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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
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Hepatitis crónica
Hepatitis crónica vírica B
Epidemiología
La hepatitis crónica B es una enfermedad de
prevalencia mundial, aunque con diferencias en su frecuencia según los países. Según la
Organización Mundial de la salud unos 2.000 millones de personas han sido infectadas por
el virus B, y de ellos más de 300 millones están crónicamente infectados, de los cuales
un 25 por ciento desarrollarán complicaciones como cirrosis o hepatocarcinoma (OMS.
Ginebra 1992). En España hay entre 600.000 y 800.000 portadores de virus B (1,5-2 por
ciento de la población). Se calcula que se producen unos 60.000 casos de hepatitis B al
año (Bruguera. Med. Clin. 1990). De ellos, aproximadamente, de 3.000 a 5.000
evolucionarán a hepatitis crónica y posiblemente entre 1.200 y 1.400 desarrollarán una
cirrosis y unos 120 a 150 hepatocarcinoma.
Virus B
El virus B pertenece a la familia de los
Hepadnaviridae, género Orthohepadnavirus junto con los virus de hepatitis B de otros
mamíferos (ardilla americana y marmota). Los virus de hepatitis B de las aves (pato y
garza) constituyen el género de los Avihepadnavirus dentro de la misma familia.
(Clasificación del Comité Internacional de Taxonomía de Virus, agosto-1990)
El virus maduro o partícula de Dane tiene forma de esfera de 42 nms
de diámetro. Presenta una cubierta de naturaleza lipoproteica de origen celular en la que
se incluyen diversas proteínas del virus. Tienen una estructura de doble pared con 2
cubiertas proteicas. La externa o "envelope" contiene tres proteínas: mayor,
media y grande. El HBsAg o antígeno de superficie se encuentra en las tres proteínas. La
cubierta interna o cápside está constituida por una simple proteína, el core y contacta
con el DNA del virus.
El genoma del virus (DNA) es una molécula de DNA circular
constituida de 3.200 nucleótidos. Es el genoma vírico animal más pequeño conocido.
Como las moléculas de DNA de la mayoría de los organismos, consta de 2 cadenas de bases
pareadas, pero tiene la poco frecuente característica de que una cadena es más larga que
la otra. La cadena corta, llamada PLUS, varía de longitud entre el 50 por ciento y el 80
por ciento de la cadena larga, llamada MINUS. La estructura circular del genoma se
mantiene por la naturaleza cohesiva de los extremos 5` de las cadenas.
Se conoce toda la secuencia de nucleótidos del genoma del virus B.
Realmente, es un milagro de compactibilidad. Consta de sólo 4 genes potenciales, llamados
S,C,P y X que se solapan extensamente. Además, en esta secuencia de codificación están
también las secuencias reguladoras que controlan la producción de proteínas virales y
el ciclo replicativo.
GEN S: Codifica para la proteína de cubierta "mayor" de
226 AA, e incluye todas las especificaciones para el HBsAg. También puede transcribirse
con él una secuencia de aproximadamente 500 nucleótidos precediendo al gen S que puede
dividirse en dos regiones PS1 y PS2 que están involucrados en la síntesis de otras dos
proteínas de cubierta. La proteína "middle" de 281 AA es codificada por el gen
S y la región pre S2 y la proteína "large" de 409 AA es codificada por el gen
S y la región pre S2 y pre S1. La región pre S1 juega un papel importante en la entrada
del virus en la célula. La cantidad de estas proteínas que se producen son variables. La
proteína "large" se produce en pequeña cuantía y sólo se encuentra en la
superficie de las partículas completas. Por el contrario, la "mayor" y la
"middle" se fabrican en exceso y son secretadas como pequeñas partículas de 22
nms que son más abundantes en el plasma que las partículas completas. Además, el gen S
es expresado en muy altos niveles sólo en tejido hepático y bajo control de hormonas
esteroides, lo que justificaría que la posibilidad de cronificación sea mayor en el
hombre que produce más hormonas esteroides (más portadores y más CHC).
GEN C: Posee dos codones de iniciación y por consiguiente dos
regiones genéticas y dos formas moleculares potenciales (HBcAg y HBeAg). El inicio de
traducción en el nucleótido 1814 produce un polipéptido de 212 aminoácidos que posee
un péptido señal que lo dirige al retículo endoplásmico, donde el fragmento señal
queda eliminado, escindiéndose 19 residuos del segmento N- terminal y 34 del C terminal.
El péptido resultante de 159 aminoácidos se secreta como HBeAg, una proteína que es el
resultado de 10 residuos codificados por la región pre-core y 149 codificados por el gen
core. La proteína secretada es el antígeno e, que se detecta en suero y sobre la
membrana celular del hepatocito. Parece ser importante para la inducción de tolerancia a
las cels.T a antígenos de la nucleocápside expresada con los antígenos de
histocompatilidad mayor HLA de clase I, y tal mecanismo podría explicar la alta
incidencia de enfermedad crónica por transmisión vertical, al atravesar el antígeno
"e" la placenta. Su expresión en la membrana del hepatocito es necesaria para
la respuesta inmune celular del huésped. La traslación desde el punto C-AUG (nucleótido
1901) origina un polipéptido más corto de 183 Aas que es el Ag mayor de la
nucleocápside o "antígeno Core" y no se detecta en el suero. Dentro del HBcAg
existen sitios visibles de reconocimiento de las células T.
GEN P: Es tan largo que incluye parte de todos los genes; codifica
enzimas esenciales para el ciclo replicativo.
GEN X: Abarca el final cohesivo, o de unión, de las cadenas de DNA
viral. La proteína que codifica estimula la producción de todos los genes virales
actuando con una secuencia DNA específica encontrada en el genoma del VB. Esta proteína
de 154 Aas, llamada X se ha encontrado en suero e hígado.
Replicación y expresión de
proteínas del virus
En el ciclo vital del VB la síntesis de
proteínas se encuentra regulada a los niveles de transcripción y de traslación. Se
conocen 2 tipos de RNA mensajero copiado del DNA viral. El más pequeño de 2.100
nucleótidos codifica las proteínas de la cubierta. El RNA más grande consta de 3.500
nucleótidos, es decir, mayor que el genoma completo, pues contiene un terminal repetido
de unos 100 nucleótidos. Este RNA codifica para las proteínas de la cápside, del Gen P
y además representa un intermedio en la replicación del DNA viral.
Los hepadnavirus se reproducen por un mecanismo extraordinario. La
mayoría de los DNA virus copian su genoma por un enzima llamado Polimerasa, que une la
cadena original de DNA con tripletes para formar una nueva cadena. Los hepadnavirus usan
un método indirecto en el que interviene una cadena RNA como intermediario.
Después que el genoma de virus B penetra en la célula, emigra al
núcleo, donde una polimerasa celular lo transcribe en una molécula de RNA larga de unos
3.500 nucleótidos llamada pregenoma. El pregenoma y una polimerasa DNA viral son
empaquetados juntos en una cápside nuevamente formada y pasa al citoplasma. Allí la
polimerasa comienza a trabajar transcribiendo reversamente el pregenoma en una cadena de
DNA "minus" nueva. Tan pronto como esta cadena está formada el pregenoma es
destrozado por enzimas celulares. La DNA polimerasa comienza entonces a reconstruir la
cadena "plus" usando la "minus" como triplete. La cápside y el DNA
viral son finalmente encerrados en una cubierta más externa y el virus sale de la
célula. En ese momento cesa la elongación de la cadena "plus" lo que origina
que su longitud sea variable con respecto a la "minus".
Variaciones genéticas del virus B
Este mecanismo de "transcripción
reversa" tiene poca habilidad de prueba de lectura, lo que resulta en un alto número
de errores de incorporación durante la trascripción. De esta forma, se originan
múltiples mutantes en el "pool" viral. Se cree que se producen entre 100.000 y
300.000 mutaciones de una simple porción de un nucleótido, por individuo infectado y
año. Sólo aquéllos que confieren alguna ventaja sobre la cepa preexistente sobreviven y
al ser un virus muy evolucionado, muy pocas de las mutaciones que ocurren durante el ciclo
de replicación normal serían seleccionadas. Por lo tanto y aunque hay múltiples
variaciones tanto en los genes Pre-S y en el HBsAg, vamos a comentar las variaciones en la
región pre-Core y core, que son las que más significado clínico tienen con relación a
la hepatitis crónica B.
