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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

Sida

Diagnóstico clínico y exploraciones complementarias

Diagnóstico de la Infección por el VIH-1

Sólo puede establecerse de modo definitivo por métodos de laboratorio, ya que las manifestaciones clínicas aunque sugestivas, no son específicas de ningún estadio de la enfermedad. Los métodos de laboratorio utilizados pueden clasificarse en

1. Métodos directos: Intentan localizar la presencia de virus o alguno de sus componentes estructurales (proteínas y ácidos nucleicos).

1a. Cultivo viral.

1b. Detección de ácidos nucleicos.

1c. Detección del Antígeno P24.

2. Métodos indirectos: Detectan la respuesta inmune humoral o celular por parte del huésped. En general detectan.

2a. Anticuerpos específicos:

a. Pruebas de cribado o despistaje: enzimoinmunoanálisis (EIA), aglutinación

b. Pruebas de confirmación: Western blot (WB), radioinmunoprecipitación (RIPA), inmunofluorescencia indirecta (IFI), inmunoanálisis lineal (LIA).

2b. Investigación de la respuesta celular específica.

Cultivo viral

El aislamiento y cultivo constituye la mejor evidencia de infección viral, pero la sensibilidad es muy variable según los estadios de la infección y los laboratorios. Se puede realizar a partir de células o con mayor dificultad, de líquidos acelulares procedentes de pacientes infectados. El VIH-1 se ha aislado de linfocitos del semen, exudado vaginal, saliva, LCR, lágrimas y líquido amniótico.

Para realizar el cultivo viral, los linfocitos obtenidos de sangre periférica o de otra procedencia se añaden a un medio con linfocitos de donante sano, previamente estimulados con fitohemaglutinina. El cocultivo debe realizarse en un medio adecuado (RPMI u otro) y semanalmente hay que reponer el cultivo con nuevos linfocitos. Dos veces a la semana se analiza el cultivo para estudiar la actividad de la retrotranscriptasa o la presencia de Antígeno p24 en el sobrenadante. Otras formas de determinar la existencia del virus en el cultivo son:

– detección de efecto citopático (en algunas cepas).

– detección del ADN proviral o ARN mediante PCR.

– reconocimiento de partículas virales mediante el microscopio electrónico.

Las aplicaciones en la práctica clínica del cultivo viral, que realmente es la técnica más específica de diagnóstico, son:

– infección pediátrica.

– infección silente.

– estudios de variabilidad genética y epidemiología molecular.

– sensibilidad a antirretrovirales.

Además el cultivo viral es la herramienta imprescindible para la caracterización biológica de las diferentes cepas del VIH-1.

Detección de ácidos nucleicos

Las técnicas de detección directa del genoma viral por hibridación simple (dot-blot o hibridación in situ), tan útiles en la infección por virus de la hepatitis B, han resultado poco sensibles en la infección por el VIH-1, probablemente por el bajo número de linfocitos infectados (1 por ciento). Mediante la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) se han podido detectar fragmentos del genoma del VIH-1 en pacientes con sida, en individuos asintomáticos y en pacientes con exposición al virus pero que todavía no han desarrollado una respuesta humoral.

Se puede detectar tanto el ADN proviral (que mediría las células crónicamente infectadas), como el ARN viral que reflejaría el grado de replicación viral. Hoy en día en la práctica clínica diaria, la cuantificación de ARN del VIH-1 es el método más aceptado para medir la carga viral (CV). Durante la primoinfección los niveles de CV (n° copias ARN del VIH/ml de sangre) son muy altos (105-107 copias/ml), para descender en poco tiempo unas 1000 veces. A pesar de este decremento, puede detectarse viremia circulante en plasma en la mayor parte de los individuos infectados durante el periodo de latencia clínica. Además se ha demostrado de forma concluyente que, independientemente de la cifra de linfocitos T CD4+, un valor de la CV más alto y que asciende en el tiempo predice el desarrollo de sida a más corto plazo al compararlo con aquéllos pacientes con cifras inferiores.

