Semiología del aparato digestivo
Síntomas
y signos digestivos
DOLOR
ABDOMINAL AGUDO
Se trata de un síntoma
clave en la clínica gastrointestinal, ante el que es necesario
actuar con rapidez e intentar llegar a un diagnóstico preciso,
ya que su retraso puede aumentar sensiblemente el grado de mortalidad.
Podemos establecer unos indicadores más o menos groseros que
nos ayudarán a intuir la gravedad de un cuadro de dolor abdominal
agudo (Tabla III) y una sistemática a la hora de valorar la clínica
que presenta el paciente (Tabla IV).


Atributos del
dolor abdominal
Forma de inicio
Cuanto más abrupto es el inicio, con mayor precisión se
podrá señalar el origen del mismo. El dolor agudo de inicio
repentino y alta intensidad indica una catástrofe abdominal,
que podrá ser mecánica (como en el caso de una obstrucción
o perforación visceral) o vascular (como sucede en los episodios
de trombosis mesentérica o en la rotura de un embarazo ectópico).
El dolor de presentación reciente que aumenta de forma lenta
y gradual indica el inicio de una lesión latente, habitualmente
inflamatoria. Es el caso de la apendicitis, la diverticulitis, las gastroenteritis,
la salpingitis o la pancreatitis aguda.
Duración
El dolor de corta duración es más susceptible de recibir
una explicación. El continuo y que no oscila de intensidad se
ve en los procesos que cursan con peritonitis o afectación vascular
abdominal.
El dolor cólico es oscilante y episódico, asciende progresivamente
de intensidad para luego descender. Delata lesión visceral con
distensión de fibra lisa por obstrucción, inflamación
o alteración de la motilidad.
Hay que tener presente que el que dura más de 6 horas sugiere
un problema importante y suele ser de opción quirúrgica.
Hay personas que aquejan crisis breves de dolor sin significado patológico.
Se creen debidas a contracción brusca de la musculatura toracoabdominal
o diafragmática.
Intermitencia
Son característicos los intervalos libres de síntomas
que separan los ataques agudos dolorosos del tracto biliar. Es clásico
afirmar que los impulsos dolorosos de las vías viscerales o esplácnicas
tienden a ser ondulantes, mientras que los impulsos nociceptivos trasmitidos
por las vías parietales tienden a ser continuos.

Localización
El dolor visceral tiende a estar vagamente localizado y referido a la
línea media, independientemente de la ubicación lateral
del estímulo. En general, los dolores provenientes de las estructuras
hepatobiliares y del tracto digestivo proximal hasta el ligamento de
Treitz tienden a notarse en el epigastrio; los del intestino delgado
tienden a ser periumbilicales y es frecuente que las afecciones originadas
en el colon sean referidas al abdomen inferior por los pacientes.
Habitualmente, el paciente es capaz de distinguir si el dolor es profundo
o superficial. En los casos de dolor referido, que ocasionalmente se
acompañan de hiperestesia cutánea, pueden confundir y
hacer pensar en una lesión de la pared.
Es útil que el paciente señale dónde siente el
dolor. Si utiliza gestos vagos difícilmente se podrá saber
su origen, pero si utiliza el índice para señalarlo es
muy probable que exista un trasfondo físico (regla de Apley).
También es necesario preguntar si el dolor actual ha cambiado
o coincide con el que sentía al inicio. Así, el que en
principio es difuso y periumbilical y luego se focaliza en fosa ilíaca
derecha sugiere apendicitis aguda, mientras que si lo hace en la izquierda
orienta hacia una diverticulitis (Tablas V y VI).

En un dolor epigástrico siempre deberá considerarse el
origen cardiaco (Tabla VII).

Intensidad
Resulta de difícil interpretación y está influida
por factores ambientales y psicológicos. Es útil cuando
el paciente es capaz de compararla con otros dolores sufridos.
La existencia de cuadros anteriores similares es un dato de gran valor
que además nos dará margen de actuación terapéutica.
El dolor intenso o muy intenso, que afecta a la actividad cotidiana
del enfermo y le despierta durante el sueño, es una situación
grave que orienta hacia una perforación visceral, peritonitis,
desgarro de grandes vasos o cólico (renoureteral o hepático).
Si es moderado es posible que se trate de un cuadro inflamatorio localizado
o en proceso de localizarse.
