Diagnostico precoz y tratamiento
del cáncer ginecológico
Introducción
Una actuación
eficaz para tratar de lograr la curación del cáncer, y
específicamente de los cánceres ginecológicos,
se debe basar en tres pilares: profilaxis, diagnóstico precoz
y tratamiento. Uno de los objetivos más importantes de la política
sanitaria en cualquier comunidad es la implantación de una Medicina
preventiva que llegue a toda la población.
Según Daly
(1993), las mujeres tienen un 2 por ciento de probabilidades de padecer
cáncer hasta los 39 años, un 9 por ciento a los 59, y
hasta un 23 por ciento al llegar a los 79. En el siglo XXI casi la mitad
de las mujeres estarán expuestas al riesgo de padecer una lesión
cancerosa o precancerosa. Una elevada proporción de estas neoplasias
(más de la mitad si incluimos las mamarias) serán ginecológicas.
Como ponen de manifiesto
múltiples estadísticas, los avances logrados en el tratamiento
de los distintos tipos de cáncer son muy pequeños, y sólo
se mejoran los resultados en tanto en cuanto el diagnóstico se
realiza tempranamente. Si realmente el diagnóstico llega a hacerse
antes de que la enfermedad haya dado síntomas, en etapa preclínica,
se estará en camino de lograr una mayor supervivencia.
La prevención
del cáncer incluye: la actuación sobre los mecanismos
de la carcinogénesis, la anulación de los factores exógenos
implicados en su desarrollo y el tratamiento apropiado y oportuno de
las lesiones consideradas como potencialmente malignas.
Las características
que debería reunir una enfermedad para que pudiera considerarse
candidata a su identificación mediante un programa de diagnóstico
precoz, se pueden resumir en cuatro:
1. Que constituya
un grave problema.
La enfermedad de que se trate debe tener una alta prevalencia y una
morbimortalidad importante. La tasa de prevalencia de un cáncer
ginecológico, establece el número de personas que padecen
la enfermedad por 100.000 habitantes. El porcentaje estimado en cuanto
a prevalencia entre tumores ginecológicos sería: cáncer
de mama 50 por ciento, endometrio 20, cérvix 10-15 por ciento,
ovario 10-15 por ciento, vulva 4-5 por ciento, y vagina 0,5 por ciento.
Es perfectamente
posible que la incidencia de una enfermedad sea baja y la prevalencia
alta, como por ejemplo, en el caso del cáncer, enfermedad que
a veces tiene una evolución larga, por lo que en un momento dado
el número de enfermos puede ser alto, siendo el número
de casos nuevos anuales bajo.
En el terreno ginecológico,
la prevalencia de cáncer de vulva y de vagina es tan baja que
difícilmente justifica campañas dedicadas a su diagnóstico
precoz. Estas características deben tenerse en cuenta en el diseño
de este tipo de programas.
2. Que tenga una
historia natural conocida.
Es evidente que sin el conocimiento de la evolución natural del
tumor, desde que unas células normales se transforman en atípicas
y después en claramente neoplásicas, es difícil
abordar su diagnóstico precoz. El cáncer de cérvix
ha sido especialmente bien estudiado en este aspecto, pero en todos
los cánceres ginecológicos hay una secuencia en su evolución
bastante similar: a partir de un tejido sano se inicia una lesión
premaligna, después se transforma en carcinoma intraepitelial
in situ y, luego evoluciona a cáncer invasor. Como se deduce,
el verdadero diagnóstico precoz es el que se hace en fase de
lesión premaligna o de carcinoma in situ.
3. Que pueda reconocerse
en los estadios precoces.
Resulta obvio, pero depende en gran manera de la accesibilidad del órgano.
Las lesiones cervicales son bastantes accesibles a los medios exploratorios,
sin embargo, mas dificultad presentan los tumores ováricos.
4. Que el tratamiento
en las fases iniciales sea verdaderamente eficaz.
Esta circunstancia se produce en todos los cánceres ginecológicos,
sin duda alguna, además de que el tratamiento en la fase inicial
no sólo es más eficaz sino incluso menos complejo y más
barato.
El cáncer
en general y el ginecológico en particular no acostumbra a presentarse
de una forma brusca, sino que generalmente suele ir precedido de una
serie de cambios celulares limitados al epitelio, sin invasión
del tejido conjuntivo subyacente. Esta eventualidad está bien
constatada en algunas neoplasias ginecológicas, brindando una
clara oportunidad para el diagnóstico precoz.
