El euro llama a la puerta de la
Sanidad
LA
ENTRADA EN VIGOR DEL EURO, LA MONEDA ÚNICA EUROPEA, VA A SUPONER UNA REVOLUCIÓN A TODOS
LOS NIVELES, AUNQUE HASTA AHORA SÓLO SE ESTÁN PONIENDO SOBRE LA MESA LOS QUE TIENEN QUE
VER CON LAS CUESTIONES POLÍTICAS, ECONÓMICAS Y FINANCIERAS
Antonio Morente
La introducción del euro, desde un punto de vista meramente formal, es un acto de casi
exclusiva naturaleza política que supone la modificación de uno de los pilares
fundamentales de todo país soberano: la acuñación de moneda propia. Es por ello que
Manuel Fernández López, responsable de la Dirección Financiera de Asuntos Económicos y
Financieros de la Comisión Europea, asegura que el alcance de este paso es mucho mayor:
"como la lengua o la idiosincrasia, es sobre todo un factor de unión (sin
adjetivos) entre pueblos, entre ciudadanos".
El euro va a obligar a cambiar las formas tradicionales de hacer las cosas, algo que
también tiene importantes repercusiones en el sector sanitario. La entrada en vigor
de la moneda única viene a ser el punto final de todo un proceso largo y complejo
iniciado hace unos años, un camino que culminará en el año 2002 con la plena vigencia
del euro a todos los niveles. Llegar a este punto ha supuesto un enorme esfuerzo a los
países embarcados en esta aventura, esfuerzo que tiene nombre propio: criterios de
convergencia, es decir, una serie
de requisitos que debían cumplir los estados miembros para integrarse en la
moneda única.
El proceso arrancó en febrero de 1992 con la firma del Tratado de Maastricht, que
entró en vigor en enero de 1993. Al sector sanitario, al igual que al resto de la
sociedad, se le exigió un esfuerzo para poder cumplir los objetivos de convergencia, lo
que obligó a un conjunto de medidas organizativas, presupuestarias y de gestión
encaminadas a mejorar la eficiencia y la equidad con la que el sistema actúa. El director
general de Aseguramiento, Financiación y Planificación de la Consejería de Salud de la
Junta de Andalucía, José de Haro Bailón, recuerda que esto obligó a "la
transformación desde un modelo administrativo a un modelo de gestión de servicios"
que identificase costes y calidad, a lo que se sumó "la mejora de la cualificación
profesional de los gestores, la mayor autonomía de los centros y profesionales y la
ordenación de las prestaciones sanitarias".
Se procedió, por lo tanto, a un cambio más que sustancial de la propia estructura del
sistema sanitario, algo realizado en todos los ámbitos y no sólo en el capítulo
económico. Durante estos años se ha tenido que hacer un gran esfuerzo para lograr un
mayor nivel de eficiencia, aumentando el rigor económico en la organización, algo que
debía hacerse preservando lo básico del sistema sanitario público español:
financiación pública, aseguramiento universal y único para todos los ciudadanos,
integralidad de la atención y equidad en la distribución de los recursos.
El recorte presupuestario
El sistema sanitario ha tenido que hacer frente a un periodo de recorte presupuestario que
chocaba frontalmente con una importante presión para el aumento de los gastos sanitarios
derivada de diferentes factores. Uno de los más importantes ha sido el demográfico
(aumento de la población, envejecimiento...), al que hay que añadir el epidemiológico
(aparición de enfermedades con altos costes), la introducción de nuevas tecnologías y
fármacos específicos y el incremento de las expectativas de los ciudadanos que, según
De Haro Bailón, "son cada vez más conscientes de sus derechos", además de que
"como consumidores son cada vez
más exigentes
con la calidad de los servicios y con la adecuación de éstos a sus necesidades".
Teniendo en cuenta todos estos condicionantes, no es de extrañar que los expertos
consideren muy meritoria la aportación del sector sanitario a la reducción del déficit
público. Para ello ha sido necesaria, fundamentalmente, la adaptación de las formas de
organización y de los sistemas de financiación. En este último ámbito, lo más
importante ha sido el Acuerdo de Política Fiscal y Financiera de 1994, con el que se
aprobó la reforma del sistema de financiación del Insalud y que desde entonces se ha
convertido en el instrumento clave para garantizar el control del gasto sanitario
público, tanto del Estado como de las comunidades autónomas.
