Abordaje
de la E.P.O.C. en la consulta de Atención Primaria
Diagnóstico
La importancia del
papel del médico de Atención Primaria en el diagnóstico
de la EPOC es fundamental.
Como hemos comentado anteriormente, la EPOC suele tener un inicio insidioso
y su evolución se caracteriza por la imparable tendencia hacia
el agravamiento con una característica fundamental de irreversibilidad,
por todo ello la identificación precoz del problema es una preocupación
de todos los tratados y revisiones que se ocupan del análisis
de la EPOC como problema de salud.
Precisamente por las circunstancias antedichas, podemos inferir que
será la consulta de Atención Primaria donde el paciente
va a acudir en primer lugar a exponer sus molestias y no a la consulta
del neumólogo, donde irá en casos más avanzados
y habitualmente con el diagnostico hecho.
Una anamnesis cuidadosa, un examen físico detallado y la realización
de una serie de pruebas complementarias básicas, generalmente
al alcance del médico de cabecera, van a posibilitar la filiación
del caso como EPOC.
En este apartado vamos a referirnos en exclusiva al abordaje diagnóstico
inicial de la enfermedad, dejando el de las reagudizaciones para otro
apartado posterior.
Anamnesis
Antecedentes
Familiares
Debemos preguntar por los posibles antecedentes de EPOC en edades tempranas,
sobre todo antes de los 50 años, pues su presencia y sobre todo
en ausencia de tabaquismo, puede ponernos sobre la pista de una EPOC
relacionada a un trastorno hereditario como por ejemplo un déficit
completo o parcial de alfa-1 antitripsina.
Otro tipo de trastornos hereditarios deberá ser investigado,
en relación a la lista de posibilidades citada en el apartado
de factores de riesgo intrínsecos.
Antecedentes
Personales
La anamnesis sobre antecedentes personales de tabaquismo es necesaria
en cualquier historia clínica pero en el caso de pacientes con
sospecha de patología pulmonar o EPOC, esta necesidad es absoluta.
Como sabemos, el efecto nocivo del tabaco es directamente proporcional
a la dosis total acumulada por lo que el registro deberá de manera
obligatoria recoger los datos referentes a la cantidad diaria de cigarrillos
consumidos y tiempo de duración del hábito tabáquico;
la mejor expresión que combina ambos datos es la de paquetes-año
(número de paquetes de cigarrillos fumados cada día multiplicado
por el número de años de fumador).
Síntomas
Los primeros estadíos de la enfermedad suelen ser asintomáticos
y la aparición de los primeros síntomas suele banalizarse
por parte del propio paciente y en ocasiones por parte del propio personal
sanitario, atribuyéndolo a infecciones leves de vías aéreas
bajas sin afectación de base; incluso los pacientes tienden a
justificar sus leves trastornos considerando los síntomas iniciales
como variaciones propias de la normalidad, reversibles y de escasa importancia
nociva, sin peligro evolutivo.
A continuación comentaremos aspectos relacionados con los síntomas
más frecuentes de aparición, citándolos en el orden
cronológico más común, aunque considerando como
veremos más adelante que según sea el tipo predominante
de EPOC, el paciente presentará antes, unos u otros.
Tos
Suele ser el síntoma más precoz, sobre todo en casos de
predominio de bronquitis crónica, con una evolución progresiva
a lo largo de los años, de inicio generalmente otoño-invernal,
para hacerse constante en fases más avanzadas.
En los primeros momentos puede ser intermitente y escasamente productiva,
para hacerse más constante y productiva con posterioridad. No
suele ser exclusivamente nocturna, siendo más frecuentemente
matutina.
Expectoración
En las fases de enfermedad estable suele ser mucosa o muco-salivar y
escasa; no suele exceder la cantidad total diaria de 30-40 ml salvo
que la EPOC coincida con la presencia de bronquiectasias. Se debe a
la hipersecreción bronquial propia de la enfermedad y es más
frecuente a primeras horas de la mañana.
