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  Perspectivas biológicas, psicológicas y sociales de la jubilación

ancianospaseando.jpg (18587 bytes)Según expertos, en la jubilación entran en juego una serie de factores que se pueden agrupar en tres tipos: biológicos, psicológicos y sociales. Mientras que los biológicos dependen de la edad, los psicológicos están asociados a reacciones psíquicas derivadas de la nueva situación de la persona que entra en esta etapa, y  los factores sociales que, a menudo, frustan los deseos y expectativas del anciano. Para evitar el vacío que a muchos provoca la jubilación, dichos expertos recomiendan el interés por entretenimientos no profesionales, así como evitar un tránsito brusco entre una actividad plena y frenética la inactividad completa 

  ANTONIO MORENTE 

La jubilación es vista por la mayoría de los trabajadores poco menos que como la tierra prometida. El problema surge cuando el paraíso no resulta tan gozoso como se esperaba y uno no se acostumbra a él, cuando se echa de menos el trasiego diario de una actividad mantenida durante tantos y tantos años que ahora desaparece de forma brusca, dejando una sensación de vacío, de no saber qué hacer con el tiempo libre que antes tanto se echaba de menos.

Lo cierto es que no todo el mundo se toma la jubilación con el júbilo que indica el origen latino del término, antes al contrario, lo que indica que no todos están preparados para jubilarse, por muy contradictoria que pueda resultar la cuestión. Es decir, que jubilarse no supone el inicio de unas vacaciones indefinidas como muchos piensan cuando todavía ven lejos el momento, situación que lleva a hacerse la pregunta más habitual: y ahora, ¿qué? A esto se añade que el dejar de trabajar lleva a una toma de conciencia sobre el propio ser que no suele ser muy positiva al estar la jubilación inevitablemente asociada a la vejez con todo lo que ello implica, aunque va a ser cuestión de ir acostumbrándose porque en el año 2000 habrá, por primera vez en España, más ancianos que niños. A esto ayuda no sólo la baja natalidad sino también la importante prolongación de la vida, y es que a principios de siglo alcanzaba los 65 años el 26 por ciento de los nacidos, mientras que en 1990 lo hacía el 84 por ciento, situándose la esperanza de vida en 78 años para los hombres y en 84 para las mujeres.

Pero, la jubilación no hay que abordarla sólo desde el aspecto jurídico-laboral, sino que está ineludiblemente asociada a la fase de decadencia de la vida que se desarrolla entre los 45 y los 65 años, según señala la doctora María Castellano Arroyo, catedrática de Medicina Legal y Forense de la Facultad de Medicina de Granada. Esta edad madura da paso a la vejez entre los 65 y los 85 años, momento a partir del cual se entra en la senilidad o vejez completa. "La evolución psíquica del anciano tiene unas características propias, diferentes a las del niño o el adulto y adecuada al momento de su vida", unas modificaciones psíquicas que "en unos casos son ganancias y en otros pérdidas y se corresponden con compensaciones adaptativas".

A juicio de la doctora Castellano Arroyo, los factores que entran en juego son de tres tipos, biológicos, psicológicos y sociales. Los biológicos dependen de la edad, como déficits generales, neurológicos y cognitivos, mientras que los psicológicos "son reacciones psíquicas compensadoras de los déficits y ‘defensivas’ que pueden ser adecuadas y adaptativas, semiadaptativas y maladaptativas". Por último, "los factores sociales a menudo frustran los deseos y expectativas del anciano".

"La madurez de la vejez está en conseguir cierta autonomía para que el envejecimiento sea una experiencia positiva y plena de satisfacción", algo a lo que se puede ayudar con una adecuada preparación psicológica que empieza por la aceptación de la propia edad y los déficits que conlleva, que "suelen aparecer progresivamente y hay que irlos compensado adecuadamente". Aquí debe echar una mano el propio entorno social, que debe ser respetuoso y valorar las capacidades de la persona mayor que quedan indemnes, ayudando a mantener su autoestima e impidiendo que reaccione con actitudes maladaptadas.

