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Conductas del joven ante el alcohol
Dr. José Ignacio de Arana Amurrio
Profesor de la Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid

En este artículo vamos a pasar revista a los motivos que los jóvenes alegan para el consumo de bebidas alcohólicas, a aquellos otros que encuentra una explicación psicológica, y a los modos en que ese consumo se realiza entre la juventud. Son varios los motivos por los que los jóvenes deciden iniciarse el hábito de beber, entre ellos es muy habitual que llegen a identificar ocio con bebida. Actualmente predominan entre jóvenes y adultos las formas pasivas de entretenimiento. Otro motivo es el mimetismo, la admiración por algún líder que bebe y al que les gustaría parecerse, empezando por sus formas externas de conducta. Para granjearse la admiración del grupo es otra de las causas que llevan a la bebida, con una actitud de "valentía", de "atrevimiento". 

Otras veces, los jóvenes beben por conformidad con el grupo, por no sentirse marginados de él cuando todos están bebiendo. Luego está aquel efecto estimulante del alcohol que parece liberarnos de nuestras inhibiciones y con ello, aparentemente, desaparecen muchos problemas. Se minimiza así el sentido de responsabilidad que impide hacer siempre lo que nos dé la gana.

Conflictos en las relaciones con los padres y de los padres entre sí es otro motivo. Es una forma de buscar en unas especiales relaciones con otras personas, las propiciadas por el consumo de alcohol, la afectividad que se echa en falta en el hogar.

Pertenencia a un status social inferior por el que el joven se siente discriminado socialmente intentando disminuir ese sentimiento mezclándose en los ambientes de bebida juvenil con otros de rango superior al suyo, e incluso compitiendo con ellos en el aguante para beber o en la realización de actos bajo el efecto del alcohol, como la conducción de vehículos; descenso de la autoestima a causa del fracaso escolar o por la pérdida de un lugar destacado en clase; cambio de colegio o paso a escuelas de nivel superior, dificultades en la forma de contacto y en el trato con el otro sexo; y miedo a no poder satisfacer debidamente las expectativas, a veces muy altas, de los padres son también causas que pueden llevar a la bebida.

Una gran encuesta realizada sobre el consumo juvenil de bebidas alcohólicas en la Comunidad de Madrid conjuntamente por la Consejería de Integración Social y por el Ministerio de Sanidad y Consumo pone de manifiesto que un 71,3 por ciento de los jóvenes beben (74,94 de varones y 68,58 de chicas), y que un 59,1 por ciento considera aspectos positivos en las bebidas alcohólicas (refresco o producto placentero), y sólo el 34,2 las considera como una forma de droga. Además, en la familia la bebida se toma con frecuencia. El padre es el miembro que más bebe seguido de los hermanos. La actitud más frecuente de la familia hacia la bebida del joven es indiferente o permisiva. En el caso de no ser así, es la madre la que manifiesta una actitud más contraria a este consumo. En general, se les permite beber más a los hijos que a las hijas, acentuando este comportamiento sobre todo el padre.

El estudio revela también que se detecta una mayor actitud contraria al uso de bebidas alcohólicas por los hijos en los hogares y niveles profesionales altos, y actitud permisiva o indiferente en profesiones que implican bajo nivel de estudios. Por otro lado, aunque los chicos suelen probar la bebida en su propia casa, la mayoría (64,5 por ciento) se inician en el consumo de forma más asidua con amigos y con ellos normalmente suelen beber en mayor proporción (76,6 por ciento). La edad más frecuente de iniciación está entre los 14 y los 16 años, aunque algunos comienzan a los 8.

Habitualmente la frecuencia de consumo es semanal, sobre todo en fines de semana y celebraciones (70,9 por ciento) aunque algunos jóvenes beben en días laborables y muy pocos a diario. La bebida preferida es la cerveza. Le siguen los "pelotazos". La media de consumo semanal es de 128 gramos de alcohol, que equivalen a 12 botellines de 250 centímetros cúbicos de cerveza.

Este mismo sondeo revela que un 64 por ciento de los jóvenes dice haberse emborrachado alguna vez (70 por ciento de chicos frente a 59 por ciento de chicas). El número de veces que esto ha ocurrido es de 4,6 por término medio. El 60,8 por ciento manifiesta juicios negativos sobre el hecho de emborracharse, como "es lamentable" y "procuraré no repetirlo". Las sensaciones que tuvieron fueron principalmente náuseas, vómitos, dolor de cabeza y sueño. Un 41,3 por ciento ha visto a algún familiar ebrio, y un 11,8 reconoce haber conducido habiendo consumido bebidas alcohólicas. Sin embargo, el 74 por ciento cree que dificulta la conducción.

