Avances en el manejo
de la patología urológica.
Litiasis
urinaria
Introducción
La incidencia de la litiasis urinaria se ha incrementado en
los países industrializados en las últimas décadas, estimándose que a los 70 años el
5-15 por ciento de la población ha generado un cálculo. A su vez, la tasa de recidiva
litiásica se calcula en un 34 por ciento.
El desarrollo en los últimos años de técnicas quirúrgicas
endoscópicas, nefrolitectomía percutánea (NLPC) y ureteroscopia, y de la
litofragmentación extracórporea por onda de choque (LEOC) ha modificado las indicaciones
terapéuticas.
La eficacia de estas técnicas ha restado atención a la
evaluación metabólica y al tratamiento médico del paciente litiásico. Sin embargo, la
trascendencia clínica, social y económica de esta nueva aproximación terapéutica a la
litiasis urinaria es origen de múltiples controversias en la actualidad. La eficacia de
las distintas técnicas, el desarrollo de distintos tipos de energía litofragmentadora,
intra y extracorpóreas, los efectos biológicos indeseables de la onda de choque sobre la
función renal, la recidiva litiásica y el desarrollo potencial de hipertensión arterial
(HTA) son algunos de los aspectos que centran esta controversia.
Evaluación del paciente con litiasis
Evaluación metabólica del paciente
litiásico
La tasa de recidiva litiásica oscila del 30-40 por ciento.
Considerando que el 60 por ciento de los pacientes con un primer cálculo no tendrán
recurrencia litiásica y que el tratamiento de una recidiva potencial se lleva a cabo con
una técnica no invasiva como la LEOC, en la actualidad es controvertida la necesidad de
practicar un estudio metabólico extenso al paciente con un primer episodio de litiasis.
La alteración más frecuentemente detectada es la
hipercalciuria (60 por ciento) seguida de la hiperuricosuria (36 por ciento), la
hipocitraturia (30 por ciento), la hiperoxaluria (8 por ciento), el hiperparatiroidismo
primario (2 por ciento) y la acidosis tubular renal (1 por ciento).
En los pacientes formadores de un primer cálculo, sin
antecedentes familiares de litiasis y sin factores de riesgo específico en la historia o
en la exploración física, la evaluación metabólica extensa no es necesaria. La
realización de un perfil bioquímico que incluya creatinina, calcio, fósforo, ácido
úrico, fosfatasa alcalina e iones es suficiente.
Los pacientes jóvenes (< 20 años), con historia familiar
o litiasis recidivante son subsidiarios de evaluación metabólica inicial.
Evaluación metabólica inicial en el
paciente de alto riesgo
Perfil bioquímico sanguíneo
Sistemático de orina
Sedimento de orina
Cultivo de orina
Determinaciones en orina 24 horas:
Calcio
Ácido úrico
Oxalato
Fosfato
Sodio
Citrato
Magnesio
En los pacientes en que se detecta una hipercalciuria es
aconsejable determinar parathormona (PTH), y nueva determinación de calciuria en 24 horas
tras una dieta de restricción de calcio. Actualmente ya no se recomienda la prueba de
sobrecarga oral de calcio. Esta técnica permite detectar la existencia de una
hipercalciuria absortiva y clasificarla como tipo I (no responde a la restricción de
calcio) o tipo II (normalización del calcio urinario tras restricción del mismo en la
dieta). La hipercalciuria tubular no se modifica por la restricción oral de calcio y
cursa con niveles de PTH elevados y calcio sérico normal.
Aproximadamente un tercio de los pacientes con hipercalciuria
tienen una excreción de calcio elevada con su dieta usual que se normaliza tras
restringir el calcio y el sodio de la misma. Estos pacientes son los que obtienen el
máximo beneficio de una dieta con restricción cálcica. Otro 50 por ciento de los
pacientes hipercalciúricos tienen formas de hipercalciuria tubular o no clasificable.