Además de poder predecir la historia natural de la enfermedad, estas técnicas se han generalizado para ayudar a la correcta monitorización del tratamiento antirretroviral. En varios estudios se ha demostrado que una caída inicial de la CV (de al menos 0.5 log10 copias ARN/ml) se correlaciona con un beneficio clínico. También se ha objetivado recientemente que es necesaria una supresión mantenida por debajo de 20-50 copias/ml para evitar el rebrote de la viremia y el desarrollo de resistencias.

Para determinar la CV están disponibles varias técnicas: la retrotranscripción seguida de la reacción en cadena de la polimerasa (RT-RCP) (Amplicor), la amplificación de señal mediante el ADN ramificado (bDNA) (Chiron) y la amplificación del ácido nucleico isotérmica basado en transcripción de la secuencia (Nasba).

Detección del Antígeno P24

La cuantificación del antígeno p24 en el suero es la prueba más barata y sencilla para obtener una información indirecta de la cantidad de virus circulante. Para medirlo se utiliza un test inmunoenzimático realizado sobre plasma o suero, pero que no necesariamente refleja partículas intactas. Existen evidencias importantes que sugieren que la mayor parte de los antígenos se encuentran ligados a anticuerpos anti-p24 formando inmunocomplejos, lo que supone una pérdida de sensibilidad. La presencia de antígeno p24 detectable en suero se ha correlacionado con el estadio de la enfermedad, la caída del número de células T CD4+, un riesgo mayor de progresión de la enfermedad, y una mayor CV.

Hasta disponer de las técnicas de amplificación genética, la antigenemia se ha utilizado para predecir la evolución clínica de individuos asintomáticos, la monitorización de la respuesta a antirretrovirales, el diagnóstico precoz de la infección aguda por VIH-1, el diagnóstico de la infección por vía vertical, la identificación de individuos con elevada infectividad y el reconocimiento de la replicación viral en cultivos celulares.

Pruebas de despistaje o cribado: EIA, aglutinación

Son aquéllas que permiten realizar un gran número de análisis a la vez y presentan una gran sensibilidad. La investigación de anticuerpos en suero es la metodología utilizada con mayor frecuencia para la identificación de los individuos infectados por VIH-1.

El enzimoinmunoanálisis (EIA) es el método más utilizado. Los antígenos provienen del lisado viral de un cultivo de VIH (EIA de primera generación) o bien corresponden a proteínas recombinantes o péptidos sintéticos (EIA de segunda generación) que reproducen epítopos del virus. Estos últimos son más sensibles y sobre todo más específicos que los de primera generación, los cuales pueden presentar falsos positivos en pacientes con enfermedades autoinmunes o con determinados fenotipos HLA.

En los últimos años se han desarrollado otras técnicas de EIA que son más sensibles y específicas. Utilizan como antígenos proteínas recombinantes o péptidos sintéticos (de 10 a 40 aminoácidos) específicos del VIH-1 (en ocasiones asociados con otros del VIH-2). Las dos técnicas principales son el EIA tipo sandwich (o EIA de tercera generación) y el EIA de captura. Pueden detectar todas las subclases de anticuerpos, y no sólo las IgG. En la actualidad existen más de 130 pruebas comercializadas con sensibilidades próximas al 99 por ciento.

Existen una serie de pruebas rápidas que utilizan técnicas de aglutinación y de inmunoadherencia (dot-blot), desarrolladas con péptidos recombinantes o sintéticos del VIH. Aunque presentan una buena sensibilidad y especificidad, éstas son menores que la de los EIA clásicos. Sus aplicaciones se ciñen a casos urgentes como la aceptación de un órgano para transplante, y al cribado en países del tercer mundo.

En los últimos años se han desarrollado pruebas serológicas para la detección simultánea de anticuerpos frente a varios virus (pruebas combinadas); por ejemplo, frente a VIH-1 y VIH-2, VIH-1 y HBs Ag o frente a los cuatro retrovirus humanos. Su sensibilidad y especificidad son aceptables, y su principal aplicación es el cribado de donantes de sangre.

Pruebas de confirmación: WB, RIPA, IFI, LIA

El Western blot (WB) es el método más empleado para la confirmación de resultados obtenidos con las pruebas de cribado.

