Tuberculosis
Etiopatogenia y fisiopatología
Etiología
La gran mayoría de los casos de tuberculosis están
producidos por Mycobacterium tuberculosis, especie de la familia de Mycobacteriaceae,
orden Actinomicetales. Junto con otras tres especies muy relacionadas, M. bovis, M.
africanum y M. microti, forman el grupo de micobacterias tuberculosas (M. tuberculosis
complex).
M. bovis es mucho menos frecuente. Se caracteriza por su
resistencia uniforme a pirazinamida, aunque en los últimos años ha sido responsable de
una epidemia en España de tuberculosis multirresistente asociada a enfermos VIH, pero con
transmisión también a inmunocompetentes.
M. africanum (se considera una forma intermedia entre las dos
anteriores) es una rara causa de tuberculosis humana en África.
Las micobacterias son bacilos ácido alcohol resistentes,
aerobios estrictos, inmóviles, no esporulados, que son Gram (+) aunque la tinción es muy
irregular. Se reproducen muy lentamente, son resistentes a los ácidos y álcalis y tienen
una gran envoltura de ácidos micólicos, ácidos grasos ramificados, de 60-80 átomos de
carbono. Por fuera de la capa de ácidos micólicos existen una serie de fenol
glicolípidos y glicolípidos, de entre los que destaca el cord factor, importante como
veremos para el diagnóstico. Son bacterias intracelulares, capaces de vivir dentro de las
células, y más concretamente, de los macrófagos, de forma que son capaces de enlentecer
su metabolismo de forma indefinida.
Transmisión
La tuberculosis es transmitida de persona a persona
principalmente por vía respiratoria, a través de las gotitas de Pflüge. Los bacilos
tuberculosos (en número de 1 a 3) forman los núcleos de estas pequeñas gotitas, lo
suficientemente pequeñas (1-5 micras de diámetro) como para evaporarse, y permanecer
suspendidas en el aire varias horas.
Las partículas de mayor tamaño, aunque tengan mayor número
de bacilos, son menos contagiosas, pues caen por gravedad, o en el caso de ser inhaladas,
son eliminadas por el sistema mucociliar y la tos.
Cuando una persona con tuberculosis pulmonar o laríngea
tose, estornuda, habla o canta, emite estas pequeñas partículas.
La posibilidad de que la enfermedad se transmita depende de
cuatro factores:
- Las características del enfermo.
- El entorno en que tiene lugar la exposición.
- La duración de la exposición.
- La susceptibilidad del receptor (de ella hablaremos en la
patogenia).
La capacidad de infectar de un enfermo determinado va a
depender de la cantidad de bacilos que expulse con sus secreciones respiratorias, estando
ésta en relación directa con la frecuencia de la tos, la existencia de lesiones
cavitadas y con las formas de diseminación broncógena. La tuberculosis laríngea es
especialmente infectiva.
Así, por ejemplo, los niños, aunque posible, rara vez son
la fuente de infección para otras personas, pues tosen con menos frecuencia, con menos
fuerza, e infrecuentemente sufren formas cavitadas extensas.
Una vez iniciado un tratamiento correcto, en dos o tres
semanas el esputo se esteriliza y la capacidad de infectar desciende en gran medida. De
aquí la importancia que tiene en el control de la enfermedad el diagnóstico precoz, el
aislamiento y el inicio del tratamiento.
Igualmente medidas que pudieran parecer tan superfluas como
el cubrir la boca y la nariz del enfermo al estornudar o toser disminuyen mucho la
capacidad de infectar. De estas y otras medidas hablaremos más tarde en las medidas de
control de la enfermedad.
Las micobacterias son sensibles a la radiación ultravioleta.
Así, raramente, se produce el contagio en la calle, a la luz del día.
El hacinamiento facilitará la posibilidad de transmisión.
De nuevo, una medida tan simple como una buena ventilación hará disminuir esta
posibilidad (con seis o más intercambios del aire de la habitación en una hora son
suficientes).
El contagio se puede producir en un contacto esporádico con
un enfermo, pero evidentemente cuanto más íntimo y prolongado sea el contacto, mucho
mayores serán las posibilidades: familiares, compañeros de habitación, compañeros de
trabajo etc., serán los que más frecuentemente se infecten. En general, se acepta que el
23-25 por ciento de los contactos con un caso infeccioso se infectarán.
La tuberculosis extrapulmonar rara vez es contagiosa. Sin
embargo, se han publicado casos de transmisión al realizar técnicas que producen
aerosoles, como pudiera ocurrir en las autopsias.
No se transmite a través de utensilios, vajillas etc.
Aunque extremadamente rara, se ha documentado la transmisión
del hombre a animales de compañía y viceversa.
Clásicamente, se hablaba de la posibilidad de transmisión
de M. bovis a través de la ingestión de lecha de vaca, penetrando a través de la mucosa
gastrointestinal. Hoy en día, con las técnicas de higienización de la leche, es
prácticamente inexistente.
Patogenia
Cuando una persona inhala esas partículas suspendidas en el
aire, lo suficientemente pequeñas como para llagar a los alvéolos, comienza la
infección. Es difícil establecer cuántos bacilos se necesitan para producir infección,
pero se estima que entre 5 y 200.