En determinadas ocasiones los esputos pueden ser hemoptoicos (nunca
hemoptisis franca); aunque en estos casos la mayoría de las veces
se debe a la propia EPOC, es necesario descartar otros procesos como
tuberculosis pulmonar, carcinoma broncopulmonar, bronquiectasias, valvulopatías
mitrales asociadas o incluso reagudizaciones en fases iniciales.
Disnea
Es el síntoma que incomoda más al paciente y para el que
menos mecanismos individuales de adaptación consigue desarrollar
el enfermo ; por ello suele ser el síntoma que conduce al paciente
hacia la consulta de atención primaria, incluso en evoluciones
previas de años de tos y expectoración que no han precisado
atención sanitaria.
Excepto en algunos casos de enfisema que debutan con disnea como síntoma
inicial, suele presentarse después de padecer años de
tos productiva.
Puede definirse de manera algo imprecisa como la sensación subjetiva
de tener que realizar un trabajo respiratorio aumentado, esforzado y
consciente que produce una percepción desagradable en el paciente
y que en ocasiones puede asociarse a opresión torácica
motivada por la sobrecarga de los músculos respiratorios.
Es un síntoma difícil de objetivar, dependiendo de la
percepción propia del paciente por lo que se han desarrollado
sistemas para intentar extraer la carga de valoración subjetiva
del enfermo. Puede usarse un tipo de escala analógico visual
que presenta una regla dividida desde 0 (no disnea) hasta 10 (la disnea
mayor) para que el sujeto marque la cifra que mejor traduce la intensidad
de su síntoma de disneico.
Se utilizan también escalas clínicas que gradúan
la disnea según el nivel de requerimiento físico durante
la actividad o en la realización de tareas cotidianas que precisa
el paciente para que aparezca la disnea, variando desde el Grado 0 (no
disnea) hasta el Grado 4 (disnea de reposo).
La disnea suele ser el síntoma que mejor correlaciona la evolución
de la enfermedad, empeorando progresivamente de manera paralela a su
deterioro y progresión. Así se ha comprobado una relación
entre intensidad de disnea y función ventilatoria; como aproximación
podríamos establecer los siguientes datos enfrentados: si no
hay disnea, el FEV1 debe situarse por encima del 70 por ciento del valor
de referencia, si la disnea aparece con la realización de esfuerzos
moderados, el FEV1 deberá situarse en valores entre 50 por ciento
y 70 por ciento de los esperados y si la sensación disneica se
produce con mínimos esfuerzos, los valores obtenidos de FEV1
estarán de manera probable por debajo del 50 por ciento. En casos
de enfermedad avanzada, con disnea de reposo, los valores espirométricos
de FEV1 se situarán, con toda probabilidad por debajo del 30
por ciento de los valores esperados.
Otros síntomas
acompañantes menos frecuentes
Existe un grupo de síntomas menos frecuentes y específicos
que pueden aparecer durante el transcurso de la enfermedad. No suelen
coincidir todos pero es habitual que varios de ellos acompañan
a la tos, expectoración mucosa y disnea.
Entre los más comúnmente reconocibles podemos citar:
- Cefalea. Suele ser matutina y aparecer en fases avanzadas de la enfermedad
coincidiendo con la presencia de hipercapnia.
- Dolor torácico. Es poco frecuente y si aparece se relaciona
con la producciones de lesiones costales fruto de accesos de tos.
- Alteraciones neurológicas. Podemos reconocer casos de neuropatía
sensitiva periférica o neuropatía autonómica simpática
secundaria a hipoxemia.
- Respiración sibilante. Aunque no es un alteración específica
de la EPOC, el paciente puede referirnos la presencia habitual de respiración
ruidosa de tipo sibilante.
En todo caso, estos síntomas pueden encontrarse con mayor o menor
intensidad dependiendo de las características propias del individuo,
así como por la predominancia de cualquiera de los tipos de presentación
que la EPOC tiene.
