Abordaje
de la E.P.O.C. en la consulta de Atención Primaria
Exacerbación
de la epoc
No existe una definición
aceptada de manera unánime para referirnos al concepto de exarcebación
de EPOC.
Esta no es una cuestión sin importancia pues como veremos, dependiendo
de su definición y de las causas que pretendidamente invoquemos
para justificar su aparición, enfocaremos el problema de su abordaje
terapeútico.
La ERS en 1998 propuso una definición descriptiva en la que se
decía que exacerbación de EPOC "era un episodio agudo
que deteriora la situación estable de la EPOC con: incremento
de disnea, disminución del rendimiento diario, con o sin cambios
en la cantidad y color del esputo, tos o temperatura y/o alteraciones
del estado mental.
Como puede observarse, ésta definición hace más
hincapié en alteraciones de la calidad de vida que en otros síntomas
clásicos como tos, expectoración o fiebre.
Posteriormente en una nueva reunión, celebrada en el año
2000, se propuso como definición global de exacerbación
la siguiente:
"Un empeoramiento mantenido del paciente respecto de su situación
basal, más allá de la variabilidad diaria, de comienzo
agudo y que requiere un cambio en la medicación habitual."
El riesgo potencial de sufrir una exacerbación aumenta progresivamente,
de manera proporcional al deterioro pulmonar que la evolución
de la enfermedad produce, por ello en estadios precoces las causas de
exacerbación necesitarán una mayor carga patogénica,
evolucionando hasta situaciones muy avanzadas en las que prácticamente
cualquier problema clínico sobreañadido puede desencadenar
una exacerbación de la EPOC.

A continuación
repasaremos de manera sucinta las causas más frecuentes (Tabla
VIII):
Infecciones
respiratorias

Las infecciones respiratorias son responsables de cifras de alrededor
de un 50 por ciento de las exacerbaciones de la EPOC con una distribución
aproximada de un 35 por ciento para infecciones de etiología
bacteriana y un 15 por ciento de infección vírica (Tabla
IX).
En individuos no afectos de EPOC, las bacterias no colonizan el árbol
traqueobronquial debido a la acción protectora desarrollada por
el aclaramiento mucociliar y por la acción fagocitaria, pero
en el caso de pacientes de EPOC, éstas funciones están
atenuadas, a lo que se suman determinados trastornos locales, por todo
lo cual se produce una colonización de la mucosa respiratoria
debido a una serie de gérmenes que habitualmente no deben encontrarse.
Los estadios avanzados de la enfermedad y el tabaquismo favorecen la
colonización de la mucosa por mayor hiperplasia de las células
epiteliales y una afectación mayor del aclaramiento mucociliar
de los microorganismos, por lo que las bacterias sobreviven y proliferan
en la superficie del moco y en el epitelio bronquial. Además
determinadas bacterias presentan en su superficie unas adhesinas que
favorecen la colonización, por medio de la acción de proteínas
de superficie bacterianas que se unen a receptores específicos
de las propias células huésped, como sucede por ejemplo
en el caso de la colonización por Streptococcus Pneumoniae.
Ahora bien la colonización habitual de la mucosa por bacterias,
no quiere decir que exista exacerbación de origen infeccioso
bacteriano. Esta se produce cuando aumenta la carga bacteriana, estableciéndose
un desequilibrio con la inestable situación previa de colonización.
En el caso de infecciones por virus, es importante conocer que pueden
actuar como favorecedores de una infección bacteriana secundaria.
Dada la trascendencia de establecer la etiología infecciosa de
los cuadros de exacerbación de EPOC para añadir un antibiótico
al tratamiento de la descompensación y teniendo en cuenta que
esta pretensión debe resolverse de manera empírica en
el ámbito de la Atención Primaria, se intentó establecer
algún tipo de criterio clínico para distinguir si la agudización
se debía a infección y en este caso poder diferenciar
si era vírica o bacteriana.
El clásico trabajo de Anthonisen (1987), vino a responder parcialmente
a esta cuestión. Estudiando la presencia de síntomas como
tos, expectoración y disnea y su respuesta frente a antibióticos
y placebo (Tabla X).

En base a ello infiere que el tipo I tiene una alta probabilidad de
estar originado por una infección bacteriana, el tipo II tiene
una moderada posibilidad de etiología bacteriana y el tipo III
es poco probable que sea de origen infeccioso bacteriano. Los tipos
II y III probablemente tienen un origen vírico o por factores
no infecciosos.
En su estudio en relación al uso enfrentado de antibióticos
y placebo, se observó en el tipo I una clara superioridad del
tratamiento con antibióticos, en el tipo II una discreta ventaja
para los resultados obtenidos en pacientes tratados con antibióticos,
siendo ésta ventaja nula en el caso de pacientes con sintomatología
propia del tipo III.
Los resultados obtenidos en este trabajo han sido criticados con posterioridad
en varios estudios que usaron técnicas de correlación
clínico-bacteriológicas mediante el empleo de cepillaje
telescopado estéril por medio de fibrobroncoscopia. En estos
estudios, los pacientes que presentaban los tres criterios referidos,
solo podían adscribirse en un 44-67 por ciento a casos de infección
con aislamiento de gérmenes. A pesar de todo, en este momento
sigue dándose importancia a las recomendaciones de Anthonisen,
por lo que en la exacerbación de posible etiología infecciosa
podemos encontrar una combinación de síntomas como aumento
de la expectoración, purulencia del moco expulsado y aumento
de la disnea de tal manera que la probabilidad de origen bacteriano
será alta cuándo coincidan las tres alteraciones, moderada
si dos y escasa si sólo aparece una de ellas, aunque sea la disnea.
Alteraciones
funcionales cardíacas
La insuficiencia cardíaca puede precipitar la aparición
de una exacerbación de la EPOC, aunque también puede producirse
al revés.
La insuficiencia cardíaca izquierda puede precipitar la descompensación
de una EPOC estable, sospechándose esta situación ante
la presencia de una disnea desproporcionada para el nivel de afectación
de la función pulmonar.
Tromboembolismo
pulmonar
Su frecuencia es alta, en torno al 20-40 por ciento y constituye un
situación de alto riesgo para un enfermo con EPOC. La existencia
de cor pulmonale o inmovilización del paciente, incrementan de
manera notable el riesgo, mucho más que la existencia de policitemia.
Puede presentarse de manera aguda, con disnea intensa y de instauración
brusca, en ocasiones con dolor torácico.