Irradiación
Resulta de extraordinario valor para llegar al diagnóstico:
- Región media de la espalda: úlcera de cara posterior
del estómago o su penetración en páncreas; procesos
pancreáticos.
- Región media derecha: procesos de vías biliares.
- Región media izquierda: procesos esplénicos de cola
de páncreas.
- Región lumbar: afectaciones de colon y ginecológicas.
- Región sacra: lesiones de recto y sigma.
- Desde espalda por flancos, fosas ilíacas y hacia hipogastrio:
lesión renoureteral.
- Irradiación quemante retroesternal al cuello: esofagitis por
reflujo, hernia de hiato.
Factores agravantes
del dolor
El patrón ulceroso típico aparece alrededor de las dos
horas después de las comidas, mientras que el dolor de la dispepsia
funcional es precoz en relación con las comidas.
La pirosis de la esofagitis es postprandial y se ve agravada por el
café, tabaco, alcohol, cítricos, fritos y alimentos muy
dulces o salados; igualmente por el decúbito, con lo que suele
ser nocturna.
También el cólico hepático es nocturno, clásicamente
precipitado por una ingesta grasa. Concretamente la grasa aumenta la
liberación de colecistoquinina, que dinamiza el peristaltismo
intestinal, lo que puede empeorar tanto los problemas orgánicos
como funcionales.
La aspirina o los AINES exageran el dolor de la esofagitis, el ulcus
y la gastroduodenitis.
El alcohol puede provocar dolor de origen pancreático o hepático,
o agravar una lesión previa en esófago, estómago
o duodeno.
En los procesos obstructivos del colon el dolor aumenta tras la ingesta
como manifestación del reflejo gastro-cólico. En la isquemia
mesentérica crónica lo hace como resultado de una mayor
demanda vascular tras una comida copiosa, lo que ocasiona dolores intensos,
persistentes, difícilmente localizables y que duran varias horas.
En ambos casos el enfermo evita comer (sitofobia) y tiende a perder
peso.
La defecación empeora los padecimientos de sigmoiditis, proctitis
y enfermedades perianales (abscesos, fisuras, hemorroides
).
Es preciso valorar situaciones de estrés físico o emocional
precedente o concurrente con el dolor. La depresión es el cuadro
mental que con más frecuencia intensifica y prolonga su angustia.
El que empeora con el ejercicio o los movimientos debe orientar a que
el problema es músculo-esquelético. Sin embargo, en la
enfermedad inflamatoria crónica el dolor se agrava con el movimiento
y se alivia con el reposo.
La aparición de dolor nocturno que despierta al paciente sugiere
origen orgánico. Hay pocos dolores de causa gastrointestinal
que despierten regularmente al paciente. Los más frecuentes son
la úlcera gástrica y duodenal, el cáncer de páncreas
y la proctalgia fugax.
Es importante tener presente que el dolor abdominal, sea cual sea su
origen, está agravado durante la fase premenstrual.
Como norma general, conviene no administrar sedantes, analgésicos
o antibióticos en el dolor cuya etiología no esté
clara.
Factores que
alivian el dolor
Es característico que los pacientes que sufren de enfermedad
ulcerosa alivien sus dolores con la ingesta de comida, del mismo modo
que las lesiones que se asientan en estómago, duodeno o yeyuno
se alivian con el vómito.
Los pacientes que sufren lesiones pancreáticas o retroperitoneales
tienden a adoptar una posición fetal, con los muslos flexionados
contra el abdomen, en un intento por aliviar los agudos dolores; habitualmente
ceden con aspirina.
Si se alivia con la aplicación local de calor, la causa será
espástica o por obstrucción de una víscera hueca.
El que calma o desaparece con la expulsión de gases o la defecación
orienta a que el origen del problema está posiblemente en el
colon. Sugiere meteorismo, enfermedad intestinal inflamatoria, afección
orgánica de colon o síndrome de intestino irritable (SII).
Cuando no está relacionado ni con la ingesta ni la defecación
es posible que nos encontremos ante una patología pancreática,
retroperitoneal o de un órgano extraabdominal.
