ASMA INDUCIDO POR EL
EJERCICIO
Antecedentes.-
Hasta hace pocos
años, los enfermos asmáticos estaban estigmatizados e
incapacitados para la realización de las actividades atléticas
deportivas de competición y recreo. En la actualidad, con un
diagnóstico y un tratamiento adecuado, la participación
en las mismas de estos enfermos es un hecho cotidiano, obteniendo un
beneficio físico y un bienestar emocional. Es una enfermedad
poco conocida por enfermos y médicos. El médico debe desterrar
este mito, detectando a los enfermos de asma inducida por ejercicio,
explicándoles su enfermedad y tratándola, consiguiendo
una integración con el resto de la comunidad deportiva.
Actualización del tema.-
Es un estrechamiento
agudo y reversible de las vías respiratorias (un aumento transitorio
de la resistencia de las vías aéreas) secundario a la
realización de una actividad física de cierta entidad,
ocasionando una limitación al flujo aéreo. Afecta al 10-15
por ciento de personas sanas, al 70-80 por ciento de los asmáticos
y al 40-50 por ciento de los enfermos atópicos. La incidencia
es del 3-10 por ciento y la prevalencia del 10-50 por ciento, variando
según el deporte y los medios diagnósticos utilizados.
Es más frecuente en niños y adultos jóvenes.
La patogenia es multifactorial y no totalmente conocida (existe un estímulo
desencadenante de la hiperreactividad del músculo liso bronquial
causante del broncoespasmo). La hiperventilación causa en la
vía aérea una pérdida de agua (generando una hiperosmolaridad
del epitelio de las vías aéreas) y una pérdida
de calor (la mucosa se enfría y, al cesar el ejercicio, se recalienta
y surge hiperemia y edema), que liberaría mediadores de los mastocitos
(sustancias proinflamatorias como los cisteinil leucotrienos, que incluyen
los leucotrienos C4, D4 y E4, las prostaglandinas broncodilatadoras
de acción lenta, que dan el periodo refractario y la histamina).
Entre los factores desencadenantes se encuentran los ambientes fríos
y/o secos, practicar actividades al aire libre, obstrucción nasal
y/o bronquial, alergia bronquial, hiperreactividad bronquial, infecciones
virales respiratorias, deshidratación, asma mal controlada, ambientes
contaminados, neumoalergenos, tabaquismo, mala forma física,
estrés emocional. También existe relación con el
ejercicio en sí, encontrándose con más frecuencia
en deportes aeróbicos (carrera, esquí, ciclismo, fútbol),
que requieren esfuerzos continuos y prolongados, exigiendo respiraciones
rápidas y profundas; cuanto mayor sea la intensidad del ejercicio,
más probable es desarrollar el cuadro; cuanto mayor sea la duración
del ejercicio, mayor gravedad presentará el cuadro (hasta un
punto a partir del que ceden los síntomas, por agotamiento de
los mastocitos y aumento en la liberación de los broncodilatadores
endógenos epinefrina y norepinefrina).
Los síntomas incluyen accesos de tos, dolor u opresión
torácica, disnea, sibilancias, agotamiento durante el ejercicio,
respiración entrecortada, taquicardia y mareos. Con frecuencia
son achacados a falta de entrenamiento o a una pérdida de la
forma física. Puede presentarse como crisis típicas de
broncoespasmo desencadenadas tras la realización de un ejercicio
o como crisis atípicas de fatigabilidad y sensación de
falta de aire, desproporcionadas al ejercicio realizado. Puede aparecer
durante el ejercicio (generalmente tras 10 minutos de ejercicio), aunque
es más frecuente al terminar el mismo; el cuadro alcanza su cenit
a los 5-15 minutos de acabar el ejercicio y suele ceder a los 30-90
minutos del esfuerzo. Existe un periodo refractario en el 50 por ciento
de los pacientes: si se realizan ejercicios en las siguientes 2-4 horas,
no surgirá esta respuesta o será de menor intensidad.