Estos pacientes son los que obtienen el máximo beneficio del tratamiento con tiazidas.
Tratamiento médico
La finalidad del tratamiento médico se centra en minimizar
la excreción de sales formadoras de cálculo e incrementar la eliminación de inhibidores
de la cristalización.
Tratamiento dietético
La utilidad de la dieta en la prevención de la litiasis
urinaria es controvertida y se centra en la reducción de la ingesta de sodio, proteinas
animales y calcio, así como en el incremento de la ingesta líquida.
La restricción de sodio en la dieta reduce la excreción
urinaria de calcio, incrementado la de citrato. Se reduce la saturación de fosfato
cálcico y se aumenta la actividad inhibidora de la cristalización del oxalato cálcico.
Así mismo, se reduce la saturación de urato sódico lo que evita el fenómeno de
epitaxia, por el cual la hiperuricosuria favorece la cristalización del oxalato cálcico.
Además dietas con alta cantidad de sodio disminuyen la eficacia de las tiazidas para
reducir la calciuria.
La ingesta elevada de proteínas animales incrementa la
excreción de ácido úrico y acidifica la orina.
La restricción del calcio de la dieta como tratamiento
único está justificado en la hipercalciuria absortiva tipo II. Es inútil en pacientes
normocalciúricos, con litiasis oxalocálcica, ya que la reducción de calcio incrementa
la cantidad de oxalato libre absorbible en la luz intestinal y la hiperoxaluria resultante
incrementa el riesgo litógeno. En la hipercalciuria tubular la reducción del calcio de
la dieta favorece el hiperparatiroidismo secundario y la osteoporosis, estando
absolutamente contraindicada la restricción de calcio de la dieta. Finalmente es
aconsejable que el volumen de diuresis en 24 horas supero los 2000 ml.
Tratamiento médico
La revisión de la literatura médica permite concluir que el
uso de ortofosfatos, el fosfato de celulosa, el magnesio y el citrato no ha demostrado ser
eficaz en la prevención de la recurrencia litiásica. Los datos referentes a las tiazidas
son controvertidos y no concluyentes. El citrato potásico ha demostrado su eficacia en la
prevención de la nefrolitiasis asociada a hipocitraturia.
Tratamiento de la hipercalciuria
Absortiva
La hipercalciuria absortiva tipo II se trata con restricción
dietética de calcio, mientras que la tipo I puede tratarse con tiazidas o fosfato de
celulosa. Las tiazidas inhiben la reabsorción de sodio en el túbulo distal incrementando
la del calcio. La reducción de volumen inducida por el efecto diurético incrementa la
reabsorción de sodio y calcio en el túbulo proximal reduciendo aún más la calciuria.
El tratamiento con tiazidas induce una hipopotasemia y una
acidosis intracelular que conduce a una hipocitraturia. La administración de citrato
potásico revierte este efecto, normalizando la citraturia, lo que inhibe la
cristalización del oxalato cálcico. Por otra parte, es aconsejable una cierta
restricción de sodio, ya que la ingesta excesiva del mismo atenúa el efecto
hipocalciúrico de las tiazidas.
En la hipercalciuria absortiva tipo I las tiazidas tienen un
efecto hipocalciúrico inicial que revierte a largo plazo, hecho que justifica que la tasa
de remisión sea sólo del 30 por ciento frente al 70 por ciento en la hipercalciuria
renal. La pérdida de la respuesta hipocalciúrica a tiazidas aconseja la suspensión de
las mismas y tratamiento temporal con fosfato de celulosa.
El fosfato de celulosa se reserva para la hipercalciuria
absortiva grave tipo I reduciendo la absorción intestinal de calcio y la eliminación
urinaria del mismo.
Tubular
El tratamiento con tiazidas estimula la reabsorción tubular
de calcio normalizando la calcemia, suprimiendo la PTH y eliminando el estímulo para el
incremento de la absorción intestinal de calcio y la movilización esquelética del
mismo. Esta respuesta es mantenida a diferencia de la de la hipercalciuria absortiva.
