numero.gif (1368 bytes) 
numero.gif (1368 bytes) 
 
 
 

informe.jpg (4516 bytes) 

 

Los problemas del lenguaje técnico en la literatura médica actual 

EL LENGUAJE MÉDICO SE ENFRENTA A UNA SERIE DE PROBLEMAS COMO LA INCORPORACIÓN CONSTANTE DE NEOLOGISMOS Y EL DE LA TRADUCCIÓN O ADAPTACIÓN DE TÉRMINOS PROCEDENTES DE OTRAS LENGUAS. EL OBJETIVO DE ESTE TRABAJO ES, POR UN LADO ANALIZAR EL ESTADO DE LA CUESTIÓN SOBRE ALGUNOS DE ESTOS PROBLEMAS DEL LENGUAJE MÉDICO Y, POR OTRO, LA PROPUESTA DE ALGUNAS MEDIDAS CAPACES DE FRENAR EL DETERIORO DE ESTA IMPRESCINDIBLE VÍA DE COMUNICACIÓN  

Alberto Amador Iscla, Dirección General de Salud Pública. Conselleria de Sanitat. Generalitat Valenciana. y Rafael Aleixandre Benavent, Instituto de Estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia (Universitat de València-CSIC). 

 

Tradicionalmente, la corrección del lenguaje médico ha sido uno de los parámetros para medir la calidad de los textos científicos. Sin embargo, la hegemonía del inglés en el lenguaje científico está plagando el lenguaje médico español de incorrecciones que hacen peligrar el objetivo primordial de toda comunicación científica: la comprensión del mensaje. A pesar de que algunos autores opinan desde posturas acríticas que lo importante es que se entienda lo que se quiere decir y que no vale la pena perder tiempo cuidando la forma, se extiende la idea de que es esencial cuidar el lenguaje y de que ambas cualidades, calidad científica y corrección formal, están íntimamente ligadas. Así lo demuestra el hecho de que algunas revistas  mantengan una línea editorial activa en defensa de la precisión terminológica y la corrección lingüística, a través de editoriales, artículos especiales y cartas al director, o que otras hayan introducido secciones especiales que se ocupan de este problema. El objetivo de este trabajo es analizar el estado de la cuestión sobre los problemas que presenta el lenguaje médico, a partir del análisis de los artículos publicados en revistas médicas españolas en los últimos cuatro años, proporcionar una bibliografía exhaustiva y apuntar algunas soluciones. 

Método 
Se han analizado los artículos sobre lenguaje y terminología médica incluidos en Documentación Médica Española durante el período 1994-1997. La amplia cobertura del repertorio (en 1997 se incluyeron artículos procedentes de 211 revistas, frente a las a 138 del Índice Médico Español y las 32 de MEDLINE) y el método de identificación y selección empleado en su elaboración, en el que los analistas revisan los títulos, resúmenes y, si es necesario, el texto de los artículos, garantizan la exhaustividad de la bibliografía obtenida. Además, se incluyen todos los tipos documentales posibles, a menudo excluidos en otras fuentes, como editoriales, cartas al director, artículos de secciones especiales y notas, vehículos utilizados habitualmente en trabajos de esta naturaleza. No obstante, para asegurar una exhaustividad absoluta se consultaron también las bases de datos IME y MEDLINE. 

Resultados 
Entre 1994 y 1997 se publicaron 84 artículos sobre lenguaje médico. El 50% se publicaron como artículos especiales y el 37% como cartas al director. 
Las revistas más prolíficas durante los años considerados han sido Medicina Clínica, Actas Dermosifiliográficas y Ciencia Pharmaceutica y Farmacia Clínica, por ese orden si consideramos el número de páginas dedicadas al tema 

 

Tabla 1.Distribución de los artículos sobre lenguaje médico publicados en revistas españolas (1994-1997). 

 

Años

   
Revista 1994 1995 1996 1997 Total Nºpaginas
Actas Dermosifiliográficas 1 2 8 1 12 45
Actas Urológicas  Españolas 1 - 1 - 2 4
Anales de  Medicina Interna 1 - - - 1 2
Archivos de Odontoestomatología 2 - - - 2 13
Archivos de Pediatría - 1 - - 1 1
Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología - - 1 1 2 3
Atención Primaria - 2 - 2 4 9
Ciencia Pharmaceutica 6 7 4 3 20 31
Cirugía Pediátrica - 1 - - 1 2
Dolor - - 2 - 2 3
Emergencias - - 1 - 1 1
Farmacia Clínica - 1 2 - 3 18
Farmacia Hospitalaria - 1 - - 1 2
Gaceta Sanitaria - 1 - - 1 2
Geriatrika 2 - - - 2 2
Medicina Clínica 1 4 7 7 19 65
Microbiología - - 1 - 1 1
Oncología - - 1 - 1 4
Papeles Médicos - 1 - 1 2 11
Piel - 1 -   1 1
Rehabilitación 1 - - - 1 8
Revista Española de Reumatología - - - 1 1 11
Revista Española de las Enfermedades Digestivas - - - 1 1 1
Revista de Neurología - - - 2 2 6
Revista de Senología y Patología Mamaria - - 1 - 1 2
Totales 15 22 29 19 85 248

 

Los problemas más tratados en este conjunto de 85 artículos publicado entre 1994 y 1997 han sido, en primer lugar,  el uso de anglicismos, tanto terminológicos como sintácticos, y las dificultades de traducción entre inglés y español, al que están dedicados una tercera parte de los trabajos y, en segundo lugar, el mal uso de las abreviaciones, del que se ocupan el 13% de los artículos. Otros cuestiones repetidamente tratadas son: problemas de género gramatical, deshumanización, abuso de la voz pasiva, empleo de topónimos, corrección de estilo y abuso del gerundio. 

