EPOC
Factores de
riesgo y mecanismos patogénicos
Factores de riesgo
El hábito tabáquico es la causa principal de
la EPOC pero un 10-15 por ciento de enfermos de EPOC son no fumadores. Se han descrito
factores ambientales y factores del huésped implicados en mayor o menor medida en el
desarrollo de la enfermedad y cuyo grado de relación con la aparición de esta patología
es variable (Tabla I).
| Grado de certeza |
Factores
ambientales |
Factores
del huésped |
| Establecido |
-Tabaco
- Algunas exposiciones laborales |
- Déficit de alfa 1
antitripsina |
| Buena evidencia |
- Polución (SO2 y
partículas)
- Bajo nivel socioeconómico
- Alcohol
- Fumadores pasivos
- Otras exposiciones laborables |
- Bajo peso al nacer
- Infecciones en la infancia
- Atopia (aumento IgE)
- Hiperreactividad bronquial
- Historia familiar |
| Supuesta |
- Iinfección por adenovirus
- Deficiencia dietética de vit. C |
- Predisposición genética
- Grupo sanguíneo A
- Ausencia de secreción de IgA |
Tabaco
El tabaco es la principal causa y factor de
riesgo asociado con el desarrollo de la enfermedad. La EPOC clínicamente significativa se
desarrolla en el 15 por ciento de los fumadores; son los llamados fumadores susceptibles,
aunque no se conoce la causa de esta susceptibilidad. Se han barajado diversos factores
que harían que pacientes fumadores desarrollaran una EPOC. El consumo de tabaco aumenta
la tasa de mortalidad por bronquitis crónica y enfisema, contribuye al desarrollo de la
EPOC y acelera la tasa anual de reducción del FEV1. Los fumadores susceptibles presentan
una disminución anual del FEV1 mayor que los no fumadores (150 cc frente a 30cc/año) y
este descenso se relacionaba con la dosis de tabaco. El abandono del tabaco mejora el
pronóstico de la enfermedad independientemente de la edad. Dentro de las ventajas del
cese del hábito tabáquico están la disminución del riesgo de enfermedad coronaria,
disminución de la inflamación de la vía aérea, de las complicaciones postquirúrgicas
y descenso del riesgo de cancer de pulmón, aunque nunca se igualará al de los no
fumadores. En los efectos nocivos del tabaco se incluye el tabaquismo pasivo o del humo de
tabaco ambiental. Estos son más llamativos en los niños, en los que aumenta el número
de infecciones respiratorias bajas, aumentan los síntomas y la frecuencia de ataques
asmáticos e incrementan el riesgo de desarrollar asma en los niños sin síntomas
previos. Las mujeres embarazadas fumadoras tienen niños con menor función pulmonar en el
momento del nacimiento.
Exposición laboral
Es probable que algunos factores laborales
jueguen un papel en el desarrollo de la enfermedad, aunque su influencia es mucho menor
que el tabaco. El cadmio y los minerales pueden producir EPOC dando lugar a un enfisema.
Las personas con silicosis y en menor grado las expuestas al polvo de sílice tienen una
incidencia de bronquitis crónica y enfisema superior a la población normal. Este riesgo
se relaciona con el grado de silicosis y la intensidad de la exposición. Además todas
estas exposiciones se potencian con el tabaco, siendo el cambio patológico más llamativo
la enfermedad de la pequeña vía aérea. Los trabajadores de fábricas que inhalan polvos
y gases industriales refieren más problemas respiratorios y tienen una función pulmonar
disminuida en comparación con personas no expuestas.
Contaminación
atmosférica
La evidencia epidemiológica indica que los
pacientes con EPOC son más sensibles que las personas sanas a los efectos de la polución
atmosférica. Su papel en la etiología de la EPOC no está del todo clarificada, pero sí
está ligada a un aumento de los síntomas respiratorios y hospitalizaciones por
enfermedades respiratorias. El monóxido de carbono, los óxidos de sulfuro, partículas,
el ozono y el dióxido de nitrógeno son contaminantes potenciales para producir problemas
respiratorios. La polución interior causada por ventilación inadecuada cuando se queman
combustibles sólidos para cocinar o calefacción puede contribuir al desarrollo de EPOC.
