Los problemas del lenguaje
técnico en la literatura médica actual
EL LENGUAJE MÉDICO SE ENFRENTA A UNA SERIE DE PROBLEMAS COMO LA
INCORPORACIÓN CONSTANTE DE NEOLOGISMOS Y EL DE LA TRADUCCIÓN O ADAPTACIÓN DE TÉRMINOS
PROCEDENTES DE OTRAS LENGUAS. EL OBJETIVO DE ESTE TRABAJO ES, POR UN LADO ANALIZAR EL
ESTADO DE LA CUESTIÓN SOBRE ALGUNOS DE ESTOS PROBLEMAS DEL LENGUAJE MÉDICO Y, POR OTRO,
LA PROPUESTA DE ALGUNAS MEDIDAS CAPACES DE FRENAR EL DETERIORO DE ESTA IMPRESCINDIBLE VÍA
DE COMUNICACIÓN
Alberto Amador Iscla, Dirección General de Salud Pública. Conselleria de Sanitat.
Generalitat Valenciana. y Rafael Aleixandre Benavent, Instituto de Estudios Documentales e
Históricos sobre la Ciencia (Universitat de València-CSIC).
Tradicionalmente, la corrección del lenguaje médico ha sido uno de los parámetros
para medir la calidad de los textos científicos. Sin embargo, la hegemonía del inglés
en el lenguaje científico está plagando el lenguaje médico español de incorrecciones
que hacen peligrar el objetivo primordial de toda comunicación científica: la
comprensión del mensaje. A pesar de que algunos autores opinan desde posturas acríticas
que lo importante es que se entienda lo que se quiere decir y que no vale la pena perder
tiempo cuidando la forma, se extiende la idea de que es esencial cuidar el lenguaje y de
que ambas cualidades, calidad científica y corrección formal, están íntimamente
ligadas. Así lo demuestra el hecho de que algunas revistas mantengan una línea
editorial activa en defensa de la precisión terminológica y la corrección
lingüística, a través de editoriales, artículos especiales y cartas al director, o que
otras hayan introducido secciones especiales que se ocupan de este problema. El objetivo
de este trabajo es analizar el estado de la cuestión sobre los problemas que presenta el
lenguaje médico, a partir del análisis de los artículos publicados en revistas médicas
españolas en los últimos cuatro años, proporcionar una bibliografía exhaustiva y
apuntar algunas soluciones.
Método
Se han analizado los artículos sobre lenguaje y terminología médica incluidos en
Documentación Médica Española durante el período 1994-1997. La amplia cobertura del
repertorio (en 1997 se incluyeron artículos procedentes de 211 revistas, frente a las a
138 del Índice Médico Español y las 32 de MEDLINE) y el método de identificación y
selección empleado en su elaboración, en el que los analistas revisan los títulos,
resúmenes y, si es necesario, el texto de los artículos, garantizan la exhaustividad de
la bibliografía obtenida. Además, se incluyen todos los tipos documentales posibles, a
menudo excluidos en otras fuentes, como editoriales, cartas al director, artículos de
secciones especiales y notas, vehículos utilizados habitualmente en trabajos de esta
naturaleza. No obstante, para asegurar una exhaustividad absoluta se consultaron también
las bases de datos IME y MEDLINE.
Resultados
Entre 1994 y 1997 se publicaron 84 artículos sobre lenguaje médico. El 50% se publicaron
como artículos especiales y el 37% como cartas al director.
Las revistas más prolíficas durante los años considerados han sido Medicina Clínica,
Actas Dermosifiliográficas y Ciencia Pharmaceutica y Farmacia Clínica, por ese orden si
consideramos el número de páginas dedicadas al tema
Tabla 1.Distribución
de los artículos sobre lenguaje médico publicados en revistas españolas (1994-1997).