Abreviaciones (abreviaturas, acrónimos, siglas y símbolos) 
Pérez Peña  (1) afirma que, durante los últimos años, coincidiendo con la devaluación social y económica de la profesión médica, se ha producido un progresivo y alarmante deterioro del lenguaje médico. Señala los numerosos problemas que se encuentran los médicos con los diagnósticos de las historias clínicas de sus compañeros, debido al uso exagerado de siglas, de las que aporta numerosos ejemplos. Lamenta que se prefiera la "sopa de letras" a la belleza de la terminología española de raíz grecolatina. Como causas señala las siguientes: su importación del inglés a través de la bibliografía; la deficiente formación actual de los alumnos, quienes han convertido la toma de apuntes en régimen de cooperativa, y la devaluación de las lenguas clásicas en las instituciones educativas. Como posibles soluciones propone que la Administración, Facultades de lenguajetx1.gif (8330 bytes)Medicina, Colegios de médicos, Reales Academias y Sociedades Científicas regulen la utilización de abreviaturas y siglas en pruebas de evaluación, informes médicos y artículos científicos, y llega a proponer su prohibición. 

También Carré Llopis (2) señala que son un instrumento impreciso y que la mayor parte de ellas no están amparadas por los Comités de Normalización, sino sujetas al capricho del creador. Su abuso puede llevar a graves problemas de comprensión de un texto. 

Baños y Guardiola (3) presentan las definiciones del DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) sobre abreviatura, sigla y acrónimo. Entre los problemas que conlleva el abuso de estas abreviaciones cita la imprecisión, su falta de normalización (pues normalmente se construyen según el capricho de su autor), y el hecho de que pueden tener varios significados (por ejemplo, la abreviación "A" y la "a" tienen siete significados cada una,  la "AA" tiene seis, la "AAA" tiene tres y la "E" tiene diecisiete). Presenta, también, las principales reglas que las rigen: no se puntúan, no se separan por espacios, no tienen plural, deben descifrarse la primera vez que se utilizan en un texto, pueden sustantivarse y su género es el de la primera palabra que la componen. 

Aleixandre y colaboradores  (4) observan que son especialmente abundantes en el lenguaje de las historias clínicas y en el de los volantes de interconsulta entre médicos (de los que presentan una tabla con numerosos ejemplos), y que su empleo puede producir confusión, ya que pueden tener más de un significado. El abuso de acrónimos puede volver ininteligible un texto.  

Extranjerismos y problemas de traducción 
En el contexto de los extranjerismos, Díaz Rojo (5), propone una serie de criterios para su aceptación. En primer lugar recuerda que la norma ISO R/860 recomienda los préstamos formados por cultismos (del latín o del griego). En su opinión, podrían admitirse los autorizados por obras lexicográficas o terminológicas. No obstante, el hecho de que un término haya sido admitido no implica necesariamente que sea de uso correcto como, por ejemplo, "colesterina" y "chequearse". Por el contrario, otros de uso correcto y general no están admitidos en el Diccionario de la Lengua, como "bilirrubina" e "hiperglucemia". En el caso de términos de fijación vacilante, es preferible la variante que mejor se adapte al sistema de la lengua receptora. Por ejemplo, entre "diskette" y "disquet" (la última edición del DRAE recoge "disquete"), o entre "complianza" y "compliancia", preferiremos las segundas formas. Deberán admitirse los préstamos que presentan serie derivativa, como "estrés", "estresar" y "estresado", aunque existen casos en que se cumple esta condición pero el préstamo es innecesario, como "randomizar", "randomización" y "randomizado". Rechazaremos los extranjerismos para los que la lengua receptora ya posee una palabra propia; así, no diremos "nodal", sino "ganglionar". En ocasiones, el extranjerismo adquiere un significado nuevo o matiz diferente de la palabra castellana. En este caso se mantendrán las dos formas, como "inhalar" y "esnifar". A veces el extranjerismo se utiliza para mostrar un deseo de distinción social, afán de notoriedad, estar a la moda o por puro eufemismo. Se rechazarán los extranjerismos que presenten dificultad de integración gráfica, fonética o morfológica, como brainstorming, o tormenta de ideas. 

