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| En 1979 se publicaba en el BOE el
Real Decreto que regula la especialidad de Medicina de Familia y Comunitaria. Impulsado
por la necesidad de aliviar el sistema hospitalario y apoyado por la conferencia de la OMS
en Alma Ata, que apostaba por una Medicina cercana al ciudadano y orientada hacia la
promoción de la salud, el médico de familia quedaba allí definido como "la figura
fundamental del sistema sanitario". Veinte años después, lo que surgió como una
nueva filosofía de la Sanidad se perfila como una necesidad económica para mejorar su
eficiencia. |
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Jaime López
Corría el año de 1979, con Enrique Sánchez de León como Ministro de Sanidad, cuando
apareció publicado en el Boletín Oficial del Estado el Real Decreto 3003/1978, aprobado
en diciembre del año anterior, que regulaba la especialidad de Medicina de Familia
Comunitaria. Se promulgó una ley específica para ella, aparte del resto de las
especialidades, para resaltar su importancia, según su principal impulsor, José María
Segovia de Arana, actual miembro del Consejo Asesor del Ministerio de Sanidad y
Consumo.
La razón de que se aprobara esta ley fue principalmente autóctona, según Segovia de
Arana, aunque estuviera influida por toda una corriente de cómo debía
estructurarse un sistema de salud, tal y como la Organización Mundial de la Salud
sugirió en la conferencia de Alma Ata, en 1978. La Medicina hospitalaria ya estaba
desarrollada: se había conseguido organizar los hospitales, jerarquizarlos, pero quedaba
por reestructurar el sistema sanatorial. Este desequilibrio entre los hospitales y los
sanatorios inclinó el peso del sistema sanitario hacia la Medicina hospitalaria y, para
restablecer dicho equilibrio, se hizo necesaria una medida compensatoria, como fue el
desarrollo de la Atención Primaria, cuya pieza clave son los médicos de familia.
"Costó mucho trabajo que se impusiera la idea del médico de familia como
especialista", recuerda el actual asesor del ministro y primer presidente de la
comisión de la especialidad encargada de elaborar los programas de formación.
Una de las mayores reticencias partía de los propios médicos, ya que muchos
especialistas pasaban consulta de Atención Primaria en el sistema de cupos y temían
perder ese territorio en favor de los médicos de familia.
"Pero eso nos convirtió en un colectivo muy
unido", estima el presidente de la Comisión Nacional de la Especialidad, Tomás
Gómez Gascón.
En el Real Decreto quedaban claras las atribuciones de la nueva especialidad, encargada
de realizar una atención médica "integrada", que tuviera en cuenta al paciente
dentro de su entorno social. Su misión no se ceñía a prestar atenciones médicas sino
que incluía también la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y el
desarrollo de la educación sanitaria a nivel individual, familiar y comunitario.
Para Amalia Velázquez, presidenta de la Sociedad Española de Medicina de Familia y
Comunitaria (SEMFYC), fue un gran acierto el que se creara la especialidad, porque se
estaba cayendo en el peligro de la hipertecnología. "Desde entonces, la Medicina de
Familia ha ido evolucionando a mejor".
Ello no significa que no haya habido altibajos. Entre los años 1982 y1983, hubo un
pequeño declive en la promoción de los centros de salud, según Segovia de Arana, pero
en 1984 se retoma y, en la actualidad, el 90 por ciento de la Atención Primaria se
practica en estos centros.
En 1982 se fundó la SEMFYC con el objetivo de fomentar y potenciar el perfil
profesional y darse a conocer socialmente. Actualmente cuenta con cerca de 11.000
asociados, lo que la convierte en la especialidad más numerosa.
Entusiasmo inicial
Carlos Blanco, médico de familia de la primera promoción, recuerda el entusiasmo con
que los primeros médicos de familia afrontaron el reto que se les proponía. La lucha
contra los numerosos obstáculos que se les planteaban, aún dentro de la misma
profesión, no hizo más que unir los ánimos. "Teníamos muchas dudas de lo que iba
a ser, recuerda". "Hasta ahora no se había hablado nunca de Medicina integral o
de Medicina de la comunidad. Era un nuevo concepto de Sanidad, con más trato con el
paciente, en el que el médico iba a tener más posibilidades de
actuación".
