Semiología del aparato digestivo
Pruebas
complementarias en aparato digestivo (Continuación)
ECOGRAFÍA
ABDOMINAL (EA)
En la actualidad la ultrasonografía es el método por imagen
más usado en Medicina. Sus grandes ventajas son las de tener
un bajo coste, un diagnóstico de alta sensibilidad, instrumental
portátil e inocuo (no se expone el paciente a radiaciones). Todo
ello ha hecho que tenga un uso muy frecuente. Hoy está fuera
de toda duda que esta técnica la debe hacer quien la sepa realizar,
por lo que existe una amplia experiencia diagnóstica en el campo
de la Medicina General con su utilización. La sensibilidad y
especificidad de la ecografía en el área diagnóstica,
así como la seguridad de su uso en el área intervencionista
dependen del nivel de capacitación y experiencia del explorador,
por lo que la base para hacer una buena ecografía radica en formación
y entrenamiento.
La tecnología ecográfica está en continua evolución.
Así, existen en la actualidad equipos ecográficos de dimensiones
similares a un ordenador portátil para los cuales no es nada
desaventurado anticipar que se podrán convertir en un accesorio
tan importante para el médico como lo es el estetoscopio. Además,
cada vez más la ecografía se maneja en intervenciones
percutáneas, endoscópicas e intraoperatorias (convencionales
y laparoscópicas).
En los últimos años la aplicación del efecto doppler
(cambio de frecuencia que sufren los ultrasonidos por efecto del movimiento
de los hematíes) ha permitido el estudio más exhaustivo
de la patología vascular del abdomen mediante la ecografía
con doppler color.
Los ecógrafos actuales se basan en equipos de alta resolución
y utilizan el tiempo real. Para interpretar este estudio de imagen se
requiere disponer de unos conocimientos elementales de anatomía,
los cuales nos permitirán definir la estructura del órgano
a estudiar así como el delimitar las relaciones de éste
con sus vecinos.
Son innumerables las indicaciones de la EA. A modo de resumen y con
una elemental simplificación se puede concluir que cualquier
sospecha de enfermedad abdominal debe conllevar el uso diagnóstico
de una EA.
Toda exploración ecográfica debe ir precedida por la recomendación
de que el paciente debe estar durante un período de tiempo (6-8
horas) en ayunas, para obviar la presencia de alimento y gas que imposibilitaría
realizar una buena exploración.
Son cuatro los patrones ecográficos lesionales que se pueden
observar en una ecografía: 1) Isoecogénico; 2) Hiperecogénico;
3) Hipoeco-
génico; 4) Anecogénico, según sea la ecogenicidad
igual, mayor, menor que la del parénquima restante, respectivamente
en los tres primeros casos o que no existan ecos como ocurre en el cuarto
caso.
Ecografía
hepática
La EA es la técnica de elección para el estudio de cualquier
enfermedad hepática.
Esta víscera tiene una longitud valorada en la línea medioclavicular
derecha menor de 15-17 cm, todo lo que supere estas dimensiones se considera
como hepatomegalia. En toda exploración ultrasonográfica
del hígado deberemos solicitar estas dimensiones y no conformarnos
con la subjetividad del explorador para concretar que existe una hepatomegalia.
Recordaremos aquí que la hipertrofia del lóbulo derecho
en su porción externa (lóbulo de Riedel) no tiene un significado
patológico.



El parénquima hepático normal es homogéneo y se
ve como un granulado fino, ligeramente más ecogénico que
el parénquima renal derecho y menos que el páncreas.
Las lesiones hepáticas que podemos observar en el hígado
(Tablas XI, XII, XIII) se pueden dividir en difusas y focales (líquidas
y sólidas).
La esteatosis hepática es una de las alteraciones hepáticas
más frecuentes. Está causada por inmunerables causas,
aunque las más frecuentes son la obesidad, el alcohol y la diabetes.
Su diagnóstico, aparte de la sospecha clínica, se sustenta
en la EA. En ella se aprecia el denominado "hígado brillante"
(Figura 18) que es reflejo de una hiperecogenicidad difusa del parénquima
hepático. Según la intensidad de los ecos se ha clasificado
en varios grados (de I a III o IV). En ocasiones al depóstito
lipídico sigue una distribución focal o "parcheada",
lo que hace tiempo inducía a la sospecha en estos casos de tumores
hepáticos. En algunos pacientes con esteatosis puede aparecer
en el hilio hepático una sombra hipoecogénica que se puede
valorar erróneamente como una lesión tumoral.

FIGURA18

FIGURA19
En la cirrosis hepática los hallazgos dependerán del estadio
evolutivo de la misma. Así en las etapas iniciales puede verse
sólo una disminución del tamaño del hígado
o una hepatomegalia, mientras que en los estadios avanzados pueden verse
alteraciones del borde hepático (irregular por la fibrosis) así
como signos de complicaciones (ascitis e hipertensión portal).
La EA es el método de elección para el diagnóstico
precoz de un hepatocarcinoma en el cirrótico (Figura 19), aconsejándose
que se haga esta técnica cada 6-12 meses en estos pacientes.
Los quistes se visualizan como lesiones más o menos redondeadas
que son hipo o anecogénicas en su interior y que dejan un refuerzo
acústico posterior. Los más frecuentes en nuestro medio
son los congénitos (Figura 20) y los parasitarios (hidatídico)
(Figura 21).

FIGURA20

FIGURA21
La lesión sólida focal más frecuente es el angioma
hepático, los cuales suelen tener una forma redondeada, son hiperecogénicos,
y están situados periféricamente en la proximidad de un
vaso al que no infiltran ni comprimen (Figura 22).
Ecografía
biliar

Vesícula
Una de las estructuras digestivas que más se ha beneficiado de
la EA ha sido la vesícula biliar. Se detecta como una estructura
anecogénica de morfología piriforme en la vecindad del
hígado, con una pared cuyo grosor no es mayor de 3 mm y sus diámetros
longitudinal y transversal no superan los 8-9 cm y los 3-4 cm, respectivamente.
Las alteraciones que podemos valorar en ella las podemos dividir como
del contenido o de su pared (Tabla XIV).


FIGURA23 Y FIGURA24
La imagen característica de la colelitiasis es la de una lesión
intravesicular desplazable e hiperecogénica que deja una sombra
acústica posterior (Figura 23); en ocasiones no es posible ver
la vesícula y en su lugar sólo apreciamos una imagen hiperecogénica
con una sombra acústica posterior.
El barro biliar se ve como una masa intravesicular de ecos débiles
que se desplaza con la gravedad y se localiza en las zonas declives,
con un nivel superior horizontal y que no tiene sombra acústica
posterior. Son factores de riesgo para su formación el embarazo,el
ayuno prolongado en dietas o tras cirugía, la nutrición
parenteral total, el tratamiento con ceftriaxona y el sida. La evolución
más frecuente del barro biliar es su desaparición; no
obstante, se considera como predisponente para el desarrollo de cálculos
biliares, y en algunos pacientes puede ser la causa de cólicos
biliares y pancreatitis agudas recidivantes, en otros pacientes puede
desaparecer para en algunos casos recidivar después.
En la colecistitis aguda los datos fundamentales son el dolor a la presión
sobre la región vesicular (lo que se denomina signo de Murphy
ecográfico), el engrosamiento de la pared vesicular, la presencia
de líquido perivesicular, la distensión de la vesícula,así
como el haber material ecogénico en su interior y caso de que
la causa sea una colelitiasis veremos el (los) cálculo(s) en
su interior.
Una lesión vista frecuentemente en la ecografía vesicular
es la existencia de un pólipo (Figura 24), que en ocasiones son
múltiples. Pueden verse también con litiasis biliar. La
mayor parte de ellos (60 por ciento) son pólipos de colesterol,
un 25 por ciento son pólipos adenomiomatosos, el 10 por ciento
son pólipos inflamatorios y el resto (5 por ciento) son adenomas.
Estos tienen un potencial maligno cuando tienen un tamaño superior
a los 12 mm, lo cual condiciona el tratamiento. Efectivamente, todo
pólipo mayor de 1 cm debe ser una indicación de cirugía
vesicular.
Vías biliares
Las alteraciones fundamentales a valorar con la ecografía son
la dilatación (de las vías biliares intra y/o extrahepáticas)
y la presencia de anomalías en su interior.

Se considera que existe una dilatación de la vía biliar
principal (colédoco) cuando esta tiene un diámetro superior
a los 8 mm; como está anterior a la vena porta se puede observar
una imagen "en cañón de escopeta". La dilatación
de las vías intrahepáticas es fácil de determinar
pues se ven en el interior del hígado unas imágenes tubulares,
con refuerzo de ecos en su pared que partiendo del hilio hepático
disminuyen de calibre originando una "imagen en estrella o pulpo".
Una causa frecuente de dilatación de la vía biliar principal
(Tabla XV) es la cirugía vesicular o de vías biliares,
pudiendo en estos casos tener un tamaño que no suele superar
los 10 mm; con la edad también puede incrementarse ligeramente
el calibre de la vía biliar.