También Aleixandre y colaboradores (1995) exponen numerosos ejemplos de anglicismos, analizan sus causas y explican las ventajas de utilizar términos autóctonos. 
Navarro  (6,9) ha publicado varios artículos con el título de "palabras y expresiones de traducción engañosa" o falsos amigos, que se producen al traducir palabras que tienen una apariencia similar en otros idiomas y en castellano, pero cuyo su significado es diferente. Como consecuencia, unas veces el texto queda sin sentido y, otras, el lector cree haber entendido un concepto, cuando el autor expresó algo totalmente diferente. En la revista Medicina Clínica se han publicado varias listas de estos falsos amigos en inglés, francés y alemán, así como en la Revista Española de Reumatología y en Actas Dermosifiliográficas.  Algunos ejemplos habituales de palabras inglesas de traducción engañosa son: dramatic por "dramático", cuando se refiere a "impresionante, espectacular o considerable"; bulla por "bulla", cuando se refiere a "ampolla" o "vesícula"; pathology por "patología", cuando se refiere a la anatomía patológica; protrusion por "protrusión" en lugar de "protuberancia" o "saliente"; actual por "actual", cuando significa "real".  En otro contexto, defiende la castellanización de los términos geográficos ingleses, y que es obligado utilizar el nombre castellano de las ciudades en las referencias bibliográficas. Por lo tanto, es erróneo escribir London, USA, Geneva, Texas, The Hague, Hawaii, etc. 

El mismo autor (10), respecto del francés, tras una introducción sobre la influencia de este idioma en la lengua castellana, presenta una lista de 300 palabras, entre las cuales predominan las terminadas en el sufijo -aje, aunque algunas se encuentran ya plenamente incorporadas al lenguaje. Algunos ejemplos habituales de palabras francesas de traducción engañosa son: bizarre, que debe traducirse por "extraño" o "raro", y no por "bizarro"; constipé por "estreñido", y no por "constipado"; clampage por "pinzamiento", en lugar del galicismo lenguajetx2.gif (4830 bytes)"clampaje"; despistage por "cribado", en lugar de "despistaje"; glande por "glándula", y no por "glande"; oreille, que significa "oído" además de "oreja"; tirage por "tiraje", en lugar de por "depresión respiratoria". 
 
Por último, respecto al alemán, tras una introducción histórica sobre la influencia del alemán en el español, observa Navarro  (11) que las interferencias de este idioma son menos frecuentes que las del inglés y francés debido a la lejanía geográfica, al escaso número de traducciones procedentes de este idioma y a que los traductores suelen tener una formación lingüística más sólida. Algunos ejemplos habituales de palabras alemanas de traducción engañosa son: ambulanz, que no es "ambulancia", sino "ambulatorio"; hypertonie, que no se traduce por "hipertonía", sino por "hipertensión arterial" y sodomie debe traducirse por "bestialismo" o "zoofilia", y no por "sodomía". 

En otro trabajo, Navarro (8) ha valorado la corrección de los títulos traducidos al inglés y ha tratado de determinar en qué grado las incorrecciones pueden ser atribuibles a la influencia del idioma original. Tras analizar los distintos tipos de errores, encuentra que el 77 por ciento de los títulos presentaban algún tipo de error. 
 
Una serie de autores dedican breves comentarios a este tipo de problemas de traducción de palabras concretas, como Suñé Arbussà  (12) (respecto a la palabra "rango" y "estándar"), Abreu Galán (13) (respecto a booster y drug) y Muñoz (14) (respecto a drug y severe), Olivé  (15, 16) y Varona (17). Por su parte, Cano (18), en una sección de la Revista de Neurología titulada "El asedio de la lengua", expone la mala traducción de numerosas palabras inglesas. En la misma sección, Segura   (19) indica que para ser buen traductor se necesita conocer el campo que se traduce. De lo contrario el lenguaje se plaga de extranjerismos y falsos amigos. Presenta una tabla con errores de traducción. Aprovecha el contexto para exponer algunas diferencias entre el español americano y el de España. Por ejemplo, "computadora" y "fluoroscopia", que en nuestro país reciben el nombre de "ordenador" y "radioscopia", respectivamente. Entre los defectos más llamativos, cita tanto el abuso como la no utilización del gerundio, la personalización de verbos irregulares, el abuso de la voz pasiva y el "que" galicado 

Miguel García (20), a propósito del auge que está teniendo el concepto de "evidencia científica" y la "Medicina basada en la evidencia" presenta la definición de "evidencia" como la "certeza clara y manifiesta y tan perceptible de una cosa que nadie puede racionalmente dudar de ella". En su opinión, el adjetivo "científica" se utiliza para reforzar esta evidencia pero la contradice, pues lo científico nunca será, por definición, evidente. En este contexto, Manteca González (21) indica que de nuevo se ha producido una traducción engañosa o falsos amigos del término inglés evidence, ya que evidence significa "prueba, hallazgo", y tiene un matiz objetivo, mientras que la traducción que de este término se ha hecho al español tiene un matiz subjetivo y significa algo que no precisa demostración, desde el punto de vista de quien habla. Propone que sería mejor utilizar "medicina basada en pruebas, demostraciones o experiencias". 

Cuestiones gramaticales 
Navarro (22), en un artículo sobre palabras de género gramatical dudoso, a propósito del género de "acné", que es femenino, explica la distinción entre género y sexo. El género es gramatical y se aplica a las palabras, mientras que el sexo se aplica a los seres vivos. En el género de los nombres de persona pueden darse sustantivos con doble forma ("el médico" y "la médica"), y sustantivos con forma única y género común (como "el microscopista" y "la microscopista"). Los primeros suelen acabar en "o", o en consonante precedida de "o", como "ginecólogo" y "ginecóloga". Las palabras con género común suelen terminar en "a", en "e" o en consonante precedida de una vocal que no sea "o", o acabados en -ista, como "el paciente" y "la paciente", "el anatomista" y "la anatomista". Sin embargo, en este último caso, se producen algunos problemas porque el DRAE sigue considerando masculinas muchas palabras que son comunes (como "analista" y "oyente"), y porque existe la tendencia a convertirlos en palabras de doble forma (como "el juez" y "la jueza", "el paciente" y "la pacienta", "el asistente a un congreso" y "la asistenta a un congreso"), lo que resulta incorrecto. 
 
