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Crónica sanitaria del año 2000 

La actualidad sanitaria del año 2000 ha estado salpicada por acontecimientos de diversa índole. Desde el cambio de inquilino en el Ministerio de Sanidad, en primavera, pasando Celia Villalobos a  sustituir a Romay Beccaría en la titularidad de la cartera, hasta hechos tan trágicos como el asesinato, por parte de ETA, del ex ministro Ernest Lluch. El gasto sanitario fue, una vez más, centro de discusión y las transferencias sanitarias han recobrado un fuerte protagonismo, al ser una de las principales ambiciones del Gobierno llevar acabo los traspasos de competencias en esta materia antes de que finalice su actual legislatura. Éstos y algunos otros aspectos que ofrecemos a lo largo de este informe, configuran la crónica sobre lo que dio de sí el año recién finalizado en lo que a materia sanitaria se refiere. sministra.jpg (12506 bytes)

NATALIA BARRIENTOS 

A grandes rasgos y sin entrar en detalles, puede decirse que 2000 fue un año en el que ha predominado la polémica, sobre todo de la mano de los responsables de la cartera de Sanidad durante este año, Romay Beccaría y Celia Villalobos. En el caso de Romay puede destacarse que, prácticamente, terminó peleándose con todo el mundo, en especial con el entorno del medicamento. A la par, lo que parecía ser su oscuro objeto de deseo y su principal herencia, las fundaciones, no sólo han quedado relegadas a un muy segundo plano, sino que no hay visos de que la idea vuelva a salir a colación, al menos en esta segunda legislatura del Gobierno de Aznar. 

Sin duda, uno de los principales hechos relevantes acaecidos a lo largo de este año fue el cambio de inquilino habido en el Ministerio de Sanidad en que, por tercera vez, una mujer pasó a ocupar la titularidad de la cartera.

En líneas generales, el debate sanitario derivó por derroteros ya conocidos y que seguramente centrarán la atención, como mínimo, hasta más allá de un lustro, tal es la consolidación del derecho a la Sanidad pública proclamado por el ministro de Economía Rodrigo Rato, o qué hacer con el Ministerio de Sanidad una vez culminadas las transferencias, o si se introduce o no el copago en la financiación de la asistencia... El gasto sanitario público, sempiterna dolencia de la Administración, fue una vez más centro de discusión, habida cuenta de los interminables ceros que suelen adornar sus cifras y dada las sombrías perspectivas que suscita: en el 2050 alcanzará los 10 billones de pesetas, según las previsiones del profesor José Barea, controvertido ex asesor gubernamental en temas económico-sanitarios.

No es fácil dilucidar, por tanto, si a pesar de todo la Sanidad española goza o adolece de buena salud, pues mientras desde algunos sectores se la denosta y se la acusa de desfasada, desde otros se la alaba o se la prefiere frente a la privada. Un buen ejemplo de esto último ocurrió con una oferta que el Insalud hizo a 60.000 enfermos madrileños, dándoles la posibilidad de operarse en un centro concertado: sólo 20.000 de ellos aceptaron el ofrecimiento; los 40.000 restantes optaron por esperar a que les llegase el turno en un hospital público.

A todo esto, pasó el año y la visión generalizada de expertos y profanos continúa siendo que los problemas de antaño siguieron vigentes hogaño. Las transferencias sanitarias que estaban pendientes siguen pendientes, los médicos continúan desencantados y sus reivindicaciones no varían: mejores sueldos, carrera profesional, estatuto marco, homologación, formación, participar en la gestión... son parte de la letra de un estribillo que no cesa de entonarse en la órbita asistencial.

Para "añadir más leña al fuego", una encuesta elaborada por la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) dejó al descubierto el descontento de los médicos no sólo con sus salarios u oportunidades para recibir formación o investigar, sino también con los órganos colegiados que los representan, incluida la OMC. Al tiempo que rechazan la colegiación obligatoria, ya que consideran estas instituciones "vetustas y antidemocráticas". Tampoco se salvan de la quema las Sociedades Científicas y los sindicatos, sean éstos de clase o médicos. 

Las novedades
Volviendo la vista atrás, se puede colegir que la nueva titularidad ministerial que inició su andadura en plena primavera, tras las elecciones generales que dieron la mayoría absoluta al Partido Popular (PP), no tuvo que soportar conflictos de esos que hacen historia. Un repaso a las hemerotecas nos indica que las listas de espera en cirugía cardíaca propinaron los primeros disgustos a la actual ministra, un problema, por otra parte, ya tradicional en nuestra Sanidad.