|
| |
Años |
|
|
| Revista |
1994 |
1995 |
1996 |
1997 |
Total |
Nºpaginas |
| Actas Dermosifiliográficas |
1 |
2 |
8 |
1 |
12 |
45 |
| Actas Urológicas Españolas |
1 |
- |
1 |
- |
2 |
4 |
| Anales de Medicina Interna |
1 |
- |
- |
- |
1 |
2 |
| Archivos de Odontoestomatología |
2 |
- |
- |
- |
2 |
13 |
| Archivos de Pediatría |
- |
1 |
- |
- |
1 |
1 |
| Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología |
- |
- |
1 |
1 |
2 |
3 |
| Atención Primaria |
- |
2 |
- |
2 |
4 |
9 |
| Ciencia Pharmaceutica |
6 |
7 |
4 |
3 |
20 |
31 |
| Cirugía Pediátrica |
- |
1 |
- |
- |
1 |
2 |
| Dolor |
- |
- |
2 |
- |
2 |
3 |
| Emergencias |
- |
- |
1 |
- |
1 |
1 |
| Farmacia Clínica |
- |
1 |
2 |
- |
3 |
18 |
| Farmacia Hospitalaria |
- |
1 |
- |
- |
1 |
2 |
| Gaceta Sanitaria |
- |
1 |
- |
- |
1 |
2 |
| Geriatrika |
2 |
- |
- |
- |
2 |
2 |
| Medicina Clínica |
1 |
4 |
7 |
7 |
19 |
65 |
| Microbiología |
- |
- |
1 |
- |
1 |
1 |
| Oncología |
- |
- |
1 |
- |
1 |
4 |
| Papeles Médicos |
- |
1 |
- |
1 |
2 |
11 |
| Piel |
- |
1 |
- |
|
1 |
1 |
| Rehabilitación |
1 |
- |
- |
- |
1 |
8 |
| Revista Española de Reumatología |
- |
- |
- |
1 |
1 |
11 |
| Revista Española de las Enfermedades Digestivas |
- |
- |
- |
1 |
1 |
1 |
| Revista de Neurología |
- |
- |
- |
2 |
2 |
6 |
| Revista de Senología y Patología Mamaria |
- |
- |
1 |
- |
1 |
2 |
| Totales |
15 |
22 |
29 |
19 |
85 |
248 |
Los problemas más tratados en este conjunto de 85 artículos publicado entre 1994 y
1997 han sido, en primer lugar, el uso de anglicismos, tanto terminológicos como
sintácticos, y las dificultades de traducción entre inglés y español, al que están
dedicados una tercera parte de los trabajos y, en segundo lugar, el mal uso de las
abreviaciones, del que se ocupan el 13% de los artículos. Otros cuestiones repetidamente
tratadas son: problemas de género gramatical, deshumanización, abuso de la voz pasiva,
empleo de topónimos, corrección de estilo y abuso del gerundio.
Abreviaciones (abreviaturas, acrónimos, siglas y símbolos)
Pérez Peña (1) afirma que, durante los últimos años, coincidiendo con la
devaluación social y económica de la profesión médica, se ha producido un progresivo y
alarmante deterioro del lenguaje médico. Señala los numerosos problemas que se
encuentran los médicos con los diagnósticos de las historias clínicas de sus
compañeros, debido al uso exagerado de siglas, de las que aporta numerosos ejemplos.
Lamenta que se prefiera la "sopa de letras" a la belleza de la terminología
española de raíz grecolatina. Como causas señala las siguientes: su importación del
inglés a través de la bibliografía; la deficiente formación actual de los alumnos,
quienes han convertido la toma de apuntes en régimen de cooperativa, y la devaluación de
las lenguas clásicas en las instituciones educativas. Como posibles soluciones propone
que la Administración, Facultades de
Medicina,
Colegios de médicos, Reales Academias y Sociedades Científicas regulen la utilización
de abreviaturas y siglas en pruebas de evaluación, informes médicos y artículos
científicos, y llega a proponer su prohibición.
También Carré Llopis (2) señala que son un instrumento impreciso y que la mayor
parte de ellas no están amparadas por los Comités de Normalización, sino sujetas al
capricho del creador. Su abuso puede llevar a graves problemas de comprensión de un
texto.
