Tuberculosis
Clínica
Dado su carácter de enfermedad sistémica, los signos y
síntomas del enfermo pueden ser de predominio sistémico, predominar la sintomatología
pulmonar, los signos y síntomas de otro órgano afectado, o ser una combinación de todos
ellos.
Ciertamente, la enfermedad temprana puede ser asintomática,
y detectarse debido a una historia de exposición, por la presencia de una reacción a la
prueba de la tuberculina positiva y una imagen radiológica patológica.
Pero cuando la población bacilar es significativa se va a
producir una reacción sistémica, con síntomas inespecíficos como fiebre
(primordialmente vespertina), escalofríos, astenia, pérdida de apetito, disminución de
peso y sudación nocturna que, característicamente, afecta más a la parte superior del
cuerpo.
La instauración de los síntomas es gradual. Por ello a
veces son bien tolerados por el enfermo y pueden pasar en principio inadvertidos, o son
atribuidos a otra causa, como el exceso de trabajo.
Otras veces se presenta como fiebre de origen desconocido, en
cuyo diagnóstico diferencial siempre ha de ser incluida, y sólo se llega a esclarecer
tras extensos y repetidos estudios.
Menos frecuente, pero posible, es la presentación como un
síndrome pseudogripal, con fiebre aguda y escalofríos, y el enfermo no consulta hasta
que los síntomas no se resuelven como sería de esperar. El eritema nodoso puede aparecer
con este inicio agudo.
Manifestaciones clínicas de la tuberculosis pulmonar
La tuberculosis pulmonar suele presentarse habitualmente con
tos productiva de larga evolución, (generalmente el enfermo consulta cuando lleva más de
tres semanas tosiendo). Éste es el principal síntoma respiratorio. El esputo suele ser
escaso y no purulento.
Además, puede existir dolor torácico, y en ocasiones
hemoptisis. Ésta última, aunque suele reducirse a esputo hemoptoico o hemoptisis leve,
es indicativa de enfermedad avanzada. La hemoptisis grave, como consecuencia de la
erosión de una arteria pulmonar por una cavidad (aneurisma de Rasmussen), y que era
descrita en los libros clásicos como una complicación terminal en la era
pre-antibiótica, es hoy muy rara. Otra causa de hemoptisis es la sobreinfección por
aspergilus (aspergiloma) de una caverna tuberculosa crónica, en cuyo caso el sangrado se
produce sin que haya actividad del proceso tuberculoso.
La pleuritis tuberculosa suele presentarse generalmente de
forma unilateral, y puede asociarse a dolor pleurítico agudo o recurrente. Generalmente,
los síntomas sistémicos no son muy floridos, aunque se puede presentar como una
enfermedad febril aguda. En otras ocasiones es asintomática.
En zonas de alta incidencia se presenta, sobre todo, en
adolescentes y adultos jóvenes sin signos de afectación pulmonar. El pronóstico a corto
plazo es excelente, con una remisión completa en el 90 por ciento de los casos en unos
meses. Pero sin tratamiento recidivaría en el 65 por ciento de los casos en 5 años.
En zona de más baja incidencia, un número alto de casos se
presenta en enfermos mayores con afectación parenquimatosa concomitante.
El derrame suele ser un exudado. El recuento de células
suele estar entre 500 y 2.500, de predominio linfocítico, aunque hasta en un 15 por
ciento puede predominar los polimorfonucleares. En punciones repetidas se observa un
desplazamiento hacia las linfocitos. El ph suele ser de 7,3 o menos.
La elevación de los niveles de adenosin deaminasa (ADA) en
el líquido pleural tiene su utilidad diagnóstica. Cifras mayores de 40 UI tienen una
sensibilidad y una especificidad muy altas.
La baciloscopia raramente es positiva, y el cultivo será
positivo en un 25 por ciento de los casos. La biopsia pleural puede demostrar granulomas
en un 75 por ciento de las muestras.
Con el tratamiento tuberculostático raramente es necesario
recurrir a toracocentesis repetidas para su curación.
Manifestaciones clínicas de tuberculosis extrapulmonar
Tuberculosis del sistema nervioso central
La alteración del comportamiento, la cefalea y las
convulsiones son, a menudo, los síntomas de la meningitis tuberculosa. Pero el espectro
clínico es muy amplio, y varía desde cefaleas crónicas o alteraciones sutiles del
comportamiento, hasta una meningitis aguda que puede progresar rápidamente al coma. La
fiebre puede estar ausente. En las tres cuartas partes de los casos habrá evidencia de
tuberculosis extrameníngea.