Exploración
En primer lugar observaremos el estado nutricional del paciente. En
aquellos casos en los que la forma clínica predominante sea la
bronquitis crónica, podremos encontrar una tendencia al sobrepeso
y obesidad que produce un aumento del trabajo respiratorio con mayor
facilidad para presentar hipoventilación alveolar.
Por el contrario si la forma clínica predominante es el enfisema
pulmonar, la variación del estado nutricional va a dirigirse
a la aparición de un estado de adelgazamiento y desnutrición
que puede ocasionar un discreto balance funcional de la musculatura
respiratoria del paciente, empeorando la disnea.
La inspección revela una hiperinsuflación torácica
con aumento del diámetro anteroposterior del tórax, lo
que da aspecto al paciente de tórax en tonel. En aquellos casos
en los que el componente obstructivo ha evolucionado lo suficiente,
pueden aparecer datos que revelan un aumento del trabajo respiratorio,
como son aumento de la frecuencia de la respiración y uso de
la musculatura accesoria que llega incluso a precisar de un apoyo fijo
de las extremidades superiores, mejorando la dinámica muscular
de manera selectiva, utilizándola de manera exclusiva para ocuparse
de los movimientos respiratorios. También puede apreciarse tiraje
supraesternal en estadíos muy avanzados.
Es posible encontrar una hipersonoridad en caso de realizarse la cada
vez menos extendida percusión torácica.
La auscultación pulmonar pone de manifiesto dos tipos de hallazgos,
unos debidos a una disminución de la ventilación y por
ello una amortiguación de los ruidos respiratorios y otros a
la aparición de ruidos patológicos con roncus, sibilancias
y estertores crepitantes. Tras efectuar una tos profunda y productiva,
puede cambiar la localización e intensidad de los roncus y sibilancias
en los casos de predominio bronquítico. El dato auscultatorio
anormal más precoz suele ser la presencia de un alargamiento
de la fase espiratoria de la respiración. En los casos tipo enfisema
pulmonar puede encontrarse un murmullo vesicular disminuido con roncus
teleespiratorios.
Los cuadros de reagudización tienen sus hallazgos propios relacionados
con el empeoramiento de la situación clínica. En estadíos
avanzados de la enfermedad, incluso en fases intercríticas, podemos
observar cianosis, acropaquias y signos propios de insuficiencia cardíaca
derecha si ésta se hubiera asociado en el transcurso de la evolución
clínica, añadiéndose al cuadro clínico citado
la aparición de ingurgitación yugular, edemas periféricos
y hepatomegalia.
Si se hubiera asociado a la EPOC un componente importante de hipertensión
arterial pulmonar y cor pulmonale, sería posible encontrar en
la exploración, los datos propios de dichas complicaciones evolutivas.
Pruebas
complementarias
Pruebas de laboratorio

Vienen reflejadas en la Tabla IV.
Hemograma
En el hemograma suele encontrarse poliglobulia, producida por el estímulo
que la hipoxemia ejerce sobre la eritropoyetina. Puede alcanzar cifras
de hematocrito superiores al 60 por ciento y de hemoglobina superiores
a 19 g/l. La serie blanca no se afecta salvo que se asocie una situación
de infección respiratoria.
Ionograma
Puede reflejar varias alteraciones. La hipoxia e hipercapnia producen
una estimulación adrenérgica que modifica el flujo renal,
estimulando el sistema renina-angiotensina y provocando por ello una
retención de agua y sodio. En otras ocasiones puede producirse
hiponatremia por hemodilución, pues también la hipoxia
estimula la secreción de hormona antidiurética y liberación
de péptidos auriculares que contribuyen al aumento de la volemia.
En cuanto al potasio, suele revelar cifras normales o discretamente
descendidas en ocasiones como efecto adverso del tratamiento broncodilatador
con agonistas beta-2 adrenérgicos y diuréticos.
