Sida
Tratamiento de las infecciones
oportunistas
Neumonía por P. carinii
Como norma general, el tratamiento de la neumonía por P.
carinii debe basarse en un diagnóstico confirmado microbiológica o
histológicamente, lo cual debe intentarse aún iniciado el tratamiento.
El amplio número de patógenos que producen cuadros
similares y que precisan tratamientos diversos, la alta frecuencia de efectos indeseables
de los fármacos que se usan y la necesidad de utilizar esteroides en muchos pacientes
deben considerarse como razones en contra del uso indiscriminado de tratamiento
anti-pneumocystis empírico.
Los dos fármacos fundamentales en el tratamiento de la
enfermedad son el trimetoprim-sulfametoxazol (cotrimoxazol) intravenoso a dosis de 20
mg/kg/día de trimetroprim y 100 mg/kg/día de sulfametoxazol, dividido en 3 ó 4 tomas al
día, y la pentamidina. En caso de no existir problemas de absorción, se puede usar la
vía oral en el tratamiento de neumonías leves o moderadas. Los pacientes que completan
el tratamiento habitual de 14-21 días, tienen una tasa de curaciones del 90 por ciento,
pero desgraciadamente hasta el 50 por ciento de los pacientes desarrollan efectos
indeseables, sobre todo toxicidad cutánea o intolerancia digestiva, que con frecuencia
obligan a suspender el tratamiento.
En caso de mala respuesta o intolerancia, la alternativa es
el isotionato de pentamidina por vía intramuscular o intravenosa lenta. La tasa de
curaciones con pentamidina es similar a la del cotrimoxazol, pero la frecuencia y, sobre
todo, la gravedad de efectos indeseables (insuficiencia renal, hipoglucemia, pancreatitis,
arritmias) es mayor.
La estrategia de tratamiento debe decidirse en función de si
la neumonía por P. carinii es grave (PaO2<70 mm Hg) o es de
carácter leve o moderado (PaO2 >70 mm Hg). En cuadros graves el tratamiento de
elección es el cotrimoxazol intravenoso asociado a esteroides. En pacientes con sida, los
esteroides mejoran notablemente la supervivencia cuando la PaO2 es inferior a 70 mm Hg, si
se introducen junto con el tratamiento antibiótico en las primeras 72 horas. Se
administran a dosis de 40 mg de prednisona cada 12 horas durante 5 días, con reducción
de dosis progresiva hasta suprimirlos en dos semanas. En caso de intolerancia al
cotrimoxazol, se utilizará la pentamidina, a pesar de su toxicidad. La respuesta con uno
u otro fármaco suele producirse a partir de los cuatro días de tratamiento y son
frecuentes signos de empeoramiento en los primeros días.
Se debe considerar fallo terapéutico el empeoramiento a
partir del quinto día de tratamiento o la ausencia de mejoria en los primeros diez días.
En el caso de fallo terapéutico no parece que la asociación de los dos medicamentos o el
cambio de uno a otro se asocie con mayor proporcion de éxitos. En estas circunstancias,
puede considerarse la administración de trimetrexate (45 mg/m2) asociado a
ácido folínico (80 mg/m2) o la combinación de dapsona (100
mg/día)-trimetoprim (20 mg/kg/día).
En neumonías leves o moderadas, trimetoprim-sulfametoxazol
es también el fármaco de elección, y puede administrarse por vía oral. En caso de
intolerancia, la atovacuona o las combinaciones de dapsona-trimetoprim a las dosis
mencionadas o clindamicina (600 mg/6h)-primaquina (15 mg/día) son alternativas válidas
para mantener la administración oral y el tratamiento extrahospitalario.
La profilaxis primaria se administra a sujetos con infección
por VIH con <200 linfocitos CD4+/mm3, <14 por ciento linfocitos CD4+ o
con candidiasis orofaríngea u otros síntomas menores, antes de que padezcan un primer
episodio de la enfermedad. Por otro lado, como ninguno de los fármacos utilizados en el
tratamiento de la neumonía por P. carinii es capaz de eliminar el
microorganismo, las recidivas son muy elevadas mientras dure la inmunosupresión. La
profilaxis secundaria (o tratamiento de mantenimiento) se administra a personas que han
padecido un primer episodio de pneumocistosis y en los que persisten los factores de
riesgo.