Alteraciones
del hábito intestinal
Estreñimiento
Es lo habitual en todo dolor abdominal agudo. Cuando existe constipación
y no expulsión de gases hay que pensar en un íleo abdominal:
-Íleo mecánico: Obstrucción al tránsito,
sea por bridas, hernias estranguladas o tumores. Una causa no infrecuente
es el vólvulo de sigmoides. En las mujeres mayores de 65 años
el íleo biliar supone más del 25 por ciento de las obstrucciones.
-Íleo paralítico: Pérdida de motilidad intestinal.
Sucede en las peritonitis difusas una vez exista exposición del
peritoneo a sangre, pus, enzimas pancreáticas o bilis, por lo
que suele presentarse tras intervenciones quirúrgicas, traumatismos
abdominales, pancreatitis, abscesos o afectaciones vasculares intestinales.
Diarrea
Es obligada la pregunta acerca del color de las heces, así como
la posibilidad de que se acompañe de pus o moco; es difícil
que estos dos supuestos sean apreciados, a no ser que se encuentren
presentes en grandes cantidades.
La alternancia del hábito, sin que se acompañe de períodos
normales, sugiere un trastorno funcional (SII), mientras que las diarreas
que despiertan al paciente por la noche apuntan a un cuadro orgánico.
Cuando se acompañan de vómitos y dolores cólicos
abdominales es muy probable que nos encontremos ante una gastroenteritis.
La urgencia de defecar con expulsión de poca cantidad sugiere
proctitis.
En las oclusiones por neoplasias y en los fecalomas puede existir diarrea
por rebosamiento.
Los cambios del ritmo intestinal deben hacer pensar siempre en una neoplasia
colorrectal.
Sintomatología
acompañante
Fiebre
Signo inespecífico que indica la presencia de infección
y/o inflamación.
Si se acompaña de escalofríos hay que pensar en infección
renal, biliar o absceso intraabdominal.
Vómitos
Son uno de los síntomas más frecuentes y que más
información aportan.
Relación con el dolor
- Precede al dolor: posiblemente gastroenteritis o cuadro funcional
- Al tiempo o a continuación del dolor: proceso orgánico,
probablemente grave.
- Alivia el dolor: estenosis pilórica o duodenal, seguramente
secundaria a úlcera péptica.
Relación
con la comida
La dilación gástrica provoca vómitos precoces fáciles
y copiosos. Cuanto más alta es la lesión más voluminoso
y precoz es el vómito.
Aspecto
- Bilioso: Típico de los dolores cólicos. Su presencia
descarta obstrucción de la vía biliar.
- Hemático: Signo de sangrado en esófago, estómago
o duodeno. El 90 por ciento corresponde a gastritis, ulcus y varices
esofágicas.
- Hilos de sangre fresca: desgarro mucoso por esfuerzo del vómito.
- Cantidades importantes tras paroxismos de arcadas: Síndrome
de Mallory-Weiss.
- En posos de café: Sangre en contacto con el ácido gástrico;
frecuente en úlcera gástrica o duodenal.
- Fecaloideo: Propio de la obstrucción intestinal.
Hipo
Si es de corta evolución se considera un equivalente del vómito.
Se debe pensar en peritonitis (por irritación subfrénica),
mediastinitis o uremia secundaria a vómitos y/o diarrea.
Aspecto de las heces
La rectorragia es un dato de alto valor. Hay que tener presente que
cuando una hematemesis se acompaña de melenas suele ser indicativo
de patología de mayor gravedad.
- La hematoquecia es la emisión de sangre fresca de color rojo
oscuro y brillante por el ano. Corresponde a sangrados de colon distal,
recto y ano. Cuanto más baja es la lesión más vivo
es el color de la sangre. El cáncer de colon, los pólipos
rectales y la proctitis ulcerosa son las causas que con mayor frecuencia
causan hemorragias por el recto, mientras que la detección de
pequeñas cantidades de sangre de color rojo brillante son de
forma habitual debidas a hemorroides, fístulas o fisuras anales.
- Las melenas son heces de color negro carbón y de olor desagradable,
diferente al de las heces normales. Se precisa una pérdida de
sangre mayor de 60 ml para que se perciba una deposición negra;
tras su normalización es posible que sean positivas las determinaciones
de sangre oculta en heces hasta pasada una semana. Las melenas que provienen
de algún lugar superior al ángulo de Treitz son negras,
brillantes, de aspecto pegajoso y alquitranado; en las que se producen
en el intestino delgado o en las zonas inferiores ese aspecto no es
brillante ni pegajoso y fácilmente la superficie de las heces
es de color rojo oscuro. Frecuentemente las melenas aparecen en forma
de diarrea por el efecto laxante de la sangre. Hay que tener en cuenta
que los tratamientos con hierro - bismuto ennegrecen las deposiciones.