Otro elemento financiero que ha ido preparando el camino al euro ha sido el
contrato-programa adoptado en los centros sanitarios, que ha permitido introducir el rigor
presupuestario y una disciplina de gestión. Por último, se han hecho esfuerzos para
crear en los profesionales una conciencia de gasto sanitario, haciéndoles ver que ellos
son una parte muy importante de todo el engranaje, aunque en líneas generales la mayor
implicación de los trabajadores es una tarea aún por resolver.
Con este marco general de actuación, España parte en el sector sanitario con un gasto
que representa el 75 por ciento de la media europea, una cifra acorde con la renta
española (74 por ciento aproximadamente). Para Camilo Lebón Fernández, catedrático de
Teoría Económica de la Universidad de Sevilla, estas diferencias hacen que, en la medida
que la pertenencia a la unión monetaria europea pueda suponer un acercamiento a los
niveles de renta europeos, "aún tendríamos un considerable margen en la mejora de
la prestación sanitaria". Sin embargo, esto no debe llevarnos a olvidar que es
necesario mejorar en la gestión de los recursos, "debiéndose fomentar la
utilización de criterios de eficiencia en la gestión del gasto sanitario".
Aumentar el esfuerzo
Lo que resulta evidente es que la diferencia entre el gasto español y el europeo se debe
al sector público antes que al privado, "lo que indica que si existe la pretensión
de converger con Europa, el sector público debería incrementar su esfuerzo, dado que el
gasto sanitario privado ya está al nivel europeo" en proporción a su peso en el
Producto Interior Bruto (PIB), mientras que el público está dos décimas por debajo. Al
margen de éste, España tiene otro importante lastre de partida: un gasto farmacéutico
que el profesor Lebón define como "desmesurado", ya que supone más de un 22
por ciento del gasto sanitario, sin incluir los hospitales, frente a aproximadamente el 12
por ciento de media de los principales países de la Unión Europea.
Teniendo en cuenta todos estos referentes, la entrada del euro supondrá una serie de
ventajas e inconvenientes para el sector que, dado que es inevitable el proceso, deberá
hacer todo lo posible para beneficiarse e intentar superar de la mejor manera posible los
problemas que se plantearán. Evidentemente, uno de los principales beneficios es que las
comunidades autónomas y el Insalud verán mejorada su capacidad de endeudamiento, ya que
los servicios financieros van a ser al menos en teoría- más baratos y de mayor
calidad, con unos tipos de interés moderados para los empréstitos y a la baja por la
oferta económica de las entidades bancarias.
Un dato ilustra de manera significativa esta situación: en los últimos veinte años,
lo normal era que un importador español pagase a los bancos, como cobertura del riesgo de
cambio, entre el 5 y el 8 por ciento (según la divisa) del montante de los créditos que
solicitaba para financiar su actividad. Este dinero no debe pagarse ahora, lo que
significa que los gobiernos (tanto estatal como autonómicos) podrán disponer de más
recursos para invertir, dándose por sentado que una de las áreas que más se
beneficiará será la sanitaria. Haciendo un primer cálculo, las entidades bancarias
europeas estiman que van a dejar de ganar unos 22.000
millones de euros anuales sólo por la desaparición
de las operaciones de cambio monetario.
En líneas generales, Manuel Fernández López, responsable de la Dirección Financiera
de Asuntos Económicos y Financieros de la Comisión Europea, considera que el ciudadano
de a pie se beneficiará de unos servicios financieros más baratos y de mayor
calidad, de unos tipos de interés moderados para sus empréstitos y tendrá unas
facilidades de inversión mucho más amplias para su ahorro. Estas ventajas son
exportables, pero en unas cifras mucho mayores, a los organismos que manejan grandes
cantidades de dinero, que en España no son otros que el Gobierno central y las diferentes
comunidades autónomas.