El medicamento más eficaz tanto para la profilaxis primaria
como secundaria de la neumonia por P. carinii es el cotrimoxazol, en
administración diaria o tres días por semana. Además ofrece protección frente a otros
patógenos oportunistas, como Toxoplasma gondii.
En los pacientes con sida su eficacia en prevenir la
enfermedad es próxima al 100 por ciento, si el paciente toma y tolera adecuadamente la
medicación. En pacientes intolerantes al cotrimoxazol, la dapsona por vía oral con o sin
pirimetamina asociada, o la pirimetamina-sulfadoxina pueden ser alternativas orales
válidas. La administración de esta última puede producir efectos indeseables graves
(reacción cutáneas extensas, síndrome de Stevens-Johnson). Finalmente, la pentamidina
en aerosol o por vía intravenosa, administrada cada 4 semanas, puede ser útil en
pacientes que no toleren la medicación oral. Aunque constituye una alternativa cómoda y
bien tolerada, su eficacia es menor.
En los últimos tiempos, con la disponibilidad de eficaces
tratamientos antirretrovirales combinados que suprimen la carga viral y producen una
adecuada y mantenida elevación de los linfocitos CD4+, se ha planteado la suspensión de
la profilaxis anti-pneumocystis mientras se den unas condiciones de seguridad. Aquellos
pacientes que reciben un tratamiento antiviral eficaz, mantienen cargas virales bajas
(inferior a 5000 copias RNA viral/ml o mejor indetectables), y presentan una elevación
sostenida de linfocitos CD4+ por encima de 200/ml pueden suspender la profilaxis primaria
(todavía está en estudio la suspensión de terapias supresivas o secundarias) sin
complicaciones destacables (9). También la retirada de otros tipos de profilaxis puede
ser razonable en determinados contextos (10,15).
Enfermedad por Mycobacterium tuberculosis complex
La respuesta al tratamiento antituberculoso suele ser
favorable en los pacientes coinfectados por el VIH, aunque parece existir mayor riesgo de
recidivas si se utilizan pautas de 6 meses. Por ello el tratamiento debe prolongarse 9
meses, y al menos 6 meses tras la negativización de los cultivos.
Ha existido mucha controversia sobre si deben utilizarse 3 ó
4 fármacos en el tratamiento y distintos estudios no han demostrado diferencias. Deben
utilizarse 4 fármacos si existe una tasa de resistencias primarias a isoniazida mayor del
4 por ciento. Por ello, el tratamiento estándar es el uso de isoniazida (Inh),
rifampicina (Rif) y Pirazinamida (Pza) durante 2 meses, y continuar 7 meses más con Inh y
Rif.
Es necesario un control estrecho del tratamiento, tanto por
la posibilidad de efectos adversos (hepatitis por Inh o Rif, neuropatía por Inh) como de
fracaso del tratamiento (malabsorción, falta de adherencia). En algunos estudios, más
del 30 por ciento de los pacientes incumplen el tratamiento, por lo que debería aplicarse
tratamiento directamente supervisado (DOT, siglas en inglés) a todos los pacientes. Si
esto no fuera posible, al menos debería instaurarse en los de mayor riesgo de abandono
(adictos a drogas, indigentes, alcohólicos, incumplidores previos). Igualmente, deben
determinarse las sensibilidades de la cepa en todos los pacientes VIH (+), dada el riesgo
de contagio con cepas resistentes o el desarrollo de resistencias secundarias por abandono
del tratamiento previos, recepción de profilaxis previa, contacto con cepas de M.
tuberculosis resistente u hospitalización en centro con brote previo de tuberculosis
resistente.
