Hepatitis crónica
Anexo II: Hepatitis crónica autoinmune
Introducción
La hepatitis autoinmune es una enfermedad
necroinflamatoria del hígado de etiología desconocida con una mortalidad del 50 por
ciento a los tres años del diagnóstico sin tratamiento.
Se caracteriza por la presencia de hepatitis periportal en el examen
histológico, hipergamamaglobulinemia y autoanticuerpos.
Se han descrito tres tipos de la enfermedad basándose en los
distintos tipos de anticuerpos presentes en cada una de ellas:
Tipo I: Se caracteriza por la presencia de anticuerpos antinucleares
y antimúsculo liso. Es la más frecuente y tiene una distribución de edad bimodal,
presentándose en la infancia o en la edad madura (5ª década de la vida).
Tipo II: Presenta anticuerpos anti-LKM tipo I. Estos anticuerpos se
dirigen contra la monooxidasa del citocromo P450 IID6. Se produce fundamentalmente en la
edad infantil y es la forma que con más frecuencia desarrolla cirrosis.
Tipo III: Presenta anticuerpos anti-SLA y anti-LP. Se piensa que se
trata de un subtipo del tipo I.
Patogenia
Se desconoce con exactitud pero parece que se
basa en una reacción inflamatoria de tipo celular que podría desencadenarse en personas
predispuestas por la acción de una droga, un virus, un tóxico ambiental o de forma
espontánea.
Parece que existe una predisposición genética en estos enfermos y
está asociada con el complejo mayor de histocompabilidad. El HLA DR3 es el principal
factor de riesgo para padecer la enfermedad y se relaciona con procesos más agresivos y
en pacientes más jóvenes. El HLA DR4 se encuentra en hepatitis autoinmunes tipo I, en
mujeres de mediana edad, con procesos inmunológicos asociados y con buena respuesta al
tratamiento esteroideo.
Anticuerpos
Existen muchos tipos de anticuerpos que se han
relacionado con esta enfermedad, bien como marcadores para el diagnóstico, bien por su
posible influencia en la patogénesis de la enfermedad o bien por su valor pronóstico. La
importancia de la mayoría de los anticuerpos relacionados con la hepatitis autoinmune es
muy escasa. Los más importantes son los siguientes:
Antinucleares: Presentes en el 60 por ciento de las hepatitis
autoinmunes (HAI) tipo I. Muy baja especificidad en el diagnóstico.
Antimúsculo liso: Dirigidos contra antígenos del
citoesqueleto incluyendo la actina. Están presentes en el 70 por ciento de las HAI tipo I
y en el 30-40 por ciento de las tipo III.
Anti-LKM-I: Dirigidos contra el citocromo P450 IID6. Se
encuentran en el 100% de las HAI tipo II.
Anti-antígeno citosólico específico hepático (LCI):
Asociado al tipo II. Dirigido contra una proteína citosólica hepática de 58 kD. Podría
tener un papel patogénico debido a que sus niveles descienden cuando la enfermedad mejora
con el tratamiento.
Anti-antígeno soluble hepático (SLA): Presentes en
prácticamente el 100 por cien de las HAI tipo III.
Anti-hígado-páncreas (LP): Asociado al tipo III. Dirigido
contra distintos antígenos citosólicos no órgano específicos.
ANCA: Dirigido contra varios antígenos, entre ellos la
actina. Se encuentra en el 75-90 por ciento de las HAI tipo I y en una frecuencia
desconocida en los otros tipos. Es un marcador pronóstico de baja especificidad.
Anti-receptor de la asialoglicoproteína (ASGPR): Presente en
el 80-85 por ciento de las tipo I. Posiblemente, este receptor es el antígeno diana de la
enfermedad.