En un nivel macroeconómico, hay que recordar que Europa no tiene un mercado financiero
real pese a que su capacidad de ahorro es casi el doble de la de los Estados Unidos (1,8
billones de euros anuales frente a un billón, respectivamente), lo que se traduce en que
el peso financiero del continente europeo no es el que debería ser en el mundo
globalizado en el que nos encontramos. Esto podría cambiar radicalmente gracias a la
introducción del euro, lo que permitirá aunar e integrar las capacidades financieras de
los estados miembros y crear así el gran mercado europeo de capitales.
Ventajas del proceso
Por ello, José de Haro Bailón considera que los sectores públicos deben aprovechar la
mayor estabilidad de precios, la eliminación de la incertidumbre sobre los tipos de
cambio y de los costes asociados al cambio de divisas para potenciar el papel de
"gran comprador del sector sanitario público". Esto debería traducirse en la
obtención de mejores precios en la importación de productos y tecnologías de las
distintas ofertas en el mercado europeo.
Otro detalle que debe ser tenido en cuenta es que la situación anterior conllevará un
aumento de la competencia entre todos los agentes del sector sanitario "dada la
amplitud del mercado y la reducción de barreras en el mismo", lo que no sólo debe
suponer ventajas económicas, sino también un aumento de la eficiencia y la
modernización de todo el sistema, conllevando esto una mejor satisfacción de los
profesionales y usuarios. Este marco general ha de servir para impulsar la generación de
nuevos productos y servicios y para el desarrollo tecnológico.
La cuestión económica (especialmente la reducción de los tipos de interés) debe
aprovecharse para estimular el crecimiento de la riqueza y el empleo. En este sentido, el
sector sanitario es uno de los que más pueden contribuir a estos objetivos dado su
volumen, las características en la prestación de los servicios y la demanda creciente de
éstos, lo que le convierte en uno de los pilares del bienestar ciudadano.
En España, el nuevo horizonte que se abre con la llegada del euro tendrá también su
repercusión económica en la relación con los países de la Unión Europea en la
facturación, por los servicios prestados, a los distintos ciudadanos con la cobertura de
los sistemas de salud. En este sentido, José de Haro Bailón recuerda que en nuestro
país "se está ingresando menos dinero que el que sale, a pesar del saldo netamente
favorable de la balanza de turistas" y visitantes. Esta "situación de claro
déficit" tiene, en teoría, que cambiar por la "homogeneidad y trasparencia de
precios que se generará", algo que debería ser abordado por las distintas
comunidades autónomas y el Ministerio de Sanidad en un plazo no demasiado largo.
El escenario anteriormente descrito, que ya está empezando a formarse, puede
constituir una ocasión irrepetible para mejorar algunos de los fallos que actualmente
presenta el sistema sanitario público español. Fernando Mateo Arias, director económico
del complejo hospitalario Virgen del Rocío, apuesta por que "el proceso de
adaptación al euro" en los hospitales "ha de suponer una oportunidad de mejorar
la gestión", puesto que la transición a la moneda única "no es solamente un
coste" sino también una oportunidad. Para ello, "los gestores hemos de
desempeñar un papel destacado de liderazgo, con un esencial compromiso hacia el
cambio".
Para que todo esto sea una realidad y tenga una repercusión positiva, Mateo Arias apuesta
por revisar todas las actividades de la organización para calcular el impacto que tendrá
la llegada del euro, haciéndose una evaluación en cada centro sanitario y aplicándose,
con carácter general, un calendario y una serie de procedimientos para asumir con
garantías este reto. Esto obliga a la Administración sanitaria a coordinar todo el
proceso de transición, ya que su obligación es que todo el mecanismo esté en perfecto
estado de revista para cuando llegue uno de los momentos de cambio más importantes de las
últimas décadas.
