ENFERMEDADES DEL TEJIDO CONECTIVO
Y VASCULITIS SISTÉMICAS
Vasculitis sistémicas
Las vasculitis son un grupo heterogéneo de enfermedades que
se caracterizan por inflamación en la pared de los vasos sanguíneos y un espectro amplio
de manifestaciones clínicas derivadas fundamentalmente de la isquemia tisular y la
necrosis. El daño vascular puede ser un proceso primario o puede estar asociado a otra
entidad, como enfermedades del tejido conectivo o autoinmunes, infecciones y neoplasias.
La localización de los vasos afectados, su tamaño y los hallazgos histopatológicos
constituyen características diferenciales que definen a los diferentes síndromes
vasculíticos, aunque las superposiciones son frecuentes. El diagnóstico debe sospecharse
en pacientes con sintomatología general asociados con disfunción de uno o varios
órganos. Entre los hallazgos habituales se incluyen fiebre, afectación del estado
general, artralgias, dolor abdominal, hipertensión arterial, insuficiencia renal con
sedimento urinario patológico o enfermedad neurológica. Algunas manifestaciones
clínicas son muy sugestivas de vasculitis, como la púrpura palpable, la mononeuritis
múltiple (la diabetes mellitus y las vasculitis son las causas más frecuentes de este
problema en países desarrollados), o la combinación de enfermedad pulmonar y renal.
La etiología es desconocida y los mecanismos que conducen a
la lesión son diversos. Se han implicado distintos agentes etiológicos como infecciones,
fármacos (vasculitis por hipersensibilidad) y otros factores ambientales. Entre las
infecciones que pueden causar vasculitis se incluyen enfermedades bacterianas
(mycobacterias, neisseria, rickettsias, espiroquetas), fúngicas (aspergillus, cándidas)
y víricas (virus de la hepatitis B y panarteritis nodosa, hepatitis C y crioglobulinemia
mixta, parvovirus B19, varicela zóster, citomegalovirus, VIH).
El mecanismo patogénico fundamental es el depósito de
complejos inmunes, demostrado en las vasculitis leucocitoclásticas, en la púrpura de
Henoch-Schönlein y en las vasculitis necrosantes del grupo de la poliarteritis nodosa.
Otros mecanismos implicados son la producción de anticuerpos anticitoplasma de los
neutrófilos (ANCA), anticuerpos anticélula endotelial, y la respuesta inmunológica
mediada por células T frente a antígenos presentes en la pared arterial. Sea cual sea la
etiología y patogenia, el resultado es la aparición de un infiltrado denso de leucocitos
polimorfonucleares y células mononucleares. Estas células producen mediadores (citokinas
y factores de crecimiento) capaces de perpetuar el proceso inflamatorio mediante la
producción de factores quimiotácticos como IL-1, IL-4 y TNF-alfa, con la consiguiente
aparición de manifestaciones sistémicas (pérdida de peso, fiebre) y oclusión vascular
(por espasmo, trombosis, o proliferación de la íntima con fibrosis). En algunos casos
puede añadirse el efecto de factores moduladores como hormonas sexuales (algunas
vasculitis como la enfermedad de Takayasu afectan de manera preferente a mujeres en edad
fértil) y el sustrato genético (asociación HLA-DRB1-arteritis temporal y HLA
B51-enfermedad de Behçet).
Impacto de los ANCA en la clasificación y
diagnóstico de las vasculitis
El descubrimiento de los ANCA ha supuesto una aportación
importante en la clasificación y diagnóstico de los pacientes con vasculitis. Los ANCA
reconocen enzimas contenidas en los gránulos de los neutrófilos. Mediante
inmunofluorescencia indirecta tras fijación con etanol, los ANCA pueden adoptar un
patrón perinuclear (pANCA) o un patrón citoplasmático (cANCA). Los cANCA se dirigen
contra la proteinasa 3 (PR3) y son muy característicos de la granulomatosis de Wegener,
en la que se encuentran en más del 90 por ciento de los casos. Los pANCA tienen una
especificidad más variada y pueden detectarse en un amplio abanico de enfermedades,
muchas de ellas de base autoinmune. La enzima reconocida con mayor frecuencia es la
mieloperoxidasa (MPO), detectada en el 70 por ciento de los pacientes con poliangeítis
microscópica y en un 60 por ciento en el síndrome de Churg Strauss. La presencia de ANCA
en pacientes con cuadro clínico sugestivo de granulomatosis de Wegener o poliangeítis
microscópica fundamenta la sospecha clínica, pero no exime de confirmar el diagnóstico
por otros procedimientos, fundamentalmente histológicos. Del mismo modo, la ausencia de
ANCA en estos pacientes no descarta la enfermedad, puesto que su prevalencia en casos
clínicamente poco expresivos desciende considerablemente. Los ANCA tienen además un
papel importante en el seguimiento de estas enfermedades, puesto que sus niveles aumentan
en relación con los brotes de actividad.
Clasificación
Las clasificaciones de las vasculitis se basan principalmente
en criterios morfológicos como el tamaño de los vasos afectados o el tipo de infiltrado
inflamatorio (granulocítico o linfomonocitario). No existe la clasificación ideal. La
heterogeneidad entre los diversos síndromes, su solapamiento clínico-patológico y la
ausencia de un agente etiológico reconocido en la mayoría de ellos, ha dificultado un
consenso generalizado para su clasificación. La propuesta por Fauci en 1978 ha sido la
más utilizada durante años. En 1990 aparecieron los criterios de clasificación del
"American College of Rheumatology" (ACR), referidos únicamente a las siete
entidades clínico-patológicas más frecuentes y mejor caracterizadas: vasculitis por
hipersensibilidad, púrpura de Henoch-Schönlein, granulomatosis de Wegener, síndrome de
Churg-Strauss, panarteritis nodosa, arteritis temporal y arteritis de Takayasu. En su
elaboración colaboraron 48 servicios de reumatología de Canadá, Estados Unidos y
Méjico, y se incluyeron un total de 1.020 pacientes con diagnóstico de vasculitis. Los
criterios que se analizaron mostraron una sensibilidad entre el 71 y el 94 por ciento, y
una especificidad del 87 al 92 por ciento. Hay que aclarar que estos criterios se idearon
con la finalidad de estandarizar los diferentes tipos de vasculitis y no con propósitos
diagnósticos, por lo que únicamente tienen utilidad desde el punto de vista
clasificatorio. La estandarización es útil a la hora de conseguir grupos homogéneos de
pacientes, con vistas a conocer mejor la etiología, las manifestaciones clínicas, el
curso evolutivo y el tratamiento de estas enfermedades tan heterogéneas. Sin embargo, el
grado de error al aplicar estos criterios con fines diagnósticos en un paciente concreto
es tan alto, que hace poco aconsejable su uso.
La clasificación más extendida en la actualidad es la
adoptada en la Conferencia de Consenso de Chapel Hill (CCCH)(1994), que diferencia los
diversos síndromes vasculíticos según el tamaño del vaso lesionado. Las conclusiones
más importantes de la CCCH son la definición de una nomenclatura estandarizada, y la
aceptación de la poliangeítis microscópica como entidad distinta y delimitada de la PAN
clásica y de la enfermedad de Wegener. Esta clasificación se refiere exclusivamente a 10
tipos de vasculitis y no reconoce la existencia de vasculitis secundarias. En el mismo
número de la revista donde apareció publicada la CCCH, Lie critica su contenido y
establece modificaciones como la inclusión del concepto de vasculitis secundarias y
síndromes seudovasculíticos entre los que se incluyen una serie de entidades que pueden
simular una vasculitis desde el punto de vista clínico, angiográfico e incluso
histológico (entre las más frecuentes destacan la enfermedad ateroembólica, los
émbolos de colesterol y a partir de mixomas auriculares, la endocarditis o la
vasculopatía del síndrome antifosfolípido). En 1997 Watts y Scott presentan una nueva
clasificación basada en la CCCH en la que separan a las tres vasculitis mayores de
pequeño vaso (granulomatosis de Wegener, poliangeítis microscópica y síndrome de Churg
Strauss) de las menores (vasculitis cutánea leucocitoclástica, síndrome de Schönlein
Henoch y vasculitis crioglobulinémica), distinguen las vasculitis primarias de las
secundarias, y las clasifica según su etiología y el tamaño de los vasos
predominantemente afectos (ver Tabla VIII). Como en las previas, esta clasificación
adolece de algunos problemas, y se siguen ignorando entidades como la enfermedad de
Behçet, la tromboangeítis obliterante o las vasculitis localizadas.
Tabla VIII
Clasificación de las
vasculitis primarias |
- Vasculitis de grandes vasos (aorta y sus
ramas principales).
Arteritis de células gigantes.
Arteritis de Takayasu.
- Vasculitis de vasos de calibre mediano
(arterias viscerales principales).
Poliarteritis nodosa clásica (PAN).
Enfermedad de Kawasaki.
- Vasculitis de vasos pequeños (vénulas,
capilares y arteriolas).
Asociadas con anticuerpos anticitoplasma de neutrófilo.
Granulomatosis de Wegener.
Síndrome de Churg-Strauss.
Poliangeitis microscópica.
Vasculitis cutánea leucocitoclástica
Púrpura de Schönlein-Henoch.
Crioglobulinemia mixta esencial.
- Otras vasculitis
Tromboangeitis obliterante (enfermedad de Buerger).
Enfermedad de Cogan.
Vasculitis aislada del sistema nervioso central.