La afectación meníngea es más importante a nivel de la
base del cerebro, por lo que pueden verse afectados los pares craneales. Igualmente, puede
haber vasculitis de las arterias focales que pueden dar lugar a aneurismas e infartos
hemorrágicos locales. La afectación de los vasos perforantes de los ganglios basales y
de la protuberancia dará lugar a alteración de los movimientos e infartos lacunares.
Cuando se comprometen las ramas de la arteria cerebral media puede existir una hemiparesia
o hemiplejia.
La meningitis es frecuente en los niños pequeños como una
complicación temprana de una primoinfección, pero puede verse en cualquier grupo de
edad.
El LCR se caracteriza por un contenido bajo de glucosa,
proteínas elevadas, aumento del número de células (de predominio mononuclear) y el no
crecimiento de los patógenos habituales productores de meningitis. No siempre va ha
existir una prueba del Mantoux positiva.
Linfadenitis tuberculosa
Es la forma más frecuente de tuberculosis extrapulmonar.
Puede afectar a cualquier ganglio linfático del organismo.
La afectación de ganglios periféricos en enfermos
inmunocompetentes va a ser generalmente unilateral y principalmente en la región
cervical, sobre todo, los ganglios del borde superior del músculo esternocleidomastoideo.
Suele manifestarse como una masa indolora eritematosa de consistencia firme. Los niños, a
menudo, presentan una infección primaria concomitante, pero en adultos generalmente no
existen indicios de tuberculosis extraganglionar ni síntomas sistémicos. A veces puede
ocurrir un drenaje espontáneo.
La existencia de linfadenopatías en otros lugares del
organismo fuera de la región cervical suele asociarse a formas más graves de
tuberculosis, con síntomas sistémicos.
En adultos, la linfadenitis granulomatosa es casi siempre
producida por M. tuberculosis; en niños, especialmente en menores de 5 años, las
micobacterias no tuberculosas son más frecuentes.
El PPD suele ser positivo. El material para las tinciones y
cultivos se puede obtener a través de punción-aspiración con aguja fina, aunque la
biopsia tiene un mayor rendimiento.
Las linfadenopatías hiliares o mediastínicas, o ambas, se
presentan más frecuentemente poco después de la infección primaria en los niños, pero
también, aunque más raramente, se pueden observar en algunos adultos. Por el contrario
en enfermos VIH con tuberculosis son hallazgos frecuentes.
Suele afectar a varios ganglios linfáticos que se fusionen
para formar masas mediastínicas voluminosas que en la tomografía axial computarizada se
verán con centros hipodensos y realce periférico tras la inyección del contraste.
Laringitis tuberculosa
La ronquera, el dolor de garganta o ambos, son los signos que
suelen llevar el enfermo a consultar.
En la era preantibiótica solía ser una forma secundaria a
una tuberculosis pulmonar extensa por la siembra de la mucosa durante la expectoración, y
se presentaba con úlceras dolorosas en epiglotis, faringe, amígdalas y boca, y
frecuentemente afectando al oído medio.
Hoy en día más de la mitad de los casos se deben a siembra
hematógena.
Esta forma de tuberculosis es muy contagiosa. Responde bien a
la quimioterapia y tiene un pronóstico favorable.
Tuberculosis genitourinaria
Como hemos mencionado, el riñón es uno de los órganos más
frecuentemente afectado por la tuberculosis. El 25 por ciento de los casos de tuberculosis
miliar van a presentar urocultivos positivos. Igualmente, en un 5-10 por ciento de
pacientes con tuberculosis pulmonar que por lo demás no presentan sintomatología
urinaria e incluso tienen pielografía normal, los urocultivos son positivos. Esta cifra
es aún más alta en los enfermos VIH.
La presencia de focos corticales asintomáticos es frecuente
en todos los casos de tuberculosis.
Afecta sobre todo a adultos de mediana edad.
El hallazgo típico es la piuria estéril, pero en ocasiones
se presentan infecciones urinarias recurrentes con el crecimiento de bacterias típicas en
los urocultivos llevando a la confusión en el diagnóstico durante mucho tiempo.