Uno de los capítulos en el que hay que hacer un especial hincapié es el de los
sistemas informáticos, auténtico centro neurálgico del sector sanitario. Aunque la
adopción de la nueva unidad monetaria no será efectiva hasta el año 2002, en estos
momentos ya es necesaria su incorporación a los sistemas informáticos "al objeto de
disponer de series históricas para su análisis y comparación" que hagan posible
una correcta toma de decisiones. La idea es registrar los datos tanto en euros como en
pesetas, ya que de lo contrario los gestores entrarán en el referido 2002 sin datos para
hacer economía comparativa de los últimos años, lo que a partir de ese momento
obligaría a un esfuerzo extra de adaptación.
Proceso de ajuste
Entre las recomendaciones que Mateo Arias hace de cara al periodo transitorio en el que
ahora mismo estamos se encuentran algunas relativas a los expedientes de gasto, en los que
debería imperar el principio de no prohibición-no obligación, así como el de
continuidad en los contratos. Ya en la actualidad existe la posibilidad de realizar estos
expedientes en euros (de hecho, recomienda la indicación de este dato al menos a título
informativo), aunque aquí se presenta el problema de la tendencia al redondeo que se va a
dar con la reaparición de las decimales en la contabilidad, lo que al fin y al cabo no
deja de ser un problema menor que tendrá una mayor repercusión para el ciudadano en sus
transacciones económicas directas. Para evitar mayores inconvenientes, estas diferencias
de redondeo deberán incorporarse a cuentas específicas.
Por lo demás, y durante este periodo transitorio, los precios públicos se expresarán
en la misma unidad de cuenta en que se aprueba el presupuesto (todavía en pesetas), lo
que obliga a que el seguimiento contable se realice en la misma moneda. En este punto
Mateo Arias vuelve a incidir en la conveniencia de publicar los datos económicos en
paralelo en euros, "con el fin de facilitar la adaptación y conseguir series
históricas".
En lo que respecta a la logística, los centros sanitarios españoles se van a encontrar
un escenario con una mayor transparencia pero también competencia, desregularizándose
los mercados y produciéndose la armonización fiscal ya comentada. Asimismo, y al margen
del cambio de las unidades de venta, se deben implantar códigos de barra con las dos
monedas de curso legal que ahora tenemos.
Dentro del campo logístico, es necesario modificar los actuales sistemas de
información internos de cada centro al margen de una reforma física de los mismos,
ampliándose por ejemplo las instalaciones de almacén. Esto último tiene una
justificación económica: al trabajarse en una unidad de cuenta mayor (el
euro está fijado en 166,386 pesetas) habrá que olvidarse de la adquisición de pequeñas
cantidades de material, pasándose a unidades de venta mayores, adquiriéndose más
productos y, por lo tanto, necesitándose más espacio para almacenarlos. Igualmente, la
unificación de precios permitirá a los centros sanitarios establecer comparaciones
en el marco de la Unión Europea, analizando la gestión y los resultados
obtenidos en un mercado en el que los precios serán iguales para todos.
Los aspectos negativos
Otro capítulo importante es el de los recursos humanos, que va a ver modificada la unidad
de cuenta en la que se recibe la nómina. Esto producirá lo que se describe como
"desilusión monetaria", consistente en que los sueldos se mantendrán en
cuanto a capacidad adquisitiva, pero la cifra que recibirá el trabajador será muy baja
numéricamente hablando con relación a la que le llegaba hasta ahora, lo que puede
producir un efecto desilusionante. Asimismo, pasarán a un primer plano las relaciones con
los agentes sindicales. Si se pretende pedir a los trabajadores un esfuerzo adicional para
superar este proceso, algo tendrán que decir sus representantes laborales al respecto.
Esta última consideración podría englobarse dentro de los aspectos negativos que
acarreará la llegada del euro, que para los expertos y autoridades sanitarias vendrá
igualmente acompañado de otros problemas. Entre éstos, el director general de
Aseguramiento, Financiación y Planificación de la Consejería de Salud de la Junta de
Andalucía, José de Haro Bailón, advierte del futuro de los fondos estructurales, que en
una importante cantidad llegan a nuestro país procedentes de la Unión Europea. Desde su
punto de vista, éste sería el principal inconveniente en una economía del euro que, en
principio, puede proporcionar un escenario macroeconómico sin sobresaltos en cuanto a las
variables nominales, "generando un ambiente bueno de transparencia y certidumbre para
el crecimiento y el empleo en España".
