Fórmulas de copago
en la Unión Europea
| EL COPAGO SE PERFILA COMO
UNA DE LAS ALTERNATIVAS A LA SOLUCIÓN DE LOS PROBLEMAS DE LIQUIDEZ QUE PARECE PRESENTAR
EL BALANCE ECONÓMICO DE LA ATENCIÓN SANITARIA EN TODA EUROPA. SIN EMBARGO, LAS FÓRMULAS
APLICADAS EN LOS DISTINTOS ESTADOS DE LA UNIÓN EUROPEA PODRÍAN CONFIRMAR QUE LAS
POLÍTICAS SANITARIAS SE ENFRENTAN A PROBLEMAS SIMILARES CON SOLUCIONES DISTINTAS. |
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Miguel Juan Payán
Los problemas económicos derivados de los sistemas de salud
pueden ser los mismos o muy similares en los Estados europeos, pero las opiniones sobre la
forma de solucionarlos difieren. Ésta es una de las principales conclusiones que cabe
extraer de una reciente reunión de expertos organizada por Asisa.
La experiencia alemana, sin relación entre copago y nivel
de reembolso
La mejor muestra del variado abanico de medidas adoptadas por los Estados europeos para
solucionar las cuestiones planteadas por la atención sanitaria en el viejo continente se
encuentra en los distintos mecanismos de copago que se aplican en los Estados.
La experiencia alemana, como señala el profesor Herbert
Sommer, subdirector del Departamento de Medicina y Seguridad del Ministerio de Sanidad
germano, apunta entre los objetivos del copago: "la financiación del coste de los
gastos médicos, concienciar a las personas sobre el gasto y administrar los costes de los
problemas de salud menores, como catarros, etc."

En cuanto a las diferencias entre los distintos modelos de copago, Sommer diferencia el
copago por receta que se aplica en el Reino Unido, Alemania, Francia o Irlanda; el
reembolso parcial, aplicado en Portugal, y la fórmula mixta entre ambos que se aplica en
Italia.
Sommer afirma que el copago es un instrumento de guía y
orientación para las aseguradoras médicas en general, como garantía de eficacia, pero
advierte que esas cualidades de orientación fracasan cuando los productos farmacéuticos
son necesarios para la supervivencia, como es el caso de la insulina y los tratamientos
aplicados al cáncer o a las patologías crónicas. Además, recuerda que "el
legislador tiene que darse cuenta de que el sistema elegido debe ajustarse a una
situación de justicia".
En Alemania nunca ha habido relación entre el copago y el
nivel de reembolso. En este país, todos los productos farmacéuticos que no están
excluidos se reembolsan al cien por cien. Entre 1977 y 1992 se manejaba una cantidad fija
para cada producto farmacéutico. En 1993 se produjo un cambio para llegar al sistema
actual, en el cual el copago se relaciona con el tamaño de los envases. Dicho sistema no
resulta tan fácil como los sistemas que trabajan con los precios.
El sistema alemán contempla exenciones para las personas con
ingresos bajos y para niños y jóvenes hasta los 18 años.
Tres preguntas son obligadas para todos los productos
farmacéuticos: ¿qué tamaño se define como pequeño?, ¿en qué tamaño empieza y
termina la categoría mediana?, ¿qué tamaño es el que responde a un envase grande?
La formulación legal que regula este sistema se divide en dos partes. La primera se ocupa
de las reglas y normativas necesaria, mientras la segunda consta de seis apéndices, lista
de indicaciones y tamaño del envase.
En lo referente a la normativa, se establece que cada
producto debe llevar marca del fabricante de acuerdo con los apéndices relativos al
tamaño, no se permite que el copago exceda el precio del producto farmacéutico, y si hay
más de un producto incluido en el envase, el copago se aplica a cada uno de ellos. La
colocación de marcas no se permite en fármacos excluidos, y los que no llevan marca no
son reembolsados.