La pielografía intravenosa suele ser anormal, con hallazgos
inespecíficos en un principio. Posteriormente, se suele observar necrosis papilar,
estenosis ureterales, hidronefrosis, cavitación del parénquima y, en ocasiones,
autonefrectomía.
El rendimiento diagnóstico del cultivo de tres muestras de
orina (primera micción de la mañana, de tres días diferentes) se sitúa entre el 80 y
el 90 por ciento.
La tuberculosis genital en los hombres se asocia en un 80 por
ciento de los casos con afectación también renal, de forma que sería secundaria a
ésta. Puede haber afectación de la próstata, las vesículas seminales, el epidídimo y
los testículos. Puede manifestarse como una lesión ocupante del escroto que a veces es
dolorosa, o como un tracto fistuloso de drenaje.
En ocasiones, el hallazgo de calcificaciones en el epidídino
o en la próstata da la pista para pensar en ella.
Suele tener una buena respuesta al tratamiento.
En el sexo femenino va a estar afectado el endometrio en un
50 por ciento de los casos, los ovarios en un 30 por ciento, y el cuello uterino en un
5-15 por ciento. Puede manifestarse como infertilidad. Otras veces la existencia de una
enfermedad inflamatoria pélvica que no responde a los antibióticos da pie a la sospecha
diagnóstica.
Tuberculosis osteoarticular
Entre un 25 y un 50 por ciento de los casos de tuberculosis
esquelética van a afectar a la columna vertebral. Es la denominada espondilitis
tuberculosa o enfermedad de Pott.
El síntoma más común es el dolor local que aumenta en
intensidad a lo largo de semanas o meses, a veces acompañado de rigidez muscular. Los
síntomas constitucionales están presentes en menos del 40 por ciento de los casos.
En zonas de gran prevalencia se presenta, sobre todo, en
niños y adultos jóvenes, pero en países industrializados afecta con más frecuencia a
enfermos de edad avanzada.
La lesión inicial afecta al ángulo anterosuperior o
inferior del cuerpo vertebral. Radiológicamente, suele observarse la afectación de dos
cuerpos vertebrales vecinos, con acuñamiento anterior y con destrucción del disco
intervertebral. Esto provoca una cifosis, generalmente sin escoliosis. Aproximadamente, la
mitad de los enfermos presenta algún grado de debilidad o parálisis en las extremidades
inferiores, incluso después de iniciado el tratamiento. Esto se puede deber más a
fenómenos de aracnoiditis y vasculitis que a una invasión de la médula por una masa
inflamatoria
Afecta, principalmente, a la columna dorsal inferior,
siguiendo en frecuencia la zona lumbar.
Se desarrollan abscesos fríos paraespinales en un 50 por
ciento de los casos, a veces sólo visibles con TAC o RMN, que en ocasiones por presión
pueden disecar los planos tisulares y manifestarse como lesiones ocupantes en el espacio
supraclavicular por arriba, o en la región de la cresta ilíaca o la ingle. Salvo estas
complicaciones, o que sean grandes, se resuelven con la quimioterapia sin necesidad de ser
drenados.
La cirugía puede ser necesaria en caso de inestabilidad de
la columna o afectación neurológica.
La tuberculosis osteoarticular periférica afecta sobre todo
a las grandes articulaciones que soportan peso, principalmente, cadera y rodilla, pero
puede afectar literalmente a cualquier hueso del organismo. Se suele manifestar
inicialmente como dolor semanas o meses antes de que aparezca la inflamación y las
alteraciones radiológicas.
En ausencia de manifestaciones extraarticulares, el
diagnóstico va a requerir la biopsia.
En estadíos iniciales responde bien a la quimioterapia y la
inmovilización.
Tuberculosis gastrointestinal
Puede afectar a cualquier parte del tracto digestivo desde la
boca al ano.
Suele aparecer como consecuencia de la deglución de
secreciones respiratorias. Sin embargo, sólo en el 25 por ciento de los casos hoy en día
se encuentran indicios radiológicos de tuberculosis pulmonar activa o pasada, de forma
que el diagnóstico se lleva a cabo como consecuencia de una laparotomía exploradora.
El área más frecuentemente afectada es la ileocecal, y se
manifiesta con diarrea, anorexia, obstrucción y a veces hemorragia. A menudo hay una masa
ocupante palpable. En su diagnóstico, a veces, se confundirá con el carcinoma y con la
enfermedad inflamatoria intestinal.
