Trastornos del compotamiento
alimentario (T.C.A.)
Historia
Los TCA clásicos
La
anorexia Nerviosa
La investigación
ha puesto de manifiesto que la Anorexia existe desde antiguo, desconociéndose
su prevalencia hasta hace relativamente poco tiempo, con distintas connotaciones
entre las que destaca la religiosidad y el misticismo. Prueba de ello
es la presencia en el santoral cristiano de representantes del espectro
restrictivo y purgativo de este trastorno. En el siglo IX, un monje
de Monhein (Baviera), refiere la milagrosa curación de la joven
Friderada, que tras un período de apetito voraz, deja de comer
por completo , vomita los lácteos que ingiere y finalmente es
curada por Santa Walpurgis tras ser llevada a ese santuario (Habermas,
1986). Santa Liberata (Santa Wilgefortis), hija del rey de Portugal,
es considerada santa patrona de las mujeres que desean verse libres
de las apetencias masculinas, tras haber renunciado a su cuerpo de mujer,
afeándose, adelgazando en extremo y cubriéndose de vello,
tras férrea y persistente restricción alimentaria como
rechazo por haber sido obligada a contraer matrimonio con el rey moro
de Sicilia. Ello la llevó a ser crucificada por su padre y después
canonizada (Lacey, 1982). Probablemente Sor Juana Inés de la
Cruz, poetisa mística española del siglo de oro, autora
de una fecunda y profunda obra de alto contenido religioso, fue anoréxica
restrictiva. Santa Catalina de Siena, nacida en 1347, refiere ya a los
siete años su primera visión de Jesús y al mismo
tiempo comienza a rechazar la comida, se impone penitencias, renuncia
al mundo, y en la adolescencia ya sólo se alimenta de hierbas
y algo de pan. Las hierbas constituyen con toda probabilidad sustancias
laxantes para purgarse, al igual que la caña que utilizaba para
producirse el vómito, precedido en ocasiones de atracones (Bell,1985).
Llegó a ser consejera del papa Gregorio XI en Avignon, y, tras
el fracaso en sus intentos para impedir que se consumase el Cisma de
la Iglesia Católica, deja de alimentarse y muere al poco tiempo
(Guillemot y Laxenaire,1994).
El sentido fenomenológico
de la enfermedad era, en estos casos, el mismo que después manejó
de alguna manera el psicoanálisis: la renuncia al cuerpo con
caracteres sexuales y en consecuencia fuente de placer y atracción
libidinal, en aras de conseguir una absoluta espiritualidad; un sentido
de la existencia marcado por la penitencia, el sacrificio y también
la productividad intelectual y artística. Es decir, a través
de la restricción y de la purga, se conseguía la pérdida
de cualquier rastro de femineidad potencialmente pecaminosa, elevándose
el espíritu hasta el misticismo. Se trataba de mujeres ascéticas,
resistentes, alejadas del mundo material, con una fuerza interior que
les permitía sobrevivir a las privaciones, aún desarrollando
una gran actividad.
También en el mundo árabe existen referencias a esta enfermedad.
Así, en el siglo XI Avicena describe el caso del joven príncipe
Hamadham, que se estaba muriendo por negarse a comer, preso de una intensa
melancolía. En este caso, probablemente el cuadro inicial fuera
una depresión (Sours, 1980).
Sabemos de otras probables anoréxicas de estirpe similar, no
condicionadas por cuestiones místicas o religiosas, más
modernas, como Juliette Gréco, cantante francesa de los años
40-50 y musa de toda una generación de existencialistas, o Simone
Weil, superviviente del holocausto nazi y después política
relevante. Como vemos, mujeres todas consistentes intelectualmente,
con inquietudes trascendentales y no cultivadoras de su físico.
¿Tal vez rechazadoras a priori del mismo y por ello precisamente
excesivamente cultivadoras del espiritu o del intelecto? Según
la concepción actual de la enfermedad, ésta podría
ser una interpretación. Otra anoréxica purgativa célebre
(tal vez bulímica o bulimaréxica) ésta más
reciente, fallecida en condiciones trágicas, fue la princesa
Diana de Gales. Sin embargo, ésta podría considerarse
más encuadrada en la concepción actual del trastorno,
en el sentido de un excesivo culto al cuerpo perfecto. Un rasgo común
a todas ellas es la presencia de antecedentes personales altamente conflictivos.