Una vez en los alvéolos, los bacilos son fagocitados por los
macrófagos alveolares no activados (Estadio I de la patogenia), donde se multiplican y
producen la liberación de citoquinas que, a su vez, atraerán a más macrófagos y
monocitos que de nuevo fagocitarán los bacilos. Se produce una acumulación de monocitos
y bacilos intracelulares (Estadio II o estado de simbiosis, también conocido como Fase de
Crecimiento Logarítmico) entre los días 7 y 21. La posterior necrosis tisular y de los
macrófagos (Necrosis caseosa, Estadio III) hace que se cree un medio desfavorable para la
multiplicación de los bacilos. Esto se produce alrededor de la tercera semana,
coincidiendo con la positivización del PPD.
Con la sensibilización de los linfocitos CD4 se produce una
reacción inmunológica tipo TH1 con liberación de linfoquinas que activan los
macrófagos, capaces de la destrucción del bacilo. Este fenómeno dará lugar a la
formación de los granulomas que caracterizan histológicamente a la enfermedad (Estadio
IV).
Si la secuencia en la patogenia continúa y se produce la
licuefacción del material (Estadio V) y éste drena a la vía aérea, se producirá la
cavitación. En este medio los macrófagos activados son ineficaces, por lo que se crean
unas condiciones idóneas para la multiplicación extracelular de los bacilos.
Este foco primario casi siempre es subpleural, y localizado
en la región media del pulmón (zona inferior de los lóbulos superiores y superior de
los lóbulos inferior y medio), donde el flujo aéreo mayor facilita el que se depositen
esos bacilos inhalados.
Volviendo al inicio de la secuencia (Estadio I), parte de
esos macrófagos alveolares pueden alcanzar vía linfática los ganglios regionales, y
desde aquí, vía hematógena, al resto del organismo. No se sabe muy bien porqué causas,
existen zonas del organismo que favorecen la retención y multiplicación de los bacilos:
riñones, epífisis de los huesos largos, cuerpos vertebrales, áreas meníngeas cercanas
al espacio subaracnoideo y, sobre todo, las zonas apicales posteriores del pulmón. En
estas zonas se producen focos de multiplicación hasta que 2 a 10 semanas después de la
primoinfección el sistema inmune detiene esta multiplicación y previene una futura
diseminación (se produce la conversión de la prueba del PPD). Estas zonas podrán ser en
el futuro focos de posible reactivación.
La infección puede progresar a enfermedad rápidamente,
años después, o nunca.
En los individuos inmunocompetentes infectados, el 5 por
ciento desarrollará la enfermedad en los dos años siguientes a la primoinfección. Otro
5 por ciento la desarrollará más tarde. Es decir, el 10 por ciento de los infectados
desarrollará enfermedad en algún momento de su vida. El otro 90 por ciento permanecerá
libre de enfermedad.
Un tema debatido es el grado de protección que el sistema
inmune proporciona una vez desarrollada esa respuesta celular frente a posibles nuevas
reinfecciones. Evidencias clínicas y de laboratorio indican que la enfermedad producida
por la inhalación de una segunda cepa es difícil, pero va a depender del riesgo de
reexposición, de la intensidad de ésta, y de la integridad del sistema inmune de la
persona. Así, en un estudio llevado a cabo en Sudáfrica y publicado en el New England en
1999, se demostró, mediante técnicas de epidemiología molecular, que en zonas de gran
incidencia la reexposición a una segunda cepa es una causa importante de enfermedad tras
la curación de un primer episodio.
Algunas situaciones médicas aumentan el riesgo de que la
infección progrese a enfermedad, pero no todas en la misma medida. Así, por ejemplo, la
diabetes aumenta 3 veces el riesgo, la silicosis 30 veces, la infección por VIH más de
100 veces, y en fase de sida, hasta 170 veces.
Algunas de estas circunstancias son:
- Infección por VIH-SIDA.
- Adicción a drogas, especialmente por vía parenteral.
- Infección reciente (en los dos años previos).
- Hallazgos radiológicos sugestivos de TB previa.
- Diabetes Mellitus.
- Silicosis.
- Terapia prolongada con corticoides.
- Otras terapias inmunosupresoras.
- Cáncer de cabeza y cuello.
- Enfermedades hamatológicas y del Sistema
reticuloendotelial (ej. leucemia y enfermedad de Hodgkin).
- Insuficiencia renal crónica.
- Gastrectomía.
- Síndromes de malabsorción crónica.
- Bajo peso corporal (10 por ciento o más por debajo del
peso ideal).
De nuevo, haciendo mención a la importancia del VIH en
relación a la tuberculosis, hay que señalar que una persona infectada con ambos
microorganismos tendrá un riesgo anual del 10 por ciento de desarrollar tuberculosis
(recuerda, el mismo que un inmunocompetente en toda su vida). La mayor incidencia de
tuberculosis en los enfermos con infección por VIH es una consecuencia de las
alteraciones de la inmunidad celular que padecen estos pacientes. Además, se ha
demostrado una disminución progresiva de la respuesta proliferativa de los linfocitos T a
la estimulación con PPD y de la actividad citolítica mediada por las células T. No
parece, por otro lado, que la infección concomitante de los macrófagos por el VIH y por
M. tuberculosis contribuya a esta mayor frecuencia de infecciones.
En cuanto a la edad, los tres períodos de la vida asociados
con más riesgo de progresión a enfermedad son la infancia (sobre todo los dos primeros
años de vida), la década comprendida entre los 15 y los 25 años y la edad avanzada.