En el caso de los productos no excluidos, todos los envases
se reembolsan independientemente de sus contenidos en la banda que va desde 1 pastilla a
100 pastillas. Sin embargo, los que contienen más de 100 pastillas no se reembolsan.
Dentro de la banda de los envases reembolsables se distinguen tres categorías: N1 para
envases de 30 pastillas, con reembolso de 4 euros; N2, 60 pastillas, con 4,5 euros de
reembolso, y N3, 100 pastillas, con 5 euros. En el caso de envases intermedios, se tiende
a la categoría más alta, de manera que, por ejemplo, en el caso de 37 pastillas la
categoría no es la N1, sino la N2.
Herbert Sommer señala al respecto que "los
farmacéuticos se quejaron alegando que este procedimiento revestía cierta dificultad,
ante lo cual los responsables de la Administración contestaron que era tan fácil como
saber contar. En realidad, la diferencia principal con otros sistemas es que ningún otro
aplica el copago en cuanto a tamaño y descripciones del producto". En Alemania se
pone en marcha una nueva orden, en este sentido, al menos una vez al año.
Ventajas y desventajas de los distintos sistemas de copago
Por otra parte a Sommer le parece muy difícil que los
diferentes sistemas de copago de la Unión Europea puedan estandarizarse. "Tal como
está la actual situación económica europea es imposible poner en marcha un sistema
único de copago para toda la Unión. Los ingresos medios de los habitantes de los
diferentes Estados difieren demasiado entre sí, y el concepto del copago sobre la base
del porcentaje es imposible. Esta situación es aún más compleja ante la posible
incorporación de países del Este. Además, habría que estandarizar también las
cláusulas de normativa que hacer referencia al copago. Considerando el Tratado de
Amsterdam y el hecho de que
los Estados son
responsables de las políticas sociales, no creo que quieran que la Unión Europea pueda
controlar ese proceso".
En cuanto a las ventajas y desventajas del copago, en el caso
del sistema aplicado en Alemania, Sommer señala como elemento positivo que es:
"teóricamente inteligente porque combina el copago con los tamaños de envase
útiles desde el punto de vista terapéutico y no hay diferentes modos de reembolso, lo
que facilita por otra parte la transparencia. La desventaja es que obliga a un gran
esfuerzo por el cambio constante de ordenanzas motivadas por las modificaciones también
constantes del mercado. Además, se produce una pérdida de transparencia en cuanto a
productos baratos".
En cuanto al sistema aplicado en el Reino Unido proporciona,
según Sommer: "alta calidad y mucha transparencia, puede ser gestionado fácilmente,
y no contiene ningún tipo de lista negativa. El aspecto negativo principal es que los
pacientes, normalmente, piden envases más grandes porque no cuentan con incentivos para
utilizar envases terapéuticamente útiles".
En los diferentes modelos que emplean el reembolso, como es
el caso, por ejemplo, de Dinamarca, Sommer destaca como aspecto positivo el hecho de que:
"pueden incluir fácilmente una lista positiva, se gestionan fácilmente y cuentan
con mucha transparencia, sin embargo, presentan dificultades para diferenciar entre
distintos niveles de reembolso, por ejemplo, en el caso de la aspirina, que adquirida para
el tratamiento de los dolores de cabeza no se reembolsa, pero sí está sujeta a reembolso
en el caso de utilización en la prevención de patología cardíaca".
El otro bloque de posibilidades de copago está en aquellos
sistemas que no contemplan niveles de reembolso diferentes, por ejemplo, Grecia. La
ventaja en estos casos es que se da un copago bajo y gestionado sin especiales esfuerzos,
pero como desventaja se dan altos niveles de copago para productos farmacéuticos
caros.
