Los cambios sociales
y su reflejo en la relación
médico-paciente La
relación médico-paciente se produce en un contexto social
que la mediatiza. No es una novedad del siglo XXI, pero sí
es novedosa la proporción, cada vez más alta, de pacientes
y de médicos que se en- cuentran
en el contexto de grandes organizaciones: la Seguridad Social, las aseguradoras
privadas, los servicios sanitarios
de las empresas o las organizaciones sin ánimo de lucro. Las instituciones
marcan los límites y reglas en los que
ha de desarrollarse la relación. Además de esta mediación
general, la relación del paciente con el médico se produce
habitualmente a través de otra
mediación más próxima, con reglas menos definidas,
que es la familia.
En los últimos 50 años
se han producido en España grandes cambios sociales, que influyen
sobre el tipo de respuesta que
las familias, los ciudadanos y las instituciones sociales piden a los médicos
y a las instituciones sanitarias. El cambio
principal es el aumento del nivel medio de educación, que hace a
los pacientes más conscientes, menos distantes socialmente
del médico, más capaces de autocuidarse y más exigentes
respecto a los expertos de todo tipo (no sólo sanitario)
con los que se relacionan. Este cambio afecta sobre todo a la población
joven.
El segundo cambio deriva de la emergencia
de una gran clase media, que incluye a los trabajadores manuales. Con
procesos de fuerte movilidad social acumulados
durante varias décadas, la mesocratización de la sociedad
se ha producido generacionalmente,
con el acceso a la educación de nivel medio y alto de las generaciones
jóvenes en las familias
de origen social obrero y campesino: muchos abuelos y abuelas con estudios
primarios tienen nietos universitarios.
El acceso a los beneficios del Estado de Bienestar (educación, atención
médica, pensiones) es una de las condiciones
de creación de la propia clase media. Actualmente, la cobertura
sanitaria se extiende prácticamente a toda la población,
aunque en los sectores medio-alto y alto es frecuente el mantenimiento
de varios sistemas de cobertura (la Seguridad
Social obligatoria, las aseguradoras privadas y la medicina de libre ejercicio).
El tercer cambio contrarresta parcialmente
los anteriores. La prosperidad y las facilidades para el desplazamiento
están atrayendo a
España grandes contingentes de población no integrada en
la sociedad española: los turistas y los inmigrantes.
Los turistas sólo establecen contactos breves y periféricos
con la sociedad española, la mayoría están
cubiertos por sus propios sistemas de
aseguramiento y, en muchos casos, existen convenios sanitarios para su
atención entre las
instituciones españolas y las de sus países de procedencia.
Si entran en contacto con el sistema sanitario español
es por accidentes o procesos agudos, especialmente en verano y en zonas
costeras. Otra situación muy distinta es
la de los inmigrantes, a quienes nos referiremos posteriormente con más
extensión. El inmigrante no trae consigo un
sistema de cobertura sanitaria, trata de integrarse plenamente en la sociedad
española y la relación con el sistema sanitario
es una de sus vías de integración y de participación
en el Estado de Bienestar.
Junto a los tres tipos de cambios señalados
habría que citar un cuarto cambio de carácter más
profundo y menos perceptible
a simple vista, que es el proceso de individualización y secularización.
Este proceso tiene más de dos siglos de
existencia, es característico del mundo moderno, y si hubiera que
ponerle una fecha histórica de arranque, bien conocida
de todos, podría ser la de la Revolución Francesa. A pesar
de sus muchas diversificaciones, estancamientos y vueltas
atrás, este es un proceso de enormes consecuencias filosóficas,
políticas, éticas y sociales. La Medicina y sus
prácticas no han quedado al margen
del proceso: muy al contrario, los médicos fueron desde sus comienzos
agentes destacados en la
propagación de las nuevas ideas y los valores de la sociedad emergente.