El plan de choque que emanó de esta circunstancia dio algunos frutos nada desdeñables, lo que revela que nuestro sistema sanitario sólo requiere un poco más de orden y voluntad administrativos para mejorar su rendimiento. No obstante, las listas de espera de los enfermos del corazón seguirán embadurnando la Sanidad pública hasta el 2003, siempre y cuando se acometa una mejor planificación y se incrementen los recursos, según un informe de las Sociedades españolas de Cardiología y de Cirugía Cardiovascular, respectivamente.

Otro tema denunciado en este período fue la falta de inversiones que sufren los hospitales públicos, que se ven abocados a trabajar con equipos obsoletos. Un informe de la patronal que agrupa a los fabricantes de equipos de electromedicina, FENIN, denunció que la Sanidad pública destina a la compra de estos equipos sólo 1.000 pesetas por persona y año, lo que supone menos de 1 por ciento del gasto público en Sanidad. La vida media de los equipos instalados en España supera ya los nueve años e, incluso, algunos los 15 y 20 años de antigüedad.

Fundaciones
Sea como fuere, tras la resaca del inicio de un año que marcó el tránsito hacia un nuevo siglo y milenio, la primera noticia relevante que nos volvió a la realidad fue la luz verde que el Consejo de Estado otorgó al proyecto de convertir los hospitales en fundaciones sanitarias como nueva fórmula de gestión. Paradójicamente, la noticia se cruzó con otra procedente de un informe del Tribunal de Cuentas, donde se ponía en tela de juicio la afirmación oficial de que las citadas fundaciones iban a aportar más autonomía a los hospitales. Mal comienzo tenía el proyecto de Romay Beccaría, si bien el planteamiento inicial no podía ser más prometedor: los hospitales públicos iban a adquirir forma jurídica de fundación, consorcio, sociedad estatal o fundación pública sanitaria, con la especial facultad de disfrutar de autonomía plena para contratar personal, gestionar su presupuesto y patrimonio...

Pero, como ya es sabido, esta modalidad gestora contó desde un primer momento con el decidido rechazo de numerosas organizaciones, asociaciones, sociedades y estamentos profesionales sanitarios; algunas tan representativas como la OMC se dividió bien a las claras. Un órgano no menos relevante como el Consejo Económico, CES, expuso en un informe que, tal como estaban formuladas, implicaba priorizar la gestión económica sobre la protección social, al mismo tiempo que advirtió que "la gestión privada no garantiza la igualdad".

En realidad, probablemente, ni el propio Romay llegó a ver claro lo que suponía realmente la idea de instaurar fundaciones sanitarias, ni tampoco la oposición se llegó a creer su propio argumento de que sólo se trataba de una estratagema cuyo final era la privatización de la Sanidad. De cualquier modo, lo que tanta polémica suscitó, duerme ahora el sueño de los justos pese a que para muchos expertos las fundaciones siguen siendo parte consustancial de una reforma necesaria de la Sanidad, lo que deja una puerta abierta a una posterior reflotación de la idea.

Genéricos
Otro punto convertido en rémora para la política del PP radicó en los medicamentos genéricos, cuyo consumo a principio de año seguía siendo irrisorio: sólo suponía el 1,7 por ciento del gasto público farmacéutico, a pesar de los denodados esfuerzos administrativos por fomentar su introducción en el mercado. Utilizados al principio como reclamo electoral, nadie pareció aceptarlos: los médicos consideraron que, tal como se planteó su introducción en el mercado español, suponían una intromisión en su libertad para prescribir, mientras sí se dejaba libertad al farmacéutico para decidir qué dispensar o cómo sustituir, sin autorización del médico, un fármaco por otro de, supuestamente, idéntica composición química. Entretanto, los pensionistas, potencialmente los mayores consumidores de genéricos, siguen mostrándose reacios a cambiar de una marca que llevan años adquiriendo...

Con este panorama, el Insalud decidió atacar pagando un sobresueldo a los médicos de Atención Primaria "recetadores" de un 6 por ciento de genéricos en un semestre, sobresueldo que ascendería hasta las 125.000 pesetas al cabo del segundo semestre. Los catalanes fueron, en este sentido, pioneros en implantar un sistema de incentivación económica entre los facultativos para fomentar la prescripción de genéricos, aunque rebajando el volumen de prescripción a un 5 por ciento. La iniciativa, sin embargo, fue rechazada por los Colegios Médicos, sobre todo porque, arguyeron, se trataba de una medida adoptada exclusivamente con miras al ahorro. También la CESM, que rechazó la iniciativa del Insalud, acusó a éste de "presionar" a los facultativos de los centros de salud para que receten menos "con el único objetivo de recortar el gasto farmacéutico".