El aumento de los niveles de dióxido de nitrógeno interior como la humedad de las
viviendas se asocian también con síntomas respiratorios.
En general los procesos de combustión industrial y los motores de
automóvil, especialmente los diesel, producen partículas ambientales de pequeño tamaño
(menos de 10µm de diámetro), denominadas PM10. Valores elevados de estas partículas
pueden aumentar los síntomas de EPOC, deteriorar su función pulmonar, motivar su ingreso
hospitalario y aumentar su mortalidad. Estas alteraciones parecen deberse a la capacidad
de estas partículas para producir estrés oxidativo, lesión inflamatoria y activación
del factor de transcripción nuclear NF-kB, todo lo cual aumenta la expresión de genes
proinflamatorios.
Infecciones respiratorias
Se ha cuestionado si las infecciones
respiratorias en la infancia pudiesen predisponer eventualmente a la EPOC. No existen
evidencias de que exista un descenso acelerado de la función pulmonar secundario a
infecciones respiratorias en la edad adulta, salvo en los pacientes que padecen un
déficit de a-1
antitripsina (AAT). En varios estudios se ha demostrado la persistencia durante años de
la región E1A del genoma del adenovirus en las células epiteliales, tanto en niños como
en adultos con EPOC. Este punto parece que puede contribuir a la patogenia de la EPOC
mediante la amplificación de los efectos del tabaco sobre la expresión de diversas
citocinas proinflamatorias.
Hiperreactividad
bronquial y Atopia
Los sujetos, fumadores o no, con
hiperreactividad bronquial tienen una pérdida acelerada de función pulmonar, no
habiéndose demostrado que ésta conduzca al desarrollo de EPOC. Tampoco se ha probado que
esta asociación con la EPOC empeore la evolución funcional de estos enfermos. No esta
claro que la hiperreactividad bronquial represente el mismo fenómeno en el asma o en la
EPOC. En el asma se manifiesta mostrando igual sensibilidad a las pruebas de provocación
con metacolina e histamina y en el segundo predomina la sensibilidad a la provocación con
la histamina. Las curvas dosis respuesta son de mayor magnitud en el asma que en la EPOC.
Estudios recientes muestran que la determinación de IgE es el mejor predictor de la
hiperreactividad de la vía aérea en pacientes con obstrucción aérea leve o moderada.
La atopia, definida en estudios epidemiológicos como respuesta
positiva a pruebas cutáneas con alérgenos, IgE elevada y eosinófilos, no se ha podido
asociar claramente al desarrollo de EPOC.
Déficit de a-1
antitripsina y factores genéticos
El déficit de AAT es el único factor de
riesgo genético conocido para desarrollar EPOC. Causa menos del 1-2 por ciento de los
casos de EPOC. La AAT es una proteína sérica producida por el hígado, que se encuentra
habitualmente en los pulmones y cuya función principal es la de inhibir la elastasa de
los neutrófilos. Es codificada por un único gen del cromosoma 14 (autosómica
codominante) y su déficit se traduce en la aparición de enfisema en estadios precoces,
acelerándose el desarrollo de la enfermedad si el paciente es fumador. La media de inicio
de la enfermedad es 53 años para los no fumadores y 40 años para los fumadores. Suele
acompañarse de bronquitis crónica y ocasionalmente bronquiectasias. Este déficit
condiciona un tratamiento específico y diferente, por lo que deben conocerse los datos
clínicos que pueden hacer sospechar su existencia y proceder a su despistaje. El
diagnóstico se realiza determinando los niveles séricos de AAT y se confirma con la
tipificación del Pi (inhibidor de la proteasa sérica). Se han identificado y clasificado
75 alelos de acuerdo con su asociación con los niveles séricos de AAT: el alelo M
describe un nivel normal de AAT; Nulo describe un nivel indetectable de AAT, S y Z
describen niveles séricos bajos de AAT. El fenotipo Pi se define por la combinación de
alelos heredados por una persona. El fenotipo PiMM es el encontrado en el 90 por ciento de
las personas europeas, y produce niveles séricos normales. El PiZZ es el estado
deficitario más común, y supone el 95 por ciento de las personas con déficit grave,
siendo característico de descendientes del norte de Europa. Este alelo es infrecuente en
España salvo en la zona norte del país. El Pi Nulo o Pi Z Nulo también dan lugar a
niveles bajos de AAT. El alelo S no suele asociarse con enfermedad clínica a menos que se
empareje con un alelo Z o Nulo, y lo presentan el 15 por ciento de la población
española.