Dos conceptos que resultan afectados
por estos procesos sociales, y que tienen mucho que ver con la Medicina,
son los de naturaleza
y sujeto. Hasta el momento actual, el sujeto ha tenido una definición
natural, individualizado gracias a sus contornos
y características físicas. Pero la definición "natural"
de los sujetos humanos (por no hablar de los animales o
vegetales) cada vez deja más
paso a su definición técnica, o técnico-política.
Cada vez debe más nuestro cuerpo a la tecnología
(o sea, a la política científica), al préstamo
de otros sujetos humanos (el trasplante, la cesión) y al préstamo
o producción de
otras especies con fines terapéuticos.
| Resulta
novedosa la proporción, cada vez más alta, de pacientes
y médicos que se encuentran en el contexto de grandes
organizaciones
|
Los recursos necesarios para la re-definición
física de los sujetos individuales son muy costosos, sólo
pueden lograrse mediante
organizaciones públicas o grandes organizaciones privadas. A pesar
del proceso paralelo de individualización (política,
moral, filosófica), los sujetos individuales dependen cada vez más
del Estado o las grandes organizaciones para
acceder a los recursos potencialmente existentes. Es contradictorio que
un sujeto individual que ha conquistado un amplio
margen de libertad frente al Estado (derecho de voto, derecho a ser elegido
como representante, control periódico
democrático de la organización del Estado mediante las urnas),
no pueda afirmar su autonomía personal en el reducto
que, pese a su apariencia de privacidad, recibe la máxima presión
colectiva: la relación con su propio cuerpo.
La relación con el propio cuerpo
requiere conocimientos especializados que a menudo sólo poseen los
médicos; pero los
médicos no crean la relación de cada individuo con su cuerpo,
sino que son eslabones intermedios que ofrecen o niegan
sus saberes. Debido al proceso constante de conquista de libertades individuales
y de mayor educación, cada vez
es más contestada (y, simultáneamente, más demandada)
la actuación de los expertos.
Tradicionalmente, algunos
colectivos profesionales (jueces, sacerdotes,
médicos, legisladores, políticos, etc...) han ejercido como
mediadores entre los sujetos
individuales y el Estado, o han tenido el monopolio en la creación
y vigilancia de las normas sociales. Estos grupos
juegan un papel importante como expertos o depositarios de especiales saberes
en la representación del Estado y
en el ejercicio del poder y la violencia legitimada. En relación
con el propio cuerpo y con las llaves individuales de la
vida y de la muerte, los médicos
han tenido tradicionalmente un poder extraordinario sobre los individuos,
y sus diagnósticos
no han sido sólo médicos sino también sociales, esto
es, veredictos.
La segunda mitad del siglo XX trajo
a todo el mundo desarrollado
la generalización del control de la natalidad, que significa su
re-definición social como el derecho
individual a la libertad de pro- creación.
Como paulatinamente sucedió con la anticoncepción y con el
aborto, y está empezando a suceder ahora con la
eutanasia pasiva, la desobediencia a las normas sociales se inicia por
el desuso y a lo largo de muchos años van asentándose
nuevos valores y nuevos argumentos, hasta la siguiente formalización
en nuevos (y siempre cambiantes) sistemas
de normas. A los médicos no les queda otra posibilidad que implicarse
en el proceso y, finalmente, aceptar las leyes
y la nueva conciencia ética de la sociedad de la que forman parte.
Evolución de los
tipos de familia y de la relación con el sistema sanitario
En sentido amplio, una familia
es una red de parientes consanguí- neos (los propios) y afines (los
vinculados por matrimonio). En España, el tamaño de este
grupo familiar amplio puede estimarse en unas cien personas, aunque es
una cifra bastante variable. En sentido más restringido, se equiparan
familia y hogar. El hogar es el núcleo reducido de personas que
comparten vivienda y el sistema sanitario se apoya para su organización
interna en esta definición de familia como equivalente a familiares
que comparten un hogar. No obstante, como posteriormente se expone, las
formas tradicionales de familia en que el espacio compartido acogía
a las relaciones familiares más intensas, se han debilitado mucho.