Además del efecto notable que la infección por el VIH tiene
en la epidemiología y patogenia de la tuberculosis, hay que mencionar también la
influencia que la infección y la enfermedad tuberculosa tienen sobre la historia natural
de la infección por el VIH. Casi todos los estudios que se han realizado en este sentido,
demuestran que la tuberculosis activa acelera la progresión de la infección por el VIH y
acorta la supervivencia de las personas que la sufren. La carga viral plasmática aumenta
entre 5 y 160 veces, y el recuento de linfocitos CD4 disminuye a una velocidad 5 veces
mayor que en los enfermos VIH-positivos sin tuberculosis. Se ha confirmado que la
administración de profilaxis con isoniacida a personas coinfectadas retrasa el desarrollo
de infecciones oportunistas y aumenta la supervivencia al evitar que desarrollen
tuberculosis. En estudios de laboratorio se ha corroborado esta observación clínica al
demostrarse que la tuberculosis produce una liberación de citoquinas que aumentan la
replicación del VIH.
Los pulmones son los órganos más frecuentemente afectados
por la tuberculosis. Así, el 85 por ciento de los casos son pulmonares.
Sin embargo, como hemos dicho, la tuberculosis es una
enfermedad sistémica, y puede afectar a numerosos órganos de la economía.
El derrame pleural puede ocurrir en cualquier momento
después de la primoinfección. La liberación de una pequeña cantidad de proteínas de
los bacilos, material antigénico, desde un foco parenquimatoso subpleural al espacio
pleural produce una reacción inflamatoria con la acumulación de un exudado.
La tuberculosis miliar se produce cuando un foco necrótico
erosiona un vaso sanguíneo, y una gran cantidad de bacilos entra en el torrente
circulatorio en un breve espacio de tiempo, diseminándose a numerosos órganos.
La ruptura de un foco necrótico directamente al espacio
subaracnoideo producirá la meningitis.
El hueso y la articulación subyacente pueden afectarse
conjuntamente, afectar a otro hueso (es el ejemplo de la afectación vertebral en la
tuberculosis, en la que suelen verse implicadas dos vértebras adyacentes, a diferencia de
lo que suele observarse en la afectación, por ejemplo, tumoral), y extenderse a los
tejidos blandos adyacentes produciendo abscesos (ej. absceso del psoas).
La afectación renal suele producirse cuando un foco cortical
necrótico drena en el sistema colector, pudiendo afectar de forma secundaria a la médula
renal, uréter y vejiga.
La infección del tracto genital femenino es casi siempre
vía hematógena, mientras que el masculino puede serlo también a través de la orina.
La historia natural de la tuberculosis, una vez desarrollada,
es conocida por la evolución que se observaba en la era pre-quimioterapia: el 50 por
ciento de los enfermos moría en los 5 años siguientes, un 30 por ciento se curaba, y un
20 por ciento se convertían en enfermos crónicos.
Con la introducción de la quimioterapia efectiva esta
historia natural ha sido modificada de forma drástica. Con la realización de un
tratamiento correcto las posibilidades de curación son altísimas, y se debe aspirar a
menos de un 5 por ciento de mortalidad. Pero cuando estos tratamientos se llevan a cabo de
forma incorrecta, aunque reducen la mortalidad, el resultado puede ser un número
importante de casos crónicos con capacidad de infectar, y con cepas con resistencias
secundarias.
Existe una clasificación clínica de la tuberculosis,
propuesta por la Sociedad Americana de Enfermedades del Tórax (ATS), basada en la
patogenia de la misma (ver Tabla I).
| TABLA I. CLASIFICACIÓN CLÍNICA DE LA
TUBERCULOSIS |
| Clase |
Situación |
Descripción |
| 0 |
No exposición
No infección |
No historia de exposición
PPD negativo |
| 1 |
Exposición
No infección |
Historia de exposición
PPD negativo |
| 2 |
Infección
No enfermedad |
PPD positivo
Estudios bacteriológicos (si realizados) negativos
No evidencia clínica ni radiológica de TB |
| 3 |
Enfermedad actual |
Cultivo de M. Tuberculosis (si
realizados) o
PPD positivo y clínica o radiología evidente |
| 4 |
Enfermedad previa |
Historia de episodio previo o
Hallazgos radiológicos anormales pero estables,
PPD positivo y estudios bacteriológicos negativos (si realizados) y
No evidencia clínica ni radiológica de enfermedad |
| 5 |
Sospecha de TB |
En estudio, pendiente de
diagnóstico |
|
Según esta clasificación, nadie debería estar más de tres meses en la clase 5,
es decir, sin diagnóstico.
| Sumario
|