Quedan todavía algunos aspectos de importancia práctica,
como la mejor combinación antirrretroviral para el tratamiento de los pacientes con
tuberculosis, sobre los que se espera información en el futuro inmediato.
Candidiasis mucosa
Los nuevos azoles (fluconazol e itraconazol) son eficaces en
pautas de 5-7 días para el tratamiento de la candidiasis orofaríngea.
Cuando existe afectación esofágica puede precisarse una
mayor duración de la terapia (14 días). Otros azoles eficaces, como ketoconazol,
presentan ciertos problemas de absorción o interacción medicamentosa, mientras que los
tratamientos tópicos con nistatina o clotrimazol se asocian a menor respuesta clínica y
recaída precoz.
Criptococosis
El tratamiento de inducción debe hacerse con anfotericina B,
preferiblemente en combinación con 5-fluorcitosina, ya que se ha demostrado que es la
terapia más potente frente a la meningitis criptocócica.
Estudios aleatorizados que compararon fluconazol (200 mg vo/d
tras dosis de carga de 400 mg) con anfotericina B (0.5-1.0 mg/kg día) demostraron una
mortalidad similar, aunque con ciertos parámetros favorables a favor de anfotericina B
(menor mortalidad en las 2 primeras semanas y más rápida esterilización del LCR).
El fluconazol se tolera mejor que la anfotericina B Otras
posibilidades de tratamiento de inducción es el uso de fluconazol a dosis altas (800
mg/día), fluconazol más 5-fluorocitosina o anfotericina B liposomal o en complejo
lipídico, especialmente en pacientes sin factores de riesgo de evolución desfavorable.
El asociar flucitosina (dosis de 25 mg/6h por vía oral), y
cuyos principales efectos secundarios son granulocitopenia, trombopenia, hepatitis y rash,
es controvertido. Requiere medición de niveles séricos (entre 50-100 mg/ml). Muchos
clínicos prefieren iniciar la terapia con altas dosis de amfotericina B (0.5-1.0 mg/kg
día) con/sín flucitosina, y reservar el fluconazol (400 mg vo/día) como terapia de
inicio de los pacientes con formas leves.
Se precisa terapia supresiva crónica tras la fase de
inducción, ya que la frecuencia de recidivas es elevada (50-60 por ciento). Después de
alcanzar una respuesta clínica, se debe mantener terapia supresiva con fluconazol (200 mg
vo/día), que suele ser bien tolerado y es tan efectivo como la anfotericina B semanal.
La próstata es un reservorio del microorganismo que puede
ser especialmente difícil de erradicar, y desde donde pueden producirse recidivas. Aunque
la determinación de resistencias de criptococo no está estandarizada, distintos estudios
han demostrado mejor respuesta clínica en aquellos episodios producidos por cepas
sensibles.
Infecciones bacterianas
Las pautas antibióticas recomendadas dependen del tipo de
infección y patógeno identificado. En la sección clínica donde se describen cada una
de ellas, se comenta someramente la pauta terapéutica más recomendable.
Enfermedad diseminada por Mycobacterium avium
Hasta 1992 en que comenzaron a utilizarse los nuevos
macrólidos (claritromicina, azitromicina) no existía ninguna terapia suficientemente
eficaz. Se utilizaban pautas múltiples con 4 ó 5 fármacos que lograban ciertas
respuestas clínicas y microbiológicas en un tercio de los pacientes.
Los primeros ensayos con claritromicina lograban mantener al
60 por ciento de los pacientes con cultivos negativos a los 3 meses, pero cuando se
producía la recidiva, ésta era producida por cepas resistentes a este fármaco. Diversos
ensayos clínicos se iniciaron para intentar establecer la combinación más eficaz.
Algunos autores han recomendado añadir rifabutina, a la claritromicina y etambutol como
tercer fármaco antimicobacteriano. Las tasas de recidiva y curación eran similares en el
grupo con 2 ó 3 fármacos. Por ello, parece que la combinación de claritromicina +
etambutol es tan eficaz como esta combinación con un tercer fármaco como rifabutina o
clofacimina en el tratamiento de la enfermedad por MAC. La adición del tercer fármaco no
parece por tanto justificada, coincidiendo con la impresión clínica.