FIGURA25

FIGURA26
La sensibilidad de la ecografía para el diagnóstico de
la coledocolitiasis (del 10-80 por ciento dependiendo de las series
estudiadas) no es tan elevada como en el caso de la colelitiasis, lo
que se debe a que en la proximidad del colédoco está el
duodeno (originando gas que es el principal factor limitador de la exploración
ecográfica), a que el diámetro de esta estructura tubular
es pequeño, etc. La detección de estos cálculos
depende de dos factores fundamentales; uno, el grado de dilatación
de la vía biliar; otro, las dimensiones del cálculo, a
mayor dilatación y tamaño del cálculo, mejor se
ve éste. En el caso de la coledocolitiasis residual (enfermos
colecistectomizados) la sensibilidad diagnóstica de la ecografía
es mayor, lo que puede depender de una exploración más
dirigida en estos casos. La imagen característica de la coledocolitiasis
es idéntica a la de la colelitiasis (Figura 25), ésto
es, una imagen hiperecogénica que deja sombra acústica
posterior.
Páncreas
Este órgano de localización retroperitoneal es difícil
de verse en la EA, ello se debe a ciertas limitaciones inherentes a
la exploración, entre las que destacan la presencia de gas y
la obesidad.
No obstante, ante cualquier enfermo en el que sospechemos una patología
pancreática solicitaremos una EA como primer estudio diagnóstico
(Figura 26).
En las pancreatitis agudas (PA) la EA tiene utilidad para sugerirnos
su etiología, diagnóstico, pronóstico y, en algunos
casos, el tratamiento y seguimiento de la misma. En lo que respecta
a la causa puede evidenciar la presencia de una litiasis o barro biliar
asociados o no a una coledocolitiasis, que como bien sabemos es la etiología
más frecuente de las PA. También en el caso del alcoholismo,
segunda causa por su frecuencia de las PA, puede darnos datos sugestivos
del mismo (alteración de la morfología pancreática,
signos hepáticos del mismo, esteatosis, etc.). En cuanto a su
diagnóstico en las PA de severidad leve podemos observar un incremento
difuso del tamaño del páncreas, una disminución
de su ecogenicidad y una pérdida de nitidez de los contornos
de esta glándula; en los casos graves podremos ver lesiones focales
hipo o anecogéncias, ascitis, heterogeneidad pancreática,
etc. La EA también nos puede aportar datos para el pronóstico,
que lógicamente empeora al verse imágenes de necrosis,
abcesos, o pseudoquistes. Es conveniente realizar EA periódicas
en las PA que nos facilitarán una información de inestimable
valor para el seguimiento de estos pacientes (formación de pseudoquistes
-Figura 27- o abcesos, etc. ). En algunos casos podemos utilizar la
EA para el drenaje de colecciones líquidas o abcesificadas.
En lo concerniente a las pancreatitis crónicas (PC) la sensibilidad
diagnóstica de la EA está en torno a un 48-83 por ciento
y su especificidad es del 80-90 por ciento. Suele ser muy difícil
el diferenciar con la EA una PC de un cáncer de páncreas.
Las imágenes que se suelen observar en la PC son la irregularidad
del contorno del páncreas, una heterogenicidad del parénquima,
un aumento difuso de los ecos en su interior, el verse litiasis ductal
y la dilatación del conducto de Wirsung. En ocasiones se puede
ver, así mismo, alteraciones de proximidad, como son la dilatación
de la vía biliar, esplenomegalia asociada a trombosis del eje
esplenoportal, etc.
La mayoría de las neoplasias pancreáticas son adenocarcinomas
ductales y su localización preferencial es en la cabeza pancreática
(70 por ciento). La sensibilidad ecográfica en estos casos suele
ser de un 70 por ciento y la especificidad de un 90 por ciento, es mayor
en los tumores de la cabeza y menor en los de la cola del páncreas.
En la EA se suelen ver como lesiones nodulares de bordes no bien definidos,
hipoecogénicos y con la posibilidad de comprimir los vasos paravertebrales.
Además, podremos observar alteraciones de proximidad como metástasis
hepáticas, ascitis, dilatación de la vía biliar,
trombosis de la porta o esplénica, adenopatías retroperitoneales,
etc.

FIGURA27
Otras utilidades de la ecografía abdominal
La EA puede tener un gran valor en el diagnóstico y tratamiento
de lesiones abdominales usando técnicas de aguja fina o de drenaje.
Mediante la punción con aguja fina (PAAF) podremos obtener material
para después con la ayuda del patólogo investigar el tipo
celular implicado en la lesión (sólida o líquida).
También no sirve para dirigirnos al hacer una biopsia hepática.
En el estudio del tracto gastrointestinal la EA no tiene mucha utilidad,
no obstante, en ocasiones puede valorar el grosor de la pared intestinal
pudiendo verse una imagen en "falso riñón" (masa
con ecos densos en el centro y sin ellos en la región periférica).
Este hallazgo sólo debe sugerirnos la posiblidad de que exista
una enfermedad digestiva, a sabiendas de que existen falsos positivos
(heces en colon, etc. ).
Nos puede servir la EA asimismo para el estudio de masas abdominales
que según su localización dependerán de uno u otro
órgano. Es especialmente útil para valorar la existencia
de lesiones retoperitoneales (adenopatías, tumores, etc) y en
el estudio de aneurismas aórticos.
LA EA, usando el doppler color, tiene utilidad para el diagnóstico
de las cirrosis en sus estadios iniciales, así el flujo portal
está disminuido en estos enfermos en relación con los
sujetos sanos, también en un 50 por ciento de los casos se ha
descrito un aplanamiento progresivo del trazado de las venas suprahepáticas.
Nos sirve de igual modo para valorar la función hepática,
puesto que la constatación de un bajo flujo portal (<10 cm/seg)
ha sido descrita como un factor de mal pronóstico; nos diagnostica
con gran fiabilidad la permeabilidad de la vena porta, de la arteria
hepática y de las comunicaciones portosistémicas; también
para el diagnóstico de dos enfermedades hepáticas graves
de origen vascular, como son el síndrome de Budd-Chiari y la
enfermedad venoclusiva.
En los últimos tiempos se utiliza la EA como medio para valorar
el colon mediante una técnica que se ha denominado ecografia
hidrocolónica, ya que se utiliza como medio para poder visualizar
mejor el intestino grueso el agua mediante enemas.
La ecografía endorrectal y endoanal se ha mostrado como la técnica
de imágen más precisa en la estadiación preoperatoria
de los tumores rectales y en el estudio de las enfermedades anorrectales
benignas. Proporciona imágenes claras de las cinco capas anatómicas
de la pared rectal y del complejo esfinteriano anal, lo que unido a
su naturaleza no invasiva, sencillez, y economía la convierten
en una prueba de imágen practicada de rutina en las consultas
de digestivo y cirugía.
OTROS
ESTUDIOS
Resonancia nuclear
magnética
Esta técnica se basa en la obtención de imágenes
mediante el uso de campos magnéticos, por lo que en la visualización
de las mismas no se requieren medios de contraste radiológicos,
lo cual confiere una gran utilidad para los pacientes que tienen alergia
a ellos. La sensibilidad y especifidad diagnóstica de este método
es elevada, aunque su costo está muy por encima de los reseñados
previamente.
Tiene una gran utilidad para el diagnóstico de los hemangiomas
hepáticos así como de los hepatomas.
Estudios isotópicos
Mediante el uso de unos isótopos determinados que se fijan a
unas estructuras particulares y se detectan posteriormente con una gammacámara
pueden estudiarse diversas alteraciones digestivas (Tabla XVI).

Electrocardiograma
Existen enfermedades cardiacas que debutan con síntomas digestivos;
también podemos encontrar manifestaciones cardiacas de enfermedades
digestivas. La electrocardiografía es una técnica de sencilla
aplicación que aporta datos en la mayoría de patologías
del aparato digestivo y proporciona información diagnóstica
rápida y fiable, cuyos resultados pueden ser definitivamente
resolutivos en muchas situaciones.
Cuadros clínicos
digestivos que causan sintomatología cardiaca
- El ECG es normal en un cuadro de dolor torácico de origen esofágico
y tipo angoroide, con sensación de opresión retroesternal,
irra-
diación a tórax, cuello y brazos, que llega incluso a
aliviarse con nitroglicerina.
- La enfermedad inflamatoria crónica intestinal puede dar lugar
a manifestaciones cardiacas que en raros casos ocasionan pericarditis.
- La irritación diafragmática producirá dolor torácico
de carácter isquémico en la pancreatitis aguda. Ésta,
a su vez, se acompaña de una disminución del flujo coronario
que se puede manifestar con alteraciones de la onda T y el segmento
ST.
- El uso de anticolinérgicos en tratamientos por patología
digestiva provoca en ocasiones efectos colaterales, como taquicardia
y palpitaciones, mal toleradas por los cardiópatas.
- La pérdida de sangre por hemorragia digestiva en enfermos con
cardiopatía previa puede precipitar una insuficiencia coronaria
o isquemia cerebral.
Cuadros clínicos
cardiacos que causan síntomas digestivos
- El infarto agudo de miocardio de localización inferior debuta
frecuentemente con dolor epigástrico, náuseas y vómitos.
Hay que hacer siempre el diagnóstico diferencial con úlcera
gastroduodenal, colecistitis, pancreatitis... Son factores de riesgo
edad superior a 40 años, tabaquismo, antecedentes isquémicos,
hiper-
tensión arterial, obesidad, diabetes, estrés y sedentarismo.
El ECG en este proceso es decisivo junto a las determinaciones enzimáticas.
- Cuando la localización del aneurisma disecante de aorta es
abdominal debuta con dolor torácico o epigástrico irradiado
a espalda y se acompaña de vómitos, disnea, sudoración
fría y tendencia al shock. El ECG es normal y es obligado descartar
infarto agudo de miocardio, embolia pulmonar, cólico hepático
o nefrítico, pancreatitis y trombosis mesentérica.
- Cuando se inflama la superficie externa del pericardio en la pericarditis
aguda, se irrita el diafragma y provoca dolor abdominal alto e irradiación
al hombro izquierdo. La presencia de roce pericárdico y las alteraciones
en el ECG son de valor diagnóstico.
- Los pacientes afectos de insuficiencia cardiaca presentan con frecuencia
anorexia, náuseas, vómitos, estreñimiento, dolor
abdominal... Se trata de la consecuencia de cambios anatómicos
y funcionales producidos por estasis venosa, congestión hepática
y disminución de la motilidad intestinal.
ESTUDIOS
ANALÍTICOS Y FUNCIONALES
En la práctica habitual del médico general el uso de las
determinaciones analíticas para colaborar en el diagnóstico
de las enfermedades digestivas no es excesivamente frecuente; a tal
fin, al igual que ocurre en la mayoría de las enfermedades, es
más importante la realización adecuada y exhaustiva de
la historia clínica junto al uso de medios complementarios para
el diagnóstico (técnicas endoscópicas, radiológicas,
etc. ). No obstante, en algunas entidades del aparato digestivo la ayuda
del laboratorio es inestimable; entre ellas podemos destacar las enfermedades
hepáticas (transaminasas, entre otras) y pancreá
ticas (amilasa, entre otras).
En los últimos años han sido precisamente algunas nuevas
determinaciones analíticas las que han hecho evolucionar en gran
medida la Gastroenterología y Hepatología actuales. Pensemos
aquí en los marcadores virales, la valoración por el laboratorio
del Helicobacter pylori, etc.
En la exposición de este epígrafe consideraremos dos grandes
epígrafes. Uno dedicado al estudio de los análisis más
frecuentemente usados por el médico general en el estudio de
las enfermedades del tubo digestivo y páncreas (Tabla XVII);
y otro en el que se comentarán sucintamente las determinaciones
bioquímicas y serológicas que se manejan habitualmente
en la consulta para el diagnóstico de las hepatopatías
por parte del médico general (Tabla XVIII). En ambos casos, con
la finalidad de la brevedad y por ser habituales y muy conocidas del
médico, no se exponen los detalles que tienen que ver con algunas
pruebas analíticas que son de uso común, como por ejemplo
la valoración de la serie roja y blanca del hemograma, la VSG,
el hierro... Todas ellas son de gran relevancia para el diagnóstico
de muchas enfermedades digestivas, por lo que, a pesar de no comentarlas,
no debemos olvidarnos de ellas.