La observación de que algunos pacientes del área mediterránea
tenían DNA en suero pero eran negativos para el HBeAg condujo al descubrimiento de una
variante del virus que era incapaz de sintetizar la proteína Precore-core de la que
deriva el HBeAg. Se descubrió que esta cepa tenía una sustitución de una base (Guanina
por Adenina) en el codon 28 del gen precore a nivel del nucleótido 1896, creando lo que
se llama un "Stop-codon" o codón interruptor TAG en lugar de TGG. Esto impide
la síntesis de HBeAg pero no de HBcAg, ya que para su síntesis la orden de lectura se da
a nivel del punto C-AUG. Posteriormente a este descubrimiento se han descrito otros
cambios asociados con la presencia de anti-HBeAg y DNA. Parece que hay al menos 10 lugares
donde una mutación podría dar origen a un " Stop-codón" pero con mucho la
más frecuente es a nivel del nucleótido 1896, lo que se relaciona a que en ese área hay
4 residuos Guanina juntos del 1896 al 1899. Esta mutante se ha encontrado en múltiples
países indicando que es de distribución mundial. Por lo tanto, hay 2 cepas de virus B,
que se distinguen en su capacidad para la producción del Antígeno e, la cepa salvaje y
la cepa e-minus o mutante pre-core.
Evolución de la hepatitis B
La infección B origina en el 75 por ciento de
los casos una infección asintomática y anictérica de la que el sujeto que la sufre no
es consciente. Aproximadamente, el 90-95 por ciento de las ocasiones curará y se
cronificará en un 5-10 por ciento de ellas. En una cuarta parte de los casos origina una
hepatitis clínica, ictérica y sintomática. Menos del 1 por ciento de éstas desarrollan
formas fulminantes y un 3-5 por ciento de las veces se cronifica (entre sujetos adultos no
inmunodeprimidos). Por lo tanto, la hepatitis crónica B es la consecuencia de una
hepatitis aguda sintomática o asintomática que no se resuelve. Como factores que
favorecen la cronificación de una hepatitis B aguda se han descrito: el sexo, hay mayor
cronificación entre los hombres que las mujeres; edad, mayor cronificación entre niños
que en adultos; estado inmunológico previo, mayor cronificación en inmunodeprimidos
(quimioterapia, hemodiálisis, homosexuales, síndrome de Down, ADVP).
Patogenia
La hepatitis B aguda se caracteriza por
necrosis hepatocitaria e infiltración linfocitaria acompañante. La lesión tiene
carácter difuso, la necrosis hepatocelular es importante, existe una desorganización
lobulillar generalizada y se encuentran células inflamatorias en el parénquima y en las
áreas portales. La evolución óptima consiste en la erradicación de los hepatocitos
infectados, la interrupción de la replicación vírica y la rápida regeneración
hepática. Sin embargo, una cierta proporción de pacientes no eliminan el virus, sino que
evolucionan hacia la hepatitis crónica. En ésta la lesión y la desorganización celular
son menos intensas, tienden a localizarse en las áreas périportales y las células
inflamatorias son fundamentalmente portales.
Los datos conocidos y experimentales actuales parecen indicar que el
virus B es muy raramente, o nunca, citopático directo, y que el fallo en la eliminación
del virus y establecimiento de una infección crónica se debe a la falta de una respuesta
inmunitaria eficiente. La subsiguiente expresión de la enfermedad corresponde a una
interrelación, poco conocida, entre los factores del virus y los del huésped. No está
claro qué reacción inmune específica es responsable de la lisis celular, ni qué fallo
de la respuesta inmune es el que conduce a la persistencia del virus.
De los datos actuales, parece que la erradicación del virus B en la
fase aguda se debe a lisis inmunitaria de los hepatocitos. Los anticuerpos frente a los
componentes preS aparecen pronto en el curso de la infección y están relacionados con la
desaparición de los marcadores serológicos de la replicación del VHB, lo que sugiere
que desempeñan un papel en la eliminación inmunológica del VHB. Tanto anti-preS1 como
anti-preS2 y anti-HBsAg tienen actividad neutralizante. La eliminación de los hepatocitos
infectados por el virus se basa en que las células T citotóxicas reconozcan los
determinantes víricos (HBcAg y HBeAg) asociados a las proteínas HLA de los hepatocitos
infectados. La destrucción celular produciría eliminación del virus. La presentación
de proteínas HLA es modulada por proteínas tipo interferón alfa y gamma, que pueden
regular además la actividad de las células T citotóxicas y de las "natural
killer".
Para valorar la función inmunitaria celular de los pacientes
infectados se han medido la elaboración de linfoquinas, la sensibilización de los
linfocitos, la transformación linfocitaria en respuesta a los antígenos virales, la
función de las células supresoras y de las moléculas inmunoreguladoras, aunque no hay
unanimidad de criterios en los hallazgos y éstos son difíciles de reproducir. Los datos
más concordantes son que la citotoxicidad de los linfocitos de sangre periférica se
halla limitada a los linfocitos T, el HBcAg es más inmunogénico que el HBsAg para las
células B y T. El HbeAg y el HBcAg presentan reactividad cruzada a nivel de células T,
pero no a nivel de células B. La citotoxicidad de células T ocurre en pacientes con
HBcAg detectable en los hepatocitos y puede bloquearse por la acción de anti-HBc y
anti-HBe. Los antígenos de nucleocápside (HBcAg y HBeAg) expresados en la membrana
celular constituyen la principal diana de los linfocitos T citotóxicos. El HBcAg es
significativamente más inmunogénico que el HBeAg. El HBcAg puede expresarse en el
núcleo y en la membrana. La expresión en la membrana parece guardar relación con la
actividad de la enfermedad.
Los linfocitos T citotóxicos predominan en los infiltrados
hepáticos portales y lobulillares en pacientes con HBeAg positivo en suero y esta
infiltración disminuye junto con la replicación del virus como lo demuestra su
disminución o desaparición cuando se produce la seroconversión del HBeAg en anti-HBe.
Todos estos datos añaden credibilidad a la hipótesis de que los
antígenos de nucleocápside HBcAg y HBeAg presentados en la membrana hepatocitaria por
los antígenos HLA de clase I son la diana de los linfocitos T citotóxicos que
destruirían el hepatocito y los virus liberados serían neutralizados por anticuerpos
anti-preS1, anti-preS2 y anti-HbsAg impidiendo que entraran en otros hepatocitos.
Recientemente, se ha descrito la presencia de moléculas de adhesión (ICAM-1) en la
membrana de los hepatocitos y el antígeno asociado de función linfocitaria (LFA-1) en
los linfocitos T citotóxicos de pacientes con hepatitis crónica B (5). Igualmente se ha
encontrado expresión de moléculas de adhesión vascular (VCAM-1) en el endotelio
sinusoidal y de su antígeno asociado de función linfocitaria VLA-4 en los linfocitos
intrahepáticos (6). Estas moléculas pueden facilitar la acumulación de linfocitos en
las regiones inflamatorias.
La falta de erradicación del VHB refleja una respuesta inmunitaria
deficiente respecto al virus, actualmente no bien conocida. Un defecto de los linfocitos B
podría explicar el trastorno de la síntesis de anti-HBs tras la inducción por
mitógenos inespecíficos. Se ha demostrado una baja producción de interferón alfa en
los leucocitos de sangre periférica. (el IFN gamma es normal) en pacientes con HCB. No
obstante, hay datos que niegan un papel importante de esta alteración, como encontrar
Beta-2 microglobulina -que refleja la exposición de antígeno HLA- sobre la membrana del
hepatocito o que los niveles sean claramente deficientes, como lo apoyan los niveles
basales normales de 2´,5´-oligoadenilato-sintetasa en los linfocitos. Se ha encontrado
una falta de expresión de ICAM-1 por los hepatocitos en las fases de mayor replicación y
clara expresión en los episodios de exacerbaciones clínicas de la enfermedad. Cualquiera
de estas alteraciones, y posiblemente de forma no excluyente, pueden ser la causa o
contribuir a la perpetuación de la infección. Otra posibilidad podría ser la aparición
de mutantes pre-core que al no expresar HBeAg eludirían la respuesta inmune del huésped
y permitirían la reproducción y expansión del virus.