NÁUSEAS
Y VÓMITOS
Aunque es indudable que las náuseas y los vómitos ejercen
cierta función protectora, la importancia clínica de estos
síntomas radica en la gran cantidad de trastornos que pueden
asociarse a ellos y en las consecuencias que, concretamente de los vómitos,
puedan derivarse.
Se reconocen tres componentes del acto de vomitar: las náuseas,
las arcadas y la emesis. Cada componente puede aparecer sin los otros;
en cada uno de ellos se han observado cambios característicos
de la motilidad gastrointestinal, aunque no siempre están presentes.
- La náusea es una experiencia psíquica, a menudo acompañada
de trastornos vasomotores y autonómicos, como sensación
de debilidad, sialorrea, palidez, sudoración y ocasionalmente
hipotensión y bradicardia, lo cual obliga a pensar en un tono
vagal aumentado. Durante las náuseas el tono gástrico
disminuye y el peristaltismo gástrico es mínimo; sin embargo,
el tono del duodeno y del yeyuno proximal suelen estar aumentados y
es frecuente que se produzca reflujo del duodeno hacia estómago.
- La arcada es un movimiento respiratorio espasmódico e incompleto
con la glotis cerrada, en el que al movimiento inspiratorio de la pared
torácica y diafragma se contraponen contracciones espiratorias
de los músculos abdominales; la boca permanece cerrada. Es, por
tanto, un movimiento de vómito no productivo.
- El vómito se produce cuando el contenido gastrointestinal es
expulsado violentamente por la boca. Este mecanismo se produce al existir
una contracción forzada y sostenida de los músculos abdominales
y diafragma que provocan una apertura del cardias y fuerzan la del esfínter
esofágico inferior; mientras, el píloro está contraído
y actúa como barrera al paso caudal del contenido gástrico,
lo que aumenta a la vez la presión intragástrica. Hay,
además, un desplazamiento anterior y superior de la laringe y
del hueso hioides que facilitan el paso ascendente por el esófago;
a la vez, la elevación del paladar blando por los pilares posteriores
de las fauces evita que el material expulsado penetre en la rinofaringe,
en tanto que el cierre de la glotis impide la aspiración de dicho
contenido.
Fisiopatología
Se describen dos áreas fundamentales, separadas anatómica
y funcionalmente, como responsables del mecanismo del vómito:
- El centro del vómito, situado en la formación reticular
del bulbo, que puede excitarse de forma refleja por impulsos recibidos
por medio de nervios vagales y simpáticos aferentes (de la región
antropilórica, intestinal y de otras partes del organismo) o
bien por impulsos procedentes de la corteza cerebral que llegan por
las vías aferentes corticobulbares y que actúan como mediadores
del vómito en repuesta a los sentidos de la vista, gusto y olfato.
- La zona gatillo quimiorreceptora, situada en el suelo del IV ventrículo:
Por sí sola no puede producir vómitos sin la mediación
del centro del vómito. Puede ser estimulada por impulsos modulados
o inducidos por fármacos, intoxicaciones, trastornos metabólicos...
Por todo ello debe considerarse al vómito como un proceso somatosensorial
integrado.
Etiología
Podemos considerar, a efectos prácticos, causas de tipo:
- Cerebrovascular: reacciones emocionales, aumento de presión
intracraneal.
- Viscerales: afecciones que provocan distensión por estenosis
orgánica o funcional de vísceras huecas o inflamación
de serosas que envuelven a vísceras macizas.
- Tóxicas: numerosos fármacos (digital, morfina, histamina,
salicilatos, aminofilina...).
- Enfermedades febriles.
- Toxinas en forma de metabolitos anómalos o enfermedades que
permiten la acumulación de ciertas sustancias (coma hepático,
cetoacidosis diabética, fracaso renal, trastornos vitamínicos,
endocrinos, ayuno, malnutrición...).
