OBESIDAD
Tratamiento
La obesidad, cuya prevalencia está
aumentado en todo el mundo, es una enfermedad crónica, estigmatizante y costosa, difícil
de tratar y de resultados escasos a largo plazo. En el momento actual, los diferentes
tratamientos disponibles, incluidos los farmacológicos, son paliativos y efectivos sólo
durante el tiempo de realización del mismo, e incluso con los mas eficaces, cuando se
dejan de realizar, la recuperación de peso es inevitable en una gran mayoría de los
pacientes. Debido a que el tratamiento de la obesidad resulta sólo una pérdida de peso
de un 10 por ciento, la mayoría de los pacientes pierden ilusión y los médicos
prefieren tratar la hipertensión, la diabetes y la dislipemia asociadas a la obesidad.
Retrasos en el tratamiento a su vez incrementarán el riesgo de una futura aparición de
diabetes y sus complicaciones, así como de enfermedad cardíaca. La temprana
intervención terapéutica facilitará el alcance del 10 por ciento de pérdida de peso
que, como ha sido ampliamente demostrado, es necesario para conseguir una significante
mejoría en la cormobilidad asociada a la obesidad así como en la calidad de vida de los
pacientes obesos de grados I y II.
El tratamiento de la obesidad debe de ser personalizado y
adaptado a las características clínicas de cada paciente, se debe realizar después de
un minucioso estudio del paciente así como de los factores etiopatogénicos implicados.
Es también importante establecer unos objetivos razonables y realistas, e intentar
mantener la pérdida de peso conseguida el mayor plazo de tiempo posible, objetivos que
deben de ser alcanzados conjuntamente con el paciente, ya que dependiendo del IMC del
paciente a tratar los criterios de intervención terapéutica serán diferentes. La
Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), basado en su clasificación del
sobrepeso y obesidad según el IMC, define los siguientes criterios de intervención
terapéutica más adecuados en el sobrepeso y la obesidad en la población adulta entre 18
y 65 años de edad.
IMC menor de 22 kg/m2
No está justificada ningún tipo de intervención con el fin
de disminuir el peso en personas con este IMC. La intervención en estas personas sería
tan sólo de carácter preventivo y dar consejos de cómo mantener una dieta equilibrada y
una actividad física adecuada.
IMC entre 22 y 24,9 kg/m2
En esta población la disminución de peso no está,
generalmente, justificada. No obstante una excepción justificaría una pequeña
intervención terapéutica, y ésta sería en aquellas personas que ha experimentado un
aumento de peso progresivo de mas de 5 Kg en un periodo inferior a un año, indicando un
peso de mantenimiento inestable y susceptible de incrementar en un tiempo inmediato. En
estos casos la instauración de una dieta ligeramente hipocalórica, con un contenido
limitado en grasas, junto a un incremento en la actividad física, sería la intervención
adecuada.
Sobrepeso grado I con IMC entre 25 y
26,9 kg/m2
Las personas en esta situación deben ser estudiadas por un
clínico con el fin de evaluar el grado de estabilidad del peso corporal, la distribución
topográfica de la grasa, así como la existencia de factores de riesgo cardiovascular
asociados como el tabaquismo, hipertensión arterial, diabetes mellitus y alteraciones en
el perfil lipídico. En caso de una distribución central o androide de la grasa,
inestabilidad en el peso, y la presencia de uno o más factores de riesgo cardiovascular,
la intervención médica es adecuada con la instauración de una dieta, también
ligeramente hipocalórica o bien consejos relativos a una adecuada alimentación,
realización de ejercicio físico y realizar controles clínicos periódicos.
Sobrepeso grado II (preobesidad) con
IMC entre 27 y 29,9 kg/m2
Si la valoración del paciente indica una estabilidad en el
peso corporal, una distribución de la grasa femoroglútea y ausencia de factores de
riesgo asociado, consejos alimentarios, realización de actividad física y control
periódico por el clínico es conveniente. Si la distribución de la grasa es central y la
existencia de factores de riesgo es confirmada, se deberán realizar medidas dietéticas,
aumentar la actividad física e intentar una modificación con el objetivo de conseguir la
pérdida de un 5-10 por ciento del peso corporal, y una vez conseguido el nuevo peso,
mantenerlo estable en el futuro, de manera que si el objetivo propuesto no se ha alcanzado
en un periodo de seis meses, se justificaría la utilización de fármacos.
