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AULA ACREDITADA
  
ACTIVIDAD ACREDITADA
POR LA COMISIÓN DE FORMACIÓN CONTINUADA
Sistema Nacional de Salud
Ministerio de Sanidad y Consumo
PROGRAMA ANUAL 2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
  
Los médicos inscritos podrán alcanzar la acreditación del Programa.
La cumplimentación de los cuestionarios de evaluación para cada tema del Programa se hará por soporte electrónico. La evaluación de los cuestionarios-respuestas se llevará a cabo por una agencia independiente especializada.

Teléfono de atención a los médicos participantes: 91.749.95.13 (Srta. Emma Fernández).

 

Traumatología en atención primaria

Patologías más frecuentes en atención primaria

HOMBRO
El hombro es la articulación del aparato locomotor con mayor rango de movilidad y mantiene su estabilidad gracias a las estructuras ligamentosas que le rodean. En su patología propiamente articular destacamos:

Tendinitis del manguito de los rotadores
La tendinitis del manguito de los rotadores representa el 65 por ciento de las causas que producen dolor de hombro.
El manguito de los rotadores (Figura 1) está constituido por los músculos supraespinoso, infraespinoso, redondo menor y subescapular. Para llegar desde su origen en el omóplato hasta su inserción en el húmero tienen que pasar por el estrecho túnel formado por el acromión y el ligamento acromiocoracoideo. Al realizar movimientos de antepulsión y abducción del brazo se origina un estrechamiento entre el troquiter y el arco coraco-acromial, quedando entonces el manguito de los rotadores pinzado. El tendón que primero se afecta es el del supraespinoso. Aunque al principio del proceso hay diferencias en los movimientos en función del tendón afectado, poco a poco se van afectando los tres tendones. El conflicto de espacio es aun mayor si además existen factores anatómicos que favorecen la disminución del espacio como son un espolón acromial, acromion con osteofitos o engrosamiento del ligamento acromiocoracoideo.

La presentación del cuadro suele ser aguda, tras un sobreesfuerzo en pacientes jóvenes o crónica en pacientes mayores con un curso más insidioso y frecuentes dolores nocturnos. En las primeras fases de la inflamación el tendón presenta edema y hemorragia, para luego aparecer fibrosis de la bursa subacromial, pudiendo terminar en degeneración del tendón con rotura del tendón.

El paciente presenta un dolor en la cara anterolateral del hombro y en la región deltoidea, con el típico signo del arco doloroso: aparece dolor a la movilidad activa y contrarresistida entre los 70 y los 120º de abducción del hombro.

Entre las maniobras de movilidad activa contra resistencia que evidencian una tendinitis del manguito de los rotadores se encuentran:

- Prueba de Patte: explora e infraespinoso. Partiendo de una abducción de 90º y 30º de antepulsión se pide al paciente que realice una rotación externa contra resistencia.
- Prueba de Jobe: explora el supraespinoso. Con el hombro en antepulsión a 30º el codo extendido y totalmente pronado, se realiza una abducción del hombro contra resistencia.
- Maniobra de impigement: explora el supraespinoso. Con la mano sobre el hombro sano contralateral, el paciente realiza una elevación del codo contra resistencia.
- Prueba de Gerber: explora el subescapular. El paciente coloca su mano en la espalda con el codo a 90º, el paciente separa la mano de la espalda contra resistencia.
Se trata con AINE, medidas físicas y reposo relativo, modificando la actividad del hombro. Las infiltraciones se utilizan si no existe mejoría clínica. En cuanto comience a disminuir el dolor, se recomienda la realización de ejercicios para recuperar la movilidad del hombro, empezando con ejercicios pendulares del hombro. Se recurrirá a la fisioterapia si tras el tratamiento correcto, el cuadro no cede en 6 semanas.

Tendinitis bicipital
Es la lesión del tendón largo del bíceps (Figura 2) y suele asociarse a tendinitis del manguito de los rotadores. Igualmente, puede presentarse por esfuerzos intensos de levantamiento realizados por el bíceps.

