Avances en el manejo
de la patología urológica.
Tumor
vesical infiltrante
La invasión de la capa muscular de
la vejiga constituye, normalmente, el punto de inflexión para un tratamiento más
radical. La supervivencia a los 5 años de los pacientes con tumor vesical infiltrante en
estadio T2 y T3 es únicamente del 40-60 por ciento independientemente del tratamiento. El
tratamiento del carcinoma vesical invasivo es uno de los problemas más controvertidos a
los que se enfrenta el urólogo en la actualidad.
Una vez establecido el diagnóstico de tumor infiltrante,
tras la RTU del paciente, se procede al estudio de extensión. La tomografía axial
computerizada (TAC) abdomino-pélvica coadyuvará en la estadificación del cáncer
vesical al establecer la posible implicación de estructuras adyacentes, repercusión
sobre el tracto urinario superior como factor de mal pronóstico y la posible afectación
de los ganglios regionales así como la presencia de metástasis hepáticas. La elevación
preoperatoria de las cifras de fosfatasa alcalina es indicación de realizar gammagrafía
ósea con Tc-99.
Tratamiento quirúrgico en el cáncer vesical
infiltrante
El tratamiento quirúrgico para el cáncer vesical con
invasión muscular representado por la cistectomía radical constituye el tratamiento
estándar frente al cual deben ser evaluadas todas las demás modalidades terapéuticas.
Un problema fundamental con el que nos encontramos ante cualquier intento de comparación
de modalidades terapéuticas es que el estadío clínico a menudo no se correlaciona con
el estadio anatomopatológico, demostrándose subestadificación en el 35 por ciento de
los casos y sobreestadificación en un 23 por ciento.
Resección transuretral (RTU)
La RTU es el enfoque quirúrgico más conservador frente al
cáncer vesical infiltrante, y se ha demostrado que ejerce un efecto terapéutico en
pacientes sometidos a la extirpación completa del tumor local (RTU radical) siendo su
mejor indicación aquellos tumores en estadio patológico T2, es decir, con infiltración
exclusivamente de la capa muscular superficial. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la
revisión exhaustiva de la literatura pone de manifiesto que los resultados globales de la
RTU sola en el cáncer vesical infiltrante son inferiores a los obtenidos con cistectomía
radical y se caracterizan por índices más altos de fracaso o recurrencia local. En los
casos en los que el elevado riesgo quirúrgico del paciente o su deseo expreso de
preservar la vejiga indique la realización de RTU, debería considerarse la radioterapia
o quimioterapia adyuvantes.
Cistectomia parcial
En circunstancias especiales, podría ser adecuada una
cistectomía parcial. Sólo un 5 por ciento de los pacientes con tumor infiltrante en
estadios T2-T3 son candidatos a esta forma de tratamiento debido a la localización
habitual (trígono, cuello vesical) y la naturaleza multifocal de la lesión. Los
criterios para una cistectomía parcial son estrictos e incluyen: ausencia de antecedentes
de cáncer vesical, tumor confinado a una región de la vejiga, que permita la
eliminación del tumor con un margen de al menos 2 cm de urotelio normal; ausencia de
pruebas de cáncer vesical multifocal, incluida la constatación mediante biopsias mucosas
aleatorias y por supuesto, ausencia de tumor en la uretra prostática.
Cistectomia radical
En los pacientes con lesiones en estadio clínico T2-T3 el
tratamiento estándar consiste en disección bilateral de ganglios linfáticos pélvicos
seguida de cistoprostatectomía en los varones y de exenteración pélvica anterior
(cistectomía, histerectomía) en la mujer. La elección de la derivación urinaria
tendrá en cuenta las ventajas e inconvenientes tanto de la conducción ileal tradicional
como de las diversas formas de derivación continente hacia la piel o hacia la uretra en
el caso de los varones. La mortalidad operatoria oscila entre el 1 y el 5 por ciento y el
índice de recurrencia local es aproximadamente del 9 por ciento.
Los datos globales de las series quirúrgicas contemporáneas
revelan un índice de supervivencia a los 5 años del 62-88 por ciento en estadio T2; del
57-74 por ciento para el T3a y del 29-57 por ciento en el estadio T3b.
Aproximadamente, el 50 por ciento de los pacientes en dichos
estadios sigue falleciendo por enfermedad metastásica, luego el control local no parece
el problema que debe abordarse sino como conseguir una mejora real de la supervivencia con
el desarrollo de una terapia sistémica eficaz.
Cirugía para la enfermedad con
ganglios positivos
Los pacientes en estadio avanzado por la presencia de
metástasis ganglionares, presentan un pronóstico infausto y en ellos, el papel de la
cirugía y la linfadenectomía pélvica es controvertido. El índice de supervivencia a
los 5 años es sólo de un 7 por ciento.
La afectación ganglionar implica una enfermedad sistémica,
y a menos que el paciente presente una enfermedad microscópica de bajo volumen en los
ganglios linfáticos, convendría evitar probablemente la cistectomía. El desarrollo de
regímenes quimioterapéuticos más eficaces puede estandarizar el uso de la cistectomía
radical.
Radioterapia en el tumor vesical infiltrante
Numerosos estudios han demostrado que la radioterapia externa
no basta por sí sola para alcanzar un control local sostenido del tumor vesical
infiltrante. La irradiación preoperatoria no ha demostrado reducción de la extensión
microscópica o macroscópica del tumor y por tanto del índice de recivas locales que se
mantiene idéntico, en torno al 5-10 por ciento. Tampoco parece haber disminuido el
estadío local de la enfermedad. Como se ha mencionado anteriormente el estadio clínico
no se correlaciona con el estadio anatomopatológico en el 50-60 por ciento de los casos.