En otras ocasiones el comienzo es más insidioso, con empeoramiento
de la disnea previa que no mejora con el uso de broncodilatadores, alteraciones
progresivamente mayores de la gasometría, con hipoxemia e hipocapnia
en pacientes que previamente han tenido normales o altas las cifras
de pCO2.
Pueden encontrarse datos en el ECG sugerentes de sobrecarga del corazón
derecho y en ocasiones más raras signos de trombosis venosa periférica,
dolor pleurítico y roce pleural.
En todo caso el diagnóstico es difícil.
Neumotórax
Aunque es poco frecuente, su gravedad es alta. Origina un colapso pulmonar
en el hemitórax afecto, incrementando las previamente altas presiones
arteriales, por compresión vascular directa y contracción
hipóxica de los vasos del hemitórax dañado.
El diagnóstico suele ser fácil si aparece el cortejo sintomático
habitual con dolores punta de costado, disnea y manifestaciones de bajo
gasto. En la exploración podremos observar una auscultación
con disminución o abolición del murmullo vesicular. En
la gasometría suele presentarse un empeoramiento de la situación
previa, y radiológicamente se confirmará la sospecha.
Uso de analgésicos
narcóticos y sedantes-hipnóticos
Su uso puede ocasionar una depresión del centro respiratorio
en personas con insuficiencia respiratoria.
Factores ambientales
Niveles ambientales altos de SO2, CO2, y NO2 aumentan la asistencia
de pacientes con EPOC a los servicios de urgencia por aumentos de su
sintomatología previa pero no está claro que estas alteraciones
por sí solas puedan provocar una exacerbación.
Trastornos metabólicos
En pacientes con EPOC, cuadros que produzcan aumento del consumo de
oxígeno o aumento de la producción de anhídrido
carbónico, pueden conducir al comienzo de una exacerbación.
Ejemplo de estos procesos tenemos la cirugía, sepsis y cuadros
febriles.
En otras ocasiones el empleo poco cuidadoso de diuréticos puede
inducir una alcalosis metabólica con depresión del estímulo
ventilatorio.
Alteraciones en los niveles séricos de magnesio, potasio o fosfato
son capaces de provocar trastornos neuromusculares con hipotonía
de los músculos motores de la ventilación y por ello y
mediante un trabajo muscular deficiente, inducir la aparición
de una exacerbación.
Incumplimiento
del tratamiento
Es un factor de gran importancia, frecuente y al que quizá no
se responsabiliza lo suficiente.
Está influido por factores como:
- Múltiples tratamientos coincidentes por otras comorbilidades.
- Comorbilidad.
- Intolerancia gástrica a determinadas medicaciones.
- Persistencia del tabaquismo.
- Intolerancia a los dispositivos de distribución de oxígeno.
- Motivaciones económicas.
- Rechazo e inhabilidad en el uso de dispositivos de inhalación.
Cirugía
tóraco-abdominal
Supone un importante riesgo añadido. El riesgo es mayor en relación
a la mayor afectación funcional previa y a la proximidad del
campo operatorio al tórax y sobre todo al diafragma.
El máximo riesgo corresponde a la cirugía torácica
de exéresis, después a la cirugía torácica
sin exéresis, a la cirugía del piso abdominal superior
y finalmente al resto.
El riesgo es especialmente alto cuando se va a realizar cirugía
torácica en pacientes que tienen cifras de CV por debajo de 50
por ciento y FEV 1 por debajo del 50 por ciento.
Existen otras causas desencadenantes que sólo citamos como derrame
pleural, neoplasias pulmonares, obstrucción de las vías
aéreas altas, traumatismos costales o vertebrales, disminución
de la potencia muscular, patología abdominal, anemia, alteraciones
tiroideas, etc.
Complicaciones
Vamos a referirnos a las dos complicaciones que en el curso evolutivo
de la enfermedad, pueden ocasionar situaciones de mayor riesgo:
- Insuficiencia respiratoria aguda.
- Cor pulmonale.
Insuficiencia
respiratoria aguda
Tiene un diagnóstico analítico, basado en el hallazgo
de cifras gasométricas con una PaO2 inferior a 60 mm Hg y/o una
PaCO2 superior a 50 mm Hg, en un paciente que previamente respire aire
ambiente.
Analizando los valores obtenidos de pH podemos inferir la rapidez con
la que se ha instaurado la complicación; en aquellos casos en
los que las cifras de pH están alteradas, podemos pensar en una
falta de adaptación del organismo por la rapidez de instauración
produciéndose en estos casos una acidosis; en aquellos casos
en los que las cifras de pH se encuentran normales, es fundado pensar
que las maniobras adaptativas y compensadoras han funcionado, tamponando
la variación.
Los síntomas que puede presentar el paciente tendrán clara
relación con la alteración gasométrica:
- Derivados de la hipoxemia e hipercapnia:
Aumento de la disnea, incoordinación motora, somnolencia, cianosis,
taquicardia e hipertensión (respuesta simpática). En ocasiones
puede encontrarse bradicardia e hipotensión por descompensación
simpática.
- Derivados de la acidosis:
La reducción del pH arterial puede provocar la aparición
de arritmias cardíacas y tendencia a una fácil inestabilidad
hemodinámica.
- Derivados de la insuficiencia cardíaca congestiva:
Sobre todo destacan la presencia de edema periférico, hepatomegalia,
reflujo hepatoyugular, estertores inspiratorios difusos basales y en
la auscultación cardíaca, una posible aparición
de ritmo de galope.
- Derivados de la exacerbación (si se produce):
Puede asociar exacerbación de probable origen infeccioso, añadiéndose
entonces, la sintomatología propia del caso.
Para completar el diagnóstico será necesario realizar
las pruebas analíticas con gasometría, radiológicas
y electrocardiográficas que confirmen los datos clínicos
y fisiopatológicos anteriormente comentados.
Cor pulmonale
Podemos definirlo como la alteración de la función y estructura
del ventrículo derecho, debido a la alteración de la función
y estructura pulmonar. Incluye la alteración del parénquima,
vasos pulmonares, caja torácica y centros respiratorios que ocasionan
dilatación o hipertrofia del ventrículo derecho del corazón.
Está producido por la hipertensión pulmonar a la que se
llega por la vasoconstricción y reducción del lecho vascular
pulmonar.
Las resistencias vasculares pulmonares y la presión en la arteria
pulmonar están aumentadas, manteniendo un gasto cardíaco
normal o aumentado, a menos que entre en fallo cardíaco. El ventrículo
derecho como consecuencia del aumento de la postcarga, se dilata y si
se mantiene, se hipertrofia pudiendo llevar a un fallo cardíaco.
Clínicamente vamos a observar la aparición de síntomas
que corresponden a los de un fallo derecho, como son disnea o aumento
de la previa y edemas.