Esta falta de adaptación, por cierto, es en muchas ocasiones por exceso, como "creerse con las mismas o más capacidades que en la juventud, lo cual lleva a realizar conductas con riesgo y a cometer excesos físicos, intentar dominar y organizar la vida a todos los que están a su alrededor, etc." Junto a esto también encontramos la maladaptación por defecto, ocasiones en las que se busca la atención a través de la compasión o la abierta manifestación de necesidad, soledad...

Para la doctora Castellano Arroyo, una de las cuestiones fundamentales es no equiparar vejez e inactividad, y es que no debe ser lo mismo no trabajar que estar inactivo, especialmente cuando "la auténtica necesidad de las personas es la actividad, no el trabajo en sí". De esta manera, una de las vías para evitar el vacío que a muchos provoca la jubilación es interesarse por actividades no profesionales, socialmente útiles, altruistas y que favorezcan el encuentro y la comunicación con el entorno. Asociado a esto, "sería adecuado impedir un tránsito brusco entre una actividad plena y frenética y la inactividad completa", lo que se consigue con una progresiva reducción de las ocupaciones, introduciendo, al mismo tiempo, actividades de ocio o dedicando más tiempo a las aficiones de cada cual.

En este sentido, Gaspar Muñoz Hernández, presidente de la Asociación de Médicos Jubilados de Granada, subraya que "nos queremos jubilar, pero no retirarnos", abogando por el asociacionismo como "algo muy útil y, en muchos de nosotros, necesario para superar la situación del jubilado". Esto abre la puerta al contacto con otras personas y a realizar actividades como pueden ser viajes, conferencias, exposiciones, conocer incluso la propia ciudad en la que se vive...

Muy unido al asociacionismo está el voluntariado, "que no es otra cosa que la acción a favor de los demás sin esperar por ello ninguna compensación", con lo que se consigue una doble función: se ayuda a los colectivos más desfavorecidos al tiempo que el voluntario se siente más realizado y, en el caso de los jubilados, más útil. Al margen, otra vía de escape es volcarse con una afición que mantenga a la persona activa y no enclaustrada en su casa.

Otra cuestión importante para Muñoz Hernández es combatir los estereotipos de la jubilación y de la persona mayor, que pueden convertirse en una loza psicológica para el que entra en esta fase de su vida. "No olvidemos que la edad no tiene la culpa de casi nada", recuerda, animando a luchar "ante la idea de que yo ya no soy el que era", impresión a la que se asocian creencias como que la vejez es una enfermedad, que una persona mayor pierde facultades intelectuales o que la sexualidad a cierta edad es una aberración, lo que se completa con "la imagen del anciano pobre, avaricioso y sin ningún tipo de interés por su propia imagen".

Lo cierto es que la jubilación en ocasiones es más dura de lo que pueda parecer a simple vista, sobre todo entre los profesionales sanitarios, que se han pasado la vida preocupándose de los demás y, con frecuencia, demasiado poco de ellos mismos. Esto puede llevar a profundas depresiones que podrían evitarse con una adecuada preparación que, en muchos países de Europa, se inicia con una jubilación a una edad más temprana, con lo que da más tiempo a hacerse a la idea y disfrutar de las ventajas de la nueva situación vital. En España, por el contrario, muchos trabajadores se jubilan demasiado tarde, de tal manera que ya no se adaptan a un cambio tan radical.

Al hilo de esto, habría que recordar que la jubilación reglamentaria en nuestro país es a los 65 años, aunque puede adelantarse a los 60 años ya sea por conveniencia personal o un pacto con la empresa, pero siempre y cuando se hayan cumplido al menos 30 años de servicios. Cuestión aparte es la jubilación por incapacidad, que puede ser parcial ­cuando hay una pérdida anatómica o funcional de una parte del cuerpo inferior al 33 por ciento y no esencial para el trabajo­; total (incapacidad para el trabajo habitual); absoluta ­para todo tipo de trabajo­ o gran invalidez, que es cuando se necesita la ayuda de otra persona.