Marcadores serológicos
Hepatitis aguda
La viremia, expresada por la positividad del
DNA, es detectable desde la sexta semana después de la infección. El virus B expresa 3
antígenos, HBsAg, HBcAg y HBeAg y frente a estos 3 antígenos el organismo humano puede
expresar 3 anticuerpos, anti-HBs, anti-HBc y anti-HBe.
El primer marcador que aparece es el HBsAg que lo hace 2-3 semanas
después de la infección y un mes antes de la clínica. En fase aguda se encuentra en la
mayoría de los fluidos corporales. Puede encontrarse libre o formando parte de las
partículas de Dane completas. En un 10 por ciento de los casos cuando el enfermo acude a
la consulta ya ha aclarado el HBsAg. Si la hepatitis cura suele desaparecer antes de 12
semanas y su persistencia más allá de 20 semanas, casi siempre, indica cronificación y
ésta es prácticamente segura si no desaparece a los 6 meses.
Prácticamente coincidiendo con el HBsAg se detecta en sangre el
HBeAg. Su duración suele ser menor, y su persistencia más allá de tres meses indica con
seguridad cronificación.
El HBcAg no aparece en suero en forma libre, aunque posiblemente se
encuentre al inicio de la enfermedad. Coincidiendo con la detección del HBsAg y el HBeAg
se detecta en sangre anti-HBc. Este anticuerpo es inicialmente de tipo IgM y
paulatinamente va siendo reemplazado por anti-HBc IgG. Normalmente, el anti-HBc será ya
positivo siempre, pues persistirá aunque la infección cure. El tipo IgM está asociado
siempre a daño hepático y suele desaparecer en 6 meses. El tipo IgG persiste toda la
vida. El anticuerpo anti-HBe aparece después del anti-HBc. La seroconversión a anti-HBe
se correlaciona con una reducción en la replicación viral en el hígado y resolución
del la inflamación hepática. El anticuerpo protector, el anti-HBs es el último en
aparecer. Su aparición se correlaciona con curación de la infección y con protección
frente a la reinfección.
Hepatitis crónica
Cuando la infección no cura se siguen
encontrando HBsAg, anti-HBc, HBeAg, y la DNA vírica en suero. En un 20 por ciento de los
casos es positiva la IgM anti-HBc aunque a títulos no muy altos.
Clínica
El espectro clínico de la HC B es muy amplio,
desde ser asintomática a una enfermedad rápidamente evolutiva, caracterizada por datos
de insuficiencia hepatocelular (ictericia, ascitis, encefalopatía, hemorragia digestiva
etc.) conduciendo a un rápido deterioro y muerte. No obstante, la mayoría están
asintomáticos en el momento del diagnóstico. En un amplio estudio epidemiológico
llevado a cabo por la Asociación Española para el Estudio del Hígado en 1991, que
incluía 380 pacientes con hepatitis crónica B, el 60 por ciento estaban asintomáticos y
los síntomas referidos por el resto eran inespecíficos como astenia (30 por ciento),
dolor en hipocondrio derecho (10,5 por ciento), anorexia (2,1 por ciento) y adelgazamiento
(0,9 por ciento). Sólo el 2 por ciento presentaba ictericia. En la exploración física
el 12 por ciento presentó estigmas cutáneos de hepatopatía, un 40 por ciento
hepatomegalia y un 9 por ciento esplenomegalia. Un 36 por ciento de los pacientes no
presentaba ningún síntoma ni signo de enfermedad.
Diagnóstico
El diagnóstico de una hepatitis crónica B
normalmente es fácil y se establecerá por la historia clínica, la exploración física
del paciente y los datos de laboratorio. Se deberá interrogar acerca de antecedentes
familiares de hepatopatía, consumo de alcohol, drogas i.v., hábitos sexuales,
transfusiones de sangre y toma de medicación hepatotóxica. La exploración física
tratará de precisar el estado evolutivo de la enfermedad: estigmas de hepatopatía,
hepatomegalia, esplenomegalia.
Analíticamente, las únicas manifestaciones específicas son la
alteración de las cifras de transaminasas, siendo éstas entre una y media y cinco veces
los valores normales y las cifras de GPT superiores a las de GOT. El resto de las pruebas
hepáticas pueden ser normales, aunque a veces hay aumento de las cifras de GGT o leve
elevación de la bilirrubina. Igualmente, puede haber un aumento de las cifras de IgG
séricas. Las cifras de alfafetoproteína suelen ser normales, aunque durante las fases de
exacerbación pueden aumentar, casi siempre en relación a la aparición de puentes de
necrosis. En ocasiones se asocia a un discreto aumento de las cifras de inmunoglobulinas,
IgG o IgA. A veces se detectan anticuerpos anti tejidos (antinucleares, anti músculo
liso) a título muy bajo.
Otros datos de laboratorio a tener en cuenta serán: hemograma que
permitirá conocer la presencia de leucopenia y plaquetopenia; tasa de protrombina,
estudio serológico completo del virus B, para conocer su estado replicativo; estudio del
virus delta para descartar coinfección o sobreinfección y estudio serológico de
marcadores del virus C.
Además, se deberá descartar la existencia de otra enfermedad
hepática crónica como hepatitis autoinmune, enfermedad de Wilson, hemocromatosis,
déficit de alfa-1 antitripsina o alcoholismo. Asimismo, se deberá considerar la
infección concomitante por VIH.
La realización de una biopsia es esencial para el diagnóstico de
certeza y para ayudar a predecir el pronóstico, aunque en los últimos años se ha visto
que el pronóstico de la enfermedad no guarda siempre una relación clara con la
histología, por lo que la valoración del paciente tendrá en cuenta tanto los hallazgos
histológicos como el resto de los datos y, fundamentalmente, el estado replicativo del
virus.
La histología de la hepatitis crónica (HC) se caracteriza por la
presencia de un infiltrado inflamatorio de naturaleza linfo-plasmocitaria en los espacios
porta y grados variables de daño hepatocelular que van desde cambios degenerativos a
fibrosis lítica o acidófila. La clasificación previa de las hepatitis en lobulillar,
persistente y activa con o sin cirrosis se ha sustituido por una nueva clasificación que
puntúa y clasifica el grado de inflamación a nivel de los espacios porta, de la
interfase periportal y del lobulillo e igualmente puntúa la fibrosis, que en función de
su extensión cuantifica en grados desde no fibrosis, a fibrosis IV (cirrosis).
La histología de la HCB no es específica y el diagnóstico se basa
en los hallazgos serológicos y la historia clínica. El tipo de lesión depende del
momento en que se realiza la biopsia y de la antigüedad de la lesión pudiendo encontrar
cualquiera de los anteriores. Durante las fases de inmunotolerancia relativa encontraremos
lesiones poco activas; por el contrario durante las fases de exacerbaciones o de
reactivación de la enfermedad encontraremos lesiones activas con lesión tanto en el
lobulillo, como necrosis periportal o necrosis multilobulillar. Después de la
seroconversión a anti-HBe y el DNA es negativo (cepa salvaje) la lesión hepática
dependerá del daño previo pudiendo variar desde hígado normal a cirrosis, pero estará
inactiva. En los casos de seroconversión en que sigue replicando el virus (cepa mutante)
la lesión histológica suele ser severa y activa. No obstante, en algunos casos el examen
de la biopsia muestra cambios que sugieren la etiología. En aproximadamente un tercio de
los casos se observan hepatocitos con citoplasma en vidrio esmerilado. Estas células
tienen un citoplasma homogéneo y pálido en la coloración con hematoxilina y eosina con
desplazamiento del núcleo a la periferia de la célula y aparición de un halo claro
entre el citoplasma y la membrana. No es específico de la HCB, pues se observa también
en los pacientes con epilepsia mioclónica de Lafora, alcohólicos tratados con cianamida
y glucogenosis tipo IV. En el caso de la HCB se debe a una hiperplasia del retículo
endoplásmico repleto de partículas de HBsAg y se tiñe con orceína y es PAS negativo,
mientras, en los demás casos no se tiñen con orceína y son PAS positivos. La presencia
de HBsAG guarda relación inversa con la severidad de la lesión.