Una enfermedad tan curiosa e incomprensible tenía, por fuerza,
que despertar curiosidad en la comunidad científica, como así
resultó con ésta. La A.N. está presente desde antiguo
la literatura médica. Ya en 1500, Simone Porta había observado
algún caso que podríamos identificar con una Anorexia
Nerviosa (Acconero y Baraldi), sin olvidar la mencionada descripción
de Avicena. Los primeros textos que describen cuadros similares datan
del siglo XVII, siendo el médico inglés Richard Morton
el primer autor que describe con gran detalle y admirable precisión
un cuadro de Anorexia Nerviosa, en un texto titulado A Treatise of Compsumptions,
en 1689, refiriéndose al caso de Miss Duke. El autor denomina
a la enfermedad "consunción nerviosa", y en la descripción
hace referencia a la anorexia, pérdida de peso, amenorrea, estreñimiento
e hiperactividad, sin encontrar alteraciones físicas que lo justifiquen,
y atribuyéndolo a la tristeza y a las preocupaciones. En 1873,
casi simultáneamente, Gull en Londres y Lassegue en París,
describen nuevamente con absoluta precisión y detalle (sus descripciones
tienen plena actualidad) cuadros de A.N., atribuyendo su causalidad
a la Histeria, y denominándolos respectivamente "apepsia
histérica" y "anorexia histérica", descartando,
tras dudas iniciales, la causalidad orgánica de la enfermedad.
En 1914, Simmonds, a partir de estudios necrópsicos, establece
una nueva hipótesis causal de la A.N. ,la disfunción hipofisaria,
denominándola "caquexia hipofisaria", lo cual supone
un drástico cambio en la perspectiva etiopatogénica del
trastorno, que hasta 1938 pasa a ser considerado de causalidad orgánica.
Sheehan, en 1938, establece claramente las diferencia entre A.N. y caquexia
hipofisaria de origen isquémico, lo cual no impide que hasta
los años 50 la A.N. sea considerada de origen endocrinológico.
Precisamente el hecho de ser la enfermedad psicosomática y somatopsíquica
por antonomasia, ha hecho que, a lo largo de la historia de la Medicina,
distintas especialidades (Neurología, Psiquiatría, Endocrinología)
hayan establecido hipótesis causales, desde las más físicas
hasta las más psicológicas. Ello explica las numerosas
denominaciones (más de 25 distintas) que ha recibido y las distintas
etapas por las que ha transcurrido su descripción e interpretación
.
Desde el punto de vista de la Psiquiatría, el psicoanálisis
fue la primera escuela que estableció interpretaciones causales.
Freud, Abraham, Fenichel o M.Klein consideraron la A.N. una neurosis,
relacionándola primero con la histeria (Freud) y después
con la melancolía. También la fenomenología, las
escuelas de medicina psicosomática, el conductismo y la psiquiatría
biológica más recientemente han establecido hipótesis
sobre un trastorno de cuya difícil ubicación nosológica
y etiopatogénica puede suponer un ejemplo el caso de Ellen West,
descrito por Binswanger, que fue diagnosticada de melancolía
por Kraepelin, de esquizofrenia simple por Bleuler y Binswanger, y de
"trastorno endógeno psiquiátrico y endocrinológico"
por Zutt. La A.N. ha sido considerada ,pues,como enfermedad adscrita
al espectro depresivo, al histérico, al obsesivo-compulsivo,
al psicótico y a otros, hasta que tomó entidad propia,
aún cuando frecuentemente curse comórbida con otros trastornos.
En el Simposio de Göttingen, en 1965, se elaboraron tres conclusiones
básicas:
- La enfermedad está en relación con las transformaciones
de la pubertad.
- El conflicto es corporal y no estrictamente de la función alimentaria.
- La etiopatogenia y la clínica son diferentes de los conflictos
neuróticos.
Los trabajos de Hilde Bruch en 1973, haciendo hincapié en la
distorsión de la imagen corporal, de Russell (1970, 1977), concertando
las hipótesis más biologicistas con las sociales y psicológicas
y últimamente de autores entre los que destacan Garfinkel y Garner
(1982), han contribuído a un establecimiento del modelo vigente
de la A.N. como enfermedad diferenciada, de patogénesis compleja,
con manifestaciones clínicas que son el resultado de múltiples
factores predisponentes y desencadenantes, con arreglo a un modelo etiopatogénico
bio-psico-social.