Cabe aquí hacer el inciso de que, respecto a la libertad de prescripción defendida por los médicos a capa y espada, el Tribunal Supremo emitió una sentencia en la que da por válida la norma aprobada en 1993, que regula la selección de medicamentos financiados por el Sistema Nacional de Salud y excluye a unos 800 fármacos de la prestación farmacéutica de la Seguridad Social.

El Alto Tribunal rechazaba de tal guisa un recurso interpuesto por el Consejo de Colegios Médicos, recordando que los límites impuestos a la libertad de prescripción se refieren a los profesionales de la Medicina que presten sus servicios en el Sistema Nacional de Salud. De paso arguía que la libertad de prescripción de los médicos "no es absoluta, encontrando sus límites, entre otros, en los demás derechos también constitucionalmente reconocidos". Aunque la polémica quede de momento zanjada, falta por ver el alcance de este fallo y las reacciones de los órganos colegiados.

Gasto farmacéutico
Pero fue el capítulo farmacéutico el que realmente se mostró revuelto con la política del PP con Romay todavía al frente del Ministerio y de hecho se convirtió en el leit motiv del distanciamiento progresivo habido entre la Administración y la industria farmacéutica, circunstancia que ya se venía arrastrando desde el año anterior, pero que en esta ocasión alcanzó su climax, hasta el punto de que "ni los más viejos del lugar" recuerdan un deterioro como éste en las relaciones de un sector industrial con la Administración.

La razón hay que ir a buscarla en el síndrome del imparable gasto farmacéutico que devino obsesivo para las autoridades sanitarias, sobre todo después de que éste hubiera superado la cifra mítica del billón de pesetas. A la vista de los hechos, el entonces presidente de Farmaindustria, Enrique González Hervada, adoptó una política de "mano tendida" hacia el ministro Romay Beccaría, expresando la buena disposición del sector a negociar y buscar conjuntamente soluciones a la contención del gasto farmacéutico.

Pero el ministro llevó sus exigencias a límites insostenibles para la industria, hasta el punto de que ésta se vio impelida a denunciar la ruptura de los acuerdos previos por parte del Ministerio y se negó, con respaldo legal, a pagar 65.000 millones de pesetas que se había pactado con la Administración para reducir lo abultado de la factura farmacéutica. La respuesta ministerial no se hizo esperar: impuso una rebaja en los precios de los medicamentos a golpe de decreto ley.

El medicamento siempre ha sido el talón de Aquiles de todas las Administraciones nacionales, a pesar de que el sector es el segundo que más innova en nuestro país. De modo que, como era de esperar, ni el "medicamentazo" ni la rebaja por la fuerza de los precios consiguieron frenar el gasto farmacéutico, aunque sí envenenar aún más las ya maltrechas relaciones con la industria y las oficinas de farmacia. Además, estas medidas se mostraron contraproducentes, porque frenaron muchos proyectos de investigación, entre ellos los destinados a la búsqueda de avances terapéuticos contra las enfermedades oncológicas, según un informe de las Asociaciones Europeas contra el Cáncer. Y para reforzar la inutilidad de acciones tan drásticas, el Colegio de Farmacéuticos de Madrid presentó un balance en que destacó los resultados de otro balance, el inflacionista de los medicamentos, cuya incidencia sobre el IPC apenas habría aportado una milésima a las 2,9 décimas del IPC general.

Finalmente, y ya en la era de Villalobos, el capítulo de la contribución de los laboratorios farmacéuticos a la contención del gasto tuvo un final feliz, al sellarse el compromiso por el cual la industria aportaría 5.500 millones de pesetas a la Sanidad, dinero que se destinó a financiar los centros que dirigen Mariano Barbacid (investigaciones oncológicas) y Salvador Moncada (investigaciones cardiovasculares) en el Instituto de Salud Carlos III.

Precios de referencia
A esta medida se unió la aplicación, en diciembre, de los precios de referencia, mediante los cuales el Gobierno prevé ahorrarse 24.000 millones de pesetas durante este primer año de su aplicación. Es éste un punto en el que persiste la incógnita sobre cuál será su evolución y el impacto que tendrá tanto en la industria como en la población, toda vez que en nuestro país la cultura del genérico y de los precios de referencia era y es, hasta ahora, inédita. Un experto en farmacoeconomía, Enrique Granda, vaticinó al respecto que los precios de referencia, amén de haber llegado demasiado tarde, apenas van a representar una rebaja del 3 por ciento del mercado en el primer año, entre otras cosas, porque, en su opinión, el principal factor de distorsión del gasto farmacéutico es la aportación decreciente de los beneficiarios.