Tratamiento de la hiperoxaluria
Los pacientes con hiperoxaluria secundaria a trastornos
malabsortivos (la forma más frecuente) se benefician de una restricción del oxalato en
la dieta así como del uso de citrato de calcio como fijador del oxalato a nivel de la luz
intestinal.
Tratamiento de la hiperuricosuria
La hiperuricosuria incrementa el riesgo de formación de
litiasis oxalocálcica al inducir la nucleación heterogénea del mismo. El paciente que
asocia hiperuricemia se beneficia de la restricción dietética de purinas y del
tratamiento con alopurinol. En casos de litiasis úrica la alcalinización urinaria para
la obtención de pH urinario de 6,5-7 es esencial.
Tratamiento de la hipocitraturia
La hipocitraturia puede aparecer asociada a cualquier forma
de acidosis metabólica, acidosis tubular distal renal, síndromes diarreicos o ser
idiopática. El citrato además de interaccionar directamente con los cristales de
oxalato, facilita la formación del citrato cálcico, lo que reduce el calcio iónico e
inhibe la cristalización del oxalato cálcico.
Evaluación radiológica
del paciente litiásico
Radiografía abdominal
El valor de la radiografía abdominal para la evaluación de
los cálculos de las vías urinarias descansa en el hecho de que en un 90 por ciento son
radiopacos. Su grado de opacidad varía según la composición del cálculo, siendo mayor
en los compuestos por fosfato cálcico, oxalato cálcico o combinaciones de oxalato y
fosfato cálcico. Los cálculos de estruvita también son opacos aunque en menor grado.
Los cálculos de cistina tienen una baja densidad radiológica y aunque pueden ser
visibles en un paciente con una correcta preparación intestinal si son de gran tamaño,
por lo general son invisibles en la placa abdominal simple. Los cálculos de ácido úrico
no son radiopacos.
La visibilidad de los cálculos depende no sólo de su grado
de opacidad, sino también de su tamaño y su posición en relación con otras estructuras
anatómicas. Así la radiografía abdominal simple tiene una baja sensibilidad para los
cálculos ureterales, en torno a un 50 por ciento.
Urografía intravenosa (U.I.V.)
Ha sido y probablemente siga siendo para gran parte de los
urólogos la exploración básica en el paciente con litiasis. Su valor no estriba, sin
embargo, tanto en la identificación específica de los cálculos como en la evaluación
de la anatomía renal y en la detección de cualquier anomalía subyacente que predisponga
a la formación de cálculos o que pueda afectar a su tratamiento. Permite determinar la
posición de los cálculos en relación con las estructuras colectoras, proporciona una
estimación de la función renal y permite evaluar el grado de hidronefrosis y de
parénquima renal restante.
Ecografía
En la evaluación de la litiasis, la ecografía es un método
que no depende de la composición de los cálculos, permitiendo la detección tanto de los
cálculos de ácido úrico como los de calcio. Los cálculos aparecen en forma de focos
muy ecogénicos, que en la mayoría de los casos producen un sombreado acústico distal.
Además de demostrar la existencia de cálculos, la ecografía puede detectar la presencia
y grado de hidronefrosis asociada, por el contrario no es posible tener constancia de la
función renal. Los datos relativos a la sensibilidad y la especificidad de la ecografía
para la detección de cálculos muestran por lo general buenos resultados, pero con una
amplia variabilidad dependiente fundamentalmente del observador.
Tomografía axial computerizada
Probablemente el avance más significativo en el estudio por
imagen de la litiasis renal ha sido el desarrollo de la técnica helicoidal de la
tomografía axial computerizada (TAC) dicha técnica permite la adquisición rápida de
imágenes durante uno o dos tiempos de contención respiratoria del paciente, eliminando
el problema de la movilidad respiratoria y evitando que pasen desapercibidos cálculos
ureterales de pequeño tamaño. La sensibilidad y especificidad de la TAC helicoidal
alcanzan el 97 y 96 por ciento respectivamente.