Consideraremos en ambos casos algunos estudios genéticos que
en la actualidad tienen una especial relevancia en el diagnóstico
de algunos procesos digestivos.
Por otra parte, debemos advertir que, aunque se exponen los rangos normales
de las determinaciones analíticas, éstos son orientativos
y su valor dependerá del método individual usado en el
correspondiente laboratorio.
Análisis
relacionados con las enfermedades del tracto digestivo y del páncreas
Amilasa
Es una enzima cuya principal función consiste en hidrolizar los
enlaces internos alfa-1,4 del almidón. Está presente en
una gran parte de órganos y líquidos orgánicos,
(pulmón, trompas de Falopio, lágrimas, sudor, leche...),
pero fundamentalmente en el páncreas y glándulas salivares.
No existe en el hígado ni en el intestino delgado. Tampoco existen
en el suero inhibidores circulantes de esta enzima y sus valores normales
reflejan el balance entre la entrada a la circulación de las
diferentes fuentes y su tasa de eliminación plasmática.
Dos son las principales isoenzimas de la amilasa que contribuyen a la
formación de la amilasa sérica: la S (salivar) que constituye
el 60 ± 10 por ciento y la P (pancreática) que equivale
al 40 ± 10 por ciento restante.


Los valores normales de la amilasa sérica en el adulto son de
35 a 115 unidades/l. En menores de 18 años es de 0 a 260 unidades/l.
En la orina los valores normales son 260-950 unidades Somogyi/24 horas.
Las causas de aumento de la amilasa se exponen en las Tablas XIX y XX.
En el caso de las pancreatitis agudas su aumento comienza a las 3-6
horas del debut clínico, alcanza su máximo a las 20-30
horas y puede persistir unas 48-72 horas. Puede aumentar hasta 40 veces
su valor normal.
Aunque su sensibilidad diagnóstica es elevada (cerca del 95 por
ciento), también lo es la presencia de falsos positivos (50 por
ciento). La especificidad se incrementa en relación con los niveles
plasmáticos; cuando éstos exceden en 5 veces el valor
de la normalidad se pueden considerar casi diagnósticos de pancreatitis
aguda.
La presencia de una hipertrigliceridemia puede originar un valor falso
negativo de la amilasa. En estos casos la determinación de la
amilasuria es diagnóstica, puesto que no se ve afectada por el
nivel de triglicéridos.
El cociente de aclaramiento amilasa/creatinina, muy usado antes, no
tiene mucha utilidad en la actualidad. Se determina mediante el siguiente
cociente:
(Amilasa en orina/Amilasa en suero) x (Creatinina suero/Creatinina en
orina) x 100.
Su valor normal es de 1-5 por ciento; en la macroamilasemia es menor
de 1 por ciento; en pancreatitis aguda es mayor de 5 por ciento.
Varios son los factores fisiológicos que pueden influir sobre
los niveles séricos de la enzima. Su actividad suele estar disminuida
en niños, alcanzándose los valores del adulto a los 10
años y permanece constante hasta los 80 años. A partir
de aquí sus valores disminuyen un 40 por ciento. Los individuos
fumadores pueden tener un nivel doble que los no fumadores debido a
incrementos de la fracción salival. Ciertos sujetos sanos pueden
tener una hiperamilasemia cuyo origen se desconoce y en estos casos
el incremento suele ser a expensas de la fracción salival.
Lipasa
Las lipasas son enzimas responsables de la digestión y el metabolismo
de los lípidos. Existen 3 variedades, la pancreática,
lingual y gástrica.
Su valor normal es menor de 2 UI/ml.
En la pancreatitis aguda, a diferencia de la amilasa, su elevación
es más tardía; sin embargo, persiste aumentada durante
más tiempo (hasta 14 días después de hacerse normal
la amilasa).

Aumenta también en el ulcus duodenal perforado, con algunos fármacos
(opiáceos, entre otros) y en otras circunstancias (Tabla XXI)
y suele ser normal en las parotiditis. La determinación conjunta
de la amilasa y de la lipasa eleva notoriamente la fiabilidad diagnóstica
en la pancreatitis aguda, (92-96 por ciento).
Otras enzimas pancreáticas
En algunos momentos se ha propuesto la determinación de otras
enzimas para el estudio diagnóstico de una pancreatitis aguda.
Tal ha sido el caso de la quimiotripsina, el tripsinógeno inmunorreactivo,
etc. Pero su dificultad para las determinaciones rutinarias las ha hecho
en la práctica poco útiles. Como anécdota, no obstante,
el saber que la elastasa 1 es la última enzima en desaparecer
del suero después de un episodio agudo.


