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| LAS INFECCIONES URINARIAS COMPLICADAS SON
CAUSADAS GENERALMENTE POR MICROORGANISMOS POCO HABITUALES O MÚLTIPLES. EL ÉXITO EN EL
TRATAMIENTO REQUIERE UNA TERAPIA MAS AGRESIVA, ASÍ COMO UNA ADECUADA EVALUACIÓN DE LOS
FACTORES COMPLEJOS QUE PUEDE PRESENTAR EL PACIENTE. AUNQUE EXISTEN MÚLTIPLES ASPECTOS QUE
PUEDEN CONTRIBUIR A QUE UNA INFECCIÓN URINARIA SEA CATALOGADA DE COMPLICADA, AISLADAMENTE
EL MAS IMPORTANTE ES LA EDAD AVANZADA. |
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Dr. José Enrique Robles. Departamento de Urología. Facultad de Medicina.
Universidad de Navarra
Las infecciones urinarias complicadas se definen como aquellas infecciones
sintomáticas en un contexto de persistencia, recurrencia o fracaso del tratamiento. El
factor complicante puede ser una anomalía anatómica, una enfermedad subyacente, la
presencia de una sonda uretrovesical o de un catéter ureteral, o simplemente la edad
avanzada.
Las infecciones urinarias complicadas son causadas generalmente por microorganismos
poco habituales o múltiples, abarcando un conjunto de bacterias, muchas de las cuales son
resistentes a los tratamiento antimicrobianos estándar utilizados en las infecciones no
complicadas. El éxito en el tratamiento de estas infecciones requiere generalmente de un
tratamiento más agresivo, así como de una adecuada evaluación de los factores complejos
que puede presentar el huésped, las enfermedades potencialmente severas y los
microorganismos problemáticos.
Perfil del huésped de las infecciones urinarias complicadas
Aunque existen múltiples factores que pueden contribuir a que una infección urinaria
sea catalogada de complicada (Tabla 1),
aisladamente el factor más importante es la edad avanzada. La mayor parte de los
pacientes con infecciones urinarias complicadas tienen más de 65 años, pudiendo
afirmarse que, virtualmente, en todos los pacientes de más de 80 años con infecciones
urinarias éstas son complicadas, lo que debe ser siempre tenido en cuenta a la hora del
tratamiento, muy distinto del de las infecciones urinarias no complicadas en personas
jóvenes.
Existen numerosos cambios funcionales asociados con la edad que contribuyen, como
factores potenciales, al desarrollo de infecciones urinarias complicadas:
En las mujeres mayores, como consecuencia de los múltiples embarazos y de la laxitud
del suelo pélvico, puede desarrollarse un cuadro de obstrucción del tramo común
inferior por un cistocele, por ejemplo.
En los hombres mayores, la hiperplasia o el cáncer de próstata pueden causar
también obstrucción urinaria, retención e infecciones urinarias.
Los pacientes con antecedentes de accidente cerebro-vascular pueden tener una vejiga
inestable o espástica.
Muchos pacientes con enfermedad de Alzheimer tienen dificultades de control de la
evacuación vesical e intestinal por deterioro de las funciones neurológicas superiores y
la incontinencia es siempre un factor de riesgo para el desarrollo de una infección
complicada.
Los residentes de instituciones geriátricas tienen un riesgo particular; los sondajes
prolongados y las largas estancias en cama pueden desarrollar una vejiga atónica.
Asimismo, existen muchas enfermedades debilitantes en la vejez que se asocian con
infecciones complicadas. Estos pacientes están también expuestos a infecciones
nosocomiales.
La obstrucción de la vía urinaria es un factor muy importante que contribuye a la
persistencia de la infección. En el tramo urinario común inferior, la micción completa
y eficaz es un mecanismo básico de defensa ante la infección, al impedir mediante la
dilución y la expulsión por arrastre de los microorganismos la rápida multiplicación
de los mismos. La existencia de un residuo postmiccional, por un incompleto vaciamiento
vesical, es un terreno propicio para el desarrollo y mantenimiento de una infección. La
obstrucción, en este nivel, puede ser anatómica (patología prostática benigna o
neoplásica, estenosis uretrales, etc.) o funcional (disfunción vesicouretral, vejigas
neurógenas, etc).
En el tramo urinario superior hay otras peculiaridades, ya que se añade la posibilidad
de destrucción tisular parenquimatosa renal por la hidronefrosis.
