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CARCINOMA COLORRECTAL: ACTUALIZACIÓN Y PERSPECTIVAS

El carcinoma colorrectal (CCR) -adenocarcinoma de intestino grueso- es el segundo cáncer más frecuente en el mundo occidental. Existe una fase premaligna reconocible que puede ser identificada y durante la cual el tratamiento puede ser curativo. Esta revisión destaca los rasgos patológicos del CCR, junto a referencias históricas y una reseña de los avances actuales.

Trabajos morfológicos antiguos concluyen que la mayoría, si no todos, los adenocarcinomas de intestino grueso surgen de lo que originalmente se llamó pólipo, un término actualmente equiparable a lesión adenomatosa preexistente o lesión displásica benigna1. Existe relación entre el genotipo y la posibilidad de un fenotipo carcinomatoso.2 Actualmente se han identificado cambios genéticos en algunos carcinomas, que también se identifican en lesiones previas no neoplásicas, por lo que la secuencia adenoma-carcinoma parece conducir a determinados epitelios colorrectales normales a la transformación en una neoplasia maligna, en función de la información genética. 3

EPIDEMIOLOGÍA

Cada año se diagnostican en el mundo 570000 nuevos casos de CCR 4. Más de la mitad (300000) en Europa y en EEUU donde da lugar a unas 200000 muertes anualmente. Al menos un tercio de los adultos de la población industrializada desarrolla un adenoma de colon, pero sólo un 10 por ciento progresa a carcinoma invasivo.5 La prevalencia muestra amplia variación geográfica, con mayor incidencia en Asia y Afrecha (donde 10-15 por ciento de los adultos tienen uno o más adenomas).4

Datos recientes 6 indican que la máxima incidencia se observa en la población japonesa de sexo masculino en Hawai y en mujeres de Nueva Zelanda. Parecen existir variaciones en la incidencia dentro de una misma población, sugiriendo posibles diferencias en la etiología de estas lesiones.7 Estudios migratorios confirman la posibilidad de una posible influencia de la dieta, ya que la conservación de actitudes culinarias procedentes de país de origen -japoneses en Hawaii o europeos en Australia- favoreció el desarrollo de CCR. 6

La edad de incidencia de CCR está aumentando6, particularmente en la población negra y para las neoplasias colónicas. 7,8 Numerosos estudios relacionan la incidencia de CCR con clases socio-económicas altas, en relación con la dieta, y más aún con las pautas alimentarias de hace unas décadas.6

FACTORES DE RIESGO
NO GENÉTICOS


La dieta.

Se ha barajado una lista amplia de nutrientes, en relación con factores genéticos.8 Los más consistentes son: la ingesta de grasas totales y saturadas y de proteínas animales son perjudiciales, mientras que la fruta y las verduras se asocian con disminución del riesgo.8

Enfermedad inflamatoria intestinal.

Un porcentaje de estos pacientes puede desarrollar un CCR. En la colitis ulcerosa, la edad temprana al diagnóstico y la extensión de la enfermedad son factores de riesgo independientes 9 y una colitis ulcerosa de larga evolución conlleva un riesgo absoluto de CCR del 30 por ciento en mayores de 35 años.
El aumento de riesgo de CCR en la enfermedad de Crohn se considera menor, con mayor riesgo relativo en pacientes con afectación colónica que en aquellos con afectación ileal aislada. Si se trata de pacientes jóvenes -menores de 30 años al diagnóstico- se observa muy escasa diferencia entre pacientes con colitis ulcerosa y pacientes con Crohn. 10

Miscelánea

Destacan entre el amplio rango de factores relacionados con el desarrollo de CCR: el tamaño corporal,11 la disminución de la actividad física,11,12 la existencia de colecistectomía previa,13 la historia familiar,14 la radiación,15 la historia previa de adenomas esporádicos.16 El tabaco parece estar relacionado con la formación de adenomas pero probablemente no con la transformación a carcinoma, indicando un posible papel en la iniciación tumoral. 17, 18 Estudios recientes han demostrado que el Sulindac (un fármaco antiinflamatorio no esteroideo -FANE-) puede prevenir o causar la regresión de pólipos adenomatosos en humanos y en ratas. 19,20

GENÉTICOS

Existen varios síndromes bien definidos, genéticamente determinados que juegan un papel importante en la formación de tumores colorrectales. Se incluyen los síndromes de poliposis colónica adenomatosa (APC) -poliposis adenomatosa familiar clásica- 21,22 y variantes como el síndrome de Gardner,16 el síndrome de Turcot 23 y la APC atenuada, 24 los síndromes de CCR hereditario no relacionados con poliposis (HNPCC; síndromes de Lynch I y II),25 y los síndromes de poliposis no neoplásica -poliposis hamartomatosa26,27 y juvenil 28 y metaplásicos. 29

EVIDENCIA MORFOLÓGICA DE LA SECUENCIA ADENOMA-CARCINOMA..