Baños y Guardiola (3) presentan las definiciones del DRAE (Diccionario de la Real
Academia Española) sobre abreviatura, sigla y acrónimo. Entre los problemas que conlleva
el abuso de estas abreviaciones cita la imprecisión, su falta de normalización (pues
normalmente se construyen según el capricho de su autor), y el hecho de que pueden tener
varios significados (por ejemplo, la abreviación "A" y la "a" tienen
siete significados cada una, la "AA" tiene seis, la "AAA" tiene
tres y la "E" tiene diecisiete). Presenta, también, las principales reglas que
las rigen: no se puntúan, no se separan por espacios, no tienen plural, deben descifrarse
la primera vez que se utilizan en un texto, pueden sustantivarse y su género es el de la
primera palabra que la componen.
Aleixandre y colaboradores (4) observan que son especialmente abundantes en el
lenguaje de las historias clínicas y en el de los volantes de interconsulta entre
médicos (de los que presentan una tabla con numerosos ejemplos), y que su empleo puede
producir confusión, ya que pueden tener más de un significado. El abuso de acrónimos
puede volver ininteligible un texto.
Extranjerismos y problemas de traducción
En el contexto de los extranjerismos, Díaz Rojo (5), propone una serie de criterios para
su aceptación. En primer lugar recuerda que la norma ISO R/860 recomienda los préstamos
formados por cultismos (del latín o del griego). En su opinión, podrían admitirse los
autorizados por obras lexicográficas o terminológicas. No obstante, el hecho de que un
término haya sido admitido no implica necesariamente que sea de uso correcto como, por
ejemplo, "colesterina" y "chequearse". Por el contrario, otros de uso
correcto y general no están admitidos en el Diccionario de la Lengua, como
"bilirrubina" e "hiperglucemia". En el caso de términos de fijación
vacilante, es preferible la variante que mejor se adapte al sistema de la lengua
receptora. Por ejemplo, entre "diskette" y "disquet" (la última
edición del DRAE recoge "disquete"), o entre "complianza" y
"compliancia", preferiremos las segundas formas. Deberán admitirse los
préstamos que presentan serie derivativa, como "estrés", "estresar"
y "estresado", aunque existen casos en que se cumple esta condición pero el
préstamo es innecesario, como "randomizar", "randomización" y
"randomizado". Rechazaremos los extranjerismos para los que la lengua receptora
ya posee una palabra propia; así, no diremos "nodal", sino
"ganglionar". En ocasiones, el extranjerismo adquiere un significado nuevo o
matiz diferente de la palabra castellana. En este caso se mantendrán las dos formas, como
"inhalar" y "esnifar". A veces el extranjerismo se utiliza para
mostrar un deseo de distinción social, afán de notoriedad, estar a la moda o por puro
eufemismo. Se rechazarán los extranjerismos que presenten dificultad de integración
gráfica, fonética o morfológica, como brainstorming, o tormenta de ideas.
También Aleixandre y colaboradores (1995) exponen numerosos ejemplos de anglicismos,
analizan sus causas y explican las ventajas de utilizar términos autóctonos.
Navarro (6,9) ha publicado varios artículos con el título de "palabras y
expresiones de traducción engañosa" o falsos amigos, que se producen al traducir
palabras que tienen una apariencia similar en otros idiomas y en castellano, pero cuyo su
significado es diferente. Como consecuencia, unas veces el texto queda sin sentido y,
otras, el lector cree haber entendido un concepto, cuando el autor expresó algo
totalmente diferente. En la revista Medicina Clínica se han publicado varias listas de
estos falsos amigos en inglés, francés y alemán, así como en la Revista Española de
Reumatología y en Actas Dermosifiliográficas. Algunos ejemplos habituales de
palabras inglesas de traducción engañosa son: dramatic por "dramático",
cuando se refiere a "impresionante, espectacular o considerable"; bulla por
"bulla", cuando se refiere a "ampolla" o "vesícula";
pathology por "patología", cuando se refiere a la anatomía patológica;
protrusion por "protrusión" en lugar de "protuberancia" o
"saliente"; actual por "actual", cuando significa
"real". En otro contexto, defiende la castellanización de los términos
geográficos ingleses, y que es obligado utilizar el nombre castellano de las ciudades en
las referencias bibliográficas. Por lo tanto, es erróneo escribir London, USA, Geneva,
Texas, The Hague, Hawaii, etc.
