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PROGRAMA ANUAL 2001-2002
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

  

OBESIDAD

Regualcion de la ingesta de enrgía, almacenamiento y gasto enrgética

En el ser humano, con la excepción de una limitada cantidad de energía almacenada como glucógeno, el resto de la energía en exceso es almacenada como grasa, como se demuestra con la primera ley de la termodinámica, la cual cuando aplicada a humanos dice, que la cantidad de energía almacenada es igual a aquella sobrante una vez llevada a cabo su utilización en los diferentes procesos metabólicos. Aunque mecanismos homeostáticos precisos intentan mantener siempre el balance energético cerca de cero, mínimas alteraciones durante un prolongado período de tiempo puede dar lugar a una significante ganancia en el peso corporal. Por ejemplo, una persona sana no obesa puede ingerir durante un año la cantidad de 900.000 kcal y no tener ningún cambio en el peso corporal, no obstante, si en teoría la ingesta energética excede al gasto energético por tan sólo un 2 por ciento por día, ésta puede resultar en una ganacia de peso de aproximadamente 2,3 kg de grasa por año. Esto quiere decir que asumimos que: 1) que 0,45 kg de grasa uniformemente contienen 3.500 kcal, y 2) que un incremento en el almacenamiento de energía resulta sólo en una expansión de los adipocitos. Con respecto a la segunda asunción, está claro que no toda la masa acumulada en un aumento del peso corporal es en forma de triglicéridos, ya que también existe un incremento en la densidad ósea, músculo y tejidos conectivos asociados.

La fisiología asociada con la alimentación es compleja e involucra numerosos factores. Regiones hipotalámicas específicas son responsables para la regulación de la ingesta y del peso corporal. Estas regiones incluyen el núcleo paraventricular (PVN) en la región dorsomedial, el arcuato (ARC), el supraquiasmático (SCN) y ventromedial, y la eminencia media en la región basomedial, y el área preóptica medial (MPO) justo anterior al PVN. Estas regiones forman los componentes principales de un sistema que integra información referente a la composición corporal, a la ingesta de energía y al gasto energético, de manera que el hipotálamo recoge toda la información tanto por vía vagal como catecolaminérgica, así como de hormonas como insulina, CCK, leptina y glucocorticoides. Una vez recogida la información, el hipotálamo liberará una serie de péptidos en iniciará señales eferentes que afectará a la ingesta y almacenamiento de alimentos. Además, impulsos autonómicos influenciarán el gasto energético y la liberación de insulina, como lo demuestra el hecho de que lesiones dentro de la zona ventromedial del hipotálamo darán lugar a hiperinsulinemia, hiperfagia e hipometabolismo. Existen una serie de mediadores químicos de la homeostasis energética, los cuales son:

Insulina, cuyos niveles circulantes parecen ser proporcionales al volumen del tejido adiposo. Además de los efectos de la insulina sobre el metabolismo de los substratos energéticos, también ejerce influencia sobre el apetito y la ingesta de alimentos. La insulina atraviesa la barrera hemato-encefálica y puede reducir la ingesta de alimentos inhibiendo la expresión del neuropeptidio Y (NPY), reforzando los efectos de la colecistoquinina (CCK) e inhibiendo la recaptación neuronal de norepinefrina. Por lo tanto, la correlación entre los niveles plasmáticos de insulina y la adiposidad puede ser un mecanismo de adaptación para mantener una disminuida ingesta calórica.

Colecistoquinina: Es secretada por las células de la capa mucosa del intestino delgado proximal en respuesta a la presencia de los componentes de los alimentos. Los niveles circulantes de CCK postprandial están relacionados con la saciedad y la alimentación en humanos. Existen dos tipos de receptores para la CCK, los de tipo A (CCK-A) y que se encuentran en el sistema gastrointestinal, y los de tipo B (CCK-B) que están presentes en el cerebro. Por medio de interacciones con los CCK-A localizados en el píloro, la CCK va ha provocar una contracción en el esfinter pilórico que va ha producir un incremento en la distensión gástrica, que a su vez iniciará señales vagales aferentes desde el estómago que terminarán en el núcleo del tracto solitario. Estos impulsos son entonces transmitidos a los núcleos parabraquiales, que por su conexión con el hipotálamo ventromedial resulta en una disminución en la ingesta de alimentos. Todo este mecanismo es inhibido por medio de la vagotomía. Ya que los CCK-B se encuentran en el cerebro y la CCK no atraviesa la barrera hemato-encefálica, se ha sugerido que ya que el cerebro también puede producir cierta cantidad de CCK, señales aferentes neuronales pueden resultar en la liberación de CCK en el líquido cerebro-espinal que enlazará con los receptores CCK-B y decrecerá la ingesta de alimentos.