Gastrina
Esta hormona gastrointestinal se secreta por las células G del
antro siendo su acción conocida la de secretar el ácido
clorhídrico por las células parietales gástricas.
El valor normal gastrina es inferior a los 200 pg/ml. Se considera que
está elevada cuando es superior a los 500 pg/ml.
Las principales causas de aumento plasmático de esta hormona
se pueden ver en la Tabla XXII y las indicaciones para su petición
se reflejan en la Tabla XXIII.
Porfirinas
Deberemos sospechar la existencia de una porfiria aguda intermitente
ante un cuadro de abdomen agudo no quirúrgico y de causa no aclarada;
este puede ser recurrente y, suele verse más a menudo en mujeres
jóvenes. Para su diagnóstico solicitaremos la determinación
del porfobilinógeno en orina de 24 horas (valor normal de 0-2
mg/24 horas). Previamente informaremos al paciente que proteja la muestra
de la luz solar (lo que puede hacerse con papel de aluminio).
Test de la d-xilosa
La d-xilosa es una aldopentosa que en su mayor parte es absorbida en
el intestino delgado proximal, metabolizada en el hígado y posteriormente
eliminada por el riñón. Es un azúcar simple que
como no requiere el proceso de digestión intraluminal nos detecta
la integridad de la mucosa intestinal. Su mayor utilidad radica en diferenciar
si ante una esteatorrea la enfermedad causante depende del páncreas
o del intestino. En el primer caso la prueba será normal, mientras
que si existe una enfermedad intestinal será patológica.
En el adulto se administran 25 gramos y posteriormente se valora su
concentración plasmática (1-2 horas más tarde)
y/o urinaria (se recoge orina de 5 horas). Sus valores normales en plasma
son superiores a los 25 mg/dl; cifras inferiores a los 20 mg/dl indican
que existe una alteración de la absorción de los hidratos
de carbono por el intestino delgado. En la orina de 5 horas los valores
normales son superiores a los 4 g.
En los niños menores de 12 años se deben dar 5 g de d-xilosa.
Marcadores tumorales
AntÍgeno
Carcinoembrionario
(CEA)
Su valor normal en no fumadores: menor de 2,5 ng/ml; en fumadores es
menor de 5 ng/ml. Es una glucoproteína de origen fetal producida
por las células epiteliales secretoras de mucina que pertenece
a la familia de las moléculas de adhesión.
Su determinación preoperatoria es rutinaria en casi todos los
centros hospitalarios y el examen durante el seguimiento postoperatorio
es un punto básico en todos los esquemas clínicos. No
se ha descrito por el momento otro marcador serológico que proporcione
mejores prestaciones en los tumores de colon y recto.
Su mayor utilidad se encuentra en el cáncer colorrectal. Se usa
primordialmente en el seguimiento de estos pacientes en forma de monitorización
postquirúrgica. Los niveles basales elevados tras tratamiento
quirúrgico completo deben descender a la normalidad en un plazo
de 6-12 semanas. La persistencia de niveles séricos persistentemente
elevados indica la posibilidad de una exéresis insuficiente o
la presencia de metástasis no identificadas hasta ese momento.
En general en el 40-60 por ciento de los pacientes con tumores colorrectales
se detectan niveles preoperatoriamente elevados. En esta neoplasia a
medida que sea mayor el estadio según la clasificación
de Dukes más probable será que el CEA esté elevado,
así en estadio A no suele estar aumentado y en el D aumenta en
cerca del 80 por ciento de los pacientes. La detección de aumentos
del CEA es, asimismo, mayor en tumores bien diferenciados, aunque hasta
el 30 por ciento de los tumores poco diferenciados presentan CEA elevado.
No es útil en los estadios iniciales como método de cribado,
puesto que tiene una baja sensibilidad y especificidad; como método
diagnóstico constituye un apoyo al mismo. Valores aumentados
de este antígeno pueden ser indicadores de una recurrencia tumoral.
Los valores muy elevados de este marcador (mayores de 20 ng/ml) pueden
ser indicativos de un mal pronóstico (neoplasia extensa o presencia
de metástasis). En cuanto a estas, es decir las metástasis,
su sensibilidad es superior en las hepáticas y/o retroperitoneales
que en las pulmonares.
Se debe conocer que aunque un paciente tenga una neoplasia de colon
sin aumento de este marcador ello no lo exime para su determinación
ulterior en el seguimiento postoperatorio.
El CEA también se ha determinado en tejido tumoral, pero no parece
que esta determinación haya proporcionado una mejoría
significativa en su capacidad predictiva, ni que haya mejorado la detección
de recidivas durante el seguimiento.
Puede aumentar en otros tumores digestivos (estómago, páncreas,
hígado) y extradigestivos (mama, ovario, próstata, vejiga,
cérvix, melanoma, linfoma) así como en enfermedades no
neoplásicas (cirrosis, hepatitis crónica, poliposis, colitis
ulcerosa, insuficiencia renal, neumonías, etc. ). En estos últimos
casos el incremento es escaso y no suele superar los 10 ng/ml.
El segundo tumor digestivo en que se puede ver un aumento del CEA es
el cáncer gástrico, aunque en este caso puede estar alto
este marcador, en el 20-40 por ciento de los pacientes los niveles del
mismo están por debajo de los observados en la neoplasia de colon.
Antígeno
Carbohidrato 19-9
(CA 19-9)
Este marcador se suele usar como ayuda para el diagnóstico y
detección de recurrencias del cáncer de páncreas.
Su sensibilidad es del 52 al 70 por ciento y su especificidad del 87
por ciento, con un valor predictivo positivo del 59 por ciento y un
valor predictivo negativo del 92 por ciento.
Puede, no obstante, aumentar en el cáncer gástrico y hepatobiliar
y en ciertas enfermedades no neoplásicas (pancreatitis crónica,
enfermedades biliares, etc. ).
Su valor normal es de 0-37 U/ml.
Se ha intentado correlacionar sus niveles con la posible resecabilidad
del tumor pancreático. En este sentido en algún estudio
se ha visto que con niveles superiores a las 300 U/ml esta opción
terapéutica no suele ser posible. También se ha visto
que los pacientes tratados con quimio o radioterapia que disminuyen
este marcador tienen una mayor supervivencia que los que no lo disminuyeron
o lo aumentaron.
Se debe tener presente que entre un 5-15 por ciento de los pacientes
no pueden sintetizar este antígeno por ser Lewis negativo, por
lo que, en este caso, los valores permanecerán normales aún
en caso de grandes tumores
Anticuerpos antigliadina,
Antirreticulina y Antiendomisio
Se utilizan para el cribado de pacientes con sospecha de una enfermedad
celiaca y para evaluar el cumplimiento de la dieta. No sustituyen a
la biopsia, sin embargo, como procedimiento diagnóstico de certeza.
Su sensibilidad y especificidad varían entre los laboratorios
y entre los pacientes. Son numerosos los falsos positivos (giardiasis,
gastroenteritis agudas de repetición, enfermedad de Crohn, intolerancia
a las proteínas alimentarias, familiares de primer grado de celíacos
sin alteraciones intestinales) y falsos negativos (déficit de
IgA).
La determinación de anticuerpos antigliadina constituye el método
más accesible debido a que utiliza una técnica sencilla
(método ELISA) y su coste es relativamente bajo. Sin embargo,
su principal inconveniente radica en su bajo valor predictivo.
El test de anticuerpos antiendomisio, por el contrario, es altamente
específico y sensible, pero es caro (requiere como sustrato secciones
de esófago de mono) y lleva más tiempo. Resultados positivos
en estos tests deben inducir al médico a obtener una biopsia
de la mucosa intestinal aun en pacientes en los que el índice
de sospecha de la enfermedad celiaca no sea demasiado elevado.
Diagnóstico
del Helicobacter pylori
El Helicobacter
pylori (HP) es una bacteria gramnegativa aislada por vez primera en
1982 por Warren y Marshall. Su presencia está relacionada patogénicamente
con gran parte de las enfermedades gastroduodenales. Es el principal
agente etiológico de las gastritis crónicas, de las úlceras
duodenales y de la mayor parte de las úlceras gástricas.
Asimismo, se relaciona con la existencia de neoplasias gástricas.
Entre los métodos no invasivos para el diagnóstico de
esta infección contamos con pruebas serológicas y con
métodos de cuantificación de carbono marcado en aliento.
Métodos
serológicos
Los métodos serológicos tienen una sensibilidad del 67-94
por ciento y una especificidad de 74-95 por ciento. En su mayor parte
determinan la existencia de anticuerpos IgG contra el HP.
Su mayor utilidad se encuentra en el estudio epidemiológico de
esta infección. También se pueden emplear en pacientes
diagnosticados previamente de ulcus para iniciar un tratamiento erradicador.
No sirven, sin embargo, para confirmar la eficacia erradicadora de un
tratamiento, pues tardan mucho tiempo en hacerse negativos (unos 6 meses).
Test de urea
marcada
en el aliento
El test del aliento está basado en la gran actividad ureasa del
HP. Tiene una sensibilidad de 90-96 por ciento y una especificidad de
88-98 por ciento.
Consiste en la administración de urea marcada con 13C la cual
es hidrolizada por la ureasa del HP en amonio y 13CO2. Este dióxido
de carbono marcado se absorbe por la sangre, difunde a los pulmones
y se espira. Mediante un espectroscopio de masas se registra la cantidad
de 13C espirado. Es suficiente tomar una muestra basal y otra a los
20-30 minutos después de ingerir la urea marcada. Rara vez algún
paciente refiere tener epigastralgia o pirosis al hacerse la prueba
debido a que basalmente se suele dar a los enfermos una solución
ácida (de ácido cítrico).
Como el isótopo utilizado no es radiactivo y estable, puede usarse
este test en mujeres embarazadas y niños, pudiendo repetirse
todas las veces que sea necesario.
Aunque los resultados falsos positivos son excepcionales, pueden ocurrir
si la urea es hidrolizada por las bacterias de la boca. Puede haber
falsos negativos en el caso de una toma reciente de un antisecretor,
bismuto o antibióticos. Por ello se aconseja que esta prueba
se efectúe al menos a las 4 semanas de la finalización
del tratamiento erradicador.
La mayor utilidad de este test es confirmar la erradicación del
HP después del tratamiento.
Deberemos trasladar siempre a los pacientes que se hagan esta prueba
que su realización no sustituye a los métodos adecuados
de diagnóstico (endoscopia, radiología, etc)
Está en estudio el método de diagnosticar el HP mediante
la determinación de un antígeno en heces; hasta el momento
los resultados obtenidos han sido prometedores, se ha constatado que
es un método coste-eficaz y se necesita un intervalo de una o
dos semanas tras usar antisecretores para su valoración sin la
posibilidad de que haya resultados falsos negativos.
Vitamina B12
El valor normal es de 200-1.000 pg/ml.
Ante una deficiencia de esta vitamina se deben investigar las siguientes
causas:
- Una disminución del factor intrínseco causada por una
gastritis crónica atrófica o bien tras una gastrectomía.
- Una menor contribución de las enzimas pancreáticas (proteasas)
que son las encargadas de la transferencia de esta vitamina a la proteína
R del factor intrínseco, lo cual acaece en las enfermedades del
páncreas.
- Sobrecrecimiento bacteriano, que hace que las bacterias intestinales
consuman la B12.
- Enfermedades o resecciones ileales, que originan una disminución
o ausencia de los receptores ileales para el complejo vitamina B12-factor
intrínseco. Para estos casos es inestimable la ayuda que nos
presta el test de Schilling, en el cual se administra una dosis de B12
marcada por vía oral y una dosis elevada por vía parenteral
para saturar los depósitos hepáticos. Durante las 24 horas
siguientes se recoge la orina; si ésta contiene menos del 5 por
ciento de la B12 radiactiva, se deduce que existe malabsorción
de esta vitamina. Para determinar la etiología se repite el test
adicionando factor intrínseco o enzimas pancreáticas o
antibióticos; si se trata de una malabsorción por una
gastropatía, la prueba se normaliza; si tras estas medidas no
se hace normal la prueba, podemos colegir que la causa es ileal.
Estudios fecales
Ante todo paciente digestivo que acuda manifestando síntomas
que sugieran una patología intestinal será obligado solicitar
un estudio de las heces.
Examen macroscópico
El estudio de las heces comenzará por interrogar al enfermo sobre
las características de las mismas. Un color negro como el alquitrán
o la brea nos hará pensar en una hemorragia digestiva alta, aunque
también pueden producir el color negro ciertos fármacos
(bismuto, hierro) o alimentos (calamares en su tinta, remolacha, etc).
Un color claro puede observarse en los pacientes con una ictericia obstructiva,
o por un tránsito rápido en las diarreas crónicas
o síndromes malabsortivos.
Un olor rancio de las deposiciones nos alertará sobre una posible
malabsorción, así como un olor que remeda al semen es
habitual en las colitis amebianas. Las heces tienen el típico
aspecto de pomada en el caso de una insuficiencia pancreática
exocrina. También en alguna parasitosis su examen puede conducirnos
en ocasiones al diagnóstico (oxiuros, por ejemplo).
Unas heces con moco, pus y sangre son habituales en las disenterías
bacterianas o amebianas; si sólo tienen moco se pensará
en un colon irritable como primera posibilidad.
La presencia de sangre roja brillante nos localiza la lesión
causal en los tramos distales del intestino, aunque en raras ocasiones
de sangrado duodenal masivo puede evidenciarse sangre roja por tránsito
rápido.
Estudios para
valorar la excreción de grasa en las heces
La valoración cualitativa usando tinciones con colorantes como
el Sudán III se han abandonado en la práctica clínica
habitual debido a la posibilidad de falsos negativos cuando la excreción
grasa es pequeña (menor de 10 g/24 horas) y falsos positivos
(con el consumo de mayonesa o aceite mineral, p. ej.).
La determinación cuantitativa de las grasas en las heces se efectúa
mediante el método de Van de Kamer y sigue siendo el patrón
de referencia más utilizado en la práctica clínica
diaria ante el estudio inicial de un síndrome malabsortivo. Después
de una dieta equilibrada que contenga unos 100 g de grasa diarios durante
6 días, se recogen las heces de los 3 últimos días
en las que por diversos métodos se calculan los gramos de grasa/día;
el valor normal es de 7 g/día.
Este método, aunque se usa aún bastante, no permite realizar
una valoración causal. No obstante, se debe recordar que, en
general, la esteatorrea más intensa se suele observar en las
enfermedades pancreáticas en las que suele estar por encima de
los 10 g/día.
Coprocultivo