Composiciones como las de cistina y ácido úrico alcanzan
coeficientes de atenuación suficientes para su identificación, siendo los únicos
cálculos que no detecta aquéllos en relación con la terapia retroviral con indinavir.
Para la interpretación de las imágenes se utilizan
hallazgos directos e indirectos. Los directos son el reconocimiento de un cálculo dentro
del uréter y un reborde de tejido que lo rodea y que representa el edema ureteral
circundante. Los hallazgos secundarios son la hidronefrosis o el hidrouréter, la
presencia de líquido o bandas perirrenales y la nefromegalia.
Técnicas de tratamiento mínimamente invasor
Energía litofragmentadora. Eficacia
de los distintos tipos
Las fuentes energéticas litofragmentadores pueden ser de
aplicación extracórporea, transmitiendo la energía hasta el cálculo mediante un
mecanismo de acoplamiento con la piel, o intracorpórea, mediante contacto directo del
terminal emisor energético con el cálculo.
Las fuentes energéticas de aplicación extracorpórea y
utilidad clínica son básicamente 3: electrohidráulica, piezoeléctrica y
electromagnética. Las fuentes intracorpóreas, que se aplican en el curso de una NLPC o
una ureteroscopia son esencialmente 4: electrohidráulica, ultrasónica, neumática y
láser de impulsos.
Fuentes extracorpóreas
Las técnicas extracorpóreas se basan en la focalización de
las ondas de choque sobre el cálculo lo que genera una compresión de la estructura
cristalina del mismo y su fragmentación. Aunque el proceso de fragmentación es semejante
en todos los litotritores, la eficacia, el tamaño de las partículas generadas y la
lesión celular inducida por las distintas fuentes energéticas no es idéntico. La
morfología de la onda de presión emitida por las distintas fuentes no es idéntica, lo
que modifica su acción sobre la estructura cristalina del cálculo, así como la presión
en el área focal y el tamaño de la misma. La primera circunstancia determina el patrón
de fragmentación, mientras que las dos últimas establecen la eficacia y las necesidades
anestésicas de la técnica. La reducción del área focal y el incremento de la
superficie cutánea de entrada de la onda disminuye las necesidades analgésicas
permitiendo el tratamiento ambulatorio. Sin embargo esto se asocia a una menor potencia
que condiciona un mayor número de segundas sesiones y limita la fragmentación de grandes
masas litiásicas o de composiciones poco frágiles, como la cistina o el oxalato cálcico
monohidratado. La potencia fragmentadora es máxima para las fuentes electrohidráulicas,
media para las electromagnéticas y algo menor para las piezoeléctricas. El tamaño de
las partículas generadas por los sistemas piezoeléctricos es inferior al de las
partículas obtenidas tras la fragmentación con fuentes electrohidráulicas ofertando una
mayor capacidad de pulverización lo que reduce la incidencia de complicaciones
obstructivas y de litiasis residual.
Fuentes intracorpóreas
El trayecto percutáneo translumbar anterógrado en el curso
de la NLPC y el transuretral retrógrado durante una ureteroscopia son las 2 vías de
acceso endoscópico al tracto urinario superior para el uso de las fuentes de
fragmentación intracorpórea en el tratamiento de la litiasis. Su eficacia está próxima
al 90 por ciento.
Efectos biológicos indeseables de la
onda de choque
La hematuria, los hematomas y colecciones perirrenales e
intraparenquimatosos, la obstrucción ureteral, la sepsis y la lesión de órganos vecinos
se encuentran entre los efectos agudos indeseables de la onda de choque. El efecto
citotóxico renal inducido por la onda de choque tiene carácter transitorio, lo que se
demuestra por la normalización de los nives de enzimas urinarios en los 3-7 días
posteriores a la LEOC. Tras la litotricia se detecta edema y hemorragia perirrenal,
hematomas intra y subcapsulares, así como pérdida de la diferenciación
córtico-medular. Este efecto lesivo, al menos experimentalmente es dosis-dependiente y es
más intenso para las energías electrohidráulica y electromagnética que para la
piezoeléctrica.