La visión de los economistas
Más allá de las ventajas y desventajas de los distintos
sistemas, el copago ofrece otros aspectos de discusión bajo el punto de vista de los
economistas. En su caso, Ray Robinson, de la London School of Economics, define el copago
como "un proceso de distribución de costes". A la pregunta de por qué se
necesita el copago, Robinson responde señalando dos objetivos diferentes: "Por un
lado se trata de intentar reducir el uso innecesario de los recursos de los sistemas
sanitarios. El copago hace que la gente se enfrente a los costes reales de lo que usa.
Pero en este objetivo hay un riesgo: en cuanto un producto farmacéutico se reembolsa,
automáticamente se consume más de lo necesario. El otro objetivo entra, a veces, en
conflicto con el primero. Necesitamos introducir copago como forma de aumentar la
recaudación para poder reducir el gasto público, algo que ahora es muy popular en los
países del Este. Por un lado, en el primer objetivo introducimos copago para reducir la
demanda, y en el segundo objetivo no queremos que la demanda se reduzca, sino que siga
igual para poder recaudar dinero".
Robinson afirma que en Europa Oriental el uso de la
distribución de costes está muy extendido: "para generar recaudación, porque la
situación es que muchas veces los países no pueden subir los ingresos porque la evasión
fiscal está muy generalizada. Además, el pago hecho bajo cuerda está muy generalizado,
y aunque mantenemos que el copago no existe, ésta otra práctica está muy generalizada.
Tomemos el caso de Polonia, donde se practica asiduamente el regalo al médico, que
equivale a un copago en dinero o en especie. Todo ello hace que resulte difícil conocer
lo que está ocurriendo realmente".
En cuanto a la situación en el Reino Unido, Robinson afirma
que hay una oposición "feroz" a la introducción de copago para la atención
sanitaria y opina que en un futuro inmediato no se va a introducir. Sin embargo, ese país
cuenta con copago para los productos farmacéuticos: "pero es el médico el que pide
los envases más grandes para ahorrarle dinero al paciente".
Robinson apunta que la experiencia a nivel mundial señala
que "si introducimos copago en zonas seleccionadas se puede reducir la demanda, la
utilización y los gastos globales en productos farmacéuticos, y además se generan
ingresos adicionales. La desventaja es que en algunos casos se ha demostrado que la
introducción de copago puede reducir la demanda tanto en productos eficaces como en
productos ineficaces. La gente se abstiene de servicios que sí serían necesarios.
Además el copago tiene un impacto poderoso en los grupos de ingresos más bajos, por
tanto, casi todos los sistemas tienen también amplias exenciones".
De cara al futuro Robinson señala que el argumento
económico de la distribución de costes aplicado al copago es débil: "si queremos
reducir el gasto hay formas más eficaces de hacerlo. Hay argumentos que afirman que si
controlas el comportamiento de los médicos, controlas el coste. Si se quiere evitar que
los médicos proporcionen muchos servicios, lo que hay que hacer es parar el pago. Por
otro lado, si se aplica el copago es necesario hacerlo en los sistemas en los cuales no va
a haber efectos adversos sobre los resultados sanitarios, por eso no es un buen campo ni
un buen pretexto para introducir la distribución de costes".
Los economistas apuntan más bien hacia lo que se denomina: servicios del estilo de vida,
sobre los cuales Robinson afirma: "se dice que para en el presente año 2000, cinco
de los 10 productos farmacéuticos más vendidos en el mundo son de estilo de vida. Sería
más indicado un sistema de copago para los mismos en lugar de la ausencia total de
reembolso".
Respecto al argumento del control del gasto, Robinson opina
que no es razonable utilizar un solo instrumento, en este caso el copago, como
herramienta: "la distribución de costes puede ser un motivo para el copago desde el
punto de vista pragmático, pero probablemente no sea el más importante".
Francia, demostrar el beneficio médico del fármaco
El sistema sanitario del país vecino presenta un problema
similar al que se plantea en España: el acceso ilimitado a la asistencia sanitaria, pero,
además, incluye lo que Frederic Fleuret, de la Agencia de Productos Sanitarios de
Francia, define como: "un control muy débil de la actividad médica, demasiadas
camas de hospital, demasiados
médicos,
y resistencia a los cambios por parte de médicos y sindicatos. A esto se añade la falta
de leyes y el hecho de que no somos muy buenos a la hora de controlar los costes".