- Cinetosis: las náuseas y vómitos inducidos por los movimientos
obedecen a estimulación de los órganos vestibulares, cambios
posturales de cuello o cabeza, musculatura ocular, Ménière;
de alguna forma son capaces de inducir alteraciones del tono y motilidad
gastrointestinal.
- Otras causas: embarazo, anestesia, tratamientos onco-radioterápicos,
psicógenos...
Semiología
Debemos tener en cuenta las características organolépticas
y composición del material expulsado, la relación cronológica
y el tiempo de evolución.
Características
del vómito
Olor y sabor
- Agrio-ácido: típico del que contiene abundante secreción
clorhidropéptica, como en la úlcera gastroduodenal.
- Insípido-inodoro: aquilia gástrica.
- Fecaloideo: secundario a obstrucción intestinal, peritonitis...
- Pútrido: propio de disbacteriosis, retención gástrica...
- Amargo: cuando contiene gran cantidad de bilis.
Contenido
- Sangre: sangre roja o en poso de café, sugestivos de hemorragia
digestiva.
- Bilis: color amarillo-verdoso; suelen producirse tras vómitos
repetidos, cirugía gástrica, cuando hay reflujo biliar
o en obstrucción alta de intestino delgado.
- Heces: en casos de oclusión intestinal, íleo paralítico
o fístula gastro-cólica.
- Moco: suelen ser matutinos, de escasa cuantía y típicamente
aparecen en gastritis crónicas, embarazo, rinofaringitis...
- Pus: infrecuentes y deben sugerir gastritis supurativas por ingesta
de agentes corrosivos, absceso gástrico o deglución de
un absceso de origen pulmonar.
- Alimentos: de causa psicógena, atonía gástrica,
estenosis pilórica, acalasia...
- Cuerpos extraños: ocasionalmente pueden verse parásitos
(ascaris, uncinarias...); a veces cálculos biliares u otros cuerpos
deglutidos.
Cronología
- Matutinos: típicos del primer trimestre de gestación,
abuso de alcohol o tabaco, uremia e hipertensión endocraneal.
- Postprandial precoz: en sujetos neuróticos (durante o inmediatamente
después de la ingesta) o en lesiones gástricas y/o duodenales
(1-4 horas después de la ingesta).
- Postprandial tardío o retencionista: 3-10 horas después
de la ingesta, orientan a estenosis pilórica (de origen péptico
o neoplásico).
- Nocturno: característico de hernia de hiato, dispepsia biliar...
Tiempo de evolución
Los vómitos de comienzo reciente (horas o días) deben
orientar a un proceso agudo (intoxicaciones, infecciones, inflamación
visceral...). Los vómitos de duración prolongada pueden
tener un origen funcional (trastornos de la motilidad, gastroparesia
diabética, psicógenos) u orgánico (cuadros suboclusivos,
neoplasias, procesos intracraneales).
Exploración
física
Debe evaluar el estado general del enfermo, constantes vitales, coloración
de la piel y mucosas, estado de hidratación, exploración
de tiroides, sistema cardiovascular, abdomen, exploración neurológica
y nivel de conciencia.
Hay que completar con exploraciones de laboratorio y radiología,
que nos pueden dar orientación sobre las posibles causas como
sobre las repercusiones que se pueden derivar (alteraciones hidroelectrolíticas,
laringoespasmo, aspiraciones, síndrome de Mallory-Weiss, síndrome
de Böerhaave, derrames pleurales...).
PIROSIS
Sensación de ardor, frecuentemente dolorosa, que desde la zona
xifoidea asciende por detrás del esternón en dirección
a la boca. Se agrava con el decúbito y con el aumento de la presión
intrabdominal, se alivia con alcalinos y puede irradiarse a cuello o
brazos y simular una situación de angina de pecho.
En condiciones normales el esfínter esofágico inferior
(EEI) es capaz de impedir la regurgitación del contenido gástrico
en situaciones de decúbito o cuando aumenta la presión
intrabdominal. Sin embargo, su desencadenamiento puede ser ocasional,
producido de forma fisiológica o estar en relación con
transgresiones dietéticas y, con frecuencia, con el abuso de
alcohol o tabaco.
Su presencia debe hacer pensar fundamentalmente en un trastorno por
reflujo gastroesofágico.