Permite distinguir frente a qué antígenos virales se dirigen los anticuerpos presentes en la muestra problema. El WB se prepara con virus completos parcialmente purificados, lisados de células infectadas o proteínas virales recombinantes, migradas mediante electroforesis en geles desnaturalizados. Las proteínas migradas se transfieren a un papel de nitrocelulosa y después son expuestas al suero problema. Se consideran pruebas positivas cuando reaccionan al menos dos o tres bandas.

La ausencia completa de bandas es interpretada como negativa. Si existe alguna banda se considera un resultado indeterminado y debe repetirse la prueba a los 6 meses, además de recomendarse la realización de PCR, pruebas específicas frente al VIH-2 y otras pruebas de confirmación (RIPA o IFI).

Las causas más frecuentes de WB indeterminado son:

– infección por VIH-2

– seroconversión reciente frente al VIH-1

– pacientes en estadios avanzados de la enfermedad

– niños nacidos de madres positivas

– individuos africanos infectados con cepas virales de mayor diversidad genética

– reactividad inespecífica.

Diagnóstico de las Infecciones oportunistas

Neumonía por P. carinii

El cuadro clínico y la radiografia de tórax no permiten diferenciar la neumonía por P. carinii de otras afecciones pulmonares. Algunas exploraciones complementarias adicionales (pruebas de función pulmonar, gammagrafia pulmonar con galio) pueden ser de ayuda en ciertas circunstancias. Los intentos diagnósticos, mediante detección en suero de antígenos de P. carinii, han resultado infructuosos hasta el momento por falta de sensibilidad y especificidad. Tampoco los métodos serológicos para la detección de anticuerpos frente P. carinii son útiles, por la alta prevalencia de anticuerpos en la población general.

La mayoría de las exploraciones complementarias son inespecíficas. El recuento leucocitario varía pero raramente suele existir leucocitosis. La láctico deshidrogenasa (LDH) está casi siempre elevada, aunque es un hallazgo inespecífico. Los pacientes presentan datos de enfermedad avanzada con un recuento de linfocitos CD4+ en sangre periférica inferior a 200 células/mm3. Suele haber hipoxemia y aumento del gradiente alveolo-arterial de oxígeno.

La radiografia de tórax suele presentar alteraciones, aunque una radiografia normal, presente en el 10 por ciento de los casos, no descarta la neumonía por P. carinii. De hecho, la presencia de fiebre y síntomas respiratorios en un paciente infectado por VIH y con radiografia de tórax normal debe obligarnos a descartar esta enfermedad. El patrón radiológico más característico es un infiltrado intersticial bilateral, que se inicia a partir de los hilios pulmonares. En los cuadros más avanzados puede convertirse en un patrón mixto con predominio alveolar o exclusivamente alveolar extenso. Puede observarse también la existencia de pequeñas bullas quísticas o neumatoceles, que pueden originar en algunos pacientes neumotórax espontáneos. El derrame pleural o las adenopatías intratorácicas son excepcionales y su presencia obliga a descartar otras enfermedades.

Por todo ello, el diagnóstico definitivo debe establecerse tras la demostración de alguna forma (quiste, esporozoíto o trofozoito) de P. carinii, mediante tinciones de plata o métodos fluorescentes con anticuerpos monoclonales, en muestras respiratorias. En la mayoría de inmunodeprimidos, el esputo ha sido tradicionalmente una muestra inadecuada para la visualización del microorganismo, pero en los pacientes con sida la obtención de un esputo inducido mediante nebulizaciones de suero salino puede proporcionar el diagnóstico hasta en el 70 por ciento de los casos. El método más utilizado para el diagnóstico es la fibrobroncoscopia con obtención de lavado broncoalveolar (sensibilidad superior al 90 por ciento) con/sin biopsia transbronquial.

