Tuberculosis
Diagnóstico
El diagnóstico de tuberculosis descansa sobre cuatro pilares
fundamentales: la sospecha clínica, la prueba de la tuberculina, la radiología, y la
bacteriología.
Dentro del diagnóstico cabe distinguir un "diagnóstico
pasivo", que es el que realizamos en aquellos pacientes que acuden a nuestra
consulta, y un "diagnóstico activo", tan importante como el anterior, y es el
que debemos buscar nosotros de forma activa entre aquellas personas que pertenecen a
grupos de riesgo. A este segundo dedicaremos un apartado especial, y en él comentaremos
ampliamente la prueba de la tuberculina.
Historia clínica
El médico general debe mantener un alto índice de sospecha
de tuberculosis ante motivos de consulta frecuentes. La posibilidad de tuberculosis
pulmonar debe considerarse en aquellos pacientes que presenten un cuadro de tos prolongado
(más de tres semanas), que puede acompañarse de dolor torácico y hemoptisis. Con más
énfasis ante la presencia de síntomas sistémicos como fiebre (que, como mencionamos en
la clínica, suele ser vespertina), escalofríos, sudoración nocturna, pérdida de
apetito, astenia y pérdida de peso. El grado de sospecha debe ser mayor en las personas
con los factores predisponentes que hemos comentado.
En nuestro medio, en consultas de Atención Primaria, se
debería solicitar una radiografía de tórax en aquellos casos en los que se sospechase
tuberculosis, como los casos de tos prolongada que no remiten a pesar de tratamiento
convencional.
Los síntomas de sospecha de la tuberculosis extrapulmonar
van a depender de la localización de ésta:
- dolor en la zona dorsolumbar, acompañado o no de fiebre,
en caso de tuberculosis vertebral.
- dolor de características pleuríticas en el caso de la
pleuritis tuberculosa.
- hematuria en el caso de la renal.
- cefalea, alteración del comportamiento, convulsiones, etc.
en el de meningitis etc.
Se debería hacer hincapié en la historia de exposición,
prueba del Mantoux, en los factores de riesgo demográficos para haber estado en contacto
con el bacilo (lugar de procedencia, ocupación etc.) y en los factores de riesgo médico
ya comentados.
Es importante mantener un alto grado de sospecha de
tuberculosis en los pacientes infectados por VIH en áreas en las que la infección es
endémica. Algunos síntomas y signos son altamente sugestivos y su presencia, aún
pendientes de confirmación de la infección por el laboratorio de microbiología, deber
inducir al inicio del tratamiento antituberculoso. Entre estos datos se incluyen la fiebre
prolongada sin datos de focalidad infecciosa y en ausencia de documentación de otra
etiología (fiebre de origen desconocido), de la cual la tuberculosis es la primera causa
en España y otros países, adenopatías en múltiples territorios, especialmente
intratorácicas o intraabdominales, sobre todo, si se acompaña de fiebre, infiltrados
radiológicos de apariencia miliar y meningitis linfocitaria de evolución subaguda.
Exploración física
La exploración física es esencial para la valoración de
cualquier paciente. No va a servir para confirmar o descartar la tuberculosis, pero si
para obtener información del estado general del paciente.
Los hallazgos en la exploración de los enfermos con
tuberculosis pulmonar suelen ser escasos, salvo que la afectación sea extensa. En algunos
enfermos es totalmente normal, en otros se pueden auscultar estertores en la zona
afectada, que se acentúan después de la tos. En caso de cavitación se puede escuchar un
soplo tubárico. En otras, se auscultan sibilancia como consecuencia de la estenosis de
algún bronquio.
Es importante la búsqueda de adenopatías periféricas,
principalmente en la región cervical, pero también en el resto del organismo, así como
la presencia de hepato o esplenomegalia.
Al igual que con los síntomas, los hallazgos físicos en la
tuberculosis extrapulmonar van a depender de la localización: hipoventilación o roce
pleural en caso de pleuritis, presencia de cifosis, dolor a la percusión sobre la zona
columna dorsolumbar o pérdida de fuerza en las extremidades inferiores en caso de
tuberculosis vertebral; meningismo, afectación de pares craneales o hemiparesia en la
afectación meníngea, etc.
Dada su posible relación con la enfermedad por el VIH, no se
debe olvidar la búsqueda de signos como muguet, leucoplasia vellosa oral, dermatitis
seborreica, poliadenopatías etc., que nos hagan pensar en una coinfección, ya que, no en
pocos casos, el diagnóstico de tuberculosis en enfermos con factores de riesgo es el que
lleva a la realización de una serología y diagnóstico de infección por el VIH.
Ante la sospecha clínica de tuberculosis deben ponerse en
marcha los métodos disponibles para confirmar o excluir el diagnóstico. Los métodos
más frecuentemente utilizados son la prueba de la tuberculina, la radiología y la
bacteriología.
La tuberculosis entra dentro del diagnóstico diferencial de
numerosas patologías, no en vano se la ha conocido tradicionalmente como una de las
grandes simuladoras. Pero en la práctica clínica diaria quizá el problema más
importante para el médico general lo plantee el diagnóstico diferencial con otras
infecciones respiratorias (ver Tabla II).
TABLA II. DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL DE LA TUBERCULOSIS CON
OTRAS
INFECCIONES RESPIRATORIAS |
| Patología |
Presentación |
Antecedentes |
Analítica |
Radiología |
| Tuberculosis |
Generalmente solapada.
Bien tolerada.
Sd constitucional. |
Importante.
Factores de
riesgo.
PPD |
Raro leucocitos
muy altos.
Anemia en casos
de larga evolución. |
Afectación de
segmentos apicales
de lóbulos superiores y segmentos superiores de
lóbulos inferiores.
Frecuente cavitación. |
| Neumonía bacteriana |
Comienzo agudo.
Impresiona de
mayor gravedad |
Menos
importante. |
Mayor repercusión
en hemograma:
leucocitosis. |
Cualquier afectación.
Menos frecuente cavitación. |
Infección
vírica vías
altas |
Comienzo agudo.
Sintomas vías altas. |
Casos cercanos. |
Leucocitosis
moderada.
Linfocitosis. |
Normal. |
|
.
| Sumario
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