Diagnóstico
precoz del cáncer de cuello uterino
Historia
natural
Recuerdo
anatómico
Para
situar las lesiones y la historia natural de las mismas realizaremos un breve
repaso a la anatomía e histología del cuello uterino normal, en
el cual podemos distinguir el exocérvix, que presenta una apariencia de
una mucosa uniformemente lisa, de coloración rosada y brillante; el endocérvix
que no siempre es observable, y que en caso de normalidad su mucosa aparecerá
con discretos relieves papilares, rosados y brillantes; y el orificio cervical
externo que es circular y coincide idealmente con el límite entre la mucosa
exocervical y la endocervical.
Desde el punto de vista histológico
se diferencian en el cérvix el epitelio plano estratificado, escamoso,
que recubre la porción exocervical y el epitelio cilíndrico monoestratificado
mucoso que cubre el conducto endocervical. La zona límite entre ambos epitelios,
denominada unión escamocilíndrica o escamocolumnar, reviste especial
interés por ser el asiento más frecuente de sus lesiones neoplásicas.
Es preciso distinguir entre límite epitelial y límite mucoso, los
cuales, si bien en teoría deberían coincidir, en la práctica
casi nunca lo hacen. Puede aparecer un límite lineal en las niñas
y las mujeres vírgenes, como una simple línea que separa el epitelio
estratificado del cilíndrico, o un límite transicional entre los
dos epitelios maduros con una zona de transición ocupada por epitelio metaplásico
inmaduro en el 73 por ciento de las adultas no vírgenes y nuligestas (88
por ciento de las mujeres con hijos y 83 por ciento de las menopáusicas).
La zona de transición constituye la avanzadilla, siempre móvil,
de una reepitelización. Esta zona de transformación es el lugar
donde suelen aparecer las lesiones preneoplásicas.
Histogénesis
Respecto
a la histogénesis del CCU, desde la década de los 60 se considera
que hasta llegar a carcinoma invasor se pasa por una serie de estadios precancerosos
en los que encontraremos determinadas lesiones preinvasoras, las cuales han sufrido
distintos procedimiento de clasificación a lo largo de los años
como veremos a continuación.
Lesiones
preinvasoras del cérvix uterino
El término original utilizado
en 1953 por Reagan fue el de displasia, que hace referencia a todo un espectro
de cambios en el epitelio. Posteriormente, en 1961, en Viena, el Comité
para la Terminología Histológica de las Lesiones de Cuello Uterino
de la OMS acordó unificar criterios, incluyendo el término de displasia
para conceptuar una serie de lesiones benignas en íntima relación
estructural, que se encontraban descritas en la literatura con distintos términos.
La OMS propuso en 1970 utilizar los términos displasia leve, moderada e
intensa (o grave) y carcinoma in situ definiéndolos como:
- Displasia
leve cuando hay células indiferenciadas que ocupan el tercio más
bajo del epitelio
- Displasia moderada describe el hecho de encontrar dichas
células indiferenciadas reemplazando dos tercios del espesor normal del
epitelio
- Displasia severa cuando todas excepto una o dos de las células
más superficiales están reemplazadas por células indiferenciadas
-
Carcinoma in situ cuando toda la superficie epitelial es la que se encuentra formada
por estas células.
La
Neoplasia Cervical Intraepitelial (CIN)
Término introducido
por Richart en 1967, es el conjunto de epitelios escamosos con alteraciones progresivas
de la maduración y la diferenciación que van desde la mínima
alteración estructural, antes denominada displasia leve, al carcinoma in
situ, que afecta a todo el epitelio y divide las lesiones precancerosas en CIN
I, CIN II, CIN III según la alteración afecta al tercio basal (CIN
I), o más de dos tercios de grosor del mismo (CIN III).
