Revisión Bibliográfica


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Vacunación Antigripal

cuadrop.jpg (1823 bytes) Antecedentes.-

La infección por el virus de la gripe (influenza) produce en el ser humano un cuadro clínico característico conocido desde los tiempos de Hipócrates. Puede decirse que todos hemos tenido algún contacto con este virus, cuya expresión antigénica cambia cada año. En 1918 se produjo una terrible pandemia, que causó más de 20 millones de muertes en todo el mundo, probablemente la epidemia más grave sufrida por la humanidad. Existen tres tipos de virus de la gripe: A,B y C. El virus A es el más importante y responsable de los brotes más severos. Tienen una amplia variabilidad antigénica, lo que limita la posibilidad de combatirlos, por lo que es necesario modificar la vacuna cada año. La importancia de la infección gripal radica en su amplísima difusión (un 20-30 % de la población mundial cada año), así como en su repercusión a nivel social, escolar y laboral. En España, provoca más de 60 millones de pérdidas de horas de trabajo cada año. Por otro lado, en pacientes susceptibles no está exenta de gravedad, motivando múltiples ingresos hospitalarios y siendo responsable de una cifra de fallecimientos estimada en más de 3.000 personas/año.

cuadrop.jpg (1823 bytes) Actualización del tema.-

El virus gripal pertenece a la familia de los ortomixovirus. Son virus RNA de forma esférica que están formados por un antígeno profundo o soluble (S) y una envoltura que posee unas partículas con actividad hemaglutinina (HA) y neuraminidasa (NA) que le confieren una muy particular constitución con una gran variabilidad biológica. Pequeñas mutaciones en el genoma del virus originan las variaciones antigénicas menores, responsables de las ondas epidémicas que acontecen cada 2 ó 3 años. Los virus de la gripe del tipo A sufren cada 10-12 años variaciones antigénicas mayores que suponen cambios en la totalidad de uno de los antígenos HA o NA, dando lugar a las temidas pandemias frente a las que la población puede carecer de memoria inmunológica. Esta es la llamada plasticidad genética del virus de la gripe, que se debe principalmente a fenómenos de mutaciones aleatorias, es la causa de que cada año haya que revisar la composición de la vacuna.

El diagnóstico de la gripe se hace basado en los síntomas: fiebre mayor de 38ºC, obstrucción nasal, malestar general intenso, cefalea, mialgias y una duración entre 4 y 7 días, son sus principales características. Muchas infecciones respiratorias debidas a otros virus relacionados con el catarro común o con cuadros "pseudogripales" son etiquetadas de gripe. Obviamente, esto puede suceder en población previamente vacunada, pero no hay que atribuirlo a un "fallo" de la vacuna, lo que puede desmotivar para la vacunación en sucesivos años. Los antibióticos no son de utilidad ni para el tratamiento de la gripe ni para "prevenir" las complicaciones. En personas sanas, la sobreinfección bacteriana (otitis, sinusitis, bronquitis) tras la gripe puede suceder en el 10 % de los casos, lo que sí hace recomendable el tratamiento antibiótico oportuno. Las complicaciones graves, como la neumonía, aparecen hasta en el 5 % del total de infectados, a causa del propio virus o de una sobreinfección.

En niños y adolescentes la complicación más temida es el Síndrome de Reye, una encefalopatía aguda acompañada de degeneración grasa en el hígado, que suele conducir a convulsiones y coma. Su mortalidad alcanza el 20-40 % y la medida preventiva más eficaz es la vacunación, así como evitar la toma de aspirina en pacientes con sospecha de infección gripal (o del virus varicela-zóster).

Hoy día se dispone de una medida preventiva contrastada, que es la vacuna antigripal. Su nomenclatura incluye el tipo de virus (A,B,C), seguido del lugar y el año que se aisló por vez primera, así como de sus características antigénicas HA y NA; por ejemplo A/Hong Kong/1968 (H3N2). Cada año está compuesta por tres cepas diferentes del virus. La OMS dispone de una red de vigilancia que recomienda la composición vacunal cada año, teniendo en cuenta los virus del año anterior en la zona geográficamente opuesta (norte-sur, este-oeste).

cuadrop.jpg (1823 bytes) Conclusiones.-

Un gran número de estudios ha demostrado una reducción significativa de la infección gripal tras la vacunación. La protección proporcionada se estima en más de un 70 % (eficacia clínica). En las personas mayores, esta eficacia es algo más baja, sin embargo, confiere una especial protección frente al desarrollo de complicaciones (sobreinfecciones, neumonía, etc.) y reduce la mortalidad en los vacunados.

Las vacunas antigripales son de virus inactivados que a su vez pueden ser de virus enteros, fraccionados o de antígenos altamente purificados (sub-unit). Estas dos últimas producen menos reacción local. La "revacunación" en los adultos no está indicada, ya que no aumenta los niveles de protección. Los efectos adversos más comunes son la hinchazón y enrojecimiento local y más raramente dolores musculares y febrícula que pueden durar uno o dos días. Las contraindicaciones son: alergia a las proteínas del huevo o reacciones severas previas. No se debe administrar en mujeres en el primer trimestre de embarazo ni a niños menores de 6 meses.

Actualmente se admite la vacunación a todos los grupos de riesgo (personas mayores de 65 años, enfermos crónicos, etc.) de forma generalizada, desde la Atención Primaria, así como servicios de Salud Laboral (dirigido a los trabajadores). Es muy importante la vacunación de personas que pueden transmitir el virus (personal sanitario, cuidadores) así como de residentes en instituciones cerradas.

cuadrop.jpg (1823 bytes) Puntos clave.-

  • El virus de la gripe posee una gran variabilidad y plasticidad genética, lo que está relacionado con las ondas epidémicas y pandemias, que pueden llegar a ser temibles. Por ello, la OMS recomienda cada año la composición que ha de tener la vacuna.

  • La vacunación antigripal es una medida preventiva barata, efectiva y segura. Debe ser ampliamente recomendada desde Atención Primaria, de forma especial a los grupos de riesgo. También a las personas sanas que soliciten consejo y deseen ser vacunadas.

  • La vacunación del personal sanitario hoy día es inexcusable por un triple motivo: estamos más expuestos a la infección, podemos actuar como vehículo de transmisión para población de riesgo elevado (ancianos, inmovilizados, pacientes crónicos, etc.) y además somos personal considerado esencial para la comunidad.

  • Los meses idóneos para vacunar son octubre y noviembre. La vacunación sólo debe posponerse en caso de un proceso infeccioso agudo si existe fiebre (>38ºC). En general, no está indicada la revacunación excepto en niños que no hayan tenido contacto previo con el virus.

  • No debe olvidarse que la gripe produce cada año varios miles de muertes en España, existiendo una medida preventiva esencial que es la vacuna: ninguna persona que pertenezca a los grupos de riesgo debería quedar sin vacunar, salvo contraindicaciones formales.

Dr. José María Lobos Bejarano.

 

BIBLIOGRAFIA:
1. Douglas RG. Prophilaxis and treatment of influenza. New Engl J Med 1990; 322: 443-450

2. Betts R. Infuenza virus. En: Mandell ed. Principles and practice of infectious diseases. New York: Wiley,1994: 1546-67.

3. Guía de Uso de los Medicamentos en Atención. Primaria. Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria - Ministerio de Sanidad y Consumo. EDIDE: Barcelona, 1996..