Se producen algunos problemas de género con los sustantivos de cosas: 
1. La mayoría de los terminados en -ma son masculinos ("carcinoma", "edema"), pero esto no siempre se cumple, como en "enzima", "reuma" y "asma". 
2. Los que incorporan el sufijo -derma deben ser femeninos y no masculinos: "la eritrodermia" y no el "eritrodermia". 
3. Las siglas tienen el género de la primera palabra: "la EPOC" ("la enfermedad…"). 
4. No hay que confundir las de género ambiguo con las que tienen la misma forma pero con distinto significado, como "el editorial" y "la editorial"; "el cólera" y "la cólera"; "el coma" y "la coma". 
5. Los sustantivos femeninos que comienzan con "a" o "ha" tónica, el artículo singular adopta la forma "el" o "un": "el afta", "un asa". Si no es tónica, no se aplica la regla anterior: "el afta", pero, "la acné". Si se antepone alguna partícula, el artículo adopta la forma original: "el afta", pero "una antigua afta". El cambio no afecta a los adjetivos "este", "ese", "aquel", "ningún" y "algún", ni al artículo plural. 

Suñé Arbussà (23), sobre el uso tan extendido de la utilización de mayúsculas entre los médicos, apunta que se aceptan con mayúscula inicial las palabras a las que se quiere resaltar en el texto o personalizar. Por ejemplo, al referirse a un Servicio o a un Hospital en concreto. Se acepta también cuando la denominación la forman dos o más palabras y una de ellas es nombre propio, como, por ejemplo, Laboratorios Pfizer. Indica que uno de los mayores corruptores del uso de mayúsculas es el BOE, y que no deben escribirse en mayúsculas los nombres de los meses y los de los productos químicos. 
 
Suñé Arbussà  (24,29) también se ocupa de cuestiones gramaticales en su sección "Mejoremos la escritura científica", entre ellas, las siguientes: el uso incorrecto de "deber de" en lugar de "haber de" o "tener que"; el uso del pronombre "nos ", que se utiliza frecuentemente sin necesidad, como en "este caso nos demuestra…", ya que el carácter general a que se refiere permite suprimir el "nos"; los errores en los signos de puntuación, como, por ejemplo, poner signos de puntuación delante de paréntesis; los demostrativos "aquel", "este" y "ese", que solo se acentúan cuando existe riesgo de anfibología; la tercera persona del singular del presente de indicativo de "prever", que lleva una sola "e" y, por último, los errores en la utilización de la abreviatura "etc." y de los puntos suspensivos. 

Aleixandre y colaboradores (30) tratan ampliamente los problemas de los pleonasmos, solecismos y sinécdoques, así como los errores de acentuación  y presentan una tabla con términos que admiten doble acentuación.  

Aspectos terminológicos 
Algunos autores ofrecen listados terminológicos y glosarios de términos cuya consulta puede resultar útil. Rofes Moliner y Bover Salvadó (31) explican las funciones del Centre de Terminologia TERMCAT, cuya finalidad es coordinar las actividades terminológicas relativas a la lengua catalana. Entre sus funciones destacan la normalización terminológica, con dos objetivos: asegurar la designación unívoca de los diferentes conceptos utilizados en cada área de conocimiento, y preservar la lengua de neologismos que no se han formado aprovechando correctamente los recursos de la propia lengua. Por su parte, López Briz  (32) expone la necesidad de que la denominación para los medicamentos se corresponda con la denominación oficial u otras denominaciones normalizadas. Suñé Arbussà (33)y Lázarra Ochaita (34)  presentan glosarios de términos sobre trasplantes  y dermatología, respectivamente. 

De la formación de adjetivos médicos se ocupa Tapia Granados (35,36) que indica que el adjetivo más lógico para referirse a "perteneciente o relativo al sida" es "sídico", ya que el sufijo -ico es el más habitual en la formación de términos cultos. Opina que "sidoso" tiene connotaciones peyorativas y  que "sidal" no es eufónico y no es frecuente en castellano como sufijo de términos técnicos. En el mismo contexto, Navarro (37) polemiza con el autor anterior y plantea que además de los sufijos -oso, -al e -ico ("sidoso", "sidal" y "sídico"), existen otros muy utilizados, como -ario ("embrionario"), -ar ("alveolar"), -eo ("cutáneo") y -ano ("bacteriano"). Defiende la postura de que "sídico" es lo perteneciente o relativo al sida, mientras que "sidoso" se refiere al paciente afectado por sida. 
 
Sobre la etimología de los términos médicos, Navarro (38), a propósito de la oportunidad de utilizar el término "lepra indeterminada", presenta un recorrido cronológico de los diversos idiomas de la medicina a través de la historia. En la Edad Media y hasta el siglo XIX, el lenguaje utilizado por los médicos era el latín. A partir de siglo XIX empezaron a utilizarse las lenguas vulgares derivadas de éste. Esto ha motivado que el lenguaje médico tenga numerosos vocablos de origen griego, latino, de las lenguas prerromanas, del árabe e incluso de las lenguas amerindias, así como galicismos, anglicismos, germanismos, términos del italiano, holandés, portugués, idiomas africanos y asiáticos. Por el contrario, el español no ha proporcionado muchos vocablos al lenguaje médico internacional. 