Hormonas
La afectación hormonal es variada y mediada generalmente por
los niveles de hipoxia e hipercapnia. Podemos encontrar cifras basales
bajas en el caso de LH, FSH y testosterona, niveles discretamente altos
de prolactina y aldosterona y variaciones en la respuesta de los tejidos
a las cifras generalmente normales de ACTH y TSH. Las hormonas tiroideas
no suelen variar pero el ocasional aumento de tiroxina en pacientes
con EPOC, agrava de manera evidente su disnea.
En los pacientes que cumplen criterios de sospecha de afectación
por déficit de alfa-1 antitripsina, deberá realizarse
al menos en una ocasión, estudio de sus niveles como comprobación
de la inexistencia del trastorno de déficit congénito.
En todo caso si se realiza proteinograma, deberá prestarse atención
a los bajos niveles del pico alfa-1-proteico.
Gasometría
La gasometría arterial nos aporta datos fundamentales obre la
eficacia del intercambio gaseoso pulmonar. No es necesaria para el diagnóstico
inicial de EPOC, aunque es útil para establecer la gravedad,
impresión pronóstica y necesidad de instauración
de terapeútica domiciliaria continua con oxígeno.
La hipoxemia suele aparecer en estadíos evolutivos de la enfermedad,
sobre todo en el caso de predominio bronquítico. Cuando las cifras
obtenidas de FEV1 se encuentran por debajo del litro, comienza a ser
lógica la aparición de hipercapnia, aunque en general
la correlación entre PaO2 y PaCO2 con las cifras espirométricas
de FEV1 no es buena.

La indicación para realizar una gasometría durante la
evolución de un paciente con EPOC no es unánime (Tabla
V). La ERS recomienda realizarla cuando las cifras de FEV1 descienden
por debajo de 69 por ciento de los valores esperados, mientras que el
criterio de la ATS es más conservador, recomendando su realización
en los casos con cifras inferiores a 49 por ciento del esperado.
En todo caso sería
conveniente realizarla cuando la pulsioximetría desciende por
debajo de cifras de saturación de oxígeno del 92 por ciento
y en pacientes con EPOC que sufren una reagudización moderada
o grave.
Radiología
simple de Tórax
La radiografía simple de tórax representa una ayuda fundamental
en el diagnóstico inicial y de las reagudizaciones de la EPOC.
Es menos útil para monitorizar la evolución de los cuadros
de EPOC en fase estable.
No se pueden citar signos patognomónicos que ayuden a separar
bronquitis crónica del enfisema pulmonar, pero sí algunos
hallazgos radiológicos que pueden orientar hacia una u otra entidad,
aunque lo más frecuente en la práctica sea encontrar un
patrón mixto.
Los datos radiológicos fundamentales en los casos con predominio
de bronquitis son:
- Aumento de la trama broncovascular con paredes bronquiales más
gruesas.
- Acentuación de la trama intersticial pulmonar
- Fibrosis pulmonar focal o atelectasias lobulares
- Aumento del tamaño de los hilios pulmonares.
- Disminución de las arterias pulmonares periféricas.
- Aumento de la tortuosidad de las arterias pulmonares.
- Borrosidad de los contornos de los vasos pulmonares.
- Segmentación del trayecto centro-periferia de los vasos pulmonares.
- Posible presencia de cardiomegalia debida al crecimiento de cavidades
derechas.
- Hipertensión arterial pulmonar con aumento del grosor de la
arteria pulmonar interlobar derecha.
En el caso de predominio de enfisema pulmonar, los datos radiológicos
serán los siguientes:
- Destrucción parenquimatosa con disminución de la trama
intersticial.
- Hiperinsuflación pulmonar:
- Aplanamiento de las cúpulas diafragmáticas.
- Aumento del espacio retroesternal (el Rx lateral de tórax).
- Acentuación de la cifosis dorsal.
- Horizontalización de los arcos costales.
- Aumento de los espacios intercostales.
- Formación de bullas mayores de 1 cm.
- Oligohemia:
- Ausencia de marcas vasculares.
- Reducción del calibre de los vasos.
- Obliteración de ramas vasculares.
- Pérdida de la tortuosidad normal de los vasos pulmonares.
