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El euro llama a la puerta de la Sanidad

euro1.jpg (12316 bytes)LA ENTRADA EN VIGOR DEL EURO, LA MONEDA ÚNICA EUROPEA, VA A SUPONER UNA REVOLUCIÓN A TODOS LOS NIVELES, AUNQUE HASTA AHORA SÓLO SE ESTÁN PONIENDO SOBRE LA MESA LOS QUE TIENEN QUE VER CON LAS CUESTIONES POLÍTICAS, ECONÓMICAS Y FINANCIERAS
 
Antonio Morente  

La introducción del euro, desde un punto de vista meramente formal, es un acto de casi exclusiva naturaleza política que supone la modificación de uno de los pilares fundamentales de todo país soberano: la acuñación de moneda propia. Es por ello que Manuel Fernández López, responsable de la Dirección Financiera de Asuntos Económicos y Financieros de la Comisión Europea, asegura que el alcance de este paso es mucho mayor: "como la lengua o la idiosincrasia, es sobre todo un factor  de unión (sin adjetivos) entre pueblos, entre ciudadanos".

El euro va a obligar a cambiar las formas tradicionales de hacer las cosas, algo que también tiene  importantes repercusiones en el sector sanitario. La entrada en vigor de la moneda única viene a ser el punto final de todo un proceso largo y complejo iniciado hace unos años, un camino que culminará en el año 2002 con la plena vigencia del euro a todos los niveles. Llegar a este punto ha supuesto un enorme esfuerzo a los países embarcados en esta aventura, esfuerzo que tiene nombre propio: criterios de convergencia, es decir, una serie de requisitos que debían cumplir los estados miembros para integrarse en la moneda única.

El proceso arrancó en febrero de 1992 con la firma del Tratado de Maastricht, que entró en vigor en enero de 1993. Al sector sanitario, al igual que al resto de la sociedad, se le exigió un esfuerzo para poder cumplir los objetivos de convergencia, lo que obligó a un conjunto de medidas organizativas, presupuestarias y de gestión encaminadas a mejorar la eficiencia y la equidad con la que el sistema actúa. El director general de Aseguramiento, Financiación y Planificación de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, José de Haro Bailón, recuerda que esto obligó a "la transformación desde un modelo administrativo a un modelo de gestión de servicios" que identificase costes y calidad, a lo que se sumó "la mejora de la cualificación profesional de los gestores, la mayor autonomía de los centros y profesionales y la ordenación de las prestaciones sanitarias".

Se procedió, por lo tanto, a un cambio más que sustancial de la propia estructura del sistema sanitario, algo realizado en todos los ámbitos y no sólo en el capítulo económico. Durante estos años se ha tenido que hacer un gran esfuerzo para lograr un mayor nivel de eficiencia, aumentando el rigor económico en la organización, algo que debía hacerse preservando lo básico del sistema sanitario público español: financiación pública, aseguramiento universal y único para todos los ciudadanos, integralidad de la atención y equidad en la distribución de los recursos.

El recorte presupuestario
El sistema sanitario ha tenido que hacer frente a un periodo de recorte presupuestario que chocaba frontalmente con una importante presión para el aumento de los gastos sanitarios derivada de diferentes factores. Uno de los más importantes ha sido el demográfico (aumento de la población, envejecimiento...), al que hay que añadir el epidemiológico (aparición de enfermedades con altos costes), la introducción de nuevas tecnologías y fármacos específicos y el incremento de las expectativas de los ciudadanos que, según De Haro Bailón, "son cada vez más conscientes de sus derechos", además de que "como consumidores son cada vez eurotx2.gif.jpg (22460 bytes)más exigentes con la calidad de los servicios y con la adecuación de éstos a sus necesidades".