Este método es obligado en toda diarrea aguda que no responde
adecuadamente o en otras circunstancias expuestas en la Tabla XXIV.
La mayoría de los laboratorios examinan una batería programada
de bacterias (suele ser salmonella, shigella, y campylobacter), por
lo que si existe una fundamentada sospecha clínica de otros gérmenes
causales se lo debemos comunicar en el correspondiente volante al laboratorio.
Cuando el resultado del coprocultivo sea reiteradamente negativo y exista
la sospecha de una enfermedad potencialmente grave (shigellosis, amebiasis
invasiva) podremos recoger mediante endoscopia el exudado de las ulceraciones
para realizar con posterioridad el estudio microbiológico.
En los casos en que sea imposible la recolección adecuada de
las heces (lactantes, etc.) podremos utilizar un hisopo rectal para
su recogida y valoración ulterior, aunque este método
tiene muchos resultados falsos negativos.
Leucocitos fecales
Este método se usa escasamente en nuestro medio, aunque es recomendable
y fácil de hacer. Se basa en poner en contacto, bien directamente
de las deposiciones, bien de una muestra obtenida por examen digital,
una porción fecal en un portaobjetos que luego se diluye con
salino y tras poner unas gotas de azúl de metileno y dejar unos
3 minutos de espera se examina al microscopio. La presencia de tres
o más leucocitos polimorfonucleares por campo en cuatro o más
campos se considera como un resultado positivo.
Con ese resultado lo que podemos decir es que existe un proceso inflamatorio
que justifica la diarrea, el cual puede o no ser, obviamente, infeccioso.
Por lo tanto será positivo no sólo en colitis infecciosas
sino también en casos de enfermedad inflamatoria intestinal o
colitis por radiación, por ejemplo.
Estudios parasitarios
Siempre es aconsejable la recolección de al menos tres muestras
para descartar la existencia de una parasitosis y que dichas heces estén
frescas, es decir, que el tiempo desde su recogida hasta el procesamiento
por el laboratorio no sea mucho (unas dos o tres horas). Algunos autores
llegan incluso a reomendar que se disponga de seis a nueve muestras
en días diferentes para aumentar la sensibilidad del estudio.
Estudio de la
toxina del Clostridium difficile
En ciertas situaciones, como en pacientes con antecedentes recientes
(hasta un mes antes) de toma de antibióticos o que estén
ingresados en el hospital o recientemente dados de alta que presenten
una diarrea aguda con/sin sangre en las heces deberemos solicitar la
determinación de la toxina de Clostridium difficile, germen responsable
de gran parte de las colitis causadas por antibióticos y de la
colitis pseudomembranosa en particular.
Hemorragias ocultas
en las heces
A pesar de recientes innovaciones, el test que más se sigue utilizando
para la determinación de la sangre oculta en las heces es el
del guayaco (Hemoccult). El estudio se basa en que la hemoglobina tiene
actividad peroxidasa por lo que reacciona de la siguiente manera:
Hb + 2H2O2 2H2O + O2
Al añadir una sustancia cromogénica incolora (guayaco)
más el O2 reacciona dando un cromógeno oxidado (coloreado).
Dos son las principales utilidades de este estudio: el cribado del cáncer
de colon en todas las personas mayores de 50 años y el estudio
de una anemia ferropénica de origen indeterminado.
Todo paciente en que este estudio sea positivo debe ser investigado
para descartar una enfermedad digestiva alta y/o baja mediante los métodos
endoscópicos adecuados (EA, colonoscopia, etc.).
Sus mayores inconvenientes son que ciertos alimentos (carnes rojas,
embutidos, plátanos, espinacas, rábanos, coliflor, sandía,
brécol) y el uso de algunos fármacos (salicilatos,AINES
)
pueden originar falsos positivos. La vitamina C puede motivar falsos
negativos. Las heces deben recogerse durante tres días consecutivos.
Otros estudios
Test de aliento
de hidrógeno espirado
Se fundamenta en que una insuficiente digestión o absorción
de los hidratos de carbono que ingerimos los expone a la acción
de los fermentos bacterianos de la porción distal del intestino
delgado o del colon. Durante este proceso se originan ácidos
grasos de cadena corta y gases como el dióxido de carbono y el
hidrógeno. Estos difunden a la sangre y posteriormente son espirados
por los pulmones. En el aire espirado del sujeto sano el hidrógeno
sólo se debe a la fermentación bacteriana intestinal de
los glúcidos, por lo que la determinación de este gas
nos proporcionará una medida muy sensible de la existencia de
una absorción adecuada o no de los mismos.

Así estos test tienen una gran utilidad para valorar la malabsorción
de lactosa, para determinar si existe sobrecrecimiento bacteriano y
para realizar el estudio de la absorción de la D-xilosa.
Test de función pancreática exocrina
Múltiples son las pruebas que disponemos para valorar la función
del páncreas exocrino (Tabla XXV), lo cual en sí mismo
nos da una idea que todavía no disponemos del test ideal. El
estudio más sensible es el test de la secretina pero es complejo
de realizar y requiere sondaje duodenal. Los métodos indirectos
tienen una sensibilidad diagnóstica escasa ante insuficiencias
exocrinas leves que se incrementa a medida que la función del
órgano se deteriora más. Esto ocurre, por ejemplo, en
el caso de la quimiotripsina fecal que en la insuficiencia leve tiene
una sensibilidad del 40 por ciento, 65 por ciento en las moderadas y
75-80 por ciento en las severas.
Prueba del sudor
Ante la sospecha de una fibrosis quística se hará la prueba
del sudor, mediante la que estimularemos la secreción de sudor
con pilocarpina y determinar en el mismo la concentración de
cloro y sodio. En el caso de los adultos para considerar este test positivo
se requiere una concentración superior a los 90 mEq/L, mientras
que en los niños es positivo cuando la concentración de
dichos iones es superior a 60 mEq/L. La sensibilidad de la prueba es
elevada, pues es positiva en el 98 por ciento de los pacientes. Existen
falsos negativos en enfermos con edemas, malnutridos o cuando es escasa
la cantidad de sudor obtenida (menos de 50 mg). Asimismo, pueden interferir
el test la cuantía del cloro y sodio ingeridos en la dieta, como
la toma de algunos fármacos (diuréticos, glucocorticoides,
etc. ).
Estudios serológicos
en la enfermedad inflamatoria intestinal
El diagnóstico de estas enfermedades se sustenta en una combinación
de estudios clínicos junto a los radiológicos, endoscópicos
e histológicos. No obstante, en los últimos tiempos disponemos
de otras posibilidades diagnósticas con el hallazgo de los anticuerpos
anticitoplasma del neutrófilo del tipo perinuclear (pANCA) y
los anti-Saccharomyces cerevisiae (ASCA). Los pANCA se detectan mediante
immunofluorescencia indirecta y se han descrito en el suero del 60 por
ciento al 70 por ciento de los pacientes con colitis ulcerosa y en el
5-10 por ciento de enfermos con enfermedad de Crohn. Los ASCA se detectan
en un 60-70 por ciento de pacientes con enfermedad de Crohn y esta positividad
suele correlacionarse con la afectación del intestino delgado.
Aunque todavía están en las primeras fases sus aplicaciones,
éstas parecen prometedoras.
Estudios genéticos
Con los avances de la genética se ha llegado a un punto donde
el médico de Atención Primaria debe reciclarse especialmente
en esta disciplina, pues una parte nada despreciable de enfermedades
tiene una causa hereditaria cuyo conocimiento nos dará el diagnóstico
de la enfermedad pero tras lo cual habrá que dar un consejo genético.
Y es previsible que en un próximo futuro con los avances de esta
ciencia, junto a los de la informática, la actividad médica
tenga que habérselas grandemente con la genética.
Un ejemplo aplicado a la gastroenterología de lo manifestado
en el párrafo precedente es el de la poliposis adenomatosa familiar
(PAF), enfermedad hereditaria autosómica dominante en la que
existen en su variedad clásica múltiples pólipos
adenomatosos (más de 100) a lo largo de todo el colon. La posibilidad
de desarrollar una neoplasia en el intestino grueso en estos casos es
muy alta, de forma que si no se tratan con una colectomía estos
enfermos tendrán un adenocarcinoma de colon antes de los 50 años
de edad.
La PAF se debe a mutaciones del gen APC (adenomatous polyposis coli),
que se sitúa sobre el brazo largo del cromosoma 5. Éste
es un paradigma dentro de los genes supresores tumorales. En el estudio
científico de un paciente con PAF se hará la determinación
de esta mutación que posteriormente será contrastada con
la de sus familiares de primer grado para realizar una prevención
adecuada de los mismos y un consejo genético.
Otro ejemplo pudiera ser el de la fibrosis quística, que es la
enfermedad autosómica recesiva grave más frecuente en
la población de raza blanca (incidencia de 1 por 2.500 recién
nacidos). Su gen responsable se localizó en el cromosoma 7q31
habiéndose identificado hasta el momento presente más
de 800 mutaciones en él.
El laboratorio
en el estudio de las enfermedades hepáticas
A diferencia del riñón, en el que disponemos de un estudio
sencillo para investigar y valorar la función renal (acalaramiento
de creatinina), esto no ocurre así en el caso del hígado,
sino que en este órgano nos debemos de valer de múltiples
parámetros a través de los cuales nos podemos hacer una
idea más o menos sólida de su actividad funcional.
No obstante, está al alcance de cualquier médico de Atención
Primaria el solicitar un perfil hepático, basado en el conjunto
de unas determinaciones sencillas (transaminasas, fosfatasa alcalina,
gamma-glutamil-transpeptidasa (GGT), bilirrubina, tiempo de protrombina
y proteinograma) que pueden sernos de gran valía en el estudio
de casi todos los enfermos hepáticos.
Estudiaremos, a continuación, estos parámetros generales
para más adelante describir algunas determinaciones de laboratorio
que son más específicas de una determinada enfermedad
hepática.
Pruebas generales
Transaminasas
Las únicas con valor clínico son: 1) Glutámicooxalacética
(GOT) también llamada aspartato-aminotransferasa (ASAT o AST),
su valor normal es de 15-40 U/l; y 2) Glutámicopirúvica
(GPT), también llamada alanina-aminotransferasa (ALAT o ALT),
su valor normal de 10 a 40 U/l.
Ambas requieren piridoxal fosfato como cofactor (más la GPT que
la GOT). La GOT se localiza en citosol y mitocondrias de múltiples
órganos además del hígado (por ello es relativamente
inespecífica), mientras que la GPT está en el citosol
del hígado sobre todo (por ello su aumento es más específico
de una hepatopatía).
La hipertransaminasemia suele obedecer a destrucción (citolisis)
de las células que las contienen. Entre las limitaciones que
tiene la determinación de las transaminasas podemos citar: 1)
No existe correlación entre la magnitud de su elevación
y la extensión de la necrosis (fallo hepático fulminante,
por ejemplo); 2) Tienen un escaso valor pronóstico; y 3) Su aumento
es relativamente inespecífico, puesto que puede verse con multitud
de etiologías (hepáticas y extrahepáticas). Además,
la insuficiencia renal crónica, el almacenamiento del suero a
temperatura ambiente y la diálisis renal pueden ser capaces de
originar una disminución de dichas enzimas (falsos negativos).
En la Tabla XXVI se recogen las causas que pueden originar un aumento
de las transaminasas. Nunca olvidemos ante un enfermo con hipertransaminasemia
que su causa puede ser una enfermedad extrahepática, como una
enfermedad cardiaca, por ejemplo. Una de las últimas causas descritas
de hipertransaminasemia, a expensas de la GOT, es la presencia de una
forma macromolecular de la misma (similar a la macroamilasa), sin existir
hepatopatía. Las causas más frecuentes de un aumento marcado
de las transaminasas (por encima de las diez veces su valor normal)
son las hepatitis por virus, fármacos, toxinas y las isquémicas
(shock o insuficiencia cardiaca aguda). La obstrucción aguda
de la vía biliar por coledocolitiasis o colangitis puede cursar
también con niveles muy elevados de transaminasas; en estos casos
suelen descender rápidamente aunque no se resuelva la obstrucción
o la infección.
La intensidad del aumento de estas enzimas se correlaciona con la extensión
de la lesión hepatocelular, pero no existe relación con
la evolución de una hepatopatía. Así, una disminución
de las transaminasas puede indicar que estamos en fase de curación,
pero también puede significar que estamos ante una potencial
hepatopatía grave y este hecho es sólo el reflejo de la
escasez de hepatocitos funcionantes.