El problema es que nuestro país ha hecho un gran esfuerzo de adaptación y se ha
mostrado como uno de los más aplicados de toda la UE a la hora de poner en marcha los
criterios de convergencia y, por lo tanto, estar preparado para la llegada del euro. Esto,
algo inevitable para asegurar la llegada de la moneda única y el futuro económico de
España, implica que desde el Gobierno de la Unión Europea se pueda considerar que el
país ha superado su desequilibrio, lo que llevaría a la reflexión de que no le son tan
necesarios los fondos estructurales como hasta ahora.
En definitiva, y según De Haro Bailón, sobre estos fondos, "que han servido para
realizar inversiones importantes en Sanidad, se plantean incertidumbres en cuanto a su
importe y reparto". A lo anteriormente apuntado hay que añadir que la previsible
entrada en la UE de los países del Este hará que los fondos estructurales
mayoritariamente se dirijan a estas naciones, que evidencian mayores necesidades.
Otro inconveniente es que el mantenimiento de un porcentaje del déficit público sobre
el Producto Interior Bruto (PIB) limita las posibilidades de crecimiento del gasto
sanitario público, "lo que va a exigir un gran esfuerzo de modernización del
aparato productivo y de la gestión" para afrontar esta situación, en la que existen
muchas presiones (aumento de la población, envejecimiento, nuevas enfermedades, nueva y
costosa tecnología...) para aumentar el gasto sanitario.
Para José de Haro Bailón, todo esto supone que hay que hacer un esfuerzo
suplementario al realizado hasta ahora para cumplir los requisitos obligados para la
llegada de la moneda única. Durante este periodo transitorio el trabajo ha sido tan
importante que en buena medida se ha superado lo peor. Aún así, será misión de cada
comunidad autónoma reclamar al Gobierno un mejor trato financiero en un sector tan
fundamental para el estado de bienestar como el sanitario, a lo que habrá que sumar un
"inexcusable esfuerzo en la gestión óptima de los recursos" desde la óptica
de la eficiencia y el control del gasto.
Por último, habría que hacer referencia a los costes inducidos por los nuevos equipos
y programas informáticos, que exigirán un importante esfuerzo inversor por parte de los
centros y la propia Administración sanitaria.
Cuestiones pendientes
Al margen de los anteriores, hay otros problemas derivados de la llegada del euro,
aunque desde un punto de vista macroeconómico, ya que moneda única implica
política monetaria única. En este ámbito, se plantean diversas preguntas: ¿qué hacer
si un país miembro de la UE entra en una situación de recesión, si se supone que todos
deben cumplir las mismas condiciones fiscales? ¿No sería importante contar con una mayor
flexibilidad presupuestaria, necesaria en ocasiones por razones sociales o de inversión
pública?
Las preguntas se las realiza Manuel Fernández López, responsable de la Dirección
Financiera de Asuntos Económicos y Financieros de la Comisión Europea, quien incluso
plantea la posibilidad de que el euro aumente las disparidades de riquezas entre regiones
y estados miembros. Desde su punto de vista, es más que evidente que la integración
financiera implica pérdida de autonomía para todos los gobiernos, pero también subraya
que la flexibilidad presupuestaria viene argumentándose desde hace veinte años y lo
único que se consigue es un endeudamiento cada vez mayor, situación que por ejemplo es
muy común en la Administración sanitaria.
No obstante, reconoce que hay un aspecto especialmente delicado y aún sin resolver,
como es la cuestión fiscal. En palabras de Fernández López, "la diversidad fiscal
existente entre los países miembros provocará en el interior de la Unión
desplazamientos no deseados, por puras razones fiscales, de los factores de producción,
sobre todo del capital", algo a lo que ayudará la desaparición del riesgo de
cambio. Por eso, "si no se hace nada, tendremos un mercado único en el que no
todos los agentes estarán en las mismas condiciones".