Al principio de los años 70, se revisaron un gran número de neoplasias colorrectales 1 demostrándose una relación directa entre los adenomas colorrectales y la transformación maligna. Un porcentaje de cánceres invasivos presenta adenomas previos y los carcinomas con pólipos residuales se relacionaban inversamente con la profundidad de invasión.

Con su extensa base de datos, Muto y colaboradores también confirmaron que a mayor tamaño, displasia y aspecto vellositario de la lesión polipoide, mayor posibilidad de asociarse con cáncer. Los autores demostraron el potencial maligno de los pólipos adenomatosos y situaron la secuencia pólipocáncer en varios años, señalando que no todos los pólipos adenomatosos sufren una transformación carcinomatosa.

Hill y colaboradores formularon la secuencia adenoma-carcinoma en 1978.30 Sugirieron que los adenomas están inicialmente causados por un agente medioambiental que actúa en las células colorrectales de las personas genéticamente propensas a presentar adenomas. Un posterior agente medioambiental hace que los adenomas crezcan y un carcinógeno produce la transformación maligna en los adenomas de mayor tamaño. El factor inicial responsable de la conversión del epitelio normal en un adenoma inicial es prevalente en el mundo occidental. La progresión a un adenoma de mayor tamaño está influenciada por un agente diferente con semejante distribución geográfica. Los efectos de éste están más concentrados en el lado izquierdo del colon, sugiriendo la asociación con la ingesta proteica y lipidica, que conducirían a este estado. Su hipótesis supuso una importante asociación entre los factores genéticos y los medioambientales.

EVIDENCIA GENÉTICA DE LA SECUENCIA ADENOMA-CARCINOMA.

Fearon y Volgelstein examinaron los cambios genéticos en neoplasias colorrectales y elaboraron un modelo de carcinogénesis, delimitando las anomalías genéticas relacionadas con los cambios morfológicos, que apoyaban la evidencia de la secuencia adenoma-carcinoma.2

Resultados del modelo

Los tumores colorrectales surgen porque se activan los oncogenes por mutación e inactivación de los genes supresores tumorales en las células epiteliales, que sufren expansión e hiperproliferación del componente proliferativo. Los oncogenes involucrados incluyen K-ras y trk (posiblemente también neu, myc, myb). Aunque las mutaciones de ras suelen ser el evento inicial en un porcentaje de casos, están más probablemente implicadas en la progresión de adenoma pequeño a grande.31 El reordenamiento de trk (que codifica para el factor de crecimiento nervioso) es raro.

Se detectaron múltiples pérdidas cromosómicas pero sólo algunas resultaron de interés.2,32 Se incluyen regiones que codifican genes supresores, particularmente en 5q (que han sido identificadas como localización del gen FAP 33 ), 17p (p53) y 18 q (con delección en CRC; DCC). Las pérdidas alélicas de FAP se identificaron en 20-50 por ciento de los carcinomas y en torno a 30 por ciento de los adenomas; p53 en 75 por ciento de los carcinomas y en menos del 10 por ciento de los adenomas, mientras que se encontraron pérdidas de DCC en 70 por ciento de los carcinomas y en la mitad de los adenomas.34 También se describen otras alteraciones somáticas como la hipometilación en adenomas muy pequeños.

El hallazgo de varias alteraciones genéticas fundamentó las predicciones matemáticas del número de pasos involucrados en la tumorigénesis, sugiriendo un modelo que integraba entre 4-6 pasos. La acumulación total de cambios genéticos se consideró más importante que el orden real de ocurrencia de los mismos.

Seguían existiendo sin embargo múltiples cuestiones que fueron resolviéndose a mediados de los años 90. 5 Se perfiló un proceso genético que involucraba 7 pasos. Algunos cambios genotípicos podían predecir el fenotipo, pero mutaciones idénticas no se asociaban siempre con el mismo fenotipo. La evidencia de esta variabilidad sugería que la ligación de genes debía de ser crítica. Un posible modificador del gen APC que codifica la fosfolipasa A2 fue identificado en el cromosoma 4 (MOM1). 35 Este enzima está involucrado en el metabolismo lipídico. Se describieron factores epigenéticos que podían estar involucrados, además de los factores genéticos, ambientales y experimentales . Por ejemplo, el efecto negativo de los FANE (NSAIDs): inhibidores de la vía de la ciclooxigenasa) en la formación y regresión de los adenomas, posiblemente mediante la inhibición de la ciclo-oxigenasa 2 36,37 Las hormonas pueden estar involucradas en el desarrollo de los pólipos durante la pubertad. 38 Las alteraciones en la actividad de la DNA metiltransferasa podían tener un efecto inhibitorio en la formación de los adenomas. 39