Las indicaciones para determinar valores de AAT son:
1.- EPOC en no fumadores
2.- Inicio precoz de EPOC (<50 años) con deterioro funcional
moderado-grave.
3.- Bronquiectasias en ausencia de factores de riesgo evidentes.
4.- Asma con mala respuesta, especialmente en < 50 años (aun en
presencia de atopia)
5.- Enfisema de predominio en bases
6.- Cirrosis hepática sin factores de riesgo.
Además del déficit de AAT, existen otros factores genéticos
todavía poco conocidos, que son capaces de incrementar el riesgo de EPOC en un fumador
habitual, como polimorfismos en el gen del TNFalfa, o en el de la epoxido-hidrolasa
microsomal o el CYP2A6 o CYP1A1, alfa-1 antiquimiotripsina y glutation S-transferasa entre
otros.
Se han descrito otros factores que podrían contribuir a la
presencia de la EPOC, como la edad, cuyo efecto sería acumulativo por el consumo del
tabaco y por la pérdida de función pulmonar que sucede de forma progresiva desde los 30
años, siendo mayor en edades avanzadas. Respecto a la dieta el consumo de pescado parece
ser que disminuiría el riesgo de desarrollar EPOC, así como el consumo de fruta y
alcohol. Aunque la EPOC es una enfermedad más frecuente en el varón debido al hábito
tabáquico, actualmente ha aumentado su prevalencia en las mujeres por su inclusión en
dicho hábito. Todos estos factores se han implicado como elementos involucrados en el
desarrollo de la EPOC.
Mecanismos patogénicos
Existen diversas evidencias que apoyan la
existencia de un proceso inflamatorio en la patogenia de la EPOC, aunque los marcadores
son diferentes a los encontrados en el asma. En los estudios histológicos el mayor
componente inflamatorio se encuentra en las vías periféricas (bronquiolos) y en el
parénquima. Los bronquiolos se obstruyen por la presencia de fibrosis y células como los
macrófagos y los linfocitos T. También en el parénquima pulmonar destruído existe un
incremento de estas células, siendo los linfocitos CD8 los predominantes. Así mismo se
ha objetivado un incremento de macrófagos y neutrófilos en el lavado broncoalveolar y en
el esputo inducido. A diferencia del asma, los eosinófilos no son las células
predominantes, excepto en los casos de exacerbaciones o en pacientes con asma asociado.
Los mediadores proinflamatorios implicados en la EPOC son menos
conocidos que en el asma. Se ha encontrado un incremento del leucotrieno B4 en el esputo
de estos pacientes. Este leucotrieno es un elemento quimiotáctico de los neutrófilos. El
factor de necrosis tumoral (TNF-
a) y la interleucina 8 también están aumentados en muestras
de esputo. Probablemente la interacción existente entre los diferentes mediadores y las
células que originan los cambios obstructivos progresivos y la destrucción del
parénquima pulmonar, sea compleja. En estos mecanismos los macrófagos juegan un papel
muy importante, ya que se encuentran incrementados en número hasta 5-10 veces, están
activados y se localizan en la zona de la lesión. Además los macrófagos se activan por
el humo del tabaco y otros irritantes, liberando factores quimiotácticos de los
neutrófilos como el leucotrieno B4 y la interleucina 8. Los neutrófilos y los
macrófagos liberan múltiples proteinasas que rompen el tejido conectivo del parénquima
pulmonar, dando lugar al enfisema, y estimulan la secreción mucosa. El papel de los
linfocitos T citotóxicos no está del todo aclarado, pero parecen estar implicados en la
destrucción de las células de las paredes alveolares a través de la liberación de
sustancias como el TNF-a.