La primera referencia al desarrollo de HTA postlitotricia se
debe a las observaciones de Lingeman y Club en 1987. Desde la publicación de este
artículo una intensa discusión ha tenido lugar en la literatura sobre el efecto de la
onda de choque en el desarrollo de HTA. Distintos autores han puesto de manifiesto un
incremento de la TA diastólica en aquellos pacientes sometidos a LEOC. Las lesiones
histológicas inducidas por la onda de choque son fibrosis instersticial, atrofia tubular,
destrucción glomerular, engrosamiento capsular, fibrosis perivascular o engrosamiento de
la pared arteriolar. Tanto clínica como experimentalmente se han referido, así mismo,
elevaciones de renina.
El segundo efecto biológico crónico indeseable de la onda
de choque es la afectación potencial de la función renal inducida por la misma. Diversos
autores han documentado mediante la realización de renogramas isotópicos una reducción
transitoria de la función renal con alargamiento del tiempo de tránsito parenquimatoso.
El número de ondas, el número de sesiones y la existencia de litiasis múltiples son
considerados factores de riesgo para el deterioro de la función renal. Dicho deterioro no
tiene trascendencia clínica en presencia de una masa nefronal normal. Pacientes
monorrenos o riñones infantiles son más susceptibles al efecto citotóxico de la onda de
choque.
El tercer efecto crónico indeseable de la LEOC es la
existencia de pequeños fragmentos residuales (< 3-5 mm) y su potencial implicación en
la recidiva litiásica. El criterio clásico de éxito para el tratamiento con cirugía o
NLPC era la ausencia de masa litiásica residual. El criterio de éxito con LEOC se
establece como la ausencia de partículas residuales <3-5 mm, consideradas
clínicamente no significativas, a los 3 meses del tratamiento, o bien la presencia de una
escasa cantidad de las mismas en ausencia de infección urinaria. A esto hay que añadir
que unidades renales consideradas limpias mediante radiología convencional, no lo están
en la realidad, ya que presentan partículas de tamaño inferior a 1 mm que escapan a la
capacidad de resolución de las técnicas radiológicas convencionales y que pueden ser
objetivadas mediante TAC.
La incidencia anual de crecimiento de los fragmentos
residuales post-LEOC está próxima al 20-22 por ciento. Esta incidencia se eleva al 48-65
por ciento cuando los fragmentos están constituidos por ácido úrico o son litiasis
infectivas. Desde un punto de vista fisiopatológico la LEOC actuaría como un
multiplicador de la superficie litiásica de crecimiento cristalino.
Todo lo anterior nos lleva a considerar que conceptualmente
parecería esencial el tratamiento médico de los pacientes con litiasis residual para
reducir el incremento de la misma.
Indicaciones y contraindicaciones
actuales de la LEOC
En la actualidad la LEOC se considera el tratamiento de
primera elección de la litiasis y sus contraindicaciones son escasas. Entre ellas se
encuentra: la ausencia de función renal, el embarazo, las anomalías anatómicas que
impiden la correcta focalización del cálculo (obesidad mórbida, cifoescoliosis
severa...) y las anomalías del tracto urinario superior que condicionan una obstrucción
distal al cálculo que impedirá la eliminación de los fragmentos litiásicos.
Los cálculos de gran masa litiásica ( > 4 cm) o los
infectivos constituyen indicaciones controvertidas. Los primeros pueden ser asumibles para
monoterapia con LEOC si su composición es relativamente frágil al efecto de la onda de
choque y los segundos en el caso de que no exista una afectación severa de la
arquitectura calicial que evite la obtención de una unidad renal limpia, sin fragmentos
residuales.
