Avances en el manejo
de la patología urológica.
Tumor vesical
superficial
La incidencia del tumor urotelial se está
incrementando en los países occidentales. El 75-80 por ciento de los tumores vesicales es
superficial en el momento del diagnóstico, lo que significa que el tumor se encuentra
confinado a la mucosa (estadios Ta-Tis) o alcanza la submucosa (estadio T1). El 33 por
ciento de los pacientes tendrán lesiones múltiples en la vejiga. La característica más
importante del tumor vesical superficial es su potencial de recidiva que alcanza el 40-70
por ciento en los 2 primeros años tras el diagnóstico y tratamiento iniciales. La
recurrencia está en relación sobretodo con la multifocalidad inicial. La recidiva
acontece en el 30 por ciento de los tumores únicos y en más del 90 por ciento de las
formas múltiples. Otros factores que influyen en la recidiva son el grado citológico, el
tamaño, el estadio inicial, la recidiva temprana y la presencia de anomalías en el resto
de la mucosa en las biopsias randomizadas de la vejiga. Todos los mencionados se
consideran factores de riesgo para la recidiva y permiten categorizar grupos de riesgo que
determinarán el tratamiento y seguimiento del paciente.
Un pequeño grupo de pacientes con tumor vesical superficial
presentan en algún momento de su evolución progresión del tumor hacia un estadio
infiltrante, esto acontece en aproximadamente el 12 por ciento de los pacientes.
El carcinoma in situ, considerado como tumor superficial dado
que se encuentra confinado a la mucosa, sin embargo posee un comportamiento clínico y
pronóstico que le confieren una personalidad peculiar. En el momento del diagnóstico el
carcinoma in situ se asocia con mayor frecuencia a tumores de alto grado y/o infiltrantes.
El 10-40 por ciento de los pacientes con carcinoma vesical superficial múltiple presentan
carcinoma in situ en la uretra prostática.
Una vez establecido el diagnóstico de tumor urotelial
vesical se procede a la exploración bajo anestesia (EBA) y resección transuretral (RTU)
precedida por la biopsia múltiple randomizada de la vejiga que deberá incluir muestra de
trígono, retrotrígono, paredes laterales derecha e izquierda, cúpula y uretra. La RTU
debe permitir remitir al anatomopatólogo no sólo muestra de la lesión exofítica sino
de la base tumoral hasta la capa muscular de la vejiga, sólo así la biopsia podrá
diferenciar entre tumor vesical superficial o infiltrante.
Los tumores superficiales se dividen en grupos con
implicación pronóstica y terapéutica. El primer grupo está constituido por los tumores
vesicales únicos de bajo grado(G1-G2) y estadio (pTa), son tumores de escasa tendencia a
la recurrencia y progresión. El segundo grupo comprende los tumores superficiales de bajo
grado (G1-G2) y estadio (pTa-pT1) múltiples o recidivados sin presencia de carcinoma in
situ. Son tumores de comportamiento poco agresivo pero con tendencia a la recidiva. El
tercer grupo, finalmente, está representado por tumores de alto grado (G3) sin carcinoma
in situ; tumores de bajo o alto grado asociados a carcinoma in situ o bien el carcinoma in
situ aislado. Son tumores de alto riesgo con alta incidencia de recidiva y progresión.
Los tumores pertenecientes a los grupos segundo y tercero
requerirán tratamiento complementario con quimio o inmunoprofilaxis endovesical.
El objetivo de la quimioprofilaxis endovesical en el tumor
vesical superficial es la prevención o el retraso en la aparición de la recurrencia o
progresión tumoral. Se han utilizado múltiples drogas en la terapia endovesical, la
mayor parte de ellas son específicas de ciclo celular lo que obliga a la repetición de
instilaciones. El agente más antiguo utilizado ha sido Tiotepa cuyo bajo peso molecular
permite la absorción sistémica e induce mayor toxicidad lo que ha conducido a su
práctico abandono. Actualmente los agentes quimioterápicos más utilizados son
Doxorubicina y Mitomicina-C; ambos tienen un alto peso molecular y por tanto escasos
efectos sistémicos. Ningún agente ha demostrado clara superioridad respecto a su
eficacia y considerando su baja tasa de efectos secundarios Mitomicina-C es el agente
actualmente preferido como primera línea de tratamiento. Mientras la quimioprofilaxis
endovesical ha demostrado su eficacia disminuyendo el potencial de recidiva del tumor
vesical superficial, su tasa de progresión permanece invariable.
En los tumores de alto riesgo el primer motivo de
preocupación no es, sin embargo, su recurrencia sino su potencial de progresión a una
enfermedad infiltrante de la muscular y por tanto con capacidad de metastatización. Es en
estos tumores donde la inmunoprofilaxis con BCG ha demostrado su eficacia.
La respuesta inmune evocada por BCG es compleja. Tras la
instilación endovesical de BCG se ha demostrado la presencia de niveles elevados de
citokinas que persisten así algunas horas. La instilación semanal de BCG produce niveles
progresivamente más altos de citokinas hasta un máximo en la 6a semana tras la cual
típicamente se asiste a su descenso. El ascenso progresivo con la reiteración de las
instilaciones demuestra el desarrollo de memoria inmune. La infiltración linfocitaria
persiste aproximadamente durante 6 meses así como la presencia de anticuerpos y un tipo
de hipersensibilidad retardada a PPD y una elevación de la tasa de células T helper.
La inmunoprofilaxis con BCG ha demostrado la disminución de
las tasas de recurrencia y progresión de los tumores superficiales de alto riesgo. Sin
embargo la respuesta inmune inducida por BCG declina temporalmente y obliga al tratamiento
de mantenimiento aunque hasta el momento no se ha establecido el esquema ideal.
Protocolo de tratamiento según grupo de riesgo
Los tumores vesicales únicos, de bajo grado y estadío
serán sometidos a biopsia randomizada y RTU y no precisarán quimioprofilasis posterior.
El seguimiento se realiza mediante control citológico y cistoscópico/ecográfico cada 4
meses los dos primeros años y cada 6 meses los 3 siguientes.
Los tumores de bajo grado y estadio, múltiples o recidivados
sin presencia de carcinoma in situ se someterán a quimioprofilaxis con Mitomicina-C tras
la RTU. El seguimiento de control se hará con citologías y cistoscopia/ecografía según
la misma pauta expuesta a lo que se añadirá la realización de U.I.V. en el primer año
tras la RTU.
Finalmente, el grupo de tumores de alto riesgo, constituido
por aquellos de alto grado o estadio o bien por la presencia de carcinoma in situ se
someterán, tras la RTU, a inmunoprofilaxis con BCG. La persistencia de enfermedad, a
pesar del tratamiento, a los 6 meses del primer ciclo, llevará a estudio de extensión y
cistectomía. Es habitual que durante el tratamiento los pacientes presenten
sintomatología miccional o fiebre. Si se presenta orquioepididimitis o BCGistis se
iniciará tratamiento específico, suspendiendo las instilaciones.

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