, el etilismo crónico se ha
asociado a menores niveles de urato plasmático en los ataques de artritis aguda que
durante el periodo entre crisis. También se ha observado una alta frecuencia de
normalidad de la uricemia durante los ataques, pudiendo dificultar el diagnóstico.
Asimismo se ha descrito un peor control de la uricemia durante el tratamiento con
alopurinol en pacientes que mantenían una ingesta elevada de alcohol, comparados con
pacientes abstemios. La ingesta de cantidades importantes de cerveza se acompaña, sin
embargo, de un efecto paradójico de aumento de la eliminación de úrico. Este fenómeno
se explica probablemente porque un elevado volumen de ingesta líquida puede aumentar
discretamente el aclaramiento renal del AU, que junto con el aporte exógeno de purinas de
los fermentos de la cerveza, deriva en un aumento neto de la uricuria . Este efecto
también se observa con el consumo de cerveza sin alcohol, ya que su contenido en purinas
es aún mayor que el de las cervezas con alcohol.
Aumento del recambio celular
Las enfermedades que cursan con un aumento del
recambio celular, como la psoriasis, las enfermedades mielo/linfoproliferativas y las
anemias hemolíticas, corpusculares o autoinmunes, pueden cursar con hiperuricemia. La
gota aparece más frecuentemente en procesos crónicos, como la leucemia crónica y la
policitemia vera, en los que se demuestra un aumento del contenido corporal de AU.
Aunque estos procesos suponen un reducido porcentaje de todos los pacientes con gota,
la importancia de estas formas de gota secundaria radica, a nuestro entender, en el
diagnóstico diferencial. Los pacientes con psoriasis, hiperuricemia y artritis plantean
el diagnóstico diferencial de psoriasis-hiperuricemia-gota versus
psoriasis-hiperuricemia-artritis psoriásica. Asimismo, se ha de tener en cuanta la
posible presentación como gota de procesos linfo/mieloproliferativos crónicos, como se
comentará posteriormente en el párrafo dedicado a la clínica.
Lisis celular aguda
La citolisis aguda de una masa celular, espontánea
o inducida (generalmente por fármacos antitumorales), en cuantía significativa puede
liberar suficiente contenido nuclear para producir hiperuricemia secundaria de origen
endógeno. Los pacientes con neoplasias tratadas con quimioterapia pueden sufrir el
síndrome de lisis tumoral, una de cuyas manifestaciones es la insuficiencia renal aguda
por el depósito tubular de cristales de AU (nefritis tubulointersticial aguda por ácido
úrico). Por ello, una de las indicaciones claras de tratamiento con fármacos que frenan
la producción endógena de AU (alopurinol) es la prevención del síndrome de lisis
tumoral.
Gota secundaria a hipoexcreción renal de
ácido úrico
Como comentamos previamente, la hipoexcreción de AU
por un trastorno enzimático específico que bloquea su secreción tubular, es la causa
más frecuente de gota primaria. También la hipoexcreción renal es el mecanismo más
frecuente de hiperuricemia y gota secundarias. En un reciente estudio, la insuficiencia
renal y el empleo de diuréticos fueron los factores más frecuentemente asociados a
hiperuricemia en pacientes hospitalizados y ambas situaciones se asocian a una
disminución de la excreción renal de AU, como expondremos a continuación.
Fármacos
Diversos fármacos pueden producir hiperuricemia y
gota. Los más frecuentemente implicados son los diuréticos y la CyA, rara vez los
tuberculostáticos y AINE a dosis bajas (especialmente el ácido acetilsalicílico) y
excepcionalmente, otros fármacos. Recientemente se ha descrito hiperuricemia con
antirretrovirales como la didanosina y el ritonavir.
Salicilatos
Los salicilatos ejercen un efecto paradójico sobre el manejo renal del AU, de forma
que a dosis bajas reducen el aclaramiento renal de uratos, induciendo hiperuricemia,
mientras que a dosis altas producen un aumento de la uricuria por un efecto uricosúrico.
De hecho, hasta los años 1950-60, en que aparecieron los modernos uricosúricos
(probenecid, sulfinpirazona, benziodarona y benzobromarona) y el alopurinol, los
salicilatos eran junto al cincofeno, los fármacos hipouricemiantes disponibles. Las dosis
terapéuticas para inducir un aumento de la uricuria con AAS eran elevadas, por encima de
4 g al día, por lo que los efectos adversos por salicilismo e intolerancia
gastrointestinal limitaron su uso. Se ha demostrado recientemente que incluso las dosis
bajas de AAS (200 mg/día PO) prescritas con finalidad antiagregante muestran, aunque de
forma discreta, un efecto hiperuricemiante y una disminución del filtrado glomerular en
estos pacientes. No obstante, parece que el empleo de salicilatos a dosis bajas como
fármaco antiagregante no se asocia con una incidencia significativa de gota, ya que los
casos comunicados de gota atribuidos a dosis bajas de salicilatos, en ausencia de otros
factores que influyan en los niveles séricos de AU, son anecdóticos.