Enfermedad de Behçet.
|
Aproximación diagnóstica a las
vasculitis
Historia clínica
Las manifestaciones clínicas que hacen sospechar la
presencia de una vasculitis incluyen la presencia de púrpura palpable, mononeuritis
múltiple, la combinación de enfermedad renal y pulmonar o enfermedad multiorgánica de
origen incierto, la fiebre de origen desconocido, la cefalea de reciente comienzo en
ancianos, el dolor abdominal de causa desconocida y los síntomas isquémicos en pacientes
jóvenes. Hay que investigar la toma reciente de fármacos (posible causa de una
vasculitis leucocitoclástica), historia de hepatitis (el virus de la hepatitis C es
responsable de la mayoría de los casos de crioglobulinemia mixta y algunos casos de
poliarteritis nodosa), y la existencia de datos clínicos o un diagnóstico previo de otra
enfermedad que se asocie a las vasculitis (como conectivopatías o neoplasias).
Exploración física
Una exploración física cuidadosa es de gran ayuda para
determinar la extensión de las lesiones vasculares y la distribución de los órganos
afectados. Como se mencionó anteriormente, ciertos hallazgos como la mononeuritis
múltiple o la púrpura palpable, son altamente sugestivos de la existencia de un proceso
vasculítico subyacente.
Test de laboratorio
Son fundamentales en el diagnóstico de algunos tipos de
vasculitis y para establecer qué órganos están afectados y el grado de afectación
clínica. Entre las pruebas básicas se deben incluir: creatinina, enzimas musculares,
estudios de función hepática, VSG, serología de hepatitis, sedimento urinario,
radiología de tórax y electrocardiograma. En algunos casos es necesario añadir el
estudio del líquido céfalo-raquídeo, estudios de imagen del sistema nervioso central,
test de función pulmonar y cultivos microbiológicos. Además, se dispone de otros test
más específicos de vasculitis que serán determinantes para el diagnóstico. Un test de
anticuerpos antinucleares (ANA) positivo sugiere la presencia de una enfermedad del tejido
conectivo subyacente, en particular lupus eritematoso sistémico. Se detectan niveles
bajos de complemento en la crioglobulinemia y la vasculitis hipocomplementémica, pero a
diferencia de las colagenopatías, la hipocomplementemia no aparece en la mayoría de las
vasculitis. Por último, como también se ha comentado previamente, la presencia de ANCA
dirigidos contra MPO o PR3 resulta de gran ayuda en el diagnóstico de granulomatosis de
Wegener (90 por ciento cANCA/PR3 positivos), la poliangeitis microscópica (70 por ciento
pANCA/MPO positivos) y el síndrome de Churg Strauss (60-75 por ciento pANCA/MPO
positivos).
Electromiografía
Es útil en casos de sospecha de vasculitis sistémica con
síntomas neuromusculares como la mononeuritis múltiple.
Biopsia
Es la clave fundamental para el diagnóstico de una
vasculitis. La biopsia se debe realizar en lugares clínicamente afectados; las biopsias
"a ciegas" tienen escasa rentabilidad diagnóstica. Los hallazgos histológicos
son necesarios para conocer el tipo de infiltrado inflamatorio, el grado de progresión de
la enfermedad y para diferenciar las lesiones agudas de aquéllas debidas a daño vascular
crónico. Todos estos factores son imprescindibles para plantear el tratamiento más
adecuado.
Arteriografía
Es útil en caso de vasculitis de vasos grandes y medianos
como la arteritis de Takayasu, la arteritis de células gigantes con afectación del arco
aórtico o la poliangeitis nodosa. Los hallazgos no son en ningún caso patognomónicos,
pero son de gran ayuda para apoyar el diagnóstico en combinación con otros datos
clínicos. La angiografía de las arterias renal o mesentérica en la poliarteritis nodosa
puede mostrar aneurismas, oclusión e irregularidades en la pared vascular. En pacientes
con sospecha de padecer esta enfermedad en los que no se dispone de un área con evidencia
clínica suficiente para obtener una biopsia, se debería realizar una arteriografía
mesentérica, especialmente en presencia de dolor abdominal. Por el contrario, la
arteriografía carece de utilidad en las vasculitis de pequeño vaso como la poliangeítis
microscópica.
Vasculitis de vasos grandes
Arteritis de células gigantes (o arteritis
temporal)
Es una de las formas más comunes de vasculitis. Previamente
denominada arteritis de la arteria temporal o enfermedad de Horton, actualmente se
considera una enfermedad sistémica que puede afectar a cualquier órgano. Se define como
una arteritis granulomatosa de la aorta y sus ramas principales, con predilección por las
ramas extracraneales de la arteria carótida que con frecuencia afecta a la arteria
temporal. Habitualmente ocurre en enfermos mayores de 50 años y suele asociarse a
polimialgia reumática. En los países mediterráneos, su incidencia anual es de 0,5 a 10
casos/100.000 individuos mayores de 50 años. Es más frecuente en la mujer. Su etiología
se desconoce. Se ha descrito mayor frecuencia de procesos infecciosos precediendo el
inicio de ACG, como el parvovirus B19, lo que sugiere que podrían actuar como factores
desencadenantes.
Aunque su patogenia se desconoce, parece que el mecanismo
fundamental es una reacción inmune frente a un componente de la pared vascular,
posiblemente la elastina. Los hallazgos histológicos dependen de la fase de evolución,
pero en general se caracterizan por una inflamación granulomatosa localizada, en parte
alrededor de la capa elástica interna de la pared vascular (con un infiltrado constituido
principalmente formado por macrófagos y células gigantes multinucleadas que producen
TNF, colagenasa y óxido nítrico) y, en parte en la adventicia (donde hay linfocitos T
CD4+ que secretan IL-2 y gIFN y también macrófagos que expresan b1-TGF, IL-6 e
IL-1). Existe asociación familiar, con aumento de prevalencia entre individuos con el
haplotipo HLA-DR4.
Manifestaciones clínicas y pruebas
complementarias
El comienzo puede ser agudo o insidioso. Las formas más
agudas tienen un curso más agresivo y peor pronóstico. El cuadro característico es la
presencia de fiebre, deterioro general, anemia, VSG elevada y cefalea en un paciente
anciano. En 1/3 de los casos existen síntomas de polimialgia reumática, con rigidez y
mialgias en zonas próximas a cintura escapular y pelviana. Otras manifestaciones
frecuentes son cefalea, hipersensibilidad en el cuero cabelludo en la zona de las arterias
temporales y claudicación mandibular.
En la exploración, las arterias temporales pueden estar
eritematosas, engrosadas y rígidas, aunque pueden ser normales a la palpación en
alrededor del 50 por ciento de los pacientes con ACG. La complicación más importante es
la isquemia retiniana, que puede evolucionar hasta la ceguera uni o bilateral. El inicio
de la pérdida visual suele ser brusco e indoloro, y puede estar precedido por episodios
de amaurosis fugax. La afectación del arco aórtico y sus ramas puede dar lugar a
diferencias de tensión arterial entre los miembros superiores, claudicación de miembros
superiores, accidentes cerebrovasculares agudos, infartos de miocardio, aneurismas y
disección aórtica.
El estudio de laboratorio suele manifestar signos
inespecíficos de inflamación crónica. Son característicos la anemia de enfermedad
crónica y una velocidad de sedimentación muy elevada, normalmente alrededor de 100 mmHg.
Cuanto más elevada sea la VSG, más probable será el diagnóstico, ya que ni siquiera
las neoplasias metastásicas ni las infecciones suelen cursar con velocidades mayores de
100. Sólo en un reducido porcentaje del 1 al 2 por ciento de los pacientes, la VSG puede
ser normal o estar sólo ligeramente elevada. Puede existir alteración de la función
hepática, especialmente con elevación de la fosfatasa alcalina, aumento de la IgG y del
complemento.
Diagnóstico
El diagnóstico exige la demostración de las lesiones
características de ACG en la biopsia de arteria temporal. La biopsia es positiva en un 60
a 75 por ciento de los casos. Como la afectación vascular suele ser segmentaria, se
requiere biopsiar un fragmento amplio (3-6 cm), con cortes histológicos a varios niveles.
Si la sospecha clínica es alta, y la biopsia de una de las arterias es negativa, debe
intentarse en la arteria contralateral. Recientemente, se han publicado trabajos en los
que el examen de la arteria temporal se realizaba mediante ecodoppler. Una respuesta
espectacular a un ensayo terapéutico con glucocorticoides puede servir para confirmar el
diagnóstico. Otras formas de vasculitis que pueden afectar a la arteria temporal con
clínica similar a la descrita incluyen la granulomatosis de Wegener y la panarteritis
nodosa. En ocasiones, la amiloidosis puede afectar a la arteria temporal y producir
claudicación mandibular.
Los criterios de clasificación de la ARA (Asociación
Americana de Reumatología) para la arteritis de células gigantes se presentan en la
Tabla IX. Para clasificar a un paciente en esta entidad es preciso que se cumplan al menos
3 de estos 5 criterios, con una sensibildad del 95 por ciento y una especificidad del 91
por ciento.
Tabla IX
Criterios para la
clasificación de la arteritis de células gigantes
(American College of Rheumatology, 1990) |
Edad de comienzo de la enfermedad mayor o
igual a 50 años.
Cefalea de nuevo comienzo o nuevo tipo de localización.
Anormalidad de la arteria temporal: sensibilidad a la palpación de la
arteria temporal o disminución de pulso no relacionada con arterioesclerosis de arterias
cervicales.
VSG mayor a 50 mm Hg por el método de
Westergren.