El mismo autor (10), respecto del francés, tras una introducción sobre la influencia
de este idioma en la lengua castellana, presenta una lista de 300 palabras, entre las
cuales predominan las terminadas en el sufijo -aje, aunque algunas se encuentran ya
plenamente incorporadas al lenguaje. Algunos ejemplos habituales de palabras francesas de
traducción engañosa son: bizarre, que debe traducirse por "extraño" o
"raro", y no por "bizarro"; constipé por "estreñido", y no
por "constipado"; clampage por "pinzamiento", en lugar del galicismo
"clampaje"; despistage por "cribado", en lugar
de "despistaje"; glande por "glándula", y no por "glande";
oreille, que significa "oído" además de "oreja"; tirage por
"tiraje", en lugar de por "depresión respiratoria".
Por último, respecto al alemán, tras una introducción histórica sobre la influencia
del alemán en el español, observa Navarro (11) que las interferencias de este
idioma son menos frecuentes que las del inglés y francés debido a la lejanía
geográfica, al escaso número de traducciones procedentes de este idioma y a que los
traductores suelen tener una formación lingüística más sólida. Algunos ejemplos
habituales de palabras alemanas de traducción engañosa son: ambulanz, que no es
"ambulancia", sino "ambulatorio"; hypertonie, que no se traduce por
"hipertonía", sino por "hipertensión arterial" y sodomie debe
traducirse por "bestialismo" o "zoofilia", y no por
"sodomía".
En otro trabajo, Navarro (8) ha valorado la corrección de los títulos traducidos al
inglés y ha tratado de determinar en qué grado las incorrecciones pueden ser atribuibles
a la influencia del idioma original. Tras analizar los distintos tipos de errores,
encuentra que el 77 por ciento de los títulos presentaban algún tipo de error.
Una serie de autores dedican breves comentarios a este tipo de problemas de traducción de
palabras concretas, como Suñé Arbussà (12) (respecto a la palabra
"rango" y "estándar"), Abreu Galán (13) (respecto a booster y drug)
y Muñoz (14) (respecto a drug y severe), Olivé (15, 16) y Varona (17). Por su
parte, Cano (18), en una sección de la Revista de Neurología titulada "El asedio de
la lengua", expone la mala traducción de numerosas palabras inglesas. En la misma
sección, Segura (19) indica que para ser buen traductor se necesita conocer
el campo que se traduce. De lo contrario el lenguaje se plaga de extranjerismos y falsos
amigos. Presenta una tabla con errores de traducción. Aprovecha el contexto para exponer
algunas diferencias entre el español americano y el de España. Por ejemplo,
"computadora" y "fluoroscopia", que en nuestro país reciben el nombre
de "ordenador" y "radioscopia", respectivamente. Entre los defectos
más llamativos, cita tanto el abuso como la no utilización del gerundio, la
personalización de verbos irregulares, el abuso de la voz pasiva y el "que"
galicado
Miguel García (20), a propósito del auge que está teniendo el concepto de
"evidencia científica" y la "Medicina basada en la evidencia"
presenta la definición de "evidencia" como la "certeza clara y manifiesta
y tan perceptible de una cosa que nadie puede racionalmente dudar de ella". En su
opinión, el adjetivo "científica" se utiliza para reforzar esta evidencia pero
la contradice, pues lo científico nunca será, por definición, evidente. En este
contexto, Manteca González (21) indica que de nuevo se ha producido una traducción
engañosa o falsos amigos del término inglés evidence, ya que evidence significa
"prueba, hallazgo", y tiene un matiz objetivo, mientras que la traducción que
de este término se ha hecho al español tiene un matiz subjetivo y significa algo que no
precisa demostración, desde el punto de vista de quien habla. Propone que sería mejor
utilizar "medicina basada en pruebas, demostraciones o experiencias".
