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PROGRAMA ANUAL
2002-2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

 

  

 

Tuberculosis

Tuberculosis y VIH

La epidemia del VIH ha cambiado la epidemiología de la tuberculosis en las últimas décadas, siendo el VIH el factor más importante para el desarrollo de la tuberculosis observado en los últimos siglos. Se estima que unos 500.000 casos de TB anuales a nivel mundial serían imputables al VIH, siendo la tuberculosis la patología oportunista más frecuente en los pacientes con sida de los países en vías de desarrollo y la principal causa de muerte entre los infectados por el VIH. De nuevo, las diferencias entre países se dejan ver cuando analizamos la magnitud del impacto de la coinfección TB/VIH.

En los países en vías de desarrollo, donde se acumulan el 95 por ciento de los coinfectados, ambas infecciones coinciden en los grupos etáreos más jóvenes (por debajo de los 50 años) con lo que ello supone de cara a la esperanza de vida y al impacto económico de ambas enfermedades y donde la transmisión del VIH es fundamentalmente heterosexual, afectándose sectores más amplios de unas sociedades que disponen de escasos recursos económicos para financiar el tratamiento del VIH. El impacto sobre los países ricos es presumiblemente más limitado por el hecho de que las dos poblaciones de infectados se distribuyen en grupos de edades diferentes (80 por ciento de los infectados por TB son mayores de 50 años mientras que el 85-90 por ciento de los infectados por VIH son menores de esa edad), la capacacidad económica que permite el tratamiento de la mayoría de los casos de VIH/sida y el hecho de que los mecanismos de transmisión esenciales del VIH continúan siendo el uso compartido de material de inyección de drogas de abuso y la transmisión homosexual. La situación de nuestro país es de nuevo impropia de los países de nuestro entorno. La edad de los infectados por el M. tuberculosis coincide con la de los casos de sida (25-34 años), somos el país europeo con las mayores tasas de esta enfermedad y de coinfección TBC/VIH; y el principal factor de riesgo de transmisión del VIH es el abuso de drogas inyectadas. Se estima que entre el 10 y el 15 por ciento de los casos de tuberculosis en España son atribuibles al sida (1.200-1.500 casos al año).

De esta situación epidemiológica parece concluirse que las personas afectadas por el VIH tienen un mayor riesgo de infectarse y de enfermar por el M. tuberculosis. El mayor riesgo de infección tuberculosa estaría condicionado por unas circunstancias vitales desarrolladas en un medio donde las posibilidades de entrar en contacto con el bacilo son mayores: mayor miseria, hacinamiento, higiene deficiente, conductas de riesgo... El mayor riesgo de enfermar viene condicionado, sin embargo, por factores inherentes al huésped: su inmunodepresión celular. Sabemos que el sida es el principal factor de riesgo para el desarrollo de la enfermedad tuberculosa (Tabla IV) y que los pacientes infectados por el VIH tienen un riesgo anual de desarrollar una tuberculosis activa del 8-10 por ciento; es decir, un 50 por ciento de los pacientes coinfectados desarrollaran una tuberculosis activa en 10 años, mientras que sólo el 10 por ciento de los pacientes infectados exclusivamente por el M. tuberculosis desarrollarán una tuberculosis activa a lo largo de toda su vida.

CLÍNICA

La presentación clínica de la tuberculosis en los pacientes infectados por el VIH depende del grado de inmunosupresión. En aquellos pacientes en los que no existe depresión de la inmunidad celular, los casos de enfermedad tuberculosa se producen por reactivación de una infección latente, y las manifestaciones clínicas y radiológicas resultan indistinguibles a las que presenta la población general. Sin embargo, cuando aparecen grados severos de inmunodepresión (CD4 < 200 mm3), el desarrollo de la enfermedad se produce por reinfección, siendo frecuentes las formas atípicas de presentación con clínica más inespecífica que en la población general (fiebre, astenia, pérdida de peso sin tos), y hasta un 60 por ciento de formas extrapulmonares: ganglionar, linfadenopática, multisistémica. Las radiografías torácicas pueden ser normales en los pacientes inmunodeprimidos o presentar solamente adenopatías hiliares o mediastínicas; la cavitación es poco frecuente.

DIAGNÓSTICO

La prueba de la tuberculina puede resultar negativa en presencia de enfermedad en pacientes con VIH, bien por la presencia de anergia cutánea bien por no haberse producido aún la conversión en aquellos casos que ocurren por infección reciente. Este aspecto debe tenerse siempre en cuenta ya que la negatividad del Mantoux no nos permite en ningún caso descartar una enfermedad tuberculosa, cuanto menos en un paciente inmunodeprimido. Las técnicas para el diagnóstico microbiológico de la tuberculosis en la población VIH son las mismas y con la misma rentabilidad que en la población general. Debe tenerse presente que en un pequeño porcentaje de enfermos tuberculosos los resultados del cultivo pueden resultar negativos por lo que cuando en un paciente VIH la sospecha clínica de infección tuberculosa sea muy alta, estaría justificada la implantación de un tratamiento empírico a pesar de obtener resultados inicialmente negativos.

TRATAMIENTO

Según las recomendaciones del Consejo Asesor Clínico del Plan Nacional sobre el sida, el tratamiento de la enfermedad tuberculosa de los pacientes con VIH debe realizarse mediante la pauta convencional con tres antituberculostáticos: isoniacida, rifampicina -o rifabutina- asociando pirazinamida durante los dos primeros meses. Se añadirá un cuarto fármaco -etambutol- en aquellos casos en los que exista sospecha clínica o epidemiológica de resistencia a isoniacida, o cuando la tasa de resistencias primarias a la isoniacida en la comunidad sean superiores a un 4 por ciento.

El tratamiento se prolongará durante 9 meses aunque las tendencias actuales parecen ir en el sentido de acortar el tratamiento a 6 meses, en aquellos casos en los que se obtuviera una adecuada respuesta clínica y bacteriológica y en los que se pudiera asegurar el cumplimiento del tratamiento por parte del paciente. Se debe emplear con precaución la rifampicina por su interacción con los inhibidores de la proteasa, siendo recomendable su sustitución por rifabutina. Así mismo, se debe tener presente en los pacientes en tratamiento con metadona, ya que al actuar la rifampicina como inductor enzimático del metabolismo de ésta, su uso concomitante obliga a efectuar modificaciones de las dosis de metadona, tanto al iniciar como al suspender el tratamiento con rifampicina. Entre las estrategias para mejorar el cumplimiento del tratamiento se recomienda emplear los tratamientos directamente observados, el uso de pautas intermitentes y el tratamiento de la dependencia a sustancias cuando esté presente.

QUIMIOPROFILAXIS



A los pacientes infectados por el VIH se les debe realizar un Mantoux que se interpretará como significativo de infección con cualquier grado de induración que aparezca. Los pacientes que presenten induración recibirán quimioprofilaxis independientemente de la edad (Tabla X). En los pacientes con un PPD de 0 mm, sería recomendable la demostración de la anergia cutánea, pero dado que esto no es posible en un buen número de casos, lo que se recomienda es indicar la quimioprofilaxis en aquellos que han tenido un contacto íntimo con un enfermo bacilífero. En estos pacientes podría repetirse la quimioprofilaxis cuando haya exposición reiterada e íntima a un paciente bacilífero. En cuanto a la duración, la recomendación actual de GEISIDA es que la pauta sea de 9 a 12 meses. Actualmente se dispone de pautas cortas de 2-3 meses con dos fármacos: isoniacida y rifampicina que han demostrado ser igualmente eficaces que pautas más largas con isoniacida sola (Tabla XVII).

 


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