La hipertransaminasemia moderada (3-20 veces de lo normal) suele verse
en la hepatitis aguda o crónica, incluyendo la hepatitis alcohólica.
La hipertransaminasemia ligera (menor de 3 veces lo normal) suele evidenciarse
en la esteatosis, esteatohepatitis no alcohólica y hepatitis
crónica vírica.
El cociente GOT/GPT, que en general, es de aproximadamente 1,3, suele
ser mayor que 2 en la hepatitis o cirrosis alcohólica, pero también
en la cirrosis posnecrótica y enfermedad de Wilson; en la hepatopatía
alcohólica ninguna supera las 500 U/l. La GPT en estos casos
suele estar ligeramente aumentada o ser incluso normal. Una hipertransaminasemia
con un cociente GOT/GPT superior a 2, pero con una GPT superior a las
500 U/l, debe sugerirnos una etiología diferente a la enólica.
Las hepatitis crónicas constituyen una de las principales causas
de la elevación persistente de forma leve a moderada de estas
enzimas. En las hepatitis agudas, la hipertransaminasemia de duración
mayor que 3 meses sugieren la cronificación; en el caso de la
hepatitis A, que nunca se cronifica, se observan casos de hepatitis
aguda recidivante con incrementos de las transaminasas a veces hasta
más de 6 meses después del primer brote.
En ciertos estudios se ha puesto de manifiesto que en un 30-50 por ciento
de personas en las que se detecta un incremento aislado de la GPT, no
se confirma el mismo en una nueva determinación. Por ello, es
obligado repetir la extracción en estos casos para confirmar
su aumento.
Uno de los errores que podemos cometer es pensar instintivamente que
el aumento de las transaminasas se debe con exclusividad a lesiones
hepáticas, lo cual, evidentemente, no es así (Tabla XXVI).
Las causas más frecuentes de estos errores son las lesiones musculares
(miositis o por ejercicio físico intenso), las hemólisis
y las causas endocrinológicas (enfermedades tiroideas) o intestinales
(celiaquía).
En la práctica clínica, el médico de Atención
Primaria es el más capacitado para llegar a descubrir la etiología
de un aumento de las transaminasas. Esto obedece a que las causas más
frecuentes de hepatopatía en nuestro medio son los virus (fundamentalmente
el virus C), el alcohol, los fármacos y la esteatosis hepática
(Figura 28). La historia clínica y farmacológica nos confirmarán
al etanol y a los medicamentos como agentes causales, mientras que una
determinación serológica y una ecografía abdominal
diagnosticarán al paciente de hepatitis C o esteatosis.
Fosfatasa alcalina
Su valor normal depende del método analítico utilizado
(1,5-14,5 King-Amstrong; 1,0-7,1 Bodansky; 0,7-4,0 Klein, Read, Babson;
0,9-4,1 Bessey; 15-69 U/L; 40-190 U/L [optimizado]; 0,5-2 mkat/L).
Tiene varios orígenes (riñón, placenta, leucocitos),
aunque las fuentes primordiales son intestino, huesos e hígado.
Para conocer el origen del aumento de la fosfatasa alcalina podremos
realizar la separación electroforética de sus isoenzimas.
Asimismo, otro método puede ser la determinación de las
fracciones termostable (hepática) y termolábil.
En las hepatopatías la mayor elevación enzimática
ocurre en las colestasis (Tabla XXVII). Este aumento se debe a una mayor
síntesis de la fosfatasa alcalina (FA), la cual precisa de cierto
tiempo y es inducida por los ácidos biliares. Esto justifica
que, por algunos momentos, en ciertas enfermedades, como puede ocurrir
en estadios tempranos de la colangitis aguda supurativa, pueda haber
hipertransaminasemia sin incremento de la FA.

En la práctica clínica, para saber si un aumento de la
FA se debe a una patología hepática, nos guiaremos por
la presencia de aumentos de otras enzimas de colestasis (GGT). La intensidad
de su elevación en una hepatopatía no diferencia entre
si la colestasis es intra o extrahepática. Un aumento desproporcionado
nos debe sugerir una obstrucción biliar parcial o enfermedades
infiltrativas (tuberculosis, metástasis, sarcoidosis
).
Una neoplasia extrahepática acompañada de elevación
de la FA no siempre implica la presencia de metástasis hepáticas
u óseas, puesto que en el hipernefroma se ha apreciado que es
frecuente la existencia de lesiones hepáticas inespecíficas
(hepatitis reactiva) y en otros tumores, como en ciertos cánceres
de pulmón, se ha confirmado que pueden secretar su propia FA.
Puede estar elevada en personas sanas (causa genética) y en ocasiones
revierte a lo normal tras un seguimiento. Las grandes elevaciones en
ausencia de hepatopatía se suelen ver en la enfermedad de Paget
o en las metástasis óseas del cáncer de próstata.
A veces, no existe un aumento de esta enzima en algunas hepatopatías
en las que los incrementos de la FA son característicos, de forma
que, por ejemplo, el 3 por ciento de los enfermos con colangitis esclerosante
tienen cifras normales.
En los enfermos con enfermedad de Wilson complicada con hepatitis fulminante
o hemolisis puede haber niveles muy bajos o indetectables de esta enzima.
Un cociente bajo entre la FA y la bilirrubina parece tener un mal pronóstico
en el caso de un fallo hepático fulminante.
Gamma glutamil
transpeptidasa
Su valor normal es de 11-34 U/l y las causas de su aumento se muestran
en la Tabla XXIII. Los mayores incrementos se suelen ver en casos de
tumores hepáticos (primarios o metastásicos), colestasis
(intra o extrahepática) y en situaciones de inducción
enzimática (alcohol, fármacos). Sin ningún género
de dudas, las causas más frecuentes de esta elevación
son la ingesta crónica de alcohol, las hepatopatías, la
toma de algunos fármacos y la obesidad.

Entre los errores clínicos en lo concerniente a su aumento se
pueden citar: 1) hacerlo sinónimo de etilismo crónico,
atribución totalmente incierta, puesto que no sólo el
alcohol puede influir sobre su incremento; 2) atribuirlo a patología
estructural del hígado, lo cual no siempre es así, puesto
que puede denotar exclusivamente una inducción enzimática
por un fármaco, por ejemplo.
Por lo expuesto previamente, la interpretación del aumento de
la GGT en la práctica médica habitual debe hacerse con
precaución.
Objetivar en estudios analíticos habituales una elevación
enzimática aislada de la GGT es una circunstancia relativamente
frecuente. Así, según estudios realizados en países
anglosajones en una población masculina elegida al azar, el 16
por ciento de ellos tuvo aumentos de la GGT.
La actividad sérica de la GGT aumenta prácticamente en
el 90 por ciento de los enfermos con algún tipo de patología
del hígado o de las vías biliares. En este hecho radica
una de las mayores utilidades clínicas de su determinación,
como es confirmar si un aumento de la FA se debe a una enfermedad hepática,
como vimos en el epígrafe previo, o a una enfermedad de otra
localización (ósea, intestinal...). Un especial interés
reviste el aumento de la GGT en los niños y embarazadas, situaciones
en las que, como es bien conocido, se evidencia un incremento fisiológico
de la FA, el cual no se asocia con la elevación de la GGT. Por
tanto, observar la GGT elevada en ambos casos indica la presencia de
una hepatopatía.
En las colestasis (intra o extrahepáticas) se puede objetivar
un aumento de la GGT que suele ir unido a incrementos de la FA (al menos
dos veces el límite superior de su normalidad) y a elevaciones
moderadas (por debajo de 5 veces su valor normal) de las transaminasas.
No obstante un aumento de la FA sin incrementos de la GGT puede verse
y es característico de la colestasis intrahepática recurrente
y de la enfermedad de Byler.
El aumento de la GGT asociado a una elevación importante de las
transaminasas con una FA normal o moderadamente elevada (inferior a
dos veces el límite superior de lo normal) apoya la presencia
de una necrosis hepatocitaria aguda o crónica; las causas más
frecuentes de las mismas son las hepatitis crónicas (sobre todo
las debidas a los virus B y C) y las hepatitis agudas virales o debidas
a fármacos. Menos frecuentemente la hemocromatosis, la enfermedad
de Wilson, las hepatitis isquémicas y la esteatosis aguda del
embarazo pueden ser responsables de esas elevaciones enzimáticas.
La determinación de la GGT no sólo tiene valor para la
presunción diagnóstica de una hepatopatía, sino
que también puede ser útil de cara a un pronóstico
sobre la posible respuesta al tratamiento. Esto es lo que ocurre especialmente
en el caso de las hepatitis crónicas y las cirrosis causadas
por el virus C, en las cuales se ha evidenciado que el aumento de la
GGT es un indicador predictivo de mala respuesta al tratamiento con
interferón.
Bilirrubina
El valor normal de la bilirrubina total es inferior a 1 mg/dl; los de
la fracción directa son menores de 0,4 mg/dl.