Algunas composiciones como la cistina, el fosfato tricálcico
(brushita) o el oxalato cálcico monohidrato son escasamente frágiles al efecto de la
onda de choque, constituyendo indicaciones electivas de NLPC o cirugía abierta
especialmente cuando su tamaño supera los 2-4 cm.
Finalmente, los trastornos de la coagulación y la infección
urinaria activa son contraindicaciones absolutas de LEOC que exigen ser tratados con
anterioridad a la realización de la misma.
Actualmente la litiasis infantil o la alojada en el injerto
renal se consideran buenas indicaciones de LEOC, siendo preferible la utilización de un
sistema de desintegración piezoeléctrico que permita minimizar la lesión tisular
inducida por la onda de choque.
Nefrolitectomia percutánea (NLPC)
Consiste en la extirpación de la litiasis presente en las
cavidades pielocaliciales mediante el acceso percutáneo a las mismas. No sólo permite la
extracción directa de cálculos sino el uso combinado de litofragmentadores
intracorpóreos.
Se consideran indicaciones de NLPC las expuestas a
continuación.
a) Litiasis coraliforme
Se define un cálculo coraliforme aquél que ocupa la
práctica totalidad de las cavidades pielocaliciales renales. Son, por tanto, cálculos de
elevada masa litiásica. La composición más frecuente de los cálculos coraliformes es
la infectiva, constituidos por fosfato-amónico-magnésico o fosfato cálcico puro en el
caso de infección urinaria por Escherichia coli. Le siguen en frecuencia los cálculos
metabólicos puros, de oxalato cálcico, ácido úrico o cistina.
Actualmente la NLPC se considera la primera elección
terapéutica en la litiasis coraliforme asociada o no a LEOC de los cálculos residuales.
La cirugía abierta se considera una opción en los casos
infrecuentes de cálculos coraliformes complejos, si se requieren procedimientos de
reconstrucción intrarrenal o procedimientos percutáneos o extracorpóreos múltiples o
en aquellos riñones con anomalías de función en que puede estar recomendada la
nefrectomía.
b) Litiasis múltiple
La tasa de éxito de la LEOC como monoterapia en el
tratamiento de la litiasis renal múltiple no supera el 43 por ciento y habitualmente
requiere medidas auxiliares invasivas hasta en el 46 por ciento de los casos. Por el
contrario la monoterapia con NLPC alcanza tasas de éxitos próximas al 100 por ciento con
una frecuencia de procedimiento auxiliares en torno al 8 por ciento.
c) Litiasis calicial inferior
Los cálculos en los cálices renales del polo inferior
tienen un índice de éxito con LEOC muy inferior al de los cálculos de cálices
superiores o de la pelvis renal probablemente en relación con un defecto de drenaje por
gravedad. El índice de unidades renales libres de cálculo en esta circunstancia después
de LEOC es de aproximadamente un 59 por ciento frente al 90 por ciento después de NLPC.
d) Litiasis de cistina
Los cálculos de cistina generalmente son resistentes a la
LEOC aunque se pueden tratar los cálculos de pequeño tamaño. Sin embargo la acción
mecánica de la litotricia ultrasónica directa consigue su fragmentación. Añadiendo
LEOC o terapia de disolución percutánea se consigue una situación libre de cálculos en
el 75 por ciento de los pacientes.
e) Anomalías en la anatomía renal y de la vía
superior
El éxito de la LEOC depende en último término de la
capacidad de los fragmentos de los cálculos para atravesar la vía urinaria superior. Las
anomalías anatómicas de la vía urinaria superior pueden entorpecer este paso,
contraindicando por tanto la LEOC. Entre las anomalías más frecuentes destacan:
estenosis de la unión uretero-piélica, divertículo calicial, estenosis infundibular,
estenosis ureteral de distinto origen o las malformaciones renales como el riñón en
herradura, la fusión renal y el riñón ectópico pélvico.
f) Otras
Anatomías anatómicas del paciente
La obesidad o cifoescoliosis severas pueden impedir la
correcta focalización del cálculo y contraindicar la LEOC. La NLPC en el paciente obeso
puede requerir modificaciones de la técnica la primera de las cuales puede ser el
posicionamiento en decúbito lateral del enfermo.