Debido a la prolongación de la esperanza de vida y la reducción
del número de hijos, cada vez son más frecuentes los familiares
de primer grado (por ejemplo, padres e hijos, o hermanos) que viven en
hogares diferentes. La etapa llamada de nido vacío (el matrimonio
cuyos hijos ya han abandonado el hogar) dura más años a pesar
de la prolongación de la edad a la que los hijos dejan el hogar
de origen. A comienzos del siglo XXI, las familias son muy diferentes,
de hecho y de derecho, de lo que fueron hace algunas décadas. Los
hogares de hoy expresan nuevas aspiraciones y deseos respecto a la vida
familiar, el cuerpo y el modo de relacionarse con él, que han puesto
de relieve numerosas encuestas, entre ellas varias de CIRES sobre Familia
y Uso del Tiempo.
La salud es uno de los valores
que más aprecia la sociedad española, y también es
una de las necesidades a cuya cobertura dedica más recursos, tanto
de dinero (seguridad social, otros seguros, fármacos, etc...) como
de tiempo. Los recursos se dedican al propio cuidado y al de otros familiares.
Según la Encuesta CIRES sobre Uso del Tiempo (1996), analizada en
el libro "Los costes invisibles de la enfermedad" (Fundación BBVA,
Madrid 2ª edición, 2002), el 8 por ciento de los españoles
mayores de 18 años dedicó algo de tiempo a cuidar enfermos
el último día laborable anterior a la encuesta.
La proporción es más
del doble entre las mujeres que entre los varones. Los sábados,
esta proporción es aún más elevada. Aunque el porcentaje
no parezca muy alto, traducido a cifras, significa que cualquier día
del año hay más de dos millones y medio de personas que dedican
algo de su tiempo a cuidar a enfermos, casi siempre miembros de su familia.
Para el conocimiento de la
estructura de los hogares y familias españolas, a la espera de que
se publique el Censo del 2002, son útiles los datos de la encuesta
(Panel) europea de Hogares (PHOGE, 1995). Según este panel, de cada
100 hogares españoles sólo la mitad (54 por ciento) responden
al modelo tradicional de pareja e hijos.
Como puede verse en la Tabla
1, el tipo de hogar más abundante es el constituido por padres
e hijos; pero estos hogares no sólo incluyen a los hijos en edad
infantil o adolescente sino también a los adultos. Sólo
en la mitad de los hogares de este grupo hay uno o varios hijos de quince
años o menos. En conjunto, el prototipo de familia tradicional,
en que la autoridad de la primera generación sobre la segunda
está bien definida por razones de edad, sólo se da en
España en el 29 por ciento de los hogares. Los niños no
se relacionan directamente con el médico, sino a través
de sus familiares. Habitualmente es la madre quien realiza el primer
pre-diagnóstico y decide si hay que contactar con el sistema
sanitario. Cuando los hijos convivientes superan los 16 años,
y especialmente a partir de los 18 (mayoría de edad legal) o
a partir de la inserción en el mercado de trabajo (derechos económicos
y sanitarios individualizados), la relación con su salud y con
el sistema sanitario comienza a independizarse de los padres.
|
TABLA 1. TIPOS DE
HOGARES
Tipo de
hogar
|
%
|
| PAREJA
E HIJOS |
54 |
| PAREJA |
18 |
| UNIPERSONALES |
13 |
| HIJO/S
ADULTOS (23 O MÁS AÑOS) Y SU PADRE O MADRE |
9 |
| OTROS |
5
|
| MONOPARENTAL |
1
|
| CON
HIJOS MENORES DE 22 AÑOS |
1
|
| TOTAL |
100 |
Fuente: Elaboración
de M.A. Durán. Para la distribución de frecuencias,
sobre datos del Panel de Hogares de la Unión
Europea,
1995.