 

Tabla 2. Lenguas de origen de algunos términos médicos. 

Lenguas de origen Vocablos actuales 
Griego acné, afta, carcinoma, dermatología, eritema, herpes, lepra, síndrome 
Latín absceso, célula, erupción, forúnculo, nevo, piel, tiña, uña, verruga, virus 
Lenguas prerromanas izquierda, pestaña, sabañón
Árabe álcali, alcohol, elixir, jarabe 
Lenguas amerindias cacao, cobaya, cumarina, guanina, ipecacuana
Galicismos bocio, chancro, masaje, pipeta, tisular, viable
Anglicismos bypass, flutter, láser, escáner, shock 
Alemán cinc, éster, mastocito, vaselina
Italiano belladona, influenza, malaria, pelagra, petequia 
Holandés droga, escorbuto, esprue 
Portugués albinismo, fetichismo, sarpullido 
Idiomas africanos kwashiorkor, mosca tse-tse, uabaína
Idiomas asiáticos agar, beriberi, bezoar, kala-azar, tabú, tatuaje, té 

                 

El problema de la deshumanización del lenguaje médico ha sido tratado por Motlis (39), quien advierte que la expresión "enfermo terminal" va contra la ética médica, cuya finalidad es alentar, dar esperanzas a los enfermos. Además, el personal sanitario puede disminuir el interés para atenderlos. 

Por su parte, Aleixandre y colaboradores  (30) ponen algunos ejemplos de este tipo de expresiones, como citar a los pacientes (personas bajo tratamiento médico) como "casos", a las personas que padecen hipertensión como "hipertensos" y la expresión "manejar" a los pacientes (una mala traducción del término inglés management). 

Sánchez Jus  (41) y Navarro (42)establecen un debate en torno a la conveniencia o no de utilizar topónimos traducidos. La traducción deberá llevarse a cabo cuando: a) el nombre original no está escrito en caracteres latinos; b) aquellos que ya tienen una forma consagrada históricamente. Como ventajas de la traducción, Navarro indica que facilita la formación de gentilicios. Por ejemplo, de Austria es fácil formar austríaco, pero de Österreich resulta difícil. Por otra parte se plantea el problema de que el castellano no es la única lengua en la que se puede expresar el nombre de una ciudad (¿Alicante o Alacant?). 

Abad García y Aleixandre (43) realizan una selección y clasificación de los MeSH (Medical Subject Headings) utilizados por la National Library of Medicine para indizar los artículos sobre documentación clínica hospitalaria, así como la traducción al castellano, tanto de los términos como de la definición que aporta el MeSH. 
 
Navarro, en dos artículos publicados en la revista Actas Dermosifiliográficas (44,45) realiza una curiosa revisión y análisis de los términos médicos derivados de la mitología, de la que se ofrece un resumen en la tabla 3. 

 

Tabla 3.   Algunos términos médicos derivados de personajes mitológicos. 

Personaje mitológico Ejemplos de términos derivados
Afrodita afrodisíacos, antiafrodisíacos, anafrodita (frigidez)
Eco (repetición) ecografía, ecomatismo, ecomimia, etc.
Eos eosina, eosinofilia, eosinófilo, etc.
Eros erotismo, erótico, erógeno, etc. 
Helios gas helio, helioterapia
Hermes + Afrodita hermafroditismo 
Mercurio mercurio (en termómetros y esfigmomanómetros) 
Narciso narcisismo 
Ninfas ninfas (labios menores), ninfomanía, etc.
Pigmalion pigmalionismo 
Priapo priapismo 
Venus venéreo, enfermedades venéreas, contagio venéreo, etc., y collar de Venus, monte de Venus 
Vulcano collar de Vulcano

        

Otros aspectos tratados 
Luttikhuizen  (46), en un artículo publicado en inglés informa de que existen pocas instituciones europeas que ofrezcan cursos superiores en escritura técnica y rechaza la actitud de quienes piensan que si los científicos se ven obligados a escribir, entonces serían escritores y no científicos, lo que no es más que una excusa. Entre los defectos más frecuentes cita la falta de claridad, el abuso de la voz pasiva y la redundancia. 

Con respecto a la corrección de estilo, Navarro  (47) recuerda que las correcciones de estilo deben enviarse al autor, como responsable último de cuanto se publique con su nombre, para que acepte o rechace las modificaciones introducidas. Se trata de una responsabilidad ética de los correctores respecto al autor, ya que es un derecho de todo autor que su obra se reproduzca tal como la concibió. Para Vergeles (48), los correctores de estilo de Medicina Clínica mantienen una actitud impositiva respecto al uso de algunos adjetivos. Por ejemplo, el adjetivo inglés mild puede traducirse correctamente por apacible, blando, suave, leve, ligero y moderado. La ausencia de unos criterios unificados explica que se utilicen diferentes vocablos. Respecto a la conveniencia de utilizar la expresión "hipertensión leve" o "hipertensión ligera", señala que, según el DRAE, no existen diferencias sustanciales entre estos dos adjetivos. Duque Amusco (49), a propósito de la necesidad de la corrección de estilo, afirma que frecuentemente pensamos que lo importante en la comunicación es lo que queremos decir, sin que nos preocupe la forma de decirlo, y que la retórica y la falta de claridad y sencillez no confieren más altura a nuestro discurso. Presenta ejemplos de palabras y expresiones incorrectas ("estadío" por "estadio", "hospital referencial" por "hospital de referencia", "enfermos refractarios" por "enfermos resistentes", "disconfort", "adherencia al tratamiento", "entrenamiento asertivo") y pleonasmos (como "la radioterapia en el tratamiento…"). 