Diagnóstico
Se hace por una combinación de datos
clínicos, bioquímicos serológicos e histológicos, no existiendo ningún marcador
único de la enfermedad. Es, fundamentalmente, un diagnóstico de exclusión, existiendo
un sistema de puntuación para unificar los criterios, revisado recientemente (5) (ver
Tabla I).
| Parámetros |
Puntos |
| Sexo femenino |
+2 |
Cociente FA/GPT o GOT
<1.5
1.5-3
>3 |
+2
0
-2 |
Gammaglobulina sérica
>2
1.5-2
1-1.5
<1 |
+3
+2
+1
0 |
Anticuerpos: ANA, Antimúsculo liso o
LKM-1
>1:80
1:80
1:40
<1:40 |
+3
+2
+1
0 |
| Anticuerpos antimitocondriales positivo |
-4 |
Marcadores hepatitis (IgM VHA, HBsAg, IgM
HBc, Anti-VHC, RNA-VHC)
Positivos
Negativos |
-3
+3 |
Adicción a drogas
Positiva
Negativa |
-4
+1 |
Consumo de alcohol
<25 gramos/día>
60 gramos/dí |
+2
-2 |
Histología
Hepatitis lobulillar
Infiltrado linfoplasmocitario
Rosetas
Ninguno de ellos
Cambios biliares
Otros cambios |
+3
+1
+1
-5
-3
-3 |
| Enfermedades autoinmunes asociadas |
+2 |
Parámetros opcionales:
Otros anticuerpos (pANCA, anti-LC1, antiSLA, anti-ASGPR, anti-LP y anti-sulfátido)
HLA DR3 o DR4
Respuesta al tratamiento
Completa
Recidiva |
+2
+1
+2
+3 |
Interpretación de la
puntuación:
Antes del tratamiento:
Hepatitis autoinmune definitiva: >15 puntos
Hepatitis autoinmune probable: 10-15 puntos
Después del tratamiento:
Hepatitis autoinmune definitiva: >17 puntos
Hepatitis autoinmune probable: 12-17 puntos
Tratamiento
Indicaciones
Existe una serie de indicaciones para comenzar
el tratamiento en estos enfermos:
Absolutas:
Niveles de GPT mantenidos por encima de 10 veces el valor
normal.
Niveles de GPT por encima de 5 veces el valor normal junto
con hipergammaglobulinemia por encima de 2 veces la normalidad.
Presencia de necrosis multilobulillar o puentes de necrosis
en la biopsia hepática.
Síntomas incapacitantes o progresión de la enfermedad
mantenida aunque no cumpla los criterios anteriores.
Relativas
Niveles de GPT elevados menores de 10 veces el valor normal.
Hipergammaglobulinemia menor de 2 veces el valor normal.
Otras alteraciones histológicas sugestivas de HAI.
Escasos síntomas.
Los pacientes con cirrosis establecida que cumplan alguno de los
criterios anteriores deben ser tratados, pues los resultados a largo plazo son los mismos
que en pacientes no tratados.
No se deben tratar los enfermos con cirrosis y con poca actividad
inflamatoria, más aún cuando ya se han producido complicaciones por la cirrosis (ascitis
refractaria, encefalopatía hepática, hemorragia digestiva). En estos casos se debe
valorar el trasplante hepático.
Pautas terapéuticas
Tanto la prednisona de manera aislada como la
combinación de ésta con azatioprina han demostrado ser eficaces en el tratamiento de
esta enfermedad. El tratamiento combinado tiene menos efectos secundarios y ahora mismo
debe ser el tratamiento inicial de elección (Ver Tabla II).
| |
Tratamiento combinado (mg/día) |
Prednisona (mg/día) |
| |
Prednisona |
Azatioprina |
|
| Semana 1 |
30 |
50 |
60 |
| Semana 2 |
20 |
50 |
40 |
| Semana 3 |
15 |
50 |
30 |
| Semana 4 |
15 |
50 |
30 |
| Hasta objetivo |
10 |
50 |
20 |
|
Existen una serie de grupos en los que una pauta de
tratamiento tiene claras ventajas sobre la otra. Los candidatos ideales para el
tratamiento combinado son las mujeres postmenopaúsicas, pacientes con osteoporosis,
diabetes, hipertensión con mal control, acné u obesidad. En realidad se debe comenzar
con la combinación de prednisona y azatioprina en todos los pacientes excepto en los
incluidos en el siguiente grupo.
Está indicado comenzar con prednisona exclusivamente en pacientes
con citopenia severa asociada a hiperesplenismo, pacientes con enfermedades malignas
activas y mujeres embarazadas o que desean quedarse embarazadas en un futuro. También se
debe tratar exclusivamente con prednisona a los pacientes en los que se va a realizar un
tratamiento empírico corto (menor de 6 meses).
