Avances en el manejo
de la patología urológica.
Aproximación diagnóstica a la
uropatía obstructiva
Concepto
La obstrucción es una de las pocas causas de daño renal
revesibles, y por lo tanto su diagnóstico y tratamiento precoz son imperativos.
Se define como uropatía obstructiva los cambios
estructurales o funcionales del tracto urinario que dificultan el flujo normal de orina.
El término hidronefrosis supone la dilatación de pelvis y cálices renales asociada a
atrofia del parénquima renal por hiperpresión, sin embargo, no todas las hidronefrosis
se asocian a obstrucción.
Etiología
La obstrucción puede ocurrir en cualquier punto del tracto
urinario desde el meato uretral hasta un cáliz y afectar retrógradamente a distintos
niveles del mismo.
Fisiopatología
La obstrucción, por definición, afecta el transporte de
orina y lo puede hacer de forma completa o incompleta, aguda o crónica uni o
bilateralmente lo que determinará la producción de orina en diferente medida.
El transporte activo de orina en el tracto urinario tiene
lugar a expensas de la contracción peristáltica del mismo que se inicia a nivel
calicial. La presencia de un obstáculo al flujo de la naturaleza que sea determina un
aumento de presión en la vía excretora superior que es responsable de las lesiones del
parénquima renal. Las obstrucciones completas y de instauración aguda generan picos de
presión intrapiélica que se traducen clínicamente en dolor lumbar de tipo cólico. Las
altas presiones se trasmiten al riñón en forma de aumento de la presión intratubula, lo
que determina disminución de la presión de filtración hidrostática y disminución de
la diuresis por reducción de la filtración glomerular.
El flujo sanguíneo renal que inicialmente aumenta
coincidiendo con el incremento de presión en la vía excretora posteriormente disminuirá
como consecuencia del aumento en la resistencia arteriolar, lo que a su vez es el
resultado del desequilibrio entre las prostaglandinas vasodilatadoras (PG E2, PG I2,
prostaciclina) y vasoconstrictoras (tromboxano A).
La obstrucción no solo afecta la filtración glomerular sino
la función tubular. En la fase aguda, aumenta la reabsorción de agua que junto con la
disminución del filtrado glomerular determina la disminución del volumen urinario y el
aumento de la osmolaridad de la orina, lo que diferencia la obstrucción aguda de la
obstrucción crónica, en la que se asiste a una pérdida de la capacidad de
concentración urinaria mientras se mantiene la capacidad de dilución presentando la
orina una osmolaridad baja.
También en la obstrucción de instauración aguda asistimos
a una disminución en la excreción urinaria de Na por un doble mecanismo, la disminución
del filtrado glomerular y el incremento de reabsorción tubular en un movimiento común
con el agua. De nuevo todo lo contrario ocurre en la obstrucción crónica en la que se
produce una fuga urinaria de Na.
La disminución de la excreción de iones H+ en la orina y la
pérdida de bicarbonato por disminución de su reabsorción origina acidosis metabólica.
La evolución de la función renal después de resuelta la
obstrucción dependerá de la duración y severidad de la misma.
Clínica
Focalizaremos la atención en la presencia o no de dolor y en
los cambios de volumen urinario.
La presentación más frecuente es en forma de cólico
nefrítoco o crisis renoureteral con dolor en fosa renal y flanco e irradiado en
hemicinturón hacia genitales externos acompañado o no de síndrome miccional y cuadro
neurovegetativo.
La afectación bilateral o unilateral en el paciente
monorreno determina disminución del volumen urinario si la instauración es aguda.
Diuresis inferiores a 100 ml/24 horas son diagnósticas de anuria y el diagnóstico
diferencial debe incluir, obstrucción del tracto urinario, embolia/trombosis de arterias
renales, necrosis cortical masiva o glomerulonefritis aguda grave. La oligoanuria
oscilante suele ser de etiología obstructiva y la obstrucción mantenida incompleta suele
presentarse con poliuria.
Secuencia diagnóstica
El diagnóstico se dirige a:
Confirmar la obstrucción y valorar su severidad y
repercusión clínica en el paciente.
Identificar el nivel de la obstrucción.
Establecer la causa de la obstrucción.
Son indispensables una cuidadosa historia clínica y
exploración física. La primera medida en el paciente en oligoanuria será la colocación
de una sonda vesical que permitirá establecer la presencia de globo vesical secundario a
uropatía obstructiva baja infravesical y en caso contrario la monitorización de la
diuresis.