- Pérdida de ramas colaterales vasculares.
- Aumento de la amplitud de los ángulos de ramificación
vascular.
- Redistribución del flujo sanguíneo a áreas pulmonares
"normales".
En relación a otras técnicas de diagnóstico por
imagen, podemos decir que aún cuando la TC torácica es
más sensible que la radiografía simple de tórax
para analizar la extensión y gravedad del enfisema así
como para la detección de alteraciones enfisematosas en estadíos
iniciales, no está indicada para el estudio básico de
la EPOC pues su coste supera claramente el beneficio y además
en la mayoría de los casos los datos que aporta no serán
indispensables para el establecimiento y manejo del tratamiento adecuado.
En todo caso puede ser útil si se sospecha la coexistencia de
bronquiectasias, bullas de tamaño moderado o en el estudio de
reagudizaciones o complicaciones.
Electrocardiografía
La afectación del ECG viene dada por la asociación en
el desarrollo evolutivo de la enfermedad, de trastornos ocasionados
por la hipertensión pulmonar, afectación de cavidades
derechas y cor pulmonale.
Los signos típicos de crecimiento ventricular derecho como onda
P superior a 0.25 mV en II,III y aVF, desviación del eje eléctrico
a la derecha, cociente R/S en V6 por encima de 1, onda R dominante de
V1 a V3 con onda T invertida y bloqueo de rama derecha, pueden tener
su reconocimiento dificultado por la hiperinsuflación pulmonar
que en ocasiones produce un cambio notable en la posición del
corazón.
Debido a la hipertensión pulmonar, dilatación de cavidades
derechas y cor pulmonale, pueden aparecer distintos tipos de arritmias,
sobre todo de origen supraventricular como extrasístoles aislados,
taquicardia multifocal auricular, taquicardia auricular con bloqueo
aurículo-ventricular y de manera más ocasional, arritmias
ventriculares.
Resumiendo de manera esquemática los principales datos anteriormente
expuestos, podemos esperar en el caso de una forma de presentación
de la EPOC con predominio clínico de bronquitis crónica,
la presencia de un enfermo de aspecto abotargado y puede que algo cianótico,
con sobrepeso o de hábito pícnico, que refiere cuadros
frecuentes de infección respiratoria y aqueja tos de larga evolución
con expectoración abundante de características macroscópicas
purulentas y una disnea leve de reciente aparición. Explorado
presentará una auscultación cardíaca con roncus
y sibilancias, una analítica con poliglobulia, moderada hipoxemia
e hipercapnia, una radiografía simple de tórax con aumento
de la trama broncovascular sobre todo en las bases y quizá cardiomegalia
a expensas de cavidades derechas y una frecuente tendencia evolutiva
hacia el cor pulmonale.
En el caso de predominio de enfisema pulmonar encontraremos un paciente
delgado, sonrosado, de hábito asténico con disnea presente
y tos de más reciente aparición con expectoración
aumentada aunque no tan abundante como en el anterior caso y de aspecto
mucoso o mucopurulento. La exploración revelará una auscultación
pulmonar con una espiración prolongada y una disminución
del murmullo vesicular, unos datos de laboratorio con normalidad en
la serie roja en el hemograma y una gasometría generalmente normal
excepto en fases avanzadas. El estudio radiológico presentará
una hiperinsuflación pulmonar acompañado en ocasiones
por bullas. La evolución cursa con poco frecuentes reagudizaciones
infecciosas y poca frecuencia de aparición de cor pulmonale.
Evidentemente encontrar pacientes que presenten los síntomas
de una de las dos presentaciones con carácter exclusivo es muy
difícil, siendo lo más habitual encontrar casos clínicos
a medio camino de ambos con discretas desviaciones hacia uno de los
dos extremos de las formas de presentación.
Exploración
funcional respiratoria
En las definiciones de la EPOC se ha mencionado de forma reiterada que
nos referimos a un grupo de situaciones clínicas que se caracterizan
por tener en común una limitación crónica al flujo
aéreo ; por ello constatar que existe esta limitación
es algo absolutamente imprescindible para establecer el diagnóstico
de la enfermedad.