Diuréticos
Los diuréticos junto con la disminución de la función renal constituyen las causas
más frecuentes de hiperuricemia y de gota secundarias. Cuando aún no se disponía de los
modernos fármacos para el tratamiento de la hipertensión (como los inhibidores del
enzima de conversión de la angiotensina), la aparición de hiperuricemia y de gota por el
empleo habitual de diuréticos, sobre todo de tiazidas, era tan frecuente que incluso se
llegó a considerar como una situación "epidémica". Su empleo, aún muy
extendido como antihipertensivo y en pacientes con insuficiencia cardiaca congestiva, hace
que los sujetos tratados con diuréticos suelan además, mostrar cierto grado de
insuficiencia renal derivada de estos procesos de base, que puede contribuir a agravar el
grado de hiperuricemia.
Aunque los diuréticos tiazídicos se emplean muy frecuentemente para el tratamiento de
la hipertensión arterial, un estudio de casi diez mil sujetos mayores de 65 años
apreció que sólo las dosis de tiazidas superiores a 25 mg/día (equivalentes de
hidroclortiazida) se asociaban a un aumento en la prescripción de tratamiento
hipouricemiante. La prevalencia de hiperuricemia en pacientes tratados con diuréticos
ronda el 50 por ciento, si bien la incidencia de gota es mucho menor. A pesar de la escasa
incidencia porcentual de gota en estos pacientes, el gran número de pacientes en
tratamiento por hipertensión arterial dio lugar a que la toxicidad grave por alopurinol
se observase fundamentalmente en pacientes con hiperuricemia inducida por tiazidas, en
muchos casos asintomática, que, dada su edad, además mostraban cierto grado de
insuficiencia renal. Todo ello produjo, sin duda, unas "innecesarias morbilidad y
mortalidad", recomendándose el tratamiento con hipouricemiantes sólo en aquellos
pacientes con hiperuricemia sintomática, es decir, con gota.
Los mecanismos por los que los diuréticos producen hiperuricemia son diversos.
Inicialmente, la hiperuricemia secundaria a diuréticos se atribuyó a la contracción del
volumen plasmático circulante producida por éstos. Posteriormente se demostró que los
diuréticos tiazídicos mostraban un efecto paradójico similar, pero inverso, al
observado con los salicilatos: aumento del aclaramiento y de la excreción fraccionada (o
porcentaje que se elimina por vía renal con respecto a la carga filtrada en el
glomérulo) de AU con dosis altas por vía endovenosa de hidroclortiazida, e hiperuricemia
con dosis bajas, pero dentro del rango terapéutico, por vía oral. Parece que los niveles
a los que actúan las tiazidas, de forma dosis-dependiente, son distintos. Mientras que
las dosis altas de hidroclortiazida IV reducen la reabsorción proximal de uratos,
produciendo un efecto uricosúrico, las dosis bajas por vía oral reducen la secreción
tubular de AU, produciendo un fenómeno de retención neta.
El tratamiento concomitante con diuréticos en pacientes con gota e insuficiencia renal
moderada se ha correlacionado con un aclaramiento y una excreción fraccionada de AU
menores que los de los pacientes sin tratamiento diurético, así como con una menor
respuesta al tratamiento con alopurinol. Esta menor respuesta se explica sólo
parcialmente por el hecho de que los pacientes tratados con diuréticos, a igualdad de
función renal, muestran niveles más elevados de AU en sangre, lo que implica que para
conseguir una corrección óptima de la uricemia hay que conseguir una reducción neta
mayor.
Algunos diuréticos, como la bumetanida, la espironolactoma o la amilorida no muestran
este efecto hiperuricemiante.
Ciclosporina A
La introducción de la CyA como agente inmunosupresor en los trasplantes de órganos se
siguió de un mejor pronóstico para el injerto, por lo que su empleo en los protocolos de
inmunosupresión para prevenir el rechazo se generalizó rápidamente. Sin embargo, pronto
se apreció que las dosis empleadas en los trasplantes inducían alteraciones de la
función renal e hiperuricemia.
Un primer estudio retrospectivo mostró hiperuricemia en el 55 por ciento de los
pacientes sometidos a trasplante renal que habían sido tratados con CyA, lo que
contrastaba con un porcentaje del 25 por ciento en los tratados con azatioprina. De igual
manera, la aparición de episodios agudos de gota se observaba en el 10 por ciento de los
pacientes tratados con CyA, frente al 0 por ciento de los pacientes tratados con
azatioprina. Esta alta incidencia de hiperuricemia y gota no se explicaba por la distinta
frecuencia de empleo de diuréticos en los grupos tratados con CyA o azatioprina.
