PATOLOGÍA
INFECCIOSA EN ATENCIÓN PRIMARIA.
Infecciones del
tracto respiratorio superior
Son las infecciones más frecuentes. Están causadas
por una gran variedad de virus y las bacterias, en muchas ocasiones, causan complicaciones
secundarias, aunque también pueden producir infecciones primarias. Un problema importante
es que estas infecciones carecen de tests diagnósticos o cuando existen son de difícil
acceso en la consulta de Atención Primaria. En este capítulo vamos a contemplar una
serie de infecciones, clasificándolas según el aparato afectado, describiendo la
etiología más frecuente y en base a ello realizar unas recomendaciones de tratamiento
empírico.
Rinitis
Etiología: Los rhinovirus son los agentes que con más
frecuencia causan la rinitis aguda o resfriado común. Se propagan mejor a temperaturas
bajas y por esto afectan a las zonas con menor temperatura del tracto respiratorio
superior. Hay otros virus que también pueden causar esta enfermedad como los virus
influenzae y parainfluenzae y el virus respiratorio sincitial. Una mínima parte de las
rinitis es de origen bacteriano, habiéndose implicado Mycoplasma pneumoniae, Chlamydia
pneumoniae, H. influenzae y S. pneumoniae.
Los virus son capaces de permanecer en las secreciones
respiratorias de las personas infectadas durante días, produciéndose la propagación a
través de la tos o el estornudo y también por contacto directo o indirecto con las
secreciones.
Manifestaciones clínicas: El período de incubación es de
2-3 días. Suele comenzar con una sensación de picor nasal y posteriormente estornudos y
rinorrea no purulenta. La primera complicación es la sensación de ocupación y
obstrucción nasal. Aproximadamente, el 50 por ciento de los pacientes tendrán dolor y
eritema faríngeo. Un 30 por ciento tendrán tos pero con auscultación pulmonar normal.
Puede aparecer cefalea sobre todo en pacientes con fiebre elevada, que no suele ser mayor
de 38ºC. Los síntomas se resuelven espontáneamente en 5-7 días, aunque es habitual que
la tos pueda permanecer por un período mayor de tiempo. Las complicaciones bacterianas
afectan tan solo al 1-5 por ciento de los pacientes y son más frecuentes entre los que
tienen disminuidas las defensas contra infecciones bacterianas. Estas complicaciones
afectan a los senos paranasales, oído medio y bronquios.
Diagnóstico: Generalmente es clínico. El diagnóstico
microbiológico se basa en el aislamiento de los virus implicados en secreciones nasales o
respiratorias, pero el coste es elevado y no está al alcance de todos los laboratorios.
Tan sólo se recomienda realizarlo en brotes hospitalarios o extrahospitalarios.
Tratamiento: Es sintomático empleando antiinflamatorios,
vasoconstrictores nasales (no más de 5 días para evitar la habituación),
antitusígenos, antihistaminicos, humidificación del ambiente,
No deben emplearse antimicrobianos salvo en los casos
excepcionales en los que exista una complicación bacteriana secundaria.
No existe un método para realizar una prevención eficaz, ya
que los rhinovirus responsables pertenecen a múltiples serotipos.
Sinusitis
El espectro clínico es muy variado, desde inflamación de
senos paranasales por extensión de un resfriado común a una sinusitis aguda bacteriana o
crónica en relación con anomalías anatómicas, alteración de la inmunidad y alergias.
Etiología: La sinusitis aguda se produce, en la mayoría de
las ocasiones, como una complicación de una infección vírica de las vías respiratorias
altas. La mucosa nasal habitualmente está colonizada por su flora bacteriana habitual,
ésta invade los senos paranasales, que son cavidades habitualmente estériles, se produce
una obstrucción del drenaje de los senos favoreciéndose el sobrecrecimiento bacteriano.
En series donde se ha realizado punción aspiración del seno
afectado, se ha obtenido algún aislado bacteriano en un 60 por ciento de los casos. De
estos casos con cultivo bacteriano positivo el 75 por ciento correspondían a S.
pneumoniae y H. influenzae. M. catarrhalis, anaerobios, otros estreptococos y S. aureus
fueron detectados tan sólo en un 10 por ciento de los pacientes. Hay que tener en cuenta
que esta flora microbiana cambia en pacientes que llevan tiempo hospitalizados y en
pacientes inmunosuprimidos donde los microorganismos más frecuentes son bacilos Gram
negativos (enterobacterias, como E.coli, o P. aeruginosa) y hongos como Aspergillus sp.,
Mucor sp o Candida sp. juegan un papel importante.
