ENFERMEDADES
TIROIDEAS
N
ódulo tiroideo solitario
El nódulo tiroideo sólitario, es decir, la presencia
de un único nódulo en el tiroides sea o no palpable, constituye un problema clínico
frecuente e importante. Su prevalencia estimada por palpación clínica es del 3-10 por
ciento, presentando hasta el 50 por ciento de la población uno o varios nódulos por
evaluación ecográfica. Afecta como el resto de la patología tiroidea con más
frecuencia al sexo femenino en una proporción de 5/1. La importancia clínica del nódulo
tiroideo radica en la necesidad de descartar la presencia de malignidad (5 por ciento
aproximadamente de los casos), estando encaminadas a este fin todas las evaluaciones
diagnosticas iniciales y de seguimiento.
Evaluación diagnóstica
La evaluación diagnóstica inicial del nódulo tiroideo
incluye una evaluación clínica seguida de las pruebas complementarias necesarias
orientadas a descartar la existencia de disfunción tiroidea y de malignidad. En la figura
2 se recoge la estrategía diagnóstica y terapéutica ante el nódulo tiroideo solitario.

Evaluación clínica
Incluye una historia clínica y una exploración física. Los
datos de la evaluación clínica que sugieren malignidad incluyen:
Historia familiar de carcinoma tiroideo,
feocromocitoma o hiperparatiroidismo.
Edad de presentación inferior a 20 años o superior a
60 años.
Sexo masculino.
Historia de irradiación craneo-cervical en la
infancia.
Crecimiento rápido.
Consistencia dura.
Fijación a estructuras vecinas.
Parálisis de cuerda vocal.
Linfadenopatía ipsilateral o presencia de metástasis
a distancia.
Crecimiento del nódulo durante el tratamiento
supresor con tiroxina.
Pruebas complementarias
Las pruebas complementarias incluyen: determinación de TSH,
ecografía tiroidea, PAAF y gammagrafía tiroidea.
TSH plasmática
La TSH es la prueba de laboratorio indicada de forma
rutinaria en el estudio del nódulo tiroideo para identificar aquellos pacientes con
alteración en la función tiroidea.
La mayoría de los pacientes con carcinoma tiroideo presentan
una TSH plasmática normal, al igual que la mayoría de los pacientes con nódulos
benignos. Una TSH por encima de lo normal puede indicar la presencia de hipotiroidismo
(véase capítulo correspondiente); mientras que si está la TSH por debajo de lo normal
puede ser indicativo de hipertiroidismo, estando indicado en estos casos la determinación
de T4 libre y en ocasiones T3 y la realización de una gammagrafía tiroidea con 123I o
131I para determinar si el nódulo es hiperfuncionante (véase capítulo de
hipertiroidismo) o no.
Ecografía tiroidea
La principal utilidad de esta técnica en la valoración de
un nódulo tiroideo no es la de diferenciar entre nódulos benignos o malignos (aunque
existen datos ecográficos "orientativos" en este sentido), sino que sus
principales aportaciones son:
Determinar la presencia de otros nódulos tiroideos.
Valorar el tamaño nodular y sus características
(sólido, quístico o mixto).
Guiar la realización de la PAAF si el nódulo es no
accesible o no palpable.
Estudio citológico
El estudio citológico es la prueba diagnóstica fundamental
a realizar ante todo nódulo tiroideo solitario, exceptuando quizá aquel nódulo que
cursa con hipertiroidismo clínico o subclínico y es funcionalmente autónomo (caliente)
en la gammagrafía tiroidea con I123 (no excluye malignidad un nódulo caliente en la
gammagrafía con TC99).
Se realiza generalmente mediante punción-aspiración con
aguja fina (PAAF), siendo para muchos autores la primera prueba diagnóstica a realizar
ante cualquier nódulo tiroideo solitario, evitando así, en muchos casos, innecesarias
pruebas diagnósticas complementarias.
La PAAF es una técnica segura, con un bajo porcentaje de
complicaciones, siendo prácticamente su única contraindicación el tratamiento
anticoagulante.
Los resultados del estudio citológico de un nódulo tiroideo
solitario son sugestivos de benignidad (adenoma coloide, quiste coloide o tiroiditis) en
aproximadamente un 60-75 por ciento de los casos; de malignidad (carcinoma papilar,
medular, anaplasico, linfoma o metástasis) en el 5 por ciento; sospechosos de malignidad
(proliferación folicular, tumor de células de Hürthle) en un 10 por ciento; y no
diagnósticos en aproximadamente un 10 por ciento (dependiendo esto último de la
experiencia del que punciona), siendo necesario, ante resultados citológicos no
diagnósticos, la repetición de la prueba, si es preciso bajo control ecográfico si el
nódulo es dificilmente accesible. Cuando los resultados citológicos no son diagnósticos
en tres ocasiones, podría recomendarse la Cirugía si se trata de un nódulo sólido,
quiste recurrente o mayor de 4 cm, optándose por la observación en los demás casos.
La sensibilidad de la prueba es de 83-99 por ciento y su
especificidad del 70-90 por ciento, con un 5 por ciento de falsos positivos y de falsos
negativos. La principal limitación de la técnica es la imposibilidad de diferenciar
benignidad de malignidad en los tumores foliculares, siendo finalmente malignos en el
estudio histológico el 20 por ciento de los nódulos sospechosos de malignidad en el
estudio citológico. También presenta limitaciones para distinguir entre tiroiditis de
Hashimoto y linfoma tiroideo; y su fiabilidad es menor cuanto mayor es el tamaño del
nódulo, recomendándose para minimizar el porcentaje de falsos negativos tomar al menos
dos o tres muestras del mismo.