El reflujo vesicoureteral es una forma especial de uropatía obstructiva que, cuando
alcanza grados importantes, se produce un reflujo intrarrenal a los túbulos colectores
que, si se asocia a infección urinaria, conlleva la destrucción parenquimatosa con
evolución progresiva hacia una nefropatía intersticial y, eventualmente, hacia una
insuficiencia renal crónica.
Por otro lado, es bien conocido que las litiasis del aparato urinario bien pueden ser
la causa de una infección urinaria, bien complicar una infección al añadirse la
situación obstructiva.
La vejiga neurógena altera las funciones vesicales de almacenamiento y eliminación de
la orina y se asocia, en casi el 50 por ciento de los pacientes, con lesiones
estructurales del tramo urinario superior. A ello se une la necesidad de utilización de
sonda y catéteres en estos pacientes, en los que la tasa de bacteriuria asintomática
ronda el 80 por ciento.
Existen grupos de pacientes con afecciones de alto riesgo que merecen consideración
aparte: los pacientes con insuficiencia renal crónica, los trasplantados o aquellos con
enfermedades neoplásicas o inmunodeprimidos y los diabéticos.
Por último, han de considerarse las infecciones nosocomiales. El 40 por ciento de
ellas tienen origen urinario, la mayor parte de las cuales están provocadas por el
sondaje vesical. Estas infecciones son causadas por gram negativos en el 80 por ciento de
los casos (aunque también Grampositivos como S. faecalis o Staphylococcus, e incluso
bacterias multirresistentes pueden ser la causa) e incrementan notablemente la
morbimortalidad en los enfermos hospitalizados.
Otra consideración importante es la existencia de cualquier enfermedad crónica, a
cualquier edad, como por ejemplo pacientes con diabetes que pueden desarrollar una
disfunción vesical neurógena, y que tienen un riesgo incrementado de infecciones
urinarias.
Patógenos relacionados
La Escherichia coli sigue siendo el germen más frecuente aislado en las infecciones
urinarias no complicadas en todas las edades. Sin embargo, en las infecciones complicadas
E. coli es responsable de menos de la mitad de todos los casos, apareciendo otros
patógenos en pacientes mayores de 65 años que incluyen Proteus
Mirábilis, Pseudomonas,
Klebsiellas, Citrobacter, Enterobacter y Serratia, así como gérmenes Grampositivos,
predominantemente Enterococccus y Staphylococcus aureus. El Staphylococcus saprophyticus,
tan importante en mujeres jóvenes, afecta rara vez a las mujeres mayores, probablemente
por los cambios de la flora vaginal relativos a la falta de estrógenos.
La importancia clínica de las infecciones por Gramnegativos no coliformes en pacientes
mayores estriba, en primer lugar, en la resistencia a los fármacos. Se ha descrito sólo
un 36 por ciento de sensibilidad de estos gérmenes a la ampicilina, así como también
resistencia a cefalosporinas de primera o segunda generación, incluso a los
aminoglucósidos; en un 15 por ciento de los casos se aprecian resistencias múltiples.
Además, la infección por estos microorganismos ocurre generalmente en pacientes con otra
enfermedad de base, habitualmente severa.
Tratamiento
Las medidas generales de tratamiento de las infecciones urinarias complicadas son
distintas de las no complicadas. Mientras en estas últimas se indicaba un tratamiento
empírico sin necesidad de realizar un cultivo de orina en la mayor parte de los casos, en
los pacientes de edad avanzada o en aquéllos cuya condición clínica sea un riesgo
potencial del desarrollo de una infección complicada se requiere un tratamiento más
agresivo.
Además, el tratamiento de las infecciones urinarias complicadas exigirá no sólo el
uso del antimicrobiano adecuado, sino también con frecuencia una actuación
endourológica o quirúrgica sobre el agente desencadenante. Estas maniobras
intervencionistas se realizarán ya preferentemente bajo terapia antimicrobiana.
Los regímenes de monodosis o cortos de 3 días de antibióticos no son recomendables.