Mediante procedimientos de inmunohistoquímica pueden identificarse
los antígenos virales. La presencia de HBsAg con el empleo de anti-HBs marcado con
inmunoperoxidasa. El material positivo ocupa el citoplasma y adopta el aspecto de
"cuerpo de inclusión". Utilizando anti-HBc o anti-HBe podemos demostrar la
presencia de HBc o HBe en los núcleos de los hepatocitos; ambos traducen la existencia de
replicación activa del virus y en el caso de la cepa mutante se expresará el HBcAg, pero
no el HBeAg.
Evolución
Hepatitis crónica B HBeAg positiva
La presencia de HBeAg en suero indica la
existencia de infección por el VB en fase replicativa. La HC B tiene un curso prolongado
y heterogéneo debido al carácter dinámico de la infección y a la relación inestable
entre el virus y la inmunidad del huésped. Los estudios longitudinales de pacientes con
HCB han permitido distinguir tres fases sucesivas de la enfermedad. Inicialmente, hay un
estado de intensa actividad replicativa vírica y de relativa tolerancia inmunológica por
parte del huésped. El paciente suele estar asintomático, las cifras de transaminasas son
bajas, el DNA vírico es alto y la lesión histológica leve. Este estado es inestable
aunque su duración es muy variable, desde meses a muchos años. La segunda fase se
caracteriza por la aparición de exacerbaciones clínicas en las que se produce una
respuesta inmune del huésped que trata de destruir todos los hepatocitos portadores de
virus B y frecuentemente precedida por un aumento del DNA en los tres-cuatro meses
previos. Puede acompañarse de síntomas clínicos (astenia, dolor en hipocondrio derecho,
ictericia, y menos frecuentes nauseas, vómitos, artralgias, prurito y hepatomegalia), lo
que ocurre en el 70 por ciento de ellas. Otras veces (30 por ciento) estas exacerbaciones
no se acompañan de síntomas clínicos pero, si del resto de las manifestaciones. Siempre
se observa un aumento importante de transaminasas, siempre superiores a 300 U/L y a veces
superiores a 1000 U/L, aparición o aumento de los títulos de IgM-anti-HBc y caída de
los niveles de DNA del virus B, indicando descenso de la actividad replicativa y lesión
hepática más activa, con gran necrosis hepatocelular, necrosis parcelar erosiva y en un
25 por ciento necrosis en puentes. No se conoce porqué se produce esta pérdida de
inmunotolerancia y las causas podrían ser diferentes entre pacientes.
Parece que estos brotes están siempre precedidos de una mayor
replicación del virus B como lo demuestra el encontrar DNA alto en suero extraído meses
antes de estos brotes. Esto produciría un mayor estímulo antigénico y desencadenaría
una mayor respuesta inmune. No se sabe porqué se produce este aumento de replicación en
sujetos inmunoconpetentes. Se ha atribuido a trastornos transitorios de la inmunidad
(estrés, infecciones, edad). Se ha propuesto que la respuesta inmune a los Ags del VHB
fuera dosis antígeno dependiente y que la destrucción de los hepatocitos por los
linfocitos T citotóxicos requiere un umbral de concentración de antígenos (9). Esto
explicaría los episodios cíclicos de injuria hepática alternando con épocas de
función hepática normal. A mayor replicación mayor cantidad de HBcAg en los hepatocitos
y de HBeAg en el suero. Cuando el nivel de antígenos alcanza un nivel determinado las
células T-h se activan resultando en un aumento de anti-HBe y anti-HBc; simultáneamente
los linfocitos T citotóxicos específicos HBe/HBcAg son inducidos por las cels T-h y los
complejos de histocompatibilidad y comienza la lisis celular. Cuando disminuye la
síntesis de antígenos víricos por la necrosis celular se detiene la respuesta inmune.
Otra hipótesis es que estos brotes se producen cuando la mutante pre-core aumenta y va
desplazando a la cepa salvaje; en este caso el aumento de la replicación no se acompaña
de un aumento de HBeAg en suero sino de un descenso. Como el HbeAg parece ser un
determinante de la inmunotolerancia al VHB, si este descenso es tal que hace perder la
inmunotolerancia al paciente se dispara la respuesta inmune. La incidencia anual de
reactivaciones clínicas varía entre el 25-50 por ciento de los pacientes. Estas
exacerbaciones clínicas, suelen durar 3-4 meses y representan los intentos por eliminar
los hepatocitos infectados por virus B, aunque no siempre se consigue y en ese caso las
cifras de ALAT séricas, de DNA y de IgM anti-HBc retornan a los valores previos. Estos
brotes producen graves lesiones hepáticas y muchos pacientes desarrollan cirrosis en dos
o tres de ellos. Después de uno, varios o múltiples brotes en la mayoría de los
pacientes se produce la desaparición del antígeno e y la aparición de anti-HBe, proceso
conocido como "seroconversión e / anti e", lo que normalmente se acompaña de
disminución muy importante de la replicación vírica, normalización de las cifras de
transaminasas e inactivación de la lesión histológica. No obstante, siempre que se
produce un aumento de transaminasas se deben descartar una sobreinfección por virus
Delta, C, A, CMV o hepatitis tóxica.
Después de la seroconversión, gran parte de los pacientes siguen
siendo DNA positivos por PCR y un grupo menor por Dot-blot, indicando que la replicación
viral continúa aunque a un nivel muy inferior. La tasa anual de seroconversión entre
adultos, con transmisión vírica postnatal es alta, entre el 10-20 por ciento anual Entre
los factores predictivos de que un paciente va a desarrollar una seroconversión en poco
tiempo figuran, la baja tasa de DNA viral en suero (<100 pcgrs/ml), indicando la
presencia de pocas partículas, el encontrar escasos hepatocitos en la biopsia con HBcAg,
la cifra de transaminasas elevadas (ALAT > 100 U/L) y lesión hepática más activa
(IAH > 7). Lo contrario, DNA alta, transaminasas bajas, lesión hepática poco activa
con gran cantidad de HBcAg, indica replicación mantenida.
Hepatitis Crónica B
ANTI-HBe positiva
De estos pacientes que seroconvierten, un
grupo ha dejado de replicar total o casi totalmente y de ellos algunos aclaran también el
HBsAg, se calcula que la incidencia anual de aclaramiento del HBsAg es de 0.5-2 por ciento
(13) y de ellos 50 por ciento desarrollan posteriormente anti-HBs. En estos pacientes las
cifras de ALAT son normales y no se detecta DNA sérico ni tisular por Dot-blot aunque en
algunos casos se detecta por PCR, la histología hepática se inactiva, no se encuentra
HBcAg tisular ni HBsAg. Basados en estos hallazgos, algunos autores postulan que la
presencia de HBsAg en suero siempre de debe a que hay replicación aunque sea mínima y no
a síntesis de la proteína de superficie por parte del genoma vírico integrado en el
hepatocito (13). Los pacientes con enfermedad prolongada de muchos años de evolución
tienen más tendencia a aclarar el HBsAg cuando seroconvierten, así como los mayores de
40 años y los que ya han desarrollado una cirrosis.