La nueva moneda tendrá asimismo una incidencia especial en el proceso de fijación de
los precios públicos, que a partir de ahora será más permeable, no en vano la UE
propugna la libertad absoluta al respecto. En este sentido, y dado que hablamos de niveles
de vida muy diferentes, es lógico pensar que los precios de los mismos productos no
serán unitarios en el ámbito europeo, algo que en muchos casos habrán de justificar las
propias administraciones, explicando cualquier diferencia.
Es evidente que no estamos ante un proceso sencillo, ni mucho menos. El trabajo de
preparación y adaptación está resultando difícil y duro, pero desde un punto de vista
económico y desde cualquier otro- sería un auténtico desastre para nuestro país
quedar fuera de la unión monetaria. Lo más importante para el sector sanitario, al
margen de las convulsiones económicas que llegarán a todas partes, es que la entrada del
euro obligará a una mejor organización y gestión de todo el sistema, ya que sobre el
papel va a ser necesario obtener mejores resultados con los mismos presupuestos.
El mercado único es tan exigente que la entrada en él obliga a subsanar hasta los
más mínimos errores en cualquier sector, incluido ¡ el sanitario. Si esto se hace, y se
le suman la mejor organización y gestión antes mencionados, forzosamente acabará
ofreciéndose un producto sanitario de mejor calidad, lo que significa que el
paciente estará mejor atendido por un sistema mejor estructurado y en el que se
aprovechan todos los recursos.
Otro dato importante es que el periodo de adaptación que todavía estamos atravesando
ha hecho que los gobiernos de toda Europa se den cuenta del peso específico que tiene un
sector como el sanitario, que por definición es uno de los más importantes para
cualquiera que defienda el estado de bienestar. La pasión económica ha cegado durante
años a los gobiernos, hasta el punto de que en la fase inicial del proceso se han echado
de menos debates sobre el bienestar social, la reducción de las diferencias en la
distribución de la renta y la solidaridad en la Europa de los ciudadanos. Por el
contrario, José de Haro Bailón cree que "en estos momentos los temas sociales como
el desempleo y las prestaciones sociales y sanitarias están empezando a ser cuestiones
importantes" planteadas en las últimas cumbres de la Unión Europea.
Una oportunidad de unión
A una escala superior, hay quien defiende la necesidad de utilizar la ocasión para
trabajar por un concepto de espacio de salud europeo. Esta es la propuesta de José
Antonio Souto Ibáñez, director de Proyectos del hospital Virgen del Rocío, quien
apuesta por trabajar por la idea de "Europa, salud y ciudadanos" teniendo en
cuenta que "el euro debe ser un factor integrador", lo que hace de este proceso
una oportunidad prácticamente única para dar el salto a un concepto más global de la
Sanidad, aprovechando la caída de las fronteras físicas para hacer lo propio con las
burocráticas.
Souto Ibáñez es también presidente del Foro Europeo de Gestión de Salud en España
(EHMF en sus siglas en inglés), un órgano sanitario que reúne a once de los quince
países de la Unión Europea (Alemania, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia,
Grecia, Holanda, Irlanda, Portugal y Reino Unido), a los que hay que sumar otros dos que
actúan ahora como observadores, que son Austria e Italia, lo que viene a suponer que los
únicos países de la UE que no tienen ninguna relación con este foro son Luxemburgo y
Suecia. Desde su punto de vista, es necesario "ir generando una conciencia de idea,
de cultura de espacio de salud europeo".
Esto implica que, a su entender, la Unión Europea no es sólo un foro económico, sino
que debe serlo también de "solidaridad y asuntos sociales". De esta manera, una
forma de trabajar en la que la "eficiencia preserve la solidaridad" debería ser
la "seña de identidad de Europa frente a América", especialmente cuando uno de
los pilares de toda relación entre países, el económico, ya está a punto de
concretarse. Para Souto Ibáñez, "Administración, profesionales, proveedores y
ciudadanos" deben unirse para hacer un "trabajo en común" que ayude a
"preservar y mejorar" el actual sistema sanitario europeo.