El dolor se localiza en la cara anterior del hombro y aumenta a la palpación del tendón en la corredera bicipital. Se explora con dos maniobras:

- Palm up test: con el codo extendido y supinado, y el hombro a 80º de antepulsión, aparece dolor al intentar subir el brazo contra resistencia.
- Test de Yergason: con el codo pegado al cuerpo, flexionado a 90º y pronado, aparece dolor al realizar supinación contra resistencia.

El tratamiento se fundamenta en el empleo de AINE y reposo, pudiendo recurrir a la infiltración local de corticoides, aunque debe tenerse extremo cuidado en no infiltrar el propio tendón por el riesgo de rotura tendinosa.
CODO. Entesitis del codo

Epicondilitis
Conocida como "codo de tenista", es una inflamación del extensor carpi radialis brevis y del extensor común de los dedos. Está muy relacionado con el repetitivo desempeño de actividades que aumentan la tensión de los extensores de la muñeca y de los supinadores.

Produce un dolor a 1 ó 2 milímetros distales al punto medio del epicóndilo. A la palpación de este punto o del vientre del músculo se produce un dolor que se puede irradiar hasta la muñeca. El dolor se acentúa al efectuar la extensión y supinación de la muñeca (movimiento de atornillar) contra resistencia. En fases más avanzadas el paciente refiere un dolor en reposo que se intensifica por la noche.

El tratamiento se basa en el reposo, identificando las actividades que reproducen el dolor para evitarlas tanto en el medio laboral como extra laboral (manejo del teclado del ordenador), y en el empleo de AINE, crioterapia y ortesis cortas de epicondilitis que tienen que ser colocadas adecuadamente (el burlete mas rígido tiene que apoyarse en los músculos inflamados 2 milímetros por debajo de su inserción, consiguiendo así que esta zona de músculo presionada trabaje menos) y no se utilizarán durante la fase de reposo.

En caso de fracasar el tratamiento mantenido durante 20 días, se recurrirá a infiltración local de corticoides. Por último, los pacientes que no hayan mejorado tras un año de tratamiento son candidatos a la cirugía.

Epitrocleitis
También llamado codo de golfista, es una patología similar a la epicondilitis pero afectando la inserción en la parte medial de codo de los músculos flexores de la muñeca (pronator teres y flexor carpi radialis).

Se caracteriza por originar dolor en el codo a la flexión contra resistencia de la muñeca y a la pronación (desatornillar) .El dolor se puede irradiar hasta la cara palmar de la muñeca.

Las pautas de tratamiento son similares a las descritas para la epicondilitis.
Al igual que en el codo de tenista, a veces la causa puede radicar en una técnica inadecuada a la hora de practicar estos deportes.

MUÑECA Y MANO

Esguince de la articulación
radio-cubital distal

La cabeza del cúbito se articula distalmente con el radio. Las estructuras ligamentosas que la estabilizan se pueden lesionar por caídas sobre la mano en hiperextensión o por movimientos de flexoextensión violentos. Son traumatismos de baja energía a los que inicialmente no se les da importancia y el paciente refiere dolores de larga evolución ("tengo la muñeca "abierta").

En la exploración no hay deformidades ni tumefacción, y solo se aprecia un dolor que aparece a la palpación de la articulación radiocubital distal, que se intensifica a la presión de la cabeza cubital y con los movimientos de pronosupinación. La flexoextensión suele ser indolora.

Aunque las lesiones no son graves, se aconsejan tratamientos agresivos con inmovilización del antebrazo durante 3 semanas.

Esguince articulación intercarpiana
El carpo está formado por un conjunto de 8 huesos unidos entre sí por una serie de ligamentos. Esta tupida red de ligamentos es más potente en la cara palmar de la muñeca, y tiene una zona central más débil: la articulación situada entre el semilunar y el hueso grande. A este nivel no hay una fuerte sujeción ligamentosa ya que es necesario dejar cierta libertad de movimiento al semilunar para que pueda realizar su función de "cajón" desplazándose hacia la cara palmar en la extensión de la muñeca y viceversa.