Artículos que tratan problemas en general 
Aleixandre y colaboradores  (30) realizan una revisión en dos entregas de los principales vicios del lenguaje médico: extranjerismos (donde analizan sus causas y explican las ventajas de utilizar términos autóctonos), abuso de abreviaturas y acrónimos (con los problemas de confusión y falta de entendimiento que conlleva su uso), pleonasmos, solecismos y otros aspectos, como el lenguaje político y sexista, la deshumanización, entre otros. 

Aleixandre y Amador (50), realizan una revisión de los vicios del lenguaje y defectos de estilo de las comunicaciones presentadas en un congreso de documentación médica. Los principales defectos encontrados fueron: errores de puntuación, incorrecciones léxicas, anglicismos, errores de sintaxis, palabras superfluas y abreviaturas no explicadas, escritura incorrecta de los números, abuso del "etc.", defectos de redacción y ausencia de bibliografía. 

Mallo Pérez y colaboradores  (51,52), presentan dos entregas en las que se ocupan de exponer una serie de precisiones al lenguaje estomatológico, tanto lingüísticas como técnicas. 

Discusión  
Al problema del crecimiento de la terminología médica, de la incorporación constante de neologismos y de la falta de normalización se añade el de la traducción o adaptación de los términos que se acuñan en inglés. Si este proceso, que es inevitable, se sigue realizando de forma anárquica, se corre el riesgo de que el español resulte cada vez un lenguaje más incómodo para la comunicación científica, agravado por la proliferación de abreviaciones y el descuido de los aspectos sintácticos. A frenar el deterioro de la situación expuesta podrían contribuir medidas como una mejor formación lingüística de pre y postgrado, el uso sistemático de manuales de estilo por parte de los investigadores y un mayor reconocimiento profesional de especialistas como los correctores de estilo y los traductores científicos. Sería deseable que las instituciones involucradas en la investigación, docencia y práctica médica (Administración, Facultades de Medicina, Reales Academias y Sociedades Científicas) se plantearan, como mínimo, la creación y difusión de glosarios continuamente actualizados de términos técnicos de las distintas especialidades, así como la discusión temprana y la admisión de neologismos acordes con las características de la lengua española. Idealmente, al ser el español una lengua internacional, la creación terminológica debería encomendarse a una institución compartida por España y la América de habla española, con el objetivo de garantizar la vitalidad y la cohesión del lenguaje médico español. Pero ello exigiría la formulación de una política lingüística que hoy no existe, sostenida por una inversión cuya rentabilidad es difícil poner en duda, a juzgar por el preocupante panorama que describen los autores aquí estudiados. 