En la exploración hallaremos ingurgitación yugular, hepatomegalia,
reflujo hepatoyugular, auscultación de un segundo ruido reforzado
e incluso desdoblamiento paradójico (es decir en espiración).
Puede existir una tendencia a sufrir hemorragias conjuntivales recidivantes
por estasis venoso así como pulso paradójico como resultado
del aumento de la presión intratorácica.
El diagnóstico se completará con la realización
de pruebas complementarias de las que comentamos brevemente:
Analítica:
Puede existir poliglobulia y es previsible encontrar hipoxemia e hipercapnia.
Radiología simple de tórax:
Mostrará signos de EPOC avanzada, además de cardiomegalia
y signos de hipertensión pulmonar precapilar (aumento del diámetro
de la arteria pulmonar intermediaria derecha mayor de 15-20 mm con pérdida
de vasos periféricos) e hipertensión venosa pulmonar (aumento
de la vascularización en los vértices pulmonares)
Electrocardiografía:
Siguen teniendo importancia los llamados criterios diagnósticos
de cor pulmonale de Murphy:
- eje QRS > 100º
- S1 S2 S3, S1 Q3 y S>R en V6
El diagnóstico se complementará con la realización
de ecocardiograma y en ocasiones, cateterismo derecho.
TRATAMIENTO
El manejo de la enfermedad se basa en el seguimiento de un programa
terapeútico apropiado, instaurado de manera secuencial, con alternativas
según respuesta y evolución, con una serie de medidas
concretas, amplias y multidisciplinares que considera la repercusión
que éste tiene sobre el paciente y su entorno familiar.
El ámbito de aplicación suele ser ambulatorio y domiciliario
con las excepciones propias de las situaciones de exacerbación
que precisen ingreso hospitalario o la aparición de complicaciones
graves de tipo insuficiencia respiratoria aguda a cor pulmonale en fase
de descompensación.
Objetivos

Los objetivos del tratamiento intentan satisfacer de la manera más
eficaz posible las siguientes cuestiones (Tabla XI):
Frenar la progresión
de la enfermedad
En este sentido la actuación estrella será la consecución
de un plan irrenunciable por parte del personal sanitario: el abandono
del hábito tabáquico.
No repetimos por ya comentadas la serie de datos que avalan esta recomendación,
aunque posteriormente nos referiremos a diversas estrategias de ayuda
para intentar cumplir este fundamental requisito que evita la progresión
inexorable y rápida de la enfermedad.
En este mismo sentido van otras actuaciones terapeúticas como
la indicación de oxigenoterapia domiciliaria, tratamiento broncodilatador
y antinflamatorio.
Aliviar los síntomas
del paciente
Es el aspecto que evidentemente más aprecia el paciente y debe
servir para reafirmar la voluntad del médico en el sentido de
lograr que las medidas encaminadas a frenar la progresión, se
lleven a cabo.
El tratamiento sintomático debe establecerse de manera escalonada
dada la cronicidad del proceso.

Su organización se estructurará en función de una
serie de parámetros relacionados con el nivel de afectación
y progresión de la enfermedad, la tolerancia del paciente al
uso de los fármacos y la respuesta obtenida tras un tiempo suficiente
para valorar la acción terapeútica (Tabla XII).

Con todo ello buscamos reducir o eliminar el cortejo sintomático
que molesta al paciente en los primeros estadios y afecta gravemente
a la calidad de vida del afectado en estadios más avanzados.
Para ello recurrimos entre otros a tratamientos broncodilatadores, fármacos
que reduzcan la inflamación que sabemos se encuentra en vías
aéreas y parénquima, y sustancias que disminuyan los síntomas
de tos y aumento de la expectoración (Tabla XIII).
Todas éstas acciones tienen un claro reflejo en la mejora de
la calidad de vida del paciente y de su mejor tolerancia al esfuerzo.
Prevención y tratamiento de las posibles complicaciones
Ya hemos comentado la gravedad de la aparición de complicaciones
y la repercusión que ello tiene sobre la progresión de
la enfermedad. Por ello es necesario establecer una serie de acciones
y procedimientos que intenten evitar la aparición de todas las
complicaciones pero especialmente las relacionadas a exacerbaciones
de la EPOC, aparición de insuficiencia respiratoria aguda y cor
pulmonale.
Medidas
generales
Son medidas fundamentales, básicas, de instauración general,
independientes del estadío y que conviene que sean comprendidas
por el paciente, su entorno familiar y en muchos casos extendidas a
la población general como factor preventivo indudable, ligado
a las tareas de educación sanitaria, como elementos de salud
pública dirigidos principalmente a la disminución del
número de fumadores.
Entre ellas comentaremos:
Abandono del
hábito tabáquico
El abandono del hábito tabaquico debe ser la primera y más
importante medida terapeútica en todos los pacientes afectos
de EPOC.
El beneficio se puede percibir de manera rápida como una mejora
de los síntomas, con reducción de la molesta tos y una
disminución de la producción de secreciones bronquiales
y del esputo. En algunos pacientes puede ponerse en evidencia una ligera
mejora del FEV1. Por todo ello se atenúan los síntomas,
mejora la calidad de vida y se produce una mayor tolerancia al ejercicio,
todo lo cual es percibido por el paciente. Además conocemos que
en grupo de ellos, sobre todo los llamados suceptibles, que tienen una
tendencia a la progresión rápida superior al del resto
de pacientes, se produce un frenado a la evolución que mejora
su pronóstico de manera significativa.
El médico ejerce un papel en el tratamiento y prevención
del tabaquismo a través del cumplimiento de cuatro tipos de funciones:
Función
modélica
La mejor manera de demostrar a la población general que el hábito
de fumar es una costumbre nociva es que el propio profesional sanitario
no fume.
En éste sentido hay autores que recomiendan acompañar
ésta determinación con el cumplimiento de una serie de
recomendaciones para la vida cotidiana como no aceptar regalos relacionados
con el tabaco, cumplir y hacer cumplir estrictamente la normativa que
impide fumar en recintos sanitarios y facilitar la difusión de
programas y actuaciones preventivas dirigidas a extender el conocimiento
sobre los peligros del tabaquismo.
Éstas actividades deben desarrollarse no sólo en consulta
sino procurar extenderlas al ámbito escolar, laboral, deportivo,
público e institucional.