Los datos obtenidos son por completo comparables a lo que sucede en cualquier otro lugar de España y seguramente del mundo occidental. Se trata de respuestas dadas por un numeroso grupo de jóvenes con edades comprendidas entre los 14 y los 19 años.
Realmente, repasando los datos de la encuesta anterior se tiene una panorámica bastante completa de los hábitos juveniles frente al alcohol y no cabe duda de que algunas de las cifras aquí reseñadas traspasan la frialdad de los números para hacernos sentir un sobresalto, un escalofrío que debe hacer meditar a toda la sociedad.

Ahora pasaremos revista a algunos de los aspectos que se desprenden de esa encuesta, y para ello utilizaremos los datos que contiene el Documento Técnico de Salud Pública editado por la Comunidad de Madrid bajo el título La cultura del alcohol entre los jóvenes de la Comunidad de Madrid. En este trabajo se incluyen fragmentos textuales de las frases utilizadas por los jóvenes de muy diversa extracción social, cultural y laboral durante la encuesta llevada a cabo para su realización.

El modo actual de consumo alcohólico entre los jóvenes de 14 a 20 años, es decir, la bebida masiva durante las noches de dos o tres días a la semana y el que ésta sea la forma casi exclusiva de diversión y de relacionarse durante esas jornadas es un hecho que viene produciéndose en nuestra sociedad española desde hace aproximadamente ocho o diez años. No se puede decir que estas fechas hayan coincidido con ningún acontecimiento singular sino que corresponden a un momento en que la sociedad entera ha llegado a una ruptura de todas las normas, a un "todo vale" porque en realidad "nada vale". Cualquier criterio de regulación social se ve desbordado por una "cultura del exceso". Es, por otro lado, la misma época en que en nombre de la libertad y del querer ser "nosotros mismos", todas las personas, y en especial los jóvenes, siguen cualquiera de las modas que surgen.

El consumo de alcohol es hoy para la mayoría de los jóvenes un verdadero "ritual de iniciación" hacia la edad adulta, como antes lo era el fumar a escondidas aunque no gustara el tabaco y se acabara mareado y con un horrible mal cuerpo después de fumar varios cigarrillos seguidos porque era "cosa de mayores".

Creyendo, equivocadamente, que lo que los muchachos y muchachas más jóvenes buscan en el grupo de fin de semana es sólo reunirse a oír música y a estar "muchos", se han creado en nuestras ciudades las llamadas discotecas "light" en las que no se sirven bebidas alcohólicas. Pero se ha podido comprobar que este tipo de establecimientos no hacen sino fomentar el deseo de ser lo suficientemente mayor como para poder tener acceso a los que venden alcohol. Los chicos menores de 16 años que acuden a las discotecas "light", se sienten insatisfechos asistiendo a un simulacro de lo que realizan sus hermanos mayores o los compañeros escolares de cursos superiores.
El tipo de bebidas que se toman influye también en la pérdida de los límites de su consumo. La introducción de los "minis" de cerveza -vasos con capacidad de un litro- que se consumen en grupo aumentan el carácter ritual de la bebida, pero impiden el control de lo que en realidad se está bebiendo. Los minis de cerveza han ido dejando paso a otras variantes del mini.

La relación de las mujeres con este ambiente de bebida es compleja. Por un lado las chicas están cada vez más cerca del modo masculino de beber, tanto por lo que se refiere a la cantidad como a la manera de hacerlo. Pero algunos detalles muestran que no pueden ser iguales en todo. La imagen de la mujer embriagada es mucho más rechazada por todos los jóvenes de ambos sexos.

Las chicas consideran con razón que la pérdida de inhibiciones y de control que supone el consumo alcohólico representa para ellas un mayor riesgo físico que para sus compañeros varones y que las puede llevar a consecuencias insalvables.

A partir de una cierta edad, sin embargo, la presencia de chicas en el grupo bebedor puede ser un cierto factor de control. La constitución de grupos mixtos estables o la presencia de la novia en el grupo, limita, aunque sea sólo parcialmente, el comportamiento desenfrenado relacionado con el alcohol. También las chicas son más proclives a escuchar a sus compañeros varones del grupo sin necesidad de que éstos sigan consumiendo alcohol para "liberarse" de preocupaciones. No obstante, esto no siempre es así y con frecuencia son las chicas las que cometen mayor número de dislates durante las noches de bebida, y es que en esto, como en otros muchos aspectos de la vida social y juvenil, parece existir una ley del péndulo que lleva de exageración en exageración y las chicas creen igualarse a los varones cometiendo sus mismos actos, pero los sobrepasan entrando de lleno en las conductas disparatadas.