Teniendo en cuenta todos estos condicionantes, no es de extrañar que los expertos consideren muy meritoria la aportación del sector sanitario a la reducción del déficit público. Para ello ha sido necesaria, fundamentalmente, la adaptación de las formas de organización y de los sistemas de financiación. En este último ámbito, lo más importante ha sido el Acuerdo de Política Fiscal y Financiera de 1994, con el que se aprobó la reforma del sistema de financiación del Insalud y que desde entonces se ha convertido en el instrumento clave para garantizar el control del gasto sanitario público, tanto del Estado como de las comunidades autónomas.

Otro elemento financiero que ha ido preparando el camino al euro ha sido el contrato-programa adoptado en los centros sanitarios, que ha permitido introducir el rigor presupuestario y una disciplina de gestión. Por último, se han hecho esfuerzos para crear en los profesionales una conciencia de gasto sanitario, haciéndoles ver que ellos son una parte muy importante de todo el engranaje, aunque en líneas generales la mayor implicación de los trabajadores es una tarea aún por resolver.

Con este marco general de actuación, España parte en el sector sanitario con un gasto que representa el 75 por ciento de la media europea, una cifra acorde con la renta española (74 por ciento aproximadamente). Para Camilo Lebón Fernández, catedrático de Teoría Económica de la Universidad de Sevilla, estas diferencias hacen que, en la medida que la pertenencia a la unión monetaria europea pueda suponer un acercamiento a los niveles de renta europeos, "aún tendríamos un considerable margen en la mejora de la prestación sanitaria". Sin embargo, esto no debe llevarnos a olvidar que es necesario mejorar en la gestión de los recursos, "debiéndose fomentar la utilización de criterios de eficiencia en la gestión del gasto sanitario".

Aumentar el esfuerzo
Lo que resulta evidente es que la diferencia entre el gasto español y el europeo se debe al sector público antes que al privado, "lo que indica que si existe la pretensión de converger con Europa, el sector público debería incrementar su esfuerzo, dado que el gasto sanitario privado ya está al nivel europeo" en proporción a su peso en el Producto Interior Bruto (PIB), mientras que el público está dos décimas por debajo. Al margen de éste, España tiene otro importante lastre de partida: un gasto farmacéutico que el profesor Lebón define como "desmesurado", ya que supone más de un 22 por ciento del gasto sanitario, sin incluir los hospitales, frente a aproximadamente el 12 por ciento de media de los principales países de la Unión Europea.

Teniendo en cuenta todos estos referentes, la entrada del euro supondrá una serie de ventajas e inconvenientes para el sector que, dado que es inevitable el proceso, deberá hacer todo lo posible para beneficiarse e intentar superar de la mejor manera posible los problemas que se plantearán. Evidentemente, uno de los principales beneficios es que las comunidades autónomas y el Insalud verán mejorada su capacidad de endeudamiento, ya que los servicios financieros van a ser ­al menos en teoría- más baratos y de mayor calidad, con unos tipos de interés moderados para los empréstitos y a la baja por la oferta económica de las entidades bancarias.

Un dato ilustra de manera significativa esta situación: en los últimos veinte años, lo normal era que un importador español pagase a los bancos, como cobertura del riesgo de cambio, entre el 5 y el 8 por ciento (según la divisa) del montante de los créditos que solicitaba para financiar su actividad. Este dinero no debe pagarse ahora, lo que significa que los gobiernos (tanto estatal como autonómicos) podrán disponer de más recursos para invertir, dándose por sentado que una de las áreas que más se beneficiará será la sanitaria. Haciendo un primer cálculo, las entidades bancarias europeas estiman que van a dejar de ganar unos 22.000 millones de euros anuales sólo por la desaparición de las operaciones de cambio monetario.

En líneas generales, Manuel Fernández López, responsable de la Dirección Financiera de Asuntos Económicos y Financieros de la Comisión Europea, considera que el ciudadano de a pie se beneficiará de unos servicios financieros  más baratos y de mayor calidad, de unos tipos de interés moderados para sus empréstitos y tendrá unas facilidades de inversión mucho más amplias para su ahorro. Estas ventajas son exportables, pero en unas cifras mucho mayores, a los organismos que manejan grandes cantidades de dinero, que en España no son otros que el Gobierno central y las diferentes comunidades autónomas.