En la Tabla XXIX se exponen las causas de aumento de la bilirrubina
directa e indirecta.
Proteinograma
La cifra total de proteínas y la albúmina no suelen alterarse,
salvo en estadios avanzados de una hepatopatía crónica
o en el fallo hepático fulminante. En las hepatopatías
la disminución de albúmina se puede deber a varias circunstancias:
1) menor síntesis; 2) localización en espacio extravascular
(ascitis); 3) volumen plasmático aumentado (ascitis); 4) influencia
de otras causas de hipoalbuminemia. Como la vida media de la albúmina
es de unos 20 días su nivel sérico no es un indicador
confiable de síntesis proteica en la enfermedad hepática
aguda.
Es frecuente objetivar en las hepatopatías crónicas un
aumento policlonal de gammaglobulina, debido al paso de antígenos
a la circulación general, ya que no atraviesan el hígado
por la existencia de anastomosis porto-cava.
Una hipergammaglobulinemia intensa nos debe poner ante la sospecha de
una hepatitis autoinmune. Algunos patrones pueden ser más característicos
en el proteinograma, como un aumento de alfa-2 y beta en obstrucción
biliar, una disminución de alfa-2 en hemólisis intravascular
y, por último, la ausencia de alfa-1 en el déficit de
alfa-1-antitripsina.
Algunas alteraciones de las gammaglobulinas nos pueden alertar hacia
la etiología de una hepatopatía: la IgM aumenta en la
cirrosis biliar primaria, la IgG en la hepatitis crónica activa
y la IgA en las hepatopatías alcohólicas.
Alteraciones
lipídicas
A pesar del papel nuclear que ocupa el hígado en la génesis
y metabolismo de los lípidos y lipoproteínas, éstos
tienen poca trascendencia en el uso cotidiano para el diagnóstico
de las hepatopatías. Sin embargo, debemos saber que el colesterol
sérico, por dificultad de su excreción biliar y por un
mayor estímulo de su síntesis hepática, aumenta
en las colestasis. Disminuye, por el contrario, en las lesiones hepáticas
agudas y severas al igual que sucede en la cirrosis hepática
avanzada como consecuencia de una menor síntesis y de la malnutrición
asociada.
No es infrecuente observar una hipertrigliceridemia en los enfermos
con colestasis o con una hepatopatía alcohólica.
Estudios de coagulación
El hígado ocupa un papel central en la coagulación plasmática.
En él se sintetizan la mayor parte de los factores de la coagulación,
sirve para la eliminación de algunos factores de la coagulación
activados, como la tromboplastina, y regula el metabolismo del factor
VIII (globulina antihemofílica).
Tiempo de protrombina
Esta determinación valora la actividad de los factores de la
coagulación VII, X, II, V y I. El valor normal es de 11-16 seg.
Si se usa el INR (International Normalized Ratio) es anormal si supera
1,2. Se encuentra prolongado en caso de: 1) disminución de la
síntesis de factores de coagulación que puede ser congénita
(enfermedad de Christmas) o adquirida (malabsorción, hepatopatía,
etc.); y 2) aumento de su consumo, como sucede en la coagulación
intravascular diseminada o fibrinolisis.
Para valorar si la prolongación se debe a malabsorción
de vitamina K, se inyectan 10 mg de la misma y al día siguiente
se repite la determinación. Si se evidencia un aumento superior
al 30 por ciento la causa es una disminución de esta vitamina.
Es uno de los indicadores más importantes de la gravedad de una
hepatopatía; la reducción importante es frecuente en el
fallo hepático fulminante. En las hepatitis virales agudas no
suele alterarse, pero en el caso de estar disminuida y persistir esta
disminución debemos sospechar la evolución a una hepatopatía
crónica. En las colestasis su prolongación se debe a la
malabsorción de vitamina K.
Alteraciones
plaquetarias
Un hecho frecuente en las hepatopatías es la presencia de una
trombopenia, que puede deberse a varias causas, como un efecto de secuestro
esplénico, toxicidad directa del tóxico causal (etanol,
p. ej. ). Pero también puede observarse un defecto funcional
de las plaquetas en las hepatopatías avanzadas consecuencia de
una deficiente adherencia y agregación plaquetarias.
Pruebas específicas
Marcadores virales
Se podrán solicitar los relacionados con los virus hepatotropos
más frecuentes (A, B, C, D) y en ciertos casos podremos solicitar
los de otros virus (Ebstein-Barr, citomegalovirus...). En el caso de
una hepatitis aguda es obligado solicitar los IgM anti-VHA y anti-HBc.
Ante una hepatopatía crónica pediremos los marcadores
del VHB (HBsAg, anti-HBc, anti-HBs, HBeAg, anti-HBe) así como
los del virus C (anti-VHC). En caso de ser positivo el HbsAg, se solicitará
la determinación de anticuerpos antivirus delta. En los toxicómanos
parenterales o si existen factores de riesgo se solicitará, además,
la determinación del VIH.
Diagnóstico
serológico del virus C
La determinación de los anti-VHC es primordial en Medicina General
ante la sospecha de una hepatitis crónica o cirrosis por este
virus.
El test que se suele utilizar es un enzimoinmunoensayo de tercera generación.
A pesar de que es muy sensible, no es específico al 100 por ciento,
puesto que puede haber falsos positivos en casos con hipergammaglobulinemia
y en sueros almacenados durante mucho tiempo.
Por esa baja especificidad, antes de asumir que el virus de la hepatitis
C es el causante de una determinada hepatopatía, es necesario
efectuar algún test suplementario de confirmación; en
la actualidad, el más empleado es la reacción en cadena
de la polimerasa (PCR), técnica relativamente sencilla y altamente
sensible por la cual una cadena de ácido ribonucleico es amplificada
millones de veces de un modo rápido y preciso. Así, se
puede detectar cuantías tan bajas de virus como 50-1.000 equivalentes
de genoma por ml de suero. Esta determinación puede usarse también
como prueba de confirmación de la presencia del virus C, para
evaluar hepatopatías cuya causa desconocemos con los medios diagnósticos
usados habitualmente, y para evaluar las respuestas al tratamiento (interferón).
En la Tabla XXX se puede ver la interpretación de los tests serológicos
en lo referente a la hepatopatía por el virus C.

En raras ocasiones puede haber una infección por el virus C sin
que sean detectables los anti-VHC, como acaece en algunos enfermos inmunosuprimidos,
con insuficiencia renal crónica y trasplantados.
Diagnóstico
serológico del virus B de la hepatitis
La característica básica de las infecciones por el virus
B de la hepatitis (VHB) es la presencia en la sangre del antígeno
Australia (HBsAg). Junto a este marcador, y dependiendo del estado replicativo
del virus, podemos evidenciar la existencia de HBeAg y de DNA del virus
(alta replicación), o bien la presencia de anti-HBe y DNA negativo
(baja replicación). El anti-HBc positivo está virtualmente
presente en todos los enfermos; éste es de clase IgG, aunque
en las hepatitis agudas es de clase IgM y en las crónicas puede
ser también IgM, lo cual ocurre cuando existe una replicación
vírica permanente.
En un 25 por ciento de los pacientes con hepatitis crónica por
VHB se puede evidenciar junto a la positividad del HBsAg la del anti-HBs,
hecho que no tiene ningún significado clínico.
Junto a los cuadros serológicos típicos de la infección
por el VHB existen casos con serología atípica. Entre
ellos el más frecuente es el caracterizado por la carencia de
HBeAg y la existencia de anti-Hbe; existe una alta replicación
vírica, determinada por títulos altos de DNA viral, que
clínicamente se manifiestan por elevaciones de las transaminasas
y una evolución frecuente a la cirrosis. La situación
expuesta se da en las hepatitis crónicas causadas por un virus
mutante en la región pre-core del genoma. En España esta
variante pre-core es frecuente y representa el 50 por ciento aproximadamente
de todas las hepatitis crónicas debidas al VHB.
En algunos casos, sobre todo en niños, puede haber infecciones
por el VHB sin coexistir el anti-HBc. Parece deberse a cierto grado
de inmunodeficiencia que impide la síntesis de este anticuerpo.
Rara vez puede haber infecciones por el VHB sin positividad del HbsAg;
en este caso son diagnosticadas por la presencia del DNA viral.
DIagnóstico
serológico del virus delta
Las infecciones por el virus delta de la hepatitis (VHD) se diagnostican
habitualmente por la existencia de anticuerpos anti-delta. Como bien
es sabido, éste es un virus defectivo que precisa para su replicación
de la existencia del VHB, por lo que sólo deberemos solicitar
su determinación en los casos en que exista una infección
(aguda o crónica) por el VHB. En el caso de una hepatitis aguda
el título de anti-delta puede ser tan bajo que resulte indetectable,
lo que ocurre sobre todo en casos de coinfección (es decir, infección
simultánea por el VHB y el VHD), por lo que se deben determinar
dichos anticuerpos en la fase aguda y de convalecencia.
Otros marcadores relacionados con la infección delta, como el
HDAg y el RNA viral, no son fácilmente accesibles en la Medicina
de Atención Primaria, aunque pueden tener un valor para el diagnóstico
de esta infección.
Además de los marcadores del VHD debemos considerar los relacionados
con el VHB. Habitualmente, el HBsAg es positivo, como era de esperar.
En algunas situaciones, no obstante, puede ser negativo, como acaece
en alguna hepatitis fulminante o en trasplantes hepáticos por
virus delta en el que aparece antes el HDAg en tejido hepático
que el HBsAg en suero.
Metabolismo férrico
Para su estudio se valorará la sideremia, la saturación
de transferrina y la ferritina.
Ciertas circunstancias pueden aumentar la sideremia sin que ello refleje
un incremento de los depósitos de hierro, como la determinación
fuera del ayuno, la ingesta de vitaminas o fármacos que contengan
hierro, la existencia de una necrosis hepatocelular y ser portador heterocigoto
del gen de la hemocromatosis hereditaria (HH).
El parámetro más sensible para detectar una HH es la saturación
de transferrina, que suele estar por encima del 70 por ciento. El hierro
sérico suele estar aumentado, al igual que la saturación
de transferrina y la ferritina.
La saturación de transferrina es una determinación mucho
más sensible y específica que la de la sideremia, y en
la HH suele estar comprendida entre 55 y 100 (normal: 15-40). Los niveles
séricos de ferritina se correlacionan bien con el tamaño
de las reservas corporales y hepáticas de hierro, pero no son
capaces de distinguir si el depósito está en el sistema
reticuloendotelial o en el parénquima y, además, esta
proteína no es específica de un aumento de depósito
de hierro, puesto que puede verse incrementada en enfermedades inflamatorias
(artritis reumatoide, entre otras), neoplasias (linfomas), hepatitis
crónicas virales (incrementada en el 40 por ciento), esteatohepatitis
no alcohólica y hepatopatía alcohólica. Por otro
lado, es conveniente saber que la ferritina puede ser normal en homocigotos
jóvenes con HH.