También se ha estudiado el papel de las proteasas en el desarrollo
del enfisema, principalmente la elastasa neutrófila y la proteinasa 3. En fumadores con
rápido deterioro de la función pulmonar se ha visto una degradación de la elastina,
probablemente debido a la acción de las proteasas sobre el tejido conectivo. La elastasa
neutrófila es inhibida por la AAT y justifica el enfisema en los enfermos con déficit de
AAT.
La acción de estas enzimas proteolíticas está contrarestada por
las antiproteasas, de las cuales la AAT es la mejor conocida. Existen al menos tres
inhibidores de las metaloproteasas de matriz. El tabaco induce inflamación e incrementa
la liberación de proteasas, que normalmente son controladas por las antiproteasas, pero
en fumadores con EPOC las antiproteasas son insuficientes para contrarrestar el efecto de
las primeras, probablemente por modificaciones genéticas que deterioran la función o
producción de estas proteinas.
También el estrés oxidativo juega un papel en EPOC. Existe un
incremento de la concentración de perióxido de hidrógeno en el aire exhalado de estos
pacientes, principalmente durante las reagudizaciones, así como un incremento en la
respiración y en orina de las concentraciones de 8-iso-prostano, un marcador de estrés
oxidativo. Este aumento en la oxidación puede exacerbar el EPOC a través de varios
mecanismos, como la activación de la transcripción del factor nuclear factor-kB (el cual
activa los genes del TNF alfa, interleucina 8 y otras proteínas inflamatorias), la
alteración de la producción de AAT y disminución de otras antiproteasas.
Aunque el tabaco es la principal causa de la EPOC, su cese no
resuelve la inflamación de la vía aérea. Esto sugiere que existen otros mecanismos que
perpetúan la inflamación una vez que ha comenzado y explicaría el que pacientes que han
dejado de fumar varios años antes desarrollen síntomas.
Por tanto se puede concluir que existen múltiples factores
implicados en la patogenia de la EPOC. El mayor conocimiento de las formas de actuación
de todos estos sistemas interrelacionados entre sí ayudará a conocer con más exactitud
los mecanismos de desarrollo de la EPOC.
Manifestaciones
clínicas
Los pacientes que desarrollan una EPOC suelen
tener una historia de hábito tabáquico de al menos 20 cigarrillos/día durante 20 años
o más. El proceso se inicia habitualmente en la quinta década manifestando tos
productiva o una enfermedad torácica aguda. La disnea de esfuerzo no suele aparecer hasta
la sexta o séptima década de la vida.
Anamnesis
Tos y expectoración: La tos
crónica está más agravada por las mañanas y suele ser la que predomina inicialmente.
Es preciso interrogar al paciente sobre la tos "por el tabaco", pues muchas
veces este está acostumbrado y no le da a este síntoma gran importancia. La
expectoración no es muy cuantiosa (<60cc/día), salvo durante las infecciones
bronquiales. Si el esputo es purulento, aumentando su volumen y se asocia con un
incremento de la disnea deberemos plantearnos la posibilidad de una reagudización
respiratoria. Si la expectoración es persistente debemos sospechar la existencia de
bronquiectasias. Si el esputo es hemoptoico, aun cuando pueda ser producido por la propia
EPOC, debemos tener en cuenta la existencia de otras patologías causantes de hemoptisis,
entre las que destaca por su gravedad y por su relación etiológica con el tabaco el
carcinoma broncogénico.