Biopsia anormal de arteria temporal: la biopsia debe mostrar una
vasculitis necrotizante caracterizada por predominio de infiltración de células
mononucleares o inflamación granulomatosa con células gigantes multinucleadas.
|
(Hunder GG, Bloch DA,
Michel BA, et al. The American College of Rheumatology 1990 criteria for classification of
Giant Cell arteritis. Arthritis Rheum 1990, 33:1122-1128) |
Tratamiento
La ACG responde muy bien al tratamiento con corticosteroides.
Se inicia con una dosis de 1 mg/Kg peso/día (45 a 60 mg diarios de prednisona) en dosis
única matutina durante 1 mes. Cuando la clínica y los parámetros biológicos mejoran
(fundamentalmente la VSG), se inicia la reducción de la dosis en un 10 por ciento cada 2
a 4 semanas, alcanzándose en 6 meses una dosis de mantenimiento de 10-15 mg/día. Esta
dosis debe mantenerse durante un largo período y posteriormente disminuir a una dosis de
7'5 a 10 mg/día a días alternos, hasta supresión. La duración total del tratamiento es
de 1 a 2 años para evitar recidivas. Azatioprina y ciclofosfamida se consideran drogas
adyuvantes o alternativas en casos excepcionales de resistencia a glucocorticoides, y con
resultados dispares. La VSG sirve para monitorizar la respuesta al tratamiento.
Algunos autores consideran que la ACG es una urgencia médica
por las posibles complicaciones vasculares que pueden producirse, especialmente la
ceguera, y por tanto recomiendan que ante la sospecha diagnóstica se realice una
determinación de VSG y si ésta está elevada, se inicie de inmediato tratamiento con
prednisona dejando la biopsia para un segundo tiempo. Con este tratamiento los pacientes
mejoran en 12 horas y los signos clínicos empiezan a desaparecer al cabo de uno o dos
días.
Como norma se aconseja que si el paciente tiene pocos
síntomas o signos, pero aun así la probabilidad de que tenga una ACG es lo
suficientemente grande para justificar una biopsia, el retraso en el inicio del
tratamiento puede ser aceptable. Por el contrario, si los hallazgos clínicos indican
claramente el diagnóstico, y no se dispone de medios para realizar la biopsia de
inmediato, la instauración del tratamiento sin esperar a la confirmación histológica
está plenamente justificada.
El pronóstico es bueno en general. Los pacientes con baja
respuesta inflamatoria (aumento poco significativo de reactantes de fase aguda) y con
presencia de eventos isquémicos transitorios son los que poseen mayor riesgo de
desarrollar complicaciones isquémicas irreversibles, como la ruptura de aneurisma de
aorta abdominal, infarto de miocardio o accidente cerebrovascular agudo.
Arteritis de Takayasu
La arteritis de Takayasu, o enfermedad sin pulso, es una
inflamación granulomatosa que oblitera la aorta y los orificios de salida de sus ramas
principales, con gran predilección por el cayado aórtico. Habitualmente ocurre en
mujeres menores de 50 años. Es una vasculitis poco frecuente en los países occidentales,
siendo más habitual en Oriente. La etiología es desconocida y se desconocen también los
mecanismos patogénicos implicados, aunque se ha demostrado la existencia de complejos
inmunes circulantes. Puede afectar a arterias grandes y medianas. Aunque existe
afectación fundametal de la aorta y troncos supraaórticos, también pueden estar
implicadas las arterias pulmonares, femorales, renales, mesentéricas, coronarias y
vertebrales. Histopatológicamente, se observa un infiltrado linfomonocitario y en
ocasiones células gigantes con granulomas, que inicialmente afectan a la adventicia, pero
que pueden progresar hacia la luz arterial en forma de panarteritis. Con el tiempo se
produce reducción de la luz por engrosamiento debido a la fibrosis de la íntima y de la
media, y aparecen fenómenos trombóticos.
Manifestaciones clínicas
Suele ser una mujer menor de 40 años que debuta con
síntomas generales (astenia, anorexia, febrícula, artralgias, etc.), seguidos de los
síntomas derivados de la isquemia en los territorios vasculares afectados, como
claudicación de extremidades, especialmente de la superiores, disminución o ausencia de
pulsos, soplos vasculares, HTA por estenosis de las arterias renales, accidentes
cerebrovasculares agudos, cardiopatía isquémica, aneurismas o disección aórtica.
En la exploración se puede encontrar asimetría de los
pulsos periféricos y en el 40 por ciento de los pacientes existe hipertensión arterial
con cifras de presión arterial que pueden variar más de 10 mmHg entre ambos brazos.
Pueden aparecer lesiones vasculíticas simolares al eritema nodoso en las piernas.
La analítica es inespecífica, siendo frecuente la anemia
ligera, velocidad de sedimentación globular elevada y aumento de inmunoglobulinas. La
radiología de tórax puede evidenciar el ensanchamiento de la aorta torácica.
Diagnóstico
Por su localización resulta difícil obtener tejido para
estudio histológico. El diagnóstico se basa en la angiografía, que demuestra las
lesiones estenóticas en las arterias afectas con presencia de circulación colateral y/o
aneurismas. La ecografía es más sensible que la arteriografía para demostrar lesiones
en la región carotídea. La angiografía por sustracción digital con contraste y el
angio-TAC pueden sustituir a la angiografía, aunque tienen menos resolución.
Los criterios de clasificación de la ARA son los que
aparecen en la Tabla X. Para etiquetar a un paciente de arteritis de Takayasu deben estar
presentes al menos 3 de estos 6 criterios (sensibilidad 905 por ciento y
especificidad 978 por ciento).
Tabla X
Criterios para la
clasificación de la arteritis de Takayasu
(American College of Rheumatology, 1990) |
Edad de comienzo de la enfermedad igual o
menor de 40 años.
Claudicación de extremidades: desarrollo y empeoramiento de la fatiga y
malestar en los músculos de una o más extremidades con la actividad, especialmente de
extremidades superiores.
Disminución del pulso de una o ambas arterias
braquiales.
Diferencia mayor o igual a 10 mm Hg entre la presión arterial sistólica
de ambos brazos.
Soplo audible a la auscultación sobre una o las dos arterias subclavias o
la aorta abdominal.
Arteriografía anormal: estrechamiento u oclusión arteriográfica de toda
la aorta, sus ramas primarias o grandes arterias en la zona proximal de extremidades
superiores e inferiores, no debida a arterioesclerosis, displasia fibromuscular o causas
similares.
|
(Arend WP, Michael BA,
Bloch DA, et al. The American College of Rheumatology 1990 criteria for the classification
of Takayasu arteritis. Arthritis Rheum 1990; 33: 1129-134). |
Pronóstico y
tratamiento
En pacientes no tratados la muerte suele ser consecuencia de
insuficiencia cardíaca o ACVA, pero con tratamiento adecuado la mortalidad es inferior al
10 por ciento. Los corticosteroides constituyen el tratamiento fundamental de esta
enfermedad, a dosis iniciales de 1 mg/kg/día. Algunos pacientes requieren la utilización
de inmunosupresores como metotrexato o ciclofosfamida. En fases avanzadas puede ser
necesario realizar angioplastias transluminares percutáneas, e incluso abordajes
quirúrgicos para derivaciones, aunque el porcentaje de reestenosis es muy alto.
Vasculitis de vasos medianos
Poliarteritis nodosa
La poliarteritis nodosa clásica (PAN) es una vasculitis
sistémica necrotizante con afectación segmentaria de arterias musculares de mediano y
pequeño calibre, sin glomerulonefritis ni afectación de arteriolas, capilares o
vénulas. Esta última consideración es la que diferencia la PAN clásica de la
poliarteritis microscópica (vasculitis predominantemente de pequeño vaso, con
glomerulonefritis necrotizante y a menudo capilaritis pulmonar). Las localizaciones
anatómicas más frecuentes son la piel, nervio periférico, riñón e intestino, y los
pulmones suelen estar respetados. Es una enfermedad infrecuente, con una incidencia anual
entre 5 y 10 casos por millón de habitantes, predomina en varones (2:1), con una máxima
incidencia entre los 40 y 60 años.
En la mayoría de los casos la etiología es desconocida. Un
30 por ciento de los pacientes tienen antígenos del virus de la hepatitis B (VHB), y en
ocasiones pueden aislarse complejos inmunes circulantes formados por inmunoglobulinas y el
antígeno viral, lo que demuestra su papel patogénico. La relación entre la infección
por el VHB y la PAN se estableció hace más de dos décadas. La incidencia ha descendido
en los últimos años debido probablemente a la generalización de la vacuna del VHB. El
virus de la hepatitis C también se ha relacionado con el desarrollo de PAN (5 por
ciento), pero sin evidencia de implicaciones patogénicas. La asociación de la PAN con
artritis reumatoide y conectivopatías está bien descrita, e implica un mal pronóstico
para estas enfermedades. También se ha descrito asociada a enfermedades neoplásicas como
la tricoleucemia o leucemia de células peludas.
La lesión vascular se caracteriza por la inflamación
necrotizante de arterias de pequeño y mediano calibre, con afectación de toda la pared
de la arteria por un infiltrado inflamatorio mixto de polimorfonucleares, linfocitos y
macrófagos. La distribución es segmentaria y predominia en la bifurcación de los vasos.
Las arterias afectadas por orden de frecuencia son: renales en el 85 por ciento,
coronarias en el 75 por ciento, hepáticas en el 65 por ciento y mesentéricas en el 50
por ciento. Se han descrito tres fases en la evolución de la vasculitis. Inicialmente hay
edema con un infiltrado inflamatorio y necrosis fibrinoide. Posteriormente la necrosis
invade la media y se produce la fragmentación de la lámina elástica interna; en esta
fase puede observarse proliferación de los fibroblastos de la íntima, con trombosis y
oclusión de la luz vascular que da lugar a infartos tisulares. Si se produce ruptura de
la pared del vaso se pueden formar los característicos aneurismas. En la tercera fase o
reparativa se observa una proliferación de fibroblastos y formación de tejido de
granulación, lo que da lugar a una disminución o total oclusión de la luz del vaso, y,
en consecuencia, a isquemia e infarto del órgano afectado. Estas fases pueden
superponerse unas a otras en distintos vasos, e incluso, en distintos segmentos de un
mismo vaso.