|
Los adultos jóvenes
alargan la permanencia en el hogar, retrasando la formación de
hogar propio; la consecuencia médica inmediata es la reducción
de las demandas pediátricas y la expansión de las necesidades
relacionadas con la sexualidad, a menudo insuficientemente percibidas
por los interesados, que precisamente no convierten sus necesidades
en demandas para evitar la mediación y control familiar. El alto
grado de independencia real de los jóvenes hace que los padres
tengan escaso control sobre aspectos de su conducta con inmediatas consecuencias
para la salud (hábitos alimentarios, tabaco, bebidas, riesgo
deportivo, conducta sexual, estupefacientes, conducción, etc...).
Los adultos solteros jóvenes
generan tipos específicos de demandas, sobre todo las relacionadas
con la atención estética. Muchos productos sanitario/estéticos
de alto precio, especialmente los quirúrgicos que no cubren la Seguridad
Social ni otras aseguradoras, son consumidos principalmente por ellos.
Entre estos jóvenes hay una minoría de altísima capacidad
de compra de servicios sanitario/estéticos, que deben no tanto a
sus ingresos cuanto a la cobertura de sus necesidades básicas por
la familia en la que conviven.
En los hogares de edad intermedia
y joven se ha generalizado el acceso de la mujer al empleo, lo que cambia
radicalmente su papel tradicional de cuidadoras de enfermos o prestadoras
de servicios de salud. Según las Encuestas de Salud del Ministerio
de Sanidad, se produce la paradoja de que ?a igualdad de las demás
condiciones- son las cuidadoras de la salud familiar quienes menos tiempo
dedican a cuidarse a sí mismas, especialmente cuando combinan
el papel de amas de casa y el de activas en el empleo. El cambio en
el papel social de la mujer afecta al sistema de cuidados de todos sus
familiares.
|
El
prototipo de familia tradicional sólo se da en España
en el 29 por ciento de los hogares
|
Los hogares compuestos únicamente
por una pareja son el segundo tipo más numeroso (18 por ciento
del total de hogares). Entre los jóvenes son frecuentes las convivencias
no legalizadas por matrimonio, con claras consecuencias para la cobertura
de su asistencia sanitaria; también es frecuente que cada uno
pertenezca a un sistema de cobertura sanitaria diferente y, consecuentemente,
no puedan compartir el médico de familia. Entre los de edad media
o avanzada abundan los jubilados. Un colectivo nuevo, de mayor visibilidad
mediática que estadística, es el de los hogares basados
en relaciones no heterosexuales o que no pretenden la procreación.
La frecuencia de los hogares
compuestos solamente por una pareja tiende a aumentar. Muchos de estos
hogares son insuficientes para el cuidado en caso de enfermedad o para
relacionarse con el sistema sanitario; los muy jóvenes dependen
de la ayuda del hogar de los padres y los muy mayores, de los hogares de
los hijos.
Los hogares unipersonales
están aumentando rápidamente: se debe al aumento de la esperanza
de vida y a la mejora de las condiciones económicas. En España,
por comparación con otros países de la Unión Europea,
hay pocos jóvenes independizados porque la inserción al mercado
de trabajo es tardía y no existen políticas eficaces de vivienda
o alquiler para jóvenes. Los ancianos viven independientemente si,
además de desearlo, pueden sufragar el coste de la vivienda individual,
lo que cada vez está más al alcance de los jubilados españoles.
En los hogares unipersonales
son mayoría las mujeres de edad avanzada y los pensionistas. En
este tipo de familias u hogares abundan los enfermos crónicos y
es común la dificultad para autocuidarse y recibir cuidados ajenos.
El mero desplazamiento o gestión de la relación con el sistema
sanitario tiene que hacerse con ayuda de familiares o profesionales. La
relación con el médico de las personas que han perdido capacidad
a causa de su edad no es espontánea ni directa, necesitan de la
mediación de sus familiares para acompañarles, gestionar
la relación con el sistema sanitario y aplicar o seguir la aplicación
del tratamiento. Una dificultad añadida es la escasez de recursos
económicos de los ancianos para la compra de servicios médicos.
