Alopecia
Introducción
El término alopecia define la pérdida o caída de pelo de
cualquier tipo y origen y deriva de la palabra griega Alopex, que significa zorro porque
este animal pierde su pelo de verano en otoño y el de invierno en primavera.
Las alopecias son una de las consultas más frecuentes en
Medicina General y representan entre el 3-8 por ciento de las primeras consultas de las
clínicas dermatológicas.
Es importante que el médico general y el internista sepan
valorar en su justa medida el valor de la alopecia como signo clínico, puesto que en
muchos casos puede ser un síntoma más de una enfermedad sistémica (proceso febril de
larga evolución en las enfermedades infeciosas como la fiebre tifoidea, brucelosis,
sífilis; colagenosis como lupus eritematoso o esclerodermia; neoplasias como linfoma de
Hodgkin, alopecia metastásica o lintomas T; enfermedades metabólicas o tiroidopatías,
síndromes carenciales, diabetes mellitus, síndrome de Werner, etc). En muchas de estas
circunstancias patológicas la alopecia puede presentar unas características clínicas
diferenciales que pueden ayudar a orientar o a sospechar el diagnóstico de la enfermedad
de base, y ello es importante que se tenga en cuenta en la historia clínica del paciente.
Desde el punto de vista morfológico, se dividen en dos tipos
básicos: alopecias cicatriciales y no cicatriciales.
Alopecia cicatricial
Es la que se produce como consecuencia de una lesión
irreversible folicular, y normalmente supone también un daño del área afecta (Figura
1).

figura1 |
Alopecia no cicatricial
Supone una alteración reversible del folículo piloso que no
afecta a la piel circundante o bien se debe a una lesión intrínseca del tallo piloso.
Antes de analizar la estrategia diagnóstica y terapéutica
del enfermo con alopecia repasaremos la anatomía fisiológica del folículo pilosebáceo.
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