También los lugares donde se bebe forman parte del ritual. En cada ciudad existen zonas urbanas muy concretas en las que se acumulan los establecimientos de bebidas para jóvenes. Claro que esto es un dato ambivalente: los jóvenes acuden a esos lugares porque hay muchos "locales", y éstos proliferan precisamente allí porque es la zona preferida por la juventud en sus salidas nocturnas.

Los jóvenes pasan durante la noche de uno a otro bar o pub pero marcan unos límites muy definidos al área de sus movimientos, de modo que a veces una calle determinada es una frontera tácitamente aceptada por todos sin que en todos los casos estén muy claros los motivos de ello. En esas zonas la aglomeración es extraordinaria durante las noches de viernes y sábados para descender notablemente los domingos y ser casi nula en el resto de los días de la semana. El único atractivo del lugar es su abundancia de bares. Podrían consumir su ración de alcohol en cualquier otra parte, pero no lo hacen porque es precisamente ese gregarismo agobiante el que les ha llevado hasta allí; porque no es tanta la necesidad de alcohol como la de tomarlo en un ambiente que les aleje lo más posible de su forma de vida cotidiana durante la semana.

Ideas falsas sobre el alcohol

Se trata de conceptos que se mantienen en la sociedad. Por lo general son ideas que parten de una mínima e inconsistente base científica pero que a poco que se razone sobre su contenido se demuestran como absolutamente falsas. Sin embargo, muchas veces continúan sirviendo como excusa para el consumo de alcohol de forma que pretende amortiguarse la conciencia del bebedor con el argumento de que el alcohol no es tan malo e incluso tiene ciertas virtudes sobre otras bebidas. Vamos a repasar algunas de estas ideas tan extendidas.

- Las bebidas alcohólicas son un alimento. Las bebidas alcohólicas están compuestas casi exclusivamente por alcohol y agua. Algunas (vino, cerveza) contienen hidratos de carbono por lo que aportan un suplemento de calorías que se manifiesta en la ganancia de peso por quienes las consumen. El contenido de vitaminas y minerales es prácticamente insignificante. El alcohol etílico aporta 7 calorías por gramo cuando es quemado en el organismo, pero este aparente efecto energético no es comparable al conseguido mediante el consumo de otras fuentes calóricas. El organismo no puede almacenar el alcohol y sólo una mínima parte es eliminada como tal alcohol a través de la orina y de la respiración. El resto debe ser quemado para transformarse en otras sustancias de más fácil eliminación, sobre todo anhídrido carbónico y agua. Si la cantidad de alcohol que es necesario quemar -oxidar- es excesiva para los mecanismos normales dedicados a esa función, principalmente en el hígado, el organismo se ve obligado a utilizar otras vías alternativas que le suponen un importante daño a las células.

- El alcohol sirve para combatir el frío. Acabamos de ver cómo las calorías procedentes del alcohol son poco o nada útiles para el organismo. Cuando se necesita un aumento de energía calórica para combatir el frío son mucho más importantes las calorías que se obtienen a partir de la grasa y los azúcares almacenados en los tejidos. Lo primero que se utiliza es el azúcar de los músculos: éstos se contraen bruscamente para quemar esa energía acumulada y tales contracciones se manifiestan en forma de los escalofríos.
Por otra parte, el alcohol produce una dilatación de todos los vasos sanguíneos situados debajo de la piel -de ahí el enrojecimiento de la cara y la nariz en las personas bebedoras- con lo que la cantidad de sangre que llega a esas regiones corporales es mucho mayor de la habitual. Al contener más sangre, la piel se calienta, dando una impresión de que todo el organismo está también más caliente; pero en realidad sucede lo contrario: se pierde mucho calor a través de la piel y el interior del cuerpo se enfría todavía más. Son muy frecuentes las congelaciones, las pulmonías y otras graves afecciones en personas sometidas a bajas temperaturas bajo el efecto del alcohol.