En la práctica, esto puede suponer un importante giro social a la actual política de
la Unión Europea, desviando el marcado matiz económico y político que ahora tiene hacia
unos terrenos en los que primen cuestiones como la lucha contra el paro, la potenciación
de los servicios sociales y la mejora de la asistencia sanitaria. Para ello, habría que
incidir sobre lo ya apuntado: el presente proceso es una gran oportunidad para alterar el
actual orden, ya que durante este periodo de ajuste cada cual debe buscar mejorar su
situación, algo a lo que no escapa el sector sanitario.
Según José de Haro Bailón, todo esto exigirá un esfuerzo de todos para mantener
unos servicios sanitarios capaces de adaptar las estructuras y los recursos a los cambios
sociales y a las necesidades de salud de la población, "preservando los elementos
fundamentales, como son la financiación pública y el aseguramiento universal y único, e
innovando en lo instrumental para alcanzar la máxima eficiencia de los servicios".
Un modelo concreto de actuación
La Consejería de Salud de la Junta de Andalucía empezó a trabajar en la adaptación al
euro de todos sus sistemas en junio de 1997, cuando se elaboró un estudio previo de su
incidencia y la del Efecto 2000 en los ordenadores, el mismo que puede llevar a su bloqueo
general al identificar los dígitos 00 con los que se marca la fecha como el año 1900. El
primer paso, por lo tanto, fue la identificación del problema por parte de los
suministradores de los principales sistemas y equipamientos del organismo.
Teniendo en cuenta que estamos ante lo que se define como "una realidad inexorable
que puede afectar a los sistemas y tecnologías de la información y comunicación en el
Servicio Andaluz de Salud (SAS)", se dictó por parte de la Gerencia de este
organismo la Circular 3/1999, de 15 de febrero, para poner en marcha todas las medidas
tendentes a paliar los efectos del doble problema. Para ello, se determinó que la
subdirección de Ordenación Administrativa, los directores de distrito de Atención
Primaria de salud, los directores-gerentes de hospitales y los responsables de los centros
de transfusión sanguínea elaboraran planes de contingencia para el supuesto que se
produjesen fallos a causa del Efecto 2000/Euro.
Junto a esto, en una primera fase se realizó un análisis del impacto, abriéndose a
continuación un periodo de pruebas que deberían concluir en el mes de octubre. Para
ello, y de manera previa, en todos los centros de gestión se realizaron encuestas
internas para analizar las principales necesidades y preocupaciones, un proceso en el que
también se ha intentado integrar a los trabajadores. Finalmente, se han contratado
servicios específicos para el seguimiento y control de las actuaciones del SAS de cara a
afrontar este proceso.
Asimismo, se ha constituido un comité para supervisar estas funciones, denominado
Comisión del efecto Milenio y de implantación del Euro, compuesta por todos los
subdirectores de los Servicios Centrales y que presidirá el subdirector de Ordenación
Administrativa. También se están llevando a cabo acciones en relación con la
elaboración de métodos comunes y guías para abordar la adaptación de los sistemas al
doble efecto, métodos que incluyen los siguientes elementos: Sensibilización,
Evaluación, incluyendo el análisis del impacto, Renovación, Validación e
Implementación y Resultados de cada fase y tarea.
Desde una perspectiva funcional, en este caso aplicable especialmente al caso del euro,
se analizarán las implicaciones en diferentes dominios de aplicación, tales como:
Instalaciones clínicas, Administración Interior, Población y censos, Gestión
económica, Gestión fiscal, Contratación y Patrimonio y Gestión documental.
La Circular 3/1999 también recordaba la cláusula-tipo relativa a la unión económica
y monetaria que, aprobada en septiembre de 1997, se incluye en todos los pliegos de
cláusulas administrativas particulares de las contrataciones administrativas que se
lleven a cabo en el SAS. Dicho apartado recuerda que "los oferentes indicarán, para
aquellos casos en los que dentro del objeto del contrato se contemple el suministro de
productos lógicos, o la adaptación, o el desarrollo de aplicaciones a medida, o la
modificación de estructuras de datos que traten importes y que por tanto pudieran verse
afectados por la entrada en vigor de la moneda
única", su
disponibilidad a "suministrar productos o a desarrollar y adaptar los sistemas de
información y las estructuras para soportar" una serie de funciones.