Dentro de los pacientes que seroconvierten a antiHBe y no
seroconvierten el HBsAg encontramos dos tipos. Aquéllos que tienen cifras de ALAT
normales, o mínimas elevaciones transitorias, escasa cantidad de DNA sérica,
(normalmente sólo detectable por PCR en el 80 por ciento) y enfermedad hepática no
activa, sea HCP o cirrosis inactiva. Estos pacientes pueden sufrir "reactivaciones
virales" con reaparición de HBeAg, aumento llamativo de DNA sérico, actividad
histológica en la biopsia y en casi la mitad, síntomas clínicos, como ictericia,
astenia etc. (14). No se conocen las causas de estas reactivaciones virales aunque la
mayoría son espontáneas, pero el hecho de que sean frecuentes en pacientes que están
recibiendo inmunosupresión o citotóxicos al suspender dichos tratamientos, o en
pacientes HIV positivos, sugiere que hay un aumento de la replicación previa del virus B
secundaria a la supresión de la respuesta inmune del huésped. Parece que durante la
reactivación hay una mayor respuesta inmune y se destruyen gran parte de los hepatocitos
en que replica el virus. Si se destruyen todos los hepatocitos que expresan el virus, la
síntesis viral activa termina y la DNA sérica desaparece. El que a veces se siga
encontrando DNA en el hígado por PCR, no está claro si se debe a fragmentos integrados
o, a bajo nivel de replicación, pero se aísla en el 80 por ciento de los casos. Cuando
se analizan estos pacientes, están infectados por la cepa salvaje del virus y sólo una
minoría tienen la cepa mutante pre-core o tienen ambos.
La tasa de reactivaciones espontáneas entre este grupo de pacientes
(anti-HBe+ DNA VB -) es de aproximadamente un 5 por ciento anual, aunque las cifras de
diferentes estudios varían (14).
Otro grupo importante de pacientes presenta antiHBe+ en suero, pero
a la vez se detecta DNA del VB a altos niveles. Tienen altos niveles de transaminasas
séricas y la lesión hepática es activa siendo lo más frecuente encontrar HCA con o sin
cirrosis. No expresan HBeAg en hígado (15). Cuando se analiza el tipo de virus que
infecta a estos pacientes, mayoritariamente, están infectados por la mutante pre-core,
aunque a veces hay infección por ambas cepas, pero predominando la e-minus. Aunque
pudieran estar infectados por la cepa mutante desde un inicio, pues se ha demostrado que
esta cepa es capaz de replicarse y de infectar a recién nacidos y causar hepatitis
fulminante, lo más probable es que a lo largo de la infección se haya producido una
mutación y se haya ido seleccionando la cepa e-minus, de forma que durante el período de
seroconversión e/anti-e se aclaró la cepa salvaje, siendo destruidos los hepatocitos
donde se reproducía, pero no los infectados por la mutante, que al no expresar HBeAg no
serían reconocidos por el sistema inmune. Los pacientes en los que sólo se aísla la
cepa mutante tienen mayores niveles de DNA sérico >100 pcgrs/100 ml que los que tienen
ambas cepas (< 50 pcgrs/ml), tienen una mayor lesión histológica, prácticamente
siempre HCA y casi un 50 por ciento cirrosis, mayores cifras de transaminasas séricas
(228 vs. 54 +/-45) y expresan más HBcAg en los hepatocitos.
Pronóstico
La HCB puede influenciar la supervivencia de
los pacientes. En un amplio estudio americano realizado en 1984 se observó que a los 5
años de seguimiento había fallecido el 45 por ciento de los pacientes con cirrosis y HCA
al inicio del estudio, igualmente había fallecido un 15 por ciento de los que presentaron
HCA y sólo un 3 por ciento de los que presentaron HCP. El seguimiento de la evolución de
series amplias de pacientes ha permitido obtener información de la frecuencia del
desarrollo de cirrosis en pacientes con HCB e identificar los factores determinantes de su
evolución. Entre un 15-20 por ciento de los pacientes con HCA desarrollan evidencia de
cirrosis a los 5 años de seguimiento. Estos estudios no tenían en cuenta el estado
replicativo del virus. En estudios posteriores se ha demostrado que la evolución a
cirrosis se asocia a la persistencia de la replicación viral y así es superior al 50 por
ciento de los casos si la replicación continúa y muy escasa o nula si la replicación
vírica cesó. Otros factores relacionados con la evolución a cirrosis son la edad y la
lesión histológica inicial y así los pacientes mayores de 40 años o con HCA-NP
desarrollan cirrosis con más frecuencia que el resto.
El seguimiento de los pacientes con cirrosis B ha permitido conocer
que, aunque no es una enfermedad de buen pronóstico, puede mantenerse compensada largo
tiempo y su mortalidad no es tan elevada como la referida en el estudio previo. En un
estudio multicéntrico europeo se observó que a los cinco años la mortalidad fue del 15
por ciento (20 por ciento entre los que continuaba la replicación y 10 por ciento en los
que no). El 20 por ciento había presentado complicaciones (ascitis, encefalopatía o
hemorragia por varices) (30 por ciento en los replicativos) y el 8 por ciento había
desarrollado hepatocarcinoma (20). En otro estudio chino la incidencia de hepatocarcinoma
fue del 15 por ciento (21) y en ninguno se relacionó con la presencia o no de
replicación.
Tratamiento
Medidas generales
Como se ha comentado, gran parte de los
pacientes están asintomáticos o presentan síntomas poco importantes, pero en cambio,
con frecuencia están angustiados por la posible mala evolución de su enfermedad. La
primera actitud del médico será explicar comprensiblemente al paciente su enfermedad
adoptando una actitud positiva y optimista recordándole la posibilidad de no evolución y
las posibilidades terapéuticas actuales y futuras. Se le explicarán las normas más
apropiadas para evitar su posible infectividad. Se recomendará la vacunación a todos los
miembros de la familia que no tengan marcadores de infección B.
Puede hacer una vida normal, en cuanto a actividad y ejercicio. No
es necesario imponer restricciones en la alimentación. Se le puede permitir que tome
alcohol ocasionalmente y en pequeñas cantidades. Puede utilizar los fármacos que
requiera con prescripción facultativa, salvo los inmunosupresores.
Tratamiento
farmacológico
Antes de comenzar cualquier tratamiento
farmacológico se deberá hacer una valoración de la enfermedad determinando
transaminasas, estado replicativo del virus (HBeAg, DNA sérica) anti-HD, anti-VHC,
anticuerpos no órgano específicos y valorar la biopsia realizada para cuantificar su
índice de Knodel y la presencia de HBcAg en los hepatocitos. Aunque se debe hacer siempre
una biopsia hepática, si no hay contraindicación, el tratamiento se fundamentará en el
estado replicativo del virus más que en los hallazgos de la biopsia, pues ésta no deja
de ser una valoración puntual de una enfermedad crónica y que, además, puede cambiar
bruscamente a lo largo del tiempo. Por lo tanto, lo primero será valorar al paciente e
identificar su estado replicativo. Es aconsejable esperar seis meses después de esta
valoración si encontráramos datos sugestivos de una próxima seroconversión
espontánea.
La mayoría de los estudios publicados de tratamiento farmacológico
de la HC B se han realizado en pacientes con enfermedad clínicamente compensada, ALAT
alta, HBeAg+ y DNA+ en suero, lesión hepática activa, HBcAg en hígado y sin enfermedad
intercurrente como HIV, fracaso renal, inmunosupresión, autoinmunidad, etc.
La respuesta completa al tratamiento vendría representada por la
inactividad de la enfermedad con desaparición de todos los marcadores de replicación
incluido el HBsAg y aparición de anti-HBs, así como normalización de las cifras de ALAT
y de la histología. No obstante, esto rara vez se consigue y en todos los estudios la
respuesta al tratamiento viene definida por la pérdida de HBeAg y aparición de anti-HBe,
normalización de las transaminasas, y descenso del DNA vírico a niveles indetectables en
suero por técnica de hibridación. Por otra parte, esta respuesta se halla asociada a una
clara mejoría clínica e histológica.