En un nivel macroeconómico, hay que recordar que Europa no tiene un mercado financiero real pese a que su capacidad de ahorro es casi el doble de la de los Estados Unidos (1,8 billones de euros anuales frente a un billón, respectivamente), lo que se traduce en que el peso financiero del continente europeo no es el que debería ser en el mundo globalizado en el que nos encontramos. Esto podría cambiar radicalmente gracias a la introducción del euro, lo que permitirá aunar e integrar las capacidades financieras de los estados miembros y crear así el gran mercado europeo de capitales. 

Ventajas del proceso
Por ello, José de Haro Bailón considera que los sectores públicos deben aprovechar la mayor estabilidad de precios, la eliminación de la incertidumbre sobre los tipos de cambio y de los costes asociados al cambio de divisas para potenciar el papel de "gran comprador del sector sanitario público". Esto debería traducirse en la obtención de mejores precios en la importación de productos y tecnologías de las distintas ofertas en el mercado europeo.

Otro detalle que debe ser tenido en cuenta es que la situación anterior conllevará un aumento de la competencia entre todos los agentes del sector sanitario "dada la amplitud del mercado y la reducción de barreras en el mismo", lo que no sólo debe suponer ventajas económicas, sino también un aumento de la eficiencia y la modernización de todo el sistema, conllevando esto una mejor satisfacción de los profesionales y usuarios. Este marco general ha de servir para impulsar la generación de nuevos productos y servicios y para el desarrollo tecnológico.

La cuestión económica (especialmente la reducción de los tipos de interés) debe aprovecharse para estimular el crecimiento de la riqueza y el empleo. En este sentido, el sector sanitario es uno de los que más pueden contribuir a estos objetivos dado su volumen, las características en la prestación de los servicios y la demanda creciente de éstos, lo que le convierte en uno de los pilares del bienestar ciudadano.

En España, el nuevo horizonte que se abre con la llegada del euro tendrá también su repercusión económica en la relación con los países de la Unión Europea en la facturación, por los servicios prestados, a los distintos ciudadanos con la cobertura de los sistemas de salud. En este sentido, José de Haro Bailón recuerda que en nuestro país "se está ingresando menos dinero que el que sale, a pesar del saldo netamente favorable de la balanza de turistas" y visitantes. Esta "situación de claro déficit" tiene, en teoría, que cambiar por la "homogeneidad y trasparencia de precios que se generará", algo que debería ser abordado por las distintas comunidades autónomas y el Ministerio de Sanidad en un plazo no demasiado largo.

El escenario anteriormente descrito, que ya está empezando a formarse, puede constituir una ocasión irrepetible para mejorar algunos de los fallos que actualmente presenta el sistema sanitario público español. Fernando Mateo Arias, director económico del complejo hospitalario Virgen del Rocío, apuesta por que "el proceso de adaptación al euro" en los hospitales "ha de suponer una oportunidad de mejorar la gestión", puesto que la transición a la moneda única "no es solamente un coste" sino también una oportunidad. Para ello, "los gestores hemos de desempeñar un papel destacado de liderazgo, con un esencial compromiso hacia el cambio".
Para que todo esto sea una realidad y tenga una repercusión positiva, Mateo Arias apuesta por revisar todas las actividades de la organización para calcular el impacto que tendrá la llegada del euro, haciéndose una evaluación en cada centro sanitario y aplicándose, con carácter general, un calendario y una serie de procedimientos para asumir con garantías este reto. Esto obliga a la Administración sanitaria a coordinar todo el proceso de transición, ya que su obligación es que todo el mecanismo esté en perfecto estado de revista para cuando llegue uno de los momentos de cambio más importantes de las últimas décadas.