Con esto nos adentramos en la vertiente jurídico-laboral de la jubilación y en sus repercusiones económicas, que podría tener su punto de partida en la definición legal, que hace Rafael Álvarez de Morales y Ruiz-Mata, asesor jurídico del Colegio Oficial de Médicos de Granada: "la prestación de carácter económico consistente en una pensión única, vitalicia e imprescriptible que se concede al beneficiario cuando a causa de la edad cesa en el trabajo, sea por cuenta ajena o propia". En última instancia, hay que tener en cuenta que los recursos económicos del pensionista son una prolongación de las rentas de trabajo ahorradas, y es que el jubilado lo que hace es ejercer su derecho a unas prestaciones y al reconocimiento que de ello hacen las entidades gestoras de la Seguridad Social, siempre y cuando concurran los requisitos exigibles.

¿Cuáles son, precisamente, esos requisitos? Para ello hay que tener en cuenta primero que hacemos referencia al Estatuto Jurídico del Personal Médico de la Seguridad Social, el Decreto 2312/66 más conocido como "estatuto médico", equivalente al Estatuto de los Trabajadores en esta parcela normativa. Esto significa que afecta al volumen más importante de trabajadores sanitarios, los funcionarios, pero que quedan fuera colectivos como los de médicos forenses, de diputaciones, prisiones, universidades y autónomos, entre otros.

Volviendo a los requisitos, Álvarez de Morales recuerda que pueden ser beneficiarios de la jubilación los trabajadores españoles por cuenta ajena que ejerzan su actividad en territorio nacional, los que lo hagan fuera del país en los supuestos establecidos (organismos internacionales) y los extranjeros con permiso de trabajo y residentes en España que realicen trabajos por cuenta ajena. Todo ello, además, siempre y cuando concurran las siguientes circunstancias: estar afiliado y en alta o asimilado al alta, tener cubierto un periodo mínimo de cotización, que se produzca el hecho causante y haber cumplido la edad mínima de jubilación.

jubili1.gif (1001 bytes)En relación precisamente con esta edad de jubilación, como norma general se establece en 65 años, "edad que en todo caso se exige para devengar la pensión de jubilación cuando no se está en alta en la Seguridad Social en el momento de producirse el hecho causante". Por lo que hace al personal estatutario, se distinguen dos posibilidades: la jubilación forzosa a los 70 años y la voluntaria, que puede solicitar el interesado cuando alcanza los 65 años, llamando la atención Álvarez de Morales sobre el hecho de que, conforme a lo que vienen marcando los tribunales superiores de justicia, "carecen de validez las previsiones sobre jubilación forzosa del personal  estatutario efectuadas en acuerdos colectivos".

Respecto a la cuantía máxima bruta de la pensión a la que da derecho la jubilación está fijada este año en 303.960 pesetas, aunque la cifra exacta depende de muchos factores. Uno de los más importantes es la cuestión del pluriempleo, casos en los que la base reguladora de las prestaciones se fija de acuerdo con la suma de las bases de cotización en las diversas empresas, aplicándose a continuación el tope máximo. A efectos de cálculo de dicha base reguladora sólo se computarán en su totalidad las bases por las que se haya cotizado a las diversas empresas, siempre y cuando se pueda acreditar el pluriempleo durante los diez años inmediatamente anteriores a la fecha del hecho causante.

Unido a esto, Álvarez del Moral subraya que la pluriactividad "puede dar lugar a duplicidad protectora por la misma contingencia si se reúnen los requisitos para ello". En caso contrario, aclara, se aplica el cómputo recíproco de cotizaciones, pero se excluye el de las superpuestas para incrementar la base reguladora.

Al margen de calcular la cuantía de su pensión, las otras grandes cuestiones que debe conocer el profesional que se jubila son las situaciones que pueden dar lugar a la incompatibilidad, la suspensión o la extinción de las retribuciones. En principio, la pensión de jubilación es vitalicia, lo que no quita para que pueda suspenderse el derecho a percibirla si el beneficiario lleva a cabo algún trabajo, ya sea por cuenta ajena o propia, ya que "es incompatible, además de con otras prestaciones de la Seguridad Social, con la realización de tales actividades cuando den lugar a la inclusión en algún régimen" de dicha institución.