El ligando Fas (FasL) es un mediador de la apoptosis via receptor de Fas (Fas/CD95/APO-1). Los CCR coexpresan FasL y Fas sin sufrir expansión de la apoptosis. La regulación de FasL ocurre en una fase temprana de la secuencia adenoma-carcinoma en la carcinogénesis colónica y es evidente en la fase de displasia leve. La pérdida de apoptosis en áreas de adenoma que coexpresan Fas y FasL sugiere que las células epiteliales del colon adquieren resistencia a la apoptosis mediada por Fas, de forma temprana en el proceso de transformación. 40

EL PRODUCTO DEL GEN APC

Es un gen enorme (8535 bases) y su proteína se expresa en la mayoría de los tejidos adultos. Dos uniones b-catenina están presentes en la porción central de la proteína APC y casi todas las formas mutantes pierden al menos una de estas secuencias de unión repetidas. La b-catenina acopla la proteína APC a dos acontecimientos celulares diferentes. El primero involucra las adhesiones celulares mediadas por la b-cadherina. La unión de la b-catenina a la proteína APC o a las cadherinas es mutuamente excluyente.41 El segundo implica a la b-catenina y al Armadillo (el homólogo de la b-catenina en la Drosophila), demostrándose que ambos actúan como transductores de señales. 42

La proteína APC induce la apoptosis en las células del carcinoma de colon.43 Esto proporciona una explicación alternativa para el efecto beneficioso de los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (FANE-NSAIDs) en el CCR, al interferir estas drogas con la capacidad del PPARd (receptor hormonal nuclear: peroxisome-proliferator-activated receptor d) para unirse al DNA, inhibiendo su función y facilitando la apoptosis en las células del CCR. El mecanismo es aún desconocido.

SÍNDROME DEL CARCINOMA COLORRECTAL HEREDITARIO NO RELACIONADOS CON POLIPOSIS. (HNPCC-CCHSP).

Fue definido por Lynch.44,45 Es autosómico dominante, caracterizado por CCR con o sin tumores extraintestinales (Lynch II y I respectivamente) en ausencia de pólipos pre-existentes. Se ha demostrado que los genes involucrados están situados en los cromosomas 2p16 o 3p21.

La pérdida de los mecanismos de reparación conduce a un aumento de los índices de mutación y a la adquisición de un fenotipo mutante. Este último asociado con la inestabilidad de microsatélites (IMS) y la acumulación de mutaciones en genes críticos del control del crecimiento -que incluyen bax y los receptores del factor de crecimiento- 46 que conducen a defectos en el cese del crecimiento y la apoptosis. También se han identificado anomalías en el sistema HLA, sugiriéndose una posible interferencia con la vigilancia inmune celular. 47

OTRAS NOVEDADES
SÍNDROMES FAMILIARES


Se estima que aproximadamente el 20 por ciento de los CCR son familiares. 48 Los pólipos del Síndrome de Peutz-Jeghers presentan mutaciones en las células epiteliales celulares en el gen LKB1 en el cromosoma 19p. Codifica para una kinasa (serina-treonina) que se piensa actúa como gen supresor en estos pacientes. La pérdida alélica de este gen supresor puede jugar también un papel en la formación de tumores extra-intestinales en este síndrome49 aunque los mecanismos involucrados no son conocidos.

En la poliposis juvenil se han encontrado anomalías en el estroma celular de los pólipos colónicos. La presencia del pólipo juvenil puede modificar el medio-ambiente local y predispone a la aparición de cáncer a través de la proliferación epitelial inducida por el estroma. Estos nuevos hallazgos sugieren que además de la secuencia adenoma-carcinoma, puede existir una secuencia alternativa hamartoma-adenoma-carcinoma. 50

Los pólipos metaplásicos presentan cierta sobreposición fenotípica con los adenomas aserrados. Ambos expresan mucinas MUC2 (intestinal) y MUC54C (gástrica), regulan el CEA, tienen mutaciones en K-ras y tienen niveles bajos de inestabilidad de microsatélites. Se ha sugerido, por tanto, otra posible secuencia: pólipo metaplásico-adenoma aserrado-carcinoma. 51

RELEVANCIA DE LA INESTABILIDAD DE LOS MICROSATÉLITES O DEL ERROR DE REPLICACIÓN.