Debido a esta debilidad funcional, una caída sobre la mano en hiperextensión puede ocasionar un esguince en la muñeca y, si la fuerza del impacto es grande, puede llegar a causar una luxación anterior del semilunar. Clínicamente se manifiesta por dolor y tumefacción en el dorso de la muñeca, que en caso de luxación, pueden ir acompañados de alteraciones en el nervio mediano.

El tratamiento es conservador, con inmovilización de la muñeca en ligera flexión palmar durante 3 a 6 semanas. Posteriormente se puede recurrir a una ortesis que sujete la muñeca y que no se utilice durante el reposo.

Tenosinovitis de De Quervain
Es la inflamación del abductor largo y el extensor corto del primer dedo.

Su etiología es desconocida aunque hay autores que lo asocian a determinados vicios posturales durante la lactancia y la gestación.

Clínicamente aparece un dolor localizado sobre la estiloides radial, que se intensifica con la maniobra de Filkenstein, la cual consiste en elongar los tendones mediante una adducción forzada del pulgar junto con la desviación cubital del carpo.

El tratamiento consiste en inmovilizar la mano 2 semanas y la toma de AINE.

De no mejorar, se puede recurrir a la infiltración de corticoides, teniendo cuidado en no infiltrar el tendón (por el riesgo de rotura) sino en la vaina que lo envuelve.

Esguince metacarpofalángico del primer dedo

También llamado pulgar del esquiador o del guardabosque. Se trata de una lesión del ligamento lateral cubital que estabiliza la articulación entre el metacarpiano y la falange proximal. Su integridad es fundamental para que el primer dedo pueda realizar su función de pinza al oponerse a los demás dedos de la mano (Figura 3) y suele lesionarse por un traumatismo en abducción forzada del primer dedo.

RODILLA
La rodilla es la articulación más grande del esqueleto, tanto en volumen como en superficie articular. Está formada por tres estructuras óseas:

- Cóndilos femorales
- Platillos tibiales
- Cara posterior de la rótula

Estas tres estructuras dan lugar a su vez a dos articulaciones: la fémoro-tibial y la patelo-femoral. Por ello, podemos encontrar:

Lesiones meniscales
Los meniscos son estructuras fibrocartilaginosas de forma semilunar que se interponen entre los cóndilos y los platillos tibiales medial y lateral (Figura 4). Se insertan en la tibia mediante astas o cuernos por delante y por detrás de la eminencia intercondílea. Su borde de implantación se continúa con la cápsula articular, recibiendo el nombre de paramenisco. Presentan una zona central avascular una periférica que recibe vascularización de los vasos provenientes de la cápsula. Sus funciones son amortiguar, aumentar la superficie de contacto articular, dar congruencia articular entre la tibia y el fémur, distribuir la carga y estabilizar la articulación.

En la flexo-extensión los meniscos se desplazan hacia delante y atrás, se mantienen fijos a la tibia en la flexo extensión y se mueven con el fémur en las rotaciones.

La lesión meniscal es la más frecuente de la rodilla. Se suele afectar más frecuentemente el menisco interno debido a su escasa movilidad por estar unido a las fibras profundas del ligamento colateral interno de la rodilla.

La lesión en pacientes jóvenes suele deberse a un traumatismo en el que se produce rotación con la rodilla en carga y flexionada. En este mecanismo los cóndilos femorales ejercen una presión repartida en poca superficie del menisco (por la flexión) y el movimiento de rotación "tritura" el menisco. En pacientes mayores, la lesión aparece insidiosamente y suele ser secundaria a la pérdida de resistencia y flexibilidad del menisco, afectándose sobre todo al cuerno posterior del menisco interno.

La lesión resultante se puede clasificar en 3 grados según la severidad de la lesión:

La clínica está presidida por la presencia de dolor y bloqueos. El dolor es de tipo mecánico bien localizado y con trayecto horizontal en la línea articular. La palpación de la interlínea articular localiza el punto doloroso referido por el paciente. Suele acompañarse de impotencia funcional con cojera y fallos por inhibición refleja debida al dolor (el paciente refiere que "se le va la rodilla"). Puede aparecer bloqueo en semiflexión de 20 a 30º, con resistencia elástica y dolorosa si hay interposición de un fragmento luxado.