Las cuatro opciones terapéuticas investigadas han sido los
inmunoestimulantes, los inmunosupresores, los interferones y los análogos de los
nucleósidos
Inmunoestimulantes
Hay datos que hacen creer que una compleja deficiencia de la
respuesta inmune celular permite la persistencia de la infección por el VHB. Por este
motivo, se ensayó el tratamiento con fármacos inmunoestimulantes. Ni el tratamiento con
factor de transferencia obtenido de cultivos de pacientes que habían curado de una
hepatitis aguda, ni la inmunización repetida con BCG han sido eficaces. La
timoestimulina, extracto tímico con acción inmunoestimulante, ha mostrado efectos
beneficiosos en estudios no controlados. La administración de timosina también parece
eficaz al disminuir 30 a 1.000 veces la DNA en suero en modelos animales, pero no hay
estudios controlados en humanos. Otro fármaco utilizado ha sido el levamisole, un
antihelmíntico con propiedades inmunomoduladores, que aunque parece eficaz, debe ser
demostrado en más estudios.
Inmunosupresores
Los síntomas de hepatitis son producidos por la respuesta
inflamatoria. La inhibición del ataque inmune celular a los hepatocitos podría ser
beneficiosa. Por este motivo, se utilizaron los corticoides. Los estudios realizados desde
1981 a 1989 demostraron que los corticoides no sólo no son beneficiosos, sino que son
claramente perjudiciales, al aumentar la replicación viral y la mortalidad de estos
pacientes. No hay ninguna evidencia a favor de su uso.
Interferones
Generalidades
Los interferones son proteínas producidas por
células nucleadas como respuesta precoz a la infección por virus y también juegan un
papel importante en la inmunidad frente a tumores e infecciones por protozoos y bacterias.
Se han descrito tres tipos de interferones producidos por diferentes poblaciones celulares
con diferencias estructurales bioquímicas y antigénicas.
Los alfa interferones se producen en los monocitos y líneas
celulares B transformadas como respuesta a estímulos antigénicos y víricos. Están
codificadas por sus correspondientes genes situados en el cromosoma 9. Las proteínas son
heterogéneas con un peso molecular de 16-27 Kd, dependiendo de la extensión de la
glicosilación. Tienen 165 ó 166 aminoácidos, siendo estables a Ph ácido. Cada
interferón alfa presenta diferente actividad anti viral e inmunomoduladora.
El interferón Beta es producido por linfoblastos y es una única
proteína codificada por un gen localizado en el cromosoma 9. Tiene un peso molecular de
20 Kd y 166 aminoácidos y es estable a ph ácido. Se induce por poliribonucleotidos y RNA
de doble cadena y virus. Muchos de los inductores del interferón Beta inducen el Alfa.
Ambos tienen gran analogía en sus genes pero no con el interferón gamma. Los receptores
alfa y beta son comunes y esta proteína está codificada por un gen localizado en el
cromosoma 21. Estos receptores están en una amplia gama de células humanas y su densidad
es aproximadamente de 2 a 6 mil por célula.
El interferón gamma tiene más efecto inmunomodulador que
antivírico, y no es eficaz en el tratamiento de la HC B.
Acción antivírica del interferón
Los interferones actúan indirectamente a
través de las células susceptibles a los virus para producir su acción antiviral. Se
une a los receptores específicos resultando en señalización trasmembrana y síntesis
proteica. Las proteínas producidas realizan las acciones biológicas del interferón. Hay
más de dos docenas de proteínas producidas por el interferón, pero su mayor actividad
antiviral parece ser afectando la traslación del genoma viral en las proteínas
específicas del virus. Los mecanismos mejor conocidos de su acción antiviral son la
protein-kinasa, la 2`-5`oligoadenil sintetasa y las proteínas MX.
El sistema 2`- 5`oligoadenilato sintetasa (2`5` OAS) consta de tres
vías enzimáticas. La 2`5`OAS cataliza la producción de 2`5`oligonucleotidos (2`5`A)
desde el ATP, una endoribonucleasa (RNaseL) que es activada por la 2`5`A y una
fosfodiesterasa que resulta de la hidrólisis de los 2`5`A. La unión del IFN a sus
receptores origina un rápido incremento del mRNA para 2`5`OAS seguido de su traslación.
En presencia de dsRNA, la 2`5`OAS es activada y cataliza la conversión de ATP a 2`5`A,
que activa una endoribonucleasa latente que rompe ambos RNA mensajeros y ribosómicos
inhibiendo la replicación viral. Después de administrar IFN alfa, se detecta un aumento
de 2`5`OAS en cels mononucleares periféricas durante 72 horas, mucho más tiempo del que
se detecta el IFN administrado. La proteina kinasa inducida por el IFN es sintetizada en
una forma inactiva y activada en presencia de dsRNA. Cuando se activa induce kinasa que
interfiere la síntesis de proteínas virales por fosforilación de las unidades de
iniciación. Se han encontrado proteinas Mx en la mayoría de los vertebrados, aunque las
más estudiadas son las del ratón, rata y humanos. En ratón se han identificado dos
proteinas Mx denominadas Mx1 y Mx2. La proteina Mx1 se acumula en el núcleo celular y es
la que presenta actividad antiviral. Las humanas se denominan: MxA similar a la Mx1, que
es la que tiene actividad antiviral y se acumula en el citoplasma y la MxB no funcional.
Parecen tener un efecto antiviral intrínseco aunque no se conoce el mecanismo de forma
precisa. La MxA inhibe la transcripción del virus del sarampión en células de
glioblastoma humanas. Recientemente, se ha publicado que las células mononucleares de
sangre periférica de pacientes con HC B producen menos cantidad de MxA, lo que parece
deberse a menor estimulo interferónico y no a un defecto primario.
Además, los IFNs tienen otros efectos antivirales,
inmunoreguladores (expresión de HLA-I), activación de macrófagos, regulación de
linfocitos T citotóxicos, natural killer e inducción de citocinas. Tienen, además,
efectos sobre la membrana pudiendo influenciar en la maduración y suelta de viriones. El
interferón utilizado en el tratamiento de la HC B es el interferón alfa, del que
actualmente se dispone de tres preparados, dos recombinantes (2b y 2a) y uno
linfoblastoide.
Farmacocinética
La administración subcutánea o intramuscular
del IFN origina curvas similares de concentración plasmática y una área de curva
superior a la administración intravenosa. El pico medio máximo es a las 7-8 horas (50
IU/ml). La vida media es de 2-3 horas y la concentración sérica es indetectable a las
16-18 horas. Se aclara a nivel renal. Después de filtrado se reabsorbe el 90 por ciento a
nivel tubular y es metabolizado en los lisosomas de las células del túbulo renal
proximal.
Efectos secundarios
La administración sistémica del IFN está
asociada a efectos adversos. Podemos diferenciarlos en precoces y tardíos (después de
dos semanas). Entre los precoces el más frecuente es la aparición de un síndrome
pseudo-gripal (fiebre, mialgias, cefalea, dolores musculares) que aparece unas tres,
cuatro horas después de su inyección, alcanza el máximo a las 6-7 horas y desaparece en
16-18 horas. Se aminora con la toma de paracetamol (650-1300 mgrs); también aparecen con
frecuencia nauseas, anorexia, diarrea y cefalea. Se suele desarrollar taquifilaxia y estos
síntomas disminuyen o desaparecen a los 10-15 días de comenzar el tratamiento, aunque
puede persistir, en casi el 10 por ciento de los pacientes, durante todo el tratamiento y
a veces obligan a interrumpir el tratamiento. Entre los tardíos están dolores
musculares, óseos, astenia, leve anorexia, pérdida leve de peso, irritabilidad y caída
de cabello. Más raro y más grave es la aparición de depresión (< 5 por ciento), que
obliga a suspender el tratamiento. Produce también efectos hematológicos, al ser
mielosupresor, con neutropenia y plaquetopenia y menos frecuente anemia. Se han descrito
la aparición de fenómenos autoinmunes como anticuerpos anti-tejido (AAN, AML,) y menos
frecuentes anti eritrocitos, anticonductos pancreáticos y túbulos renales. Una
complicación posible es el desarrollo de tiroiditis que rara vez ocasiona hipotiroidismo
residual. Igualmente descienden las cifras de estrógenos y progesterona en mujeres y de
testosterona en varones sin afectar la FSH, LH o prolactina. Puede exacerbar diabetes
previamente conocidas o descompensar diabetes desconocidas previamente.
