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AULA ACREDITADA
  
ACTIVIDAD ACREDITADA
POR LA COMISIÓN DE FORMACIÓN CONTINUADA
Sistema Nacional de Salud
Ministerio de Sanidad y Consumo
PROGRAMA ANUAL 2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
  
Los médicos inscritos podrán alcanzar la acreditación del Programa.
La cumplimentación de los cuestionarios de evaluación para cada tema del Programa se hará por soporte electrónico. La evaluación de los cuestionarios-respuestas se llevará a cabo por una agencia independiente especializada.

Teléfono de atención a los médicos participantes: 91.749.95.13 (Srta. Emma Fernández).

 

Terapia Familiar Breve en Atención Primaria (IV)

Caso clínico6

PRIMERA CONSULTA

Narcisa tiene 34 años, está casada y tiene un niño de un año y medio. Viene de otro centro de salud, y consulta a demanda por primera vez con su nuevo médico.

Queja: Fue diagnosticada hace 10 años de una posible sarcoidosis. Aunque dice que los médicos no parecieron tenerlo muy claro entonces, siguió un tratamiento con corticoides orales durante un año. Actualmente no toma ningún tipo de medicación por este motivo ni por otros. Desde entonces cuenta tener un rosario de síntomas variados, que van desde algunos "más tradicionales" -como náuseas, vómitos, tristeza, nervios, inquietud, miedo, sueño- a otros "más raros" -como pinchazos abdominales y genitales, sensaciones como culebrillas de electricidad que le circulan durante segundos en diversas partes del cuerpo, bocanadas de fuego que le abrasan el pecho...-. Sobre todos ellos, Narcisa se cuestiona su origen a través de las más variadas preguntas y suposiciones, a las que la respuesta que toma siempre más cuerpo es la de poder tener una enfermedad mala y rara que hasta ahora nadie haya sido capaz de detectar. Teme que todo esto se deba a alguna enfermedad de transmisión sexual mal curada. Y muestra su preocupación por poder "pegarle algo" a su niño. Actualmente duerme bien, pero se nota triste, muy cansada y con sueño todo el día.

Objetivo: Estar completamente bien, como antes.
El médico acepta sus quejas sin cuestionarlas, y empatiza con ella confirmándole que ha entendido que lo tiene que estar pasando muy mal. Aplaza la investigación del objetivo a una siguiente consulta programada, y pacta hasta entonces un objetivo provisional de que, "como no aporta ningún informe, intentará buscar una causa física a su malestar. Y si no la encuentra, intentará ayudar a la paciente a colocar su malestar en un lugar que no la moleste". Solicita analítica completa con velocidad de sedimentación, hormonas tiroideas, anticuerpos antinucleares, exudado vaginal, Rx tórax y abdomen.

Hasta que ambos vuelvan a verse, explica a la paciente que le falta información, por lo que le propone que se fije en excepciones a la queja.

SEGUNDA CONSULTA

La analítica solicitada, el exudado vaginal y las radiografías son normales. La exploración física no encuentra hallazgos significativos. El médico pasa entonces a interesarse por información sobre el objetivo, excepciones y soluciones intentadas.

Excepciones: Desde la consulta anterior, Narcisa cuenta que "estoy bien salvo cuando comienzo a pensar en mis males", pero no consigue describir qué es capaz de hacer en estos momentos o qué es diferente en ellos.

Objetivo: Estar absolutamente bien, al cien por cien. Como el médico piensa que éste es un objetivo imposible, aclara éste preguntándole pregunta qué podrá hacer cuando esté bien y pueda pensar en más cosas, diferentes a las que -como ella califica- "sus males". Contesta que "muchas más cosas, porque tendrá más ganas de hacerlas". El médico insiste...

"y, como tendrás más ganas de hacerlas, ¿cuáles acabarás pudiendo hacer?". Narcisa responde que podrá salir más con su hijo a la calle, podrá correr, hacer deporte, salir al parque con las amigas, podrá "estar a lo que está", e incluso podrá plantearse tener otro hijo -cosa que desea muchísimo, pero a la que no se atreve "por si acaso"-. Insiste en que estas cosas habitualmente no las hace porque está mal y se encuentra sin ganas. El médico tiene en cuenta estas cosas para redefinir este objetivo más adelante cuando haga la prescripción.

Soluciones intentadas: Todos los médicos que ha visitado le han dicho siempre a Narcisa que "no tiene nada". Sin embargo, a cada nuevo síntoma que contaba, le indicaban una nueva prueba, para concluir de nuevo que "no tiene nada". Y ella se esfuerza en no pensarlo, porque quiere "no tener nada", pero el mínimo pensamiento de que pueda tener algo la aterra.