Manifestaciones clínicas: El síntoma más típico y que no
suele faltar es la rinorrea mucopurulenta o purulenta o drenaje purulento postnasal. Esta
sintomatología suele ir acompañada de obstrucción nasal, fiebre, cefalea o molestias
faciales. En la exploración puede encontrarse halitosis y tumefación sobre los senos
maxilares o frontales, si son éstos los afectados. Si existe tumefación o dolor
periorbitario o alteración de los movimientos oculares hay que sospechar que la
infección se ha extendido a la órbita. Si la cefalea aumenta y aparece alteración del
nivel de consciencia o focalidad neurológica hay que sospechar meningitis, absceso
cerebral o trombosis.
Diagnóstico: Cuando la sinusitis es no complicada se basa en
los datos clínicos y hallazgos radiológicos: radiología simple en caso de sinusitis
frontal o maxilar y TAC o RNM en caso de sinusitis etmoidal o esfenoidal. No debe
realizarse cultivo de las secreciones nasales, ya que se contaminan por la flora normal
existente a ese nivel y no sirve para el diagnóstico. En la mayoría de las ocasiones se
va a instaurar un tratamiento antimicrobiano empírico y si no se obtiene respuesta
clínica está indicado realizar punción aspiración de los senos, especialmente en
pacientes que han tenido una hospitalización prolongada o en inmunosuprimidos. Ante
cualquier dato que indique que existe una sinusitis complicada debe enviarse al paciente
al hospital.
Tratamiento: Debe ir dirigido contra los microorganismos más
frecuentemente implicados teniendo en cuenta la resistencia antimicrobiana existente. En
España existe una resistencia a penicilina de S. pneumoniae del 30-50 por ciento y en el
caso de H. influenzae un 25 por ciento a ampicilina por producción de b-lactamasas. La
resistencia a S. pneumoniae es alta, pero se ha demostrado que la mayoría de estas cepas
tienen lo que se llama una sensibilidad disminuida, es decir, son parcialmente resistentes
a penicilina y responden bien al tratamiento con ésta, especialmente en infecciones no
complicadas. La duración del tratamiento no debe ser menor a 10-14 días. Según esto,
sigue vigente el tratamiento con penicilinas o cefalosporinas como primera elección:
ß Amoxicilina / ac.clavulánico: 875 / 125 mg cada 8-12
horas.
ß Cefuroxima acetilo: 500 mg cada 12 horas.
ß En alérgicos a penicilinas: Eritromicina 500 mg cada 8
horas, azitromicina 500 mg al día o claritromicina 500 mg cada 12 horas.
Faringitis o faringoamigdalitis
El dolor de garganta es uno de los síntomas más frecuentes
en la consulta de Atención Primaria.
Etiología: En general los virus respiratorios son los
microorganismos más habitualmente productores de faringitis. Otros virus menos frecuentes
son una primoinfección por virus herpes simplex con estomatitis vesicular y el virus
Epstein-Barr que produce una odinofagia intensa en el contexto de una mononucleosis
infecciosa. Las bacterias son menos frecuentes que los virus siendo la más importante el
Streptococcus b-hemolítico del grupo A o Streptococcus pyogenes (EGA), que según las
diferentes series puede ser el responsable del 15 al 40 por ciento de las faringitis.
Otras bacterias mucho menos habituales son C. pneumoniae, M pneumoniae, estreptococos del
grupo C o G, N.gonorrhoeae, Arcanobacterium haemolyticum, flora polimicrobiana incluyendo
anaerobios.
Manifestaciones clínicas: Varían según el agente
etiológico aunque en la práctica clínica diaria es muy difícil distinguirla, ya que
hay síntomas que se solapan. La odinofagia y el eritema faríngeo están presentes sea
cual sea el agente etiológico. En las infecciones virales la sintomatología es más leve
que en las infecciones por EGA, excepto en el caso de los adenovirus donde puede existir
linfadenopatía regional y exudado faríngeo con un curso más prolongado de lo habitual.
En ocasiones puede existir neumonía, bronquitis o conjuntivitis. En la infección
primaria por virus herpes simplex es típica la aparición de úlceras con dolor intenso,
adenopatías cervicales y exudado faríngeo. En el virus Epstein-Barr es típica la
aparición de adenopatías cervicales. El cuadro típico de faringitis por EGA consistente
en fiebre elevada con faringitis exudativa importante y adenopatías, tan sólo se
encuentra en 1 de cada 3 casos. En el resto la sintomatología suele ser más leve. Hay
otras bacterias que pueden causar faringitis como Corynebacterium diptheriae, actualmente
esta enfermedad es rara, pero hay que pensar en ella siempre que estemos ante un paciente
no vacunado y que tenga exudado purulento muy adherente. Recientemente se han descrito
brotes de difteria en Rusia y otros países del Este donde la vacunación ha sido
prácticamente inexistente. Si existe faringitis acompañada de tos importante hay que
pensar en C. pneumoniae o M. pneumoniae, sobre todo si existe asociada una neumonía
atípica.