A menudo hay derrame articular que es de aparición tardía, a las 6 horas de la lesión (en las lesiones de ligamentos cruzados, el derrame es de aparición temprana), y solo aparece en las lesiones agudas.

Las lesiones meniscales no suelen producir hemartros, salvo en casos de desinserción periférica.

Las principales maniobras exploratorias son:

- Test de Steinmann: con la rodilla a 90º se realizan giros rápidos del pie. Aparece dolor en cara interna de la rodilla a la rotación externa en lesión del menisco interno y viceversa.
- Test de Apley: con el paciente en decúbito prono con la rodilla flexionada a 90º, se realizan rotaciones internas y externas del pie, ejerciendo presión sobre el. Con esta maniobra se pretende "aplastar" los meniscos entre el fémur y la tibia para desencadenar dolor y buscar un posible chasquido.
- Test de Mc Murray: con el paciente en decúbito supino se realiza hiperflexión de la rodilla colocando un dedo en la interlínea articular del menisco a explorar, rotando al mismo tiempo el pie externa e internamente. Se busca un chasquido y la aparición de dolor en el lado lesionado.

Ante unas maniobras positivas para lesión meniscal, el diagnóstico definitivo se debe realizar mediante resonancia magnética nuclear (RMN).

El tratamiento de las lesiones meniscales varía según el grado de lesión y solo las meniscitis y parameniscitis son de manejo en AP, con reposo, AINE, crioterapia y posterior fisioterapia.

Quiste de Baker
Se trata de un quiste que se localiza en el hueco poplíteo y se comunica con la cavidad articular. Se asocia a artrosis, meniscopatía y artritis reumatoide.

Suele originar molestias que aparecen en los últimos grados de flexión, que se irradian a la pantorrilla dificultando ocasionalmente la extensión. Se puede romper espontáneamente dando lugar a un episodio de dolor agudo similar a una trombosis venosa.

El tratamiento se basa en el uso de AINE y la punción e infiltración del quiste con corticoides. Solo se recurre a la cirugía si el volumen del quiste provoca compresión local. Las recurrencias de los quistes son frecuentes.

Lesiones ligamentosas
Las estructuras ligamentosas más importantes de la rodilla son los ligamentos cruzados anterior (LCA) y posterior (LCP), así como los ligamentos colaterales medios (LCM) y laterales (LCL). Su papel es fundamental para la estabilidad de la rodilla y por lo tanto su rotura llevará a una inestabilidad funcional.

El mecanismo lesional nos indica cual es la estructura que resulta dañada:

- Rodilla en semiflexión, valgo forzado y rotación externa de la tibia: lesión del LCM, rotura menisco interno y del LCA (es la llamada triada maligna de O´Donoghue). Es frecuente en el fútbol cuando el jugador frena su carrera y gira sobre una pierna.
- Rodilla en ligera flexión, varo forzado y rotación interna de la tibia: lesión del LCL con rotura del menisco externo.
- Rodilla en extensión y valgo forzado: lesión del LCM y secundariamente lesión del LCA o LCP, ya que ambos ligamentos están en tensión cuando la rodilla está en extensión.
- Rodilla en extensión y varo forzado: lesión del LCL, LCP y LCA.
- Choque directo en el plano frontal en la cara anterior de la tibia: rotura de LCP.
- Hiperextensión brusca: rotura de LCA.

Exploración
Antes de examinar la rodilla lesionada conviene evaluar la rodilla normal para ganar la confianza y relajar al paciente, observando el grado de movimiento en las diferentes maniobras clínicas.

En la fase aguda, el derrame, el dolor y la contractura no permiten realizar un examen fiable, por lo que se limitará a determinar los puntos dolorosos, el balance articular y la presencia de derrame articular.

El derrame se explora realizando una compresión con la mano derecha a nivel suprarotuliano, palpándose con la mano izquierda la presión existente en el surco pararotuliano lateral y medial. Con cantidades leves de 10 a 25 ml, el derrame sólo se detectará con esta maniobra, pero al alcanzar los 25 a 50 ml el derrame se palpa directamente a la presión con una sola mano: se nota que la tensión del derrame mantiene a la rótula "flotando" encima de los cóndilos femorales.
Si el derrame es importante y pasa de 50 ml, el derrame es visible sin tener que recurrir a la palpación, y la movilidad está disminuida manteniéndose a unos 30º de flexión.