La tuberculosis es la causa más frecuente de hepatitis
granulomatosa. Ésta raramente se presenta aislada, y suele verse en el seno de una
tuberculosis diseminada.
Peritonitis tuberculosa
Es consecuencia de la diseminación desde un foco tuberculoso
vecino, como un ganglio mesentérico, tuberculosis gastrointestinal, un foco
genitourinaro, o de la diseminación de una tuberculosis miliar.
La presentación suele ser insidiosa y a veces se confunde
con la cirrosis hepática en los enfermos alcohólicos. Puede haber ascitis, fiebre, dolor
abdominal y pérdida de peso. A veces se palpa una masa abdominal.
Menos frecuentemente se presenta de forma aguda simulando una
peritonitis aguda bacteriana.
El líquido suele ser un exudado que, por lo general,
contiene entre 500 y 2.000 células de predominio linfocítico.
La tinción raramente es positiva, y los cultivos sólo son
positivos en el 25 por ciento de los casos (el rendimiento aumenta remitiendo al
laboratorio gran cantidad de líquido). La determinación de la actividad de la adenosina
desaminasa en el líquido ascítico presenta una sensibilidad del 86 por ciento y una
especificidad del 100 por ciento. Para el diagnóstico puede ser necesario acudir a la
biopsia quirúrgica.
Pericarditis tuberculosa
Es una afectación poco común, pero dada su gravedad, es
necesario un diagnóstico y tratamiento precoz. La mayoría de los pacientes tienen
afectación pulmonar extensa, y suele haber pleuritis concomitante. El origen puede estar
en un foco contiguo de infección como los ganglios linfáticos mediastínicos o hiliares.
La instauración de la clínica puede ser brusca, semejante a
la de una pericarditis aguda, o solapada como una insuficiencia cardíaca congestiva.
La ecografía muestra la presencia de derrame y puede mostrar
loculaciones múltiples sugestivas de tuberculosis.
En caso de compromiso hemodinámico puede estar indicada la
pericardiocentesis. Si el cuadro no mejora en 2-3 semanas es posible crear una ventana
pericárdica subxifoidea.
Aparte del tratamiento quimioterápico, la utilización de
corticoides a altas dosis puede estar indicada, asociándose a una reducción de la
mortalidad.
Tuberculosis miliar
Existe confusión sobre el término miliar asociado a la
tuberculosis. Inicialmente, se utilizó para describir las lesiones patológicas, que se
asemejan a las semillas de mijo.
En la actualidad se utiliza para designar todas las formas de
tuberculosis hamatógena diseminadas independientemente del cuadro anatomopatológico.
A pesar de este grado considerable de superposición en los
términos, la tuberculosis miliar puede dividirse en tres grupos:
- Tuberculosis miliar aguda: asociado con una reacción
tisular típica a M. tuberculosis y de instauración rápida.
- Tuberculosis miliar críptica: una enfermedad más
prolongada, con hallazgos clínicos más solapados y con respuesta histológica atenuada.
- Tuberculosis no reactiva: se caracteriza histológicamente
por la presencia de una gran cantidad de microorganismos en los tejidos, una respuesta
tisular poco organizada y un cuadro clínico séptico.
La tuberculosis miliar aguda en la época preantibiótica era
con frecuencia una consecuencia temprana de la primoinfección en los niños, o menos
frecuentemente en los adultos jóvenes. Se presenta como una enfermedad aguda o subaguda
severa, con fiebre alta intermitente, sudoración nocturna y en ocasiones temblores.
Sin embargo, en las últimas series publicadas se observa con
mayor frecuencia en enfermos mayores con enfermedades subyacentes que enmascaran y
dificultan el tratamiento.
En dos terceras partes habrá manifestaciones tales como
derrame pleural, peritonitis o meningitis.
La detección de un infiltrado miliar en la radiografía de
tórax es el hallazgo de mayor utilidad diagnóstica y la razón que muchas veces hace
sospechar la tuberculosis miliar. Sin embargo, ésta puede conducir a un desenlace fatal
antes de que aparezca ninguna anomalía en la radiografía, sobre todo en pacientes de
edad avanzada.
Se puede detectar una hiponatremia con características de
secreción inadecuada de ADH, asociada frecuentemente a meningitis. Es frecuente observar
aumento de las cifras séricas de fosfatasa alcalina y transaminasas.