Ante la sospecha de una HH es muy útil la evaluación de
todas estas determinaciones en conjunto. Así, se sabe que la
mayor sensibilidad diagnóstica (94 por ciento) la tiene la combinación
de una saturación de transferrina junto a la de ferritina aumentadas.
De igual manera, se sabe que su combinación con cifras normales
tiene un valor predictivo negativo de un 97 por ciento.
En los últimos años disponemos de la posibilidad de realizar
estudios genéticos para el diagnóstico de esta frecuente
hepatopatía, pues en su forma más común ésta
suele estar asociada a un trastorno del gen de la hemocromatosis (gen
HFE) situado en el brazo corto del cromosoma 6 (Tabla XXXI). La herencia
en estos casos es recesiva, por lo que se necesita que los dos progenitores
estén afectos de la mutación del gen para expresar la
enfermedad. La mutación más frecuentemente encontrada
es la C282Y (sustitución de cisteína por tirosina) que
se objetiva en cerca del 80 por ciento de los enfermos con HH.
En las personas heterocigotas del gen HFE sólo se aprecian alteraciones
bioquímicas de un incremento de los parámetros férricos,
pero no tienen lesiones orgánicas por no existir en éstos
un aumento de los depósitos marciales. También debemos
conocer que los homocigotos no siempre desarrollan la HH (por pérdidas
secundarias a la menstruación o por donar sangre).
Ceruloplasmina
y cobre
La ceruloplasmina es una alfa-2-globulina cuyo valor normal es 23-43
mg/dl. Forma parte de las proteínas que son reactantes de fase
aguda; puede aumentar, por tanto, en infecciones, artritis reumatoide,
neoplasias, etc.
Su mayor relevancia viene dada por ser un importante marcador diagnóstico
para la enfermedad de Wilson, en cuyo caso suele disminuir a valores
por debajo de los 20 mg/dl. También puede disminuir en enteropatía-pierde-proteínas,
síndrome nefrótico, fallo hepático fulminante...
En la enfermedad de Wilson (de herencia autosómica recesiva)
el 10 por ciento de heterocigotos tienen una ceruloplasmina baja sin
desarrollar nunca la expresión clínica de la hepatopatía.
También tomaremos en consideración que cerca del 15 por
ciento de los enfermos homocigotos tienen una ceruloplasmina normal,
lo cual puede ser un efecto de que se incremente esta proteína
de forma secundaria (es un reactante de fase aguda).
La cupremia (valor normal: 80-140 mcg/dL) suele ser menor de 70 mcg/dl
en la enfermedad de Wilson, salvo que coexista una hepatitis fulminante
situación en la que se incrementa notoriamente. Sin embargo,
la fracción de cobre libre (no unido a la ceruloplasmina), cuyo
valor normal es de 5 a 12 mg/dL está aumentado.
El cobre sérico puede estar elevado en las colestasis por déficit
de su excreción.
Alfa-fetoproteína
La alfafetoproteína (valor normal: inferior a 25 ng/ml) es una
alfa1-globulina presente en alta concentración en la época
fetal; tras el nacimiento es casi indetectable, por lo que encontrarla
aumentada en la infancia o en el adulto es un indicador de un posible
cáncer hepatocelular. En el niño también puede
incrementarse en el hepatoblastoma.
Se debe solicitar para la detección precoz de pacientes con cirróticos
sin contraindicaciones para ser sometidos a una intervención
quirúrgica, trasplante hepático o tratamiento ablativo
percutáneo.
La determinación de este marcador tumoral es una prueba de baja
sensibilidad (39 por ciento-64 por ciento) y de un nivel predictivo
positivo bajo (9 por ciento-32 por ciento). No todos los hepatomas producen
alfa-fetoproteína y no existen diferencias biológicas
entre los hepatomas productores o no productores de esta proteína.
Su magnitud está relacionada con el tamaño tumoral y con
el tiempo de evolución del tumor: es menor en tumores pequeños
presintomáticos.
Su utilidad diagnóstica es superior en las regiones donde el
hepatoma es frecuente, puesto que el 90 por ciento de estos enfermos
tiene la alfa-fetoproteína aumentada, mientras que en las regiones
donde este tumor es poco prevalente la frecuencia es menor. A partir
de 400-500 ng/ml la cifra de alfa-fetoproteína se considera como
diagnóstica, ya que puede haber hepatopatías agudas o
crónicas no tumorales (cirrosis, por ejemplo) con valores de
alfa-fetoproteína comprendidos entre los 20 y 500 ng/ml.
Con otros tumores, como teratocarcinomas, carcinomas embrionarios de
testículos y ovarios, tumores de vías biliares, páncreas,
colon, estómago y metástasis hepáticas, se pueden
producir falsos positivos.
En la actualidad se aconseja su determinación cada seis meses
junto a una ecografía en los enfermos cirróticos que puedan
ser sometidos a tratamientos curativos.
Alfa-1-antitripsina
Es una proteína de fase aguda (valor normal: superior a 180 mg/dl),
por lo que aumenta en inflamación y embarazo, entre otras. Tiene
un gran polimorfismo genético: el 90 por ciento de la población
de raza blanca corresponde al fenotipo MM. Los niveles plasmáticos
varían con el fenotipo. Sospecharemos su déficit en presencia
de una hepatopatía en infancia o adulto joven con/sin síntomas
respiratorios, o cuando veamos una alfa-1 baja en la electroforesis.
Anticuerpos no
órgano-específicos
Ante la posibilidad de una hepatopatía de etiología autoinmune
(hepatitis autoinmune, cirrosis biliar primaria, entre otras), se solicitarán
los anticuerpos antinucleares, antimúsculo liso, anti-LKM y antimitocondriales,
según corresponda.
En cualquier enfermo que tenga criterios definidos de hepatitis crónica,
antes de concluir que ésta es de causa criptogenética,
deberemos haber determinado la posible presencia de los anticuerpos
no órgano-específicos. De igual manera, no es infrecuente
que estas hepatopatías se presenten de forma aguda como si se
tratara de una hepatitis viral, pero sin la positividad de los marcadores
virales, por lo que también en estos casos es imprescindible
confirmar o excluir que se trate de hepatitis autoinmunes (HAI) mediante
la valoración analítica de estos autoanticuerpos.


Las HAI se clasifican básicamente en tres tipos y son las causas
más frecuentes de hepatitis crónicas no víricas
en los países anglosajones y su prevalencia disminuye en el sur
de Europa. Destaca entre ellas, por su frecuencia, el tipo 1, que representa
el 80 por ciento aproximadamente de estas hepatopatías.
Describiremos brevemente algunas peculiaridades útiles para nuestra
práctica habitual en relación con estos autoanticuerpos.
La HAI tipo 1 se caracteriza por el hallazgo en el suero de títulos
positivos de anticuerpos antinucleares (ANA) y/o antimúsculo
liso (SMA). La positividad de los ANA suele asociarse a la de los SMA
en el 86-91 por ciento de los casos; el título medio en la presentación
suele ser de 1/320, requiriéndose para su diagnóstico
que sean superiores a 1/80. En la inmunofluorescencia el patrón
suele ser homogéneo o moteado, y es raro que sea periférico,
nucleolar o mixto. Los SMA son los autoanticuerpos más frecuentemente
evidenciados en la HAI tipo 1; su positividad suele coincidir con la
de los ANA, aunque pueden ser el único marcador inmunoserológico
en el 26 por ciento de los enfermos. La HAI tipo 2 se caracteriza por
el hallazgo en el suero de los anticuerpos anti-LKM1. Éstos se
dirigen hacia un antígeno situado en los microsomas de las células
renales y del hígado, que se ha identificado como el citocromo
P-450-IID6. La HAI tipo 3 es aquélla en la que el autoanticuerpo
objetivado es el dirigido a un antígeno soluble hepático
(anti-SLA) que parece ser una citoqueratina.
En la cirrosis biliar primaria es característica la presencia
habitualmente de títulos altos (superiores a 1/640) de los anticuerpos
antimitocondriales, y más específicamente de los de tipo
2; éstos se dirigen contra un antígeno M2 situado en la
membrana interna de la mitocondria (que representa al complejo 2-oxo-ácido-dehidrogenasa),
y más concretamente contra su fracción piruvato-dehidrogenasa.
Porfirinas
La más frecuente de las porfirias hepáticas es la hepatocutánea
tarda, que está causada por una menor actividad de la enzima
uroporfirinógeno-decarboxilasa (Figura 29).
Ante todo enfermo con hepatopatía crónica cuya causa no
sea evidente, se solicitará la determinación de uroporfirinas
en orina, cuyo aumento nos pondrá en la sospecha de una porfiria
cutánea tarda. En estos casos es obligado disponer de la determinación
de los anticuerpos anti-VHC, puesto que son positivos en el 70 por ciento
de estos enfermos.
Pruebas de función
hepática
Aunque se han desarrollado métodos sofisticados para establecer
la función del hígado (prueba de galactosa, test del aliento
con aminopirina marcada
), en la práctica clínica
rutinaria nos sigue siendo muy útil la clasificación de
Child-Pugh (Tabla XXXIV).
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