Obesidad grado I, IMC entre 30 y
34,9 kg/m2
Las comorbilidades aparecidas en esta situación clínica
deben de ser tratadas adecuadamente, un acuerdo común entre médico, paciente y
familiares debe de llevarse a cabo para obtener en un plazo razonable
aproximadamente 6 meses el objetivo de una reducción estable del 10 por ciento del
peso corporal. En esta situación es común la utilización conjunta de regímenes
dietéticos hipocalóricos, aumento de la actividad física, modificación conductual y
tratamiento farmacológico.
Obesidad grado II, IMC entre 35 y
39,9 kg/m2
Los pacientes en esta situación presentan una significante
reducción en la calidad de vida, así mismo el riesgo para la salud y la comorbilidad
asociada es importante. La terapéutica a seguir no difiere de la realizada a los
pacientes afectos de obesidad grado I, no obstante si dicho tratamiento no tuviese éxito
y las comorbilidades presentadas por el/la paciente son importantes, debe de ser valorado
en una unidad hospitalaria especializada, para la posibilidad y conveniencia de medidas
terapéuticas especiales como dietas de muy bajo contenido calórico o cirugía
bariátrica.
Obesidad grado III y IV, IMC igual o
mayor a 40 kg/m2, obesidades mórbida y
extrema
Los problemas de salud y calidad de vida para las personas
con este tipo de obesidad son muy importantes, y la disminución del 10 por ciento en el
peso corporal que representa una mejoría importante en los anteriores tipos de obesidades
aquí no es suficiente, y además siempre es difícil de conseguir. El 20-30 por ciento de
pérdida de peso corporal deseable en estos casos, salvo en casos muy excepcionales, se
obtiene con dietas de muy bajo contenido calórico, o con cirugía bariátrica, por lo que
estos pacientes deben de ser siempre remitidos a unidades hospitalarias especializadas
para emplear dichas medidas terapéuticas excepcionales.
De lo comentado en los puntos anteriores, podemos observar
que basados en los criterios de indicación e intervención médica, existe un elevado
número de personas susceptibles de ser tratadas. Otro aspecto comentado es la cronicidad
y la complejidad del tratamiento de la obesidad debido a la tendencia existente a la
recuperación del peso perdido y a la necesidad por parte del paciente de modificar de una
manera permanente los hábitos de alimentación y su actitud para la actividad física.
Por lo tanto, la complejidad del tratamiento del sobrepeso y la obesidad obliga a que
éste sea realizado por un equipo multidisciplinario integrado por médicos, dietistas y
psicólogos, los cuales, junto con enfermo, deben establecer los objetivos a alcanzar.
Tratamiento conductual
Actualmente la mayoría de los programas conductuales son
dados a grupos de 10-20 pacientes, lo cual dificulta llevar a cabo un análisis de
comportamiento mas individualizado. No obstante las discusiones encaminadas para que cada
paciente exponga sus dudas para ser examinadas y resueltas por el terapeuta permite a los
pacientes focalizarse en sus problemas específicos, permitiendo así una cierta
individualización del tratamiento. El tratamiento consta de reuniones semanales durante
16-24 semanas, reuniones que se distanciarán en el tiempo durante el periodo de
mantenimiento. Aunque algunos programas utilizan un solo terapeuta para todo el
tratamiento, la mayoría usan un equipo en el que se incluyen psicólogos, nutricionistas
y "fisiólogo" en ejercicio.