Manifestaciones clínicas
La enfermedad puede afectar a múltiples órganos,
simultáneamente o de forma secuencial. Aunque suele ser una enfermedad multisistémica y
grave, también hay formas limitadas. Sus principales manifestaciones clínicas son la
astenia, malestar general, fiebre, pérdida de peso, mialgias, dolores abdominales,
lesiones cutáneas, hipertensión arterial y mononeuritis múltiple.
La mononeuritis múltiple es la manifestación neurológica
más típica, y ocurre en el 50-70 por ciento de los casos. Se caracteriza por dolor
agudo, parestesias y déficit motor. Otros síntomas neurológicos son la polineuritis de
predominio sensitivo y distal, parálisis aislada de pares craneales y la afectación del
SNC, que aunque rara, implica un peor pronóstico.
En la PAN clásica, la afectación renal se produce en el 60
por ciento de los casos, y se debe a arteritis con alteraciones isquémicas de los
glomérulos (nefropatía vascular), mientras que la presencia de glomerulonefritis es
diagnóstica de poliangeitis microscópica. Además de las alteraciones del sedimento
(proteinuria que raramente suele alcanzar el rango nefrótico, hematuria y cilindros),
puede existir deterioro progresivo de la función renal por infartos renales e HTA. La HTA
puede ser refractaria y producir glomeruloesclerosis; se considera el factor que más
condiciona el pronóstico de la enfermedad.
Las artromialgias son frecuentes al inicio del cuadro (60 por
ciento), y pueden simular los síntomas de la polimialgia reumática. En el 20 por ciento
puede existir poliartritis intermitente, asimétrica, no erosiva ni deformante, localizada
fundamentalmente en extremidades inferiores.
Hasta el 50 por ciento presentan lesiones cutáneas como
púrpura palpable, nódulos subcutáneos, úlceras y livedo reticularis. Existe la PAN
cutánea como forma localizada de enfermedad, caracterizada por lesiones nodulares
dolorosas, artromialgias/artritis y livedo reticularis.
Otras manifestaciones derivan de la afectación del tracto
digestivo (dolor abdominal difuso por isquemia intestinal, perforación, hemorragia
digestiva, malabsorción e incluso afectación aislada de vesícula biliar y apéndice),
corazón (insuficiencia cardíaca secundaria a isquemia miocárdica o a HTA, arritmias,
IAM), vasculitis retiniana, orquitis, etc. La orquiepididimitis es más frecuente en
pacientes con VHB positivo; siendo el resto de manifestaciones clínicas similares a los
VHB negativos.
Entre las pruebas de laboratorio se observa elevación de
reactantes de fase aguda como la VSG y anemia de enfermedad crónica. Es frecuente la
leucocitosis neutrofílica y en casos de afectación renal existe alteración del
sedimento urinario. Debe investigarse de forma sistemática la presencia de marcadores de
hepatitis B y C. La detección de ANCA es rara en la PAN clásica, encontrándose en menos
del 20 por ciento de los casos. Ocasionalmente pueden detectarse inmunocomplejos
circulantes, y en algunos pacientes puede demostrarse la presencia del antígeno de
superficie del VHB (HBsAg) formando parte de dichos inmunocomplejos.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la demostración histológica de
vasculitis. La biopsia se debe realizar en los órganos o tejidos clínicamente afectados.
Los tejidos más accesibles son: músculo, nervios periféricos, riñón y testículo. La
biopsia cutánea es fácil, pero muy inespecífica, y no indica afectación sistémica.
Cuando no se obtiene evidencia histológica de vasculitis, o cuando el órgano afecto no
es accesible, debe realizarse una angiografía, que puede mostrar datos indirectos de
vasculitis (estenosis, trombosis) y los típicos microaneurismas en riñón, hígado y
arterias mesentéricas. La presencia de aneurismas no es patognomónica, y pueden
aparecer en otros procesos: mixoma auricular, granulomatosis de Wegener, púrpura
trombótica trombocitopénica, lupus eritematoso sistémico, endocarditis,
neurofibromatosis, pseudoxantoma elástico, ...
En la Tabla XI se exponen los criterios de la ARA para el
diagnóstico de la PAN. Se requiere la presencia de 3 ó más de estos 10 criterios para
clasificar a un paciente en este grupo de vasculitis, con una sensibilidad del 82 por
ciento y una especificidad del 87 por ciento.
Tabla XI
Criterios para la
clasificación de la panarteritis nodosa
(American College of Rheumatology, 1990) |
Pérdida de
peso mayor o igual a 4 Kg.
Livedo reticularis.
Dolor o sensibilidad testicular.
Astenia, mialgias o dolor en extremidades
inferiores.
Mononeuritis o polineuritis.
Presión arterial diastólica igual o mayor de
90 mm de Hg
Elevación de BUN o creatinina: BUN mayor de 40
ó creatinina mayor de 1.5.
Marcadores del virus de hepatitis B positivos.
Arteriografía patológica.
Biopsia de arterias de mediano o pequeño
tamaño con cambios histológicos que muestra presencia de granulocitos, y leucocitos
mononucleares en la pared arterial.
|
(Linghtfoot RW, Michel
BA, Bloch DA, et al. The Amewrican College of Rheumatology 1990 criteria of the
classification of Polyarteritis Nodosa. Arthritis Rheum 1990; 33: 1088-1093). |
Pronóstico y
tratamiento
Sin tratamiento la PAN es una enfermedad mortal, con una
supervivencia a los cinco años inferior al 15 por ciento. Tras el uso de glucocorticoides
se alcanzan supervivencias mayores del 50 por ciento. Una vez superado el proceso
vasculítico, la enfermedad tiene escasa tendencia a las recidivas, a diferencia de la
angeítis microscópica que sí tiene un alto índice de recurrencias. El tratamiento
depende de la extensión y severidad de la enfermedad. Las formas localizadas de la PAN
pueden ser controladas con dosis bajas de esteroides, en torno a 15 mg de prednisona al
día. En la PAN sistémica o con afectación visceral grave se deben usar dosis altas de
esteroides (pulsos i.v. de metilprednisolona: 15 mg/kg/día) e inmunosupresores
(ciclofosfamida, 2 mg/kg/día). Con este tratamiento se han descrito hasta un 90 por
ciento de remisiones a largo plazo. Los efectos secundarios más importantes asociados a
la administración diaria de ciclofosfamida incluyen infecciones oportunistas, cistitis
hemorrágica, fibrosis vesical, supresión de la médula ósea, fallo ovárico, y
neoplasias. Para disminuir estas complicaciones se recomienda utilizar la ciclofosfamida
en forma de pulsos intravenosos. En la PAN relacionada con el VHB se utilizan
combinaciones de antivíricos como vidarabina o interferón alfa, esteroides y
plasmaféresis, con resultados aceptables.
Enfermedad de Kawasaki
Es una arteritis que afecta preferentemente a vasos de
tamaño mediano, aunque pueden involucrarse también vasos grandes y pequeños. Es una
enfermedad típica de la infancia (el 80 por ciento de los pacientes tienen menos de cinco
años de edad), se asocia con un síndrome glandular mucocutáneo y las arterias
coronarias suelen estar afectadas. Es una enfermedad rara en nuestro medio, con un máximo
de incidencia en Japón.
La instauración aguda y la evolución autolimitada de la
enfermedad, el carácter epidémico ocasional y la buena respuesta al tratamiento con
inmunoglobulinas intravenosas, han llevado a pensar que la enfermedad de Kawasaki (EK) sea
consecuencia de una infección o de la acción de una toxina con un mecanismo
inmunológico secundario. Se ha especulado con diversos agentes infecciosos (retrovirus,
estreptococo betahemolítico, rickettsias, parvovirus B19, virus de Epstein-Barr,
Propionebacterium acne, estafilococo aureus), pero no se ha demostrado en ningún caso. Se
piensa que existe un superantígeno exógeno que produce una intensa activación de los
linfocitos T.
Manifestaciones clínicas
Se caracteriza por un cuadro agudo de fiebre alta,
conjuntivitis bilateral, lesiones mucosas con edema, eritema y erosiones (en la cavidad
orofaríngea es característica la "lengua de fresa"), lesiones cutáneas en
forma de edema indurado con eritema en palmas y plantas, y aumento de tamaño de los
ganglios linfáticos cervicales. En la fase subaguda (día 11 a 24 de la enfermedad)
aparece la descamación característica de la punta de los dedos de las manos. Suele ser
un proceso benigno que cura espontáneamente. En un 25 por ciento de los casos la
vasculitis afecta al corazón con lesiones aneurismáticas en las arterias coronarias
grandes y lesiones miocárdicas secundarias de tipo isquémico, que aparecen típicamente
entre la tercera y cuarta semana de enfermedad. En esta tercera fase también pueden
aparacer artritis, miocarditis, pericarditis, disfunción valvular, IAM o muerte súbita
por trombosis coronaria. Es la causa más frecuente de cardiopatía adquirida en niños en
Estados Unidos. Los hallazgos analíticos son inespecíficos.
Diagnóstico
No existe ninguna prueba definitiva, y el diagnóstico se
realiza en base a unos criterios consensuados (ver Tabla XII). Se deben cumplir 5 de los
anteriores criterios, aunque se aceptan formas incompletas o atípicas.