Fleuret explica que en el período de 1970 a 1990: "las
únicas herramientas que se utilizaban en el país galo para controlar el gasto era el
incremento del índice de precios y el aumento de índice de copago directamente para
fármacos o indirectamente a través del médico. Entre 1990 y 1995 vivimos un periodo de
transición en el que seguíamos introduciendo medidas con un enfoque presupuestario
global. Finalmente, se llegó a una política estructural, se intentaron poner en marcha
directivas de práctica médica para generalistas de Primaria y luego para los
especialistas, que si no las respetaban podían verse expuestos a multas. También se
implantó un sistema de información".
Actualmente, Fleuret apunta que en Francia se va hacia un
sistema de competencia gestionada en el que los médicos tienen que reembolsar los gastos
cuando se sobrepasa el crecimiento permitido, pero considera que es preciso desarrollar un
enfoque más selectivo del reembolso y el copago de los productos farmacéuticos.
Los galos manejan una lista positiva de productos
reembolsables con fármacos que se introducen en la misma por un período de 5 años.
Posteriormente, el producto debe volver a demostrar que produce un beneficio médico para
volver a ser incluido. De ese modo, la posición del producto en la lista no es tan segura
como en otros países, y, en palabras de Fleuret: "se puede reexaminar la cuestión
cada vez que se produce un nuevo avance".
Los criterios empleados para la inclusión de los fármacos
en la lista son: eficacia, examinar qué lugar ocupa en la estrategia terapéutica,
severidad de la patología que trata y valor para la salud pública. Este último criterio
es el más difícil determinar.
Fleuret señala: "El primer paso es demostrar que el
beneficio médico del fármaco es suficiente para justificar el reembolso. El segundo paso
es el examen de la severidad de la patología. Si la enfermedad no es severa, el beneficio
médico es menor y sólo se reembolsa hasta el 35 por ciento del precio. Si la patología
es severa, se reembolsa el 65 por ciento del precio del fármaco, pero sólo si el
beneficio médico se ha reconocido como importante. Si es moderado, aunque se trate de una
enfermedad severa, sólo se reembolsa hasta el 35 por ciento".
Esa evaluación la hace un comité compuesto en un 50 por
ciento de expertos médicos y economistas que realizan una evaluación científica del
beneficio médico. Además en el comité se incluyen cuatro representantes de los fondos
de seguros médicos, tres del Ministerio de Sanidad y un representante de las compañías
farmacéuticas. El comité sólo proporciona recomendaciones, ya que las decisiones siguen
en manos del Ministerio de Sanidad.
En octubre de 1999 se hizo pública esta nueva legislación,
que ha llevado a la revisión de todos los fármacos reembolsables, que son en Francia
4000. "Hemos empezado esa revisión y entre el 20 y el 25 por ciento de los fármacos
no van a tener beneficio médico suficiente como para justificar su reembolso -señala
Fleuret-. El impacto de estas decisiones en términos de reembolso ha generado malestar
entre los profesionales, que no están muy contentos. Es difícil para ellos admitir que
tienen que cambiar su hábito. Los pacientes tampoco están satisfechos. Por otro lado,
las empresas cuya financiación se basa en el reembolso de los fármacos sin eficiente
médica suficiente van a tener problemas respecto al procedimiento en Europa, porque vamos
hacia una armonización del mercado".
Respecto a la posibilidad de que se desarrolle en Europa un
turismo farmacológico, con desplazamientos de los pacientes de un país a otro para
adquirir fármacos a un precio más bajo, los expertos advierten lo que, el profesor Ray
Robinson afirma: "tenemos un sistema en el cual el desplazamiento es una receta para
la confusión total si la gente empieza a ir de compras médicas de un país a
otro".