Las anomalías
que caracterizan al CIN son: las alteraciones que afectan sólo al epitelio
superficial, aunque pueden extenderse al que rellena las glándulas; pérdida
de la estratificación y polaridad; ausencia de diferenciación y
maduración; las células escamosas tienen diferente tamaño
y forma y la relación núcleo-citoplasma está aumentada; alteraciones
nucleares (hipercromatismo y distribución irregular de la cromatina nuclear)
y aumento del número de mitosis e incluso mitosis anormales.

El
National Institute of Cancer introduce en 1985 para sistematizar estas lesiones
tras varias clasificaciones previas el sistema de Bethesda (Tabla I), que incluye
no sólo las lesiones intraepiteliales escamosas (SIL) de alto y bajo grado
(equivalentes al CIN), sino una serie de indicaciones que debe reunir todo informe
citológico, así como el diagnóstico de lesión de elementos
glandulares (ASCUS = células escamosas atípicas de significado incierto
asociada frecuentemente a SIL). Se divide en dos tipos:
SIL de bajo grado
que corresponde al CIN I, de potencial evolutivo discutido, cuyo tratamiento y
conducta a seguir son tema de debate en todas las reuniones de expertos sobre
el tema.
SIL de alto grado, antes CIN II y III, que constituye la verdadera
lesión precursora de CCU y que dejada a evolución espontánea
progresaría a una lesión maligna en un porcentaje significativo
de casos.
Evolución
de las lesiones
Existe
una abundantísima literatura sobre la historia natural de la neoplasia
cervical intraepitelial (CIN) y su transformación en carcinoma invasor,
pero los resultados son muy variables en cuanto al porcentaje de progresión,
regresión o persistencia de unas lesiones a otras. Esta variabilidad se
debe a distintos tipos de sesgos tales como la selección de las pacientes
(con una sola citología previa o con varias positivas), la edad de las
pacientes, si se partía de biopsias o simplemente de citologías.
También variaba el tiempo de seguimiento y la forma de control (citologías,
colposcopias, biopsias). Por último, la propia biopsia puede destruir la
lesión.
En los estudios clásicos del grupo de Richart, realizados
a finales de la década de los sesenta, se consideró que alrededor
de 50 por ciento de los CIN I evolucionaban a carcinoma in situ en un tiempo de
3 a 7 años, y entre un 50-70 por ciento de estos carcinomas in situ se
transformaban en cánceres invasores en un periodo de 5 a 13 años.
Sin embargo, estos datos clásicos se han cuestionado. Basándonos
en dos revisiones muy recientes de la literatura, se puede concluir que la evolución
de las neoplasias cervicales intraepiteliales (CIN) es la que puede observarse
en la Tabla II.

En
los últimos años, debido principalmente al mejor conocimiento del
papel del virus del papiloma humano (VPH), se ha introducido la llamada clasificación
de Bethesda que, aunque originalmente aplicable sólo a la citología,
se está introduciendo en la histopatología. La idea básica
es separar las lesiones escamosas intraepiteliales (SIL) en dos grados: bajo (incluye
el CIN I y las lesiones VPH sin CIN) y de alto grado (CIN II y CIN III). Estas
diferencias se basan principalmente en su distinta evolución, ya que mientras
las SIL de bajo grado muy probablemente no evolucionan a cáncer invasor,
las de alto grado sí pueden hacerlo, no requiriendo por ello generalmente
las primeras tratamiento, a diferencia de las segundas, que si suelen requerirlo.
Teniendo
en cuenta este nuevo enfoque hay que pensar que las SIL de bajo grado no son las
precursores de las de alto, como se decía clásicamente, sino que
el estímulo oncogénico desarrolla una SIL de alto grado desde el
principio, a partir de la cual se producirá un carcinoma invasor. Se ha
visto que en mujeres con VPH 16 positivo y citología negativa, en el plazo
de dos o tres años desarrollaban una SIL de alto grado sin pasar por la
etapa de bajo grado. En ocasiones se pueden asociar lesiones de bajo grado y de
alto grado, pero se piensa que son procesos independientes (modelo epidemiológico).
Existe evidencia de que la mayor parte de las displasias no avanzan a lesiones
más graves.