Existen también influencias neuroendocrinas mediante hormonas y péptidos como la leptina. La leptina proviene del griego "leptos" que quiere decir delgado. El descubrimiento de la leptina nos ofrece un nuevo mecanismo para la evaluación de la disfunción molecular en la obesidad. La leptina reduce la ingesta de alimentos e incrementa el gasto energético en animales tanto obesos como delgados. En humanos, las células del tejido adiposo sintetizan y secretan leptina en relación a la cantidad de almacenamiento de grasa corporal. Los receptores de la leptina han sido encontrados en riñon, hígado, corazón, músculo esquelético, hipotálamo, páncreas y pituitaria anterior. Los receptores hayados en el núcleo arcuatus del hipotálamo han hecho a los investigadores hipotetizar sobre la posibilidad de que la leptina pueda regular de alguna manera la saciedad. Además la leptina decrece la síntesis y liberación de NPY por el hipotálamo y aumenta la expresión y liberación del factor liberador de corticotropina (CRF), también por el hipotálamo.

En los ratones ob/ob que presentan una total deficiencia de esta proteína causada por una mutación en el gen ob, causa un síndrome de severa obesidad acompañado de hiperfagia, disminución en el gasto energético y resistencia a la insulina. Por el contrario, muchas otras formas de obesidad en ratones, como son aquellas asociadas con el gen db, las debidas a una alteración química o mecánica del hipotálamo, a una deficiencia en la grasa parda o a una dieta alta en grasa, están todas relacionadas con un incremento en la formación de ARNm de la leptina, de la propia leptina circulante, o de las dos, lo cual junto a la hiperfagia y obesidad, sugiere un estado de "resistencia a la acción de la leptina" o "resistencia leptínica". Mutaciones en las secuencias que codifican los ARNm de la leptina y del receptor de la leptina han sido observadas sólo en un limitado número de pacientes con obesidad mórbida, pero al mismo tiempo no se han encontrado defectos que indiquen que la obesidad mórbida en humanos no es equivalente a la obesidad encontrada en ratones ob/ob o bd/db. Virtualmente todos los obesos humanos tiene aumentada la leptina inmunoreactiva en la circulación, niveles que se correlacionan positivamente con el grado de adiposidad, y la pérdida de peso de forma crónica dan lugar a una disminución de estos altos niveles de leptina inmunoreactiva.

Por lo tanto, como en los roedores, los niveles de leptina en la circulación encontrados en humanos, reflejan la talla del almacén adipocitario, y ya que tales individuos obesos casi siempre presentan hiperfagia, se puede concluir que la resistencia fisiológica a la leptina existe en la mayoría de los individuos obesos. La capacidad de la leptina para alcanzar los sitios de acción en el sistema nervioso central puede estar también reducida en la obesidad, como lo demuestra el hecho de que los niveles de leptina encontrados en el líquido cerebro-espinal no se correlacionan con los altos niveles de leptina encontrados en estos individuos. Importante es señalar que se han econtrado niveles de leptina mayores en mujeres obesas y no obesas cuando se comparan con hombres obesos y no obesos, respectivamente, así como un incrementado nivel de leptina en la obesidad periférica, lo cual es esperado si tenemos en cuenta que la mujer posee un porcentaje mayor de grasa corporal.

Neuropéptido Y (NPY): Es un péptido sintetizado y secretado por las neuronas del núcleo arcuatus del hipotálamo, y parcialmente regulada por la leptina. Se ha demostrado en animales de experimentación que durante períodos de déficit de energía la actividad de estas neuronas está aumentada, y por lo tanto en el caso de una anormalmente incrementada producción de NPY la obesidad se desarrollaría. El NPY estimula la ingesta de alimentos y en especial la de los carbohidratos, también incrementa el RQ al mismo tiempo que se asocia a una disminución del gasto energético. El incremento en la utilización de los carbohidratos por el NPY permite una mayor producción de acetil CoA par la lipogénesis, y al mismo tiempo permite el almacenamiento de grasa en el tejido adiposo blanco y decrece la actividad del tejido adiposo marrón. Interesantemente, NPY puede tener un efecto estimulatorio sobre la secreción de insulina, vasopresina y hormona luteinizante.

Galanina: Es un péptido cuyas concentraciones y receptores se encuentran en gran número en el hipotálamo. La galamina incrementa la ingesta de alimentos, y en especial la preferencia por los carbohidratos y grasa. Aunque no afecta al RQ está asociada con una disminución en el gasto energético ya que inhibe la actividad del sistema nervioso simpático. También tiene un efecto inhibidor sobre la secreción de insulina, y su síntesis es inhibida en respuesta a una elevada insulina.

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