Uno de los capítulos en el que hay que hacer un especial hincapié es el de los sistemas informáticos, auténtico centro neurálgico del sector sanitario. Aunque la adopción de la nueva unidad monetaria no será efectiva hasta el año 2002, en estos momentos ya es necesaria su incorporación a los sistemas informáticos "al objeto de disponer de series históricas para su análisis y comparación" que hagan posible una correcta toma de decisiones. La idea es registrar los datos tanto en euros como en pesetas, ya que de lo contrario los gestores entrarán en el referido 2002 sin datos para hacer economía comparativa de los últimos años, lo que a partir de ese momento obligaría a un esfuerzo extra de adaptación.

Proceso de ajuste
Entre las recomendaciones que Mateo Arias hace de cara al periodo transitorio en el que ahora mismo estamos se encuentran algunas relativas a los expedientes de gasto, en los que debería imperar el principio de no prohibición-no obligación, así como el de continuidad en los contratos. Ya en la actualidad existe la posibilidad de realizar estos expedientes en euros (de hecho, recomienda la indicación de este dato al menos a título informativo), aunque aquí se presenta el problema de la tendencia al redondeo que se va a dar con la reaparición de las decimales en la contabilidad, lo que al fin y al cabo no deja de ser un problema menor que tendrá una mayor repercusión para el ciudadano en sus transacciones económicas directas. Para evitar mayores inconvenientes, estas diferencias de redondeo deberán incorporarse a cuentas específicas.

Por lo demás, y durante este periodo transitorio, los precios públicos se expresarán en la misma unidad de cuenta en que se aprueba el presupuesto (todavía en pesetas), lo que obliga a que el seguimiento contable se realice en la misma moneda. En este punto Mateo Arias vuelve a incidir en la conveniencia de publicar los datos económicos en paralelo en euros, "con el fin de facilitar la adaptación y conseguir series históricas".
 
En lo que respecta a la logística, los centros sanitarios españoles se van a encontrar un escenario con una mayor transparencia pero también competencia, desregularizándose los mercados y produciéndose la armonización fiscal ya comentada. Asimismo, y al margen del cambio de las unidades de venta, se deben implantar códigos de barra con las dos monedas de curso legal que ahora tenemos.

Dentro del campo logístico, es necesario modificar los actuales sistemas de información internos de cada centro al margen de una reforma física de los mismos, ampliándose por ejemplo las instalaciones de almacén. Esto último tiene una justificación  económica:  al trabajarse en una unidad de cuenta mayor (el euro está fijado en 166,386 pesetas) habrá que olvidarse de la adquisición de pequeñas cantidades de material, pasándose a unidades de venta mayores, adquiriéndose más productos y, por lo tanto, necesitándose más espacio para almacenarlos. Igualmente, la unificación de precios permitirá a los centros sanitarios establecer comparaciones eurotx4.gif (21514 bytes)en el marco de la Unión Europea, analizando la gestión y los resultados obtenidos en un mercado en el que los precios serán iguales para todos. 

Los aspectos negativos
Otro capítulo importante es el de los recursos humanos, que va a ver modificada la unidad de cuenta en la que se recibe la nómina. Esto producirá lo que se describe como "desilusión  monetaria", consistente en que los sueldos se mantendrán en cuanto a capacidad adquisitiva, pero la cifra que recibirá el trabajador será muy baja numéricamente hablando con relación a la que le llegaba hasta ahora, lo que puede producir un efecto desilusionante. Asimismo, pasarán a un primer plano las relaciones con los agentes sindicales. Si se pretende pedir a los trabajadores un esfuerzo adicional para superar este proceso, algo tendrán que decir sus representantes laborales al respecto.

Esta última consideración podría englobarse dentro de los aspectos negativos que acarreará la llegada del euro, que para los expertos y autoridades sanitarias vendrá igualmente acompañado de otros problemas. Entre éstos, el director general de Aseguramiento, Financiación y Planificación de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, José de Haro Bailón, advierte del futuro de los fondos estructurales, que en una importante cantidad llegan a nuestro país procedentes de la Unión Europea. Desde su punto de vista, éste sería el principal inconveniente en una economía del euro que, en principio, puede proporcionar un escenario macroeconómico sin sobresaltos en cuanto a las variables nominales, "generando un ambiente bueno de transparencia y certidumbre para el crecimiento y el empleo en España".