Además la realización de un seguimiento del paciente con
repetición periódica de estas pruebas nos aportará
los datos necesarios para poder etiquetar la gravedad del cuadro, adscribiéndolo
a la categoría clasificatoria que los resultados de las pruebas
funcionales refieran, así como proporcionarnos datos de su evolución
y progresión y por ello suministrándonos datos fundamentales
para establecer un pronóstico.

La prueba funcional
preferida por su simplicidad y obtención de datos es la espirometría
(Tabla VI).
Ésta prueba posee unas características que la hacen imprescindible.
Es inocua, sencilla y fácilmente reproducible; no precisa un
aparataje caro y se realiza en un período de tiempo breve. Sin
introducir en éste apartado unas referencias más extensas
sobre indicaciones, contraindicaciones y condiciones de realización
de la prueba, si es obligado comentar que a pesar de su bondad, una
serie de problemas conocidos establecen una serie de condiciones de
obtención y análisis de los datos que restan en muchas
ocasiones la necesaria credibilidad y fiabilidad a la prueba.
Solo a título de comentario queremos citar las derivadas de la
estandarización del aparataje, calibración adecuada, correcta
realización mecánica de la prueba, condiciones mínimas
de adecuación del espacio físico, colaboración
adecuada del paciente, discrepancias en las tablas de valores normales
previstos en función de talla, sexo, edad y condiciones atmosféricas,
etc.
Aunque la espirometría es considerada en la EPOC, como la prueba
diagnóstica por excelencia, no se ha demostrado eficaz realizarla
de manera sistemática, reservándola para individuos con
factores de riesgo constatables.
Mediante la espirometría pueden determinarse un gran número
de parámetros respiratorios, pero no existe evidencia de que
proporcionen mucha más información útil que la
que proporcionan el FEV1, FVC y la relación entre ambos.
El parámetro fundamental a considerar es el FEV1, pues aunque
la FVC pueda estar algo disminuida, fruto del atrapamiento aéreo,
de manera más habitual suele ser normal. Por ello la relación
entre ambos valores (FEV1/ FVC) debe ser inferior al 70 por ciento.
o más correctamente expresado:
(FEV1 / FVC) x 1.000 < 70%
En una espiración forzada el flujo aéreo depende de la
presión espiratoria y de las resistencias que impiden el flujo
del aire. La presión espiratoria depende de la presión
intrapleural y de la presión de retracción elástica
pulmonar, por ello en la EPOC se produce una obstrucción al paso
del aire por las vías respiratorias, pues por un lado aumentan
las resistencias de las vías aéreas debido al estrechamiento
de su calibre por el edema, la hipersecreción de moco y la inflamación
de la mucosa y por otro se produce una alteración de la elasticidad
pulmonar fruto de la destrucción del parénquima alveolar.
En la dinámica de la ventilación existe un momento en
la espiración en la que las presiones del interior de las vías
aéreas y las presiones exteriores se igualan produciéndose
entonces, una tendencia al colapso del punto donde dichos gradientes
de presión se igualan. Este momento se denomina punto de igual
presión.
En condiciones normales, este punto se establece en un lugar de las
vías aéreas escasamente periférico, dotado de soporte
cartilaginoso por lo que el colapso de la vía aérea se
evita, pero en el caso de la EPOC éste punto se desplaza en sentido
periférico hacia los bronquiolos respiratorios, no dotados de
estructura cartilaginosa por lo que puede producirse en fases no avanzadas
de la espiración un colapso de las vías aéreas,
quedando por ello volúmenes respiratorios importantes sin expulsar.