El objetivo del tratamiento es la desaparición de las lesiones
histológicas. Hasta alcanzar este objetivo, los parámetros más fiables para comprobar
el grado de respuesta al tratamiento son los valores de transaminasas y gammaglobulinas.
Complicaciones del tratamiento
Asociadas a los esteroides
Leves: ocurren en el 80 por ciento de los pacientes después
de dos años de tratamiento y suelen ser reversibles con la supresión de los esteroides o
con la reducción de la dosis. Incluyen la morfología cushingoide, la obesidad, el acné
y el hirsutismo.
Severos: ocurren en el 44 por ciento de los pacientes
tratados con monoterapia y en el 10 por ciento de los que reciben con tratamiento
combinado. Incluyen osteoporosis, diabetes, cataratas, hipertensión y psicosis. En estos
casos suele ser necesaria la consulta con otros especialistas y la supresión de la
medicación. Esto ocurre en el 13 por ciento de las HAI tipo I severas.
Asociadas a la azatioprina
Náuseas y vómitos, rash, hepatotoxicidad (hepatitis colestásica y
enfermedad venooclusiva), pancreatitis y toxicidad medular. Ocurren en menos del 10 por
ciento de los pacientes que reciben 50 mg/día y suelen responder a la reducción de la
dosis. Hay muchas dudas sobre la posibilidad de teratogenia y la aparición de tumores a
largo plazo.
Es importante tener en cuenta que muchos de los efectos secundarios
de la medicación pueden ser también síntomas derivados de la enfermedad hepática que
podrían empeorar al retirar o disminuir la dosis del tratamiento.
Supresión del
tratamiento, recidiva, tratamiento de mantenimiento
El tratamiento debe suspenderse cuando se
consigue la normalidad de los parámetros bioquímicos y no hay lesiones de actividad
inflamatoria en la biopsia hepática. Posteriormente, los pacientes deben ser seguidos
periódicamente para comprobar que no se produce recidiva de la enfermedad. El 78 por
ciento de los pacientes entran en remisión completa, la mayoría en los tres primeros
años del tratamiento. Un 13 por ciento tienen respuesta parcial y un 9 por ciento no
tienen mejoría alguna o empeoran. En estos últimos pacientes hay que descartar la
coexistencia de virus hepatotropos, tóxicos, síndromes de "overlap"
(enfermedad biliar primaria o colangitis esclerosante primaria) o la presencia de
colangitis autoinmune. La curación se consigue cuando el paciente mantiene la remisión
durante 5 años seguidos sin tratamiento, consiguiéndose esto en el 10 por ciento de los
enfermos aunque aproximadamente un tercio de los enfermos se mantienen sin tratamiento con
pequeñas alteraciones que no alteran su vida normal.
El dato más fiable para pronosticar la posibilidad de la recidiva
tras el tratamiento es la biopsia hepática. Si ésta es normal tras el tratamiento la
posibilidad de recidiva es del 20 por ciento, si permanecen datos de hepatitis portal o no
específica es del 50 por ciento y la persistencia de necrosis en sacabocados se asocia
con una recidiva de la enfermedad del 86 por ciento.
La recidiva ocurre en un 50-80 por ciento de los pacientes en los
que se suspende el tratamiento. La reintroducción del tratamiento original produce
siempre una nueva remisión. Estos pacientes tienen más riesgo de desarrollar cirrosis y
de morir por insuficiencia hepática.
La consecuencia más importante de la reintroducción del
tratamiento es la aparición de efectos secundarios severos, por lo que los enfermos que
han recidivado son candidatos a tratamientos de mantenimiento a largo plazo.
Hay dos tipos de tratamientos a largo plazo:
Dosis bajas de prednisona: la mayoría de los enfermos se controlan
con dosis menores de 10 mg/día. Es necesario un seguimiento muy estrecho para mantener la
mínima dosis eficaz.
Dosis altas de azatioprina (2 mg/kg./día): presenta el problema a
largo plazo del posible riesgo oncogénico.