Posteriormente, un estudio prospectivo de 5 años de seguimiento de pacientes con un
injerto renal demostró que el 90 por ciento de los pacientes tratados con CyA y
diurético mostraban hiperuricemia, frente al 60 por ciento de los pacientes que tomaban
CyA pero no diuréticos. La incidencia de gota era del 7 por ciento en los pacientes
tratados con CyA. Por el contrario, entre los pacientes que recibieron azatioprina se
encontró hiperuricemia en el 47 por ciento de los tratados con diuréticos y en el 15 por
ciento de los que no los recibían. Además de esta clara diferencia en la prevalencia de
hiperuricemia, ningún paciente en el grupo tratado con azatioprina tuvo gota.
Cuando la práctica totalidad de una población toma CyA y diuréticos, como ocurre en
los pacientes sometidos a trasplante cardiaco o cardiopulmonar, se observa hiperuricemia
en el 70-80 por ciento de los casos, con una prevalencia acumulada de gota del 10 por
ciento a los 2 años y del 36 por ciento a los 4 años de seguimiento. En estos pacientes,
la gota supone la mayor causa de morbilidad tras el rechazo y las infecciones. Los
pacientes llegan a desarrollar formas clínicas poliarticulares y tofáceas en el 40 por
ciento a los 2-3 años de la aparición de los primeros síntomas de gota.
Diversos estudios han propuesto dos mecanismos principales por los que la CyA produce
hiperuricemia. Inicialmente se supuso que únicamente se debía a una disminución de la
filtración glomerular inducida por el fármaco a dosis altas. La reducción de la carga
filtrada a nivel glomerular sería la causa principal para la aparición de la
hiperuricemia. Sin embargo, esto no explica la aparición de hiperuricemia en pacientes
tratados con CyA y que muestran cifras normales de filtrado glomerular. Estudios más
recientes han demostrado, mediante estudios farmacológicos con probenecid y pirazinamida,
que además de una disminución del filtrado glomerular, en estos pacientes existe una
disminución de la secreción tubular de úrico.
Tuberculostáticos
La pirazinamida es un fármaco que puede inhibir completamente y de forma selectiva
(sin alterar ningún otro parámetro del manejo renal de uratos) la secreción tubular de
AU en el riñón. Se emplea, además de como tuberculostático, para investigar el manejo
tubular del AU. Levinson y Sorensen, empleando una prueba funcional farmacológica en la
que se inhibía mediante la pirazinamida la secreción tubular del úrico y posteriormente
la reabsorción postsecretora mediante benzobromarona (otros autores han empleado
probenecid en vez de benzobromarona), fueron los que demostraron que el manejo renal de AU
era un sistema con los cuatro componentes ya mencionados (carga renal, reabsorción
proximal, secreción tubular y reabsorción post-secretora). En el contexto de la
tuberculosis, tanto la pirazinamida como el etambutol pueden producir hiperuricemia y, por
lo tanto, gota en tratamientos prolongados. Esto se describía con cierta frecuencia
cuando los tratamientos tuberculostáticos eran muy prolongados.
Aunque algunos de los fármacos comentados pueden ser poco relevantes en sí en la
producción de hiperuricemia que induzca gota, como ocurre con los tuberculostáticos o
con los diuréticos en dosis bajas, su empleo en pacientes con otros factores
hiperuricemiantes o con hiperuricemia previa, puede favorecer la aparición de gota
clínica. Asimismo, el inicio del tratamiento con estos fármacos en pacientes con gota
puede aumentar el riesgo de ataques y dificultar el control de la uricemia en aquellos
tratados con hipouricemiantes.
Insuficiencia renal crónica
La insuficiencia renal no suele acompañarse de
hiperuricemia hasta que el filtrado glomerular está marcadamente reducido, ya que
inicialmente se produce una compensación por parte de las nefronas residuales. Aunque se
reduce el aclaramiento de AU, con la pérdida progresiva de capacidad de filtrado
glomerular se produce un aumento de la excreción fraccionada de úrico, es decir, del
porcentaje que se excreta respecto a la carga filtrada en el glomérulo. Esto se
traduciría en que cada nefrona residual es capaz de excretar más AU. Este aumento de la
excreción fraccionada puede verse suprimido en pacientes con insuficiencia renal que
toman diuréticos. La asociación entre insuficiencia renal y la toma de diuréticos es la
que parece aumentar la prevalencia de gota en estos pacientes, al combinar dos mecanismos
de producción de hiperuricemia en un mismo sujeto, limitando el diurético el fenómeno
de compensación renal de aumento de la excreción fraccionada. De hecho, 14 de los 15
pacientes con gota inducida por diuréticos publicados por Scott y cols. presentaban
insuficiencia renal asociada. En nuestra cohorte de pacientes, el 86 por ciento de los
casos de gota inducida por diuréticos presentaba insuficiencia renal asociada.
La insuficiencia renal plantea, sobre todo, problemas de práctica clínica a la hora
de seleccionar y monitorizar el tratamiento farmacológico de la hiperuricemia, como
veremos posteriormente en dicho apartado.
| Sumario |
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