En general la punción evacuadora del derrame se realizará si el paciente refiere un dolor muy intenso, ya que la propia punción produce una irritación iatrogénica de la sinovial que induce a una perpetuación del derrame. Los hemartros ocurren con las lesiones de los ligamentos cruzados (en las lesiones de ligamentos colaterales no suele aparecer hemartros). Si apreciamos un hemartros habrá que realizar un diagnóstico diferencial con otras lesiones que lo pueden producir: rotura de LCA o de LCP, desinserción periférica de menisco o fracturas osteocondrales (en este caso aparecen gotas de grasa en el derrame).

Maniobras exploratorias
- LCA: su función es prevenir el desplazamiento anterior y la rotación de la tibia sobre el fémur. Su lesión es la más frecuente y la más grave.

- Cajón anterior: con la rodilla en flexión de 90º se coge la parte superior de la tibia con las 2 manos y se intenta desplazarla con respecto al fémur. Si el desplazamiento es de 5 a 10 mm la rotura será dudosa, pero si es superior a 10 mm la rotura se considera segura.
- Lachman: similar a la anterior, pero con la rodilla a 30º de flexión y sujetando el muslo con una mano.

- LCP: función inversa al LCA.

- Cajón posterior. Similar a l cajón anterior pero empujando la tibia hacia atrás.
- Comparación de las dos rodillas a 90º de flexión: se comprueba, de perfil, que en la rodilla lesionada, la tibia cae hacia atrás.

- LCM: limita el valgo de rodilla.

- Se pone en tensión al realizar un valgo forzado con la rodilla en flexión de 30º. Si aparece bostezo articular repitiendo la misma maniobra pero en extensión completa de la rodilla, hay rotura completa del LCM (esguince grado III).

- LCL: se realiza las mismas maniobras que para el LCM pero con maniobras varizantes.

- 4 de Moragas: se coloca la rodilla a 90º de flexión y se posiciona el pie sobre la rodilla contralateral; ello permite tener una palpación muy fácil del ligamento. Debe saberse que la rotura del LCL se puede asociar a lesión del nervio ciático poplíteo externo.

Cuadro clínico
Hemos visto la importancia del mecanismo que produjo la lesión, después del cual el paciente presentará dolor e impotencia funcional. El cuadro pudo acompañarse de un ruido al romperse el ligamento o seguirse de una sensación de inestabilidad o fallo en la marcha (sobre todo en rotura de LCM).

A la palpación el dolor suele ser mas intenso en los puntos de inserción de los ligamentos.

El diagnóstico inicial es muchas veces difícil por el dolor y porque suelen concurrir lesiones combinadas y asociadas a las propiamente meniscales. Se suelen pedir radiografías para descartar lesiones óseas asociadas.

Tratamiento
El tratamiento inicial de los esguinces de rodilla consiste en reposo, aplicación de hielo local, compresión y elevación del miembro, junto a la inmovilización estricta y el uso de muletas.

La rehabilitación exige el inicio precoz de ejercicios de contracción del cuadriceps para prevenir la atrofia y favorecer la estabilidad articular mediante la acción de los músculos.

Los pacientes que no practican deportes y que no requieren de la estabilidad de la rodilla para sus actividades diarias pueden ser tratados con un programa de fisioterapia para fortalecer la musculatura, debiéndose advertirles que la rodilla inestable y los derrames serán frecuentes.

En jóvenes siempre se recomienda la reconstrucción por artroscopia de la estructura lesionada.
Debe informarse al paciente que la recuperación de una lesión de rodilla, y en especial de una lesión de LCA, es larga: se inicia la bicicleta estática a las 4 semanas, el trote a las 10 semanas y la vuelta a la actividad deportiva a los 6 meses.

Tendinopatías

Tendinitis rotuliana o rodilla del saltador
Consiste en una inflamación del tendón rotuliano que produce dolor en el propio tendón o en el polo inferior de la rótula (Figs. 5 y 6). El paciente describe frecuentemente que la intensidad del dolor aumenta al levantarse de una silla y sobre todo al bajar escaleras. En ambas acciones la acción del tendón rotuliano es máxima.