Epidemiología
Tan sólo tres de cada diez españoles están satisfechos con la Sanidad; el 30,8 por ciento se declara satisfecho de la salud pública, frente a una media del 41,3 por ciento de la Unión Europea; mientras que un 29 por ciento se declara abiertamente insatisfecho. Todos estos datos proceden de un informe estadístico de Eurostat.

No obstante, todo ello no fue óbice para que la Organización Mundial de la Salud (OMS) situara a España en el séptimo puesto entre los países con mejor sistema sanitario. Tenemos por delante a Francia, Italia, San Marino, Andorra, Malta, Singapur y por detrás a Austria, Japón, Noruega, Gran Bretaña, Suiza, Alemania, Canadá y Estados Unidos. Asimismo, ocupamos el quinto puesto entre todos los países del mundo en esperanza de vida sana, concretamente, con 72,8 años, siempre según dicha organización.

Paradójicamente, el envejecimiento de la población traerá consigo un alivio en el paro, pero aumentará la presión sobre los sistemas de salud en la Unión Europea, según un informe del Instituto de Estudios de Prospectiva Tecnológica (IPTS), presentado en Bruselas. En una década, la población mayor de 65 años se habrá incrementado en un 20 por ciento respecto a 1995.

Desde el punto de vista epidemiológico nos encontramos con que en España siguen muriendo más hombres que mujeres, y que aumentan las muertes por demencia senil y Alzheimer, mientras por vez primera se registra una notable disminución de los fallecimientos por sida, casi un 50 por ciento. Una rémora en este aspecto es la situación del Plan de Alzheimer, que lleva tres años parado por una pugna entre Ministerios, plan que se elaboró a mediados de la pasada legislatura. La razón del retraso, según fuentes gubernamentales, es la negativa de los Ministerios de Sanidad y Trabajo y de las autonomías a cargar íntegramente con la financiación. La ministra anunció una ayuda de 10.000 millones de pesetas, pero no dijo cuándo se pondrá en marcha el plan. En la actualidad, se contabilizan 400.000, los afectados en España.

A la par, la isquemia cardíaca (96,6 por ciento), la enfermedad cerebrovascular (96,3 por ciento) y la insuficiencia cardíaca (53,9 por ciento) fueron las tres primeras causas de muerte en nuestro país. Casi el 60 por ciento de los españoles entre 35 y 64 años tiene el colesterol alto, según un informe de Sanidad. Estos datos corresponden a 1997, pero fueron oficialmente presentados por el INE en el 2000.

Por otro lado, la Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergia Pediátrica nos alertó de que el asma se está convirtiendo en una auténtica epidemia y los especialistas no logran explicar el fenómeno; uno de cada diez niños la padece y en general afecta a dos millones de españoles; en el último decenio los casos de esta enfermedad se han doblado y de hecho crece a un ritmo anual del 10 por ciento.Otro dato: el 95 por ciento de intoxicaciones en ancianos son medicamentosas, según el Colegio de Médicos de Madrid, por el mal uso de fármacos.

Cabe mencionar, por otra parte, un fenómeno desconocido en España, pero creciente: la inmigración, cuya regularización ha comportado y comporta un incremento notable en el número de personas protegidas por el Sistema Nacional de Salud. La repercusión económica de este proceso sobre el presupuesto asistencial no está del todo claro y, es más, parece que ni siquiera se ha calculado. No obstante, a mediados de año el Insalud tenía previsto repartir 80.000 nuevas tarjetas sanitarias a este respecto, en un sistema en que el gasto anual por cartilla es de 26.000 pesetas y el de atención médica de 116.000 pesetas.

Más allá de nuestras fronteras, 17 millones de personas mueren cada año por falta de medicamentos. Los países pobres carecen de recursos para tratamientos como el sida, según Médicos Sin Fronteras y la OMS. Infecciones respiratorias, sida, malaria, tuberculosis, leishmaniasis, enfermedad del sueño, y las de transmisión sexual, son las grandes plagas que asolan a los países del Tercer Mundo. Los fármacos que les llegan son prohibitivos o viejos, con lo cual los efectos secundarios resultan nocivos. La industria no ve rentable invertir en investigación para esos sectores poblacionales de la humanidad.