La utilización de biopsia pulmonar a cielo abierto se limita a pacientes en los que la fibrobroncoscopia no conduce al diagnóstico, la evolución es desfavorable o se sospecha una segunda enfermedad pulmonar. El diagnóstico de neumocistosis debe realizarse de modo agresivo y sistemático, con colaboración estrecha entre el médico responsable, el fibrobroncoscopista y el laboratorio de Microbiologia para garantizar la adecuada recogida y análisis de las muestras. Los procedimientos diagnósticos deben realizarse precozmente, para evitar el deterioro clínico y minimizar el riesgo de complicaciones.

CRITERIOS DE INTERPRETACIÓN DE POSITIVIDAD DEL WB, SEGÚN LAS
DIFERENTES ORGANIZACIONES

FDA: bandas para p24 o p31 y para gp 41 o gp160/120

ARC: tres bandas o más con cada uno de los genes estructurales gag, pol y env.

CDC: dos de las tres bandas p24, gp41, o gp160/gp120.

FDA (Food and Drug Administration), ARC (American Red Cross), CDC (Centres for Disease Control)


Enfermedad por Mycobacterium tuberculosis complex

El diagnóstico de certeza de la tuberculosis precisa el cultivo e identificación de M. tuberculosis en alguna muestra del paciente. Existen diversos métodos diagnósticos en la práctica clínica diaria:

1. Tinción y visualización. Técnica más sencilla, rápida y barata, pero su sensibilidad depende del tipo de muestra y de la cantidad de bacilos presentes. La más difundida es la tinción de auramina-rodamina, con una sensibilidad alrededor del 60-70 por ciento en el caso de tuberculosis pulmonar. Por ello, una tinción negativa no descarta la tuberculosis, y además no distingue entre M. tuberculosis y otras micobacterias.

2. Cultivo. Técnica estándar en el diagnóstico definitivo y precisa pocos bacilos (10-100/ml) para dar un resultado positivo. Sin embargo, los tradicionales cultivos en medio sólido (Löwenstein-Jensen) tardan 4-8 semanas y no son útiles en la decisión terapéutica inicial. Distintos métodos, como los cultivos en medio líquido (radiométricos o no) adelantan los resultados del cultivo hasta en 2 semanas. El procesamiento de muestras de sangre (hemocultivos para micobacterias) puede estar indicado en ciertas circunstancias.

3. Identificación de especie. Clásicamente se ha realizado con diversas pruebas bioquímicas. Recientemente se han comercializado distintas sondas de DNA específicas para la identificación de M. tuberculosis complex, M. avium y otras especies de micobacterias no tuberculosas. Los resultados, utilizando técnicas de hibridación, pueden estar disponibles en menos de 24 horas, sustituyendo en parte a las pruebas bioquímicas clásicas (18). Diversos estudios han demostrado la utilidad de ciertas pruebas de identificación genética, como en el caso de brotes nosocomiales producidos por M. bovis multirresistente en diversos hospitales de nuestro país (13,14).

4. Sensibilidad a antituberculosos. Precisa del aislamiento previo del microorganismo. Los diversos métodos son laboriosos y no están al alcance de cualquier laboratorio de Microbiología, por lo que los resultados servirán de ayuda semanas después de iniciado el tratamiento.

5. "Tecnología del DNA recombinante". El arsenal diagnóstico de los laboratorios clínicos dedicados a micobacterias, por el lento crecimiento de algunas especies, ha progresado de forma espectacular con esta nueva tecnología. Las nuevas técnicas de genética molecular permiten no sólo la identificación, sino también la detección del microorganismo sobre muestras, caracterización molecular de la resistencia antibiótica (por detección de mutaciones específicas) y epidemiología molecular de diversas especies de M. tuberculosis. Sin embargo, su sensibilidad-especificidad no se ha determinado claramente, y se reserva para fines de investigación.

Candidiasis mucosa

El díagnóstico es clínico mediante la visualización de lesiones sugestivas en la mucosa oral con clínica compatible. La respuesta al tratamiento específico, en la forma esofágica, se considera diagnóstico de alta probabilidad. Sin embargo, el cultivo es útil al confirmar la sospecha clínica, identificar la especie y poder disponer de pruebas de sensibilidad a antifúngicos, en las circunstancias indicadas.

