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PROGRAMA ANUAL
2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

  

Sida

Etiopatogenia

Mecanismos de transmisión

El VIH se transmite por 3 vías principales: a) sexual (homo o heterosexual), b) parenteral (intercambio de jeringuillas o contagio por sangre infectada) y c) vertical (materno fetal).

Sexual

A nivel mundial la transmisión por vía sexual es responsable de más del 80 por ciento de las infecciones por el VIH-1. La transmisión homosexual es más prevalente en los países desarrollados, mientras que el contagio por vía bisexual o heterosexual ocurre más frecuentemente en los países en vías de desarrollo. Inicialmente la infección se detectó en varones homosexuales, (ADVP), receptores de productos sanguíneos (especialmente hemofílicos) y parejas heterosexuales de personas que posteriormente desarrollaron sida.

Los estudios epidemiológicos de poblaciones han demostrado que el riesgo de infección entre varones homosexuales aumentaba proporcionalmente al número de parejas y al número de coitos receptivos. La rápida diseminación de la infección, en Estados Unidos y otros países, entre la comunidad homosexual se debió en gran medida a la promiscuidad y ciertas prácticas especiales ("duchas", introducción del puño por el canal anal) que originaban traumatismos locales y hacían más eficiente la transmisión. Las tasas de infección en este grupo de riesgo ascendía en Estados Unidos al 20-50 por ciento. En los últimos años, los cambios de conducta (práctica de sexo seguro y menor exposición al riesgo) han reducido la incidencia de la infección en este grupo de población.

En países latinoamericanos y caribeños (Haití) los varones bisexuales han concentrado una alta proporción de casos de sida, y han posibilitado la transmisión a mujeres. La adquisición del VIH-1 por vía heterosexual predomina en la mujer tanto por factores biológicos como sociales y culturales. Se ha descrito un 15-25 por ciento de infección en las parejas femeninas estables de drogadictos o hemofílicos. El coito anal, las relaciones durante la menstruación y la presencia de úlceras genitales facilitan la transmisión en relaciones heterosexuales.

Un estadío más avanzado de la infección en la pareja seropositiva (con cargas virales más elevadas) y un mayor número de relaciones son factores asociados a mayor transmisibilidad. La prevención de la transmisión heterosexual requiere educación de la población general. Se han realizado, en diversos países, campañas de promoción de la estabilidad familiar, reducción en las relaciones de riesgo y distribución de métodos anticonceptivos de barrera (preservativos). La actividad de riesgo asociada con la infección no siempre va a depender de las actitudes de la mujer sino también de las de la pareja. La eficiencia de transmisión parece ser mayor de hombre a mujer que a la inversa, aunque existe documentación contrastada de transmisión en ambos sentidos, y en algunos estudios la frecuencia de transmisión es similar (6).

En diversos estudios realizados con parejas discordantes se ha constatado que sólo 50 por ciento-60 por ciento de los individuos se han llegado a infectar, a pesar de haber mantenido relaciones sin protección durante períodos prolongados de tiempo. Esto sugiere que, a parte de factores socioculturales y de comportamiento, ciertos condicionantes biológicos pueden estar implicados en una mayor o menos transmisión. El estadío clínico de la infección, la situación inmunológica, y especialmente la carga viral en el paciente índice, son factores a considerar en el riesgo de contagio (6).

Los antecedentes de enfermedades de transmisión sexual activas o previas, especialmente las que producen úlceras genitales (herpes simple, chancroide, sífilis), tiene correlación con la adquisición del VIH-1.

Parenteral

En el hombre también se observa un aumento de los casos de contagio sexual en el intervalo más reciente, aunque sigue predominando la adicción a drogas como principal práctica de riesgo en nuestro país, así como en diversos países desarrollados. La seroprevalencia de infección ha oscilado entre 5-75 por ciento en los ADVP, según las poblaciones estudiadas. En España esta práctica constituye la principal vía de transmisión, seguida por las relaciones sexuales de riesgo (tanto homo como heterosexuales), cuyo incremento en los últimos años es el más acusado.

Vertical

La transmisión de madre a hijo (vertical) depende de una serie de factores maternos, fetales, inmunológicos y virológicos (carga viral). Unas 2.3 millones de mujeres con infección por el VIH dan a luz cada año. La transmisión puede ocurrir en cualquier momento de la gestación: antes, durante o incluso después del parto mediante la lactancia natural. El mayor riesgo se concentra en el nacimiento. Aproximadamente, el 70 por ciento de los casos de transmisión se producen durante el trabajo de parto y el expulsivo. En los países desarrollados el riesgo de transmisión perinatal era del 25-50 por ciento antes de disponer de mecanismos de control. En 1994 se constató que la administración de zidovudina durante el embarazo, por vía intravenosa durante el parto y en forma de solución oral al recién nacido reducía en dos terceras partes la transmisión madre-hijo (7). La disponibilidad de efectivas terapias combinadas y la práctica de la cesárea han disminuido, aun más el riesgo de contagio materno-filial en los últimos años, en los países desarrollados. La realización de cesárea electiva reduce de forma muy significativa el riesgo de transmisión. La asociación de terapia antirretroviral con la cesárea disminuyó la tasa de transmisión hasta un 2 por ciento (8).

Toda esta optimista información debería ser contrastada y adaptada a los países subdesarrollados donde muy probablemente no puedan aplicarse, por el momento y de forma efectiva, estas práctica médicas.