Nombramientos e Investidura
El presidente del Gobierno, José María Aznar, en su último discurso de investidura, expresó su deseo de sacar adelante el "seguro sueco" para las pruebas diagnósticas, esto es, derivar pacientes con más de seis meses en listas de espera a otro centro. Nada nuevo bajo el sol. Su discurso, en lo que Sanidad se refiere, fue un recordatorio de proyectos continuistas y sin grandes objetivos, al revés que en la anterior legislatura, donde propuso la creación de una ponencia para estudiar las reformas que necesita el Sistema Nacional de Salud.

Villalobos, tercera mujer al frente del Ministerio
Un hecho palpable en la Sanidad es la creciente presencia de la mujer en el ejercicio médico y así quedó puesto de relieve en sendos congresos celebrados muy próximos en el tiempo y lugar, Granada. La Sociedad Española de Medicina General y la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos así lo expusieron en sus respectivos congresos nacionales. El impacto de esta presencia, sin embargo, aún no ha sido evaluada en profundidad.

Fruto quizá de esta corriente es la presencia de una mujer encabezando cartera sanitaria. Algo parecido sucedió con la elección de la doctora Juliana Fariña como presidenta del Colegio de Médicos de Madrid, que cuenta con el mayor número de colegiados médicos en España.

Pero al margen de estas consideraciones, la nueva ministra, cuya designación desbarató todas las especulaciones, pronósticos y quinielas se encontró con los siguientes retos: impulsar los nuevos modelos de gestión bajo la fórmula de fundaciones públicas sanitarias; aplicación de los precios de referencia; culminación de las transferencias sanitarias, incluido un nuevo pacto de financiación; negociar con la industria farmacéutica la contención del gasto. Ya conocemos la evolución de estos apartados.

Como declaración de principios, la ministra se declaró "defensora a ultranza" de la Sanidad pública y reacia a realizar cambio alguno en la Ley General de Sanidad, "porque es absolutamente válida" y por tanto "se va a desarrollar por completo". Dijeron sus detractores que tales declaraciones sólo fueron una concesión a la galería, pero justo es reconocer que sirvieron de bálsamo contra los murmullos de privatización que se oían por todos lados.

Amén de la sorpresa inicial, su nombramiento no despertó mayores recelos ni entusiasmos en el entorno sanitario; en cambio, sí desataron la caja de los truenos algunos de sus fichajes, como fue el caso de la designación del doctor Ramiro Rivera como principal asesor, presentado por Villalobos como una víctima del "sectarismo socialista".

Más adelante nos encontramos con que el PSOE solicitó el cambio del Consejo Interterritorial y el PP lo admitió. Fue una de las primeras acciones de Villalobos, deseosa de agradar a todo el mundo y de traer la reconciliación a un sector receloso de todo lo que emana del Ministerio de Sanidad. Nada más asumir el cargo, Villalobos se reunió con todos los consejeros autonómicos, con la promesa añadida de que en el futuro esas reuniones se iban a producir con más frecuencia. Era un soplo de vida a una institución fenecida desde su nacimiento.

Por otro lado, el nombramiento de Rubén Moreno -primer médico en el equipo de Celia Villalobos- como secretario general de Gestión y Cooperación Sanitaria, fue interpretado como un claro signo de la apuesta de la ministra por el modelo de gestión que defendió en Valencia Eduardo Zaplana, ajeno a las fundaciones sanitarias. El tiempo dio la razón a quienes vaticinaron por dónde iban a ir los tiros.

Luego, el Consejo Asesor de Sanidad se llenó de antiguos altos cargos de UCD, con la figura de Ramiro Rivera al frente, Manuel Muñoz Pérez, exministro de Sanidad, y Luis Valenciano, exsubsecretario de Sanidad, Alberto Oliart, ex ministro de Sanidad, José Luis Perona Larraz, expresidente del Insalud, y Julián García Vargas, exministro de Sanidad del PSOE.

En este apartado destacó, igualmente, no ya el nombramiento, sino la defenestración del doctor Rafael Matesanz, vetado por Sanidad en el Consejo de Europa. La medida recibió la más absoluta reprobación de todo el espectro asistencial y político y propició el más caluroso aplauso hacia el creador de la Red Nacional de Trasplantes que llevó a nuestro país a encabezar la lista mundial de donantes de órganos. Previamente había sido destituido de su cargo de director general de Asistencia Sanitaria, como también el de la Agencia Española del Medicamento, Josep Torrent. En el Instituto de Salud Carlos III era retirado de su cargo de director, José Antonio Gutiérrez Fuentes.

Igual de controvertido fue el despido  -esta vez no por la Administración, sino por la Fundación Jiménez Díaz-  del internacionalmente conocido investigador Vicente Carreño y su equipo, especializado en el  estudio de las hepatitis virales, aunque la Justicia volvió a restituirlo en su lugar.