Las estrategias a seguir en este tipo de programa son las
siguientes: 1) Auto-monitorización, considerada como el "sine qua non" de los
programas conductuales, se realiza durante las primeras 20-24 semanas. Aquí se enseña al
paciente a tomar nota diaria de todo los alimentos que consumen y de sus calorías, al
cabo de cinco o seis semanas se añade la auto-monitorización del ejercicio físico, en
la que se monitoriza el tiempo, en minutos, dedicados al ejercicio. Estos programas son
importantes de realizar, puesto que su buen seguimiento asegura un mayor mantenimiento de
la pérdida de peso a largo plazo. 2) Establecer el objetivo, el cual es alcanzar una
reducción de peso de 0.5-1 Kg a la semana, así mismo, nunca se debe pactar con el
paciente el llegar a un supuesto peso ideal, el cual es prácticamente imposible de
alcanzar, la pérdida de peso adecuada de pactar con el paciente es de un 10 por ciento,
la cual, como hemos indicado anteriormente, mejora sensiblemente la salud del paciente. 3)
Educación nutricional, focalizando ésta en cómo alimentarse de forma adecuada y
saludable, incrementando la ingesta diaria de carbohidratos complejos, fibra, y
disminuyendo la de grasa. Las clases van encaminadas a enseñar qué debe ser consumido
tanto en casa como en restaurantes así como modificaciones en las recetas a preparar. 4)
Ejercicio, el cual ha demostrado ser la mejor manera de mantener a largo plazo el peso
perdido. Se le enseña al paciente a distinguir entre el "ejercicio en el estilo de
vida", como es usar las escaleras en vez del ascensor, aparcar lejos de los lugares
de compras, caminar mas, y el "ejercicio programado", el cual se establece un
tiempo específico para el desarrollo de actividad física. En estos programas se enseña
al paciente a monitorizar su frecuencia cardiaca y a determinar la intensidad del
ejercicio, cómo vestir en tiempo frío y caluroso y cómo afrontar las barreras que
dificultan la realización del ejercicio físico. 5) Control de estímulos, que estén
asociados con la alimentación inadecuada. Se estimula al paciente a comprar mas vegetales
y frutas y colocarlas en el área más luminosa del refrigerador, y a no comprar productos
altos en grasa y calorías, etc. 6) Reestructuración cognitiva, la cual enseña al
paciente a contrarrestar pensamientos negativos como "hoy he tenido un mal día, así
que me merezco un gran helado", por otros mas positivos. 7) Prevención de recaídas,
enseñando al paciente a anticipar esas situaciones que pueden causar que el paciente
recaiga.
Tratamiento dietético
El tratamiento dietético sigue siendo la piedra angular del
tratamiento, y la reducción de la ingesta energética continúa siendo la base del éxito
de los programas de reducción de peso. Antes de profundizar en los diferentes tipos de
dietas existentes, se hace necesario una enumeración de las características y principios
a seguir a la hora de implantar una dieta para conseguir un programa de pérdida de peso
adecuado.
La dieta debe de ser segura, e incluir toda las
recomendaciones de la RDA para las vitaminas, minerales y proteínas. La dieta para
reducción de peso debe de ser baja en calorías pero no en nutrientes esenciales, y
procurar mantener siempre una adecuada cantidad de fibra dietética.
La pérdida de peso debe ser programada para
realizarse de una forma lenta y estable, a menos que las condiciones de salud del paciente
requiera una pérdida de peso mas rápida.
La dieta debe de ser, en la medida de lo posible,
sabrosa y adaptada a las preferencias culinarias del enfermo, para reforzar de esta manera
un alto cumplimiento de ella por parte del paciente.
El programa debe incluir una estrategia para el
mantenimiento del peso tras la fase de pérdida, ya que es de poco beneficio para el
paciente perder una gran cantidad de peso sólo para volverlo a ganar. Por lo tanto la
estrategia debe de incluir modificaciones conductuales con respecto a los alimentos así
como ejercicio físico.
Una evaluación médica del estado general del
paciente y las condiciones médicas que pueden ser afectadas por la dieta y la reducción
de peso es " sine qua non" antes de comenzar la estrategia dietética. Al mismo
tiempo el consejo médico de lo apropiado de la pérdida de peso es de mayor importancia.