BIBLIOGRAFÍA

1.Pérez Peña F. Deterioro del lenguaje médico: el imperio de las siglas. An Med Interna 1994; 11: 107-108. 
2.Carré Llopis MC,  Jiménez Villa J. Abreviaturas, siglas y acrónimos en el mundo de los medicamentos. Farm Clin 1995; 12: 62-75. 
3.Baños JE, Guardiola E. Abreviaturas, siglas y acrónimos ¿El dolor "añadido" al lenguaje? Dolor 1996; 11: 97-99. 
4.Aleixandre Benavent R,  Porcel A, Agulló A, Marset S. Vicios del lenguaje médico (I). Extranjerismos y acrónimos. Aten Primaria 1995; 15: 113-118. 
5.Díaz Rojo JA. ¿Qué hacer con los extranjerismos lingüísticos? Med Clin (Barc) 1995; 104: 278-279. 
6.Navarro FA. Ciento treinta y cuatro palabras y expresiones de traducción engañosa en dermatología. Actas Dermosifiliogr 1995; 86: 624-633. 
7.Navarro FA. Tercer listado de palabras de traducción engañosa en el inglés médico. Med Clin (Barc) 1995, 105: 504-514. 
8. Navarro FA, Barnes J. Traducción de títulos al inglés en MEDICINA CLINICA: calidad e influencia del castellano. Med Clin (Barc) 1996; 106: 298-303. 
9.Navarro FA. Doscientas cincuenta palabras y expresiones de traducción engañosa en reumatología. Rev Esp Reumatol 1997; 24: 60-71. 
10. Navarro FA. Palabras francesas de traducción engañosa en medicina. Med Clin (Barc) 1996; 106: 417-426. 
11. Navarro FA. Palabras alemanas de traducción engañosa en medicina. Med Clin (Barc) 1996;  106: 537-544. 
12. Suñé Arbussà JM. Mejoremos la terminología en la escritura científica: El vocablo "rango". Cienc Pharm 1994;  4: 103-104. 
13. Abreu Galán MA, García Bueno MJ. Efecto booster o efecto empuje: mejor un anglicismo que una traducción confusa. Med Clin (Barc) 1995; 105: 799. 
14. Muñoz F. Anglicismos médicos: comentarios del escritor Enrique Badosa sobre "severidad" y "gravedad". Arch Pediatr (Barc) 1995; 46: 108. 
15. Olivé A. Pulmón encogido o colapsado: esa es la cuestión. Med Clin (Barc) 1996;  107: 39. 
16. Olivé A. Palabras francesas de traducción engañosa en medicina. Med Clin (Barc) 1997;  108: 637-638. 
17. Varona L,  Ruiz J. Traducción correcta de un anglicismo. Med Clin (Barc) 1997;  108: 439. 
18. Cano JR, Catalán B. El asedio de la lengua española. Rev Neurol 1997; 25: 2079-2080. 
19. Segura J. El asedio de la lengua española en las Ciencias Médicas. Rev Neurol 1997; 25: 122-125. 
20. Miguel García F, Echevarría M, Poza E. Evidencia científica versus estado actual de la cuestión. Aten Primaria 1997; 20: 454-456. 
21. Manteca González A. Sobre el término evidencia. Aten Primaria 1997; 20: 456-457. 
22. Navarro, F. La acné y otras palabras de género gramatical dudoso en dermatología. Actas Dermosifiliogr 1994; 85: 763-767. 
23. Suñé Arbussà JM. Mejoremos la terminología en la escritura científica. Utilización de las mayúsculas. Cienc Pharm 1994; 4: 211. 
24. Suñé Arbussà  JM. Mejoremos la terminología en la escritura científica. Haber de, tener que, deber. Cienc Pharm 1994; 4: 268. 
25. Suñé Arbussà  JM. Mejoremos la terminología en la escritura científica. Utilización del pronombre "nos". Cienc Pharm 1994; 4: 315. 
26. Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. Signos de puntuación. Cienc Pharm 1995; 5: 101-102. 
27. Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. Los demostrativos, pronombres o adjetivos, este, ese, aquel y sus formas derivadas. Cienc Pharm 1996; 6: 173. 
28. Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. Tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo prever. Cienc Pharm 1996; 6: 219. 
29. Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. Uso del etc. Cienc Pharm. 1996, 6: 296. 
30. Aleixandre Benavent R,  Porcel A, Agulló A, Marset S. Vicios del lenguaje médico (y II). Pleonasmos, solecismos, sinécdoques, deshumanización y otros problemas. Aten Primaria 1995; 15: 184-188. 
31. Rofes Moliner X, Bover Salvadó J. Un caso de normalización terminológica en el vocabulario médico catalán: mastologia y sinologia. Rev Senol Patol Mama 1996; 9: 155-157. 
32. López Briz E, Chicano Plá P. Medicamentos y revistas biomédicas: mejor información, más precisión. Med Clin (Barc) 1997; 109: 117. 
34. Lazara Ochaita P. El nódulo como lesión elemental. Actas Dermosifiliogr  1996;  87: 139. 
35. Tapia Granados JA. Sídico: Perteneciente o relativo al sida. Med Clin (Barc) 1995; 104: 799. 
36. Tapia Granados JA. Sidoso y sídico: dos adjetivos para el sida (contestación). Med Clin (Barc) 1996; 106: 797. 
37. Navarro FA. Sidoso y sídico: dos adjetivos para el sida. Med Clin (Barc) 1996; 106: 797. 
38. Navarro FA. La lepra indeterminada: una traducción de ida y vuelta. (castellano-inglés-castellano). Actas Dermosifiliogr 1996;  87: 204-207. 
39. Motlis J. Divagaciones lexicográficas gerontológicas. Geriatrika 1994 (a); 10: 61. 
40. Motlis J. Reflexiones lexicográficas sexuales... de un jubilado. Geriatrika 1994 (b); 10: 62. 
41. Sánchez Yus E.¿Deben traducirse los topónimos? Med Clin (Barc) 1997;  108: 156. 
42. Navarro FA. ¿Deben traducirse los topónimos? (contestación). Med Clin (Barc) 1997; 108: 156-157. 
43. Abad García MF, Aleixandre Benavent R. Descriptores en MEDLINE para la recuperación de información científica en documentación clínica hospitalaria. Pap Med 1995; 3: 13-16. 
44. Navarro FA. Afrodita, la venereología y el lenguaje médico (I). Actas Dermosifiliogr 1996;  87: 281-285. 
45. Navarro FA. Afrodita, la venereología y el lenguaje médico (II). Actas Dermosifiliogr  1996; 87: 356-360. 
46. Luttikhuizen F. Las complejidades de la escritura científica. Microbiologia  1996;  12: 477-480. 
47. Navarro FA. Corrección de estilo y ética del proceso editorial. Med Clin (Barc) 1996; 106: 757-758. 
48. Vergeles-Blanca JM, Buitrago F. Hipertensión arterial ligera, que no leve. Med Clin (Barc) 1997; 108: 75-76. 
49. Duque Amusco A, Ordóñez Gallego A. El corrector de estilo: una necesidad. Oncologia 1996; 19: 255-258. 
50. Aleixandre Benavent R, Amador Iscla A. Vicios del lenguaje y defectos del estilo científico en las comunicaciones del IV Congreso Nacional de Documentación Médica. Pap Med 1997;  6: 5-13. 
51. Mallo Pérez L, Martín Pérez MJ, Ferreiro Lozano J (a). Precisiones al lenguaje estomatológico. Parte I: Precisiones lingüísticas. Arch Odontoestomatol 1994; 10: 237-242. 
52. Mallo Pérez L, Martín Pérez MJ, Ferreiro Lozano J (b). Precisiones al lenguaje estomatológico. Parte II: Precisiones técnicas. Arch Odontoestomatol 1994; 10: 243-249. 
53. Jiménez Álvarez C. Uso incorrecto del lenguaje en la literatura médica. Cir Pediatr 1995; 8: 133-134. 
54. Alcaraz MA, Navarro FA. ¿Cuál es la causa de los anglicismos médicos? Actas Dermosifiliogr 1997; 88: 694-695. 