La oferta de cuidado institucional es muy insuficiente (centros de día,
atención domiciliaria, residencias), y la oferta privada es inasequible
para la mayoría de los pensionistas e, incluso, para sus hijos.
Entre el año 2000 y el año 2050 se triplicará el número
de personas mayores de 80 años en Europa. Las demandas geriátricas
crecerán aún más del triple porque aumentan también
las expectativas y exigencias de este grupo de edad.
Las familias filiales todavía
no tienen un nombre claramente establecido, pero ya son un nuevo y creciente
prototipo con sus propias necesidades médicas. Frecuentemente se
trata de hijos o hijas (más frecuente lo segundo) que se hacen cargo
de su padre o madre (más frecuente esto último), o de hermanos
minusválidos. No están desglosados, por ahora, de las familias
que se hacen cargo de sus hijos adultos minusválidos.
Todavía no se han
estudiado suficientemente, aunque es tema en auge, las consecuencias que
tiene para el cuidador la adscripción del cuidado de sus familiares.
Cuando el médico fija el nivel de cuidados que requiere un paciente,
con frecuencia se inicia un conflicto familiar de muy difícil solución,
que es la decisión sobre quién ha de encargarse de proporcionar
los cuidados o los recursos económicos para administrarlos. En muchos
casos el cuidado de un enfermo conlleva la pérdida del empleo, la
dependencia económica, las dificultades afectivas y de acceso a
los bienes culturales, además de un gran desgaste físico
y psicológico. Los cuidados se concentran habitualmente en un cuidador
principal, y duran meses, años, a veces décadas.
En las familias monoparentales
predominan mujeres con hijos, incorporadas al mercado de trabajo y en precaria
situación económica. La sobrecarga de papeles hace difícil
su supervivencia si no cuentan con la ayuda de la familia extensa para
los cuidados sanitarios.
Otros tipos de familia menos
frecuentes son las familias trigeneracionales, los hogares constituidos
por parientes sin núcleo matrimonial, y los hogares no familiares.
La inmigración ha traí- do como consecuencia un rápido
incremento ?aunque poco estudiado- de nuevos tipos de hogares así
como la acumulación de convivientes en espacios reducidos y mal
dotados de servicios. Las familias inmigrantes padecen algunos tipos
de patologías poco habituales en España, o no definen
como patológicas o anormales algunas conductos que son definidas
de este modo en España. Y a la inversa. A menudo carecen de conexión
"documentada" con el sistema sanitario. En mayor medida que el conjunto,
utilizan los servicios de urgencia y de
organizaciones sin ánimo de lucro. La relación con los
médicos es discontinua, lo que dificulta las tareas de prevención
y seguimiento.
|
Cada
vez son más fuertes los componentes organizativos, sociales
y económicos que forman parte de la relación médico-paciente
|
En resumen, la estructura
interna de los hogares ha cambiado tanto que en las estadísticas
referidas al último decenio es apreciable el descenso del tamaño
medio (número de personas), el descenso de familias multigeneracionales,
el aumento en la edad media de los familiares, el acusado descenso de
personas disponibles en los hogares para hacerse cargo de los enfermos
y la llegada de un amplio número de inmigrantes con cobertura
sanitaria precaria. El dato más positivo es la disponibilidad
de varios millones de varones jubilados en buenas condiciones de salud,
que aunque carecen del hábito y la tradición de encargarse
del cuidado de enfermos, constituyen una nueva gran reserva, al menos
potencialmente, para el cuidado de sus familiares o de otros enfermos
a través de organizaciones de voluntariado.
Nuevas necesidades
y aspiraciones de la población en relación a la salud
Cada tipo de hogar tiene
unas necesidades médicas diferentes, y unos recursos también
diferentes de dinero, formación, movilidad, cobertura aseguradora
y tiempo disponible para el autocuidado y el cuidado de otros familiares.