Todo esto puede ponerse de manifiesto en la curva flujo-volumen de la
prueba funcional respiratoria forzada con una morfología cóncava
del asa espiratoria muy característica. En casos avanzados, esta
modificación puede ser tan clara que puede hacer disminuir desproporcionadamente
la FVC y por ello menos valorables las cifras obtenidas de la relación
FEV1/FVC. De manera normal, las cifras de FVC y de VC son similares
y por ello la relación de ambas con la FEV1 no entraña
variación significativa, pero en los casos como el precedente
en los que por el colapso de los bronquiolos respiratorios se afecta
de manera importante el FVC, sus cifras pueden hacerse significativamente
inferiores a las de VC por lo que ambos índices diferirían.
La curva flujo-volumen de igual manera puede aportar datos sobre los
flujos forzados al final de la espiración, que sirven para valorar
la posible afectación de las vías aéreas pequeñas
y por ello constituye un método precoz de detección de
la enfermedad en fases iniciales.
Para considerar una espirometría diagnóstica completa
es necesario realizar una prueba broncodilatadora.
Tiene como objetivo establecer la existencia o no de reversibilidad
de la obstrucción, tanto para servir como diagnóstico
diferencial con problemas de tipo obstructivo y claro componente significativo
de reversibilidad (ej. el asma bronquial), como para aún catalogando
el cuadro como de EPOC, establecer las posibilidades de discretos componentes
de reversibilidad parciales, no suficientes como para reconsiderar el
diagnóstico de EPOC pero sí interesantes para conocer
las mejores maneras de afrontar el manejo y tratamiento de los pacientes
afectos de EPOC.
Se realiza efectuando en primer lugar una espirometría basal
y administrando posteriormente un broncodilatador (agonista beta-dos
adrenérgico de acción rápida), por vía inhalatoria
y realizando una nueva espirometría trascurridos 10-15 minutos
del aporte del broncodilatador. Se considera que la prueba ha sido positiva,
es decir existe una reversibilidad positiva cuando las cifras de FEV1
han mejorado los resultados basales en un porcentaje de al menos un
10-15 por ciento. En caso contrario,la prueba de reversibilidad con
tratamiento broncodilatador sería negativa.
Recientemente la ERS ha precisado más el dato porcentual y absoluto
para considerar la prueba de broncodilatación como positiva dejando
las cifras de la siguiente manera:
Reversibilidad positiva:
- Incrementos del FEV1 y/o del FVC superiores al 12 por ciento
- Que los incrementos superen a los teóricos en al menos 200
ml.
Es necesario comentar que la interpretación de los resultados
de las pruebas de reversibilidad post-inhalación de broncodilatadores
es en ocasiones difícil.
En primer lugar se encuentran de manera ocasional cuadros de EPOC que
muestran variaciones de FEV1 y otros parámetros espirométricos,
mayores del 15-20 por ciento y por lo tanto son de difícil separación
de los pacientes con afecciones obstructivas reversibles tras administración
de broncodilatadores, como suele suceder en el asma bronquial.
En otros casos podemos encontrar pacientes en los que la valoración
aislada de la espirometría realizada para poner de manifiesto
la reversibilidad se hace complicada, como en aquellos pacientes asintomáticos
que presentan relaciones FEV1/VC por debajo del 95 por ciento de los
valores normales, pacientes con claro componente obstructivo pero que
muestran descensos similares de FEV1 y de FVC manteniendo pues, su relación
constante y normal, y por último en aquellos casos de pacientes
que presentan descensos de los flujos espiratorios máximos pero
no afectan las cifras de FEV1.
Según los estudios aportados, la seguridad del diagnóstico
de obstrucción cuando el porcentaje comparado de FEV1/FVC es
menor del 70 por ciento tiene una sensibilidad del 81 al 99 por ciento
y una especificidad bastante más variable, desde 38 al 98 por
ciento.
Clasificación
del paciente
Una vez establecido el diagnóstico de EPOC se hace necesario
clasificar al paciente, en función a su grado de afectación
y gravedad y así proporcionar una herramienta que pueda servir
para monitorizar la evolución del paciente en el tiempo, considerar
la emisión de un pronóstico y decidir cuestiones relacionadas
a la elección del tratamiento correcto según la fase evolutiva
y la progresión de la enfermedad.