Eran años muy ilusionantes, con la recién estrenada democracia y los médicos
confiaban en que la participación demostrada por la población en cuestiones
políticas se extendiera también al terreno sanitario. "Pensábamos, por ejemplo,
que las asociaciones de vecinos colaborarían activamente con nosotros para mejorar la
salud". Lo cierto es que, dos décadas después, Blanco se siente un poco
decepcionado en este sentido. La población, en su experiencia personal, participa poco en
cosas que tengan tenga que ver con la salud. "Cuando se han convocado
actividades educativas dirigidas al público general, no ha acudido nadie".
Ello redunda en que las expectativas creadas para la Medicina preventiva y comunitaria
que la especialidad implica no se han cumplido. "La calidad de la asistencia ha
mejorado pero la Medicina preventiva ha quedado relegada. Tal vez se pudiera impulsar algo
más desde el Ministerio", sugiere.
Una de las mayores preocupaciones actuales de la SEMFYC, según Amalia
Velázquez, es desarrollar todo el perfil que se contempla en la ley, algo no exento
de obstáculos por el recelo que genera en otras ramas que lo toman como una intromisión
en su área. De esa forma, se está preparando una mayor intervención en la asistencia
materno infantil o en la cirugía menor, por ejemplo. "Las fronteras a menudo no
quedan claras, pero pasa en otros campos, por lo que habría que explicar mejor qué es un
médico de familia".
La médico de familia del Área 7 de Madrid, Carmen Bel, refiere cómo existen
enfrentamientos entre los médicos de familia con dermatólogos o cirujanos.
Una de las tareas fundamentales de la semFYC en estos momentos, según Amalia
Velázquez, es mantener una relación estrecha con otras sociedades para aclarar estas
fronteras y reiterar que lo importante es el paciente.
Una lacra que no ha cambiado es la consideración de los médicos de familia como
médicos de categoría inferior a los del resto de las especialidades, tanto por parte de
otros médicos como por parte de la sociedad, en general. "Nos hace falta un mejor
"márketing"", explica el presidente de la Comisión Nacional de la
especialidad, Tomás Gómez Gascón. Aparte de ellos, nadie conoce bien en qué consiste
la especialidad. "Vende más un trasplante que la prevención para que no haya que
hacer ese trasplante", se lamenta.
Íntimamente ligado con este problema esta el hecho de que la Medicina de Familia no
existe como asignatura en la universidad, aunque, circunstancialmente haya algún profesor
asociado de la especialidad en centros como en la Autónoma de Madrid o en la Universidad
de Sevilla. "Eso hace que un recién licenciado sepa tratar un linfoma de Hodgkin y
no sepa cómo enfrentarse a un catarro". Pero puede que tampoco hubiera que cambiar
los planes de estudio para solventar esto. "¿Quién mejor que un médico de familia
para impartir una asignatura como Patología General?", se pregunta Gómez
Gascón.
Cuatro años de residencia
Uno de los pasos para prestigiarse es ampliar los años de residencia. La Comisión
Nacional de Medicina de Familia y Comunitaria está estudiando la posibilidad de que sean
cuatro en vez de tres los años necesarios para obtener el título. Existe consenso sobre
esta necesidad y es probable que se haga efectivo dentro de dos años. Esta reforma sería
la cuarta desde que se creó la especialidad.
Para el residente de tercer año del centro de salud de Mieres Sur (Asturias), Juan
Santos, sería además necesario que el personal docente se revaluará continuamente, así
como que la enseñanza fuera semejante en toda España, y no que según el lugar donde se
hace la residencia se aprenda más o menos.
En cualquier caso, el médico de familia cada vez tiene mejor imagen. "Hasta los
suecos nos piden médicos de familia españoles", refiere orgulloso Segovia de Arana.
En parte se debe a que son los más numerosos
-representan al 50 por ciento de los médicos españoles- y ello
hace que adquieran más importancia en todas las instituciones.
Otra traba que impide la consecución de las metas marcadas hace veinte años es la
excesiva presión asistencial. "Es uno de nuestros retos", afirma Gómez
Gascón. En su opinión, la solución pasa por distribuir mejor a los médicos de familia.