Función
educadora
Fundamentada y supeditada al consejo médico de abandono del hábito
tabáquico (Tabla XIV). Para conseguir que el consejo sea efectivo,
es recomendable seguir una serie de requisitos:
Seriedad
Aunque la forma de trasmitir el consejo debe ser amigable y realizada
en un entorno cómodo para el paciente, el médico debe
utilizar un tono de firmeza y seriedad en el consejo que no deje lugar
a dudas sobre la importancia que el abandono del tabaco tiene para el
paciente.
Sencillez
Debemos utilizar un lenguaje abigarrado, oscuro o plagado de tecnicismos
que dificultarán el entendimiento correcto del mensaje.
Brevedad
Aunque el mensaje debe tener la importancia que requiere y ésta
importancia debe quedar claramente explicitada, sin embargo la duración
del mensaje debe ser corta, no superior a 3 o 4 minutos, salvo que se
amplíe por la contestación de dudas o preguntas realizadas
por el paciente.
Individualización
Es la característica más importante del consejo médico.
Debe hacer más precisión sobre los aspectos positivos
del abandono del hábito que sobre los negativos de su permanencia,
aunque éstos deben quedar suficientemente claros. La eficacia
del consejo, se ve incrementada de manera significativa si se complementa
con otras acciones como entrega de folletos informativos, establecimiento
de un programa pautado y aceptado de seguimiento ya sea de presencia
física o telefónico y en otras ocasiones, programas de
refuerzo del consejo por correo.
Función
social
Fundamentada en la constante actitud que los médicos deben desarrollar
para extender la imagen negativa del tabaco en todos los foros, ambientes
y actividades sociales que desarrollen, colaborando de manera decidida
en cuantas actividades de tipo social, deportivo y lúdico, se
organicen como tarea favorecedora de la salud pública.
Función
terapeútica
Se refiere al abordaje de apoyo sistematizado que el fumador precisa
por parte del médico, que una vez individualizado y desarrollado,
tiene como objetivo, conseguir el abandono del tabaquismo activo. Trataremos
de ello en las siguientes líneas.
En la actual situación asistencial, la actuación se orienta
principalmente hacia la promoción de un cambio de actitud del
paciente, con un posterior cambio de conducta y su mantenimiento en
el tiempo. Por ello tiene gran trascendencia el establecimiento de esas
medidas en el ámbito más habitual y cómodo para
el paciente, consiguiendo una mayor efectividad. Todo ello se puede
lograr desde la consulta de atención primaria.
A pesar de lo anteriormente referido, también es conveniente
recordar algunos de las principales obstáculos que jalonan las
actividades y actitudes frente a la determinación de abandono
del tabaquismo:
- El paciente puede rechazarlo como toma de conciencia negativa frente
a la instauración de un "tratamiento" que cree no precisa,
acompañándolo de una baja disposición a responsabilizarse
de su propia salud.
- El médico puede obviarlo por la baja tasa de éxitos
obtenidos en su desarrollo o por una insuficiente motivación
y disponibilidad de recursos.
El sistema sanitario y social puede dificultarlo por la priorización
equivocada hacia otros problemas más específicos (hipertensión,
diabetes, hiperlipidemias, etc) que generan demandas puntuales, olvidando
aquellas que tienen menos demanda específica.
El médico debe considerar que el abandono del tabaco es un proceso
activo en el que pueden clásicamente describirse cuatro fases:
Fase de precontemplación
Son aquellos que no piensan cambiar su conducta en un plazo de seis
meses. Son individuos en los que pesan más las circunstancias
negativas que el estímulo positivo para dejar de fumar. Se caracterizan
por tener mala información, no quieren hablar de sus costumbres
tabáquicas y no desean dejarlas en ese momento.
Fase de contemplación
Son los que piensan cambiar su hábito en los próximos
seis meses. Suelen haberlo intentado en otras ocasiones, sin éxito.
Tienen información sobre los perjuicios del tabaco y por ello
intentan abandonarlo, aumentando su frustración tras cada fracaso.
Pueden llegar a entrar en una fase de contemplación crónica
en la que de manera habitual piensan dejar de fumar pero no hacen nada
para conseguirlo.
Fase de preparación
Se plantean dejar el tabaco en el próximo mes. Suelen haber fracasado
anteriormente pero en ese momento es encuentran firmemente decididos
a volver a intentarlo.
Fase de acción
y mantenimiento
La fase de acción se caracteriza por el abandono del tabaco en
un período que aún no ha superado los seis meses.
Por encima de los seis meses decimos que se encuentra en fase de mantenimiento.

Antes de comentar
a un paciente la posibilidad de instaurar una serie de medidas encaminadas
al abandono del tabaco, es necesario averiguar en qué fase de
las anteriormente comentadas se encuentra. Para ello efectuaremos una
batería de preguntas estandarizadas que nos darán idea
de la situación real actual de la voluntad del paciente para
intentar abandonar el tabaco de manera definitiva (Tabla XVI).
Enfoque terapeútico
de las diferentes fases
Una vez que el diagnóstico se ha realizado y conocemos la fase
de abandono en la que se encuentra el paciente, por medio de la respuesta
del cuestionario referido, el médico debe instaurar el tratamiento
oportuno, estableciendo unos objetivos previos que serán diferentes
según la fase:
Actitud terapeútica
en fase de precontemplación
El objetivo fundamental de esta fase será, proporcionar al fumador
aquellos argumentos que precise para aumentar su motivación y
promover su estado al de fases más avanzadas.
La actuación básica es el suministro de información
adecuada, con las premisas que se comentaron previamente y que esté
suficientemente contrastada para que el paciente aprecie la base científica
de los argumentos. La información oral debe completarse con información
escrita o visual.
Actitud terapeútica
en fase de contemplación
Debemos en esta fase aumentar la confianza y autoestima del fumador,
que ya ha fracasado anteriormente en su intento de abandono del tabaco.
La actitud debe ser optimista y se debe concretar en la oferta del consejo
médico completada con guías prácticas sobre el
tema.
Es fundamental intentar identificar los problemas que detectó
en anteriores intentos para lograr encontrar soluciones previas.
Actitud terapeútica
en fase de contemplación crónica
Debemos intentar que abandonen el victimismo y cambien su conducta contemplativa
por una actitud positiva y dinámica.
Como técnicas útiles para ayudar a promover el cambio
de actitud se encuentran las de proponer abandonos de un día
como prueba, retrasar lo más posible el primer cigarrillo del
día o reducir el consumo total del día hasta 10 cigarrillos
o menos ; cuando el fumador consigue alguno de estos tres propósitos
durante un mes, podemos situarlo en la fase de preparación.
Actitud terapeútica
en fase de preparación
Los fumadores incluidos en esta categoría de postura frente al
abandono del tabaco, son pacientes que tienen intención inmediata
de comenzar un programa o intento de abandono del tabaco.