El problema es que nuestro país ha hecho un gran esfuerzo de adaptación y se ha mostrado como uno de los más aplicados de toda la UE a la hora de poner en marcha los criterios de convergencia y, por lo tanto, estar preparado para la llegada del euro. Esto, algo inevitable para asegurar la llegada de la moneda única y el futuro económico de España, implica que desde el Gobierno de la Unión Europea se pueda considerar que el país ha superado su desequilibrio, lo que llevaría a la reflexión de que no le son tan necesarios los fondos estructurales como hasta ahora.

En definitiva, y según De Haro Bailón, sobre estos fondos, "que han servido para realizar inversiones importantes en Sanidad, se plantean incertidumbres en cuanto a su importe y reparto". A lo anteriormente apuntado hay que añadir que la previsible entrada en la UE de los países del Este hará que los fondos estructurales mayoritariamente se dirijan a estas naciones, que evidencian mayores necesidades.

Otro inconveniente es que el mantenimiento de un porcentaje del déficit público sobre el Producto Interior Bruto (PIB) limita las posibilidades de crecimiento del gasto sanitario público, "lo que va a exigir un gran esfuerzo de modernización del aparato productivo y de la gestión" para afrontar esta situación, en la que existen muchas presiones (aumento de la población, envejecimiento, nuevas enfermedades, nueva y costosa tecnología...) para aumentar el gasto sanitario.

Para José de Haro Bailón, todo esto supone que hay que hacer un esfuerzo suplementario al realizado hasta ahora para cumplir los requisitos obligados para la llegada de la moneda única. Durante este periodo transitorio el trabajo ha sido tan importante que en buena medida se ha superado lo peor. Aún así, será misión de cada comunidad autónoma reclamar al Gobierno un mejor trato financiero en un sector tan fundamental para el estado de bienestar como el sanitario, a lo que habrá que sumar un "inexcusable esfuerzo en la gestión óptima de los recursos" desde la óptica de la eficiencia y el control del gasto.

Por último, habría que hacer referencia a los costes inducidos por los nuevos equipos y programas informáticos, que exigirán un importante esfuerzo inversor por parte de los centros y la propia Administración sanitaria.

Cuestiones pendientes
Al margen de los anteriores, hay otros problemas derivados de la llegada del euro, aunque  desde un punto de vista macroeconómico, ya  que moneda única implica política monetaria única. En este ámbito, se plantean diversas preguntas: ¿qué hacer si un país miembro de la UE entra en una situación de recesión, si se supone que todos deben cumplir las mismas condiciones fiscales? ¿No sería importante contar con una mayor flexibilidad presupuestaria, necesaria en ocasiones por razones sociales o de inversión pública?

Las preguntas se las realiza Manuel Fernández López, responsable de la Dirección Financiera de Asuntos Económicos y Financieros de la Comisión Europea, quien incluso plantea la posibilidad de que el euro aumente las disparidades de riquezas entre regiones y estados miembros. Desde su punto de vista, es más que evidente que la integración financiera implica pérdida de autonomía para todos los gobiernos, pero también subraya que la flexibilidad presupuestaria viene argumentándose desde hace veinte años y lo único que se consigue es un endeudamiento cada vez mayor, situación que por ejemplo es muy común en la Administración sanitaria.

No obstante, reconoce que hay un aspecto especialmente delicado y aún sin resolver, como es la cuestión fiscal. En palabras de Fernández López, "la diversidad fiscal existente entre los países miembros provocará en el interior de la Unión desplazamientos no deseados, por puras razones fiscales, de los factores de producción, sobre todo del capital", algo a lo que ayudará la desaparición del riesgo de cambio. Por eso,  "si no se hace nada, tendremos un mercado único en el que no todos los agentes estarán en las mismas condiciones".