El éxito
de una campaña de diagnóstico precoz del cáncer
incluye dos principios básicos de medicina preventiva: adelantarse
a la aparición del proceso neoplásico (prevenir su presentación)
e interrumpir el curso de la enfermedad en etapas iniciales (prevenir
su progresión).
La justificación
de la implantación de un programa de diagnóstico precoz
del cáncer genital femenino viene dada, entre otros motivos,
por los importantes problemas que esta enfermedad plantea:
1. Elevado porcentaje
de mortalidad, que disminuye de forma estadísticamente significativa
en aquellas comunidades que tienen programas de diagnóstico precoz.
2. Incidencia máxima en edades de la vida de la mujer con mayor
productividad y responsabilidad familiar y social.
3. El tratamiento del cáncer representa una gran carga económica,
social y laboral para el país.
Un programa de diagnóstico precoz de cáncer deberá
asentarse sobre una serie de principios:
1. La proporción
de enfermedades detectables en fase preclínica será alta.
2. Será fácilmente disponible para toda la población
de riesgo.
3. Debe ser barato, fácil de aplicar y tener un alto nivel de
exacta interpretación.
4. No debe ocasionar dolor, ni presentar el menor riesgo para la paciente.
5. Tiene que poseer alta sensibilidad así como especificidad.
6. Debe permitir influir de forma importante en la terapéutica
y mejorar de forma considerable las tasas de mortalidad.
De todos los procesos oncológicos del organismo, probablemente
sea el carcinoma de cérvix uterino el que tiene mayor posibilidad
para el diagnóstico precoz, fundamentalmente debido a su fácil
accesibilidad, eficacia demostrada de la citología exfoliativa
(test de Papanicolau) y conocimiento de la historia natural. El primer
resultado de los programas para selección del cáncer cervical,
es un aumento notable del número de lesiones precursoras, disminución
de la frecuencia del cáncer invasor, y sólo muchos años
después, disminución de la mortalidad.
A diferencia de
lo que ocurre en el cáncer de cérvix, no existe unanimidad
en cuanto al método ideal que debería utilizarse como
diagnóstico precoz de los tumores malignos del cuerpo uterino.
Para los tumores de ovario no existe ningún método de
diagnóstico precoz con eficacia demostrada. Y finalmente apuntar
que la mamografía es el paradigma para el diagnóstico
precoz del cáncer de mama, como mas adelante desarrollaremos.
El tratamiento del
cáncer ginecológico en la actualidad se basa en la conjunción
de varias armas terapéuticas en las que el papel del ginecólogo
como coordinador y partícipe directo de ellas es fundamental.
Los pilares básicos del tratamiento oncológico en Ginecología
los podemos resumir en cinco:
1. Cirugía.
Supone uno de los elementos terapéuticos mas importantes en el
campo de la oncología ginecológica. La introducción
de nuevas técnicas como la endoscopia quirúrgica esta
suponiendo una cierta revolución en las actitudes terapéuticas.
En la cirugía oncológica ginecológica se plantean
tres modalidades de técnica quirúrgica:
1.a Cirugía
conservadora. Cuya mayor justificación la encuentra en la práctica
cada día más extendida del diagnóstico precoz del
cáncer genital y mamario. Entre estas encontramos la criocirugía,
la conización cervical etc.
1.b Cirugía citorreductora. Cuya mayor validez en la actualidad
se concentra en el tratamiento inicial del cáncer de ovario.
1.c Cirugía radical. Tiene por objetivo la extirpación
amplia del tumor, tejidos sanos periféricos a la neoplasia y
las correspondientes cadenas ganglionares.
2.Quimioterapia. La introducción de nuevos agentes en los últimos
años ha hecho que se convierta esta modalidad de tratamiento
en una de las más importantes. Los mas beneficiados son el cáncer
de mama y ovario, aunque el resto de los tumores, antes o después,
también pueden beneficiarse del empleo de agentes citostáticos.
3.Radioterapia. Es una de las modalidades terapéuticas en vigor.
El mayor uso de la cirugía conservadora para el cáncer
de mama implica aplicar radioterapia a la mama restante, otros tumores
radiosensibles con el cáncer de endometrio y cérvix, aunque
también se pueden utilizar en el resto de las neoplasias ginecológicas.
4.Hormonoterapia. El paradigma es el cáncer de mama, basado en
el empleo de antiestrógenos e inhibidores de la aromatasa. También
el cáncer de endometrio al ser hormonodependiente se puede beneficiar
de esta modalidad terapéutica.
5.Otros. Entre los que se incluiría la inmunoterapia. Cuyo uso
se esta intentando preconizar, aunque de momento solo a nivel experimental,
en el cáncer epitelial de ovario entre otros tumores.
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