En algunos casos, sobre todo en niños, a las 3-10 horas aparece
un cuadro obstructivo más leve: es la reacción o respuesta
tardía. Suele resolverse antes de las 24 horas (autolimitado
por liberación de epinefrina y/o norepinefrina y porque durante
la crisis se repleccionan los mastocitos).
El diagnóstico se basa en la anamnesis, en la presencia de una
clínica compatible (pormenorizando la cronología y las
situaciones en las que aparece) y el los test de provocación
(cuantifican el grado de la enfermedad y valoran el efecto de los tratamientos).
Hay que demostrar una disminución del FEV1 (volumen espiratorio
máximo en el primer segundo) post-ejercicio mayor al 15-20 por
ciento del valor basal pre-ejercicio (cuantificado por espirometría
o por medidores de pico de flujo espiratorio o peak-flow). Puede realizarse
la prueba con broncodilatadores (medición 15 minutos después
de inhalar un beta 2 agonista). En función del patrón
espirométrico (caída del FEV1), distinguimos tres grados:
LEVE = 20-30 por ciento, MODERADA = 30-50 por ciento y GRAVE > 50
por ciento. El test de esfuerzo (con tapiz rodante o con cicloergómetro),
con pulsiosímetro y electrocardiograma. La frecuencia cardiaca
debe ser mayor de 140 lpm. Se mide el flujo espiratorio máximo
(PEFR) en reposo, en los minutos 3 y 6 del ejercicio, y en los minutos
5, 10, 15, 30 y 60 post-ejercicio. Existen protocolos de carga progresiva
y de carga constante (estos últimos evalúan la respuesta
a los tratamientos). Se determina el índice de labilidad bronquial
(ILB), que es positivo si es mayor del 16 por ciento (ILB = PEFR máximo
- PEFR mínimo / PEFR reposo, multiplicado por 100). Previo a
la prueba hay que retirar todos los tratamientos, evitar realizar ejercicios
en las 4 horas previas (la prueba podría caer en el periodo refractario)
y el FEV1 previo a la prueba debe ser de al menos el 70 por ciento del
valor teórico. Aplicaremos un broche nasal y mediremos la temperatura
y la humedad ambiental.
También podemos valorarlo mediante la determinación de
la saturación sanguínea de oxígeno con la oximetría
de pulso, tras la realización de un ejercicio físico:
la desaturación es una disminución del oxígeno
mayor o igual al 4 por ciento del valor basal o una saturación
menor o igual al 88 por ciento. En los niños puede realizarse
el test de carrera libre en el exterior (6 minutos) a máxima
intensidad, midiendo el peak-flow (aplicando las mediciones citadas
en el test de esfuerzo).
El objetivo del tratamiento debe ser que los deportistas no abandonen
su actividad por padecer asma inducida por ejercicio. El broncoespasmo
no debe limitar ni la participación ni el éxito en los
eventos deportivos. Las medidas no farmacológicas son respiración
nasal, mantener un buen estado de hidratación y evitar las situaciones
desencadenantes. Deben seleccionarse las actividades a practicar, así
son aconsejables el trote ligero, las caminatas, el ciclismo sin esfuerzo,
la gimnasia, el golf y la natación; las actividades a evitar
son el esquí, el hockey sobre hielo y las actividades sin descanso.
El submarinismo es el único ejercicio prohibido. Es aconsejable
el calentamiento de intensidad moderada, progresiva y prolongada (ejercicios
de duración inferior a 5 minutos, durante 10-15 minutos y de
intensidad submáxima menor al 85 por ciento del consumo máximo
de oxígeno). Al finalizar se hace un descenso gradual del ejercicio.
Entre las medidas farmacológicas debemos repasar la lista de
sustancias prohibidas como dopaje, para no pautar fármacos que
estén incluidos en la misma o para confeccionar los informes
que las autoridades deportivas indiquen para cada sustancia concreta
(los beta 2 agonistas y los corticoides requieren informe). Los beta
2 agonistas adrenérgicos vía inhalatoria: evitan el broncoespasmo
(terapéutica y preventivamente), aunque no evitan la respuesta
tardía. Son los fármacos de primera línea y vía
oral son inefectivos como tratamiento preventivo. Los de corta duración
son el salbutamol y la terbutalina. Revierten el broncoespasmo agudo.