Biología del VIH y ciclo de replicación

El virión es una partícula esférica constituida por 3 capas concéntricas:

1. Interna constituida por una doble hebra de RNA, nucleoproteínas y enzimas;

2. Intermedia formada por una nucleocápside icosaédrica

3. Envoltura externa, derivada de la célula huésped, donde se insertan las glicoproteínas y otras proteínas celulares.

La complejidad de la interacción célula-virus explica en gran medida la patogenia de la enfermedad. El VIH 1 y 2 tienen estructuras genómicas similares, aunque se han identificados genes específicos de cada subtipo. Estos genomas contienen los tres genes comunes a todos los retrovirus:

– el gen gag (antígeno específico de grupo) codifica las proteínas del core del virión

– la región pol que codifica la retrotranscriptasa (o polimerasa RNA-dependiente de ADN), una proteasa y una endonucleasa (o integrasa)

– los genes del env que codifican las dos proteínas principales de la membrana, gp120 y gp41.

El ciclo replicativo implica la adsorción, fusión a la célula e internalización del virus, transcripción inversa e integración, fase de latencia, expresión temprana de genes reguladores, expresión tardía de genes estructurales y enzimáticos, y finalmente la morfogénesis y salida de un nuevo virión que afectará nuevas células.

El deterioro progresivo de los mecanismos defensivos del huesped conducen al cabo de años a una situación de inmunodepresión grave, reflejada especialmente por una reducción de los linfocitos CD4+. En esta situación la aparición de infecciones oportunistas (IO) y tumores es el estadío más avanzado, conocido como sida. Los mecanismos patogénicos son complejos, cambiantes y variables según el estadío de la infección, en el que la interacción virus-célula depende de la expresión de diferentes genes reguladores. El ciclo biológico del VIH-1 se divide en dos etapas bien diferenciadas:

– Fase temprana de la infección que incluye adsorción, fusión, internalización del virión, transcripción inversa, y culmina con la integración del DNA proviral en el DNA celular.

– Fase tardía que incluye las fases de latencia, expresión temprana de los genes reguladores, expresión tardía de genes estructurales y enzimáticos, morfogénesis y finalmente supone la generación de una nueva progenie infecciosa.

La entrada del VIH-1 en la célula se produce mediante la interacción con dos tipos de receptores. Uno de ellos es un receptor específico y común a todos los subtipos de VIH (molécula CD4+) que está presente en la superficie de los linfocitos T colaboradores y en células de la estirpe mononuclear-fagocítica. Ello explica el tropismo viral por estas poblaciones celulares. Además existen otras moléculas, llamadas correceptores virales o proteínas complejas, que funcionan como receptores de ciertos mediadores inmunológicos, las quimioquinas. Estas son producidas por diversas estirpes celulares (monocitos, linfocitos CD4+ y CD8+, polimorfonucleares, fibroblastos, células endoteliales, etc). Las quimioquinas interaccionan con distintos receptores de la membrana celular (ej. CCR5 y CXCR4 como más importantes).

Después que la nucleocápside vírica penetra en la célula se produce la retrotranscripción de una de las hebras del RNA, el cual es un proceso complejo que conduce a la síntesis de una doble hélice de DNA.

El DNA es transportado al núcleo y se integra en el genoma celular. Ambos procesos son dependientes, no sólo de factores víricos sino también de factores celulares inducidos durante la activación celular. En linfocitos en reposo parte del genoma viral no finaliza la retrotranscripción e integración a menos que la célula sea activada. Se ha demostrado la existencia de DNA proviral no integrado en linfocitos de sangre periférica, y ello constituye un reservorio potencial del VIH.

Una vez integrado el VIH puede permanecer latente, replicarse de forma controlada o experimentar una replicación masiva con gran efecto citopático sobre la célula infectada.

Una vez sintetizadas las proteínas víricas deben ser procesadas antes de ensamblarse en las partículas víricas maduras. La proteasa desempeña un papel capital en la producción de partículas víricas. La maduración final de los viriones se produce en el momento último del ciclo infectivo, antes de la gemación de los virus a través de la membrana celular. Finalmente se producirán estos nuevos viriones infectivos, capaces de afectar nuevas células y extender la infección.

Propiedades biológicas y cinética de la replicación viral

Las tres propiedades que permiten diferenciar los aislados de VIH-1 entre sí son:

1. El tropismo celular (propagación en líneas celulares inmortalizadas de extirpe linfocitaria o monocitaria).

2. El fenotipo sincitial (formación de sincitios o no tras la inoculación en la línea celular MT2).

3. La cinética de replicación (rápida/alta, baja/lenta).

En general, un virus es especialmente agresivo cuando tiene capacidad de producir efecto citopático y cinética de replicación alta. Además de estas tres características, hoy en día las modernas técnicas de biología molecular (sobre todo la amplificación genética e hibridación para detectar el ARN viral en plasma y el estudio de los ganglios linfáticos en los sujetos infectados) han permitido demostrar que la carga viral es detectable en todos los estadios de la enfermedad y que la cinética de replicación del VIH es enormemente acelerada.

Se ha calculado, mediante la aplicación de modelos matemáticos, que diariamente se producen de 109-1010 partículas virales lo que conlleva a una destrucción diaria de 107-108 linfocitos T CD4+. Esto supone que la vida media de un virión es de 0.3 días y la de un linfocito activo de 1.2 días. Esta cinética de replicación es muy diferente a la que presentan los lentivirus clásicos.

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