Empujón a la Ciencia
Nombramientos y destituciones al margen, el cambio de gabinete trajo consigo la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, algo que parecía ser un secreto a voces en el seno del Gobierno. Quedaban así plasmadas las insinuaciones que en este sentido habían vertido previamente el entonces ministro de Industria, Josep Piqué, y el propio Aznar. La nueva cartera ministerial fue recibida como muestra de un significativo avance para dotar de arquitectura institucional al sistema de innovación, pues se le supone facultad para dotar de mayor visibilidad y rango a la ciencia española, a la vez que permitirá actuar con mayor capacidad en los recursos.

A este respecto, una de las noticias relevantes del año fue, sin duda, el anuncio del ministro Josep Piqué, poco antes de las elecciones, de imprimir un impulso importante al Plan Nacional de Investigación Científica, con una inyección traducible en incentivos fiscales  a las empresas. España ha aumentado su nivel de gasto en I+D, pero todavía está lejos de alcanzar la convergencia con el resto de Europa, según un informe de la Fundación Cotec, que advierte que pese a que la inversión en I+D en nuestro país crece por encima del PIB, la cifra sólo supone el 35 por ciento del gasto medio europeo.

La investigación atravesó por graves contratiempos, como el retraso del Ministerio de Ciencia para los pagos a las instituciones científicas, lo que vino a bloquear los proyectos de cientos de investigadores, algunos dedicados a enfermedades humanas. A la par, la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva afirmó estar desbordada por que tiene el mismo personal de hace diez años, mientras ha aumentado su volumen de trabajo, según manifestó la nueva directora de ANEP, antes de escuchar la promesa de que se iban a destinar 1.000 millones de pesetas para el nuevo equipo del Ministerio de Ciencia.

El Gobierno destinó posteriormente 12.000 millones de pesetas para la formación científica de 5.600 personas. La Comisión Mixta Congreso-Senado de I+D anunció que se iba a introducir la cultura de la movilidad en el sistema científico y se iba a incrementar el nivel y la calidad de la ciencia y la tecnología, tanto en número de empresas y de investigadores, como en gasto destinado a I+D.

Transferencias
Pero quizá el tema más relevante por excelencia en este momento y que probablemente tendrá una clara continuidad durante este año recién iniciado es el traspaso definitivo de las competencias sanitarias a las autonomías. El 2000 se "inauguró", precisamente, con la promesa electoral de todas las fuerzas políticas de que "este año será el año", y con la esperanza de las respectivas comunidades de que así iba a ser, pues mayoritariamente se consideran preparadas para asumirlas. Desde el Ministerio de Sanidad, sin embargo, nadie ha movido ficha a este respecto desde el año 1994, en que se llevó a cabo la transferencia de la Sanidad a Canarias; desde entonces hasta aquí, el proceso se ha detenido bajo el argumento de que la situación financiera no hace aconsejable seguir adelante con el mismo. De hecho, en el Balance de Legislatura 1996-2000, que Sanidad distribuyó en las vísperas de las fechas electorales, ni siquiera se hizo una mención a las transferencias.

No obstante, dicho argumento quedó en entredicho tras un análisis realizado por el interventor general de la Seguridad Social, Jaime Sánchez Revenga, publicado en el libro "Transferencias sanitarias: descentralizar y vertebrar", dirigido por Enrique Fernández-Miranda (PricewaterhouseCoopers, 1999). En la obra, Sánchez Revenga señalaba que la situación financiera del Insalud está saneada, lo que permite poner en marcha el proceso de transferencias aún pendiente. De todas maneras, el propio Fernández-Miranda adelantaba en este mismo libro que las transferencias podrían estar culminadas en los próximos cuatro años.

Un estudio de la Escuela Andaluza de Salud Pública de Granada fijó en 70.000 millones de pesetas el coste del traspaso de las competencias sanitarias a las autonomías del Insalud. El estudio contempla los fondos con los que el Instituto cubre la asistencia en estas regiones -1,6 billones este año-  y está influido por el convencimiento de los autores de que las autonomías no renunciarán a su gasto actual, pese a que pierden población. 

Sostenibilidad del sistema
Otro epígrafe que adelantábamos anteriormente y que, al igual que en el caso anterior, seguirá coleando a buen seguro en 2001, es el del recorte en la protección social, matizado a medias con el término "copago", asunto que siempre viaja de la mano de la sostenibilidad financiera del sistema sanitario y que alude a pagar parte de los servicios asistenciales que se recibe. Si bien es cierto que a lo largo del 2000 no se habló tan alto ni tan claro como para sentar un precedente, sí se planteó con mayor profundidad que en años anteriores, aunque siempre con la cautela que imprime abordar un tema muy mal visto por las supuestas "progresías" de turno.