La tuberculosis miliar fulminante puede asociarse con un
síndrome de distrés respiratorio del adulto y una coagulación intravascular diseminada
Un PPD negativo no descarta el diagnóstico pues la anergia a
la tuberculina es un hecho frecuente en este cuadro (la hipersensibilidad se puede
recuperar una vez estabilizado el paciente). Los cultivos de esputo, orina o LCR serán
positivos en distintas combinaciones en la mayoría de los casos. La tinción de esputo
será positiva más o menos en un tercio de los casos. A veces, es posible hacer el
diagnóstico inmediato si existen muestras tisulares accesibles, como puede ser la
aspiración de un ganglio o la biopsia de médula ósea o hepática. Pero el método
óptimo para conseguir una muestra tisular es la biopsia transbroquial, que debe
realizarse cuando exista la sospecha de tuberculosis miliar.
Los focos crónicos de tuberculosis se asocian a siembras
intermitentes no progresivas del torrente circulatorio. Cuando por alteraciones
inmunitarias, por ejemplo, asociadas a la edad, este fenómeno se convierte en continuo es
lo que se ha dado en llamar la tuberculosis generalizada tardía o tuberculosis
hematógena crónica. Los focos más frecuentemente originarios de esta situación son
renales, genitourinarios, esqueléticos o ganglios linfáticos mediastínicos o
abdominales. El cuadro consiste en una fiebre de origen desconocido sin otra
particularidad distintiva. La radiografía de tórax suele ser normal y el PPD negativo.
Puede verse asociada a alteraciones hamatológicas significativas como leucopenia,
agranulocitosis, trombocitopenia, anemia refractaria, reacciones leucemoides y
policitemia.
Otro término utilizado en la literatura es la tuberculosis
miliar críptica, generalmente aplicado a pacientes de edad avanzada con tuberculosis
miliar en quienes el diagnóstico es incierto debido a la ausencia de anormalidades en la
radiografía de tórax, a la negatividad del PPD, y a menudo a la presencia de
enfermedades subyacentes a la que erróneamente se les atribuye los síntomas del enfermo.
El cuadro clínico de la tuberculosis no reactiva es el de
una sepsis fulminante, asociada a esplenomegalia y a menudo un aspecto
"apolillado" difuso en la radiografía de tórax. Suele asociarse también a
alteraciones hamatológicas importantes. Afecta invariablemente a hígado, bazo, y a veces
médula óseo, pulmones y riñones.
Tuberculosis ocular
La tuberculosis puede afectar a cualquier parte del ojo. Las
manifestaciones más frecuentes son la uveítis y coriorretinitis. La queratitis
flictenular es muy sugestiva de tuberculosis y puede servir de diagnótico diferencial con
la sarcoidosis, de las que clínicamente es difícil de diferenciar.
Manifestaciones clínicas de la tuberculosis en la
enfermedad por VIH
La presentación clínica de la tuberculosis en el paciente
infectado por el VIH difiere de la clásicamente descrita en la población general, por lo
que algunos autores la han llamado " la nueva tuberculosis".
La mayor virulencia de M. tuberculosis respecto a otros
patógenos oportunistas que complican la infección por VIH determina que la mayoría de
los pacientes que desarrollan una tuberculosis no hayan padecido todavía enfermedades
definitorias de sida; hasta en un 70 por ciento de los casos la tuberculosis extrapulmonar
supone el criterio definitorio de sida. La afectación pulmonar no se da en más de la
mitad de los casos; el resto presenta afectación extrapulmonar exclusiva o mixta,
pulmonar y extrapulmonar. El estado de inmunosupresión del sujeto parece ser el principal
condicionante de la presentación clínica, de modo que los pacientes con mayor
inmunodepresión tienden a presentar con mayor frecuencia formas extrapulmonares y, sobre
todo, diseminadas. Por otro lado, dentro de las formas pulmonares, aquellas presentaciones
más parecidas a las clásicas son más frecuentes en los pacientes con estados
inmunitarios más conservados.
Los síntomas y signos de la tuberculosis en los pacientes
infectados por el VIH son inespecíficos y no permiten distinguir la enfermedad de otras
infecciones oportunistas. La fiebre es un signo prácticamente constante mucho más
frecuente que en los pacientes inmunocompetentes. El paciente puede acudir con un cuadro
agudo de pocas horas o días de evolución, similar a una infección bacteriana clásica,
o con cuadros de varios días de evolución, caracterizado por fiebre y síntomas
sistémicos inespecíficos.