Las drogas consideradas de primera línea (Tablas
2 y 3) en este tipo de infecciones complicadas son el
trimetoprim-sulfametoxazol y los fluorquinolonas, que se asocian con unas tasas de
curación del 95-98 por ciento. Las tasas de resistencia son geográficamente variables,
pero oscilan entre el 5-15 por ciento para el trimetoprim-sulfametoxazol y menos del 5 por
ciento para las fluorquinolonas. La duración de los tratamientos debe ser de al menos
7-10 días. En el caso de infecciones severas se recomienda tratamiento por vía
parenteral, con el que se logra una mayor biodisponibildad por unidad de tiempo, hasta que
desaparezca la fiebre, seguido por un tratamiento por vía oral durante 14-21 días.
En este contexto, la ventaja de utilizar una quinolona por vía parenteral es que puede
continuarse con el mismo fármaco luego por vía oral tras la desfervescencia.
Si se precisa una asociación frente a Grampositivos, se emplearán cefalosporinas de
primera o segunda generación (cefazolina, cefalotina) o penicilánicos (amoxicilina más
clavulámico, azlocilina, ticarcilina).
Caso de precisarse antibióticos más activos, se utilizarán cefalosporinas de tercera
generación (ceftriaxona, cefotaxima, ceftazidima), monobactámicos (aztreonam) o
aminoglucósidos (gentamicina, tobramicina, amikacina).
Por ejemplo, frente a las infecciones por Enterococos es recomendable un régimen de
ampicilina y gentamicina, teniendo en cuenta los potenciales riesgos de ototoxicidad
(especialmente en pacientes diabéticos) y nefrotoxicidad (disminución del aclaramiento
de creatinina con la edad).
Debe recordarse siempre que en muchas circunstancias es necesaria una adecuación de la
dosis de acuerdo con la función renal en los pacientes de edad avanzada, debiendo
recordarse también a este respecto que los cambios en la creatinina sérica con la edad
no son un adecuado indicador de la función renal a la hora del ajuste de las dosis (Tabla 4).
Deben tenerse en cuenta también las interacciones medicamentosas que pueden interferir
con la absorción o con los niveles séricos de los antibióticos (anticonvulsivante,
teofilina, antiácidos, antagonista H2, anticoagulantes).
Infecciones urinarias recurrentes
Aproximadamente el 20 por ciento de las mujeres que tienen un episodio de infección
urinaria experimentan una recurrencia probablemente asociada con la utilización de
diafragmas o espermicidas, como reflejo de la predisposición genética o de otros
factores no conocidos. Las infecciones urinarias recurrentes en las mujeres jóvenes deben
tratarse con profilaxis antibiótica continua o postcoital o con automedicación. En este
último caso se precisa una adecuada valoración de la paciente, puesto que ella misma va
a ser la responsable de evaluar sus síntomas y decidir cuándo comenzar el tratamiento.
Una infección que vuelve a aparecer dentro de las 2 semanas siguientes a una previa es
con toda probabilidad una recurrencia (Tabla 5),
más que una nueva infección, y debiera de considerarse casi siempre como un fracaso del
tratamiento. Es aconsejable instruir a la paciente en tal sentido y en el de que debe de
ponerse en contacto con su médico, puesto que se necesita un tratamiento antibiótico
diferente (Tabla 6).
Las infecciones recurrentes son un problema particularmente importante en las mujeres
mayores de 60-65 años, en las que aparecen aproximadamente en un 10-15 por ciento de
ellas. Los estrógenos locales favorecen el crecimiento de los lactobacilos vaginales y
disminuyen el pH vaginal, ayudando a inhibir el crecimiento de los uropatógenos. Los
cambios en la flora vaginal que ocurren en la menopausia, en los que los lactobacilos son
remplazados por otros organismos, particularmente por la E. coli, pueden ser la causa del
incremento en la susceptibilidad a las infecciones urinarias recurrentes en mujeres de
esta edad.
Con la utilización adyuvante de los estrógenos tópicos (estriol) se incrementan las
posibilidades de erradicación de la infección, habiéndose sugerido también su
utilización profiláctica como una alternativa a largo plazo en la prevención de las
infecciones urinarias en las mujeres postmenopáusicas.
| Bibliografía - Jiménez-Cruz J.F., Broseta E.: Ofloxacino en
infecciones urinarias complicadas. Drugs Today 1994; 30: 1-8.
- Kumazawa J, Matsumoto T: Complicated urinay tract infections. En: Urinary Tracts
Infections. Bergan T (ed). Infectiology. Basel, Karger, 1997, vol 1, pp 19-26.
- Dalet F, Del Río G: Infecciones urinarias. Madrid, ENE Publicidad SA, 1997. |
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