La sintomatología sistémica suele mejorar con el
tratamiento, aunque puede no ser evidente hasta la 4ª o 6ª semana. La recomendación
terapéutica, hasta la aparición de las terapias antirretrovirales de alta eficacia, era
mantener el tratamiento de por vida. La reconstitución inmunológica, que logran las
nuevas combinaciones antirretrovirales, permiten plantearse en la actualidad la retirada
de dichas pautas supresivas(15).
Infecciones por VHS y VVZ
El diagnóstico de certeza es deseable antes de instaurar una
terapia, y se basa en la demostración de infección por VHS con tinción de Tzanck o con
anticuerpos monoclonales frente a los virus VHS-1 y VHS-2, dada la relativamente alta
frecuencia de localizaciones atípicas. El cultivo es útil para lograr una correcta
identificación de la cepa viral y permitir la realización de pruebas de sensibilidad.
Las pruebas de sensibilidad a antivíricos, cuando puedan ser
realizadas, son de utilidad, ya que en estos pacientes se dan todos los factores de riesgo
para la aparición de resistencias a los antivíricos habituales. El tratamiento se basa
en aciclovir, valaciclovir o famciclovir, generalmente con buena respuesta, aunque dadas
las frecuentes recidivas puede estar indicado en algunos pacientes el uso de tratamiento
supresivo diario.
El aciclovir oral (200 mg/4h) es muy efectivo en las lesiones
herpéticas perineales, orales, digitales, proctitis y esofagitis. La infección
herpética diseminada es infrecuente en los pacientes VIH(+). La terapia intravenosa puede
ser necesaria en infecciones gastrointestinales graves que impiden la ingesta. La
respuesta clínica al aciclovir de los infecciones por cepas sensibles es precoz (3-10
días). El tratamiento debe continuarse hasta que las lesiones hayan cicatrizado o
epitelizado. Las recurrencias son frecuentes. En este caso puede ser necesaria la terapia
supresiva crónica (aciclovir oral, 200 mg tres o cinco veces al día).
Las cepas resistentes al aciclovir pueden ser tratadas
eficazmente con foscarnet. Los pacientes con lesiones recurrentes o persistentes, o con
herpes zoster oftálmico son candidatos a terapias con altas dosis de aciclovir oral (800
mg vo cinco veces/día).
Citomegalovirus (CMV)
El tratamiento se basa en el uso de ganciclovir (a dosis de 5
mg/kg IV cada 12h) o foscarnet a dosis altas (60 mg/kg IV cada 8h o 90 mg/kg cada 12 h)
hasta el control del cuadro (14-21 días).
El comenzar el tratamiento sin diagnóstico virológico o
histológico es razonable ya que el aspecto oftalmológico es muy característico y CMV
causa la inmensa mayoría de retinitis en el paciente VIH(+). Ganciclovir y foscarnet son
igualmente eficaces en lograr la resolución del cuadro. La aparición de nuevas lesiones
o progresión de las preexistentes puede ocurrir durante los primeros días y no implica
necesariamente mal pronóstico. Habitualmente se observa notable mejoría de la
inflamación, edema y hemorragias antes de acabar la inducción de 21 días.
Debido a que la recidiva es la regla (antes de 2 meses en el
caso de la retinitis) está indicado el tratamiento de mantenimiento con uno de los
fármacos mencionados a dosis menores. En el caso de recidiva los pacientes suelen
responder a nuevos ciclos de inducción. Los principales efectos secundarios del
ganciclovir son toxicidad medular (neutropenia y trombopenia), aunque también puede
producir confusión, nausea, vómitos, elevación de transaminasas e inhibición de la
espermatogénesis.