El beneficiario, eso sí, puede trabajar, pero para que la pensión no le sea retirada debe comunicárselo a la Seguridad Social, que procederá a su paralización temporal. No obstante, hay que tener en cuenta que esto conlleva también la suspensión del derecho a la asistencia sanitaria y la obligación de volver a darse de alta, ya sea el trabajo por cuenta ajena o propia.

Las nuevas cotizaciones realizadas mientras la pensión está suspendida la mejorarán después, aumentando el porcentaje a aplicar a la base reguladora por los años cotizados, reduciéndose asimismo el coeficiente reductor de jubilación anticipada si se hubiera aplicado con anterioridad. Por su parte, la base reguladora permanece inalterable, no modificándose su cálculo con las nuevas cotizaciones.

Por el contrario, si el pensionista decide trabajar de manera remunerada sin anunciarlo oficialmente incurrirá en incompatibilidad, lo que está tipificado como infracción grave que puede dar lugar a la pérdida de la pensión durante tres meses, independientemente de tener que devolver las prestaciones percibidas indebidamente. La incompatibilidad, además, alcanza a la prestación de servicios en la Administración pública y al desempeño de altos cargos.

Cuestión diferente, subraya Álvarez del Moral, es cuando se recibe una pensión por incapacidad permanente absoluta, cuya percepción no impide el ejercicio de actividades, lucrativas o no, compatibles con el estado de inválido "siempre que no representen un cambio en su capacidad de trabajo a efectos de revisión". Es decir, que los inválidos absolutos pueden trabajar y deben cursar alta y cotizar a la Seguridad Social si sus funciones están incluidas dentro del sistema de la Seguridad Social, lo que podría dar lugar a la suspensión de la pensión por jubilación pero no a la de invalidez. La solicitud de alta y consiguiente cotización ante la Tesorería General no exime de la obligación de comunicar el inicio del trabajo retribuido, ya sea por cuenta ajena o propia, a la entidad gestora competente, que tiene la posibilidad de someter a revisión al beneficiario.

Esto supone, en definitiva, que es incompatible la percepción de pensiones en un mismo beneficiario del Régimen General dentro de un mismo régimen, "pero se admite la compatibilidad entre pensiones procedentes de distintos regímenes de la Seguridad Social". Para ello, el interesado tiene que haber estado válidamente afiliado a ellos y haber reunido los requisitos necesarios, a lo que se suma que no debe existir norma que lo prohíba expresamente.

Reseñar, por último, que las pensiones de jubilación tienen consideración de rendimientos de trabajo a efectos del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) y, por ello, están sujetas a dicho impuesto y a su retención a cuenta. Al margen, hay que tener en cuenta que la jubilación permite el acceso a unas determinadas prestaciones sociales, como turismo social, ayudas a domicilio, abono social telefónico y otras ayudas, de carácter excepcional, relacionadas con prótesis, ortopedias, aparatos auditivos y ópticos.

jubili1.gif (1001 bytes)La farragosa cuestión jurídico-legal pone punto final al análisis de la jubilación, una situación que todos insisten en ver como una continuación de la vida más que como una ruptura con lo anterior o la certificación de la decadencia. Así, desde luego, lo entendían ya autores clásicos como Cicerón, cuando afirmaba (‘De Senectute, 17’) que "las cosas verdaderamente importantes no se realizan con fuerza, velocidad y adoración de los movimientos del cuerpo, sino con reflexión, autoridad y juicio, y de estas cualidades no suele carecer la vejez sino que las aumenta". Por su parte, Séneca, en su ‘Carta XII a Lucio’, se refiere a la vejez diciendo "acojámosla con un abrazo y amémosla con serenidad, pues está llena de deleite, si sabemos usarla. Sabrosísimas son las últimas frutas". Cuestión es, por tanto, de saber aprovecharlas.

