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PROGRAMA ANUAL
2002-2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

 

  

Insuficiencia Cardiaca Congestiva Crónica en Atención primaria

Introducción

La Insuficiencia Cardíaca Congestiva Crónica (ICCC) es un síndrome clínico progresivo cuya prevalencia e incidencia están aumentando progresivamente, principalmente en los países industrializados. Este síndrome tiene una notable gravedad y un pronóstico sombrío y, frecuentemente, constituye el punto final de muchas enfermedades. En este trabajo, realizado desde y para la Atención Primaria (AP), se abordará exclusivamente esta entidad, dado que la insuficiencia cardíaca aguda requiere un abordaje y manejo netamente hospitalario.

La ICCC está considerada en la actualidad como un problema de salud pública de primer orden, dado que causa importantes repercusiones econó-
micas, sociales y sobre todo humanas, como consecuencia de la elevada mortalidad e importante limitación de la calidad de vida que causa en el individuo que la padece.

En nuestros días, el abordaje y manejo de la ICCC por el médico de familia, impensable hace pocos años, está empezando a convertirse en un objetivo más de los profesionales sanitarios y de las Sociedades Científicas de AP, las cuales promueven numerosas actividades de Formación Continuada para facilitar su optimización.

Algunas circunstancias que están favoreciendo este cambio entre los médicos de AP son:

- La ICCC es un problema sanitario de alta prevalencia, notable incidencia y una mortalidad anual que oscila entre el 10 por ciento (formas leves) y el 50 por ciento (formas graves). En Estados Unidos tres millones de personas padecen ICCC, se realizan medio millón de nuevos diagnósticos cada año, causa más de 700.000 ingresos anuales y es el diagnóstico de alta hospitalaria más frecuente en los pacientes mayores de 65 años.

- La ICCC es la primera causa de hospitalización en la población geriátrica y la tercera causa de muerte cardiovascular tras la cardiopatía isquémica (CI) y los accidentes cerebrovasculares.

- El paulatino aumento de la prevalencia (supera el 9 por ciento en las personas mayores de 80 años) e incidencia de ICCC. Este progresivo aumento de la prevalencia e incidencia es debido:

- Al gradual envejecimiento de la población.
- Al incremento de las patologías propias del anciano, especialmente la hipertensión arterial (HTA) y CI, motivos de consulta muy frecuentes en AP y principales causas de ICCC. En la actualidad, aunque algunos estudios responsabilizan a la CI, se reconoce a la HTA (Figura 1) como la principal causa de ICCC.


- Al avance en el tratamiento de algunas cardiopatías que hace años causaban la muerte a corto plazo (cardiopatías congénitas, infarto agudo de miocardio, etc.) y que actualmente se manifiestan como ICCC a medio y largo plazo.



- El mal pronóstico (Tabla I) de la ICCC, se ha modificado muy poco en los últimos cuarenta años a pesar de los avances farmacológicos y quirúrgicos. En nuestros días, en los pacientes con ICCC, sigue observándose una elevada incidencia de muerte súbita, la cual, junto a la propia progresión de la enfermedad determinan que la expectativa de vida una vez realizado el diagnóstico se estime en 1,7 años en los hombres y 3,2 años en las mujeres. Por otro lado, debe saberse que la mortalidad de la ICCC debida a una disfunción diastólica (11,5 por ciento a 1 año) es notablemente inferior al de la causada por una disfunción sistólica (29,8 por ciento a 1 año).



- La idoneidad del médico de familia para reconocer rápida y apropiadamente, los factores de riesgo (Tabla II), y los factores agravantes y precipitantes de la ICCC (Tabla III), interviniendo con alto poder de resolución contra ellos.

- La escasez de estudios epidemiológicos que investiguen el seguimiento de la ICCC en la comunidad, en los que el profesional de AP tendría todas las ventajas para llevarlos a cabo.

Para finalizar, dado que el médico de familia atiende a diario en los consultorios de los centros de salud a un elevado número de pacientes con HTA y CI, que la edad es el principal factor de riesgo para el desarrollo de la ICCC, y que en la AP se goza de una posición de privilegio para efectuar la prevención primaria de este síndrome, este profesional sanitario debe estar dispuesto a asumir mayor protagonismo en el diagnóstico precoz, tratamiento, seguimiento y control de la enfermedad. Esta actitud, sin duda, causará una mejora en la asistencia prestada y en la calidad de vida de estos enfermos.




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