El médico piensa que el patrón interpersonal de las soluciones intentadas por los anteriores profesionales que habían atendido a Narcisa corresponde al denominador V del MRI. Y que, de forma intrapersonal, la paciente intenta soluciones ineficaces que se corresponden con el denominador común II del MRI. Por lo que decide llevar a cabo una maniobra diferente de las que sus predecesores habían intentado sin éxito; maniobra a la vez incompatible con que la paciente continúe esforzándose en pensar que no tiene nada; y, todo ello, con el propósito de que Narcisa pueda conseguir conforme a su objetivo hacer una vida más a su gusto:

"Narcisa, no me cabe la menor duda de que te encuentras mal. Afortunadamente la manera en la que me has contado lo que te pasa, las exploraciones que te he hecho, y las pruebas complementarias que te has hecho hacen que todo parezca indicar que lo que tienes no va a hacer peligrar su vida, incluso que no la va a limitar. Fíjate en que cuando digo que "parece que no vas a tener algo malo" estoy de acuerdo contigo en que todo ello no descarta al cien por cien que no puedas tener ya o estar comenzando ahora mismo una enfermedad grave. Con la natural incertidumbre de lo humano te diré que no te puedo garantizar ni que estés bien al cien por cien ni que lo vayas a poder estar nunca. De hecho, no sé si tú conoces a alguna persona que esté bien al cien por cien; desde luego, yo no. Cada día, cuando alguien no tiene un pequeño ardor de estómago, tiene una ligera molestia en la espalda; o ese día ve un poco más borroso; o se siente un poco más cansado; o nota un poco más de sueño de lo que le gustaría... Y, cualquiera de estas cosas puede ser el primer síntoma de estar comenzando una enfermedad grave, como por ejemplo una úlcera de estómago, una artritis, o, por qué no, un cáncer". Narcisa dice: "¡pero qué me dices!". El médico prosigue: "Lo que oyes. Fíjate, ni yo mismo puedo saber ahora, que me duele un poco la cabeza, si esto es sólo el primer síntoma de un cáncer en el cerebro. A pesar de que esto sea habitualmente poco probable, es así de posible. Cualquier persona, aunque no se lo llegue a plantear en estos términos, permite que su cuerpo tenga un cierto margen de error. Y tú no te lo permites. Puedes seguir sin permitírtelo, pero me da la impresión de que en diez años que llevas así no te ha dado resultado... (Pausa para que confirme). Por ello, lo que te voy a pedir es que hagas algo diferente, tan diferente como que, durante varios ratos al día, por ejemplo de quince minutos, te permitas tener como único pensamiento -durante todos y cada uno de los segundos de estos minutos- que tu cuerpo pueda estar fallando, y que incluso puedas estar comenzando en ese mismo momento un cáncer, cosa que, como te digo, es poco probable -por todo lo que te he dicho al principio-, pero es posible".

TERCERA CONSULTA

Ha mejorado bastante. Está menos preocupada y más tranquila. Ha hecho la tarea, e informa que, aunque lo ha intentado como le propuso el médico, no fue capaz de completar los quince minutos pensando sólo en eso. Cuenta que, habitualmente, se le iba el pensamiento a otra cosa, como qué tenía que hacer de comida ese día, o con quién podría quedar al día siguiente. Los pensamientos sobre "sus males" le ocupan menos tiempo en el día y no le "asaltan" con tanta frecuencia. Pese a ello, cuando le vienen, piensa en si no sería necesario hacer alguna otra exploración que no se haya hecho hasta ahora.

El médico la felicita por haber tenido el coraje de permitirse pensar en que, efectivamente, podía tener algo malo, pero la instruye -con intención- para que no se distraiga con otras cosas cuando se pone a ello. Debe ser tu único pensamiento. Luego se sucede la siguiente conversación:

- Médico: "Narcisa, tienes razón en que todavía hay muchas más pruebas que se te pueden realizar. Sin embargo, te repito lo del otro día. Fíjate que hoy te duele un poco la espalda. Con la natural incertidumbre de lo humano te diré que incluso no podría decir que en este momento no estés comenzando tú, o incluso yo, una metástasis ósea de un cáncer que todavía no ha dado la cara -¡toco madera!-. Todo apunta a que no, porque, por lo demás parece que todo está bien, pero... no podemos tener seguridad 100 por 100, ni aunque nos hiciéramos todas las pruebas que están disponibles hoy en día, porque ninguna de ellas tiene una eficacia diagnóstica del 100 por 100.