Tras cepillado de las lesiones se siembra en medios especiales (agar Saboraud-cloranfenicol, o CHROMagar Candida), donde crecen las colonias que posteriormente se identificarán por métodos bioquímicos. La especie más habitual es C. albicans, aunque la incidencia de otras especies ha aumentado debido al extenso uso de azoles, y la colonización mixta no es rara en pacientes muy pretratados con antifúngicos. Desde 1997, se ha intentado estandarizar las pruebas de susceptibilidad a antifúngicos, demostrándose por diversos estudios la alta correlación in vitro-in vivo.

Criptococosis

El diagnóstico se realiza por la demostración del hongo en el LCR mediante tinción con tinta china, que pone de manifiesto la cápsula, o cultivos apropiados del propio LCR o hemocultivos.

El método de aglutinación con látex, para detectar el antígeno polisacárido de la cápsula, en suero o LCR tiene una elevada sensibilidad, superior a la tinción con tinta china. La especificidad del test puede reducirse por la presencia de factor reumatoide u otras proteinas que interfieran. Sin embargo, la preparación de la muestra con una proteasa (pronasa) reducirá dichos resultados falsos positivos.

Infecciones bacteriana

El diagnóstico de certeza precisará del aislamiento en medios de cultivo y posterior identificación del microorganismo causal. Las principales características de cada una de ellas se han comentado en el anterior capítulo clínico.

Enfermedad diseminada por Mycobacterium avium complex (MAC).

Existe afectación de múltiples órganos y sistemas, preferentemente aquéllos con abundante número de células del sistema monocítico-macrofágico.

Se trata de una auténtica infección diseminada. La clínica general y abdominal, junto a datos de laboratorio (anemia grave con o sin pancitopenia, elevación de la fosfatasa alcalina) en un paciente VIH(+) con inmunodepresión grave apuntan a este diagnóstico. Debe buscarse el diagnóstico de certeza mediante el cultivo y posterior caracterización del microorganismo. El aislamiento del microorganismo puede lograrse a partir de la sangre (hemocultivos para micobacterias), médula ósea, hígado u otros órganos donde puede causar enfermedad focal (artritis, apendicitis, sinusitis, lesiones cutáneas, etc).

Infecciones por VHS y VVZ

Por su aspecto característico y habitual escasa gravedad, no se realizan pruebas complementarias para su diagnóstico con cierta frecuencia.

En el caso de proctitis y afectación del canal anal las lesiones externas perineales pueden no ser aparentes, y el diagnóstico debe establecerse por rectosigmoidoscopia, con toma de muestras adecuadas para cultivo.

Las infecciones por herpes simplex se diagnostican por la típica apariencia macroscópica, distribución de las lesiones y cultivo. Las preparaciones con tinción de Tzanck muestran las típicas células gigantes, sugestivas de la infección. Las técnicas de inmunofluorescencia directa sobre la muestra obtenida, y el cultivo en medios especiales de la misma están al alcance de unos pocos laboratorios de Microbiología Clínica.

El diagnóstico de VVZ debe hacerse con tinción de Tzanck o con la utilización de anticuerpos monoclonales. El cultivo de líquido vesicular, con aislamiento de la cepa viral, permite realizar posteriores pruebas de sensibilidad. La aparición de herpes zóster se asocia a progresión de la infección VIH, con la excepción de aquellos casos precoces que se producen tras la introducción de tratamiento antirretroviral de alta eficacia.

Citomegalovirus

El diagnóstico de enfermedad ocular se basa en la imagen típica durante la exploración oftalmológica funduscópica (exudados algodonosos y hemorragias perivasculares) o en la confirmación histológica en las otras localizaciones.

Distintos estudios han demostrado la utilidad de la prueba de la PCR y de la antigenemia cuantitativa en sangre para identificar aquellos pacientes en alto riesgo de desarrollar enfermedad por CMV, y su correlación con la respuesta al tratamiento. Sin embargo su uso no se ha generalizado debido a la aparición de enfermedad en pacientes con marcadores para CMV negativos, y a la existencia de pacientes con test positivos que no desarrollan enfermedad. Es decir, su sensibilidad es muy alta pero su especificidad es baja.