Una de las manifestaciones bastante sonadas en pro del copago provino del Círculo de Empresarios. De esta institución se instó a los políticos a afrontar "con valentía" el recorte del Estado del Bienestar ante el paulatino envejecimiento de la población y la escasa natalidad, circunstancia estas que "no se ven compensadas con la entrada de nuevos cotizantes en el Sistema de la Seguridad Social". En caso contrario, advirtió el Círculo, la contrapartida será una subida de los impuestos sobre la renta, sobre los indirectos y un incremento en las cotizaciones. De modo que no hay más remedio, según esta organización, que recurrir a los recortes en áreas como la protección del desempleo, en el sistema de pensiones, en la Sanidad, la educación y, en general, "en todas las formas de seguro social".

Casi sin solución de continuidad, el informe del Círculo de Empresarios se vio "avalado" por otro monográfico procedente de la OCDE, en el que se hacía a España una llamada de atención sobre nuestro sistema de previsión social, demasiado generoso para el gusto del citado organismo en lo que respecta a las cotizaciones y a los estándares internacionales. El monográfico sugería una reforma no sólo de este  sistema, sino también del laboral, "aprovechando el Pacto de Toledo". Además, la OCDE coincidía con el Círculo en lo referente a "suavizar" la legislación en materia de protección de empleo y en la necesidad de "flexibilizar" la negociación colectiva.

El consejero de Sanidad de Cataluña, Eduard Rius, propuso, por su parte, un debate social sobre las prioridades, "pues los recursos no crecerán hasta el infinito". Entre tanto, la inversión en este momento no debe parar de crecer, dijo Rius, porque en España está por debajo de la media europea, que es del 6,5 por ciento del PIB, frente al 5,9 por ciento en nuestro país.

Guillem López Casanovas, asesor de la ministra de Sanidad, es de la opinión de que "para aliviar las finanzas públicas" es necesario un modelo de aseguramiento que cubra exclusivamente "los acontecimientos catastróficos", entre los que incluyó la salud mental y las enfermedades crónicas y oncológicas. Y hasta la propia ministra Villalobos reconoció que la revisión del copago era una medida en estudio, por ser injusto el actual modelo, aunque luego se desdijo de lo dicho.

El momento cumbre de esta polémica llegó cuando el Gobierno anunció que iba a estudiar el pago del 10 por ciento de los fármacos por los pensionistas, habida cuenta de que cada pensionista consume al año 106.303 pesetas como media. La medida, ya propuesta en el Informe Abril, supondría un ahorro anual de 80.000 millones de pesetas.

Se trataría, en cierto modo, de adoptar el sistema alemán de copago, en el que los ciudadanos pagan una parte de los fármacos en función de su renta. Los expertos no descalifican el método, pero aducen que el copago debe orientarse a garantizar la equidad y no el ahorro. En cualquier caso, la medida afectaría al 8 por ciento de los pensionistas, unas 700.000 personas que cobran por encima de las 150.000 pesetas como pensión.

El PSOE, por su parte, propuso como alternativa el copago "por razones médicas", manteniendo siempre la gratuidad para los pensionistas, sistema este próximo al italiano. Se clasificarían los medicamentos en grupos, según su efectividad y necesidad, a la vez que se pondría en marcha un ajuste escalonado de la contribución económica del paciente: un cero por ciento para los medicamentos necesarios y altamente eficaces y un porcentaje bajo e igual para toda la población en el grupo siguiente, con  aumentos progresivos del porcentaje de contribución en los restantes grupos.

En una encuesta llevada a cabo por la CESM, los médicos, en un 57 por ciento, se inclinaron por introducir el copago en forma de tique moderador en la asistencia. Villalobos, a su vez, añadió algo de leña al fuego calificando al actual modelo de "rígido y muy burocratizado".  De paso vaticinó que "en un futuro no muy lejano" habrá tensiones financieras para sostener el sistema sanitario, lo que obligará a la sociedad española a abrir un serio debate sobre esta materia. No obstante, pidió que "nadie se asuste" porque no habrá recortes de servicios "de momento".

Xavier Trías, representando a la Sanidad catalana, propuso en su momento que si pagáramos 100 pesetas por receta, el Estado ingresaría al año 50.000 millones de pesetas. "Si no los tenemos y los necesitamos, no hacerlo es irresponsable", enfatizó.