Se suele asociar a un patrón de marcha en genu flexo, lo que constituye un sobreesfuerzo mantenido a nivel del tendón.
El tratamiento es conservador con
AINE, reposo deportivo, cinchas y ortesis, y sus resultados son relativos, ya que la tendinitis suele ser recurrente.

Tendinitis cuadricipital
El cuadro clínico corresponde a la inflamación del tendón del cuadriceps en su inserción en el polo superior de la rótula, afectando sobre todo la zona del vasto interno (Figuras 7 y 8).

El paciente refiere dolor al esfuerzo y a la extensión de la rodilla, y el tratamiento es similar al indicado en la tendinitis rotuliana.

Tendinitis anserina
En este cuadro clínico se observa una inflamación de los tendones que forman la pata de ganso-sartorio semitendinoso y recto interno-que se insertan conjuntamente a nivel antero interno de la tibia, muy cerca del platillo tibial.

La tendinitis se produce como consecuencia de la sobrecarga en flexión y adducción de la pierna. Al estar en íntima relación con la bursa anserina, ésta se suele afectar también.

El diagnóstico se efectúa mediante una correcta exploración clínica, observándose con la palpación de la zona inflamada un intenso dolor.

El tratamiento es conservador, indicándose AINE, reposo, crioterapia e infiltración local con corticoides si no mejorase.

TOBILLO Y PIE

Esguince de tobillo
El esguince de tobillo es la lesión mas frecuente del deportista y una de las patologías traumatológicas más frecuentemente observadas en AP. Afecta con mayor frecuencia al Ligamento Lateral Externo (LLE) y en él, por orden de frecuencia, a su fascículo anterior (peroneo-astragalino anterior), al medio (peroneo-calcáneo) y, por último, al tercer fascículo (peroneo-astragalino posterior), el cual se lesiona con menor frecuencia (Figura 8).

Las lesiones del ligamento lateral interno son raras. Ello es debido a que el cuerpo y la superficie articular tibial del astrágalo son mas anchos en la parte anterior que en la posterior. Por eso, en dorsiflexión el extremo anterior, al ser el más ancho, encaja perfectamente en la mortaja y la articulación es mas estable. Pero en flexión plantar el extremo del astrágalo encaja peor, por lo que casi todas las lesiones del tobillo ocurren en esta posición, mediante un movimiento en inversión forzada que termina lesionando el ligamento peroneo-astragalino anterior.

Los grados de esguince son similares a los de de otros ligamentos:

- Grado I: elongación de algunas fibras, con dolor y edema, pero sin laxitud articular.
- Grado II: al haber un desgarro parcial, ya puede existir laxitud articular que se traduce en un bostezo articular al reproducir la inversión del tobillo. Esta maniobra es difícil de realizar por el gran dolor que presenta el paciente y por la posibilidad de aumentar la lesión del ligamento.
- Grado III: hay rotura total con laxitud completa e impotencia funcional que se acompaña a veces con incapacidad para plantar el pie.

Diagnóstico
Como siempre, realizar una buena anamnesis sobre el mecanismo lesional es fundamental para conocer las estructuras potencialmente dañadas.

El estudio radiológico está indicado si hay dolor a la palpación de un maleólo o la base del quinto metatarsiano, lugar en que se inserta el músculo peroneo lateral corto, que en una inversión brusca puede tirar de este metatarsiano y producir un arrancamiento óseo.

Igualmente, en caso de duda acerca de la integridad del LLE, se pueden realizar radiografías con bostezo articular forzado manualmente. Se hacen en ambos tobillos para comparar. Si el bostezo en el tobillo lesionado es de 10º es indicativo de rotura total.

En la Atención Especializada se suele recurrir a la RMN para confirmar el diagnóstico de rotura total.

Tratamiento
En los esguinces de grado I que afectan a deportistas, además del tratamiento conservador habitual (AINE, crioterapia, reposo relativo, pierna en alto, etc), se recomienda el uso de vendajes funcionales siempre que la fase aguda del edema haya pasado y que el propio edema no sea muy importante.