La situación es la siguiente: por una parte, la media nacional ronda los 2.000 pacientes
por médico, cifra que, sin ser dramática, se quiere reducir a 1.500; pero, el problema
es que esta media no refleja las desigualdades según el medio sea urbano o rural.
Habitualmente, en algunas zonas rurales existe un médico de familia para 200 o 300
habitantes, mientras que en determinadas áreas urbanas se alcanzan los 3.000 habitantes
por médico.
Además del estrés que supone esta presión, ello repercute en que el profesional no
cuente con tiempo suficiente para actividades que no sean las asistenciales, como
investigación o campañas de prevención.
Son precisamente estos aspectos los que se quieren potenciar, como la investigación en
los centros de salud. En un primer momento, se estimularán especialmente en los centros
docentes, donde se piensa que existen mejores condiciones, ya que se les presupone una
motivación o recursos extra por el hecho de formar a residentes.
Relaciones con Atención Especializada
Otra cuestión pendiente es la comunicación con Atención Especializada. En general,
el seguimiento de los pacientes que pasan a ésta se realiza de forma dificultosa. Existe
la idea general de que depende de la iniciativa personal del propio médico, o incluso de
las relaciones personales, por ejemplo, si se conoce a los médicos de Atención
Especializada por haber realizado con ellos la residencia. "Es un tema
preocupante", opina Gómez Gascón. "Y más con la llegada de las fundaciones,
porque, si ahora es difícil, cuando esté de por medio el componente económico, lo
será más". Carmen Bel señala que deberían mantenerse reuniones más a menudo con
atención especializada. "Vivimos en dos mundos aparte", se queja la doctora del
Área 7.
La médico de familia del centro de salud de Almendralejo (Badajoz), Francisca
Martínez Taiva, con amplia experiencia en centros rurales, expresa semejante desazón por
la dificultad en el seguimiento de un paciente cuando se va a Atención
Especialidad.
El otro gran peligro que se cierne sobre la Medicina de Familia, y sobre la Medicina
española en general, es el paro generado por el excedente de médicos. En los primeros
años de la especialidad salían alrededor de 300-400 plazas de residente cada año. Ahora
salen 1.800, un 40 por ciento de las plazas totales. Actualmente hay 5.400 médicos de
familia en formación mientras que en la siguiente especialidad más numerosa ronda los
200.
De esta forma, los médicos de familia representan el 50 por ciento de todos los
médicos de España. Su número asciende a cerca de 20.000. contando los 11.000 que han
accedido vía MIR, y los 9.000 que lo han hecho por otras vías.
En total, en España se estima que "sobran" 20.000 médicos, según Gómez
Gascón. "A este ritmo, en dos o tres años se saturaría el mercado". La única
forma de solucionarlo sería restringir el acceso a la carrera de Medicina, según Gómez
Gascón, ya que sería inútil el esfuerzo de formar médicos durante 9 o 10 años para
que luego engrosen irremediablemente las filas del paro.
Inmovilismo
Algunos perciben también cierto inmovilismo. Para Carlos Blanco, desde que salió de
la primera promoción hasta ahora se han ido creando intereses que impiden el desarrollo.
Por una parte, están los propios profesionales, acuciados por la falta de tiempo debido a
la presión asistencial. Por otra, los ciudadanos y su desinterés.
Por otro lado, Blanco opina que los responsables de la Sanidad pública están tratando
a todos los centros de una forma demasiado similar, cuando existen grandes divergencias.
Sigue estando vigente la necesidad de conocer a fondo los problemas de la comunidad y
abordarlos, pero "se ha muerto desde arriba".
Gómez Gascón también observa un menor dinamismo en las nuevas generaciones de
médicos de familia, algo que deberán cambiar si el paro comienza a hacer empeorar la
situación.
Como resultado, veinte años después de que se creara la especialidad, el fomento de
la Atención Primaria sigue siendo un objetivo prioritario de la Sanidad española. Quedan
aún muchos retos que afrontar y muchas expectativas que cumplir y la diferencia entre la
situación de la Medicina de Familia en 1979 y en 1999, según Gómez Gascón, estriba en
que antes su importancia se debía a razones filosóficas y ahora se ha convertido en una
imperiosa necesidad económica cuya potenciación abarataría enormemente los costes de la
Sanidad pública española.
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