Fracaso de LEOC y ureteroscopia
Litiasis en el injerto renal
Ureteroscopia
La ureteroscopia, técnica consistente en el acceso a la vía
excretora del paciente por vía transuretral retrógrada, fue descrita por primera vez en
1912, no realizándose de forma habitual hasta la década de los 70. La extensión de su
uso ha requerido el desarrollo técnico de endoscopios de pequeño calibre que
simultáneamente permitieran la existencia de un canal de trabajo que facilitara
manipulaciones variadas de la vía excretora alta, que incluye la extracción directa de
litiasis de pequeño tamaño y la litofragmentación intracorpórea de las de mayor
tamaño. El desarrollo del tratamiento de la litiasis de localización ureteral ha ido
unido por lo tanto al desarrollo técnico de ureteroscopios y fuentes de energía
litofragmentadora intracorpórea.
Cirugía abierta de la litiasis. Indicaciones
El tratamiento quirúrgico de la litiasis urinaria ha sufrido
cambios importantes en las dos últimas décadas. La introducción y desarrollo de la
cirugía renal percutánea (NLPC), la LEOC y la ureteroscopia unida al desarrollo de las
fuentes de energía intracorpórea han llevado a un profundo cambio en el tratamiento
quirúrgico de la litiasis. Las indicaciones de la cirugía abierta han disminuido de
forma significativa y se ha convertido en su mayor parte en una opción terapéutica de
segunda o tercera línea.
Sus indicaciones son:
a) Litiasis compleja
Se considera litiasis compleja aquélla coraliforme o de
elevada masa litiásica. La cirugía abierta se convierte en una opción de tratamiento
aceptable si es poco probable que una combinación razonable de procedimientos de LEOC y
NLPC pueda conseguir el éxito terapéutico.
b) Fracaso de LEOC y tratamiento endorurológico.
Anomalías anatómicas
Las anomalías anatómicas específicas que pueden complicar
el proceso litiásico son: la estenosis congénita o adquirida de la unión pieloureteral,
los divertículos caliciales, estenosis infundibular y estenosis ureterales como hemos
expuesto al hablar de NLPC. Los cálculos renales con obstrucción concomitante de la
unión pielo-ureteral pueden ser tratados por vía percutánea combinando la realización
de litotricia intracorpórea percutánea y una endopielotomía. Sin embargo los cálculos
de elevada masa litiásica, la presencia de vaso polar o una pelvis renal muy dilatada
pueden ser indicaciones relativas de cirugía abierta.
Los cálculos en los divertículos caliciales o asociados a
estenosis infundibular pueden tratarse habitualmente por vía percutánea si bien hay
situaciones en las que cabe pensar en la cirugía abierta. Así mismo la estenosis
ureteral asociada a litiasis múltiple, o estenosis extensa o en determinadas
localizaciones hacen preferible la cirugía abierta.
c) Anatomía del paciente. Enfermedades concomitantes
La presencia de otras enfermedades importantes y la edad
avanzada pueden determinar el tratamiento quirúrgico de la litiasis. El tratamiento ideal
en estos casos tiene en cuenta el objetivo de conseguir un estado libre de cálculos
evitando morbilidad y complicaciones significativas, así como el deseo de evitar métodos
terpéuticos múltiples o prolongados.
d) Nefrectomía. Indicaciones
Los pacientes con litiasis recurrente, frecuentes infecciones
del parénquima renal y obstrucción crónica de alto grado pueden ser indicación de
nefrectomía simple. La litiasis asociada a un deterioro segmentario del parénquima renal
puede ser indicación de realizar nefrectomía parcial.
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