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PROGRAMA ANUAL 2001-2002
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

Anemia

Anemia en el embarazo

El embarazo supone un desafío mayor para los recursos hematológicos del organismo de la mujer y requiere una doble enfoque de atención, hacia el niño y a la madre, para poder reconocer y tratar cualquier complicación surgida en este estado.

En el embarazo se producen ciertas modificaciones fisiológicas que se acompañan de cambios en los parámetros hematológicos normales, también aumentan algunos requerimientos nutricionales, desarrollando frecuentemente, si no se previenen, anemias carenciales; pueden aparecer entidades patológicas específicas de este estado, que se acompañan de anemia y cualquier antecedente anémico que presente, tendrá como consecuencia un empeoramiento.

Se produce un aumento del volumen sanguíneo consistente en un aumento de volumen plasmático entre un 40-60 por ciento, que es aproximadamente el doble del simultaneo aumento de la masa eritrocitaria (20-50 por ciento), lo que resulta en una caída del hematocrito a un 30-32 por ciento y un descenso en el rango bajo de normalidad de hasta un 10 por ciento, en la cifra de hemoglobina, equivalente a una cifra de 10.4 gr., límite indicativo de una verdadera anemia. Esta "anemia dilucional" o "hidremia" empieza a producirse a partir de la sexta semana; alcanza su valor máximo en la 24 semana y a veces algo más tarde, estabilizándose posteriormente hasta el puerperio y retornando a la normalidad entre la primera y tercera semana después del parto. La morfología permanece normocítica y normocrómica. El mecanismo que produce estos cambios no es bien conocido; factores hormonales han sido demostrados en ratones.

Este aumento de volumen sanguíneo (ver Tabla XLVIII) que ocurre en la madre, requiere para poderse producir, un aumento en los requerimientos nutricionales y sirve para poder compensar al aumento metabólico y de necesidades de perfusión de la unidad fetoplacentaria, así como para poder compensar la pérdida sanguínea que ocurrirá posteriormente durante el parto.

Tabla XLVIII
Cambios en el volumen plasmático y masa eritrocítica durante el embarazo

        

  

 

No embarazo

SEMANAS DE EMBARAZO

20

30

40

Volumen plasmático (ml)

2566

3150

3750

3850

Masa celular eritroide (ml)

1367

1450

1550

1650

Volumen sanguíneo (ml)

4000

4600

5300

5500

Hematocrito corporal (%)

35.0

32.0

29.0

30.0

Hematocrito venoso (%)

39.8

36.4

33.0

34.1

Hemoglobina (g/ml)

12.5

10.5

10.8

11.9

La anemia que aparece durante el embarazo es, la mayor parte de las veces, hiporregenerativa y atribuible a una deficiencia de hierro, folatos, o de ambos. El hierro necesario durante el proceso es aproximadamente de 4 mg de hierro absorbido cada día o un total de 1.000 mg. Esta cantidad es mayor que los 500 mg presentes en los depósitos de la mayoría de las mujeres y por ello un estado deficiente en hierro con nivel de ferritina baja, ocurre frecuentemente en la madre. La dosis profiláctica requerida es de 30 mg/día de sulfato ferroso. En el caso de tratamiento, se describe ampliamente en el capítulo dedicado a la anemia ferropénica.

Una deficiencia en folatos también puede complicar el embarazo por el mismo mecanismo anterior, ya que también, se encuentran aumentadas las necesidades de este cofactor esencial para la síntesis de ácidos nucleicos, pudiendo producir su déficit, además de anemia en la madre, defectos del tubo neural y fisura del paladar en el feto. Un aumento de incidencia de otras alteraciones como abruptio placentae, bajo peso y otras malformaciones ha sido sugerido, pero no demostrado. Las reservas del organismo de esta vitamina son pequeñas y de corta duración; además, las nauseas y vómitos que frecuentemente ocurre, puede disminuir su consumo diario. La anemia, que se manifiesta generalmente en el tercer trimestre o en el puerperio inmediato, es macrocítica y puede asociarse pancitopenia, pero frecuentemente el aumento del VCM puede estar enmascarado cuando existe una ferropenia asociada. En este déficit combinado pueden, por tanto, encontrarse unos índices normocíticos, pero en frotis se siguen encontrando los hallazgos típicos de hematíes dismórficos e hipergranulación de los neutrófilos, que indican una hematopoyésis megaloblástica. Su incidencia es muy variable, dependiendo del área que se trate y en España, aunque no hay estudios de suficiente entidad, los aportes vitamínicos que habitualmente reciben, hoy día las mujeres embarazadas, son suficientes para completar sus necesidades. La dosis profiláctica mínima durante el embarazo debe ser de 800 mcg/día. En caso de antecedentes de embarazo con defectos del tubo neural o historia familiar con estos defectos, se debe aumentar a 4 mg, empezando 4 semanas antes de la concepción y continuando, al menos, durante el primer trimestre.

El déficit de B12 es una rareza, ya que esta vitamina tiene mayores depósitos y por tanto su déficit tardaría más de nueve meses en producirse. La existencia de anemia megaloblástica obligaría a descartar otro factor etiológico como causante de ella.

Otras anemias asociadas a embarazo son rarezas; se han descrito varios casos de aplasia medular aparecidas en el embarazo que se normalizan posteriormente y recidivan en otro embarazo; así como, algún caso de eritroblastopenia con similar comportamiento.

Por último, recordar que algunas anemias congénitas pueden haber pasado desapercibidas, al haber estado compensadas y ser diagnosticadas durante el embarazo.

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