Pauta de tratamiento
Todos los alfa IFN son igual de eficaces. El
IFN beta parece eficaz por vía intravenosa, pues por vía subcutánea o intramuscular no
alcanza niveles detectables en suero. La dosis ideal de alfa IFN y la duración del
tratamiento no han sido establecidas con precisión. Los mejores resultados son los
obtenidos con dosis moderadamente elevadas, de 5 MU día o 10 MU tres /por semana. durante
períodos de cuatro a seis meses. Se ignora si la prolongación del tratamiento puede
producir efectos mayores.
Eficacia a corto plazo
Los estudios que evalúan la respuesta al INF
muestran :
1- Si la enfermedad está poco activa o en fase de relativa inmuno
tolerancia: DNA mayor de 200 pcgr/ml, GPT menor de dos veces los valores normales, y
lesión histológica poco activa, el índice respuesta es igual en los controles que en
los pacientes tratados.
2- En pacientes con enfermedad activa: transaminasas altas DNA menor
de 100 pcgr/ml y lesión hepática activa (índice de Knodel superior a 7), el índice de
respuesta en los pacientes tratados (35-40 por ciento) es significativamente superior a
los controles.
3- Los pacientes que responden suelen mostrar un patrón de
respuesta "clásico", caracterizado por elevación de transaminasas a partir de
la octava semana de tratamiento y normalización lenta, a veces después de finalizarlo,
negativización del DNA en tres meses y del HBeAg en cinco meses.
4- No está indicado un segundo ciclo en los pacientes que no
responden.
5- Las variables clínicas asociadas a mayor probabilidad de
respuesta son: HBeAg+, sexo femenino, historia de hepatitis aguda al comienzo de la
infección, presencia de lesión hepática severa y activa, escaso HBcAg en el núcleo de
los hepatocitos, DNA menor de 100 pcg/ml, transaminasas altas, HIV.
Eficacia a largo plazo
La reactivación de la enfermedad ocurre en un
5-10 por ciento de los pacientes que responden (seroconvierten e/ anti e y negativizan el
DNA). La recidiva ocurre normalmente durante el primer año después de finalizar el
tratamiento. Estos pacientes responden a un segundo ciclo de tratamiento. En el resto, la
respuesta es de larga duración, más de siete años. El aclaramiento del HBsAg entre los
respondedores es más alto (65 por ciento en un seguimiento de 4 años) que entre los que
seroconvierten espontáneamente. En estos pacientes desaparece el DNA incluso por PCR en
suero aunque persiste en parte de ellos en el parénquima hepático. El encontrar también
formas intermedias de RNA, sugiere que una mínima replicación se mantiene. En biopsias
realizadas tres o cuatro años después de la seroconversión se observa clara mejoría
histológica con parénquima normal o inactividad histológica.
La administración exógena de interferón puede ocasionar la
aparición de anticuerpos tanto "unidores" que no bloquean su acción "in
vivo", como " neutralizantes". Los neutralizantes se unen a epitopes
relacionadas con el reconocimiento del IFN por sus receptores celulares o interfieren su
unión a los receptores e inhiben su acción " in vivo". La frecuencia de
aparición de anticuerpos neutralizantes es distinto con los diferentes IFNs. alfa. El IFN
linfoblastoide (< 3 por ciento) es el que menos frecuentemente los produce, mientras el
2b los produce en el 7 por ciento de los casos y el 2a en el 20 por ciento (30).
Subgrupos especiales
a) Tratamiento de la H.C.B Anti-HBe +.
La hepatitis crónica con anti-HBe+ y DNA positivo y transaminasas
altas casi siempre se asocia a infección por la cepa e-minus. Hay menos estudios sobre
este grupo de pacientes. Se debe tratar con la misma dosis, el tiempo de tratamiento será
de seis a nueve meses y aunque el índice de respuesta es alto hay también un alto
índice de recaída.
b) Pacientes con cirrosis compensada con DNA positiva.
Si no presentan hiperesplenismo o tienen plaquetas superiores a
80.000 se pueden tratar como una hepatitis HBeAg positiva, aunque los controles serán
más frecuentes.
c) Pacientes con cirrosis descompensada con DNA positiva.
El tratamiento con IFN se ha demostrado capaz de inhibir la
replicación de virus pero su utilidad no está demostrada. Es lícito tratarles si se
plantea el trasplante hepático, si no se fuera a trasplantar el tratamiento no está
justificado.
Asociación de prednisona con
interferón
Se han publicado algunos ensayos asociando
prednisona más IFN. Primero se suministra prednisona en dosis decrecientes comenzando por
60 mgrs/día durante dos semanas y descendiendo a 40, 30 20 10 y 5 cada dos semanas. Otra
pauta es dar 60 mgrs/día durante dos semanas, bajar a 40 mgrs/día dos semanas, luego a
20mgrs/día dos semanas. Dos semanas después se administra IFN en dosis de 5
millones/día durante 16 semanas. Los resultados no han sido muy diferentes del uso de IFN
solo. Un reciente metaanálisis analiza siete estudios controlados y la conclusión es que
el uso de corticoides previo al uso del IFN no produjo ningún incremento significativo en
la eficacia comparado con el uso del interferón solo, salvo en el subgrupo de pacientes
con cifras de transaminasas menores de 100 U/ml, en que sí aumentó el índice de
seroconversión. El efecto del IFN comparado con los grupos control demuestra que el IFN
es claramente eficaz.
Análogos de nucleósidos
Ganciclovir
El ganciclovir es un nucleósido acíclico
análogo de la guanina. Se fosforila intracelularmente a monofosfato por una acción
mediada por un enzima inducido por el virus, por lo que se forma más monofosfato en las
células portadoras de virus que en las normales. Posteriormente, las enzimas celulares
originan di y trifosfatos. Es un inhibidor competitivo del trifosfato de deoxyl-guanosina
e impide su incorporación al DNA normal. Inhibe al virus más que a la DNA celular. Se ha
utilizado en dosis de 5 a 10 mg/kilodía por vía intravenosa en duraciones de tiempo
variable entre 3 semanas y tres meses. Fundamentalmente, se ha utilizado en pacientes con
trasplante hepático y recidiva por virus B. Produce una reducción importante del DNA del
virus B sérico, así como reducción del DNA episomal intracelular, pero no origina
disminución de antígenos virales intracelulares y prácticamente siempre hay una
reactivación de la lesión y un brote de la enfermedad al retirar el fármaco. Por otra
parte, en los escasos estudios realizados no se demuestra una clara mejoría histológica,
pero parece que permite la estabilización clínica e, incluso, la mejora de supervivencia
en pacientes con hepatitis colestásica fibrosante. Los problemas mayores que tiene el
ganciclovir es que es un virostático que no afecta a la síntesis de ccc DNA (DNA
circular covalentemente cerrado), y esto permite el retorno de todas las formas de DNA del
virus de la Hepatitis B al suprimir la terapeútica. Por otra parte, tampoco inhibe la
síntesis de las proteínas Pre S y S y no disminuye el número de células infectadas. El
Ganciclovir es relativamente tóxico, produciendo mielosupresión y pudiendo, a veces,
afectar al sistema nervioso central, con síntomas que van desde cefalea a convulsiones y
coma. No hay estudios con ganciclovir en forma oral y actualmente no está autorizado su
uso en pacientes con Hepatitis crónica B, salvo en los casos reseñados de pacientes
trasplantados con formas muy graves como hepatitis colestásica fibrosante.
