Nuevas fórmulas para
dar solución a las listas de espera
Aunque la existencia de listas de
espera responde inicialmente a una necesidad de facilitar la planificación y favorecer una mejor
utilización de los recursos sanitarios, éstas pierden su razón de
ser cuando se hacen exageradas, según las autoras de este
trabajo. En la mayoría de los sistemas sanitarios europeos,
incluida españa, la forma tradicional de gestionar las listas
ha sido la de utilizar el tiempo de espera como único argumento
explícito para establecer el turno de los pacientes. sin
embargo, nuevos procedimientos como el de priorización de enfermos,
están empezándose a ser planteados. |
Laura Sampietro(*) y Mireia Espallargues(**)
(*) Responsable de proyectos internacionales de la Agencia
de Evaluaciónde Tecnología e Investigación Médica de Cataluña.
(**) Agencia de Evaluación de Tecnología e
Investigación Médica deCataluña.
Una lista de espera es una cola de pacientes a los que se ha
indicado un procedimiento asistencial y que, por imperativos ajenos a su voluntad, deben
esperar para ser atendidos (1). Las listas de espera aparecen en diferentes ámbitos
(Atención Primaria y Especializada), niveles asistenciales (ambulatorio y hospitalario) y
afectan a diversos tipos de procedimientos terapéuticos (quirúrgicos u otros),
diagnósticos y rehabilitadores. Las listas de espera son una característica, y un reto,
común a la mayoría de los sistemas sanitarios, pese a que aparecen con una intensidad
desigual en éstos (2).
Algunos países han
optado por utilizar
el sistema de priorización de pacientes como
instrumento para asignar recursos y racionalizar
la gestión de las listas |
Aunque la existencia de listas de espera responde
inicialmente a una necesidad de facilitar la planificación y favorecer una mejor
utilización de los recursos (quirófanos, médicos, etc.) (3), éstas pierden su razón
de ser cuando son exageradas, especialmente en tiempo de espera, y cuando no discriminan
de manera suficiente aquéllos pacientes en los que el beneficio puede ser marginal de
aquéllos que pueden obtener beneficios considerables (2). Es entonces cuando socialmente
se perciben como un aspecto negativo del sistema sanitario.
La lista de espera es un instrumento que actúa sobre la
oferta de servicios sanitarios, pero también puede actuar sobre la demanda de servicios
por ser un mecanismo desincentivador, tanto en aquellos casos en que el beneficio de la
actuación médica es marginal, como en los casos (no urgentes ni muy graves) en los que
el paciente dispone de recursos económicos para acceder a un procedimiento en el sector
privado. A su vez, un período de espera permite que algunas condiciones clínicas mejoren
por sí mismas (p. ej. lumbalgias, fecundación in vitro). La espera también permite que
los pacientes se adapten a las nuevas circunstancias y ofrece un período de reflexión
para decidir si realmente quieren operarse teniendo en cuenta el riesgo asociado a
cualquier intervención (4). Curiosamente, las listas de espera también se pueden
interpretar como un reflejo de la confianza que la población tiene en el sistema
sanitario. Un sistema sanitario que no funciona y en el cual la población no tiene
confianza no genera actividad. Todas estas ventajas potenciales asociadas a la existencia
de listas de espera han hecho que algunos autores critiquen aquellas políticas dirigidas
a su eliminación (4). Sin embargo, lo cierto es que las listas de espera afectan a
algunas especialidades y, dentro de éstas, a un número relativamente pequeño de
condiciones o procedimientos, y no reflejan un retraso general de todos los pacientes (3).
En nuestro sistema sanitario, y en la mayoría de los de
nuestro entorno, la forma tradicional de gestionar las listas de espera ha sido utilizar
el tiempo de espera como único argumento explícito para establecer el orden o turno de
los pacientes. En este sentido, algunas Sociedades Médicas como la British Medical
Association (BMA) han señalado que utilizar el tiempo de espera como único criterio de
gestión podría entrar en contradicción con otros principios basados en la necesidad del
paciente (2). De hecho, no siempre el paciente que más tiempo hace que espera es el que
más necesita ser intervenido. Esta situación es especialmente manifiesta en los casos en
que una intervención médica no influye en la supervivencia del paciente pero sí en el
estado funcional y en su calidad de vida (p. ej. cirugía de cataratas, y artroplastia de
rodilla o de cadera). En estas situaciones, la lista de espera en nuestro país, y en
otros de nuestro entorno, suele caracterizarse por un volumen y un tiempo de espera
considerables (5, 6).