Tabla XII
Consenso para el diagnóstico de la enfermedad de Kawasaki |
Fiebre persistente durante 5 días o más.
Signos cutáneos:
Fase inicial: enrojecimiento de palmas y plantas
y/o edema indurado.
Fase convalecencia: descamación membranosa
en la punta de los dedos.
Exantema polimorfo.
Congestión conjuntival bilateral.
Labios y cavidad oral: enrojecimiento de los labios y/o lengua de fresa
y/o inyección difusa de la mucosa oral y faríngea.
Linfadenopatía cervical aguda no purulenta.
|
| (Diagnostic Guidelines for Kawasaki
Disease. 4 th Resived Edition. Septiembre 1984. Prepare by the Japan Kawasaki Disease
Research Committee). |
El diagnóstico diferencial de la EK incluye
la escarlatina, el síndrome del shock tóxico, leptospirosis, rickettsiosis, infecciones
víricas, toxoplasmosis, reacciones a fármacos y la artritis crónica juvenil. Se debe
realizar un ecocardiograma semanal a todo paciente con EK durante las tres primeras
semanas de evolución del proceso, y un mes después para descartar aneurismas coronarios.
Pronóstico y tratamiento
Cerca del 3 por ciento de los pacientes sufren complicaciones
mortales. El tratamiento durante la fase aguda consiste en la administración aspirina
(80-100 mg/kg/día) durante 14 días seguido de 3-5 mg/Kg/día durante varias semanas.
Para prevenir la formación de aneurismas coronarios se emplean gammaglobulinas iv en
dosis única de 2 g/kg. No se recomienda usar glucocorticoides por el riesgo de
incrementar la incidencia de aneurismas coronarios.
Vasculitis de vasos pequeños
Dentro del grupo de vasculitis de vasos pequeños existe un
subgrupo de vasculitis asociadas a ANCA que está formado por la poliangeitis
microscópica (PAM), la granulomatosis de Wegener, el síndrome de Churg-Strauss y la
vasculitis leucocitoclástica. Adicionalmente, la glomerulonefritis extracapilar
pauciinmune primaria se considerada en la actualidad como una vasculitis localizada en el
capilar glomerular y con ANCA positivo.
Poliangeítis microscópica
Durante años fue considerada una variante de la PAN. Con la
aparición de los ANCA y tras las definiciones de la Conferencia de Chapel Hill, se han
establecido unos límites netos entre ambas. La PAM se define como una vasculitis
necrotizante que afecta a vasos pequeños (arteriolas, capilares y vénulas), si bien
puede existir también vasculitis necrosante en arterias de calibre pequeño y mediano.
La glomerulonetritis necrotizante y hemorragia alveolar son
dos manifestaciones frecuentes. Algunos investigadores consideran que forma parte de un
espectro clínico que incluye la granulomatosis de Wegener, puesto que ambas se asocian
con la presencia de ANCA y muestran cambios histológicos similares fuera del tracto
respiratorio.
Es una enfermedad rara (2,4 casos por millón de
habitantes/año), pero más frecuente que la PAN clásica, excepto en las áreas
geográficas con alta prevalencia de infección por el VHB.
Manifestaciones clínicas
Las manifestaciones más características de la PAM y que no
se dan en la PAN clásica son la glomerulonefritis necrosante, y la capilaritis. El
compromiso renal se presenta en el 100 por ciento de los casos, y varía desde la
microhematuria hasta el fracaso renal agudo oligúrico con glomerulonefritis rápidamente
progresiva (GNRP). La hemorragia pulmonar aparece hasta en un tercio de los casos. Como en
el resto de las vasculitis, otras manifestaciones frecuentes son la afectación del estado
general, artromialgias, neuropatía periférica y del SNC, afectación cutánea y del
tracto gastrointestinal.
Las pruebas de laboratorio muestran un síndrome inflamatorio
inespecífico: VSG elevada, leucocitosis con neutrofilia y anemia normocítica
normocrómica que será aguda en caso de hemorragia alveolar. Los marcadores víricos de
hepatitis son negativos. Los ANCA son habitualmente positivos (70 por ciento) con patrón
perinuclear y especificidad frente a mieloperoxidas (pANCA/anti-MPO), de forma que su
positividad en una GNRP es diagnóstico de PAM con una probabilidad del 99 por ciento. Es
importante la determinación de Ac anti-membrana basal glomerular en el suero,
especialmente en aquellos casos con GNRP con o sin hemorragia pulmonar, dado que hasta un
tercio de los casos de síndrome de Goodpasture presentan ANCA simultáneamente.
En la hemorragia alveolar, la radiología de tórax suele
mostrar infiltrados densos de tipo alveolar y predominio en las bases, a menudo
bilaterales y difusos, pero sin nódulos ni cavitaciones. La difusión de CO estará
aumentada por la presencia de sangre en el alvéolo.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa la histología y en la positividad de
los pANCA/anti-MPO. La lesión renal consiste en una glomerulonefritis necrotizante
segmentaria y focal, acompañada de proliferación extracapilar en forma de semilunas. No
hay granulomas y la inmunofluorescencia suele ser negativa, o en todo caso revela escasos
depósitos inmunes. La biopsia pulmonar muestra capilaritis con necrosis fibrinoide del
intersticio alveolar, trombosis de los capilares y rotura de la barrera alvéolo-capilar
con invasión del alveolo por hematíes.
Pronóstico y tratamiento
El pronóstico viene determinado por la edad, el grado de
alteración renal y la presencia de hemorragia pulmonar. La mortalidad en los tres
primeros meses alcanza el 35 por ciento, y la tasa de recaídas se sitúa en un 50 por
ciento. Como en la PAN clásica con afectación visceral, el tratamiento incluye
esteroides en dosis altas y ciclofosfamida intravenosa. La azatioprina se usa una vez
superada la fase aguda de la enfermedad para mantener la remisión.
Granulomatosis de Wegener
Inflamación granulomatosa del tracto respiratorio (vías
aéreas y pulmón), asociada con vasculitis necrotizante de vasos de pequeño a mediano
calibre (capilares, vénulas, arteriolas y arterias). La glomerulonefritis necrotizante es
común, puede ocurrir también como un proceso inflamatorio sin aparente vasculitis y
está fuertemente asociada a ANCA. Es una enfermedad poco frecuente, con un pico de
incidencia en los 40-50 años y una distribución similar por sexos.
La etiología de la granulomatosis de Wegener (GW) es
desconocida. Su carácter granulomatoso y la respuesta obtenida en algunos casos con
trimetoprim-sulfametoxazol sugieren un origen infeccioso inhalado, aunque la
investigación de microorganismos ha resultado negativa. En la patogenia se ha sugerido
una reacción de hipersensibilidad retardada a antígenos de las vías respiratorias
(endógenos o exógenos). Como en todas las vasculitis asociadas a ANCA, no parece haber
relación con el depósito de inmunocomplejos. La fuerte asociación a ANCA /anti-PR3,
sugiere un posible papel patogénico para estos anticuerpos.
Manifestaciones clínicas
El concepto actual es el de que la GW cursa en dos fases: una
fase inicial con sintomatología locorregional, confinada principalmente a la cabeza y/o
al pulmón, seguida de una fase generalizada que se manifiesta como una vasculitis
sistémica.
La primera fase se inicia por una lesión indolente en el
territorio ORL (70 por ciento): sinusitis, otitis, ulceración nasal, rinitis purulenta o
perforación del tabique nasal con deformidad de la nariz "en silla de montar".
Desde aquí, las lesiones pueden avanzar por continuidad en sentido ascendente, hacia el
espacio retroorbitario (proptosis, uveítis, afectación de pares craneales...) o en
sentido descendente, hasta el pulmón. En esta fase la afectación pulmonar suele ser
indolente, y en la radiología de tórax pueden existir infiltrados pulmonares y/o
nódulos con tendencia a la cavitación. Sólo en el 50 por ciento de los casos los
cANCA/anti-PR3 son positivos en esta fase.
La transición hacia la fase generalizada ser reconoce por la
presencia de síntomas generales comunes en las vasculitis sistémicas (fiebre, pérdida
de peso, astenia, artromialgias). Las manifestaciones pulmonares aparecen en el 85-90 por
ciento de los casos, de forma asintomática o con disnea, tos, dolor torácico o
hemoptisis. La hemorragia pulmonar por capilaritis alveolar se observa en un 8 por ciento.
La afección renal es más frecuente en los estadios más avanzados (85 por ciento) y
tiene un curso muy variable, desde una progresión lenta a casos fulminantes que llevan a
insuficiencia renal terminal. La lesión renal predominante es la glomerulonefritis
necrotizante segmentaria y focal, raramente con granulomas, que puede evolucionar a GNRP
con semilunas.
Otras manifestaciones incluyen las lesiones cutáneas,
artritis, mononeuritis múltiple, manifestaciones del sistema genitourinario (orquitis,
epididimitis, prostatitis o uretritis), vasculitis del tracto digestivo o pericarditis.
Entre las pruebas de laboratorio se encuentran anemia,
leucocitosis con leve eosinofilia (10 por ciento), y elevación de los reactantes de fase
aguda. En caso de afectación renal, se detectan alteraciones del sedimento. Los
cANCA/anti-PR3 son el marcador con mayor sensibilidad y especificidad en la GW
generalizada, donde aparecen hasta en el 90 por ciento. Su positividad en la fase
locorregional desciende al 40-50 por ciento. Aunque parecen correlacionarse con la
actividad de la enfermedad, existen discordancias hasta en un tercio de los casos, por lo
que no deben ser utilizados como el único parámetro de monitorización.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la combinación de hallazgos
clínicos, patológicos y serológicos (cANCA). El cuadro histopatológico típico de la
GW está integrado por la tríada de granulomas, vasculitis y necrosis, que no siempre es
evidente en todos los órganos afectos. La biopsia abierta de pulmón es la más rentable,
con un 90 por ciento de positividades, frente a menos de un 7 por ciento con la biopsia
transbronquial. La arteriografía no es resolutiva.