Nuestra actitud deberá ser como en el caso de pacientes en fase
de contemplación crónica, procurarles toda la ayuda que
necesitan para conseguir el abandono definitivo del tabaco, pero en
este caso se añaden dos necesidades básicas:
- Establecer la fecha de inicio del abandono del tabaco. Para ello el
médico debe dirigir el proceso estableciendo una sistemática
y procurando orientación práctica. Así, deberá
dejar que la fecha definitiva la elija el paciente pero en presencia
del médico que a su vez lo anotará en la historia clínica,
aconsejándole siempre que busque fechas en las que no vaya a
haber celebraciones, actos sociales, épocas de exceso de trabajo
o estrés y fechas en las que no se pueda producir alguna de las
situaciones identificadas anteriormente como coadyuvantes en el fracaso
previo de anteriores intentos.
Entre las estrategias iniciales que pueden ayudar podemos citar la identificación
de los cigarrillos más apetecibles y su sustitución por
otros estímulos placenteros distintos, evitar las situaciones
sociales que más se asocian con el consumo, utilizar sustitutivos
del tabaco en cualquiera de sus presentaciones y darse cuenta de la
presencia de determinados beneficios inmediatos tras los primeros días
(económicos, respiratorios, olfativos, gustativos, deportivos,
etc).
- Establecer una pauta de seguimiento que dependerá del grado
previo de hábito, el número de intentos anteriores y cuantas
circunstancias pueda el médico manejar y que le permitan valorar
la necesidad de apoyo que el fumador precisará. En algunos casos
valdrá con contactos por carta, en otros podrá hacerse
a través del teléfono o internet para terminar en los
casos más comprometidos, por pautar una serie de controles periódicos
por medio de sucesivas visitas a la consulta, de periodicidad semanal
durante el primer mes para pasar a realizarse cada quince días
hasta el tercer mes del abandono.
Actitud terapeútica
en fase de acción
Los pacientes son exfumadores con menos de seis meses de antigüedad.
En ellos deberemos evitar las recidivas por medio del diagnóstico
de manera precoz de las recaídas, instaurando un tratamiento
conveniente y a través del abordaje de aquellas modificaciones
que el abandono puede provocar, como la ganancia de peso, la ansiedad
y el síndrome de abstinencia a la nicotina.
El tratamiento sustitutivo de la nicotina puede hacerse de varias maneras:
- Aporte de nicotina por vía transdérmica:
La utilización de parches se determina en función de la
sintomatología de abstinencia matutina. Una buena pauta es iniciar
el tratamiento con 21 mg/ 24 horas
- 15 mg/16 horas durante un período de 4 semanas, observando
la respuesta que si es adecuada puede motivar el descenso posterior
a 14 mg/24 horas ó 10 mg / 16 horas,durante 2 semanas más,
para terminar con un nuevo descenso a 7 mg / 24 horas ó 5 mg/
16 horas durante otras 2 semanas.
- Aporte de nicotina polacrilex (goma de mascar)
Son chicles de 2 mg ó 4 mg para utilizarlos como terapia sustitutiva
; deben usarse sustituyendo cada cigarrillo por un chicle que se debe
masticar hasta notar un sabor fuerte, dejando entonces de masticar hasta
que el sabor desaparezca, momento en el cual el paciente debe volver
a reanudar la masticación.
La duración máxima de cada chicle no supera los 30 minutos,y
la cantidad máxima diaria no debe exceder de 18 chicles. La duración
total del tratamiento sustitutivo será de entre 6 y 12 meses.
Su uso debe ser restringido o evitado en casos de esofagitis por reflujo
y ulcus péptico activo.
Aunque no es un tratamiento de sustitución, el bupropión
puedes ser también considerado en el tratamiento del cuadro de
abstinencia por deprivación de nicotina. Es un inhibidor débil
de la recaptación de dopamina y de noradrenalina, sin efectos
sobre la recaptación de serotonina. Su utilidad como ayuda en
el abandono del tabaquismo se derivó de los estudios con pacientes
depresivos, en algunos de los cuales se observó el abandono espontáneo
del tabaco.
Posteriormente se introdujo la formulación retard que evitaba
la aparición de picos séricos del producto, forma en la
que es comercializa como tratamiento de deshabituación tabáquica.
La eficacia del tratamiento con bupropión en el abandono del
tabaco está avalada fundamentalmente por dos estudios doble ciego
controlados con placebo, uno de los cuales incluyó también
la comparación con la terapia sustitutiva de la nicotina y de
la combinación de ambos fármacos.
Existen casos en los que la intervención comentada, realizada
por su médico de atención primaria no es efectiva y requieren
un tratamiento especializado por lo que debemos considerar la posibilidad
de remitir estos pacientes a una unidad especializada de deshabituación
tabáquica. Como ejemplo ilustrativo referiremos aquellos fumadores
que presentan comorbilidad de alto riesgo y fracasos reiterados incluso
con tratamientos sustitutivos de nicotina o fármacos atenuantes
del cuadro de adicción.
Nutrición
Dieta calórica adecuada, con aporte de principios inmediatos
y vitamínicos suficientes para evitar la malnutrición.
Inmunizaciones
Se recomienda la vacunación anual contra la gripe, pues evita
la posibilidad de exacerbación secundaria a la infección
gripal, complicación frecuente y grave en pacientes con EPOC,
no vacunados. En cuanto a la vacunación antineumocócica
no existe aún evidencia clínica para recomendar su uso
generalizado aunque en algunas guías se remienda su uso generalizado
en pacientes con EPOC.
Rehabilitación
pulmonar

Pretende movilizar las secreciones traqueobronquiales e incrementar
la eficacia de la respiración, intentando frenar el curso evolutivo
de la EPOC (Tabla XVII).
Se organiza a través de fisioterapia respiratoria que consiste
en una serie de maniobras externas dirigidas a movilizar secreciones.Las
más utilizadas son el drenaje postural, la percusión de
tórax y las vibraciones mecánicas (Tabla XVIII).
El objetivo general trata de prevenir posibles disfunciones respiratorias,
restituir la función pulmonar y mejorar la calidad de vida de
los pacientes a través de la consecución de unos objetivos
específicos como son, la mejora del aclaramiento mucociliar,
la optimización de la función respiratoria por medio del
incremento en la eficacia de los músculos respiratorios y una
mejor movilidad de la caja torácica.
Técnicas
para el aclaramiento mucociliar
Pretenden mejorar el trasporte mucociliar, aumentar el volumen de la
expectoración y disminuir la resistencia de las vías aéreas
y gracias a todo ello mejorar la función pulmonar.