Sistemas de priorización de pacientes
Ante la imposibilidad de dar una respuesta inmediata que elimine la totalidad de la lista
de espera para procedimientos quirúrgicos electivos, algunos países han utilizado el
sistema de priorización de pacientes como instrumento para asignar recursos y
racionalizar la gestión de las listas. Los sistemas de priorización, es decir, operar en
primer lugar al paciente que más lo necesite, más utilizados son los sistemas lineales
de puntos.
Estos sistemas incluyen la identificación, selección y
combinación de una serie de criterios que se considera que definen la necesidad del
paciente de ser operado. Cada uno de los criterios seleccionados se mide en una escala, y
se asignan puntos a cada nivel de la escala, de forma que la suma de todos los puntos
sitúe al paciente en una posición determinada (p. ej. entre el 0-100) y se ordene la
lista de espera. Con este sistema de puntos también se puede determinar la urgencia de la
intervención (tiempo de espera máximo). Cabe mencionar que el concepto de necesidad
puede considerar aspectos tanto clínicos como sociales y, por ello, los criterios de
priorización suelen incluir a ambos. Los sistemas lineales de puntos poseen ventajas y
desventajas.
Como principal ventaja es preciso destacar que pueden
contrarrestar la gestión habitual de las listas de espera según el orden de llegada
(First to come, first served). Es decir, utilizando los criterios se operará a quien más
lo necesite desde un punto de vista clínico (gravedad de la enfermedad o discapacidad,
beneficio esperado) y social. Otra ventaja es que no se considera de forma exclusiva un
solo criterio sino que generalmente se tienen en cuenta una serie de criterios (es decir,
una persona que necesite de un servicio médico no se excluirá por presentar una buena
puntuación -saludable- en un determinado criterio, ya que puede tener puntuaciones muy
bajas en otros).
Por último, los sistemas de puntuación lineales pueden
permitir que el paciente conozca en qué nivel de prioridad se encuentra en relación con
otros pacientes en lista de espera de manera que pueda prever el momento de la
intervención. Estos sistemas poseen también limitaciones, ya que, aunque sean
explícitos y transparentes, no son una garantía absoluta de protección frente a
manipulaciones (gaming) por parte de profe- sionales, familiares y pacientes. A la vez, el
sistema podría provocar que un grupo de pacientes siempre quedasen en la cola de la
ordenación de enfermos pudiéndose afectar su estado de salud general (p. ej.
depresión).
Por último, hay que mencionar el hecho de que es necesario
disponer de una buena organización de los servicios asistenciales y de un sistema de
información adecuado para la recogida de datos y aplicación del sistema de priorización
(2).
Experiencia catalana
En Cataluña, la existencia de listas de espera y la falta de criterios explícitos de
priorización de pacientes motivó que el Comité Directivo del Servicio Catalán de la
Salud encargara a la Agencia de Evaluación de Tecnología e Investigación Médicas
(AATM) el desarrollo de criterios de priorización para racionalizar la gestión de las
listas de espera de cirugía de catarata, prótesis de cadera y prótesis de rodilla. La
AATM, junto con el Centro de Investigación en Economía y Salud (CRES) de la Universidad
Pompeu Fabra y el Instituto Municipal de Investigación Médica (IMIM) del Instituto
Municipal de Asistencia Sanitaria (IMAS), ha llevado a cabo, en el período 1999-2001, un
estudio para dar respuesta a esta solicitud. En el estudio han participado una muestra de
aquellos colectivos de ciudadanos que directa o indirectamente están relacionados con la
provisión de estos procedimientos, es decir, los médicos (generalistas y especialistas),
personal de enfermería, fisioterapeutas, rehabilitadores, ópticos/optometristas,
asistentes sociales, pacientes, familiares y población general -ya que estos ciudadanos
pagan impuestos para recibir atención sanitaria, son pacientes potenciales y existe un
interés creciente por involucrar y considerar sus opiniones y preferencias en la toma de
decisiones sanitarias.
El estudio aplicó la metodología del análisis de conjunto
y se llevó a cabo en dos fases. La primera, cualitativa, utilizó grupos focales y la
técnica del grupo nominal para identificar y seleccionar los criterios de relevancia para
priorizar a los pacientes en lista de espera. Los grupos (con 5-10 participantes cada uno)
identificaron unos 15 criterios diferentes para cada procedimiento estudiado de los que se
seleccionaron, por razones metodológicas y de aplicabilidad posterior del sistema de
priorización, los siguientes: gravedad de la enfermedad, probabilidad de recuperación,
limitación en las actividades cotidianas, limitación para trabajar, tener alguna persona
que cuide al paciente y tener alguna persona a cargo del paciente. También se seleccionó
el dolor en el caso de la artroplastia. Posteriormente, se establecieron niveles o
categorías dentro de cada uno de los criterios seleccionados (p. ej. dolor leve, moderado
o grave).