En los esguinces de grado II se recomienda el empleo de férulas de yeso sin apoyo del pie. Se revisará a las 48-72 horas para controlar el edema y poder recurrir igualmente al vendaje funcional. Verhagen demostró que el uso de vendaje funcionales disminuye el número de recaídas y además estas suelen ser menos graves que en pacientes que han sido tratados sin vendaje funcional.

En los esguinces de grado III el tratamiento siempre será quirúrgico.

En todos los casos, una vez finalizada la fase de inmovilización, bien sea parcial o total, es necesario iniciar un programa de ejercicios para evitar recaídas y complicaciones secundarias a un patrón de marcha inadecuado. El programa se debe iniciar con ejercicios propioceptivos, de coordinación y de amplitud articular (realizar círculos amplios con los dedos de los pies), junto con ejercicios de potenciación muscular (andar de puntillas y de talones). También Verhagen, comprobó la importancia del programa de ejercicios al respecto, observando que los pacientes con alta recurrencia de esguince que siguieron el programa de ejercicios tuvieron una tasa de recurrencia posterior similar a la de los pacientes sin antece-
dentes de esguinces. Por todo ello, se prestará mucha importancia al patrón de marcha:

- 1ª fase: apoyo del talón con el tobillo en dorsiflexión y eversión. El primer punto de apoyo con el suelo tiene que ser el talón que sirve para amortiguar el golpe.

- 2ª fase: apoyo plantar completo. A base de realizar una flexión plantar del tobillo para conseguir que todo el pie esté en contacto con el suelo. Es frecuente que los pacientes, por el "temor" a movilizar una articulación dolorida bloqueen el tobillo con una contractura mantenida del extensor común de los dedos. Por ello, al andar no apoyan los dedos de los pies en el suelo. Esta contractura puede provocar un dolor que se irradia a la cara antero externa de la tibia.

- 3ª fase: translación del peso corporal de una pierna a otra. En esta fase el pie plantado en el suelo no se mueve y sólo se realiza un movimiento de tobillo que pasará de una posición de flexión plantar a otra de flexión dorsal.

- 4ª fase: se levanta el talón del suelo, dejando el pie apoyado exclusivamente sobre las articulaciones metatarsofalángicas y los dedos de los pies. Los dedos realizan una flexión plantar que dan impulso al pie para que se despegue del suelo.

Fascitis plantar



La fascia plantar es una fuerte sujeción ligamentosa que se extiende desde el calcáneo por toda la planta del pie y se inserta en las articulaciones metatarsofalángicas (Figura 9). Esta fascia ayuda a mantener la bóveda plantar, así como a amortiguar los pesos que soporta el pie. Por ello, es más frecuente en obesos y en personas que tienen que estar muchas horas de pie o en pacientes con alteraciones de la bóveda plantar (pie plano o cavo, excesiva pronación).

La fascitis plantar es un proceso doloroso que se localiza en la zona de inserción de la aponeurosis plantar y a lo largo de la misma, y suele deberse a la sobrecarga de tensión a la que está sometida. El cuadro da lugar a un dolor en la planta del pie, de comienzo insidioso, que suele ser máximo al iniciar la marcha y empeora al andar de puntillas.

Diagnóstico
Se observa dolor a la palpación de la fascia plantar o al poner la fascia en tensión realizando dorsiflexión pasiva de los dedos del pie. La radiología no es necesaria, aunque a veces, al realizarla, se puede visualizar un espolón calcáneo (el 30 por ciento de los espolones calcáneos son asintomáticos) que es una consecuencia de la fascitis y no implica mayor gravedad.

Tratamiento
Además de recurrir a los AINE y la crioterapia, debemos aconsejar el uso de un calzado adecuado (blando y sin tacones para no estirar la fascia), realizar automasaje de la fascia con una pelota de tenis y ejercicios de estiramiento del tendón de aquiles.

La fisioterapia es de utilidad, y antes de recurrir a la cirugía para los casos muy rebeldes (sólo 5 por ciento a los 6 meses), se pueden realizar infiltraciones locales de corticoides.






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