El diagnóstico diferencial incluye lesiones granulomatosas
como tuberculosis o micosis, y la granulomatosis linfomatoide. La diferenciación con el
síndrome de Goodpasture en los casos de síndrome pulmón-renal se basa en la positividad
de los Ac anti-MBG y la presencia de depósitos inmunes en la biopsia renal. En un tercio
de los casos de enfermedad por anticuerpos anti-MBG, se detectan concomitantemene
pANCA/anti-MPO.
En la Tabla XIII se presentan los criterios del ACR para la
clasificación de la GW. Hay que señalar que estos criterios fueron diseñados antes de
que la determinación de ANCA estuviese disponible para el diagnóstico de la enfermedad.
Se acepta que un paciente tiene una GW si al menos 2 de estos 4 criterios están
presentes, con una sensibilidad del 88 por ciento y una especificidad del 92 por ciento.
Tabla XIII
Criterios para la
clasificación de la granulomatosis de Wegener
(American College of Rheumatology, 1990) |
Inflamación nasal u oral.
RX Tórax anormal: presencia de nódulos, infiltrados fijos o
cavidades.
Sedimento urinario patológico.
Biopsia con inflamación granulomatosa en una arteria o en área perivascular.
|
(Leavit RY, Fauci
AS, Bloch DA, et al. The American College of Rheumatology 1990 criteria for classification
of Wegeners granulomatosis. Arthritis Rheum 1990; 33: 1101-1107). |
Pronóstico y
tratamiento
La mortalidad al primer año sin tratamiento es del 80 por
ciento para las formas completas. La combinación de ciclofosfamida oral o en pulsos
intravenosos y corticoesteroides se considera el tratamiento estándar. Cuando la
respuesta es satisfactoria, se recomienda mantener la dosis diaria de ciclofosfamida al
menos hasta un año después de la remisión. Otros fármacos usados en la fase de
mantenimiento son la azatioprina o el metotrexate. Con este régimen, se alcanza mejoría
en el 91 por ciento de los casos, y la remisión en el 75 por ciento. El índice de
recidivas es del 50 por ciento. El trimetoprim-sulfametoxazol se puede usar como único
tratamiento en la fase locorregional de la enfermedad. En casos aislados resistentes a
tratamientos convencionales se usa inmunoglobulinas intravenosas y actualmente se ensaya
con nuevas terapias como los anti-TNF (infliximab).
Arteritis de Churg-Strauss
Se define como una inflamación granulomatosa rica en
eosinófilos, que afecta al tracto respiratorio con vasculitis necrotizante de los vasos
de pequeño y mediano tamaño, y que asocia asma y eosinofilia. Los ANCA son frecuentes,
con patrón p-ANCA predominante. Es una de las vasculitis menos frecuentes, con un pico de
incidencia entre los 30 y 45 años de edad.
Su etiología es desconocida. Como en la granulomatosis de
Wegener, en la patogenia se han implicado fenómenos de hipersensibilidad, y se ha
relacionado con antígenos inhalados, tratamientos hiposensibilizantes o vacunaciones.
Manifestaciones clínicas
Se describen 3 fases evolutivas:
1) Periodo prodrómico. Duración variable, incluso más de
30 años, se presenta con manifestaciones de una enfermedad alérgica como atopia, rinitis
alérgica, poliposis nasal o asma. El asma es corticodependiente y de aparición
inusualmente tardía, y una vez instaurada la fase vasculítica suele mejorar
espectacularmente.
2) En la segunda fase aparece eosinofilia periférica e
infiltrados hísticos eosinófilos en pulmón (neumonía eosinófila) o aparato digestivo
(gastroenteritis eosinófila).
3) En la tercera fase se desarrollan signos y síntomas
correspondientes a una vasculitis sistémica de características semejantes a la PAN:
fiebre, pérdida de peso, afectación general, artromialgias, neuropatía periférica y
afectación del tracto digestivo. Las lesiones cutáneas, presentes hasta en el 70 por
ciento de los pacientes, son más frecuentes que en la PAN (púrpura palpable, livedo
reticularis, nódulos subcutáneos y necrosis distal). Los nódulos subcutáneos
transitorios, de 0,5-2 cm, en las extremidades o el cuero cabelludo, son muy típicos y su
estudio histológico suele mostrar granulomas de Churg-Strauss. Las manifestaciones
cardíacas son muy frecuentes (1/3 de los casos) y constituyen la causa de mortalidad
(insuficiencia cardíaca congestiva, derrame pericárdico o miocardiopatía restrictiva).
La afección renal es infrecuente, y no suele ser grave, pero puede existir
glomerulonefritis necrotizante focal y segmentaria con formación de semilunas,
generalmente con pANCA/anti-MPO. La hipereosinofilia puede favorecer la aparición de
trombosis.
En las pruebas de laboratorio el dato más característico es
la eosinofilia en sangre periférica superior al 10 por ciento del total de leucocitos, o
a 1000/uL en valores absolutos. Se detecta un incremento de IgE en el 75 por ciento de los
casos. En los casos con afectación glomerular, los pANCA/anti-MPO suelen ser positivos
(60-75 por ciento de los casos), aunque también se han detectado cANCA anti-PR3.
La exploración radiológica muestra en muchos casos una
opacificación de senos paranasales. En pulmón, aparecen infiltrados migratorios y/o
transitorios que ceden tras corticoterapia o espontáneamente, y se detecta derrame
pleural hasta en un 65 por ciento de los casos. La angiografía es normal en la mayoría
de las ocasiones, pero pueden detectarse aneurismas.
Diagnóstico
Debe sospecharse en pacientes con asma que presentan
reagudización de su patología crónica acompañado de fiebre y signos de enfermedad
sistémica. El diagnóstico requiere la confirmación histológica.
Los criterios de clasificación del ACR se recogen en la
Tabla XIV. Se requieren 4 ó mas de estos 6 criterios (sensibilidad 85 por ciento y
especificidad 997 por ciento)
Tabla XIV
Criterios para la
clasificación de la arteritis de Churg-Strauss
(American College of Rheumatology, 1990) |
Asma.
Eosinofilia periférica mayor del 10% en el recuento diferencial de
células blancas de la sangre.
Mononeuropatía (incluye la mononeuritis múltiple) o polineuropatía.
Infiltrados pulmonares migratorios o transitorios atribuibles a vasculitis
sistématica.
Anormalidad de senos paranasales: historia de dolor paranasal agudo o
crónico o hipersensibilidad al tacto u opacificación radiológica de senos paranasales.
Biopsia incluyendo arterias, arteriolas o venulas que muestran
acumulación de eosinófilos en áreas extravasculares.
|
(Hasi AT, Hunder GG, Lie
VT, et al. The American College of Rheumatology 1990 criteria for classification of
Churg-Strauss syndrome (Allergic granulomatosis and angiitis). Arthritis Rheum 1990; 33:
1094-1100). |
Pronóstico y
tratamiento
La supervivencia a los 5 años sin tratamiento es menor del
25 por ciento. La causa de la muerte suele estar relacionada con la afectación pulmonar y
cardíaca más que con lesiones renales o gastrointestinales. La respuesta a esteroides
suele ser buena. En casos severos se asocia prednisona y ciclofosfamida. Los nuevos
fármacos inhibidores de los leucotrienos parecen ser útiles en el control del asma
asociado a SCS.
Vasculitis leucocitoclástica cutánea
Se caracteriza por la inflamación de los vasos de pequeño
calibre de la dermis cutánea en la que se observan neutrófilos fragmentados
(leucocitoclasis), sin que exista habitualmente vasculitis sistémica ni
glomerulonefritis. Es el grupo de vasculitis más frecuente. Se observan en individuos de
todas las edades y ambos sexos, con discreto predominio en mujeres. En la definición se
incluye un hallazgo histológico que no es patognomónico ni específico de este tipo de
vasculitis, y que se puede encontrar en cualquiera de las que afectan a vasos de pequeño
e incluso mediano tamaño, por lo que este nombre ha sido criticado por diferentes
autores. También se denomina vasculitis por hipersensibilidad al presentarse, en muchas
ocasiones, como una reacción aberrante frente a antígenos de diferente naturaleza como
componentes microbianos, fármacos, productos tumorales u otras sustancias exógenas o
endógenas. Sin embargo, en la mayoría de los pacientes no se conoce el factor
desencadenante. A continuación se presentan las causas más frecuentemente implicadas:
1. Fármacos: penicilina, sulfamidas, eritromicina,
tetraciclinas, quinolonas, AAS, alopurinol, fenitoína, sales de oro, fenilbutazona,
fenotiacinas, antitiroideos, dicumarínicos, vacunas y diversos productos químicos. El
cuadro clínico aparece por lo general de una a tres semanas después de la exposición al
fármaco.
2. Neoplasias: se asocian con mayor frecuencia a
neoplasias hematológicas (leucemia linfática crónica, leucemia de células peludas,
procesos linfoproliferativos y algunos síndromes mielodisplásicos), pero también puede
asociarse a tumores sólidos.
