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La presión del pulso como marcador de
riesgo cardiovascular
Introducción .-
La presión del pulso (PP) se define como la
diferencia entre la presión arterial sistólica (PAS) y la presión arterial diastólica
(PAD), se expresa en mmHg y se considera un indicador de la distensibilidad arterial.
A partir de estudios observacionales, como el de Framingham, hemos sabido que la PP
aumenta con la edad, tanto en hombres como en mujeres, de forma paralela al aumento de la
PAS, sobre todo en la población mayor de 60 años. Este hallazgo se fundamenta en el
hecho demostrado de que con la edad se producen cambios en la evolución de la PAS y PAD
de tal manera que el componente sistólico de la presión arterial (PA) aumenta lentamente
entre los 50 y 59 años y muy rápidamente después, mientras que el componente
diastólico aumenta hasta los 50 años y posteriormente tiende a disminuir. Estos cambios
de comportamiento, basados en alteraciones hemodinámicas propias del incremento de la
edad, originarían el aumento progresivo y lento de la PAS y de la PP. La importancia de
ambas se puso de manifiesto en investigaciones realizadas con la cohorte del estudio de
Framingham que evidenciaron un riesgo superior y creciente para la PAS, en comparación
con la PAD elevada, en individuos mayores de 55 años.
Aunque en la actualidad no es posible definir la PP normal, diferentes estudios
poblacionales han puesto de manifiesto que una PP superior a 65 mm Hg se asocia a una
mayor morbimortalidad cardiovascular constituyendo un marcador independiente de riesgo
cardiovascular. Datos procedentes de un estudio transversal realizado en nuestro país
indican que la prevalencia de PP elevada (>62 mmHg), en la población de 35 a 64 años,
es del 17%, alcanzando el 13,6% cuando se consideran valores superiores a 65 mmHg.
Aspectos fisiopatológicos de la presión del pulso
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Desde el punto de vista fisiopatólogico, la
PP va a estar ligada al envejecimiento y su incremento con la edad responde, como causa
más frecuente, al progresivo endurecimiento de las arterias principales. En el sujeto de
edad avanzada se produce una creciente rigidez de las grandes arterias con sustitución de
la elastina por colágeno y calcio originando una hipertrofia y fibrosis de la capa
muscular. Estos cambios estructurales vasculares provocan una disminución de la
distensibilidad de la aorta y otros grandes vasos, responsable del incremento de la PP.
Mediante técnicas no invasivas como el análisis de la velocidad de la onda del pulso
se puede obtener información sobre los cambios en las grandes arterias y averiguar el
estado de rigidez arterial. La velocidad de la onda del pulso aumenta con la edad, desde
valores de 6 m/s a los 20 años hasta los 12 m/s a la edad de 80 años, y hoy día sabemos
que una velocidad de onda superior a 13 m/s predice mayor riesgo cardiovascular.
Otros mecanismos que pueden estar implicados en el incremento de la PP son: la
hipertonia simpática (causa de aumento de PP en los más jóvenes), la insuficiencia
aórtica y determinadas situaciones hiperdinámicas como la tirotoxicosis.
Considerando que la PP es una medida que refleja la influencia de la elasticidad vascular
sobre la PA, debemos ser conscientes de que la hipertensión arterial no tratada puede
acelerar estos procesos degenerativos al favorecer el endurecimiento arterial.
Presión del pulso y riesgo cardiovascular .-
Como hemos
comentado anteriormente el aumento de la PP se asocia a una mayor morbimortalidad
cardiovascular en sujetos de edad media y avanzada.
El aumento de la PP, especialmente cuando se debe a un incremento de la PAS y reducción
de la PAD se asocia a un mayor riesgo cardiovascular aun cuando los valores de la PAS y de
la PAD se encuentren en cifras normales.
Diferentes estudios han puesto de manifiesto que la elevación de la PP es un marcador de
eventos cardiovasculares tanto en la población normotensa como en la hipertensa.
En 1989, en un estudio realizado en Francia en 18.336 varones y 9.351 mujeres, seguidos
durante un promedio de 9,5 años, se observó una asociación entre la PP y la hipertrofia
ventricular izquierda en ambos sexos y una correlación con la muerte por cardiopatía
coronaria en las mujeres. Estudios posteriores (Madhavan S et al, 1994) en pacientes
hipertensos tratados y no tratados, encontraron que la PP fue el único parámetro de la
PA que se relacionó con la incidencia de infarto de miocardio.