Realización de la estrategia de alimentación
Una anamnesis completa del paciente nos va a indicar el tipo
de dieta necesaria. Ante un paciente que presente un sobrepeso grado II, o una obesidad de
grado I sin complicaciones o con complicaciones metabólicas (intolerancia a la glucosa,
hiperinsulinismo, dislipemias o anormalidades homeostáticas), se beneficiará de una
reducción de peso progresiva que incida especialmente en una reeducación de los hábitos
dietéticos a largo plazo. Mientras que una persona que presente una obesidad mórbida con
un síndrome de apnea obstructiva del sueño severo o un cuadro restrictivo ventilatorio
grave, debido a su riesgo vital a corto plazo, será candidata a una reducción de peso
rápida y drástica. En el primer caso, una reducción moderada de peso, tanto en hombres
como en mujeres, de un 10 por ciento es suficiente para mejorar las complicaciones comunes
de la obesidad, especialmente si la dieta hipocalórica es combinada con la realización
del ejercicio físico. Los efectos producidos tras una moderada pérdida de peso de
3,5-7,5 Kg durante un período de siete meses son: 1) Disminución de los triglicéridos.
2) Aumento de las HDL colesterol. 3) Disminución de la oxidación de lípidos. 4)
Disminución de la actividad del inhibidor del activador del plasminógeno.
Actualmente se tiende, por parte de la mayoría de los
especialistas, a no recomendar dietas muy estrictas, aconsejandose una disminución de
500-600 kcal/día de la ingesta total previa, representando un aporte de 1.200 a 1.500
kcal al día, cuando la ingesta calórica se sitúa en torno a las 2.000 kcal/día, no
obstante en algunos casos se pueden aplicar dietas más estrictas, 800 a 1.000 kcal/día,
en cualquier caso no debemos olvidar que la dieta sea variada. El equilibrio en la
proporción de los nutrientes que componen la dieta debe de mantenerse aunque la energía
calórica sea menor, de manera que el 55 por ciento de la energía debe de ser aportada
por los carbohidratos, que en su mayoría deben de ser complejos; un 30 por ciento debe de
ser aportada por las grasas, de las cuales las saturadas deben de representar menos de un
10 por ciento, las monoinsaturadas mayor de un 10 por ciento y el resto compuesto de
grasas poliinsaturadas. El 15 por ciento restante del total de la energía debe de ser
aportada en forma de proteínas. Estas proporciones, en el caso de dietas muy
hipocalóricas, son muy difícil de mantener, no obstante se debe de intentar mantener
siempre unas cantidades de proteínas de aproximadamente 0,8 g/kg/día de peso teórico,
de la misma manera y con la intención de evitar la producción de cetósis, es
conveniente aportar un mínimo de 100 g al día de carbohidratos.
Basados en los recientes hallazgos de que la obesidad,
especialmente la androide, aumenta la oxidación de las partículas LDL y VLDL, la ingesta
de alimentos naturales ricos en antioxidantes como son los tocoferoles, carotenoides,
vitamina C, flavonoides naturales como la cebolla, el apio y el brocoli, deben de ser
recomendadas. En cuanto a la totalidad de vitaminas y minerales, se deben ingerir las
cantidades diarias recomendadas. En caso de que esto no sea posible, como el el caso de
dietas muy hipocalóricas, deben de administrarse suplementos. En cuanto a la ingesta de
sodio, especialmente en aquellos que presentan insulín resistencia, ésta debe de ser
inferior a 6 g/día, y aún mayor en pacientes hipertensos. La cantidad de agua diaria
ingerida debe de ser al menos de 1,5 l, la cual variará en función del ejercicio físico
que se realize, la temperatura ambiente y la ingesta de sal.
Dietas de muy bajo contenido calórico (VLCD)
Este tipo de dieta está diseñada para perder una
significativa cantidad de peso corporal en un corto espacio de tiempo aportando un mínimo
de energía y suficientes aportes de vitaminas y minerales para evitar efectos
indeseables. Estas dietas poseen una cantidad suficiente de proteína para evitar la
pérdida de nitrógeno y de masa magra, las VLCD, actualmente llevan 0,8-1,0 g de
proteínas por Kg. de peso deseable, proteínas de alta calidad biológica, como son la
lacto albúmina, ovo albúmina, caseína, o proteína de soja. Un mínimo de 45-50 g de
carbohidratos son utilizados para minimizar las cetosis y una pequeña cantidad de
aproximadamente 10 g de ácidos grasos esenciales. El contenido de potasio, magnesio y
minerales debe de ser adecuado.
