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PROGRAMA ANUAL
2002-2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

 

  

Tuberculosis

Diagnóstico microbiológico

Como hemos visto, la reacción cutánea a la tuberculina nos proporciona información exclusivamente sobre la infección tuberculosa; su único valor de cara al diagnóstico de la enfermedad tuberculosa es el de aumentar el grado de sospecha suscitada por la clínica, pero una reacción no significativa de infección no nos ayuda a descartar la enfermedad. La radiología es una prueba de diagnóstico muy sensible en pacientes con clínica susceptible de tuberculosis, pero su especificidad es muy baja. Dicho ésto, el diagnóstico de certeza de enfermedad tuberculosa lo obtendremos a través del laboratorio de micobacterias y en concreto mediante el cultivo (Tabla VIII).

Para rentabilizar los resultados de las técnicas microbiológicas, es imprescindible que la recogida de muestras y su traslado al laboratorio se efectúen bajo condiciones adecuadas. Las instrucciones para una adecuada recogida del esputo se muestran en la Tabla IX. Es importante procesar siempre 2-3 muestras pues la rentabilidad diagnóstica del laboratorio aumenta, ya que en el caso de la tuberculosis pulmonar la eliminación de bacilos puede ser intermitente.


Cuando no se consiga el esputo mediante las maniobras de tos inducida, se empleará el clapping o los drenajes posturales. Si aún así no se consiguiera, está indicado derivar al paciente al segundo nivel para la inducción del esputo mediante aerosoles o el empleo de técnicas como el lavado gástrico (niños) o la fibrobroncoscopia.

A su llegada al laboratorio es necesaria una adecuada descontaminación de las muestras, previa a su extensión y cultivo, para evitar la presencia de bacterias contaminantes de crecimiento rápido, que podrían interferir en el crecimiento de las micobacterias. Tal descontaminación se puede obviar cuando las muestras son presumiblemente estériles por su origen (v.g. LCR, líquido sinovial). De igual modo, debemos tener presente en la interpretación de los resultados de las técnicas de tinción, la posible existencia de micobacterias saprófitas en determinadas muestras biológicas (heces, exudado vaginal...).

Los procedimientos de laboratorio en el diagnóstico, son los siguientes: la tinción específica de muestras clínicas, el aislamiento por cultivo, técnicas de identificación, el estudio de sensibilidades y técnicas de diagnóstico rápido por amplificación genética.

Tinción

Consiste en el examen directo de las muestras clínicas para la visualización de la micobacterias. Está basado en una característica común a todas las micobacterias: la ácido-alcohol resistencia de su pared lipídica. Básicamente se dispone de dos técnicas: la tinción de Ziehl-Neelsen y la Auramina que utiliza colorantes fluorescentes. Sus resultados son similares y están condicionados por el entrenamiento del observador, si bien la tinción con auramina resulta más rápida al permitirnos el uso de menos aumentos. La utilidad de la tinción estriba en que:

1. Aporta el diagnóstico de presunción cuando se observan bacilos ácido alcohol resistentes.
2. Informa sobre la infectividad, mayor cuanto mayor sea el número de bacilos por extensión.
3. Informa sobre la respuesta al tratamiento: un número decreciente de BAAR en sucesivas extensiones se interpretará como una respuesta adecuada al tratamiento.

Las limitaciones de esta técnica son las siguientes:

1. Sensibilidad limitada: requiere un elevado número de bacilos para que sean detectables y, dado que la expulsión de bacilos es discontinua, una tinción negativa no nos permite descartar enfermedad.
2. Especificidad limitada: la presencia de BAAR no nos confirma la enfermedad, pues podría tratarse de una micobacteria saprófita o de bacilos inviables. Por tanto, hablamos de diagnóstico de presunción, debiéndose proceder siempre al cultivo de las muestras recogidas.

Cultivo

Es la técnica de aislamiento e identificación por excelencia dado que es el test de laboratorio más sensible y, por tanto, su positividad nos ofrece el diagnóstico de certeza. En la actualidad se combina el uso de los medios sólidos clásicos (Lowenstein-Jensen, Middlebrook) con medios líquidos de lectura automática o semiautomática basados en métodos radiométricos, como la emisión de CO2 marcado con C14 (BACTEC) o métodos colorimétricos (MGIT). La principal aportación de los medios líquidos es la detección precoz del crecimiento del M. tuberculosis, acortando el tiempo necesario para el diagnóstico a 10 y 14 días, mientras que con los medios sólidos son necesarias entre 4 y 8 semanas. A pesar de su alta sensibilidad, la negatividad del cultivo en un paciente con clínica sugestiva no nos debe hacer descartar la enfermedad, dado que existen hasta un 5 por ciento de falsos negativos condicionados por la eliminación discontinua de bacilos, las condiciones de recogida inadecuada o los retrasos en el transporte y procesamiento de las muestras.

Técnicas de identificación

Existen métodos clásicos basados en las características morfológicas o bioquímicas de las colonias cultivadas, pero la aplicación de sondas de ADN constituye en la actualidad la técnica rápida de elección para la identificación de una micobacteria aislada de una muestra clínica como perteneciente al complejo tuberculosis, MAC o M. kansasi.

El estudio de sensibilidades está indicado en los pacientes que han recibido tratamiento previo, los fracasos terapéuticos, los casos con mala evolución clínica durante el tratamiento, aquellos en los que se sospecha multirresistencia, los infectados por el VIH. y cuando se presente un brote. También se realizan para la vigilancia epidemiológica de las resistencias.

Técnicas de diagnóstico rápido

Basadas en técnicas de amplificación genética de fragmentos de ADN o ARN. Aportan una mayor rapidez en el diagnóstico y mejoran la sensibilidad y especificidad (casi 100 por ciento) de las técnicas clásicas, sobre todo cuando se aplican directamente sobre muestras clínicas con baciloscopias positivas, en cuyo caso nos permiten establecer el diagnóstico. Sin embargo, no nos permiten descartar enfermedad cuando ofrecen un resultado negativo en muestras con baciloscopia negativa, pues en ellas baja su sensibilidad.


 





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