Las determinaciones analíticas se dirigen al diagnóstico
del deterioro de función renal, de los trastornos hidroelectrolíticos y del equilibrio
ácido-base. En orina determinaremos iones, urea, creatinina, pH, osmolaridad y densidad.
La ecografía renal y vesical permite la primera
aproximación diagnóstica, pues es capaz de detectar mínimos grados de caliectasia.
Debemos tener en cuenta, sin embargo, que la ecografía proporciona información
exclusivamente anatómica y por tanto la presencia de dilatación no es diagnóstica de
obstrucción ni existe correlación entre el grado de dilatación y la severidad de la
obstrucción.
En el caso de que la situación clínica del paciente lo
permita el segundo escalón diagnóstico incluirá la realización de una prueba de imagen
que nos ofrezca información anatomo-funcional del tracto urinario, urografía intravenosa
(U.I.V.) o tomografía axial computerizada (TAC).
Los hallazgos característicos de obstrucción en la U.I.V.
son:
Presencia de nefrograma pesistente como consecuencia
de que el contraste yodado filtrado en los glomérulos se acumula en los túbulos
dilatados sin pasar al intersticio
Ligera nefromegalia
Retraso en la eliminación de contraste a la vía
excretora variable en función del grado de obstrucción.
Dilatación del sistema colector
El desarrollo de la TAC helicoidal ha convertido a esta
última en una exploración competitiva con la U.I.V. con la ventaja añadida de no
requerir la administración de contraste. El TAC no sólo puede determinar la presencia o
ausencia de obstrucción sino identificar el nivel y la causa de la misma. El TAC
mostrará la dilatación de la vía excretora y la presencia de signos indirectos de
obstrucción como bandas en la grasa perirrenal, dilatación del sistema colector
intrarrenal o incremento del grosor de la cortical. El TAC presenta una elevada
sensibilidad para el diagnóstico de litiasis, ya que ésta presenta invariablemente
elevados coeficientes de atenuación que permite su diagnóstico diferencial con otras
patologías intraluminales. Si además utilizamos contraste, observaremos el retraso y
persistencia del nefrograma y el retraso en la eliminación.
Los estudios isotópicos tendrán cabida en el diagnóstico
del paciente en anuria, permitiendo el diagnóstico diferencial de obstrucción frente a
fallo vascular (embolia/trombosis), así como en la estimación objetiva de la función
renal individual y el pronóstico funcional tras la resolución de la obstrucción.
Los isótopos utilizados como trazadores muestran una primera
pendiente rápidamente ascendente reflejo de su captación vascular seguida de una segunda
pendiente consecuencia del tránsito renal del radiofármaco, en el caso de ua
obstrucción completa la segunda fase se prolonga en sentido ascendente. La tercera fase
de la curva, descendente, refleja el abandono del riñón por el radiofármaco y por lo
tanto será lentamente descendente en los procesos obstructivos.
Una modificación del renograma isotópico permite el
diagnóstico diferencial de las dilataciones de la vía excretora secundarias o no a un
proceso obstructivo. El renograma diurético utiliza una sobrecarga de volumen mediante la
utilización del diurético furosemida para evaluar la capacidad de resolución de la
sobrecarga por la vía de excreción renal. Si el radiofármaco se acumula como
consecuencia del aumento de presión proximal al punto de sospecha obstructiva se
confirmará la obstrucción.
Una vez confirmada la obstrucción y su severidad, para
precisar el nivel de la misma puede ser necesaria la realización de pielografía
anterógrada o retrógrada, ambas pueden establecer un drenaje temporal de la vía
urinaria antes del tratamiento definitivo.
Tratamiento
El primer escalón terapéutico es el tratamiento
sintomático del enfermo, fundamentalmente dolor e infección asociada, al mismo tiempo
que se procede a la corrección de las alteraciones hidroelectrolíticas y del equilibrio
ácido-base.
La obstrucción bilateral o en el paciente monorreno es una
urgencia y requiere la derivación urinaria. La aproximación terapéutica inicial será
la instrumentación de la vía (cateterismo ureteral, nefrostomía percutánea) y sólo si
ésta no es posible se procederá a la realización de cirugía abierta. Posteriormente y
tras el diagnóstico definitivo se abordará el tratamiento etiológico.

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