Cuestiones gramaticales
Navarro (22), en un artículo sobre palabras de género gramatical dudoso, a propósito
del género de "acné", que es femenino, explica la distinción entre género y
sexo. El género es gramatical y se aplica a las palabras, mientras que el sexo se aplica
a los seres vivos. En el género de los nombres de persona pueden darse sustantivos con
doble forma ("el médico" y "la médica"), y sustantivos con forma
única y género común (como "el microscopista" y "la
microscopista"). Los primeros suelen acabar en "o", o en consonante
precedida de "o", como "ginecólogo" y "ginecóloga". Las
palabras con género común suelen terminar en "a", en "e" o en
consonante precedida de una vocal que no sea "o", o acabados en -ista, como
"el paciente" y "la paciente", "el anatomista" y "la
anatomista". Sin embargo, en este último caso, se producen algunos problemas porque
el DRAE sigue considerando masculinas muchas palabras que son comunes (como
"analista" y "oyente"), y porque existe la tendencia a convertirlos en
palabras de doble forma (como "el juez" y "la jueza", "el
paciente" y "la pacienta", "el asistente a un congreso" y
"la asistenta a un congreso"), lo que resulta incorrecto.
Se producen algunos problemas de género con los sustantivos de cosas:
1. La mayoría de los terminados en -ma son masculinos ("carcinoma",
"edema"), pero esto no siempre se cumple, como en "enzima",
"reuma" y "asma".
2. Los que incorporan el sufijo -derma deben ser femeninos y no masculinos: "la
eritrodermia" y no el "eritrodermia".
3. Las siglas tienen el género de la primera palabra: "la EPOC" ("la
enfermedad
").
4. No hay que confundir las de género ambiguo con las que tienen la misma forma pero con
distinto significado, como "el editorial" y "la editorial"; "el
cólera" y "la cólera"; "el coma" y "la coma".
5. Los sustantivos femeninos que comienzan con "a" o "ha" tónica, el
artículo singular adopta la forma "el" o "un": "el afta",
"un asa". Si no es tónica, no se aplica la regla anterior: "el afta",
pero, "la acné". Si se antepone alguna partícula, el artículo adopta la forma
original: "el afta", pero "una antigua afta". El cambio no afecta a
los adjetivos "este", "ese", "aquel", "ningún" y
"algún", ni al artículo plural.
Suñé Arbussà (23), sobre el uso tan extendido de la utilización de mayúsculas
entre los médicos, apunta que se aceptan con mayúscula inicial las palabras a las que se
quiere resaltar en el texto o personalizar. Por ejemplo, al referirse a un Servicio o a un
Hospital en concreto. Se acepta también cuando la denominación la forman dos o más
palabras y una de ellas es nombre propio, como, por ejemplo, Laboratorios Pfizer. Indica
que uno de los mayores corruptores del uso de mayúsculas es el BOE, y que no deben
escribirse en mayúsculas los nombres de los meses y los de los productos químicos.
Suñé Arbussà (24,29) también se ocupa de cuestiones gramaticales en su sección
"Mejoremos la escritura científica", entre ellas, las siguientes: el uso
incorrecto de "deber de" en lugar de "haber de" o "tener
que"; el uso del pronombre "nos ", que se utiliza frecuentemente sin
necesidad, como en "este caso nos demuestra
", ya que el carácter general
a que se refiere permite suprimir el "nos"; los errores en los signos de
puntuación, como, por ejemplo, poner signos de puntuación delante de paréntesis; los
demostrativos "aquel", "este" y "ese", que solo se acentúan
cuando existe riesgo de anfibología; la tercera persona del singular del presente de
indicativo de "prever", que lleva una sola "e" y, por último, los
errores en la utilización de la abreviatura "etc." y de los puntos
suspensivos.
Aleixandre y colaboradores (30) tratan ampliamente los problemas de los pleonasmos,
solecismos y sinécdoques, así como los errores de acentuación y presentan una
tabla con términos que admiten doble acentuación.
Aspectos terminológicos
Algunos autores ofrecen listados terminológicos y glosarios de términos cuya consulta
puede resultar útil. Rofes Moliner y Bover Salvadó (31) explican las funciones del
Centre de Terminologia TERMCAT, cuya finalidad es coordinar las actividades
terminológicas relativas a la lengua catalana. Entre sus funciones destacan la
normalización terminológica, con dos objetivos: asegurar la designación unívoca de los
diferentes conceptos utilizados en cada área de conocimiento, y preservar la lengua de
neologismos que no se han formado aprovechando correctamente los recursos de la propia
lengua. Por su parte, López Briz (32) expone la necesidad de que la denominación
para los medicamentos se corresponda con la denominación oficial u otras denominaciones
normalizadas. Suñé Arbussà (33)y Lázarra Ochaita (34) presentan glosarios de
términos sobre trasplantes y dermatología, respectivamente.