Su acción se inicia en 5 minutos, alcanzan el pico de su acción
en 30 minutos y dura 4-6 horas. Son de elección como tratamiento
preventivo: 2 inhalaciones, 15 minutos antes del ejercicio. Es efectivo
en más del 80 por ciento de los pacientes. También se
emplean como medicación de rescate (si surgen los síntomas
durante el ejercicio). El salbutamol protege durante 120 minutos. Los
de larga duración son el formoterol y el salmeterol. Están
indicados en el tratamiento preventivo, pero deben administrarse varias
horas antes del ejercicio. Su acción dura unas 12 horas. Son
de elección en los niños (realizan ejercicios de forma
continuada, es difícil concienciarlos de la necesidad de administrase
el medicamento antes de jugar y no es previsible cuando realizarán
ese ejercicio). El salmeterol presenta un inconveniente ya que tras
7-14 días de uso diario disminuye su protección, por aparición
de taquifilaxia. Los corticoides inhalados, budesonida, fluticasona,
beclometasona, reducen la inflamación de las vías aéreas.
Carecen de valor si se dan inmediatamente antes del ejercicio. En tratamientos
prolongados, más de 2-4 semanas de uso diario, disminuye la incidencia
del cuadro, la gravedad de los síntomas, la hiperreactividad
bronquial y la dosis necesaria de los beta 2 agonistas, aumentando el
umbral de ejercicio necesario para inducir los síntomas. Son
de elección en pacientes con síntomas más de 2
veces por semana y en los que no quedan libres de síntomas con
los beta 2 agonistas. Su dosis se debe aumentar hasta conseguir la desaparición
de la sintomatología. El cromoglicato disódico y nedocromil
sódico en aerosol reducen la inflamación de las vías
aéreas e inhiben la respuesta tardía. Suelen añadirse
a los beta 2 agonistas si no hay respuesta a los mismos. El cromoglicato
disódico protege durante 90 minutos y asociado al salbutamol
protege durante 240 minutos. El Montelukast es un antagonista de los
receptores de los leucotrienos. Es muy eficaz y protege durante 20-24
horas. No presenta tolerancia. El 25 por ciento de los pacientes no
tienen respuesta a esta sustancia. Disminuye la necesidad de medicación
de base y de rescate. Son de toma única diaria (5 mgr en niños
de 6-12 años y 10 mgr en > 12 años; no está
comprobada su seguridad en niños menores de 6 años).
Conclusiones.-
- El asma inducido
por ejercicio presenta una incidencia no despreciable, pudiendo interferir
en el desarrollo de estos enfermos, que con frecuencia son niños.
- Debemos detectar a los enfermos mediante la historia detallada de
los síntomas.
- Se puede valorar la severidad con pruebas sencillas y muchas asequibles
en atención primaria.
- Hay que ser enérgicos en el tratamiento. Esta es una enfermedad
que debe quedar asintomática, empleando cuantos tratamientos
se precisen.
- Parte fundamental de la actuación del médicos es la
detección de los factores desencadenantes y la promoción
de actividades de educación para la salud.
Puntos clave.-
- El objetivo del tratamiento es la integración del
enfermo en la vida deportiva y un completo desarrollo personal.
- La lucha
contra los factores desencadenantes es fundamental en el tratamiento.Dr.
Miguel Martín Casillas
- Disponemos
de un arsenal terapéutico suficiente para prevenir y
tratar esta enfermedad.
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Moya MC, Villegas
G: Alergia y ejercicio. En: Ballesteros R, Gómez
E, Jumilla JL, Castro R: Traumatología y medicina
deportiva. Almería: Servicio publicaciones Universidad
Almería, 2000, 855-860.
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