Hasta un 50-60 por ciento de las personas con
más de 80 años presentan riesgo de hipertensión arterial
La prevalencia de este trastorno tensional se eleva con la edad, y
con ello el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares y renales
La prevalencia de
hipertensión arterial en las personas de edad avanzada se encuentra multiplicada en
comparación con las tasas de prevalencia en las poblaciones más jóvenes; así, mientras
que un 15-20% de la población española menor de 65 años es hipertensa, se estima que
hasta un 30% de los mayores de 65 años y más de un 50% de los que superan los 80 años
tienen hipertensión. Pero, además, las personas de edad más avanzada tienen un tipo de
hipertensión que resulta especialmente perjudicial para los órganos diana. La
hipertensión arterial del anciano tiene unas características propias, predominando en la
mayor parte de los casos la denominada hipertensión arterial sistólica aislada.
"Esta anormal elevación del componente sistólico de la presión arterial, mientras
que el componente diastólico se mantiene en cifras bajas o medias, se asocia con un
riesgo aumentado de sufrir eventos cardiovasculares y renales", asegura el Dr. José
Luis Rodicio, moderador de un simposio sobre HTA en el anciano celebrado durante la
última jornada del XXX Congreso de la Sociedad Española de Nefrología.
Según ha declarado el Dr. Rodicio, actual vicepresidente de la Sociedad Europea de
Hipertensión, "la hipertensión sistólica aislada produce tanto daño en los
órganos y en los vasos del paciente como la presencia conjunta de hipertensión
sistólica y diastólica, por lo que resulta evidente la necesidad de tratar este
trastorno del mismo modo que se abordan terapéuticamente los casos que presentan elevados
tanto el componente diastólico como el sistólico".
Aunque todos los expertos coinciden a la hora de señalar la necesidad de tratar esta
hipertensión sistólica aislada del anciano, lo cierto, según se ha puesto de manifiesto
en esta reunión, es que se mantienen algunas ideas contrapuestas en cuanto al tratamiento
de elección en estos casos. Resumiendo esta controversia, el Dr. Rodicio, que dirige el
Servicio de Nefrología del Hospital 12 de Octubre de Madrid, ha señalado que
"algunos autores defienden que tan sólo con pequeñas dosis de fármacos diuréticos
o de betabloqueantes se va a conseguir minimizar y controlar este problema; en cambio,
también se han señalado las posibilidades que abren los calcioantagonistas. En cualquier
caso, y por lógica, parece que los IECAs y que los betabloqueantes no deberían ser de
primera elección en estos casos".
Al margen de este problema, también se ha apuntado otra peculiaridad que posee el
paciente anciano. Este sujeto, además de presentar frecuentemente hipertensión, tiene
disminuida su función renal; las nefronas van reduciéndose con la edad y se van
esclerosando, lo que permite una reducción fisiológica de la funcionalidad de este
órgano. Así las cosas, y según ha explicado el Dr. Rodicio, "aparecen episodios
fisiológicos de insuficiencia renal. Esta consideración es sumamente importante, ya que
la mayor parte de los medicamentos que toma este paciente, y toma muchos, se eliminan por
vía renal".
Finalmente, en este simposio se ha subrayado la estrecha relación que se establece
entre la hipertensión y los problemas renales. No en vano, se sabe que la enfermedad
renal, independientemente de su causa, produce una elevación de la presión arterial y, a
su vez, la hipertensión arterial puede producir daño renal progresivo, que va a conducir
a la insuficiencia renal. Un dato especialmente revelador en este sentido es el que
señala como la hipertensión arterial mal controlada es responsable de la insuficiencia
renal en un 15% de los casos; igualmente, se sabe que hasta un 80% de los pacientes con
trasplante de riñón padecen hipertensión arterial.
Volver sumario