Se realizan por medio de técnicas que aprovechan el efecto de
la gravedad como el drenaje postural, técnicas que usan ondas
de choque como las vibraciones y percusiones y técnicas que utilizan
la compresión del gas como la tos, presiones torácicas,
técnicas de espiración forzada, técnicas de espiración
lenta, etc.
Técnicas
de relajación
Son técnicas para reducir y aliviar la tensión del paciente.
Su objetivo es instruir al paciente sobre las maneras de disminuir el
trabajo respiratorio y controlar la disnea, consiguiendo una sensación
general de bienestar.
Se consigue a través de la puesta en práctica de una serie
de técnicas como son la relajación muscular progresiva,
la relajación por medio de la inducción de percepciones
sensoriales y otras técnicas de relación psicológica
como la sofrología, etc.
Técnicas
de reeducación respiratoria
Se basan en la biomecánica diafragmática y costovertebral
con el objetivo de favorecer la flexibilidad del tórax y por
ello crear un nuevo patrón ventilatorio con un mayor volumen
circulante y una menor frecuencia respiratoria por lo que se consigue
aumentar la eficacia respiratoria, mejorar la funcionalidad de los músculos
respiratorios, incrementar la movilidad de la caja torácica,
permitir una mejor tolerancia al ejercicio y actividades cotidianas
y aumentar la tolerancia subjetiva a la disnea.
Las técnicas utilizadas para ello son trabajar la ventilación
lenta controlada efectuando una respiración abdómino-diafragmática
de baja frecuencia, instruir sobre las ventajas de la respiración
con inspiraciones nasales y espiraciones lentas con labios fruncidos
y así desplazar el punto de igual presión hacia la parte
proximal del árbol bronquial evitando el colapso precoz de las
vías aéreas.
Evitar medicaciones peligrosas
Aunque son variados los fármacos que de manera directa o indirecta
pueden inducir un empeoramiento del estado clínico del paciente
con EPOC, por medio de su efecto directo sobre el aparato respiratorio
o por medio de la facilitación de las exacerbaciones, sólo
vamos a considerar el caso de los más frecuentes en atención
primaria.
Antagonistas
del calcio
La nifedipina reduce el tono muscular vascular pulmonar y sistémico
en pacientes con cor pulmonale al inhibir la vasoconstricción
por hipoxemia sin embargo empeora el intercambio gaseoso al alterar
el cociente ventilación/perfusión, produciendo un descenso
de la PaO2.
Diuréticos
Las tiazidas pueden desarrollar un efecto no deseado a través
de las deplecciones de volumen que ocasionan además de la hipocalemia.
Los diuréticos son necesarios en episodios de descompensación
cardíaca pero no de forma rutinaria.
Digital
Puede agravar la hipertensión pulmonar y provocar arritmias.
Betabloqueantes
Deben ser evitados aunque su efecto broncoconstrictor en mejor tolerado
que en el caso de los asmáticos.
Benzodiacepinas
Evitarlas por su efecto sobre el centro respiratorio induciendo reagudizaciones
por hipoxemia y otras alteraciones gasométricas.
Actividad
física
Insistir para que el paciente no limite desproporcionadamente su actividad
física diaria. Los ejercicios más recomendables son los
aeróbicos, sobre todo el paseo, aunque no extenuante.
Viajes
en avión
Se debe tener en cuenta la variación de presión que sufre
el paciente dentro del avión, por lo que se recomienda el uso
de oxígeno suplementario en aquellos casos en los que exista
previamente tratamiento con oxígenoterapia crónica domiciliaria,
graves complicaciones cardiológicas o anemia severa.
Tratamiento
farmacológico
La tarea de elección del tratamiento más adecuado para
un paciente con EPOC debe obligatoriamente basarse en la imprescindible
individualización que las diferentes condiciones propias del
paciente y de la gravedad del cuadro, precisen. Durante la evolución
es necesario valorar el grado de respuesta al tratamiento instaurado
y el control de síntomas para introducir aquellos cambios que
resulten necesarios.

Los objetivos fundamentales del tratamiento farmacológico serán
conseguir una broncodilatación suficiente para mitigar o hacer
desaparecer la disnea, reducir la reacción inflamatoria bronquial
y facilitar la expectoración (Tabla XIX).
La utilización de fármacos broncodilatadores es el tratamiento
habitual empleado en el abordaje de la EPOC, pues produce en la mayoría
de los casos una evidente mejoría sintomática que aunque
no siempre tiene una correlación con los datos espirométricos,
consigue por medio de su acción sobre la musculatura lisa bronquial
proporcionar una broncodilatación suficiente para facilitar el
control de los síntomas de la EPOC.
Los principales fármacos broncodilatadores utilizados son los
estimulantes beta-dos adrenérgicos, los anticolinérgicos
y las metilxantinas.
Broncodilatadores
Estimulantes
beta-2 adrenérgicos
El receptor beta-adrenérgico es una glucoproteína de gran
tamaño. El fármaco agonista se fija, a través del
medio acuoso, en la parte activa del receptor, que se encuentra en el
medio lipídico de la membrana.
Al producirse la unión agonista-receptor se activa la subunidad
alfa de la proteína G, que es una molécula captadora de
los estímulos externos que llegan a la membrana celular y los
transforma en estímulos que incidirán sobre los sistemas
efectores. La unión del fármaco agonista beta-2 adrenérgico
con el receptor de la membrana, pone en marcha un proceso continuado
de cambios bioquímicos intracelulares. Por medio de ellos la
adenilciclasa se activa en la superficie de la membrana celular, consiguiendo
tras una serie de cambios intermedios con formación de AMPc y
activación de la proteín-cinasa A, una inhibición
de la liberación del calcio intracelular y una acción
sobre el intercambio Ca, Na transmembrana, consiguiendo una actuación
sobre el músculo liso bronquial y una broncodilatación
efectiva.
La intensidad del efecto broncodilatador se relaciona con el grado de
activación del receptor y la concentración de fármaco
en el músculo liso bronquial, mientras que la rapidez de actuación
y el mantenimiento de la broncodilatación se relacionan con la
velocidad de consecución de niveles activos del fármaco
y la duración de la ocupación del receptor. Por ello hay
agonistas beta-dos adrenérgicos de acción rápida
y poco duradera como salbutamol y terbutalina y otros de inicio algo
más lento pero mucho más persistente en el tiempo como
salmeterol y formoterol. Esto se explica por las diferentes cualidades
de los fármacos y así las sustancias llamadas de acción
rápida son moléculas hidrofílicas que tienen capacidad
para interaccionar directamente con los receptores, por ello difunden
rápidamente por los tejidos y ejercen su acción de inmediato,
aunque debido a ello se diluyen en poco tiempo, descendiendo los niveles
de concentración por debajo de los necesarios para proporcionar
una broncodilatación efectiva.