La histogénesis e historia natural de los adenocarcinomas
es menos conocida, probablemente por la dificultad en la colposcopia y en las
tomas citológicas. Se acepta que los estímulos son los mismos que
para la variedad epidermoide, especialmente en lo referente al VPH. De hecho,
las variedades de adenocarcinoma in situ se asocian a SIL de alto grado en más
del 50 por ciento de los casos. La variedad histológica de adenocarcinoma
in situ está perfectamente definida, pero tanto las displasias glandulares
como los adenocarcinomas microinvasores son más discutibles. Un hecho importante
en estos tumores es el de que en las variedades in situ todo el canal cervical
es potencialmente maligno. Se ha visto que en cerca del 50 por ciento de las conizaciones,
los márgenes son positivos y que aún con márgenes quirúrgicos
negativos había un 47 por ciento de recidivas, un tercio de las cuales
eran en forma invasora. Se considera que muchos de estos carcinomas in situ son
de tipo multicéntrico dentro del canal cervical.

Cáncer
invasor de cérvix uterino
La OMS divide los tumores malignos
del cuello uterino en seis grandes grupos (Tabla III), siendo la variedad más
frecuente la de células escamosas, que representa entre el 60-70 por ciento
de todos los tumores, seguida de los adenocarcinomas y de otros tumores epiteliales,
especialmente los adenoescamosos (15-25 por ciento). Las otras variedades son
raras. En los últimos años se ha asistido a un aumento de adenocarcinomas,
que han pasado de un 5 por ciento en la década de los sesenta a casi un
20 por ciento en la actualidad. Este incremento se debe, por una parte, a la disminución
de los carcinomas de células escamosas por un mejor diagnóstico
precoz, pero también a un aumento absoluto de los adenocarcinomas, especialmente
en las mujeres jóvenes.

Carcinoma
microinvasor
La
Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO), recientemente
(1994) ha modificado su clasificación dividiéndolo en dos grupos
(Tabla IV): Estadio IA 1 con invasión hasta 3 mm y IA 2 con invasión
entre 3 y 5 mm. Horizontalmente no debe extenderse más de 7 mm y no debe
haber invasión vascular. Entre un 5 y un 10 por ciento de los CIN se acompañan
de microinvasión.
Basándonos en dos revisiones recientes
de la literatura, las características del carcinoma microinvasor se pueden
resumir de la siguiente forma: la invasión vascular, como factor pronóstico
independiente, está en discusión ya que como vemos guarda proporción
con la profundidad de la invasión; la forma de invasión con focos
únicos o múltiples, confluentes o no, tiene poco valor pronóstico;
el estudio del volumen tumoral puede ser de utilidad pero es complejo de realizar
ya que no hay ganglios positivos en tumores con volúmenes inferiores a
420 mm3.
Carcinoma
invasor de células escamosas
Es, como hemos dicho, el más
frecuente. Se caracteriza por la existencia de queratina, en mayor o menor proporción
(perlas), citoplasma eosinófilo más o menos abundante y puentes
intercelulares. Actualmente la OMS lo subdivide en dos tipos, queratinizante y
no queratinizante, ya que el de células pequeñas se incluye en otro
grupo. También se han clasificado según el grado de diferenciación
en bien, moderadamente y pobremente diferenciados; sin embargo, a diferencia de
lo que ocurre con otros tumores, el grado de diferenciación no tiene un
gran valor pronóstico.
Otras variedades de células escamosas
El
verrucoso es papilar exofítico sin atipia citológica, e invade de
forma grosera con masas que empujan. Existe gran reacción inflamatoria.
Se parecen a los condilomas, pero carecen de ejes conjuntivo-vasculares. No metastatizan
pero recidivan con facilidad.
El condilomatoso es parecido al anterior, pero
con caracteres más atípicos, semejante al escamoso invasor. El escamoso
papilar se parece a los tumores de la vejiga urinaria con un epitelio de transición
semejante al de un CIN 3, con células hipercromáticas y de escaso
citoplasma. Es de crecimiento exofítico y de curso benigno con recidivas
tardías; para su diagnóstico es necesaria la conización.