METEORISMO
Posiblemente el ente clínico más socorrido, aunque no
justificado, para explicar el origen del dolor abdominal de causa no
esclarecida. Sin embargo, se ha demostrado que la cantidad de aire en
la mayoría de los pacientes etiquetados de "acumulación
de gases" es similar a la del resto de la población (alrededor
de 200 cc).
El gas existente en el tubo digestivo procede principalmente de dos
vías: la deglución y la producción intraluminal
como consecuencia de los procesos bacterianos. Obviamente este gas aumentará
en los casos de aerofagia importante, en situaciones en las que existe
déficit de enzimas digestivas, en cuadros de mala absorción
o cuando existen alteraciones del tránsito intestinal.
Clásicamente en la clínica podemos encontrar alguno de
los siguientes:
Síndromes
gastroduodenales
Producidos por la deglución de gases. Su composición es
prácticamente idéntica a la del aire atmosférico
y por lo tanto son inodoros.
- Eructo: Paso retrógrado del gas contenido en esófago
y estómago hacia el exterior. Es normal tras las comidas que
se produzca de forma involuntaria. El esfínter esofágico
superior impide en situaciones normales el paso de aire al esófago,
pero en personas con trastornos emocionales se puede ocasionar una relajación
involuntaria que motive eructos repetitivos. También es cierto
que en algunas personas la sensación de dilatación o plenitud
epigástrica origina que busquen atenuar los síntomas mediante
la provocación de eructos, con lo que realizan aerofagias conscientes
y entran con ello en un círculo vicioso.
- Síndrome de la burbuja gástrica: Es la causa más
común de plenitud, distensión epigástrica postprandial
y saciedad precoz. Suele ser confundida frecuentemente por el paciente
con una "indigestión". Su causa es la aerofagia con
el atrapamiento de aire en estómago, agravado por la toma de
alimentos y por la falta de adaptabilidad de la musculatura gástrica
a la distensión cuando éstos se ingieren de forma rápida.
Como consecuencia de todo ello el paciente puede experimentar durante
la comida o inmediatamente después sensación de plenitud
y molestia abdominal que le obliga a aflojar las prendas y a buscar
en el eructo el alivio a sus molestias; no falta quien, por no conseguirlo
de esta forma, recurra al bicarbonato.
- Pseudoangina: Ocasionalmente los pacientes pueden experimentar punzadas
en hipocondrio izquierdo que pudieran remedar una cardiopatía
isquémica, seguramente ocasionadas por la presión ejercida
por el gas contra el diafragma o por reflejo frénico. En el caso
de ser provocado por el gas, la clínica cederá con el
eructo. En pacientes neuróticos no es infrecuente que relaten
sensación de ahogo e incapacidad para realizar inspiraciones
profundas. La hiperdistensión con irritación del diafragma
es una causa frecuente de hipo. La complicación más grave
es la dilatación gástrica aguda que puede ser mortal debido
a que la burbuja estimula las terminaciones del vago, provoca una disminución
del riego coronario y origina una verdadera angina de pecho.
- Síndrome de gas-bloat: Aparece en pacientes con fundoplicatura
de Nissen que dificulta el eructo y da lugar a dolor y a saciedad precoz.
Síndromes
intestinales
Se generan por aerofagia y por la fermentación de los restos
alimentarios por parte de la flora intestinal. Contienen, además,
hidrógeno y metano. Son odoríferos.
- Síndrome de la flexura hepática y esplénica:
Es debido a que ambos ángulos son lugares anatómicamente
propensos a la acumulación del gas. Por ello una onda peristáltica
vigorosa puede motivar dolor en ambos hipocondrios y ser confundido
en alguna ocasión con un cólico hepático. Frecuentemente
la sintomatología se alivia con la defecación o la expulsión
de gas.
- Flatulencias: El tránsito del gas a lo largo del tubo digestivo
es bastante más rápido que para los alimentos; se calcula
que puede tardar en recorrerlo menos de 1 hora. La clínica dependerá
de la cantidad de aire acumulado, del grado de tonicidad del conducto,
de su coordinación y del umbral de dolor del paciente. Como consecuencia
de todo ello es posible que exista hinchazón, borborigmos, dolor
espasmódico y expulsión excesiva de ventosidades. La aplicación
de un enema a veces lo alivia. Gran parte de los pacientes con dolor
abdominal y flatulencia crónica traducen una situación
de SII sin que se objetiven lesiones orgánicas.