La nueva moneda tendrá asimismo una incidencia especial en el proceso de fijación de los precios públicos, que a partir de ahora será más permeable, no en vano la UE propugna la libertad absoluta al respecto. En este sentido, y dado que hablamos de niveles de vida muy diferentes, es lógico pensar que los precios de los mismos productos no serán unitarios en el ámbito europeo, algo que en muchos casos habrán de justificar las propias administraciones,  explicando cualquier diferencia.

Es evidente que no estamos ante un proceso sencillo, ni mucho menos. El trabajo de preparación y adaptación está resultando difícil y duro, pero desde un punto de vista económico ­y desde cualquier otro- sería un auténtico desastre para nuestro país quedar fuera de la unión monetaria. Lo más importante para el sector sanitario, al margen de las convulsiones económicas que llegarán a todas partes, es que la entrada del euro obligará a una mejor organización y gestión de todo el sistema, ya que sobre el papel va a ser necesario obtener mejores resultados con los mismos presupuestos.

El mercado único es tan exigente que la entrada en él obliga a subsanar hasta los más mínimos errores en cualquier sector, incluido ¡ el sanitario. Si esto se hace, y se le suman la mejor organización y gestión antes mencionados, forzosamente acabará ofreciéndose un producto sanitario de mejor calidad, lo que significa  que el paciente estará mejor atendido por un sistema mejor estructurado y en el que se aprovechan todos los recursos.

Otro dato importante es que el periodo de adaptación que todavía estamos atravesando ha hecho que los gobiernos de toda Europa se den cuenta del peso específico que tiene un sector como el sanitario, que por definición es uno de los más importantes para cualquiera que defienda el estado de bienestar. La pasión económica ha cegado durante años a los gobiernos, hasta el punto de que en la fase inicial del proceso se han echado de menos debates sobre el bienestar social, la reducción de las diferencias en la distribución de la renta y la solidaridad en la Europa de los ciudadanos. Por el contrario, José de Haro Bailón cree que "en estos momentos los temas sociales como el desempleo y las prestaciones sociales y sanitarias están empezando a ser cuestiones importantes" planteadas en las últimas cumbres de la Unión Europea. 

Una oportunidad de unión
A una escala superior, hay quien defiende la necesidad de utilizar la ocasión para trabajar por un concepto de espacio de salud europeo. Esta es la propuesta de José Antonio Souto Ibáñez, director de Proyectos del hospital Virgen del Rocío, quien apuesta por trabajar por la idea de "Europa, salud y ciudadanos" teniendo en cuenta que "el euro debe ser un factor integrador", lo que hace de este proceso una oportunidad prácticamente única para dar el salto a un concepto más global de la Sanidad, aprovechando la caída de las fronteras físicas para hacer lo propio con las burocráticas.

Souto Ibáñez es también presidente del Foro Europeo de Gestión de Salud en España (EHMF en sus siglas en inglés), un órgano sanitario que reúne a once de los quince países de la Unión Europea (Alemania, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Irlanda, Portugal y Reino Unido), a los que hay que sumar otros dos que actúan ahora como observadores, que son Austria e Italia, lo que viene a suponer que los únicos países de la UE que no tienen ninguna relación con este foro son Luxemburgo y Suecia. Desde su punto de vista, es necesario "ir generando una conciencia de idea, de cultura de espacio de salud europeo". 

Esto implica que, a su entender, la Unión Europea no es sólo un foro económico, sino que debe serlo también de "solidaridad y asuntos sociales". De esta manera, una forma de trabajar en la que la "eficiencia preserve la solidaridad" debería ser la "seña de identidad de Europa frente a América", especialmente cuando uno de los pilares de toda relación entre países, el económico, ya está a punto de concretarse. Para Souto Ibáñez, "Administración, profesionales, proveedores y ciudadanos" deben unirse para hacer un "trabajo en común" que ayude a "preservar y mejorar" el actual sistema sanitario europeo.

