Embarazo
normal
Patologías
que complican el embarazo
Infecciones
urinarias
Es
uno de los motivos más frecuentes de consulta (5-10 por ciento). La mayor
susceptibilidad de las embarazadas a padecerlas está causada por los cambios
anatómicos y fisiológicos que pueden predisponer la colonización
bacteriana en el tracto urinario. Suelen ser de carácter leve, pero la
falta de tratamiento puede acarrear complicaciones maternas y fetales (mayor riesgo
de parto prematuro, retraso de crecimiento fetal y recién nacidos de bajo
peso).
Recordando los controles habituales en el embarazo normal, se aconseja
realizar al menos 3 urocultivos a lo largo de la gestación y, si existe
positividad en alguno de ellos, solicitarlos con periodicidad mensual.
Clasificación
-
Bacteriuria asintomática.
Hallazgo de más de 100.000 colonias/ml
en al menos 2 urocultivos, sin existir signos aparentes de infección urinaria.
Suelen ser causadas por E. coli (90 por ciento).
- Cistitis.
Es un síndrome
miccional que con frecuencia se asocia a piuria y a veces hematuria. Es diagnóstica
la detección de 100.000 colonias/ml, aunque muchos autores consideran suficiente
la existencia de sintomatología.
- Pielonefritis aguda.
Existe afectación
del parénquima renal y cursa con fiebre, dolor costolumbar y a veces sintomatología
miccional.
Diagnóstico
Tras
realizar una breve anamnesis sobre antecedentes, la clínica es imprescindible
para enfocar el proceso.
- En la cistitis suele existir disuria, polaquiuria,
tenesmo, dolor suprapúbico y orina de color turbio. No suele haber fiebre
y pocas veces dolor costolumbar.
- En la pielonefritis se observa fiebre elevada
(39º), escalofríos, sudoración, malestar general, polaquiuria
con disuria y dolor costolumbar que suele irradiarse.
El sistemático
de orina y el urocultivo son esenciales para confirmar el diagnóstico,
la leucocituria (<10/mm3 no patológico, 10-50/mm3 sospechoso y >50/mm3
patológico) y bacteriuria (<1000/ml contaminación, 1000-100.000
dudoso, es conveniente repetirlo, y >100.000/ml es diagnóstico).
Tratamiento
Es
preciso utilizar antibióticos efectivos contra los gérmenes más
frecuentes (E. coli, Klebsiella pneumoniae, Proteus mirabilis y Enterobacter),
indicar tratamiento sintomático e impartir ciertos consejos (beber líquidos,
acidificar orina, micción poscoital). Es imprescindible instaurar tratamiento
antibiótico, evitando las pautas cortas por falta de eficacia y elevado
riesgo.
En cuanto al tipo de antibiótico, lo idóneo es instaurar
tratamiento según urinocultivo y antibiograma, repitiendo el urinocultivo
7 días después de haber acabado el antibiótico. Si fuera
preciso instaurar un tratamiento empírico se aconsejan la amoxicilina-clavulánico
(500 mg/8 horas), cefalexina (500 mg/6 horas) o cefadroxilo (500 mg/12 horas).
La
pielonefritis es criterio de derivación urgente e ingreso hospitalario
siempre.
Las quinolonas están contraindicadas en el embarazo, los
aminoglucósidos sólo deben administrarse en pielonefritis y están
contraindicados durante el primer trimestre, las sulfamidas no deben usarse en
el primer trimestre ni en las dos últimas semanas, la fosfomicina no debe
indicarse en monodosis y la cefalexina puede causar reacciones adversas hasta
en un 30 por ciento de los casos (sobre todo candidiasis vaginal).
Diabetes


Es
una de las patologías más frecuentes que afectan a la embarazada
(Figura 3, y Tablas XIII y XIV). La prevalencia de diabetes pregestacional es
del 1 por ciento, debutando como diabetes gestacional (DG) hasta el 12 por ciento,
con repercusión pronóstica maternofetal. Se consideran embarazos
de alto riesgo con criterios para ser derivados al nivel especializado con abordaje
conjunto entre el médico de familia, obstetra y endocrinólogo. Por
ello, está indicado el cribaje de la DG mediante la sobrecarga oral con
50 gr de glucosa (S.O.G. 50 g.) y determinación de glucemia plasmática
al cabo de 1 hora o test de O'Sullivan a todas las gestantes hacia la semana 22ª-26ª
(algunos autores recomiendan repetirla en caso de normalidad a la semana 30ª-32ª,
pero no está generalizada su indicación). En algunos casos está
indicado solicitarlo en la visita inicial:
- Antecedentes de macrosomía
fetal (>4000 gramos).
- Alteración previa del metabolismo hidrocarbonado.
-
Glucosurias positivas en ayunas.
- Test de O'Sullivan positivo.
- Antecedentes
de diabetes en familiares de primer grado.
- Glucemia basal mayor de 105 mg/dl.
-
Embarazada añosa (mayor de 35 años).
- Abortos de repetición.
-
Diabetes gestacional previa.
- Obesidad previa a la gestación.
-
Morbimortalidad fetal previa sin causa aparente.
- Hidramnios y/o macrosomía
en embarazo actual.
- Hipertensión arterial.
- Prematuridad o malformaciones
previas.
- Hipertrigliceridemia materna severa.
El test de O'Sullivan
se considera positivo cuando la glucemia plasmática es igual o superior
a 140 mg/dl, debiéndose en estos casos confirmar el diagnóstico
de DG mediante la realización de una S.O.G. con 100 g. de glucosa y determinación
de glucemias plasmáticas basal y al cabo de 1, 2 y 3 horas. Esta prueba
diagnostica la DG cuando se observan dos o más valores de glucemia iguales
o superiores a:
- Basal: 105 mg/dl.
- 1 hora: 190 mg/dl.
- 2 horas:
165 mg/dl.
- 3 horas: 145 mg/dl.
Las líneas generales de tratamiento
de la DG comprenden:
- Ajustar la dieta al peso de la paciente, a las necesidades
de la gestación y al esquema terapéutico con insulina establecido.
Habitualmente se aconseja seguir una dieta de 2.000-2.250 kilocalorías,
realizando 5-6 comidas/día.
- Practicar ejercicio físico de forma
habitual (paseo, natación).
- Están contraindicados los antidiabéticos
orales.
- Si es preciso tratamiento farmacológico, siempre se indicará
insulinoterapia (dosis inicial de 0.2 u.i./kg y posteriormente por ajuste y tanteo
según perfiles glucémicos).
Se considera indispensable un
estricto control metabólico (Tabla XIV) mediante autocontroles domiciliarios
con reflectómetro.