ESTREÑIMIENTO
Situación descrita por el paciente como cambio de su ritmo intestinal
normal en el que ha apreciado alguna de las siguientes alteraciones:
menor frecuencia evacuatoria, poca cantidad de heces, mayor sequedad
de las mismas, sensación de vaciado incompleto o dolor para su
expulsión. Todo ello va acompañado de un mayor esfuerzo
para defecar. Ha de entenderse siempre como un síntoma y nunca
como enfermedad.
Anamnesis
El estreñimiento crónico hace sospechar trastorno funcional;
en cambio, el reciente hace pensar en patología orgánica.
La modificación del ritmo intestinal, incluso en el estreñido
crónico, puede indicar el inicio de una lesión.
Habitualmente el estreñimiento no se acompaña de dolor
y es más habitual que se describa como una molestia o una sensación
de plenitud o distensión. El dolor mal definido es típico
del SII; el cólico agudo, de la obstrucción. El dolor
anorrectal indica lesión de la mucosa distal.
Normalmente no hay heces en el recto, salvo inmediatamente antes de
la defecación. La presencia en el tacto rectal de residuos indica
proctostasia.
La sangre en heces orienta hacia un problema orgánico, aunque
su causa más frecuente sean las hemorroides o un desgarro de
la mucosa por sobresfuerzo, mientras que la presencia de moco se da
en los procesos funcionales o inflamatorios.
Etiología
Congénito
Son causas raras y suelen diagnosticarse en edad pediátrica.
Hábitos
culturales o ambientales
- Creencia muy arraigada de que es imprescindible defecar una vez al
día.
- Acceso difícil al servicio por el tipo de trabajo desarrollado
o por limitaciones físicas.
- Tendencia a contener el deseo de defecar, que puede llegar a provocar
un megacolon funcional.
- Falta de fibra en la dieta, exceso de grasas o escasa ingesta de líquidos.
- Sedentarismo, viajes prolongados (conductores profesionales).
Factores emocionales
Situaciones de ansiedad o depresión pueden acompañarse
de un retardo en el vaciamiento, que frecuentemente estará agravado
por la toma de antidepresivos tricíclicos. Además, la
ansiedad suele acompañar al SII cuya alternancia diarrea/estreñimiento
es bien conocida.
Yatrogénico
Es muy frecuente debido al uso de codeína, analgésicos,
espasmolíticos, sedantes, hierro, bismuto, carbonato cálcico,
hidróxido de aluminio, diuréticos, antagonistas del calcio,
antidepresivos, antiepilépticos y antiparkinsonianos.
Alteraciones
en el vaciamiento
- Obstrucción o lesiones dolorosas: estenosis anal, cáncer
anorrectal, hemorroides, fisuras, fístulas o abscesos.
- Alteración del reflejo de defecación que puede llevar
a la impactación: lesiones neurológicas centrales, accidentes
cerebrovasculares, senectud, enfermedad de Parkinson, demencia; lesiones
periféricas, como la estenosis del canal lumbar; en multíparas
y obesas por debilidad de la musculatura del suelo pélvico.
Alteraciones
en el llenado
- Alteración metabólica que origina hipomotilidad del
colon: hipotiroidismo, diabetes mellitus, hipercalcemia, hipopotasemia,
uremia, deshidratación, tercer trimestre del embarazo...
- Obstrucción de la luz o inflamación de la pared del
colon: SII, enfermedad inflamatoria intestinal, diverticulitis, pseudobstrucción,
proctitis, tumores...
DIARREA
Aumento del número de deposiciones (más de 3 diarias),
con un peso diario mayor de 250 g día.
El ritmo intestinal normal es de 3-20 deposiciones semanales. El contenido
líquido diario de las heces proviene de la dieta (2 litros) y
de la secreción intraluminal (7 litros). La mayor parte se reabsorbe
en yeyuno y el resto se deseca finalmente en colon, con lo que se eliminan
alrededor de 100 cc diarios en las heces normales. En la práctica
clínica el peso de las heces se equipara a pérdida de
agua.
Se considera aguda a toda diarrea cuya duración es menor de 3
semanas.
En la Tabla VIII aparece una aproximación al origen de una diarrea
aguda en función de la clínica presentada.
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