La vejez, mejor en la mujer que en el hombre
La incorporación de la mujer al mercado laboral de una manera efectiva y real se ha producido recientemente, lo que se traduce en que al hablar ahora de jubilación se haga mayoritariamente del hombre. La mujer, por el contrario, ha trabajado en el hogar, un entorno en el que el cambio más importante para ella se produce cuando finaliza la crianza de los hijos y éstos dejan el hogar familiar, un ‘síndrome del nido vacío’ que, según la doctora María Castellano Arroyo, catedrática de Medicina Legal y Forense de la Facultad de Medicina de Granada, "puede descompensar psicológicamente a la mujer". Dicha posibilidad se incrementa si esta situación coincide con el climaterio, "sumándose factores orgánicos a los meramente psicológicos de pérdida afectiva y de dejar de ser útil y necesaria".

De esta manera, la edad de jubilación tiene muy pocas consecuencias para la mujer que no trabaja fuera de su casa, "y tampoco suelen ser importantes en el caso de trabajo profesional", sobre todo porque suele disfrutar de otras actividades que ha ido sacrificando por los requerimientos laborales. Al margen, al fallecimiento del cónyuge también se adapta mejor la mujer, "tanto por su autosuficiencia a nivel doméstico, como por la más fácil integración social y familiar", algo a lo que ayuda mucho la existencia de nietos y la posibilidad de ayudar en su cuidado a los hijos.

Por su parte, el hombre no suele acusar de una manera tan evidente la marcha de los hijos, pero sí es bastante más sensible a la jubilación, "sobre todo cuando no se ha preparado para ella". Esto hace que poco menos se abra un abismo a sus pies, ya que de un día para otro se encuentra sin lugar al que acudir y sin nada que hacer.

"Este momento supone un riesgo importante para el hombre de aislamiento", advierte la doctora Castellano Arroyo, sobre todo porque la mujer a esa edad ya ha reorganizado su vida, ya sea gracias a los hijos, las amigas o incluso las organizaciones sociales o de caridad. Por el contrario, podría definirse como "una reacción bienadaptada" a la jubilación el acercamiento entre los miembros de la pareja.

Asimismo, el hombre lleva peor el fallecimiento de su cónyuge, especialmente si éste se produce a cierta edad, momento a partir del cual pueden darse dos extremos: un rápido segundo matrimonio con una mujer de marcada juventud ("sobre todo si se trata de un hombre cultivado y de cierto prestigio social") o, en el otro lado de la balanza, "un claro aislamiento y abandono que conduce al viudo a un acelerado deterioro".

La cuestión de la jubilación de la mujer merece mención especial, y es que cada vez hay más profesionales, lo que implica que en el futuro se equilibrarán mucho los números de jubiladas y jubilados. En este sentido, el vocal de Médicos Jubilados del Consejo Andaluz de Colegios Médicos, Francisco Paredes Pacheco, calcula que los alumnos matriculados en las Facultades de Medicina suelen ser mayoritariamente mujeres (65 por ciento), lo que se evidencia también en la evolución de la colegiación, para lo que esgrime los datos del Colegio de Médicos de Granada: si en 1990 el 24,71 por ciento eran mujeres, en 1998 la cifra había crecido al 33,31por ciento, es decir, un tercio del total.

También en Granada, y en 1999, sólo había nueve jubiladas frente a los 283 hombres que habían ejercido como médicos, unas proporciones que van a ir cambiando sensiblemente hasta que llegue el momento en que haya más mujeres. En este sentido, ayudará mucho el que la mujer mantiene una esperanza de vida superior a la del hombre.