La existencia de nódulos quísticos no excluye malignidad,
recomendándose el examen citológico del líquido obtenido y en caso de tumores mixtos
(sólido-líquidos) examen citológico de la parte sólida y líquida. En presencia de
nódulos quísticos la PAAF resulta curativa en la mitad de los casos, que no recurrirían
una vez que el líquido es aspirado, recomendándose en general la extirpación
quirúrgica de aquellos nódulos quísticos recurrentes después de tres aspiraciones.
Gammagrafía tiroidea
La gammagrafía tiroidea se utiliza cada vez con menos
frecuencia en la valoración del nódulo tiroideo. Su principal indicación es como hemos
señalado el nódulo tiroideo que cursa con hipertiroidismo clínico o subclínico, siendo
también utilizada en algunos centros para decidir la actitud terapéutica ante un nódulo
único con PAAF sospechosa de malignidad. Los resultados de esta técnica indican si
estamos ante un nódulo hipercaptante (caliente), isocaptante (templado) o hipocaptante
(frío). Un nódulo caliente que cursa con hipertiroidismo subclínico o clínico es casi
siempre benigno, mientras que un nódulo frío es maligno en el 15 por ciento de los
casos.
Tratamiento
Cirugía
La Cirugía estará indicada en todos aquellos nódulos con
citología sugestiva de malignidad y en nódulos con citología sospechosa de malignidad,
aunque en este último caso algunos autores si el nódulo es caliente en la gammamgrafía
con I123 optan por observación o tratamiento con yodo radiactivo.
El procedimiento quirúrgico más recomendado será la
tiroidectomía total o casi total si la citología es sugestiva de malignidad. Si la
citología es sospechosa de malignidad se suele optar por la hemitiroidectomía,
recomendándose en estos casos biopsia intraoperatoria; prefiriéndose por el contrario
generalmente la tiroidectomía subtotal si la citología es sospechosa de malignidad y
existen nódulos en el lóbulo tiroideo contralateral.
Si el estudio histológico de la pieza quirúrgica demuestra
la existencia de malignidad, su enfoque terapéutico dependerá del tipo de carcinoma
tiroideo del que se trate (véase capítulo correspondiente), debiéndose acudir en una
segunda Cirugía para extirpar la totalidad del tiroides en el caso de que el abordaje
terapéutico inicial hubiera sido hemitiroidectomía. Una excepción a esto último sería
para algunos autores, nódulo único <1cm con cáncer papilar en el que podría ser
suficiente una hemitiroidectomía.
Si el estudio histológico de la pieza quirúrgica demuestra
la existencia de benignidad, estará indicado el tratamiento sustitutivo con tiroxina si
existe hipotiroidismo como consecuencia de la Cirugía. No existe acuerdo en que si la
histología es benigna en cuanto a la indicación del tratamiento supresor con tiroxina
para mantener una TSH por debajo del límite inferior de la normalidad y minimizar el
riesgo de aparición de nuevos nódulos en el tiroides remanente, no utilizándose
generalmente salvo en aquellos pacientes con antecedentes de irradiación craneo-cervical
en la infancia en los que podría minimizar el riesgo de aparición de nuevos nódulos
benignos, aunque no malignos.
Tratamiento supresor con tiroxina
Es controvertida la utilización de tratamiento supresor con
tiroxina en nódulos con citología sugestiva de benignidad para intentar evitar su
crecimiento y la aparición de nuevos nódulos. Son dispares, en este sentido, los
resultados de los diversos estudios prospectivos realizados, aunque en un reciente
metaanálisis de 400 casos parece obtener una ventaja superior al placebo (reducción de
tamaño del 50 por ciento en el 26 por ciento de los pacientes en tratamiento supresor con
tiroxina frente al 12 por ciento en el grupo placebo).
Factores que no apoyarían su utilización serían que, por
una parte, hasta un 30 por ciento de los nódulos benignos pueden disminuir un 50 por
ciento de tamaño de forma espontánea; y por otra la posible aparición de pérdida
mineral ósea y fibrilación auricular asociada a su uso por otra, especialmente en
mujeres postmenopáusicas. En este sentido, en caso de que se opte por su utilización la
TSH objetivo se sitúa entre 0.1-0.5 mU/L, ya que reducciones inferiores ocasionarían un
incremento en la aparición de los citados efectos adversos.
Independientemente de si se opta o no por tratamiento
supresor, cualquier paciente con un nódulo solitario benigno debe ser seguido
indefinidamente, de forma generalmente anual, valorándose durante el seguimiento el
tamaño nodular (por exploración física o por ecografía) y la función tiroidea (TSH
plasmática). En caso de que se haya optado por tratamiento supresor con tiroxina, si el
nódulo desaparece o disminuye significativamente a los 6-12 meses del seguimiento, se
continúa la terapia indefinidamente, si no varía de tamaño se retira y se repite PAAF,
y si aumenta de tamaño se repite PAAF o se realiza Cirugía.
Quistes del conducto tirogloso
Aunque no constituyen realmente nódulos tiroideos, se
abordan a continuación.
Se forman como consecuencia de la persistencia de restos del
conducto tirogloso embrionario. Clínicamente suelen presentarse como nódulos palpables
asintomáticos de tamaño variable situados en la línea media del cuello, a cualquier
altura entre la base de la lengua y el itsmo tiroideo, aunque en ocasiones pueden estar
situados más lateralmente. Al igual que los nódulos tiroideos ascienden con la
deglución. A diferencia del tiroides ectópico, rara vez contienen suficiente cantidad de
tejido tiroideo como para que capten en la gammagrafía con 123I. La importancia de los
quistes del conducto tirogloso radica en la posibilidad de infectarse o de que se
desarrollen en ellos carcinomas papilares, por lo que se recomienda generalmente su
extirpación quirúrgica.
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