Disnea: Es el motivo de consulta más frecuente,
hasta en un 70 por ciento de los pacientes. Aparece tras 10-20 años del inicio de la
expectoración crónica. Es progresiva, limitando las actividades del paciente, empeorando
su calidad de vida y llegando a ser incapacitante cuando la enfermedad está avanzada. En
los sujetos que presentan hiperreactividad bronquial la disnea se acompaña de crisis de
sibilancias, simulando un cuadro asmático. La disnea puede ser el síntoma principal y
más limitante en el enfisema. Es importante cuantificar la disnea ya que va a ser el
reflejo de la limitación de la actividad del paciente, y servirá de referencia al
instaurar un tratamiento determinado. Existen varias escalas de cuantificación siendo la
escala clínica la más utilizada. Esta consta de los siguientes grados:
Grado 0: sin disnea
Grado 1: Al subir una cuesta o dos pisos. Disnea al andar rápido.
Grado 2: Al subir un piso. Debe caminar más lentamente que las
personas de su edad, por disnea, o caminando a su propio paso por terreno llano debe parar
a tomar aire.
Grado 3: Se detiene a tomar aire después de caminar 100 metros o
después de unos minutos de hacerlo en terreno llano.
Grado 4: En reposo, para salir de casa o para vestirse.
Se deben buscar siempre referencias que sean fáciles para el
paciente a la hora de cuantificar la disnea, sobre todo que sean situaciones o actividades
habituales. Aunque existen otras escalas como las analógicas y la escala de Bohr, éstas
suelen emplearse en el laboratorio.
Dolor torácico y fiebre: son síntomas que pueden
aparecer en otras patologías pulmonares pero en el caso de la EPOC no son síntomas
habituales salvo que exista otro problema asociado (neumonía, neumotórax, etc...).
Cefalea: Es secundaria a la hipercapnia por la
hipoventilación con retención de CO2, normalmente en la etapa terminal de la enfermedad.
Suele ser de predominio matutino, al empeorar la ventilación por la noche y mejorando por
el día.
Pérdida de peso: Aparece en los estadios más
avanzados de la enfermedad, presentándola un 25 por ciento de los pacientes estables.
Hemoptisis: Se debe principalmente a erosiones de la
mucosa durante las infecciones o a la coexistencia de bronquiectasias. En cualquier caso y
debido a que el tabaco esta implicado en la enfermedad, no se debe olvidar la posibilidad
de una neoplasia subyacente.
Alteraciones durante el sueño: Puede haber una
coexistencia de la EPOC con el síndrome de apnea obstructiva del sueño (Síndrome
Overlap), aunque no exista una prevalencia mayor que en la población general. Si existe
dicha asociación el desarrollo de hipertensión pulmonar y cor pulmonale es más rápido.
Se debe solicitar un estudio para despistaje (poligrafía respiratoria o polisomnografía)
ante síntomas sugestivos como hipersomnolencia, pausas de apnea, ronquidos, cefalea
matutina tras oxígeno nocturno ó ganancia ponderal.
Sintomatología de exacerbaciones: Esta se define
como un empeoramiento de la situación estable previa. Los síntomas más frecuentes son
aumento del volumen y purulencia del esputo, aumento de la disnea, aparición y aumento de
sibilancias, sensación de "tirantez torácica" y, en situaciones avanzadas,
hipoxia con cianosis. A medida que la enfermedad progresa el intervalo entre
exacerbaciones es más corto. La causa más frecuente de reagudización es la infección
respiratoria (50 por ciento), siendo un tercio de estas de origen vírico. Existen otras
causas desencadenantes de reagudización que quedan reflejadas en la Tabla II.