La
variedad linfoepitelial es rarísima. Las células son grandes con
núcleos redondos, abundante citoplasma y bordes mal definidos. Existe gran
reacción
inflamatoria. Se puede confundir con el carcinoma de células vitreas (glassy-cell)
o con algunos linfomas.
Adenocarcinomas
La
variedad mucinosa endocervical es la más frecuente, aunque también
puede aparecer como endometrioide o de células claras. Puede plantear problemas
de diagnóstico diferencial con estadios II del adenocarcinoma de endometrio.
El
adenocarcinoma de células claras puede tener aspecto sólido o glandular.
Las células pueden mostrar abundante citoplasma o perderlo y aparecer núcleos
prominantes en forma de clavos de herradura. En las mujeres jóvenes puede
deberse al efecto de los estilbenos en la época intrauterina, pero en mujeres
de edad avanzada no tiene nada que ver con ese origen.
Los adenocarcinomas
con desviación mínima son difíciles de diagnosticar. Se trata
de tumores con poca atipia celular, pero con mayor atipia estructural. Pueden
confundirse con el endocérvix normal y por eso se suelen diagnosticar tarde
y en estadios avanzados. Invaden más allá de los 7 mm (límite
de las glándulas normales) y con frecuencia infiltran los dos tercios del
cérvix. Muchas veces sólo se diagnostican en piezas de histerectomia
realizada por otras causas.
Los carcinomas serosos son muy raros, los mesonéfricos
también, proceden de los restos wolffianos existentes en la profundidad
del estroma cervical. Tienen un aspecto tubular y se diagnostican tardíamente
por su localización independiente de las glándulas. La forma villoglandular
es propia de mujeres jóvenes y tiene un aspecto papilar con pocas atipias
y de curso benigno.
Carcinomas
adenoescamosos
Representan entre el 5 y el 25 por ciento de los tumores
malignos del cuello uterino. Coexisten elementos escamosos y glandulares malignos.
Proceden de células de reserva multipotentes. Se ha dicho que poseen mayor
capacidad de metástasis ganglionares aunque no todos los autores están
de acuerdo cuando se comparan por estadios y tamaños.
Otras
variedades histológicas
No vamos a detenernos en el resto de
las variedades por su extraordinaria rareza y porque en el fondo, la conducta
ante ellas va a ser la misma. No obstante, hay que hacer especial mención
a los carcinomas de células pequeñas, los cuales son unos tumores
muy agresivos que infiltran profundamante el cérvix y dan metástasis
precoces. Representan el 3-5 por ciento de los cánceres cervicales. Para
su diagnóstico puede ser útil el uso de marcadores neuroendocrinos.
Cerca
del 90 por ciento de los carcinomas de cérvix uterino se originan sobre
la zona de transición del epitelio cervical pavimentoso, en el epitelio
columnar endocervical. Del 85 al 90 por ciento de los carcinomas de cérvix
son de tipo epidermoide. La frecuencia de adenocarcinoma oscila alrededor del
10-15 por ciento, mientras que otros tumores malignos como el sarcoma, melanoma
y linfoma son muy raros.
Macroscópicamente el tumor puede presentar
diversos patrones de crecimiento:
1. Exofítico (formas nodulares,
papilares, polipoides), que representa el 60 por ciento, aparece como una masa
fungosa, irregular y friable. Si se necrosa adopta aspecto crateriforme.
2.
Endofítico (formas destructivas o ulcerativas), que representa aproximadamente
el 30 por ciento y presenta crecimiento en profundidad, adoptando aspecto nodular.
3. Con crecimiento desde el endocérvix hacia el estroma, pudiendo
aparecer el epitelio ectocervical normal y tratarse de carcinomas ocultos o, si
el crecimiento es mayor, como tumores en tonel.
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