Dichas funciones son las siguientes: decimales (dos para representación del euro, tres
para el tipo de conversión), redondeos (por defecto entre 0 y 4 y por exceso entre 5 y
9), tipo de conversión y su aplicación en operaciones de cambio e indicador de moneda.
En caso de no ofrecerse estos requisitos, los aspirantes facilitarán -de forma gratuita y
a petición de la Administración- las nuevas versiones de los productos inicialmente
presentados como parte del contrato, las cuales serán liberadas antes de finalizar el
periodo de garantía de dicho contrato o la fecha que se indique para adaptarse al uso de
la moneda única europea.
El SAS está introduciendo en sus equipos informáticos programas que no sólo
funcionen con la nueva unidad de cuenta, sino que también incluyan las funciones de
decimales y redondeos a los que obligará la llegada del euro. No obstante, y pese a los
pasos anteriormente señalados, la prioridad ahora mismo es la lucha contra el Efecto
2000, dado que sus posibles consecuencias se dejarán sentir antes que los de la moneda
única, de ahí que todos los equipos que el SAS adquiere desde hace bastante tiempo
vengan ya adaptados a este problema.
Al margen de estas actuaciones y medidas específicas en el sector sanitario, la
Consejería de Salud ha colaborado con la de Economía y Hacienda en todos los grupos de
trabajo para preparar la organización, difundiendo en todos los centros del SAS, empresas
públicas y delegaciones provinciales los diferentes documentos que se han elaborado,
incluyendo el Plan Director de Adaptación al Euro en Andalucía. Se han analizado,
asimismo, aspectos como los sistemas de información, bases de datos, tasas, impresos,
normas, etc., que se verán afectados por la introducción del euro.
Asimismo, se está elaborando un Plan de Comunicación para todos los servicios
sanitarios y los sectores que se relacionen con éstos. Por último, en la página web del
SAS se anuncian periódicamente los pasos que se están dando, para que profesionales y
ciudadanos tengan una información de primera mano sobre el proceso puesto en marcha.
Las administraciones públicas se están mostrando hasta la fecha como los organismos
pioneros en la adaptación de sus sistemas de gestión a las necesidades que vienen. Desde
este punto de vista, y al margen de la ya apuntada Comisión del efecto Milenio y de
implantación del Euro, la Junta de Andalucía cuenta con otro órgano interdepartamental
para analizar todos estos posibles problemas en el que, por parte de la Consejería de
Salud, está presente el director general de Aseguramiento, Financiación y Planificación
de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, José de Haro Bailón.
Beneficios generales de la entrada del euro
El catedrático de Teoría Económica de la Universidad de Sevilla Camilo Lebón
Fernández considera que, aparte de lo que pueda ocurrir específicamente en cada sector,
la introducción de la moneda única acarreará una serie de beneficios generales entre
los que destaca la eliminación de los costes de transacción. Esta cuestión es de
importancia añadida para España, dado el peso específico del sector turístico.
Asimismo, se reforzará la estabilidad de los precios (lo que debería traducirse en
una asignación más eficiente de los recursos) y se reducirán los tipos de interés.
Esto último tendrá un gran efecto beneficioso sobre la inversión y la reducción de la
carga de la deuda pública.
Otro dato importante es la eliminación de la incertidumbre sobre los tipos de cambio,
lo que a su vez puede reforzar la reducción de los tipos de interés por la menor prima
de riesgo. Junto a esto, hay que tener en cuenta el fomento de la integración y el
crecimiento económico que deben derivarse de todo el proceso, puesto que en teoría
se favorecerá el crecimiento de un entorno más estable, cuyo primer ejemplo puede verse
en el hecho de que la Unión Europea se haya visto escasamente afectada por la actual
crisis económica internacional.
Por último, la unión monetaria europea permitirá que España pertenezca a uno de los
mayores bloques económicos mundiales. Aquí las ventajas serían las propias que se
derivan de una moneda que puede alcanzar la consideración de divisa de reserva
internacional a un nivel similar al dólar, reduciendo por ejemplo los costes de
transacción en las operaciones extracomunitarias, entre otros muchos beneficios.
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