Cada tipo de necesidad médica se corresponde con un tipo de médico,
con un tipo de relación médico-paciente. La relación
médico-paciente tiene un amplio espectro, desde las muy directas
cara a cara, hasta las muy diluidas por el contexto organizativo.
La Tabla 2 sintetiza
los tipos de demandas que realizan los hogares al sistema sanitario,
según que se relacionen con la reproducción, la prevención,
la cura de enfermedades, la producción social del cuerpo, la
época terminal de la vida, las demandas de tipo burocrático
u organizativo y, finalmente, las nuevas patologías relacionadas
con las condiciones de vida de la población inmigrante. Estas
demandas permiten predecir el tipo de médicos requeridos y el
tipo de relación que establecerán las familias con ellos.
|
TABLA 2. TIPOS DE
DEMANDAS DE LOS HOGARES AL SISTEMA SANITARIO
| Tipo
de demanda |
Tipo
de relación con el médico |
| 1.
Demandas relacionadas con la reproducción (evitarla,
planificarla, conseguirla, atenderla, etc.).
|
Las
decisiones básicas corresponden a los individuos. Descenso
en las demandas de atención en embarazo y partos, y
en las demandas
pediátricas básicas, aumento en las de planificación
y fertilidad.
Componentes ideológicos
importantes.
|
|
2. Demandas
relacionadas con la prevención de enfermedades (estilos
de vida saludable, vacunación, revisiones, etc.).
|
La
decisión y la ejecución corresponde básicamente
a los individuos, con mediaciones importantes de los hogares.
Los
médicos
ejercen funciones de creación de opinión y asesoramiento.
Alto componente
organizativo.
|
|
3. Demandas
relacionadas con la curación o tratamiento de enfermedades,
accidentes y minusvalías.
|
Es
la relación tradicional médico-paciente, y sigue
siendo la más habitual. Importancia creciente de las
actuaciones
socio-sanitarias
debidas al envejecimiento de la población y prevalencia
de crónicos.
Alto componente
técnico.
|
| 4.
Demandas relacionadas con la producción social del
cuerpo (estética, identidad)
|
La
iniciativa corresponde a los individuos. Presiones sociales,
moda. El paciente es un consumidor/cliente. Alto
componente económico.
|
| 5.
Demandas relacionadas con la muerte (paliación, atención
a terminales, actuaciones de certificación, etc.).
|
Nuevas
demandas derivadas de los cambios tecnológicos y de
nuevos valores y nuevas situaciones legales.
Componentes ideológicos
importantes.
|
6.
Demandas de tipo burocrático u organizativo.
|
El
médico ejerce funciones de relación con la organización
sanitaria y con otras organizaciones (laborales, de justicia,
de pensiones y
servicios públicos, etc..). Creciente absorción
del tiempo del médico para estas tareas y presión
sobre el
médico para
que satisfaga las demandas de las familias.
La calidad en el
ejercicio de esta función no depende tanto de la capacitación
técnica médica como de otros tipos de
formación
y cualidades personales.
|
| 7.
Nuevas demandas procedentes de familias inmigrantes, carentes
de cobertura sanitaria.
|
Un
reto para el sistema sanitario por la precariedad de condiciones
de vivienda, laborales, accesibilidad, comunicación,
dispersión
del núcleo familiar y distancia cultural. Patologías
derivadas de estas circunstancias. |
|
Como conclusión podría
decirse que la relación personal, cara a cara, entre médicos
y enfermos, es cada vez una parte más reducida del tiempo que
unos y otros dedican a la salud. Cada vez son más fuertes los
componentes organizativos, sociales y económicos que forman parte
de la relación médico-paciente: es el signo de la época
en que vivimos y traspasa hasta las más estrictas puertas de
los consultorios.
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Ponencia presentada en
el XXI Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina
de Familia y Comunitaria, celebrado en San Sebastián