En la práctica, esto puede suponer un importante giro social a la actual política de la Unión Europea, desviando el marcado matiz económico y político que ahora tiene hacia unos terrenos en los que primen cuestiones como la lucha contra el paro, la potenciación de los servicios sociales y la mejora de la asistencia sanitaria. Para ello, habría que incidir sobre lo ya apuntado: el presente proceso es una gran oportunidad para alterar el actual orden, ya que durante este periodo de ajuste cada cual debe buscar mejorar su situación, algo a lo que no escapa el sector sanitario.

Según José de Haro Bailón, todo esto exigirá un esfuerzo de todos para mantener unos servicios sanitarios capaces de adaptar las estructuras y los recursos a los cambios sociales y a las necesidades de salud de la población, "preservando los elementos fundamentales, como son la financiación pública y el aseguramiento universal y único, e innovando en lo instrumental para alcanzar la máxima eficiencia de los servicios".

Un modelo concreto de actuación
La Consejería de Salud de la Junta de Andalucía empezó a trabajar en la adaptación al euro de todos sus sistemas en junio de 1997, cuando se elaboró un estudio previo de su incidencia y la del Efecto 2000 en los ordenadores, el mismo que puede llevar a su bloqueo general al identificar los dígitos 00 con los que se marca la fecha como el año 1900. El primer paso, por lo tanto, fue la identificación del problema por parte de los suministradores de los principales sistemas y equipamientos del organismo.

Teniendo en cuenta que estamos ante lo que se define como "una realidad inexorable que puede afectar a los sistemas y tecnologías de la información y comunicación en el Servicio Andaluz de Salud (SAS)", se dictó por parte de la Gerencia de este organismo la Circular 3/1999, de 15 de febrero, para poner en marcha todas las medidas tendentes a paliar los efectos del doble problema. Para ello, se determinó que la subdirección de Ordenación Administrativa, los directores de distrito de Atención Primaria de salud, los directores-gerentes de hospitales y los responsables de los centros de transfusión sanguínea elaboraran planes de contingencia para el supuesto que se produjesen fallos a causa del Efecto 2000/Euro. 

Junto a esto, en una primera fase se realizó un análisis del impacto, abriéndose a continuación un periodo de pruebas que deberían concluir en el mes de octubre. Para ello, y de manera previa, en todos los centros de gestión se realizaron encuestas internas para analizar las principales necesidades y preocupaciones, un proceso en el que también se ha intentado integrar a los trabajadores. Finalmente, se han contratado servicios específicos para el seguimiento y control de las actuaciones del SAS de cara a afrontar este proceso.

Asimismo, se ha constituido un comité para supervisar estas funciones, denominado Comisión del efecto Milenio y de implantación del Euro, compuesta por todos los subdirectores de los Servicios Centrales y que presidirá el subdirector de Ordenación Administrativa. También se están llevando a cabo acciones en relación con la elaboración de métodos comunes y guías para abordar la adaptación de los sistemas al doble efecto, métodos que incluyen los siguientes elementos: Sensibilización, Evaluación, incluyendo el análisis del impacto, Renovación, Validación e Implementación y Resultados de cada fase y tarea.

Desde una perspectiva funcional, en este caso aplicable especialmente al caso del euro, se analizarán las implicaciones en diferentes dominios de aplicación, tales como: Instalaciones clínicas, Administración Interior, Población y censos, Gestión económica, Gestión fiscal, Contratación y Patrimonio y Gestión documental. 

La Circular 3/1999 también recordaba la cláusula-tipo relativa a la unión económica y monetaria que, aprobada en septiembre de 1997, se incluye en todos los pliegos de cláusulas administrativas particulares de las contrataciones administrativas que se lleven a cabo en el SAS. Dicho apartado recuerda que "los oferentes indicarán, para aquellos casos en los que dentro del objeto del contrato se contemple el suministro de productos lógicos, o la adaptación, o el desarrollo de aplicaciones a medida, o la modificación de estructuras de datos que traten importes y que por tanto pudieran verse afectados por la entrada en vigor de la moneda eurotx5.gif (21984 bytes)única", su disponibilidad a "suministrar productos o a desarrollar y adaptar los sistemas de información y las estructuras para soportar" una serie de funciones.