Otra bibliografía revisada 

-Arranz M. Palabras clave, descriptores y recuperación de la información. Gac Sanit 1995; 9: 321-322. 
- Baños JE, Guardiola E. Dolor severo y analgésicos narcóticos. Dolor 1996; 11: 33-34. 
- Caro Aragonés I,  Ribera Montaña R. Administración cerebroespinal: terminología. Farm Hosp 1995; 19: 124-125. 
-Carré Llopis MC, Jiménez Villa J. Abreviaciones en el mundo de los medicamentos ¿un problema de comunicación? Farm Clin 1996; 13: 78. 
-Castiñeiras J, López A, Rodríguez-Rubio F. Sinónimos, antónimos y... parónimos de las lesiones uroteliales. Evolución histórica del concepto. Actas Urol Esp 1994; 18:  921-923. 
-Fariña LA. Actas Urológicas Españolas, la historia y la ortografía. Actas Urol Esp 1996;  20: 85. 
-Flórez García M. Palabras clave en rehabilitación y medicina física. Rehabilitacion (Madr) 1994; 28: 53-60. 
-García Pérez A. Sobre terminología dermatológica: eczema y verrucoso. Actas Dermosifiliogr   1996;  87: 425-427. 
-Gener Galbis C. La terminología oftalmológica en los textos clásicos: a propósito de arjema o argema. Arch Soc Esp Oftalmol 1996; 70: 623-624. 
-Gutiérrez Rodilla BM. La influencia del inglés sobre nuestro lenguaje médico. Med Clin (Barc) 1997; 108: 307-313. 
-Madurga M. Acrónimos: una lista abierta. Farm Clin 1996; 13: 76-77. 
-Navarro FA. En defensa de la grafía eccema. Actas Dermosifiliogr 1996;  87: 429-434. 
-Navarro FA, Hernández F, Rodríguez-Villanueva L. Uso y abuso de la voz pasiva en el lenguaje médico escrito. Med Clin (Barc) 1994; 103: 461-464. 
-Ortiz de Frutos FJ, Jiménez Martínez Y. En defensa de la grafía eczema. Actas Dermosifiliogr 1996;  87: 428. 
-Pérez Piqueras J. Editorial. Rev Esp Enferm Dig 1997; 89: 1. 
Serrano Moraza A. Extricación versus rescate medicalizado. Emergencias 1996; 8: 114-115. 
-Sierra Valentí X. El dermatólogo y el lenguaje. Piel  1995; 10: 167-169. 
-Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. Antibioticoterapia. Cienc Pharm 1995; 5: 50-51. 
-Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. Cienc Pharm 1996; 6: 63. 
-Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. Menor que, mayor que Cienc Pharm 1997; 7: 152-153. 
-Suñé Arbussà JM. Mejoremos la terminología en la escritura científica. Cienc Pharm 1994; 4: 54. 
-Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. De acrónimos, siglas, símbolos y abreviaturas. Cienc Pharm 1997;  7: 251. 
-Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. Omisión de parte de un texto. Cienc Pharm  1996; 6: 113. 
-Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. Gragea. Dragea. Gragear. Cienc Pharm 1997;  7: 315. 
-Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. Las unidades de medida del Sistema Internacional, SI. Cienc Pharm 1995; 5: 144-145. 
-Suñé Arbussà JM. Mejoremos la terminología en la escritura científica: El símbolo de la unidad monetaria nacional es PTA. Cienc Pharm 1994;  4: 157. 
-Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. Expresión del tiempo en el Sistema Internacional, SI. Cienc Pharm 1995;  5: 188. 
-Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. Cienc Pharm 1995;  5: 233-239. 
-Suñé Arbussà JM. Nuestra sección "Mejoremos la escritura científica". Cienc Pharm 1995;  5: 245-246. 
-Suñé Arbussà JM. Mejoremos la escritura científica. El término estándar y sus derivados. Cienc Pharm 1995;  5: 296. 
-Urrets-Zavalia A. Asalto alfabético. Sobre el uso y abuso de las abreviaturas en la literatura científica. Arch Soc Esp Oftalmol 1997; 72: 231. 
-Vázquez López F,  Pérez Oliva N. El nódulo como lesión elemental (contestación). Actas Dermosifiliogr 1996;  87: 140. 
-Vázquez López F, Pérez Oliva N, Gotor Corrales ML. Sobre el significado actual del término nódulo en lengua española. Actas Dermosifiologr  1995;  86: 404-407. 

 

Ver Índice