Criptosporidiasis

Inicialmente el diagnóstico se realizó por identificación del parásito en biopsias intestinales mediante microscopía electrónica u óptica. En la actualidad, el diagnóstico se realiza por la identificación de los característicos ooquistes ácido-alcohol resistentes en heces.

Se han descrito múltiples técnicas de tinción aplicables a este parásito, pero la tinción modificada a partir del Ziehl-Neelsen (técnica de Kinyoun) es la más utilizada. La eliminación mayor de ooquistes coincide con períodos diarreícos intensos, que supone una dilución de las formas parasitarias y con frecuencia se requieren técnicas de concentración para su visualización. Los ooquistes se tiñen en rojo por su característica de ácido-alcohol resistencia. En ocasiones se necesitan muestras de aspirado duodenal para lograr el diagnóstico. La serología por ELISA tiene poco valor, dada la persistencia de títulos durante periodos prolongados.

Toxoplasmosis

Las técnicas de imagen (TC y RNM) son de gran ayuda diagnóstica, ya que demuestran la presencia de lesiones únicas o múltiples que captan contraste en anillo, rodeadas de edema, con efecto masa y con localización en hemisferios cerebrales y ganglios basales. El diagnóstico de certeza se basa en la confirmación histológica tras obtención de tejido por biopsia estereotáxica. Los quistes y taquizoitos de T. gondii pueden ser difíciles de reconocer en el tejido cerebral necrótico. Las dificultades técnicas, los riesgos asociados a la propia biopsia y la imposibilidad de biopsiar lesiones profundas, así como que la toxoplasmosis sea la causa más frecuente de lesiones cerebrales en pacientes con sida, hace que se acepte como diagnóstico de presunción la conjunción de dichos datos, junto a una respuesta clínica y radiológica al tratamiento específico.

Al ser una enfermedad de reactivación, la serología por ELISA para determinar IgM e IgA no es de utilidad. Tiene en cambio gran valor la presencia de IgG, ya que orienta hacia la presencia de infección latente, y consiguiente posible reactivación en situaciones de inmunodepresión avanzada.

Los pacientes con serología negativa, manifestaciones radiológicas atípicas o falta de respuesta al tratamiento antitoxoplasma en 2 semanas deberían ser replanteados en su diagnóstico, y valorar la realización de biopsia cerebral. Desde hace poco tiempo se dispone de técnicas de amplificación por PCR de muestras de sangre o LCR, con sensibilidad del 50-65 por ciento y especificidad del 96-100 por ciento.

Aspergilosis

Las primeras series de aspergillosis pulmonar invasiva fueron descritas en los primeros años de la década de los 90s. Se trataba de una IO uniformemente fatal, que de manera frecuente se diagnosticaba postmortem. En ocasiones era la primera infección diagnóstica de sida.

El diagnóstico de certeza es histológico y requiere el hallazgo de las características hifas septadas en los tejidos, con necrosis y/o invasión vascular por el hongo, así como aislamiento microbiológico. El diagnóstico presuntivo se basa en el aislamiento repetido de Aspergillus sp. de muestras respiratorias obtenidas por fibrobroncoscopia, aunque la diferenciación entre colonización e infección no siempre es fácil.

Deben considerarse las circunstancias clínico-radiológicas del paciente (estado de inmunodepresión, existencia de cavitación en la radiografía de tórax, etc) ya que el aislamiento en esputo puede ser indicativo de colonización y no necesariamente de infección. La realización de fibrobroncoscopia con procesamiento de muestras para estudio histopatológico y microbiológico puede permitir un diagnóstico definitivo.

Leishmaniasis

El diagnóstico se basa en la visualización de amastigotes o crecimiento de promastigotes en medios de cultivo especiales como el Novy-McNeal-Nicolle (NNN). La técnica más utilizada, por su inocuidad y rentabilidad, es la biopsia-aspirado de médula ósea. La sensibilidad de las diferentes muestras es variable: sangre (60 por ciento utilizando la capa leucocitaria o "buffy coat"), médula ósea (95 por ciento), hígado (77 por ciento), bazo (94 por ciento), ganglio linfático (90 por ciento) o pulmón. Esta cifras de sensibilidad disminuyen en las recidivas.