Tal como sucede en la definición de EPOC, no existe unanimidad
para establecer una serie de categorías que dividan al paciente
en una u otra categoría en función de los datos espirométricos
obtenidos.
A continuación se exponen los criterios mantenidos por alguna
de las organizaciones científicas más prestigiosas.

La tendencia más actual es la clasificación estadiada
consensuada y facilitada por la iniciativa GOLD que divide la gravedad
de la EPOC en cuatro niveles que recogen aspectos clínicos, espirométricos
y evolutivos (Tabla VII).
Los estadios de
gravedad de la EPOC según la iniciativa GOLD dividen la enfermedad
en:
Estadio 0 o de
riesgo de EPOC
- Presencia de tos y expectoración crónica.
- Espirometría forzada normal.
Estadio I o de
EPOC leve
- Limitación leve al flujo aéreo:
- FEV1/FVC < 70 por ciento.
- FEV1 > 80 por ciento.
- Tos y expectoración crónicas.
Estadio II o
de EPOC moderada
- Empeoramiento de la obstrucción aérea.
- Estadio IIa: FEV1 50-80 por ciento.
- Estadio IIb: FEV1 30-50 por ciento.
- Disnea de esfuerzo.
Estadio III o
de epoc severa
- Espirometría: FEV1 < 30 por ciento.
- Presencia de complicaciones:
- Insuficiencia respiratoria (Pa O2 < 60)
- Insuficiencia cardíaca derecha
- Reagudizaciones frecuentes
Una vez efectuado el diagnóstico de EPOC y clasificado según
el estadio evolutivo anterior, la demanda más frecuente del paciente
en nuestras consultas, además de las medidas terapeúticas,
suele ser el comentario sobre el pronóstico. Sabemos que la EPOC
es una enfermedad progresiva aunque de evolución generalmente
lenta. Los síntomas van progresivamente apareciendo, desde los
más iniciales como tos y expectoración mucosa hasta la
disnea, más tardía habitualmente de presentación,
todo ello influído por la forma predominante de presentación
clínica.
En todo caso, la aparición de infecciones respiratorias asociadas
salpicará con mayor o menor frecuencia la evolución natural
de la enfermedad que sin tratamiento, conduce a la aparición
de complicaciones habituales como insuficiencia respiratoria, insuficiencia
cardíaca derecha y cor pulmonale.
Una de las mayores preocupaciones de nuestros pacientes, sobre todo
en los que se encuentran en estadio I o II, son las matizaciones referidas
al grado de progresión de la enfermedad. En este sentido es fundamental
aplicar los conocimientos derivados de los descubrimientos de Flectcher.
En los pacientes con una EPOC, el descenso anual del FEV1 es mucho más
intenso que el que se produce en el resto de las personas, aunque no
suele ser uniforme en el tiempo ni igual en todas las fases evolutivas
de la enfermedad.En la EPOC moderada y leve, la caída del FEV1
es bastante rápida, mientras que en las fases más avanzadas
se vuelve más lenta.
El grupo de los fumadores susceptibles al humo del tabaco presentan
un descenso mayor y más rápido de las cifras de FEV1,
además aquellos que dejaban de fumar no recuperaban la parte
perdida de la función pulmonar, aunque el ritmo de caída
del FEV1 a partir de ese momento, se igualaba con el de los no fumadores.
Si en un adulto no fumador, sabemos que el ritmo de pérdida fisiológica
anual de sus cifras de FEV1 será de alrededor de 25 ml/año,
en el caso de los fumadores susceptibles éste ritmo se multiplica,
alcanzando cifras de entre 50 y 100 ml/año.
Así pues es fundamental, como más adelante comentaremos,
dejar bien claro al paciente de EPOC la clara relación que existe
entre tabaquismo y EPOC, no solo en el origen sino en la progresión
de la enfermedad y que además de nunca ser tarde para abandonar
el hábito tabáquico, cuanto más precoz sea esta
iniciativa y consecución adecuada, mayores serán los beneficios.
| Sumario
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