3. Otras enfermedades autoinmunes: artritis
reumatoide, lupus eritematoso sistémico, síndrome de Sjögren, policondritis
recidivante, cirrosis biliar primaria, hepatitis crónica autoinmune, enfermedad
intestinal inflamatoria, fibrosis retroperitoneal, síndrome de Googpasture y otras
vasculitis.
4. Infecciones: Destacan estafilococos,
estreptococos, neisserias, rickettsias, salmonella, pseudomonas, mycobacterias,
infecciones fúngicas (Candida, Aspergilus, Histoplasma y Crytococcus) e infeciones
víricas como el citomegalovirus, el parvovirus B19, los virus de las hepatitis B, C y A,
el HTLV 1 y el virus de Epstein-Barr.
El mecanismo patogénico fundamental es el depósito de
complejos inmunes. Ello origina una reacción inflamatoria a partir de la activación del
complemento, acción quimiotáctica sobre los neutrófilos, liberación de enzimas
lisosomales y radicales libres, responsables de la lesión de la pared vascular.
El hallazgo histológico característico es la
leucocitoclasia o aparición de residuos nucleares de los neutrófilos fragmentados en la
fase aguda de la inflamación. En los estadios subagudo y crónico predomina el infiltrado
mononuclear, y con frecuencia hay extravasación de hematíes dando lugar a la púrpura
palpable. Los vasos más afectados son las vénulas postcapilares. A diferencia de otros
cuadros vasculíticos, todas las lesiones examinadas en un momento determinado suelen
estar en el mismo estadio evolutivo, y es frecuente la detección de depósitos de
inmunoglobulinas y componentes del complemento en las zonas inflamatorias.
Manifestaciones clínicas
La lesión más típica y frecuente es la púrpura palpable,
de predominio en miembros inferiores. Otras manifestaciones cutáneas incluyen máculas,
pápulas, vesículas, bullas, nódulos subcutáneos, livedo reticularis, úlceras y
urticaria. Las lesiones suelen resolverse espontáneamente al cabo de una a cuatro
semanas. Al menos en un 50 por ciento de los casos la enfermedad adopta una expresión
clínica sistémica, en general poco relevante: artromialgias, síntomas constitucionales
leves, dolor abdominal y febrícula. La afectación renal más característica y frecuente
es la aparición de hematuria microscópica, siendo extremadamente infrecuente la
insuficiencia renal.
Los datos de laboratorio carecen de especificidad e incluyen,
entre otros, anemia, leucocitosis y aumento de la VSG.
Diagnóstico
Se basa en la existencia de lesiones cutáneas típicas y la
constatación histológica de lesiones compatibles con este grupo de vasculitis. Los
criterios diseñados por la ACR para el diagnóstico de las vasculitis por
hipersensibilidad son los que figuran en la Tabla XV. La presencia de 3 o más de estos
criterios tiene una sensibilidad del 71 por ciento y una especificidad del 84 por ciento.
Tabla XV
Criterios para la
clasificación de las vasculitis por hipersensibilidad
(American College of Rheumatology, 1990) |
Edad de comienzo de la enfermedad mayor de
16 años.
Antecedente de administración de fármacos en relación con el inicio de
los síntomas.
Púrpura palpable.
Rash maculopapular.
Biopsia cutánea mostrando neutrófilos rodeando arteriolas o vénulas.
|
(Calabrese LH, Michel BA,
Bloch Da, et al. The American College of Rheumatology 1990 criteria for the classification
of Hypersensitivity vasculitis. Arthritis Rheum 1990; 33: 1108-1113). |
Tratamiento
Si se conoce el factor desencadenante, la primera medida es
su supresión. La mayoría de las formas exclusivamente cutáneas remiten
espontáneamente, a no ser que predomine la urticaria, en cuyo caso se usan
antihistamínicos. Si la enfermedad tiene afectación sistémica y si desarrolla un curso
prolongado o recidivante se empleará prednisona en dosis de 1 mg/kg/día en una pauta
corta. En los casos de cronificación está indicado el tratamiento secuencial con
antiinflamatorios no esteroideos, colchicina, dapsona, pentoxifilina, y en algunos casos
inmunosupresores.
Formas anatomo-clínicas de vasculitis
leucocitoclástica
La asociación de determinadas manifestaciones
clinicopatológicas y analíticas configuran cuadros bien diferenciados dentro de este
síndrome vasculítico.
a) Enfermedad del suero
Es un trastorno sistémico que aparece después de siete a diez días de
la administración de una proteína heteróloga o un fármaco no proteico como penicilina,
sulfamidas, hidantoínas y antidiabéticos orales. El cuadro clásico consiste en fiebre,
urticaria, artralgias y linfadenopatía, a los que puede asociarse artritis,
glomerulonefritis y vasculitis leucocitoclástica.
b) Vasculitis hipocomplementémica
Se trata de mujeres de edad media con hipocomplementemia, vasculitis cutánea
y artritis. Se caracteriza por la aparición de una erupción urticarial de 24-96 horas de
duración que evoluciona en forma de brotes recidivantes, con tendencia a cronificarse. La
mitad de estos pacientes padecen una enfermedad pulmonar obstructiva crónica asociada al
consumo de tabaco. Un pequeño número de pacientes desarrolla una glomerulonefritis
crónica mesangiocapilar que condiciona el pronóstico.
c) Púrpura hipergammaglobulinémica benigna de
Waldenström
Proceso crónico identificado por la combinación de púrpura recurrente de las
extremidades inferiores e hipergammaglobulinemia policlonal, siendo también frecuentes
las artralgias en articulaciones vecinas y el fenómeno de Raynaud. Habitualmente se
asocia a otra enfermedad sistémica como conectivopatías (síndrome de Sjögren),
sarcoidosis o neoplasias hematológicas. Es una enfermedad poco frecuente que suele
aparecer en mujeres en torno a los 40 años.
d) Púrpura de Schönlein-Henoch
Vasculitis de pequeños vasos, con compromiso de la piel, articulaciones, intestino
y riñón, que se caracteriza por el depósito local de inmunocomplejos con
inmunoglobulinas de isotipo predominante IgA. Es la vasculitis más frecuente de la
infancia, aunque el rango de edad oscila entre los seis meses y la edad adulta. Suele
seguir un curso benigno autolimitado. Se sospecha que existen numerosos antígenos
desencadenantes como infecciones del tracto respiratorio superior (particularmente
faringitis estreptocócicas), fármacos, alimentos, picaduras de insectos e
inmunizaciones.
Manifestaciones clínicas
Las manifestaciones clínicas típicas incluyen: fiebre,
lesiones cutáneas, afectación articular y del tracto digestivo. La púrpura palpable
aparece casi en el 100 por ciento de los casos, aunque en un 30 por ciento puede estar
ausente al comienzo de la enfermedad. La mayoría presentan poliartralgias. El 70 por
ciento de enfermos pediátricos expresan semiología gastrointestinal que incluye dolor
abdominal cólico, náusea, vómitos y sangrado digestivo oculto. La perforación o la
invaginación intestinal son raras. Las artralgias y el dolor abdominal pueden aparecer
antes o después de las manifestaciones cutáneas. La frecuencia de afectación renal
aumenta con la edad. Suele ser una glomerulonefritis leve que desaparece espontáneamente,
pero en raras ocasiones puede evolucionar a insuficiencia renal grave. En adultos puede
haber afectación miocárdica. Los datos analíticos son inespecíficos, y los niveles de
IgA se elevan en el 50 por ciento de los casos.
Diagnóstico
Se basa en la clínica y en la biopsia cutánea. Las lesiones
inflamatorias son indistinguibles de las otras vasculitis leucocitoclásticas. La única
característica distintiva es la detección por inmunofluorescencia, en más del 70 por
ciento de los casos, de cúmulos de IgA en los vasos inflamados.
La ACR presentó en 1990 cuatro criterios diagnósticos (ver
Tabla XVI). Deben estar presentes al menos 2 de estos 4 criterios.
Tabla XVI
Criterios para la clasificación de la vasculitis de
Schönlein-Henoch
(American College of Rheumatology, 1990) |
Púrpura palpable, no relacionada con trombocitopenia.
Edad de comienzo de la enfermedad menor o igual a 20 años.
Angina abdominal.
Biopsia con neutrófilos granulocitos en la pared de arteriolas y vénulas.
|
(Hills JA, Michel BA,
Bloch DA, et al. The American College of Rheumatology 1990 criteria for the classification
of Henoch-Schönlein purpura. Arthritis Rheum 1990; 33:1114-1121). |
Pronóstico y
tratamiento
Suele ser una enfermedad benigna y autolimitada, con una
duración inferior al mes, aunque en el 40 por ciento de los pacientes se observan
recurrencias. El tratamiento es sintomático. Los esteroides pueden se eficaces para
disminuir el edema, las artralgias y las molestias abdominales, pero no mejoran las
lesiones cutáneas ni las renales. En caso de glomerulonefritis se pueden usar
inmunosupresores y plasmaféresis.
e) Crioblobulinemia mixta
Es una variedad de vasculitis leucocitoclástica que configura un cuadro bien
diferenciado. Se caracteriza por la presencia en el suero de inmunoglobulinas que
precipitan de forma reversible tras la exposición al frío. Las crioglobulinas pueden ser
de 3 tipos:
a) Tipo I: constituidas por una única proteína monoclonal,
que suele ser IgM. Aparece de forma aislada o asociada a procesos
linfomieloproliferativos.
b) Tipo II: constituye junto al tipo III el grupo de
crioglobulinemias mixtas; están constituídas por una paraproteína monoclonal IgM con
actividad de factor reumatoide, y un componente policlonal IgG, y
c) Tipo III, donde el crioprecipitado es policlonal y está
formado por inmunoglobulinas IgG e IgM.