Existen enfermos en los que el tratamiento no produce la repuesta
esperada por distintas situaciones:
Fracaso del tratamiento: debe ser manejado aumentando la
dosis de prednisona sola o la de ésta y la de azatioprina (150 mg/día). En caso de que
esto no sea eficaz se puede usar la 6-mercaptopurina a dosis de 1.5 mg/kg./día comenzando
por 25 mg/día. Si persiste el fracaso estará indicado el trasplante cuando la situación
del enfermo lo requiera.
Respuesta incompleta: se debe manejar con dosis bajas de
prednisona de mantenimiento o con dosis altas de azatioprina. Existen dudas sobre la
posibilidad de probar nuevos tratamientos.
Toxicidad de la medicación: se debe reducir la dosis de la
droga involucrada aumentando la dosis de la otra. Además, hay que tener en cuenta el
tratamiento de las complicaciones asociadas.
Medidas terapéuticas asociadas
Están encaminadas fundamentalmente a mantener
una situación general adecuada y prevenir los efectos secundarios de los esteroides:
Ejercicio físico y evitar el sobrepeso.
Tratamiento de la ascitis y/o los edemas mediante
restricción del aporte sódico y diuréticos.
Prevención de la osteoporosis: suplementos de calcio (1-1.5
gramos al día) y de Vitamina D (50000 unidades a la semana) indicados en mujeres
postmenopaúsicas, pacientes con cirrosis o en tratamiento durante más de 3 años. Las
mujeres postmenopaúsicas deben recibir además tratamiento estrogénico. Se debe tratar a
los enfermos con osteoporosis establecida con etidronato (400 mg/día durante 2 semanas
cada 3 meses). Estos tratamientos deben ser cuidadosamente monitorizados por el riesgo de
toxicidad hepática.
Perspectivas futuras
De todos los fármacos que se han investigado
o se están investigando para la terapia de la HAI, parece que sólo el tacrolimus y la
budesonida podrían incorporarse en un futuro a tratamiento de esta enfermedad.
Variantes de la enfermedad
No todos los pacientes con manifestaciones
hepáticas de origen autoinmune satisfacen los criterios de diagnóstico de la HAI. Pueden
darse casos en los que los datos son insuficientes para hacer el diagnóstico (colangitis
autoinmune y hepatitis crónica idiopática) o que muestran características de otras
enfermedades (enfermedad biliar primaria, colangitis esclerosante primaria y hepatitis
crónica viral).
Colangitis autoinmune
Se caracteriza por la presencia de ANA y la
ausencia de anticuerpos antimitocondriales junto con datos clínicos, bioquímicos o
histológicos de colestasis con colangiograma normal junto con la ausencia de enfermedad
inflamatoria intestinal. Debe tratarse con ácido ursodeoxicólico (15 mg/kg./día), con
prednisona (20 mg/día) si existe un importante componente inflamatorio o con la
combinación de ambos.
Hepatitis crónica
idiopática
Presenta las mismas características que la
HAI tipo I pero sin anticuerpos. El tratamiento es el mismo que el de la autoinmune.
Combinación de HAI y
enfermedad biliar primaria
Tiene las características de la HAI tipo I
con una puntuación mayor o igual a 10 con anticuerpos antimitocondriales positivos y
datos clínicos, bioquímicos o histológicos de colestasis. El tratamiento consiste en 3
meses de prednisona a dosis de 20 mg/día como prueba. Si ésta es positiva el tratamiento
es el mismo que en la HAI.
Combinación de HAI con
colangitis esclerosante primaria
Presenta características de HAI con una
puntuación mayor o igual a 10 sin anticuerpos antimitocondriales pero con datos
clínicos, bioquímicos o histológicos de colestasis, frecuente coexistencia de
enfermedad inflamatoria intestinal y alteraciones en el colangiograma. Se trata con ácido
ursodeoxicólico, prednisona o ambos dependiendo de las características predominantes
durante 3 meses como prueba. Se continúa en función de la respuesta.
Asociación de HAI y
hepatitis crónica viral
Se diagnostica por la coexistencia de
características de la HAI con viremia activa. El tratamiento se basa bien en interferón,
bien en prednisona dependiendo de los síntomas predominantes.
Bibiliografía (Hepatitis Crónica
Autoinmune)
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