Pueden existir complicaciones importantes fundamentalmente
relacionadas con infecciones bacterianas:
Absceso peritonsilar, retro o parafaríngeo en la
faringoamigdalitis por EGA.
Angina de Vincent o fusoespirilar: se caracteriza
por la presencia de una úlcera necrótica aguda muy dolorosa y con olor fétido que
produce halitosis. La etiología generalmente es polimicrobiana incluyendo anaerobios.
Enfermedad de Lemierre: afectación
retrofaríngea con tromboflebitis yugular. Suele ir acompañada de bacteriemia con
metástasis sépticas pulmonares. El agente etiológico más frecuentemente implicado es
Fusobacterium necrophorum.
Diagnóstico: De todos los agentes etiológicos implicados en
los que el tratamiento es posible, el de más fácil diagnóstico microbiológico es el
EGA. Existen dos métodos para ello: Uno es el cultivo tradicional. Un resultado negativo
descarta la infección por EGA, aunque hasta un 10 por ciento de los pacientes con cultivo
negativo inicial pueden tenerlo positivo si se realiza un nuevo cultivo, pero este
hallazgo suele estar más en relación con el estado de portador que con una infección
aguda. El inconveniente del cultivo, como siempre es su demora, ya que puede darnos la
información en 24 horas, como pronto. Otro es la detección directa de antigenos de EGA.
Se trata de una prueba rápida que tarda unos minutos en darnos la información con una
especificidad >95 por ciento y una sensibilidad menor (75 por ciento). Esto significa
que un resultado negativo no nos descarta que exista este microorganismo, por lo cuál es
bueno realizar a continuación un cultivo, pero un resultado positivo prácticamente es
diagnóstico y no necesitaríamos realizar un cultivo, aunque desde el punto de vista
microbiológico siempre es bueno realizarlo para estudiar las resistencias bacterianas, ya
que aproximadamente un 10 por ciento de los EGA son resistentes a macrólidos. Otras
pruebas que pueden emplear-
se para el diagnóstico es la serología en el caso de la
mononucleosis infecciosa causada por virus de Epstein-Barr. En el caso del virus herpes
simplex la serología no tiene valor y se requiere un cultivo viral. Ante sintomatología
clínica que haga pensar en otros diagnósticos como difteria, C. pneumoniae, M.
pneumoniae o en el caso de existir complicaciones, debería remitirse al paciente al
hospital o contactar con el Servicio de Microbiología Clínica.
Tratamiento: El tratamiento de las faringitis víricas es
sintomático, excepto en el caso del virus herpes simplex cuyo tratamiento es con
aciclovir tras confirmar el diagnóstico.
Vamos a referirnos fundamentalmente a la faringitis causada
por EGA, ya que es el agente bacteriano más frecuente, el que puede confundirse
clínicamente con una faringitis vírica y del que se puede realizar un fácil
diagnóstico en la consulta de Atención Primaria para intentar no "abusar" de
la prescripción de antibióticos. A pesar de todo esto en ocasiones tendremos que pautar
un tratamiento empírico.
Tratamiento empírico: se puede realizar con
amoxicilina asociada o no a ac. Clavulánico, cefalosporinas orales de 1ª ó 2ª
generación como cefuroxima, cefalexina, cefaclor o cefadroxilo o eritromicina o
clindamicina.
Tratamiento de la faringitis aguda por EGA: la
penicilina, en cualquiera de sus formulaciones, sigue siendo el tratamiento de elección:
Penicilina G benzatina (1.200.000 UI im en dosis única), amoxicilina 500 mg-1 g cada 8-12
horas, amoxicilina-ac.clavulánico 500-875/125 mg cada 8-12 horas. En alérgicos a
penicilina se puede emplear eritromicina 500 mg cada 6-8 horas. Cualquier pauta que
elijamos debe prescribirse al menos 7-10 días.
Tratamiento de la infección recurrente por EGA:
se define cuando existe un segundo episodio en un período de tiempo menor a 3 meses.