Dichas funciones son las siguientes: decimales (dos para representación del euro, tres para el tipo de conversión), redondeos (por defecto entre 0 y 4 y por exceso entre 5 y 9), tipo de conversión y su aplicación en operaciones de cambio e indicador de moneda. En caso de no ofrecerse estos requisitos, los aspirantes facilitarán -de forma gratuita y a petición de la Administración- las nuevas versiones de los productos inicialmente presentados como parte del contrato, las cuales serán liberadas antes de finalizar el periodo de garantía de dicho contrato o la fecha que se indique para adaptarse al uso de la moneda única europea.

El SAS está introduciendo en sus equipos informáticos programas que no sólo funcionen con la nueva unidad de cuenta, sino que también incluyan las funciones de decimales y redondeos a los que obligará la llegada del euro. No obstante, y pese a los pasos anteriormente señalados, la prioridad ahora mismo es la lucha contra el Efecto 2000, dado que sus posibles consecuencias se dejarán sentir antes que los de la moneda única, de ahí que todos los equipos que el SAS adquiere desde hace bastante tiempo vengan ya adaptados a este problema.

Al margen de estas actuaciones y medidas específicas en el sector sanitario, la Consejería de Salud ha colaborado con la de Economía y Hacienda en todos los grupos de trabajo para preparar la organización, difundiendo en todos los centros del SAS, empresas públicas y delegaciones provinciales los diferentes documentos que se han elaborado, incluyendo el Plan Director de Adaptación al Euro en Andalucía. Se han analizado, asimismo, aspectos como los sistemas de información, bases de datos, tasas, impresos, normas, etc., que se verán afectados por la introducción del euro. 

Asimismo, se está elaborando un Plan de Comunicación para todos los servicios sanitarios y los sectores que se relacionen con éstos. Por último, en la página web del SAS se anuncian periódicamente los pasos que se están dando, para que profesionales y ciudadanos tengan una información de primera mano sobre el proceso puesto en marcha.

Las administraciones públicas se están mostrando hasta la fecha como los organismos pioneros en la adaptación de sus sistemas de gestión a las necesidades que vienen. Desde este punto de vista, y al margen de la ya apuntada Comisión del efecto Milenio y de implantación del Euro, la Junta de Andalucía cuenta con otro órgano interdepartamental para analizar todos estos posibles problemas en el que, por parte de la Consejería de Salud, está presente el director general de Aseguramiento, Financiación y Planificación de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, José de Haro Bailón.

Beneficios generales de la entrada del euro
El catedrático de Teoría Económica de la Universidad de Sevilla Camilo Lebón Fernández considera que, aparte de lo que pueda ocurrir específicamente en cada sector, la introducción de la moneda única acarreará una serie de beneficios generales entre los que destaca la eliminación de los costes de transacción. Esta cuestión es de importancia añadida para España, dado el peso específico del sector turístico.

Asimismo, se reforzará la estabilidad de los precios (lo que debería traducirse en una asignación más eficiente de los recursos) y se reducirán los tipos de interés. Esto último tendrá un gran efecto beneficioso sobre la inversión y la reducción de la carga de la deuda pública.

Otro dato importante es la eliminación de la incertidumbre sobre los tipos de cambio, lo que a su vez puede reforzar la reducción de los tipos de interés por la menor prima de riesgo. Junto a esto, hay que tener en cuenta el fomento de la integración y el crecimiento económico que deben derivarse de todo el proceso,  puesto que en teoría se favorecerá el crecimiento de un entorno más estable, cuyo primer ejemplo puede verse en el hecho de que la Unión Europea se haya visto escasamente afectada por la actual crisis económica internacional.

Por último, la unión monetaria europea permitirá que España pertenezca a uno de los mayores bloques económicos  mundiales. Aquí las ventajas serían las propias que se derivan de una moneda que puede alcanzar la consideración de divisa de reserva internacional a un nivel similar al dólar, reduciendo por ejemplo los costes de transacción en las operaciones extracomunitarias, entre otros muchos beneficios.

 

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