- El alcohol da fuerzas y mejora el trabajo físico. Para el trabajo físico se necesita la energía muscular y los músculos no utilizan nunca las calorías del alcohol sino las suyas propias almacenadas en forma de azúcares dentro de sus células.
El alcohol presta una falsa sensación de fuerza porque al actuar sobre el sistema nervioso central bloquea la sensación de fatiga. Sin embargo, la fatiga existe y se va acumulando pero sin que la persona establezca los necesarios períodos de descanso o el ritmo de trabajo adecuado para que el organismo se recupere; de este modo, en un momento determinado la fatiga hará su aparición pero en grado extremo con el consiguiente derrumbamiento físico y los riesgos de accidente o de lesión que esto conlleva.

- El alcohol es estimulante del apetito. En esta idea se ha fundamentado durante mucho tiempo la existencia en el mercado de bebidas alcohólicas supuestamente destinadas a abrir el apetito de enfermos, convalecientes, ancianos y, lo que es mucho más grave, de niños. Me refiero a los que se denominan vinos quinados porque junto con su contenido alcohólico, siempre significativo, llevan incorporadas sustancias aromáticas y amargas como la quina. En cientos de hogares se ha iniciado el contacto de los niños con el alcohol a través de este tipo de bebidas. Estos vinos, tomados además en ayunas, lo que producen es un aumento de la secreción de jugos gástricos y de las contracciones del estómago, todo lo cual provoca una sensación de hambre.
Otro tanto cabe decir de los llamados en general aperitivos -palabra que alude precisamente a abrir, en este caso abrir el apetito- que son también bebidas alcohólicas con sustancias aromáticas para estimular simultáneamente los sentidos del gusto y del olfato que también intervienen de modo conjunto en el hecho y, sobre todo, en el placer de comer.

- El alcohol puede ser una medicina. Se oye reiteradamente que una pequeña cantidad de alcohol mejora la circulación sanguínea, eleva la tensión arterial en las personas hipotensas, puede calmar pequeños dolores como los de muelas o los menstruales de la mujer.
En muchos de estos casos los efectos del alcohol no pasan de ser meramente psicológicos al hacer que el individuo "se sienta mejor", pero sin que actúen efectivamente ni sobre los síntomas ni menos aún sobre las causas de la enfermedad. Sí es cierto que una cantidad moderada de alcohol produce una dilatación de los vasos sanguíneos y que eso puede mejorar momentáneamente algunos síntomas circulatorios, pero su efecto es pasajero y, desde luego, la medicina dispone hoy de numerosos medicamentos para tratar las enfermedades que carecen de los riesgos inherentes al consumo de alcohol.
Es de extraordinaria importancia, además, conocer los efectos secundarios, a veces gravísimos, del uso simultáneo de alcohol y de ciertos medicamentos como los analgésicos utilizados para el tratamiento del dolor. Como norma general el alcohol está contraindicado absolutamente mientras se está recibiendo alguna medicación.

- Para que pase la borrachera es bueno ingerir café solo. El café contiene cafeína que es un estimulante del sistema nervioso central. La cafeína le despertará, pero eso no significa que el sujeto esté sobrio. Además, la cafeína reduce la sensación de fatiga, pero no elimina los efectos del alcohol sobre el cerebro.
De lo anterior se deduce algo muy importante: no debe darse café a una persona que tenga que conducir después de haber estado bebiendo porque el café le despertará y creerá que está sobrio cuando en realidad sus reflejos permanecen profundamente alterados.

- El consumo de alcohol nos permite entablar relaciones sociales. El uso del alcohol promueve en la persona unas conductas despreocupadas, irresponsables y fuera de la realidad. El alcohol es fundamentalmente un depresor del sistema nervioso central y de sus capacidades más elevadas y propiamente humanas. El efecto estimulante inicial sobre el cerebro es muy transitorio por lo cual los sentimientos de euforia, facilidad de expresión, simpatía o espontaneidad que serían los que propiciasen aquellas relaciones sociales, son falsos y siempre en el límite peligroso de desbordarse hacia otras actitudes verdaderamente antisociales.

Cómo detectar el problema

En la mayoría de las ocasiones, cuando ese problema está ya instaurado en una persona ésta es la que menos cuenta se da de su existencia o la que lo hace en último lugar.

Son muchos los signos que pueden alertar de esa situación. Algunos de ellos, desde luego, cuando se hacen evidentes no son necesariamente indicio de un uso indebido del alcohol sino que es posible también que se deban a algún otro tipo de crisis por la que esté atravesando el joven. De cualquier modo, son todos ellos sugestivos de que aquella persona necesita ayuda por nuestra parte.