Este tipo de dieta debe de realizarse bajo un estricto
control médico y con una supervisión frecuente. La VLCD está indicada en situaciones
donde una pérdida de peso rápida e importante sea necesaria, como sería el caso de
obesidades refractarias a dietas convencionales y con importantes complicaciones, en las
obesidades mórbidas en la fase inicial de un programa amplio de pérdida de peso, y en
especial en pacientes obesos mórbidos que presentan una importante apnea obstructiva del
sueño. Debido a las características únicas de este tipo de dietas, existen unas
contraindicaciones que deben de ser siempre consideradas, y las cuales enumeramos a
continuación:
Infección sistémica o enfermedad que produzca
pérdidas importantes de proteínas.
Enfermedad hepática y/o renal.
Angor péctoris inestable y/o reciente infarto de
miocardio.
Arritmias malignas e intervalo Q-T prolongado.
Historia de ataque isquémico transitorio
reciente o recurrente o accidente cerebro vascular.
Embarazo y lactancia.
Hipertensión maligna.
Malignidades.
Diabetes tipo 1.
Alteraciones psiquiátricas, incluyendo anorexia
nerviosa.
Ingesta de antidepresivos mayores como el litio.
Pacientes ancianos o muy jóvenes.
IMC menor de 25 kg/m2.
La pérdida de peso con VLCD pueden mejorar los factores de
riesgos que conlleva la obesidad, entre ellos los cardiovasculares, mejora la tolerancia a
la glucosa y la sensibilidad a la insulina, aumentando la oxidación de la glucosa
estimulada por la insulina, ya que el efecto sobre el metabolismo no oxidativo de la
glucosa es menos pronunciado, también reduce la oxidación lipídica, así mismo produce
una incrementada extracción hepática de la insulina dando lugar a una disminución de la
insulinemia basal. Este tipo de dietas reduce marcadamente las concentraciones
plasmáticas de noerepinefrina, lo que influye positivamente en la reducción de la
hipertensión arterial.
Debe de quedar claro que este tipo de dieta es sólo un
primer paso en la instauración de un programa de reducción de peso mas largo. Por lo
tanto es importante el no olvidar una educación nutricional como condición indispensable
para la adaptación al nuevo estilo de vida, al mismo tiempo la realización de ejercicio
físico es también indispensable, especialmente si tenemos en cuenta que la VLCD reduce
la masa grasa parda corporal, y la realización del ejercicio físico evitará esta
pérdida. El tiempo de realización de este tipo de dieta, según el consenso de la SEEDO,
no debería de exceder los 60 días. Es importante tener en cuenta que, aunque las VLCD
son relativamente seguras en pacientes cuidadosamente seleccionados y bajo una estricta
supervisión médica, producen una importante pérdida de peso a corto plazo, ya que a
largo plazo este tipo de dieta no presenta resultados satisfactorios. Por ello estas
dietas deben de ser intercaladas con dietas hipocalóricas convencionales, especialmente
cuando se producen mesetas en el ritmo de reducción ponderal, para asegurarnos un
resultado a largo plazo con éxito. Una nueva forma de intentar conseguir resultados a
largo plazo es la administración de agentes agonista de la serotonina tras la
terminación de la VLCD.
Un aspecto a tener en cuenta a la hora de implantar este tipo
de dieta, es que ya que las VLCD no poseen un contenido de grasa suficiente para producir
una suficiente contracción de la vesícula biliar y vaciar la bilis, existe un riesgo
importante de formación de litiasis biliar, especialmente cuando esta pérdida es de 1.5
Kg. o mas por semana, por ello se recomienda la toma de un "snack" que contenga
10 g de grasa una vez al día. Tener en cuenta también que elevados niveles de colesterol
y de triglicéridos son conocidos factores de riesgo para la formación de piedras
vesiculares durante las reducciones rápidas de peso.