El foscarnet es nefrotóxico, y puede originar nausea,
vómitos, anorexia, convulsiones, hipocalcemia e hipomagnesemia. El foscarnet tiene
actividad "in vitro" frente al VIH-1, y ello podría explicar el aparente
beneficio sobre la supervivencia en los pacientes que reciben este fármaco, en
comparación con los que recibieron ganciclovir en un estudio de retinitis. Se han
descrito cepas resistentes a ganciclovir y foscarnet. La asociación de ambos antivirales
en combinación tiene efectos sinérgicos.
Recientemente, se ha aprobado el cidofovir para la inducción
y mantenimiento de la retinitis por CMV, con la ventaja de permitir una administración
semanal o bisemanal, y por tanto evitar la necesidad de implantar un catéter venoso. Por
el contrario tiene inconveniente de una alta nefrotoxicidad.
El uso de implantes intraoculares o inyección intravítrea
de ganciclovir, que ahorra la administración intravenosa u oral y aumenta la eficacia
local, es otra posibilidad terapéutica, pero que no evita las recidivas extraoculares.
Dada la alta frecuencia de enfermedad, la necesidad de tratamiento de mantenimiento y las
secuelas que conlleva, la quimioprofilaxis con ganciclovir oral podría ser de utilidad.
Criptosporidiasis
El tratamiento de la criptosporidiasis ha sido un fracaso
hasta hace poco tiempo.
El tratamiento se basaba en el uso de la paromomicina,
aminoglucósido no absorbible que logra la curación en menos del 20 por ciento y cierta
mejoría en un 40 por ciento adicional. No se conoce el papel in vivo de agentes eficaces
in vitro, como la azitromicina. El uso de octreótido vía subcutánea fue utilizado
durante un tiempo en la terapia. No existe quimioprofilaxis eficaz, aunque la profilaxis
cruzada frente a M. avium con macrólidos puede disminuir su incidencia.
Debe evitarse el consumo de agua no potabilizada y el
contacto con cachorros de animales que presenten diarrea. La recuperación inmunológica
que producen las nuevas terapias de alta eficacia, con importante elevaciones de CD4+, ha
hecho que la incidencia de esta complicación se haya reducido mucho.
Toxoplasmosis
En numerosas ocasiones se realiza un diagnóstico y
tratamiento tentativo, ya que la biopsia cerebral tiene importante morbilidad y puede dar
falsos negativos. La toxoplasmosis es causa frecuente de lesiones en sustancia gris y las
imágenes por técnicas de imagen son muy sugestivas.
Por ello es razonable iniciar tratamiento empírico con
pirimetamina (200 mg vo el primer día, seguido de 50-100 mg/d) y sulfadiacina (1-2 g
vo/6h). Si no existe mejoría clínica y radiológica a los 14-21 días, deberá
realizarse biopsia cerebral para determinar la etiología precisa del cuadro (otra
infección oportunista diferente, coexistencia de dos IO o neoplasia). Los corticoides se
utilizan en ciertos casos de deterioro neurológico progresivo o cuando existan datos de
hipertensión intracraneal. Puede ser necesaria medicación anticonvulsivante. En los
pacientes que responden a la terapia antitoxoplasma, ésta debe mantenerse de por vida, ya
que las recidivas son frecuentes en las mismas localizaciones, incluso tras terapias
supresivas prolongadas durante 8-12 meses.
Los fracasos terapéuticos son raros en los pacientes capaces
de tolerar la sulfadiazina y pirimetamina, y ante una ausencia de mejoría clínica y
radiológica debería replantearse el diagnóstico. Las reacciones adversas a la
sulfadiacina (leucopenia, rash, hipertransaminasemia, nausea, litiasis renal y nefritis) y
a la pirimetamina (leucopenia, trombocitopenia) son frecuentes.
En este caso debe recurrirse a otras alternativas
terapéuticas, siendo de segunda elección la asociación de clindamicina y pirimetamina.
Otras alternativas son atovaquona y pirimetamina o dapsona y pirimetamina. El cotrimoxazol
es útil como profilaxis primaria, antes de que la toxoplasmosis se haya manifestado
clínicamente.