Otras técnicas son el xenodiagnóstico indirecto o directo utilizando Phlebotomus perniciosus, que pone de manifiesto Leishmania infantum en el tracto digestivo del insecto dos días después de haberle alimentado con sangre del paciente (previamente extraída al paciente o xenodiagnóstico indirecto; succionada directamente por el mosquito o xenodiagnóstico directo).

La serología (ELISA, WB e IFI) es negativa en más del 40 por ciento de los pacientes VIH(+), por lo que su utilidad diagnóstica es limitada.

Microsporidiasis

El diagnóstico de la microsporidiasis se basa en la identificación morfológica de los parásitos. Inicialmente se utilizaba la microscopía electrónica (ME), debido a su reducido tamaño y posibilidad de confundirlos con otros patógenos y contaminantes.

El desarrollo de nuevas técnicas diagnósticas (tinción del tricrómico modificado de Weber, Giemsa, tinciones con hematoxilina-eosina, PAS, inmunofluorescencia, cultivos, etc) han reducido la utilidad de la ME a la identificación de especie. En la actualidad, la técnica de elección es la tinción tricrómica de Weber, que permite la identificación del microsporidio en heces, aspirados duodenales, orina, esputo, exudados nasales lavado broncoalveolar, frotis conjuntivales y biopsias intestinales.

Los cultivos celulares no son útiles en el diagnóstico de rutina, por el largo período de tiempo que precisan (2-3 meses) y alto coste. Pueden aportar información adicional sobre la especie implicada.

En los últimos años se han desarrollado sondas de ADN (PCR) que permiten la identificación de especie en diferentes tipos de muestras, incluyendo heces. Son técnicas muy sensibles, pero por el momento costosas y laboriosas para ser utilizadas de forma rutinaria en los laboratorios de Microbiología.

Sífilis

La interacción entre la infección por T. pallidum y VIH es compleja e importante. La sífilis, a diferencia con otras enfermedades infecciosas, no se diagnostica por cultivo del microorganismo causal en medios artificiales. La inoculación del microorganismo a animales de laboratorio (conejos) es la única forma, hasta la fecha, de conseguir su aislamiento (17).

Deben utilizarse otros métodos menos precisos para el diagnóstico: microscopía con campo oscuro, datos clínicos, epidemiológicos y serológicos. En la sífilis primaria, sucundaria y congénita precoz el examen de las lesiones (chancro primario, condiloma lata, lesiones mucosas) por microscopía con campo oscuro es el método más directo y rápido de la enfermedad, ya que estas lesiones portan un gran número de microorganismos. Treponema pallidum aparece con una característica forma espirilar en movimiento ondulante sobre su eje. La espiroqueta puede también demostrarse en biopsias tisulares mediante tinciones especiales con plata o inmunofluorescencia específica.

Los métodos serológicos para el diagnóstico de la sífilis se basan en 2 tipos:

– Tests no trepononémicos (más baratos, rápidos y convenientes para cribaje, así como indicativos de la actividad de la enfermedad. Son el VDRL, RPR y APR). Son anticuerpos de clase Ig G o Ig M dirigidos frente antígenos lipoídicos, por lo que no son raras las reacciones falsamente positivas (enfermedades autoinmunes, adicción a drogas no prescritas, diversas infecciones víricas y bacterianas, vacunaciones, etc).

– Tests treponémicos (específicos y capaces de establecer la posibilidad de infección luética, tanto en el presente como en el pasado. Son FTA-ABS, TPHA y TPI). Son pruebas de difícil estandarización y reproducibilidad, con dificultades para su cuantificación. Por tanto su principal uso es verificar la positividad de los tests no treponémicos

La historia natural de la enfermedad puede estar alterada por la coinfección por el VIH, con manifestaciones atípicas, seroconversiones tardías, títulos serológicos positivos y mantenidos tras tratamiento, etc. Un alto índice de sospecha de sífilis en diversos procesos generales y febriles, y que con frecuencia puede verse acompañada de otras enfermedades de transmisión sexual, es fundamental para su correcto diagnóstico.

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