Ejercicio físico
No existe ninguna duda del beneficio de la realización
rutinaria de ejercicio físico sobre la salud y sobre la función cardiovascular en
general, por lo tanto y junto a una mejora en los hábitos alimentarios, la realización
del ejercicio físico es parte imprescindible en el programa de reducción de peso a
instaurar en la obesidad. El ejercicio físico, además de incrementar el gasto
energético y la masa libre de grasa, reduce la pérdida de este tipo de grasa que se
produce durante la pérdida de peso. Otros importantes beneficios de la realización de
ejercicio físico son:
Favorece la pérdida de peso cuando es realizado
al mismo tiempo que una dieta hipocalórica.
Eficaz en el mantenimiento del peso perdido.
Reducción de las LDL colesterol y aumento de las
HDL colesterol.
Eficaz en el control metabólico del diabético,
mejorando el metabolismo de la glucosa e incrementando la sensiblidad a la insulina.
Eficaz en la prevención de las enfermedades
cardiovasculares.
Disminución de la presión arterial en personas
hipertensas.
Eficaz en el mantenimiento de la masa ósea en
pacientes que pierden peso con la realización de la dieta.
Contribuye a la prevención de la obesidad, en
especial la infantil.
Mejora el estado anímico, aumenta la autoestima,
disminuye la ansiedad y la depresión.
No obstante la realización del ejercicio físico no es
fácilmente realizada de una manera rutinaria por los pacientes obesos, especialmente por
aquellos con alto IMC, ya que regímenes de ejercicios repetitivos requieren una alta
dedicación, dando lugar a un alto porcentaje de abandonos, por lo que siempre es
conveniente reinforzar la integreción del paciente obeso en grupos y bajo supervisión,
con el fin de evitar los abandonos. Una forma adecuada de incrementar la actividad física
es aconsejar al paciente la realización de pequeños cambios en su actividad cotidiana,
como sería el subir y bajar las escaleras y no usar el ascensor, andar 30 minutos
diariamente, si se utiliza un medio de transporte público apearse una parada antes y
caminar, no usar el coche para distancias cortas, etc. Este tipo de ejercicio además de
ser eficaz, es fácil de llevarlo a cabo puesto que requiere menor disciplina que el
ejercicio físico realizado de forma programada, aquel al que se dedica un tiempo
determinado para la práctica de algún deporte como tenis, gimnasia, natación, futbol,
etc. No obstante lo mas correcto es la combinación de ambos tipos de actividades. En
cualquier caso la frecuencia cardíaca máxima nunca debe de sobrepasar el valor de 220
latidos / min. menos el valor de la edad en años (una persona de 40 años no debe
sobrepasar los 180 latidos / min.).
Tratamiento farmacológico
Como se decía en el apartado anterior, la obesidad es una
enfermedad crónica, estigmatizante y costosa que en muy raras ocasiones es curable y cuya
prevalencia se incrementa en la mayoría del mundo. En la actualidad, los tratamientos
existentes, incluidos los farmacológicos, son sólo paliativos, y su eficacia dura
mientras se lleva a cabo el tratamiento, de manera que una vez que el tratamiento, del
tipo que sea, se interrumpe, la ganancia de peso es una consecuencia inevitable, por ello
cualquier fármaco que resulta efectivo será ampliamente usado por sus beneficios tanto
desde el punto de vista médico como cosmético. Por lo tanto, cualquier fármaco que sea
aprobado para el uso en el tratamiento de la obesidad debe de cumplir estrictos criterios
de seguridad clínica a largo plazo. Las estrategias por las que un fármaco puede
producir pérdida de peso son las siguientes:
1. Reduciendo la ingesta, ya sea amplificando los efectos
inhibitorios de las señales o factores anorexígenos (aquellos que suprimen la ingesta) o
bloqueando las señales o factores orexígenos (aquellos que estimulan la ingesta).
2. Bloqueando la absorción de nurientes, especialmente las
grasas, en el intestino.
3. Incrementando la termogénesis, desacoplando el
metabolismo energético de la generación de ATP, por lo tanto disipando la energía como
calor.