Suele deberse a un escaso cumplimiento del tratamiento de una infección aguda,
fundamentalmente en cuanto a tiempo. En algunos casos el motivo es una infección mixta
donde existen anaerobios u otros microorganismos productores de b-lactamasas como H.
influenzae. También puede deberse a la proteina F1 o fibronectina del EGA que media la
penetración en las células epiteliales. En estos casos se recomienda emplear
amoxicilina-ac. clavulánico o clindamicina o penicilina asociada a rifampi-
cina o metronidazol.
Tratamiento quirúrgico: se debe considerar si el
número de episodios de faringoamigdalitis por EGA es mayor a cuatro anuales. También
deber considerarse en el caso de que exista abscesos periamigdalino, obstrucción de la
vía aérea,
Epiglotitis, laringitis y laringotraqueitis
Etiología: La laringitis tanto en los adultos como en los
niños suelen ser complicaciones secundarias de una infección viral por virus influenzae,
parainfluenzae o virus respiratorio sincitial. En los niños ocurre en menos de un 5 por
ciento y cuando existe suele ir asociada a infección del tracto respiratorio inferior
como neumonía o bronquitis. Se han descrito casos de cuadros prolongados producidos por
virus herpes simplex o Candida sp. en niños que han precisado tratamiento esteroideo. En
los adultos cuando el episodio dura más de 7 días hay que descartar otras etiologías
como neoplasia o infección por bacterias "atípicas" como M. tuberculosis.
La epiglotitis es una infección aguda que en la mayoría de
los casos está producida por H. influenzae. En este caso la etiología vírica es rara.
En pacientes inmunodeprimidos puede estar causada por virus herpes simplex, Aspergillus
sp. o Candida sp.
Manifestaciones clínicas: La laringotraqueitis es más
típica en los niños pequeños que en los adultos, primero presentan rinorrea y después
de unos pocos días empiezan a tener tos que puede llegar a ser molesta y con un sonido
ronco, más llamativo y frecuente por la noche y acompañado de un estridor inspiratorio.
La epiglotitis afecta a niños mayores a 2 años y adultos,
generalmente varones. El comienzo es más brusco y puede evolucionar a una situación
grave en pocas horas por obstrucción respiratoria. Los síntomas habituales son
odinofagia intensa con disfagia.
Diagnóstico: Generalmente es clínico más signos indirectos
como leucocitosis y signos visibles de edema en tejidos blandos prevertebrales en examenes
radiológicos (Rx. lateral del cuello o TAC). En un 15 por ciento de los casos de
epiglotitis por H. influenzae hay bacteriemia con hemocultivos positivos. No se recomienda
realizar cultivo de exudado de la epiglotis, ya que el valor diagnóstico es escaso y
puede producirse una reacción inflamatoria muy importante llegando a necesitar
intubación, esto se ha observado fundamentalmente en niños.
Tratamiento:
Laringitis o laringotraqueitis: generalmente es
vírica y no precisa tratamiento antimicrobiano, pero como ya hemos comentado existen
casos que se complican con infecciones bacterianas, debiendo valorar según el estado del
paciente si se requiere hospitalización o no, para administrar esteroides,
antibióticos,
Epiglotitis: es un cuadro más severo y rápido
que el anterior, por lo que siempre se debe enviar al paciente al hospital para su
evaluación, ya que en algunos casos puede requerirse intubación para preservar el flujo
de la vía aérea. Dado que el microorganismo más frecuente es H. influenzae el
tratamiento empírico se hará con antimicrobianos intravenosos como
amoxicilina-ac.clavulánico, cefuroxima, ceftriaxona o cefotaxima. En caso de alergia a
beta-lactámicos se pueden emplear quinolonas (ciprofloxacino o levofloxacino). Se debe
valorar la administración de una vacuna frente a H. influenzae tipo b, en el caso de los
niños.
Otitis externa
Etiología: Generalmente producida por P. aeruginosa, aunque
pueden estar implicados otros patógenos como S. aureus o Streptococcus grupo A (S.
pyogenes). Suele estar asociada a una secreción excesiva y un drenaje pobre y defectuoso.
También es frecuente en nadadores. Existe una forma agresiva en pacientes
inmunodeprimidos o diabéticos que es la otitis externa maligna o necrotizante cuyo agente
etiológico más frecuente también es P. aeruginosa.
Manifestaciones clínicas: Dolor y enrojecimiento del canal
externo con drenaje. En ocasiones, esta sintomatología puede, hacerse crónica debido a
una membrana timpánica perforada y con drenaje continuo.
Diagnóstico: Cultivo directamente del exudado del canal
externo.