Tabla II
Causas de reagudización de EPOC |
| Respiratorias |
No
respiratorias |
Infecciones
Inhalación de irritantes
Neumotórax
Tromboembolismo
Depresores respiratorios
Cáncer de pulmón |
Insuficiencia
cardíaca
Cardiopatía isquémica
Infecciones no respiratorias
Aplastamiento vertebral
(Osteoporosis)
Traumatismos costales o vertebrales
Reflujo gastroesofágico
Desnutrición, miopatía, ansiedad |
Exploración física
La exploración física revela una combinación
de hallazgos, que varía desde la normalidad en las primeras etapas a la asociación de
múltiples datos físicos en fases avanzadas. La simple inspección visual del paciente
revela signos como la taquipnea, la hiperinsuflación y el empleo de los músculos
respiratorios accesorios.
Los pacientes con disnea grave pueden tener
taquipnea y dificultad respiratoria durante las actividades sencillas como andar por la
consulta o desnudarse. La frecuencia respiratoria suele ser superior a 16 /minuto y es
proporcional a la gravedad de la enfermedad. Los sujetos hipercápnicos a menudo tienen
frecuencias superiores a 25/minuto. Los pacientes en estadios avanzados adaptan posiciones
corporales que les permitan mejorar la disnea (inclinados hacia delante con los brazos
apoyados en un objeto fijo, sentados en la silla apoyando la cabeza en la mesa) y respiran
además con los labios fruncidos intentando disminuir el trabajo respiratorio. El uso de
los músculos accesorios durante la respiración, como el recto abdominal en la
espiración, indican una importante afectación ventilatoria. Se puede observar el
hundimiento del abdomen en la inspiración. Los signos de hiperinsuflación pulmonar
incluyen una posición inspiratoria de la caja torácica, tiraje supraesternal y pulso
paradójico. En fases avanzadas aparece cianosis central (hemoglobina reducida superior a
5 gr/dl), que aunque puede indicar hipoxemia realmente se produce por aumento de la
hemoglobina desaturada, por lo que si existe poliglobulia, puede haber cianosis sin
hipoxemia. Otros datos son la aparición de edemas, indicando la existencia de cor
pulmonale, y acropaquias en individuos con predominio del enfisema. Las acropaquias se
definen como la presencia de uñas en vidrio de reloj, engrosamiento bulboso distal del
dedo, desaparición del ángulo que forma la raíz de la uña con el dedo y sensación de
esponjosidad cuando se ejerce presión sobre la uña. Estas pueden aparecer en otras
patologías como las bronquiectasias, el cáncer de pulmón y enfermedades intersticiales.
En las extremidades superiores se puede observar
la presencia de asterixis, espontánea o provocada por la dorsiflexión de los dedos de
las manos. Este signo consiste en contracciones irregulares mas o menos finas y bruscas de
los dedos de las manos y se asocia a encefalopatía de origen diverso, que en el caso del
enfermo respiratorio indica la presencia de hipercapnia.
En la auscultación pulmonar se puede objetivar
alteraciones en el murmullo vesicular (el sonido normal es como un susurro de
localización periférica de tono alto durante la inspiración y se apaga rapidamente en
la espiración). Suelen aparecer ruidos asociados como los crepitantes que aparecen al
principio de la inspiración, y que en estadios avanzados se mantienen durante toda ella;
sibilantes y roncus, que son ruidos más continuos de predominio espiratorio, musicales y
de tonalidad variable. En otras ocasiones se pueden auscultar roces pleurales, que a veces
se confunden con los crepitantes. El roce pleural es inspiratorio y espiratorio y se
intensifica por la presión del fonendoscopio.
En el enfisema la auscultación pulmonar muestra
una espiración alargada, con una disminución global del murmullo vesicular. En el caso
de broncoespasmo severo también se observa una disminución del murmullo vesicular.
Los tonos cardiacos apenas son audibles y suele
existir taquicardia. En los casos de hipertrofia ventricular derecha se ausculta un
refuerzo del segundo tono y un soplo tricuspídeo y pulmonar que se acentua con la
inspiración. Si existe cor pulmonale se encuentran datos exploratorios de insuficiencia
cardiaca, hepatomegalia, reflujo hepatoyugular y edemas en extremidades inferiores.
| Sumario |