Efectos de la desaparición de PSN en el médico jubilado
Una de las cuestiones que más ha afectado en los últimos años a la profesión es la desaparición de Previsión Sanitaria Nacional (PSN) como mutualidad de carácter obligatorio sustitutiva de la Seguridad Social, algo que en la actualidad sólo se mantiene en Cataluña y Baleares. Esto, merced a la Ley de Supervisión del Seguro Privado de 1995, implica que el médico que trabaje por cuenta propia debe darse de alta en el Régimen Especial de Autónomos de la Seguridad Social, siempre y cuando hayan iniciado esta actividad después del 5 de noviembre de 1995.

El problema, explica el vocal de Médicos Jubilados del Consejo Andaluz de Colegios Médicos, Francisco Paredes Pacheco, llega con la toma de posesión del actual consejo de administración de la PSN, que "nos ha despojado de nuestra condición de mutualistas, algo para lo que se alega que "la condición de socio o mutualista será inseparable de la de tomador de seguro o asegurado". Esta interpretación de los estatutos no es ni mucho menos compartida, ya que a su juicio "se percibe el ánimo de eliminar a los ‘peligrosos’ jubilados incluyéndolos con las clases pasivas".

Al actuar de esta manera, Paredes Pacheco considera que PSN "se olvida de nuestro derecho de asegurado a recibir nuestra pensión, que es ridícula, pero al fin y al cabo pensión". Asimismo, "se olvida de nuestro derecho a recibir en su momento nuestro capital asegurado, independientemente de la edad de jubilación, y se olvida finalmente de nuestros derechos a tutelar nuestros seguros con nuestra condición de mutualista".

Al margen, considera que los argumentos legales esgrimidos por PSN afectan al que quiere alcanzar la condición de mutualista, "deseo éste que no es el caso del jubilado, que ya es de pleno derecho mutualista". Por ello, cree que este colectivo no debe ser incluido con las clases pasivas, "cuya problemática nada tiene que ver con que los jubilados podamos seguir velando por nuestras pensiones y nuestros capitales asegurados".

El seguro combinado, por cierto, cubre a la mayoría de los jubilados con una pensión, vitalicia y sin cláusula de revisión, de 12.000 pesetas mensuales. En este sentido, la PSN señala que, para doblar esta cantidad, "haría falta un capital de 48.000 millones de pesetas, amén de que al Régimen AMF-AT se le adeudan unos 2.000 millones de pesetas". Precisamente, "aún se desconoce quién las ha de abonar", y eso que la propia Administración se dio, de acuerdo con la Ley 50/1998, un plazo de seis meses para determinar quién es el sujeto responsable.

jubili1.gif (1001 bytes)Otra cuestión diferente es la discriminación a la que da lugar la referida Ley de Supervisión del Seguro Privado, y es que, como explica Rafael Álvarez de Morales y Ruiz-Mata, asesor jurídico del Colegio Oficial de Médicos de Granada, "el médico que tras su jubilación por edad quiera abrir consulta privada no va a poder hacerlo si por la fecha de su inicio de actividad privada está obligado a causar alta" en el Régimen Especial de Autónomos. Por el contrario, al médico al que no le afecte dicha norma "va a jubilarse por edad, cobrará su pensión y va a poder seguir con la actividad privada al no estar obligado a cotizar a régimen alguno de los de la Seguridad Social, y más concretamente al de Autónomos", una situación que define como "poco equitativa cuanto menos".

El jubilado en la OMC
Mientras la elaboración de los nuevos estatutos de la Organización Médico Colegial (OMC) sigue trayendo cola, el colectivo de médicos jubilados reclama con insistencia la necesidad de que la nueva redacción le haga el hueco que, formalmente, no tiene ahora. El vocal de Médicos Jubilados del Consejo Andaluz de Colegios Médicos, Francisco Paredes Pacheco, apunta en este sentido que el error a subsanar está en el artículo 11,1, que exige que para ser elegible en cualquier cargo es necesario hallarse en ejercicio de la profesión.

Esto, a su entender, supone un "evidente olvido del médico jubilado, al que las leyes en vigor le impiden, hoy por hoy, el trabajo remunerado". El problema es que la petición del colectivo está quedando un poco minimizada al girar básicamente el debate sobre la cuestión del voto ponderado.

 

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