Famciclovir
El famciclovir es el diacetil éster del
penciclovir. Es decir, el penciclovir es el producto activo. Para actuar, el penciclovir
se fosforila por medio de la timidin quinasa, alcanzando niveles intracelulares muy altas,
donde persiste entre 7 y 20 horas. El penciclovir trifosfato es un inhibidor de la DNA
polimerasa. Realmente, no es un obligado terminador de cadena, pero inhibe la elongación
del DNA del virus B. Es activo en cualquier célula humana que lo transforme. El
famciclovir está comercializado y su nombre clínico es Famvir y se utiliza para el
tratamiento del herpes simple en el que es uno de los fármacos más eficaces. Tiene la
gran ventaja de que no tiene ninguna toxicidad conocida. Se ha utilizado fundamentalmente
en pacientes con cirrosis, virus B positivo y Hepatitis crónica activa previos al
trasplante, demostrándose en ellos una reducción llamativa del DNA en el 100 por cien de
los casos aunque sólo en el 25 por ciento esta reducción llegó a dar negativa la
determinación de DNA por técnicas de hibridación. (Singh N y colaboradores).
Transplantation 1997; 63: 1415, 1419.
Igualmente, se ha utilizado en estudios en recurrencia
post-transplante donde produce reducción del DNA en tres cuartas partes de los pacientes,
llegando con el paso del tiempo a negativizar el DNA en casi la mitad de ellos. Produjo
normalización de las transaminasas en la mitad, y el problema es que se origina con mucha
frecuencia mutaciones semejantes a las de la Lamivudina (Kruger M. Liver trasplantation
Surgery. 1996; 2:253, 262.)
El problema mayor del famciclovir es la presencia de mutaciones en
el virus que le hace resistente al fármaco. Estas mutaciones ocurren a nivel de la
transcriptasa reversa. Las dos más estudiadas son la mutación F 501 L en el cual se
produce un cambio de Fenilalalina a Leucina en el aminoácido 501 y la mutación L 515 M,
en el cual hay un cambio de Aleucina meteonina en el aminácido 515. Estas mutaciones
originan virus que tienen menos capacidad replicativa en células transfectadas de
hepatocarcinoma, pero que no está demostrado que sean menos lesivas para el organismo.
(Melegari M. Hepatology 1998; 27: 628, 633.)
Lamivudina
La lamivudina es un antiómero negativo de una
mezcla racémica del nucleótido citoxina, dotado de una potente actividad inhibitoria in
vitro frente al virus B y al virus de la inmunodeficiencia humana. Para actuar se
fosforila intracelularmente a trifosfato e inhibe la transcriptasa reversa del virus. Es
un terminador de la cadena del DNA naciente. No influencia el metabolismo de los
nucleósidos normales. Es poco inhibidora de las polimerasas de mamíferos, ni pasa la
barrera de la mitocondria, por lo que tampoco inhibe a la polimerasa mitocondrial. Tiene
baja toxicidad para las células periféricas, médula, sistema nervioso central y aparato
cardiorespiratorio. Un estudio de Dienstag en pacientes con Hepatitis B y publicado en el
N. Engl. J. Med. en 1995, trató 32 pacientes, 17 de ellos previamente tratados con
Interferón y sin respuesta. Los 32 eran DNA y HBeAg positivos. Utilizó 3 dosis de
tratamiento: 25, 100 y 300 mg/día por 12 semanas. El DNA se hizo indetectable en el 70
por ciento de los que utilizaron 25 mg. y en el 100 por ciento de los pacientes que
recibieron 100 y 300 mg., aunque la mayoría recayó al finalizar el tratamiento. No
obstante, hubo una respuesta sostenida en 6, lo que supone un 27 por ciento de los
pacientes que habían recibido 100 y 300 mg, con desaparición de HBeAg en 4 de los 22. En
algún caso se produjeron elevaciones transitorias de la lipasa y la CPK. Posteriormente,
se han realizado múltiples estudios con dosis de 100 mg/días, primeramente con pacientes
cara al transplante hepático y posteriormente en pacientes con hepatitis crónica, tanto
HBeAg positivo en los que se encuentra más del 96 por ciento de respuesta virológica con
caída del DNA a niveles indetectables por hibridación, y una normalización de las
cifras de transaminasas cercanas al 90 por ciento en tratamientos de 1 año de duración,
con mejoría histológica. El problema es que en el 14 por ciento de los casos se produjo
mutación en el primer año con resistencia a la lamivudina. En los estudios realizados en
pacientes HBeAg negativo, Anti HBe positivo se ha encontrado entre un 60 y un 70 por
ciento de negativización de la DNA y normalización de las transaminasas a los 6 meses y
al año de tratamiento. Igualmente, los pacientes con cirrosis descompensada responden al
tratamiento normalizando las cifras de transaminasas, o al menos reduciéndolas
llamativamente, disminución de la replicación hasta hacerse indetectable el DNA por
hibridación, y produciéndose una mejora en el estado clínico del paciente con
disminución en la gradación de Child. Los problemas que plantea el tratamiento con
lamivudina son en primer lugar, la duración necesaria del tratamiento, dado que la
recidiva es muy frecuente en tratamientos menores de 1 año e, incluso, en tratamientos
superiores a este tiempo. Esto se debe a que al ser un virostático, realmente para
suprimir todos los virus del hígado haría falta como mínimo un tratamiento superior a
dos años. Actualmente, en la hepatitis crónica se establece en un año y en la cirrosis
antes del trasplante o posterior al TH en 5 años. El segundo problema es la aparición de
mutaciones, durante el tratamiento a largo plazo. Esos virus resistentes a lamivudina
contienen mutaciones M552I o M552V en el grupo Tyr, Met. Asp, Asp (YMDD mofit) de la
Polimerasa, que se considera una parte esencial de la transcriptasa inversa del virus,
(sustitución de Metionina por Isoleucina o Valina). Otras mutaciones afectan a
sustituciones de leucina por fenilalanina. Estas mutantes son resistentes a la lamivudina
y con frecuencia los pacientes desarrollan nuevamente enfermedad al aparecer las mutante.
Algún estudio ha demostrado que cuando se retira la lamivudina reaparece la cepa salvaje
y que en estos casos se puede reintroducir nuevamente la lamivudina, aunque son escasos
los datos a este respecto. Las mutaciones aparecen con bastante frecuencia,
aproximadamente, un 15 por ciento al año y un 34 por ciento a los dos años, porcentaje
que se incrementa con el paso del tiempo.
Actualmente, está comercializada para tratamiento de la hepatitis B
con el nombre de Zeffix. La indicación de lamivudina debe ser pacientes HbeAg positivos,
DNA positivos con lesión hepática demostrada por biopsia, en los que esté
contraindicado el IFN o no respondan a este. En casos de pacientes con Hepatitis crónica
B DNA VHB positivo, anti-Hbe positivo y con lesión hepática y fibrosis, o en cirrosis
activa o previo al trasplante hepático.
Lobucavir
Análogo del nucleósido de guanosina, se
trifosfata por quinasas celulares y víricas. Tiene buena tolerancia y buena
biodisponibilidad, pero el problema es que se ha demostrado un oncogénico a dosis alta en
animales de experimentación, por lo que han sido paradas las investigaciones con este
fármaco.
Adefovir
El adefovir es un análogo de mononucleósido
fosfono-metil-eter (PMAE), cuyo metabolito, el difosfato PMEA es el activo, siendo un
inhibidor competitivo de la ATP frente a la DNA polimerasa vírica. Es un fármaco con una
buena biodisponibilidad que se utiliza en dosis de 30 mg/día. Actualmente, hay múltiples
estudios en fase II. Con tratamientos de 3 meses se consigue un descenso en el DNA de más
del 99,7 por ciento en un 95 por ciento de los casos. Frecuentemente, se sigue de
desaparición del antígeno E en los casos positivos y aparición del Anti E. Es también
efectivo en Hepatitis B anti-Hbe positivo.La característica fundamental de este fármaco
es que parece tener un efecto adictivo a la Lamivudina in vitro y por otra parte, y lo
más importante, es que las cepas resistentes a la lamivudina parecen sensibles al
adefovir.
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