Por el contrario, otras sustancias como salmeterol o formoterol, llamadas
equivocadamente de acción lenta, tienen una cadena lateral no
polar, capaz de unirse a la parte hidrofóbica de la membrana
celular donde se adhiere y por ello permite que el resto de la molécula
estimule durante más tiempo al receptor, consiguiendo prolongar
el tiempo efectivo de acción terapeútica. Además
son lipofílicos, por lo que pueden entrar al interior de la célula,
aumentando el tiempo de actuación del fármaco. El formoterol
de manera añadida posee cualidades hidrofílicas por lo
que puede alcanzar al receptor de,manera complementaria desde la fase
acuosa y por ello consigue aumentar su rapidez de acción. Salbutamol
y salmeterol son pues agonistas parciales mientras que formoterol es
agonista completo.
El efecto fundamental de éstos fármacos es conseguir la
broncodilatación por efecto sobre la musculatura lisa bronquial
de manera independiente de cuál haya sido el estímulo
que causó la obstrucción aérea.
Los agonistas beta-dos adrenérgicos inhalados de acción
corta, como salbutamol o terbutalina, son los fármacos de elección
por su rapidez de acción, eficacia y elevado índice terapeútico
en aquellos casos de agravamiento brusco de la obstrucción bronquial
o en los casos de inicio de tratamiento para constatar el grado de respuesta
del paciente a a la broncodilatación mediada por éste
tipo de fármacos.
En la EPOC, los agonistas beta-2 adrenérgicos producen una mejoría
de los síntomas, de la calidad de vida y en algunas ocasiones
producen una evolución positiva de los parámetros espirométricos
aunque no siempre suceda de manera proporcional a la mejoría
sintomática, hecho éste que quiere explicarse por la acción
que sobre la disminución de la hiperinsuflación dinámica
tienen. En todo caso el efecto broncodilatador de los agonistas beta-dos
adrenérgicos es menos en la EPOC que en los procesos de obstrucción
bronquial de origen asmático. Los tratamientos de EPOC estable
crónicos, deben utilizar los fármacos beta-2 de acción
prolongada.
Pueden administrarse a través de distintas vías, siendo
la más frecuente la vía inhalatoria; la vía oral
apenas se utiliza por producir mayor intolerancia y efectos secundarios;
en casos graves puede usarse la vía intravenosa o intradérmica
pero en general las ventajas de la vía inhalatoria son claras,
pues tienen una rapidez de acción igual o superior a la vía
parenteral, con índice terapeútico superior y menor incidencia
de efectos secundarios. Sus problemas surgen por la dificultad de manejo
de los sistemas para lo que se han perfeccionado y complementado los
dispositivos, con variadas formas de administración, con el objetivo
de poder usar aquel sistema de administración inhalada que mejor
se adapte a la idiosincrasia y capacidad del paciente.
El salbutamol a dosis de 200 microgr. sin sobrepasar los 1200 microgr.
y la terbutalina a dosis de 500 microg. sin sobrepasar los 6000 microg
siempre por vía inhalatoria son los fármacos de elección
en tratamientos a demanda, es decir cuando el paciente lo necesite por
su disnea a pesar de estar realizando correctamente el tratamiento de
base.
Para conseguir la estabilización de síntomas y como tratamiento
de mantenimiento habitual se recomienda el uso de formoterol inhalado
a dosis de 6 a 12 microg. dos veces al día o de salmeterol a
dosis de 50 microg. dos veces al día.
Es necesario conocer bien la farmacología de los agonistas pues
en ocasiones su indicación estará restringida por la comorbilidad
asociada o por la posibilidad de interacciones. La mayoría de
los efectos secundarios se producen por la estimulación simpática
y se relacionan con la dosis, vía de administración y
selectividad del compuesto utilizado. Deben usarse con precaución
en pacientes hipertiroideos, diabéticos y con trastornos cardiovasculares
importantes. Las reacciones adversas pueden aparecer cuando asociamos
su uso a otros simpaticomiméticos. En el caso de asociarse a
teofilinas debemos conocer que se multiplican sus efectos cardiovasculares.
Sustancias como los antihistaminicos y los antidepresivos tricíclicos
pueden originar, como efecto secundario, una prolongación del
espacio QT o un aumento del riesgo de presentación de arritmias
ventriculares. La asociación de un simpaticomimético y
un derivado xantínico, un diurético o un esteroide puede
potenciar el efecto hipocaliémico, en cambio los corticoides
y los agonistas beta-2 adrenérgicos administrados conjuntamente
por vía inhalatoria, aumentan su eficacia. El tratamiento combinado
induce la formación de nuevos receptores beta-2 adrenérgicos
en la superficie celular lo que previene la aparición de tolerancia.
Además la facilidad de administración conjunta y su posología
favorece la adherencia al tratamiento.

En todo caso, debemos
establecer un control de seguimiento del paciente para comprobar su
evolución, control de síntomas y posibilidad de aparición
de secundarismos (Tabla XX), valorando la mejora de la función
pulmonar y la broncoconstricción. En la evolución de la
EPOC, puede aparecer un cierto grado de tolerancia al efecto broncodilatador
de los agonistas beta-2 adrenérgicos, con un descenso en la duración
de la acción, sobre todo en los de acción más duradera
que se ha relacionado con un descenso paulatino en el número
de receptores beta de la membrana celular; sin embargo esta circunstancia
y su justificación precisan de estudios de confirmación
adecuados.
Anticolinérgicos
Los anticolinérgicos son unos fármacos que bloquean los
receptores muscarínicos de las células musculares lisas
bronquiales y posiblemente de las glándulas submucosas.
El bromuro de ipatropio, representante único en el mercado hasta
ahora, es un derivado cuaternario de la atropina; el más reciente,
tiotropio, próximo a comercializarse en España, tiene
una estructura química similar, sin embargo posee una mayor selectividad
cinética por los receptores muscarínicos de tipo M1 y
M3 y menos por los de tipo M2, disociándose de ellos con más
lentitud por lo que confiere una cualidad de alta selectividad y determina
que sus efectos sean más duraderos.