La Bulimia Nerviosa
La Bulimia es un
trastorno menos conocido desde el punto de vista histórico, tal
vez por su evolución natural menos dramática, tal vez
por la menor relevancia personal de sus afectadas y también porque
su ocultación ha sido siempre más fácil. Las primeras
referencias médicas datan de 1708, y en los últimos 50
años se han publicado trabajos sobre la cuestión, proliferando
los mismos en los últimos 10 años. Sin embargo, las conductas
de purga, y la ingesta alimentaria abusiva y descontrolada se conoce
bien desde tiempos remotos. Sabido es que en la civilización
romana se utilizaba el vómito y otras formas de purga como forma
de vaciar el contenido gástrico para continuar la ingesta masiva
y descontrolada de alimentos. Este patrón ha continuado en muchos
ámbitos cuyos partícipes, a lo largo de la Historia han
podido acceder a él (conviene no olvidar que, todavía,
en muchos lugares del mundo, comer es un privilegio). Hoy día
también se establece que la Bulimia tiene una entidad propia,
diferenciada, con unos claros criterios diagnósticos, establecidos,
al igual que para la A.N. en los manuales DSM IV y CIE 10.
Los TCA actuales
La mayoría
de anorexias que se diagnostican hoy día son, desde el punto
de vista fenomenológico, radicalmente distintas a las clásicas
intelectuales-místicas: Chicas adolescentes, muy influidas por
una sociedad que prima en exceso la belleza y la imagen, partícipes
de una civilización consumista, despilfarradora y superficial,
en la que los referentes espirituales y las inquietudes trascendentales
se han perdido en detrimento de otros valores que transmiten machaconamente
medios de comunicación con un enorme poder, como la televisión.
En nuestra sociedad occidental, la estructura familiar y sus tradiciones
tienen un escaso poder contenedor frente a la insistencia subliminal
y abierta de mensajes que identifican "cuerpo diez" con felicidad.
En este contexto de abundancia fácil, no tiene demasiado sentido
el sacrificio, y por ello las jóvenes comienzan tan pronto a
vomitar, complicando con ello sus procesos. Es como si en una mayoría
de casos, el espíritu ascético, la capacidad para soportar
el hambre de la restricción, se hubiera perdido, en línea
con la filosofía del "todo vale" y "todo es fácil".
Evidentemente, se siguen viendo y diagnosticando anorexias según
el esquema clásico, pero actualmente son minoría relativa.
Probablemente la tasa de prevalencia de éstas no haya variado
de forma tan sustancial como la de las otras anorexias "modernas"
que se han descrito: mujeres cuya máxima aspiración es
el "cuerpo diez", a costa de lo que sea, incluyendo la destrucción
de sí mismas a más corto plazo con tal de conseguirlo.
Cabría preguntarse si se trata de la misma enfermedad, aún
con tan distinto trasfondo, y la respuesta es que sí, ya que
el proceso biológico que rápidamente se pone en marcha
es el mismo en ambos procesos, y la resultante psicológica de
dicho proceso también. Pero ante la epidemia de trastornos alimentarios
que padecemos, deberíamos ser muy críticos con el modelo
de sociedad que hemos creado y padecen nuestras adolescentes.
Puede concluirse que los trastornos alimentarios, y en concreto la Anorexia
Nerviosa, han existido siempre; pero la historia de ellos nos demuestra
que su significado ha variado sustancialmente a lo largo del tiempo,
lo que ha supuesto un reto para la Medicina y otras disciplinas, ya
que siendo una enfermedad de clínica constante y clara, la interpretación
de su causalidad ha sido y sigue siendo un enigma cambiante. Aún
cuando se avance en la investigación biológica de su etiología,
es evidente la concordancia de los trastornos actuales con un estilo
de sociedad muy imperfecta que explica muchos de los actuales fenómenos
asociados. Cabe hacerse una pregunta final: ¿Qué tasa
de prevalencia cabe esperar de Anorexia o Bulimia en los países
subdesarrollados que padecen hambre endémica? En caso de detectarse
casos, ¿qué interpretación cabría hacer
de su causalidad?
|
Sumario |