Tratamiento: Generalmente responde bien a tratamiento
antimicrobiano tópico en gotas. En la otitis externa maligna se deben pautar
antimicrobianos por vía parenteral.
Otitis media
Se debe a la existencia de líquido en el oído medio.
Existen dos síndromes, otitis media aguda con signos y síntomas de infección aguda y
otitis media supurada o crónica que suele cursar sin signos ni síntomas de infección,
se trata de una otomastoiditis con perforación timpánica y posiblemente asociada a
colesteatoma. La etiología suele ser por flora mixta incluyendo anaerobios.
Etiología: Generalmente afecta a niños entre los 6 meses y
3 años como una complicación de una infección de vías respiratorias altas por virus.
Cuando está producida por bacterias la más frecuente es S. pneumoniae, seguido por
Haemophilus influenzae y M. catarrhalis. S. aureus y Streptococcus grupo A (S.pyogenes)
tan sólo están implicados en el 5 por ciento de los casos. En algunos estudios se ha
demostrado que es más frecuente en pacientes con algún tipo de deformidad anatómica o
con proceso alérgico.
Manifestaciones clínicas: Dolor y enrojecimiento del canal
externo con drenaje. En ocasiones, esta sintomatología puede hacerse crónica debido a
una membrana timpánica perforada y con drenaje continuo. Pueden existir manifestaciones
acompañantes como fiebre, cefalea, malestar general, nauseas y vómitos. Cuando existen
estos síntomas es muy importante descartar las complicaciones que pueden existir por
afectación de estructuras adyacentes (mastoiditis, laberintitis y parálisis del nervio
facial) y cavidad craneal (trombosis del seno lateral, meningitis y absceso cerebral). En
cualquier caso puede producir sordera.
Diagnóstico: Visualización de la membrana timpánica con un
otoscopio, que se verá roja, retraída o abombada y con disminución de la movilidad. En
el caso de la otitis media supurada la exploración con el otoscopio va a ser mucho menos
llamativa. El diagnóstico definitivo nos lo dará el cultivo del exudado del oído medio
recogido mediante punción-aspiración o bien el drenaje que exista al hacer una
timpanocentesis. El cultivo recogido con una torunda no es válido, ya que los
microorganismos recogidos van a ser los que están presentes como flora habitual en la
piel y el tracto respiratorio superior.
Tratamiento: Aunque no siempre se trata de infecciones
bacterianas, se recomienda siempre instaurar tratamiento antibiótico de forma precoz para
evitar posteriores complicaciones.
Otitis media aguda: se puede tratar con
b-lactámicos como amoxicilina-ac. clavulánico (500/125 0 875/125 mg cada 8-12 horas) o
cefuroxima axetilo (500 mg cada 12 horas), macrólidos como eritromicina (500 mg cada 8
horas), claritromicina (500 mg cada 12 horas) o azitromicina (500 mg al día) o quinolonas
especialmente levofloxacino (500 mg al día) o moxifloxacino (400 mg al día). La
duración de este tratamiento varía según los episodios previos, sí es el primero y la
respuesta es buena el tratamiento debe durar cinco días, pero sí existen antecedentes de
otitis de repetición o de otitis aguda recurrente el tratamiento debe prolongarse al
menos a 10 días. En casos graves puede requerirse ingreso hospitalario y realizar
tratamiento intravenoso con amoxicilina-ac.clavulánico o una cefalosporina de 3ª
generación como ceftriaxona o cefotaxima, esta última es la indicada ante la sospecha de
meningitis.
Otitis media crónica: al ser un proceso crónico
permite demorar la instauración del tratamiento antibiótico hasta tener un resultado
microbiológico. En general, y al tratarse de flora mixta con anaerobios, el tratamiento
de elección va a ser amoxicilina-ac.clavulánico o en alérgicos, ciprofloxacino más
metronidazol o clindamicina. La duración del tratamiento en este caso no está definida,
puede realizarse continuadamente durante 6 semanas a 3 meses o bien realizar ciclos de 10
días de tratamiento cada 6 semanas durante 3 meses. Esta última opción tiene unos
grandes inconvenientes y el más importante es el posible desarrollo de resistencias
bacterianas.
Tratamiento quirúrgico: la otitis media aguda
puede requerir timpanocentesis o miringotomía si la infección es grave, complicada o
existe otalgia intensa y persistente. En la otitis media crónica con colesteatoma se
requiere limpieza quirúrgica y si los síntomas persisten más de 4 meses se recomienda
la realización de miringotomía con inserción de tubos
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