4. Modulando el metabolismo y almacenamiento de la grasas y
proteinas, regulando la síntesis / lipolisis de las grasas o diferenciación / apoptosis
adiposa.
5. Modulando el control central de regulación de peso
corporal.
De una forma resumida, para que un fármaco tenga impacto
sobre el peso corporal debe modificar la ingesta energética, el gasto energético o
ambos, y tener en cuenta que aquellos que actuen de manera aislada sobre uno de los
factores del balance energético puede que, debido a mecanismos compensatorios en la
homeostasis, puedan fallar a largo plazo. Debido a ello, en el futuro, la combinación de
fármacos, como ocurre en enfermedades crónicas y metabólicas como la hipertensión,
será el procedimiento mas utilizado.
La indicación del tratamiento farmacológico de la obesidad
nunca debe de ser como terapia aislada, sino en combinación con dieta, ejercicio físico
y apoyo psicológico. Deben de indicarse en pacientes con un IMC mayor de 30 o de 27 si se
asocian comorbilidades como la diabetes mellitus, hipertensión arterial, dislipemias y
síndrome de apnea del sueño. Aunque existen un número impotante de fármacos en fase de
desarrollo o investigación, sólo dos fármacos, orlistat y sibutramina, han sido
aprobados para su empleo en el trataminto de la obesidad en distintos países del mundo.
Orlistat (tetrahidrolipstatina): Es un inhibidor de la lipasa
pancreática que bloquea parcialmente la absorción de lípidos. A dosis de 120 mg tres
veces al día, produce un máximo de un 30 por ciento de inhibición de la absorción de
grasas. En ensayos clínicos prolongados en individuos sometidos a dieta se ha demostrado
que existe una pérdida de peso tras el primer año de tratamiento del 9-10 por ciento,
frente al 4-6 por ciento en el grupo placebo, al siguiente año los pacientes que tomaron
placebo se les administró orlistat y perdieron aún mas peso, mientras que al grupo que
tomó orlistat durante el primer año se le administró placebo resultando en una ganancia
de peso. En otro estudio se estudió el mantenimiento del peso perdido con dieta en los
seis meses previos en aquellos pacientes que habían perdido mas de un 8 por ciento del
peso inicial, los que tomaron orlistat recuperaron un 32 por ciento del peso perdido,
mientras que los que no recuperaron un 59 por ciento. Los efectos secundarios suelen ser
de carácter gastrointestinal, fundamentalmente manifestaciones de urgencia fecal, un
aumento del número de deposiciones, aunque la tendencia es que disminuyan con el tiempo y
parece ser que no es un problema serio para la mayoría de los pacientes. Un problema a
plantear sería disminución en la absorción de vitaminas liposolubles, sobre todo
vitamina A y betacaroteno, no obstante, en los estudios realizados las concentraciones
plasmáticas siempre se han mantenido dentro de los límites de la normalidad.
Sibutramina: Es una betafeniletilamina que inhibe
selectivamente la recaptación de serotonina y noradrenalina. En humanos la significante
pérdida de peso que produce es dosis dependiente e induce una menor ingesta energética
debido a un aumento de la saciedad y disminución del apetito, así como a un efrecto
termogénico que se ha valorado en un 3-5 por ciento del gasto energético. En los obesos
de grado I la pérdida de peso conseguida se mantienen a largo plazo, con pérdidas de un
13,9 por ciento con respecto al peso inicial tras un año de tratamiento. Los principales
efectos secundarios son sequedad de boca, insomnio y astenia; existe un discreto aumento
en la presión arterial y en la frecuencia cardíaca que sólo requiere monitorización.
En cuanto al potencial peligro de aparición de lesiones valvulares cardíacas que
aparecieron con otros fármacos que actúan a través de la vía serotoninérgica, como la
fenfluramina y dexfenfluramina, estas no han sido descritas en pacientes tratados durante
seis meses con sibutramina. El tratamiento farmacológico está contraindicado, de una
manera general, en niños, mujeres embarazadas o lactantes, y en pacientes con enfermedad
cardíaca inestable o hipertensión de dificil control.