El comienzo de acción del bromuro de ipatropio es de 15 a 30
minutos con un efecto máximo entre los 30 minutos y las 3 horas
aunque su duración de acción se prolonga hasta las 6 horas
por lo cual, aún a pesar de ser un pilar básico en el
tratamiento de la EPOC, no se ha podido recomendar su uso como fármaco
de rescate, precisando una posología de administración
frecuente. Los nuevos anticolinérgicos de larga duración,
como el bromuro de tiotropio mejoran la eficacia y facilitan su uso,
al administrarse en dosis diaria. El bromuro de tiotropio tiene una
potencia de acción 10 veces superior a la atropina, es más
selectivo y posee una duración de acción de casi 24 horas.
Por todo ello se convierte en un fármaco de primera elección
en el tratamiento de la EPOC pues mejora la función pulmonar,
aumentando la tolerancia al ejercicio y por ende la calidad de vida
y sin embargo no tenemos datos en la actualidad que hagan suponer la
aparición de taquifilaxia con su uso prolongado.
En este momento la dosis aconsejada de uso del bromuro de ipatropio
es de 40-80 microgramos cada 6-8 horas y la de tiotropio se ha utilizado
en ensayos clínicos en dosificaciones de 4,5-36 microgramos,
e incluso hasta 80 microgramos por día, en una única administración
por vía inhalatoria.
Los efectos secundarios son escasos (Tabla XXI), con buena tolerancia
de uso y sin presencia de efectos secundarios cardiovasculares ni afectación
sobre la viscosidad de las secreciones traqueobronquiales ni la motilidad
ciliar a pesar de los precedentes que la atropina podía hacer
intuir.
Xantinas
Las teofilinas o metilxantinas pueden administrarse como tratamiento
en la EPOC.
Tienen la ventaja de usar la vía oral, por lo que en determinados
pacientes es mejor aceptado y por ello consigue aumentar la adherencia
al tratamiento, pero en general su uso ha disminuido en los últimos
tiempos por la presencia común de efectos secundarios debidos
al estrecho margen de seguridad que permiten los niveles séricos
de actuación y toxicidad.
Tienen una absorción oral rápida y completa aunque se
puede ver disminuida por el uso de antiácidos o por la ingesta.
Alcanza su máxima concentración plasmática a las
4-6 horas, uniéndose posteriormente a proteínas plasmáticas
en un 60 por ciento y metabolizándose en hígado por medio
de la actividad del sistema microsomal hepático, para eliminarse
por vía renal.

Aunque se pensaba que su mecanismo de acción principal se producía
por la inhibición de la fosfodiesterasa que ocasionaba aumentos
en la producción de AMPc y por ello se producía la relajación
de las fibras lisas de los bronquios y se completaba con la inhibición
de la activación de los mediadores de la inflamación,
sin embargo se ha podido comprobar que esa inhibición es sólo
parcial, afectando a un porcentaje del 10-20 por ciento de la actividad
de la fosfodiesterasa. En realidad se piensa que el mecanismo de acción
de las xantinas es multifactorial (Tabla XXII).
Además de todas las funciones realizadas por las teofilinas en
orden a conseguir una broncodilatación efectiva, tienen otro
tipo de acciones en otras partes del organismo como el estímulo
directo del centro respiratorio, la potenciación muscular diafragmática,
la inhibición de la activación de los mediadores de la
inflamación, el estímulo a la actividad mucociliar, el
aumento de la diuresis, la disminución de la hipertensión
pulmonar y el aumento de la fracción de eyección ventricular.
Por todo ello las teofilinas siguen teniendo un papel en el control
de la EPOC, aunque parcialmente relegado por culpa de su toxicidad.
A parte de su posible uso en situaciones urgentes, por via parenteral
bajo la forma de aminofilina, en cuanto al tratamiento oral de la EPOC
establecida, se basará en formulaciones de tipo retard, administradas
cada 12 horas en dosis de entre 100-300 mg, debiéndose establecer
controles periódicos de teofilinemia para el ajuste de dosis
teniendo en cuenta que el cálculo aproximado de la dosis ideal
se debe hacer en función al peso ideal, pues la teofilina no
difunde al tejido graso.

Los efectos secundarios se relacionan con los niveles plasmáticos
del fármaco. Los más frecuentes son gastrointestinales
del tipo de nauseas, vómitos, diarreas y sangrado gastroduodenal,
cardiovasculares tal como palpitaciones, arritmias o taquicardia y por
último referentes al sistema nervioso central como irritabilidad,
nerviosismo, cefalea, insomnio, temblor y convulsiones (Tabla XXIII).
Antiinflamatorios
Sabemos que en los pacientes con EPOC puede constatarse signos inflamatorios
a nivel pulmonar por ello se ha postulado la utilidad del tratamiento
antiinflamatorio que pudiera impedir la liberación de mediadores
de los macrófagos por reducción del quimiotactismo e interferencia
en el mecanismo del ácido araquidónico y de la síntesis
de leucotrienos, con una ligera acción directa sobre los propios
receptores beta de la musculatura bronquial.
Por lo tanto cada vez consideramos como más interesante la posibilidad
de usar antiinflamatorios, aunque realmente desconocemos si puede tener
algún efecto a largo plazo sobre la función pulmonar.
Las recomendaciones de uso se circunscriben al uso de inhaladores de
budesonida a dosis de 400 microg. cada 12 horas o de fluticasona a dosis
de 500 microgramos cada 12 horas también.
En la actualidad se aconseja su uso en pacientes sintomáticos
con resultados satisfactorios en pruebas previas, así como en
pacientes con EPOC grave que presentan exacerbaciones frecuentes en
las que se requieran antibióticos o corticosteroides por vía
oral.
Oxigenoterapia
El objetivo de la oxigenoterapia continua domiciliaria (OCD) consiste
en corregir la hipoxemia que se haya producido sin introducir una acidosis
hipercápnica que pueda ocasionar un agravamiento y una situación
potencialmente peligrosa. Los principales beneficios que va a proporcionar
la OCD son el descenso de la poliglobulia, de la hipertensión
pulmonar, del número de hospitalizaciones, aumento de la tolerancia
al ejercicio y de la supervivencia así como una mejoría
de las funciones neuropsíquicas.
Para poder instaurar el tratamiento con OCD es necesario que el paciente
esté sometido a un tratamiento médico completo con una
situación clínica estable, con colaboración activa
del paciente y por supuesto supresión del tabaquismo, además
de cumplir una serie de criterios gasométricos como son una PaO2
menor de 55 mmHg,o una SaO por debajo de 88 por ciento o bien una PaO2
entre 55 y 60 mm Hg con SaO2 por encima de 89 por ciento con evidencia
clínica de cor pulmonale crónico, insuficiencia cardíaca
congestiva y hematócrito superior a 55 por ciento.
|Sumario
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