Las anomalías en el gen MMR conducen al error en la replicación (RER) o a altos niveles de inestabilidad de microsatélites, característicos del síndrome de carcinoma colorrectal hereditario sin pólipos. Un pequeño número de casos CCR esporádico también muestra un índice elevado de inestabilidad de microsatélites. La identificación de este grupo de CCR puede simplificarse mediante la detección de las proteínas MMR por inmunohistoquímica en las piezas resecadas.52 Se dice que en torno a 10 por ciento de los casos de CCR tienen bajos niveles de inestabilidad de microsatélites (MSI-L). Pueden surgir en un fondo de adenoma aserrado con base en un pólipo hiperplásico.51

INESTABILIDAD CROMOSÓMICA

La inestabilidad de microsatélites y las alteraciones en la secuencia de nucleótidos debida a la deficiencia de MMR ocurre en una proporción relativamente pequeña de casos de CCR. Se ha comprobado que los tumores sin inestabilidad de microsatélites presentaban alteraciones en la segregación cromosómica con pérdidas o ganancias de material genético que persistían en el tiempo en la vida de las células tumorales.53

CLONALIDAD

El estudio más destacado se basa en la monoclonalidad de todos los adenomas y carcinomas incluidos. Además se ha comprobado que todas las criptas intestinales eran exclusivamente XY o XO, por tanto cada cripta era clonal. El adenoma monocriptal también es clonal. 5 por ciento de los microadenomas eran mixtos y 76 por ciento de los adenomas eran policlonales.54

RELEVANCIA DE LOS FOCOS ABERRANTES

Los focos de criptas aberrantes son pequeñas lesiones de la mucosa, detectadas mediante la aplicación de azul de metileno en la superficie del epitelio.55 Se caracterizan por aumento del diámetro glandular, epitelio engrosado hipercelular y alteraciones en la mucina citoplasmática. Se han considerado lesiones preneoplásicas pero microscópicamente su aspecto es heterogéneo y la mayoría son hiperplásicos y no asociados con displasia. Otros autores han descrito que los focos de criptas aberrantes sin displasia son más comunes en pacientes con CCR síncronos, apoyando la sugerencia de que los focos de criptas aberrantes tienen un papel como marcadores preneoplásicos.56 La demostración de mutaciones en K-ras en los focos de criptas aberrantes apoya la hipótesis de transformación adenomatosa de las lesiones hiperplásicas.

¿EXISTE EL CARCINOMA DE NOVO?

Se trata de un problema de terminología. Si se define la lesión como algo que surge fuera de la secuencia adenoma-carcinoma, claramente existen situaciones (como la enfermedad inflamatoria intestinal, los pólipos adenomatosos o los carcinomas en anillo de sello) donde esto puede ser posible. Si la definición incluye únicamente aquellas lesiones malignas que se desarrollan en ausencia de precursor de displasia, parece que sería extremadamente raro.3

MÚLTIPLES VÍAS DE CARCINOGÉNESIS

Está claro que existe más de una secuencia que conduce del epitelio colónico normal al CCR. No es posible asegurar cuántas vías existen. Hay al menos cuatro distintas o que muestran cierto solapamiento: la vía supresora, la vía clásica de mutación, la vía de mutación leve y una vía asociada con la inestabilidad cromosómica. El punto en que determinados predisponentes como la enfermedad inflamatoria intestinal inespecífica, intervienen en estas vías no está claro aún.57

CONCLUSIONES Y APROXIMACIONES DE FUTURO

El desarrollo del CCR es un complicado proceso que involucra una combinación de factores genéticos y medioambientales. La mayoría de los carcinomas surgen porque una proliferación del epitelio da lugar a una combinación progresiva de alteraciones genéticas en varios pasos, que evolucionan hasta la lesión precursora displásica del CCR. Las mutaciones de línea germinal predisponen a la formación de CCR, y mecanismos semejantes parecen involucrarse en los carcinomas familiares y esporádicos. Actualmente alguno de los productos proteícos de estas alteraciones genéticas puede detectarse inmunohistoquímicamente.

El proceso secuencial puede estar asociado con la inestabilidad de los microsatélites, aunque algunos trabajos recientes señalan la inestabilidad cromosómica como una alternativa.

No se ha demostrado aún cuántas vías son necesarias desde el punto de partida hasta la malignidad establecida o cuántos puentes de comunicación pueden existir.

Es probable que vayan surgiendo genes involucrados y la relación de estos con factores genéticos y medioambientales. Actualmente se postula el papel de genes supresores tumorales como pérdidas en p16, un modificador putativo de FAP localizado en 1p35 y otros focos de pérdidas alélicas como 22q, 8p (dos genes putativos supresores tumorales), 3p22 (E-cadherina) y 16q22 (ß-catenina).47 El papel de genes y proteínas involucrados en la apoptosis y el envejecimiento celular, como el PPARd, bcl-2 y telomerasa también necesitan ser clarificados.

Es necesario profundizar en las razones de las diferencias en la epidemiología de los tumores colónicos y rectales, así como en el uso de modelos como herramientas moleculares para redefinir el diagnóstico y el manejo de los pacientes.3

 

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