La prevención debe basarse en una educación sanitaria que
informe sobre correctos hábitos dietético-alimentarios (carnes bien cocinadas, verduras
bien lavadas) y de relación con animales (evitar contacto con deyecciones de gatos),
especialmente en pacientes con serología IgG negativa. A estos pacientes se les repetirá
la serología de forma anual. Está indicada la profilaxis primaria en todos los pacientes
con serología IgG positiva y CD4 menores de200/mm3. La eficacia del
cotrimoxazol frente a T. gondii y P. carinii (profilaxis cruzada) hace
especialmente importante la prescripción de este fármaco cuando esté indicado. Si los
pacientes no pueden recibir este fármaco, puede ser útil dapsona diaria y pirimetamina
bisemanal.
Las nuevas pautas combinadas de antirretrovirales de alta
eficacia, que logran supresión viral mantenida y recuperación inmunológica, pueden
hacer replantearse estas estrategias, y ser posible en un futuro no lejano la supresión
de la terapia supresiva crónica antitoxoplasma(10).
Aspergilosis
La elevada mortalidad de esta complicación hasta hace poco
tiempo, al producirse en pacientes muy deteriorados, hacía frustrante la terapéutica. El
uso de anfotericina B ( a dosis de 0.7 mg/kg/día) es la terapia de elección. La dosis
total que el paciente debe acumular no está bien definida. El itraconazol a dosis de 600
mg/día puede ser una alternativa válida
Leishmaniasis
Esta enfermedad se ha convertido en un modelo para el estudio
de la inmunidad celular.
Los fármacos activos frente a Leishmania sp.
actualmente disponibles producen respuesta clínica en el 83 por ciento de los pacientes,
pero logran la curación parasitológica únicamente en el 54 por ciento-75 por ciento de
los casos. Los compuestos antimoniales pentavalentes (a dosis de 20mg/Kg/d durante 20-28
días) son los más utilizados para el tratamiento de la leishmaniasis visceral, aunque se
están describiendo resistencias y fracasos terapéuticos, de forma cada vez más
habitual, y los pacientes inmunodeprimidos no responden y sufren efectos secundarios con
relativa frecuencia. Los más comunes son dolor abdominal, anorexia, nausea, vómitos,
elevaciones de amilasa y lipasa con desarrollo de pancreatitis ocasionalmente,
artromialgias, cefalea y malestar general, aunque raramente precisan la suspensión de la
terapia.
La anfotericina B, en forma de deoxicolato, se ha utilizado
satisfactoriamente en pacientes que fracasan al tratamiento anterior o tienen recidivas.
El principal efecto secundario es la nefrotoxicidad y alteraciones electrolíticas que
produce. Los estudios disponibles apuntan que las nuevas formulaciones lipídicas son
igualmente efectivas con menores efectos indeseables.
La pentamidina es eficaz pero más tóxica que las
formulaciones de antimonio. Los efectos secundarios más habituales son cefalea, nausea,
vómitos, hipoglucemia por daño directo de células pancreáticas, dolor abdominal y
posible colapso vascular si el fármaco se administra rápidamente. Algunos pacientes
acaban desarrollando diabetes mellitus por daño irreversible del páncreas endocrino.
Otras alternativas son antimoniales+alopurinol, azoles
(itraconazol o ketoconazol)+alopurinol, aminosidina o combinación de antimoniales con
IFN-gamma. Existen nuevos fármacos en investigación, como la meltifosina que puede
convertirse en el primer fármaco antileishmania eficaz por vía oral.
No existe profilaxis primaria, y a pesar de un cierto
beneficio en casos aislados, no se ha demostrado fehacientemente la utilidad de
tratamiento supresivo mensual.
Microsporiadiasis
Microsporidia sp. no responde generalmente a la mayoría de
las terapias que se han intentado. Algunos tratamientos con altas dosis de albendazol han
demostrado cierta eficacia en estudios iniciales. Según se avance en el conocimiento de
las diferentes especies contenidas en esta familia, es posible que unas respondan mejor a
ciertas terapias que otras.
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