- Narcisa: "¡qué me dices...!"
- Médico: "lo que oyes..."
- Narcisa: "¿y entonces, si me hiciera yo más pruebas, no saldríamos de dudas?"
- Médico: "cien por cien no".
- Narcisa: "Ya, pero un poco más cerca del cien por cien, sí".
- Médico: "Estoy de acuerdo, y aún así no conseguiríamos ese cien por cien. El hecho de que cada persona nos permitamos convivir con ese mínimo tanto por cien de incertidumbre nos ayuda a tener más tiempo para poder estar pendientes de llevar una vida como nos apetezca y no quedarnos paralizados. Y bien es cierto que es más cómodo pensar así, porque, aún con todas estas cosas, ese mínimo tanto por cien está ahí".
- Narcisa: "Bueno, ¿y entonces, por qué me pasan a mí todos estos síntomas?"
- Médico: "Quizá sea por todo lo que te he dicho, pero tampoco te puedo garantizar que esto sea así. No lo sé. Ya sé que te notas mal. Te propongo que continúes haciendo la tarea que te propuse la vez anterior para que puedas hacer una vida lo más parecida a como quieres vivir."
- Narcisa: "¿Y si aún así no se me va?"
- Médico: "Es posible. Entonces trabajaríamos para "aparcar los malestares que tienes en un lugar que te molesten lo menos posible".
Se cita a la paciente en un mes.

CUARTA CONSULTA

Narcisa ha hecho la tarea, al principio todos los días, y luego de forma cada vez más espaciada, porque le fastidia no poder conseguir estar concentrada todo el tiempo pensando en que puede tener algo malo. Ha aprovechado para hacerlo en las ocasiones en las que ha tenido algún síntoma de los suyos, pero no logra retener el pensamiento de que puedan deberse a que tiene un cáncer u otra cosa -aunque se esfuerza- más de un minuto, porque siempre tiene alguna cosa mejor que hacer que gastar el tiempo en ello. Cuenta que está más contenta, que disfruta más de su hija y de su marido, y que puede "estar más a lo que está haciendo". Ha comenzado a pensar que, como lleva esta temporada mejor, quizás sea bueno aprovechar para ir pensando en tener el hijo que desea. El médico la elogia por hacer la tarea, pero le advierte que los progresos más firmes son los que ocurren de forma lenta, así que, aunque empiece a no tener tiempo para pensar en que puede tener algo malo siga dedicada a ello intensamente. La paciente comienza a decir que no sabe si podrá, porque tiene más cosas que hacer.

En los meses siguientes, a esta consulta se siguieron otras dos muy parecidas, en las que cada vez la paciente iba comunicando encontrarse mejor, e incluso que tenía menos síntomas, y el médico continuaba con la estrategia de oponerse a ello. En la última visita el médico le preguntó que cómo podía ser eso de que tuviera incluso menos síntomas y Narcisa respondió que "quizá serían molestias normales como cualquiera pudiera tener", pero que, como llevaba tantos años fijándose en cada síntoma que tenía, por pequeño que fuera, "en todo este tiempo había perdido la capacidad de distinguir qué era lo normal de lo que no". La paciente comenzó a buscar un nuevo hermano para su niño.

TFB Y TRASTORNOS SOMATOMORFOS
E HIPOCONDRÍA


¿Algún lector, en este momento... puede tener la certeza absoluta de que el malestar físico que tuvo ayer no es la primera señal de que está comenzando una enfermedad seria? ¿Tiene seguridad cien por cien de no estar comenzando ahora mismo un cáncer? ¿Sabe seguro que va a estar vivo mañana? ¿Cómo hace para poder permitirse vivir con esta incertidumbre?

Es muy posible que los pacientes que más veces escuchen la frase "usted no tiene nada" sean aquellos de los que se dice que padecen hipocondría o trastorno somatomorfo. Se trata de pacientes con "una preocupación y/o y miedo sin medida" a poder contraer o haber contraído ya una enfermedad grave. Son pacientes que "parecen no mejorar nunca" y en los que no resulta fácil trazar una línea que claramente separe el límite entre lo que podrían ser síntomas puramente banales, que cualquier persona puede presentar en algún momento de su vida, síntomas presentes en muchas enfermedades orgánicas, síntomas presentes en muchos trastornos psiquiátricos y síntomas funcionales propiamente dichos -tildados así con el estado actual de la Ciencia-. Los médicos de Atención Primaria se encuentran prácticamente a diario con la dificultad de tratar a estos pacientes, en los que se ha descartado un proceso orgánico, pero continúan expresando sus quejas como exclusivamente físicas. Las quejas somatomorfas representan el cuarto problema más común en la Medicina Familiar; por delante de enfermedades como la cardiopatía isquémica y la diabetes mellitus (Rasmussen et al, 1989). Ocupan hasta un 20 por ciento de la demanda de los Centros de Atención Primaria (Lobo et al, 1988). Cuando persisten más de seis meses se engloban bajo la denominación de trastornos somatomorfos y alcanzan la prevalencia de un 1 por ciento de la población general (Kimayer, 1991).