Curiosamente,
las listas de espera
también se pueden interpretar como
un reflejo de la confianza que la población
tiene en el sistema sanitario |
En la segunda fase, cuantitativa, se llevaron a cabo
encuestas a personas de los mismos colectivos anteriores para determinar la puntuación
final para cada uno de los niveles de cada criterio identificado en la primera fase; en
esta fase participaron aproximadamente 800 individuos para cada uno de los procedimientos
estudiados. La suma de los valores obtenidos atendiendo a la situación de cada persona
permitirá calcular una puntuación global para cada paciente en lista de espera de forma
que éstos queden ordenados de mayor a menor prioridad quirúrgica (7, 8).
La implantación de un sistema de priorización puede
conducir a una mayor consistencia y eficiencia en la gestión de las listas de espera. A
su vez, puede promover la equidad territorial en el acceso a los procedimientos
estudiados, ya que dos pacientes con igual necesidad deberían ser operados
aproximadamente en el mismo período de tiempo en distintas partes de Cataluña. No
obstante, tanto este mecanismo de racionalización como los otros tipos de mecanismos
utilizados en el abordaje de las listas de espera (p. ej. planes de choque, subsidio de
pacientes que van al sector privado, etc.), aplicados de manera aislada no son la
solución a una gestión eficaz de las listas de espera. Las políticas de abordaje de las
listas de espera que parece que pueden ser más exitosas, o que se plantean como más
prometedoras, son aquéllas que consideran de forma integradora medidas a corto, medio y
largo plazo; que actúan tanto sobre factores que afectan a la oferta como a la demanda;
sustentadas en necesidades evaluadas; que son explícitas y transparentes; con
implicación de los profesionales; que se fundamentan en la participación activa y
bidireccional de los ciudadanos y que abarcan todo el ámbito de la atención sanitaria
(2).
No siempre, el paciente
que más tiempo
hace que espera es el que más necesita
ser intervenido |
Este estudio constituye una aportación innovadora en nuestro
contexto y en el ámbito internacional, teniendo en cuenta que es la primera vez que se
incorporan, en sentido ascendente (bottom-up), la perspectiva y los valores de gran parte
de los agentes o sectores sociales implicados, directa e indirectamente, en la provisión
de estos procedimientos quirúrgicos.
Agradecimientos: Al resto de investigadores principales del
estudio de priorización: Xavier Castells y Mercè Comas (Instituto Municipal de
Investigación Médica -IMIM- del Instituto Municipal de Asistencia Sanitaria -IMAS-);
José Luís Pinto (Centro de Investigación en Economía y Salud -CRES- de la Universidad
Pompeu Fabra); Eva Rodríguez (Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales,
Universidad de Vigo; CRES).
Bibliografía
________________________________________________________________________________________1. Churruca S. Los líderes en gestión de listas advierten: un suceso
no puede condicionar la estrategia. Diario Médico, 15 de junio de 2000 [fecha de acceso
septiembre del 2000]. URL disponible en: http://www.diariomedico.com/sanidad/listas/debate.html
2. Espallargues M, Gallo P, Pons JMV, Sampietro-Colom L. Situación y abordaje de las
listas de espera en Europa. Barcelona: Agència dAvaluació de Tecnologia i Recerca
Mèdiques, Noviembre 2000.
3. Frankel S, West R, editores. Rationing and rationality in the National Health Service.
The persistence of waiting lists. Houndmills, Basingstoke: The Macmillan Press Ltd, 1993.
4. Edwards RT. NHS Waiting lists: Towards the elusive solution. London: Office of Health
Economics, 1997.
5. Espallargues M, Almazán C. Needs assessment and policy implications: the case of
cataract surgery. Proceedings of the 15th Annual Meeting of the International Society of
Technology Assessment in Health Care. Edinburgh, United Kingdom, junio de 1999.
6. Estrada MD, Oliva G. How to improve appropriateness in knee replacement?: The use of
health technology assessment. Proceedings of the 15th Annual Meeting of the International
Society of Technology Assessment in Health Care. Edinburgh, United Kingdom, junio de 1999.
7. Sampietro-Colom L, Espallargues M. Elaboración de un sistema de priorización de
pacientes en lista de espera para cirugía de catarata, artroplastia de cadera y
artroplastia de rodilla. Informatiu AATM marzo 2000;(18): 5-7.
8. Espallargues M, Sampietro-Colom L. Elaboración de un sistema de priorización de
pacientes en lista de espera para cirugía de catarata, artroplastia de cadera y
artroplastia de rodilla. Informe de progreso. Informatiu AATM octubre 2000;(20):
6-7. |