También voces autorizadas han sugerido que, antes de plantear el copago, es necesario poner orden en el sistema sanitario, esto es, definir la oferta y decidir cómo se financia. En general, sin embargo, se considera que el sistema sanitario español es, hoy por hoy, "sostenible", por lo que no se percibe la urgencia de medidas de financiación extraordinarias.

Últimos acontecimientos
Podemos concluir que el 2000 no quedará como año mítico para la literatura, al menos en lo que atañe a la Sanidad española, ya que el último mes del año, siglo y milenio terminó con más pena que gloria, casi como discurrió todo él. El muestrario noticioso de diciembre fue más anectódico que trascendente, como lo demuestra la que fue quizá la última huelga del año, convocada por el Sindicato Médico catalán y la Federación de Asociaciones de Médicos de Hospital de Cataluña. El conflicto parecía tener ribetes históricos y acabó en un estrepitoso fracaso. La anunciada huelga del 061 se resolvió "in extremis" justo antes de que expirara el año.

Entre tanto, uno de los órganos representativos, sino el más, del estamento médico, la OMC, presentó un balance claroscuro, toda vez que el futuro de la entidad no quedó en absoluto dilucidado. La culminación de la reforma de sus Estatutos ha quedado, de momento, sine die.

Otra de las notas que mereció un mínimo de atención fue el rechazo por la CESM a la propuesta del Insalud de cambiar los baremos de la OPE de Primaria de 1999, ante el temor de que detrás de la medida había una intención de paralizar definitivamente la convocatoria. Tal y como han transcurrido los hechos, cabe colegir que los temores eran fundados, pues el órgano gestor ha pospuesto cualquier oferta pública de empleo hasta el finiquito del traspaso de las competencias sanitarias a todas comunidades autónomas que aún no las tienen, esto es, en 2003 ó 2004, según cálculos de los más optimistas.

También cabe mencionar, por un lado, la creación de la Plataforma de los Diez Minutos, como plan de acción para mejorar la asistencia en la Atención Primaria. Los tres o cuatro minutos que actualmente dedica el Sistema a cada paciente le parece a todo el mundo una aberración. Es de esperar que cuaje la idea. Por otro, el anuncio del Ministerio de Defensa de prescindir de ocho de sus 14 hospitales, que serán transferidos a otros servicios sanitarios o se enajenarán al sector privado.

A la par que esto ocurría, nos llegaron  las noticias de la absolución a Sanidad en la primera demanda de contagio por "vaca loca", y la aprobación "por unanimidad" por parte del Parlamento de Cataluña, del "Testamento vital", una nueva ley que otorga a los ciudadanos catalanes la facultad de decidir, una vez convenientemente informados, el tratamiento a recibir ante una enfermedad, el derecho a acceder a su historia clínica y libertad para dejar constancia de ser o no mantenido con vida por medios artificiales en caso de enfermedad irreversible que le impida manifestar su deseo.

Finalmente, son dignas de mención las recomendaciones, de la Unión Europea, instando a los países comunitarios a eliminar desigualdades sanitarias y otorgarle prioridad al asunto. El Comité de las Regiones de la UE ha considerado que es este el principal desafío para el próximo quinquenio, merced a la previsible adhesión de nuevos socios, cuya situación sanitaria es mayoritariamente deficiente

"La Sanidad española, de luto"

El colectivo médico español se mostró unánime a la hora de condenar la muerte del exministro socialista Ernest Lluch, asesinado por ETA el pasado 21 de noviembre, en Barcelona. La opinión pública, además de considerar el acto como "un monstruoso atentado no sólo contra la vida de quien realizó una importante labor como ministro", también lo vislumbró como un atentado contra toda la Sanidad española; y esencialmente, como una violación contra el derecho fundamental de la vida".

Ernest Lluch fue el primer ministro socialista de Sanidad, y uno de los impulsores de la Ley General de Sanidad de 1986. Bajo su mandato, también surgió el Sistema Nacional de Salud (SNS), una vez entrada en vigor la LGS.

Numerosos representantes del mundo sanitario, encabezado por la ministra del ramo, Celia Villalobos, se reunían días más tarde de su fallecimiento para rendir el último homenaje a un hombre, cuyo principal objetivo fue siempre, desde los tiempos de la transición, que España fuera un país moderno y democrático.

Este trágico suceso se unía al acaecido semanas anteriores, cuando el coronel del ejército y médico en ejercicio, Antonio Muñoz Cariñanos, también era asesinado en su consulta por el mismo grupo terrorista.

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