Cuando las crioglobulinemias de tipo II y III aparecen de
froma aislada se denominan crioglobulinemias mixtas esenciales. También pueden aparecer
asociadas a un estímulo antigénico continuado como infecciones (en particular el virus
de la hepatitis C), trastornos linfoproliferativos y enfermedades autoinmunes. La
infección crónica por el virus de la hepatitis C (VHC) aparece en más del 80 por ciento
de los pacientes, por lo que actualmente se considera que sería más correcto eliminar el
término "esencial" y denominar esta entidad como crioglobulinemia mixta
"asociada al VHC". El VHB también se ha relacionado, en algunos casos, con el
desarrollo de CME, si bien su importancia es muy inferior a la del VHC. Los mecanismos
inductores del daño vascular son el depósito de complejos de crioinmunoglobulinas en la
pared vascular y su precipitación intraluminal.
Manifestaciones clínicas
Las crioglobulinemias mixtas esenciales son más frecuente en
mujeres, con un pico de incidencia en la cuarta y quinta décadas de la vida.
Clínicamente se caracteriza por la tríada púrpura, artralgias y astenia, a la que se
asocia una o más lesiones viscerales en el 10-30 por ciento de los casos, principalmente
glomerulonefritis, neuropatía periférica y vasculitis difusa. La manifestación más
común es la púrpura palpable, y se encuentra fenómeno de Raynaud hasta en el 50 por
ciento.
En el estudio de laboratorio además de la presencia de
crioglobulinas, se manifiesta el grado de afectación hepática, que va unido a la
infección por VHC y no a la vasculitis, aumento marcado de la VSG, títulos elevados de
factor reumatoide y disminución de los factores iniciales del complemento, sobre todo C4.
Diagnóstico
Se establece por la combinación de vasculitis
leucocitoclástica, detección de crioglobulinas formadas por varios componentes y la
exclusión de una enfermedad asociada, principalmente de tipo linfoproliferativo o
autoinmune. La existencia de marcadores serológicos del VHC apoya firmemente el
diagnóstico.
Pronóstico y tratamiento
Sigue un curso crónico con brotes recurrentes de púrpura y
artralgias durante años o décadas, pero el pronóstico suele ser bueno, a no ser que se
produzca una afectación renal severa con deterioro progresivo de la función renal. El
tratamiento depende del grado de afectación visceral. Se emplean medidas sintomáticas en
caso de manifestaciones exclusivamente cutáneas y articulares, y corticoides,
inmunosupresores o plasmaféresis en aquellos casos con lesiones viscerales
significativas. Con la implicación etiológica del VHC se ha abierto una nueva línea
terapéutica con el IFN alfa y fármacos antivíricos, con mejoría significativa inicial
en más del 50 por ciento de los casos y recurrencia mayoritaria tras su supresión.
Otras vasculitis
Tromboangeítis obliterante
(Enfermedad de Buerger)
Enfermedad vascular periférica y oclusiva de etiología
desconocida, que afecta a arterias y venas de las extremidades, con formación de trombos
intravasculares e infiltrado inflamatorio alrededor de ellos. Predomina en varones entre
20-40 años, casi siempre fumadores importantes. Las manifestaciones clínicas se deben a
la oclusión arterial e incluyen claudicación intermitente, isquemia aguda de los dedos o
fenómeno de Raynaud. En la exploración física es típica la ausencia de pulsos
distales. Tiene un curso crónico con agudizacones. El diagnóstico es clínico y puede
confirmarse con arteriografía. El tratamiento implica la suspensión del tabaco. La
cirugía de revascularización no suele estar indicada debido al tamaño de los vasos
afectados. Suelen requerir amputación en casos evolucionados con necrosis.
Síndrome de Cogan
Es una rara enfermedad que afecta a adultos jóvenes en forma de
queratitis intersticial no sifilítica acompañada de síntomas vestíbuloauditivos
(hipoacusia, vértigo y tinnitus). Puede asociarse a una vasculitis generalizada y en un
10 por ciento de los casos a insuficiencia aórtica. El tratamiento con corticoides suele
ser efectivo para las manifestaciones oculares y cuando se desarrollan síntomas
sistémicos, pero no así sobre la sordera, que suele ser irreversible.
Vasculitis aislada del sistema
nervioso central
Se trata de una enfermedad rara caracterizada por la afectación
exclusiva de los vasos sanguíneos del SNC sin evidencia de vasculitis sistémica. Su
etiología es desconocida, si bien se ha relacionado con procesos linfoproliferativos o
infección por herpes zoster. Se manifiesta por cefaleas, síntomas de disfunción
cortical superior, convulsiones y signos neurológicos focales. Es más frecuente en
hombres alrededor de los 45 años. El diagnóstico se basa en la arteriografía cerebral y
la biopsia, que suele mostrar vasculitis granulomatosa con células gigantes. La
resonancia magnética permite detectar signos de enfermedad desmielinizante. El
pronóstico suele ser fatal en los pacientes no tratados. El tratamiento se basa en altas
dosis de corticoides e inmunosupresores.
Enfermedad de Behçet
Proceso inflamatorio crónico recurrente caracterizado por la
aparición de úlceras bucales y genitales más uveítis. Afecta sobre todo a adultos
jóvenes, es más grave en varones y más frecuente en los países del Mediterráneo
oriental. Es una enfermedad autoinmune de etiología desconocida cuyo sustrato
histológico es una vasculitis. Se encuentran anticuerpos circulantes contra la mucosa
oral en un 50 por ciento de los casos. Se han descrito casos de presentación familiar, y
en Japón y países del Mediterraneo oriental está ligado a los aloantígenos HLA-B5 y
DR5.
Manifestaciones clínicas
Las aftas orales son indispensables para el diagnóstico.
Suelen ser dolorosas y desaparecen en siete a catorce días sin dejar cicatrices. Las
úlceras genitales se observan en el 75 por ciento de los pacientes, y son similares a las
úlceras orales, aunque dejar cicatrices al curar. En la piel puede aparecer foliculitis,
forúnculos, abscesos, lesiones similares al acné y eritema nodoso. Es característico el
fenómeno de la patergia, o reacción inflamatoria de la piel ante cuaquier erosión o a
la inyección intradérmica de solución salina. La afectación ocular es la complicación
más temible, porque puede evolucionar a ceguera. Además de la iritis, en algunas
ocasiones con hipopion, puede verse uveítis posterior, oclusión de vasos retinianos y
neuropatía óptica. Puede haber artritis no deformante en rodillas y tobillos. En el 25
por ciento aparecen trombosis, sobre todo venosas, con oclusión de grandes venas y
síndromes típicos de Budd-Chiari, de vena cava superior e inferior, así como
tromboflebitis superficial y trombosis venosa profunda de las extremidades. La arteritis
de grandes arterias puede dar lugar a aneurismas. La afectación del SNC puede producir
meningoencefalitis aséptica, hipertensión intracraneal benigna, parálisis de pares
craneales, trastornos de la conducta, etc.
Diagnóstico
Se basa en los hallazgos clínicos. Se han establecido unos
Criterios Internacionales que permiten el diagnóstico con una sensibilidad del 92 por
ciento y una especificidad del 97 por ciento (Internacional Study Group for Behçet
Disease. Criteria for diagnosis of Behçet Disease. Lancet 1990; 335: 1078-1080). Para el
diagnóstico se exige la presencia de una estomatitis aftosa recurrente (3 brotes/año) y
2 ó más de los siguientes hallazgos: 1. Ulceras genitales recurrentes (úlceras aftosas
observadas por el médico o por el paciente). 2. Afectación ocular: uveítis, células en
el cuerpo vítreo ó vasculitis retiniana. 3. Lesiones cutáneas: eritema nodoso observado
por un médico o por el paciente, pseudofoliculitis o lesiones pápulo-pustolosas, o
nódulos acneiformes observados por un médico en un postadolescentes sin tratamiento
esteroideo. 4. Prueba de la patergia positiva: leído por un médico entre las 24-48
horas.
Pronóstico y tratamiento
Las complicaciones más graves son la ceguera y la
afectación del SNC. La gravedad del síndrome suele ceder con el tiempo. El tratamiento
es sintomático. La afectación de mucosas se trata con anestésicos locales (gel de
lidocaína al 2 por ciento) y glucocorticoides tópicos. Las recurrencias se pueden
controlar con colchicina o talidomida. La tromboflebitis se trata con AAS y dipiridamol,
pero no se recomienda la anticoagulación rutinaria. La colchicina controla el eritema
nodoso y las artralgias. La uveítis y la afectación del SNC se tratan con esteroides
sistémicos y azatioprina o ciclosporina.
Síndromes seudovasculíticos
Se trata de una serie de enfermedades no vasculíticas que
pueden simular clínica, angiográfica e incluso histológicamente una vasculitis.
Enfermedades que causan síntomas constitucionales y
fenómenos isquémicos: embolismos de colesterol, endocarditis bacteriana, mixoma
cardíaco, síndrome antifosfolípido, amiloidosis sistémica, linfomas extranodales y
otras neoplasias.
Procesos que cursan con lesiones cutáneas necróticas
o de aspecto inflamatorio: Síndrome de Sweet, enfermedad de Degos, paniculitis, necrosis
cutánea por cumarínicos, calcifilaxis, perniosis, escorbuto.
Enfermedades que producen afectación estructural o
funcional de los vasos: displasia fibromuscular, ergotismo crónico, vasoespasmo por
cocaína
Enfermedades hereditarias con posible compromiso
vascular: neurofibromatosis, seudoxantoma elástico, enfermedad de Fabry, síndrome de
Ehler-Danlos.
| Sumario
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