Por el contrario la radioterapia preoperatoria se asocia a efectos adversos tales como la
mayor incidencia de complicaciones intestinales e infecciones de heridas.
Quimioterapia en el tumor localmente invasivo y
metastásico
El cáncer vesical es un tumor quimiosensible y existen dos
líneas argumentales que justifican su uso. Más del 50 por ciento de los pacientes
tratados localmente por un tumor vesical infiltrante recidivarán en localizaciones
remotas y generalmente fallecerán a causa de la enfermedad en los 2 años siguientes a su
intervención quirúrgica. Por otro lado, la quimioterapia, cuando se utiliza junto a
otras modalidades, puede aumentar el índice de control local y posiblemente facilitar la
preservación de la vejiga.
La combinación de agentes que ha demostrado mayor eficacia
es la denominada M-VAC (metotrexato, vinblastina, doxorrubicina y cisplatino). La
supervivencia mediana para los pacientes con respuesta completa (36 por ciento) superó
los 38 meses, mientras aquéllos con respuesta parcial sobrevivieron 11 meses; la
supervivencia fue de aproximadamente 8 meses para los pacientes sin respuesta a la
quimioterapia. El índice de respuestas completas alcanzó el 52 por ciento de los
pacientes con afectación demostrada exclusivamente ganglionar (N+) y sólo el 33 por
ciento en aquéllos con afectación visceral (M+). La supervivencia mediana de la
respuesta fue de 35 meses para los pacientes con ganglios positivos y sólo de 11 meses
para la afectación visceral. La localización metastásica visceral con peor pronóstico
es la hepática.
Quimioterapia neoadyuvante
La terapia neoadyuvante permite la valoración in vivo de la
quimiosensibilidad del tumor al observar la respuesta de la lesión marcador en la vejiga.
Los pacientes que responden pueden continuar la terapia hasta el punto de máximo efecto,
y una respuesta clínica completa podría permitir incluso la preservación vesical. Entre
los inconvenientes, destaca el hecho de que no todos los pacientes necesitan tratamiento
sistémico y que la valoración de la respuesta depende por completo de la estadificación
clínica, que como se ha expuesto repetidamente, suele ser imprecisa, con un error que
alcanzar hasta el 38 por ciento.
La revisión de estudios constituidos por pacientes que
alcanzaron estadios T0 o Tis después de quimioterapia (reevaluación mediante RTU y
biopsias múltiples) y que fueron seguidos sin una intervención quirúrgica definitiva ha
puesto de manifiesto que entre el 25 y el 30 por ciento de los pacientes presentaban
enfermedad metastásica 18-24 meses después de la quimioterapia, lo que permite concluir
que la quimioterapia actual no debería contemplarse como sustituto de la cirugía
definitiva representada por la cistectomía radical y, en casos seleccionados, la
cistectomía parcial.
Los estadios T2 y T3a son los que tienen mayor posibilidad de
respuesta completa a la quimioterapia y la preservación vesical puede ser un objetivo
razonable es estos casos, aunque no en los estadios T3b y T4.
Quimioterapia adyuvante
La quimioterapia adyuvante presenta la ventaja de que su
administración se basa en criterios anatomopatológicos. Los pacientes con un alto riesgo
de recurrencia postoperatoria son aquellos con estadio T3b y T4, evidencia de invasión
vascular o linfática, o presencia de metástasis ganglionares en la linfadenectomía
regional. El beneficio de la quimioterapia queda restringido a los individuos con
enfermedad extravesical, localmente extensa o con ganglios positivos, sin observarse
beneficio alguno en aquellos pacientes con invasión vascular o linfática.
Muchos tumores desarrollan resistencia a múltiples drogas.
Hasta que puedan desarrollarse agentes anti-tumorales más selectivos, la toxicidad sobre
tejidos normales como la médula ósea limita el incremento de dosis, siendo por tanto una
prioridad el desarrollo de estrategias para prevenir la mielosupresión. En este sentido
se está desarrollando la modificación genética de las células de la médula ósea
mediante la introducción de un gen que codifica la resistencia a múltiples drogas, lo
que equiparía a estas estirpes celulares de un mecanismo protector efectivo.
En los últimos años se han desarrollado nuevos agentes
citotóxicos antitumorales que presentan tasas de respuesta objetiva comparables y
superiores a los agentes de eficacia establecida. Estos nuevos agentes incluyen: el Galio,
Ifosfamida, Paclitaxel, Docetaxel, Gemcitabina y Topotecan.
El tratamiento del cáncer vesical invasivo y metastásico
sigue siendo motivo de controversia. De acuerdo con el conocimiento actual de su biología
y los datos disponibles sobre su tratamiento, la cistectomía radical con linfadenectomía
pélvica bilateral continúa siendo el estándar terapéutico. En un grupo seleccionado de
pacientes puede estar indicada la cistectomía parcial. La verdadera eficacia de la
quimioterapia neoadyuvante y adyuvante debe establecerse a partir de los resultados de
ensayos aleatorios prospectivos. Así mismo deben realizarse nuevos estudios sobre
predictores biológicos del pronóstico y la respuesta al tratamiento que permita guiar
las decisiones terapéuticas y evitar un tratamiento excesivo o insuficiente de los
pacientes.
Clasificacion tumoral de la UICC
pTx Tumor cuya extensión no puede determinarse
pT0 No se demuestra carcinoma vesical
pTa Tumor papilar que no invade submucosa
pT1 Tumor que sólo invade la submucosa
pT2 Tumor que invade la muscular superficial
pT3a Tumor que invade la muscular profunda
pT3b Tumor que invade hasta pericistio
pT4 Tumor que invade próstata o otras estructuras extravesicales
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