Como comentaremos más adelante, la tuberculosis en el VIH
puede presentar cualquier tipo de infiltrado radiológico. No es rara la pleuritis
tuberculosa, de presentación clínica similar a la de los pacientes inmunocompetentes.
La tuberculosis pulmonar es en nuestro medio una de las
causas que más frecuentemente se asocian a neumotórax espontáneo, y debe considerar en
el diagnóstico diferencial junto a las neumonías bacterianas y la neumonía por P.
carinii (especialmente en los que reciben profilaxis con pentamidina en aerosol).
Entre la afectación extrapulmonar hay que mencionar la gran
frecuencia de afectación ganglionar, tanto de ganglios periféricos como intratorácicos
e intraabdominales. Así, ante la presencia de adenopatías significativas en cualquier
localización junto con fiebre en un enfermo VIH positivo en áreas de alta prevalencia,
la primera posibilidad diagnóstica será tuberculosis. Se ha señalado la alta
especificidad de la detección de adenopatías con centros hipodensos y captación de
contraste en anillo en la tomografía axial computarizada para su diagnóstico.
Hay otras tres formas de afectación extrapulmonar en el VIH
que merecen especial atención:
- Los abscesos viscerales tuberculosos.
- La afectación del sistema nervioso central.
- La micobacteriemia.
Los abscesos viscerales, aunque ya fueron descritos en la era
previa al sida, son una complicación más frecuente en estos enfermos que en los no
infectados. Suele ocurrir en el seno de tuberculosis diseminada con gran carga
bacilífera, y generalmente en estados de inmunodepresión avanzada. Las manifestaciones
clínicas van a depender del órgano afectado: se han descrito en la próstata, bazo,
hígado, riñón, músculo psoas y piel. El diagnóstico de sospecha suele ser
radiológico, y en ocasiones se confirma con la aspiración del material purulento. La
detección de múltiples imágenes radiológicas hipodensas de diferentes tamaños en
órganos como el bazo o el hígado en el seno de un síndrome febril es muy sugestiva de
tuberculosis diseminada. Hay que sospechar la presencia de un absceso en los casos en que
la fiebre persiste a pesar de un tratamiento correcto, o que reaparece tras un período de
defervescencia. Se suelen resolver con tratamiento médico o con este más drenaje. Rara
vez es necesaria la Cirugía.
La infección del sistema nervioso central es más frecuente
en estos enfermos. En los pacientes VIH positivos con meningitis tuberculosa,
aproximadamente dos tercios tienen evidencia clínica o radiológica de tuberculosis
extrameníngea. Clínicamente, suelen presentar signos y síntomas de afectación
neurológica subaguda, aunque a veces se presentan de forma aguda similar a las meningitis
bacterianas purulentas. La tomografía computarizada craneal muestra hallazgos anormales
hasta en un 69 por ciento de los casos y el análisis del líquido cefalorraquídeo suele
mostrar aumento de la celularidad y disminución de la glucorraquia, con proteinas
elevadas sólo en la mitad de los casos. El diagnóstico de certeza descansa en el
cultivo, dada la baja sensibilidad de las tinciones del líquido cefalorraquídeo y los
niveles no diagnósticos de las determinaciones de adenosín deaminasa en un tercio de los
pacientes.
La detección de micobacterias en la sangre se ha convertido
en una herramienta importante de diagnóstico para la infección diseminada por
Mycobacterium avium-intracellulare. Aunque raramente se había utilizado en la
determinación de infecciones diseminadas por M. tuberculosis varios centros han
documentado en los últimos años el aislamiento del microorganismo de los hemocultivos.
La frecuencia de aislamiento en sangre en pacientes con tuberculosis es variable de unos
centros a otros con cifras que oscilan del 10 al 42 por ciento. Los métodos utilizados
incluyen sistemas convencionales de detección de hemocultivos, el sistema BACTEC
radiométrico o procedimientos de lisis-centrifugación. La detección de bacteriemia por
M. tuberculosis permite el diagnóstico de tuberculosis diseminada y, en pacientes en los
que no se puede recoger otras muestras, o éstas son negativas para la micobacteria,
permite el diagnóstico de infección. No parece que la presencia de micobacteriemia
implique peor respuesta terapéutica o peor pronóstico en los pacientes VIH positivos con
tuberculosis.
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