En 1997, Benetos A et al, en un estudio realizado en más de 19.000 pacientes varones de
40-69 años de edad seguidos durante un periodo medio de 19,5 años, encontraron que la PP
elevada fue un factor predictivo independiente y significativo de la mortalidad total, de
la cardiovascular y de la coronaria. En este estudio los varones normotensos con PP más
elevada (> 55 mmHg) presentaron un aumento del riesgo cardiovascular del 40% cuando se
comparaba con los normotensos con PP más bajas (< 45 mmHg). En una reciente
reevaluación del estudio MRC (Millar JA et al 1999) se encontró que la PP fue un
predictor más potente que la PAS en la aparición de eventos coronarios y en otro,
también reciente, subanálisis del estudio SHEP (Domansky MJ et al 1999) se vio que
existía relación entre el incremento de la PP y la aparición de eventos
cerebrovasculares. En otro estudio procedente de la cohorte de Framingham publicado en
1999, Franklin SS et al confirman que el riesgo de eventos cardiovasculares se asocia al
incremento de la PAS, de la PAD y de la PP, siendo esta última la variable que obtiene la
mejor correlación de las tres. Por último reseñar un reciente metaanálisis (Blacher J
et al 2000), que incluyó 7.929 pacientes procedentes de tres estudios realizados en
ancianos con hipertensión arterial sistólica aislada, en el que se corrobora que la PP
es el principal predictor para la aparición de una enfermedad cardiovascular.
Presión del
pulso e investigaciones futuras .-
Hacen falta más datos que confirmen hallazgos previos que relacionan
el incremento de la PP con repercusión temprana de órganos diana como puede ser con la
aparición de microalbuminuria, con el aumento de la masa ventricular izquierda o con la
ateromatosis carotídea. No disponemos de datos que analicen la influencia de las
distintas opciones terapéuticas de la hipertensión sobre la PP. Sabemos que la mayoría
de fármacos antihipertensivos disminuyen las resistencias periféricas y secundariamente
pueden reducir la rigidez arterial, pero no sabemos de que manera influye cada uno de
ellos en las alteraciones estructurales vasculares propias del envejecimiento. Precisamos
estudios de intervención que investiguen y aclaren estos aspectos lo cual permitirá
optimizar la toma de decisiones terapéuticas en la práctica clínica diaria.
Puntos clave.-
- Actualmente se reconoce que la presión del pulso (diferencia
entre presión arterial sistólica y diastólica) es un factor de riesgo cardiovascular
independiente en sujetos de edad media y avanzada.
- Estudios observacionales como el de Framingham han demostrado
que la presión del pulso aumenta con la edad tanto en hombres como en mujeres, de forma
paralela al aumento de la presión arterial sistólica, sobre todo en la población mayor
de 60 años.
- Datos recientes indican que la prevalencia de presión del
pulso elevada (>62 mmHg), en la población española de 35 a 64 años, es del 17%
alcanzando valores del 13,6% para valores superiores a 65 mmHg.
- Actualmente no es posible definir la presión del pulso normal
pero se acepta que un valor superior a 65 mmHg se asocia a un incremento del riesgo
cardiovascular.
- El aumento de la presión arterial sistólica y de la presión
del pulso es debido, fundamentalmente, a cambios estructurales vasculares que ocasionan
rigidez y disminución de la distensibilidad en la aorta y grandes vasos.
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- 1999 World Health Organization-International Society of
Hypertension. Guidelines for the Management of Hypertension-Guidelines Subcommittee. J
Hipertens 1999; 17: 151-183.
- Benetos A, Safar M, Rudnichi A, Smulyan H, Richard JL,
Ducimetiere P et al. Pulse pressure: a predictor of long-term mortality in a French male
population. Hypertension 1997;30:1410-1415.
- Black HR, Kuller LH, O´Rourke MF, Weber MA, Alderman MH,
Benetos A et al. The first of the Systolic and Pulse Pressure (SYPP) Working Group. J
Hypertens 1999;17: (suppl 5): S3-S14.
- Armario P, Hernandez del Rey R, Ceresuela-Eito LM,
Martin-Baranera M. Presión del pulso como factor pronóstico en los pacientes
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- Athanase Benetos. La presión del pulso como factor predictivo
del riesgo cardiovascular. Med Clin 2000; 1 (monografía): S24-S26.
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