Tratamiento quirúrgico
La cirugía bariatrica es una opción terapéutica para
obesidades mórbidas y severas y en los que todos los tipos de tratamientos anteriormente
comentado no han tenido éxito, y que sufren complicaciones importantes de la obesidad.
Los criterios a cumplir según la SEEDO para que un obeso sea candidato a la cirugía
bariátrica son:
1. IMC mayor de 40, o mayor de 35 con presencia de
comorbilidades como diabetes, hipertensión arterial, fallo cardíaco, historia de
tromboembolismo, apnea del sueño, herniación discal, etc.
2. Que la obesidad mórbida grave esté presente por cinco
años.
3. Pacientes con edad entre 18 y 65 años.
4. Inexistencia de historia de alcoholismo u otras
dependencias o de enfermedad psiquiátrica grave.
5. Que exista, por parte del paciente, una adecuada
comprensión de las alteraciones producidas por la intervención y una buena posibilidad
de adhesión a la estrategia terapéutica propuesta.
La cirugía, como en las otras modalidades terapéuticas,
debe incluirse dentro de un programa integral de tratamiento, con educación nutricional,
recomendaciones dietéticas, ejercicio físico, soporte psicológico antes y después del
tratamiento, y en muchos casos deberán de seguirse de técnicas complementarias de
cirugía plástica como la dermolipectomía. Los tratamientos quirúrgicos han demostrado
que pueden dar lugar a importantes pérdidas de peso, así como a la reducción de las
comorbilidades asociadas a la obesidad, tabla VII.

Las técnicas quirúrgicas empleadas actualmente son: 1)
Gastroplastia vertical anillada, muy utilizada para las obesidades mórbidas simples,
consiste en crear un reservorio gástrico de 15 ml por medio de un grapado gástrico, el
cual se vacia a través de un estrecho canal a lo que queda de estomago, preservándose
así una continuidad gastrointestinal y disminuyendose significantemente la malabsorción.
Esta técnica es ampliamente utilizada en España. 2) Bypass gástrico, técnica
derivativa o parcialmente malabsortivas, en las cuales se crea un puente desde la porción
alta del estómago al intestino delgado. Esta técnica se utiliza sobre todo en pacientes
que ingieren gran cantidad de alimentos azucarados. 3) Técnicas mixtas como el
cortocircuíto biliopancreático, y la técnica que une una Gastroplastia vertical
anillada y un Bypass gástrico, técnicas utilizadas en los obesos extremos.
Como intervención quirúrgica electiva que es este tipo de
tratamiento, es condición indispensable la obtención del consentimiento informado del
paciente antes de su realización, así como la información de las complicaciones
derivadas, como técnica quirúrgica del alto riesgo que es. Aunque la cirugía, en
general, es bien tolerada, las complicaciones, entre otras son: respiratorias; infeciosas;
síndrome de dumping; hernia incisional; estreñimiento; intolerancia a los productos
lácteos; cefalea; depresión; deficiencia de vitamina B12; tiamina; hierro y folatos;
dolor abdominal; vómitos; diarreas; arritmia, etc. No obstante, en comparación con otras
alternativas terapéuticas, la cirugía ha demostrado que mantiene la pérdida de peso
durante largos períodos de tiempo.
Debido a que la obesidad históricamente mereció escaso
interés en la comunidad científica, este desinterés abonó el campo a las prácticas
fraudulentas y abrió el paso a los especuladores de la obesidad. Por lo tanto hay que
tener cuidado con los tratamientos incorrectos y peligrosos como las fórmulas
magistrales, que se venden como productos naturales o sólo contienen hierbas, que pueden
provocar en función de su composición cualitativa y cuantitativa, estados de
tirotoxicosis, hipocaliemia, crisis de ansiedad graves, trastornos depresivos, arritmias
cardíacas, temblores, insomnio, etc. Aumento del colesterol LDL y disminución de la masa
muscular están bien documentado que son debidos a la realización de dietas como la de
Montignac, de la Clínica Mayo, etc
| Sumario
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