El Instituto Español de Investigación sobre Bebidas Alcohólicas (INESIBA),  propone los siguientes signos de alarma.

a) En cuanto al aspecto físico: cansancio; indiferencia como expresión de falta de energía; pasividad; señales físicas como ojeras, ojos enrojecidos, etc.
b) En cuanto al proceso de aprendizaje: dificultades en la concentración; irregularidad en la asistencia a clase; ritmo de estudio desigual con perturbación en el aprendizaje; pasividad para resolver problemas.
c) En cuanto al comportamiento: cambios bruscos de humor; postura de resignación y falta de participación; frecuente tendencia al consumismo; incapacidad para tomar decisiones; inhibición de culpas y responsabilidades; rehuir conflictos; sentimientos de debilidad compensados por una falsa apariencia de fuerza; rechazo de ofertas de ayuda; comportamiento agresivo; infracciones del reglamento escolar; estados depresivos.
d) En cuanto a la relación con los demás: escasas relaciones con los demás; inhibiciones en el trato con los del otro sexo; mal comportamiento con sus compañeros; cambio frecuente de relaciones; tensiones en las relaciones con los padres, educadores y superiores; falta de comunicación sobre las dificultades e inquietudes personales; comportamiento sistemático de oposición.

Una vez detectada la existencia del problema, bien por el propio individuo o por sus más próximos, ¿qué puede hacerse para iniciar su resolución?

En primer lugar, no negar la evidencia. La adicción al alcohol es una forma de enfermedad y al igual que cualquiera de éstas necesita primero reconocer su padecimiento y luego poner remedio por parte de quienes saben y pueden hacerlo.

El siguiente paso, por tanto, habrá de ser encaminar al joven con problema alcohólico hacia las personas e instituciones que mejor puedan ayudarle por tener más experiencia en el trato con casos similares. Existen en todas las Comunidades Centros de atención a jóvenes con adicción al alcohol; suelen depender de las respectivas Consejerías de Sanidad; garantizan una absoluta discreción en el tratamiento de cada caso y ofrecen numerosas y útiles vías de rehabilitación.

La familia podría y debería ser el lugar más idóneo para intentar la resolución de la mayoría de los casos. Quizá en ocasiones los padres necesiten del apoyo de algún gabinete de asistencia social o de psicología de los que ofrecen los ayuntamientos u otras entidades locales.
Es esencial separar al individuo del ambiente en que se desarrolle habitualmente su contacto con el alcohol: pandilla de amigos, club de cualquier tipo, etc. En esto hay que ser drástico. Si no se consigue esa separación todos los demás métodos de ayuda están de antemano condenados al fracaso porque la tendencia a seguir con las actividades del grupo entre las que se cuenta de forma primordial el consumo alcohólico será más fuerte que las sugerencias en su contra que puedan hacérsele en la familia o en el centro asistencial.

Todos los procedimientos dirigidos a ayudar al joven a apartarse del alcohol deben ir acompañados, por la misma razón aducida en el punto anterior, de una oferta de actividades sustitutorias de las que conllevan el consumo alcohólico. Actividades al aire libre, deportivas, culturales, sociales, de entretenimiento, que distraigan la atención del alcohol y hagan que la persona se sienta desinhibida y "realizada" sin necesidad de recurrir a la artificiosidad de una droga.
 
 

Bibliografía

- Los jóvenes y el alcohol. José Ignacio de Arana Amurrio. Madrid. Ediciones Palabra.
- Fichas sobre Alcohol y Alcoholismo. Madrid. Instituto de Salud Carlos III.
- La Comunidad Autónoma de Madrid, a través de la Dirección General de Prevención y Promoción de la Salud, dependiente de la Consejería de Salud, ha publicado las siguientes obras, todas ellas del máximo interés: La cultura del alcohol entre los jóvenes de la Comunidad de Madrid y Alcohol y salud. Informe sanitario dirigido a la comunidad escolar.
- El Instituto Español de Investigación sobre Bebidas Alcohólicas (INESIBA), con domicilio en c/ Comandante Zorita, 6, 1º, 28020 Madrid, ha publicado las siguientes obras, también de extraordinario interés para conocer el problema que nos ha ocupado: Niños y adolescentes ante el consumo de bebidas; Reglas de oro sobre el consumo de bebidas; La bebida humana; Consumo moderado de bebidas alcohólicas: salud y civilización. ¿Cómo se lo digo yo a mis alumnos? Adolescencia y bebidas.

 

 

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