En
la diabetes pregestacional deben realizarse:
- 3 glucemias preprandiales
diarias.
- 3 glucemias posprandiales a días alternos.
- 1 glucemia
nocturna (3-4 a.m.) semanal.
- 1 cetonuria basal diaria si la glucemia es superior
a 250 mg/dl.
- 1 determinación de hemoglobina glucosilada (HbA1c) mensual.
En
la DG deben efectuarse al menos 2 perfiles glucémicos completos (3 prepandriales
y 3 posprandiales) a la semana con 1 perfil semanal de madrugada (3-4 a.m.).
Un
buen seguimiento de la paciente requiere revisiones conjuntas entre endocrinólogos
y obstetras. Lo ideal es establecer consultas conjuntas con citaciones cada 2-4
semanas si existe un buen control metabólico, y semanales si se observa
mal control metabólico y a partir de la semana 34ª.
El seguimiento
posparto de la mujer con DG requiere la práctica de una S.O.G. con 75 g.
de glucosa dos meses después del mismo y/o al finalizar la lactancia. Posteriormente
está indicado el despistaje de diabetes mellitus mediante la determinación
de glucemia basal plasmática con periodicidad anual, de acuerdo con los
criterios establecidos por la Asociación Americana de Diabetes (A.D.A.)
en 1997, que fueron refrendados por la O.M.S. en 1998 (Tabla XIV).
Hipertensión
arterial
Se define
como la observación de cifras absolutas de presión arterial (PA)
iguales o superiores a 140 y/ó 90 mm Hg antes de la semana 20ª de
gestación o la elevación de los valores tensionales preexistentes
en 25 mm Hg o más en la PA sistólica (PAS) y/ó 15 mm Hg o
más en la diastólica (PAD), registradas al menos en dos ocasiones
con un intervalo de seis horas, persistiendo tras seis semanas posparto.
Podemos
hallar dos tipos de cuadros clínicos:
- HTA esencial, crónica
o preexistente antes del embarazo. Se diagnostica antes de la semana 20ª
de gestación y suelen ser mujeres obesas o con sobrepeso importante, multíparas
y mayores de 30 años. En su clínica los edemas son escasos, la proteinuria
negativa o discretamente elevada, y el ácido úrico, hematocrito,
plaquetas y proteínas son normales (figura 4).

-
HTA gestacional o inducida por el embarazo. Aparece después de la semana
20ª y sus causas más frecuentes son la estenosis de la arteria renal
por displasia fibromuscular y las nefropatías glomerulares.
Es preciso
efectuar un correcto diagnóstico diferencial cuando la HTA se diagnostica
durante el embarazo:
- Preeclampsia-eclampsia: HTA después de la semana
20ª con proteinuria, edemas o ambas. En la eclampsia se presentan convulsiones
no atribuibles a otras causas y existen antecedentes de preeclampsia.
- HTA
crónica con preeclampsia sobreañadida. Aumento de al menos 25 mm
Hg en la PAS y/ó 15 mm Hg en la PAD asociado a proteinuria o edema generalizado.
-
HTA transitoria. Se desarrolla HTA durante el embarazo o en las primeras 24 horas
del puerperio, sin otros signos de preeclampsia e HTA preexistente.
El objetivo
de tratar debe ser evitar los riesgos maternos y el compromiso fetal:
- Seguir
las medidas higiénico-dietéticas, restricción salina moderada
con vida saludable con ejercicio físico aeróbico y evitar el incremento
excesivo de peso.
- En HTA grave guardar reposo en cama 12-16 horas/día
en decúbito lateral izquierdo y disminuir la actividad física.
¿Cuándo
iniciar tratamiento farmacológico?
Se aconseja tratar con fármacos
si:
- Hay escasa respuesta al reposo.
- PA >150/100 mm Hg.
- Gran
variabilidad circadiana de las cifras tensionales.
¿Qué fármacos
pueden prescribirse?
- Alfametildopa: 250 mg/8 horas, valorando la respuesta
a partir del segundo día.
- Hidralazina: 10-20 mg/6-8 horas si no hay
respuesta.
- Labetalol: 50-300 mg/6 horas solo o asociado a hidralazina.
-
Diuréticos (furosemida): en la HTA dependiente de la ingesta de sodio y
en caso de insuficiencia cardiaca o renal.
- En las crisis hipertensivas puede
administrarse hidralazina, labetalol o nifedipino.
- En la gestación
está contraindicado el empleo de inhibidores del enzima convertidor de
la angiotensina (IECA) y antagonistas de los receptores de la angiotensina II
(ARA II).
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