El tratamiento que propone la TFB de estos pacientes tiene la ventaja de que no precisa definir los síntomas como psicológicos para tratarlos, por lo que no requiere una discusión previa con éste para que acepte como mentales unas dolencias que él percibe exclusivamente como físicas.

Información sobre el objetivo
Habitualmente se hace necesario negociar el objetivo de estos pacientes, porque, suele ser vago, del tipo "poder a estar bien", "que se me pasen estas cosas". Indagando más en ellos, se suele encontrar un objetivo imposible, del tipo "poder estar bien al cien por cien", "querer que absolutamente ninguna de estas cosas me pase jamás en la vida". Para negociarlo puede resultar útil una explicación del tipo que "pese a que las pruebas realizadas hayan resultado normales e incluso aunque su malestar pueda justificarse por motivos fisiológicos, la medicina no puede tener una certeza del cien por cien en sus apreciaciones". Explicaciones como éstas se muestran útiles, porque son contrarias a las soluciones intentadas que se mostrarán más abajo.

Excepciones
En el caso de estos pacientes, el texto de la tarea de fórmula (véase capítulo III) se modifica para adaptarlo a la queja que presentan. Así, se les dice: "Hasta la próxima consulta, fíjate bien en las sensaciones que tienes en tu cuerpo que quieres seguir notando". El efecto que se pretende con esta intervención es que los pacientes vuelvan su atención hacia las sensaciones corporales agradables, se fijen en ellas e informen de excepciones en la siguiente sesión.
Una vez definidas estas variables con el paciente, se destacan sus cualidades y las de su familia para resolver la situación, y se trabaja con él para que los momentos sin síntomas sean cada vez más largos.

Soluciones intentadas
A nivel intrapersonal, el denominador común de las soluciones intentadas que llevan a cabo estos pacientes es intentar tener cien por cien de seguridad en asuntos en los que un cien por cien de seguridad no es posible, que encaja en el denominador común II del MRI: "el intento de dominar un acontecimiento temido -poder tener una enfermedad- aplazándolo", y el giro de 180 grados consiste en diseñar una tarea para que el paciente se enfrente a lo que teme, es decir, a la posibilidad de tener una enfermedad- fracasando -o sea, permitiéndose admitir que ésta posibilidad sea cierta.

A nivel interpersonal, la dinámica relacional que se genera entre paciente y profesional, a veces también, entre paciente y familiar, consiste en que aquél quiere que sus familiares, médicos y profesionales que lo tratan, comprendan que los dolores o "síntomas" que siente son "de verdad" y para ello se esfuerza en quejarse, a veces, incluso exagerando un tanto sus molestias; ya que parece que los demás no perciben o minimizan la importancia de éstas. Por su parte, familiares y profesionales se esfuerzan en tranquilizar al paciente diciéndole que no es para tanto, que no hay nada grave, que no se va a morir o que los dolores, que dice sentir, no se justifican en función de su estado orgánico, por lo que serán "nervios". Esto corrobora al paciente en su sensación de incomprensión y le estimula para quejarse de forma más clara e intensa para así conseguir convencer mejor a quienes le rodean de que el dolor no es sólo producto de su imaginación (denominador V del MRI). Las nuevas quejas son ahora calificadas como infundadas, continuando con el círculo vicioso que lleva a pacientes, familiares y profesionales, directamente a la sensación de "callejón sin salida".

El hecho de que el profesional pueda contribuir a que el problema se perpetúe quiere decir que también puede ayudar a que se solucione. Para que esto último suceda basta con que el profesional realice un giro de 180 grados con respecto a las soluciones que está poniendo en práctica para resolver el problema -insistir en que "no tiene nada"- y que no están siendo eficaces para tal fin. Así cabría:

- Admitir que el paciente tiene malestar y aceptar su queja sea ésta cual sea. Dar la razón al paciente en lo que la tenga, ya que conviene recordar que siempre tiene razón en algo muy importante: se encuentra mal.
- Reconocer las propias limitaciones como profesionales sanitarios: ninguna prueba puede ofrecer una seguridad diagnóstica del 100 por cien -no se puede estar seguro al 100 por 100 de que un paciente no tiene nada-. Si el profesional es consecuente con la anterior afirmación, cuando desee comunicar calma al paciente sólo lo debe hacer en términos de tranquilidad "razonable", pero no "absoluta".

Otras posibles intervenciones sobre las soluciones intentadas de este tipo de pacientes son "normalizar la situación", "establecer diferencias", "aumentar la importancia de la queja", "cambiar la atribución de significado" "prescripción de no cambio", "los peligros de una mejoría", "estrategia de calma" y "prescripción de síntoma", que ya han sido desarrolladas con anterioridad en otra publicación (Rodríguez-Arias JL y Real M, 1998).

En la Tabla 2 se enuncian algunas ideas útiles para los casos de trastorno somatomorfo e hipocondría.











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