De la formación de adjetivos médicos se ocupa Tapia Granados (35,36) que indica que
el adjetivo más lógico para referirse a "perteneciente o relativo al sida" es
"sídico", ya que el sufijo -ico es el más habitual en la formación de
términos cultos. Opina que "sidoso" tiene connotaciones peyorativas y que
"sidal" no es eufónico y no es frecuente en castellano como sufijo de términos
técnicos. En el mismo contexto, Navarro (37) polemiza con el autor anterior y plantea que
además de los sufijos -oso, -al e -ico ("sidoso", "sidal" y
"sídico"), existen otros muy utilizados, como -ario ("embrionario"),
-ar ("alveolar"), -eo ("cutáneo") y -ano ("bacteriano").
Defiende la postura de que "sídico" es lo perteneciente o relativo al sida,
mientras que "sidoso" se refiere al paciente afectado por sida.
Sobre la etimología de los términos médicos, Navarro (38), a propósito de la
oportunidad de utilizar el término "lepra indeterminada", presenta un recorrido
cronológico de los diversos idiomas de la medicina a través de la historia. En la Edad
Media y hasta el siglo XIX, el lenguaje utilizado por los médicos era el latín. A partir
de siglo XIX empezaron a utilizarse las lenguas vulgares derivadas de éste. Esto ha
motivado que el lenguaje médico tenga numerosos vocablos de origen griego, latino, de las
lenguas prerromanas, del árabe e incluso de las lenguas amerindias, así como galicismos,
anglicismos, germanismos, términos del italiano, holandés, portugués, idiomas africanos
y asiáticos. Por el contrario, el español no ha proporcionado muchos vocablos al
lenguaje médico internacional.
Tabla 2. Lenguas de origen de
algunos términos médicos. |
| Lenguas de origen |
Vocablos actuales |
| Griego |
acné, afta, carcinoma, dermatología, eritema, herpes, lepra,
síndrome |
| Latín |
absceso, célula, erupción, forúnculo, nevo, piel, tiña, uña, verruga,
virus |
| Lenguas prerromanas |
izquierda, pestaña, sabañón |
| Árabe |
álcali, alcohol, elixir, jarabe |
| Lenguas amerindias |
cacao, cobaya, cumarina, guanina, ipecacuana |
| Galicismos |
bocio, chancro, masaje, pipeta, tisular, viable |
| Anglicismos |
bypass, flutter, láser, escáner, shock |
| Alemán |
cinc, éster, mastocito, vaselina |
| Italiano |
belladona, influenza, malaria, pelagra, petequia |
| Holandés |
droga, escorbuto, esprue |
| Portugués |
albinismo, fetichismo, sarpullido |
| Idiomas africanos |
kwashiorkor, mosca tse-tse, uabaína |
| Idiomas asiáticos |
agar, beriberi, bezoar, kala-azar, tabú, tatuaje, té |
El problema de la deshumanización del lenguaje médico ha sido tratado por Motlis
(39), quien advierte que la expresión "enfermo terminal" va contra la ética
médica, cuya finalidad es alentar, dar esperanzas a los enfermos. Además, el personal
sanitario puede disminuir el interés para atenderlos.
Por su parte, Aleixandre y colaboradores (30) ponen algunos ejemplos de este tipo
de expresiones, como citar a los pacientes (personas bajo tratamiento médico) como
"casos", a las personas que padecen hipertensión como "hipertensos" y
la expresión "manejar" a los pacientes (una mala traducción del término
inglés management).
Sánchez Jus (41) y Navarro (42)establecen un debate en torno a la conveniencia o
no de utilizar topónimos traducidos. La traducción deberá llevarse a cabo cuando: a) el
nombre original no está escrito en caracteres latinos; b) aquellos que ya tienen una
forma consagrada históricamente. Como ventajas de la traducción, Navarro indica que
facilita la formación de gentilicios. Por ejemplo, de Austria es fácil formar
austríaco, pero de Österreich resulta difícil. Por otra parte se plantea el problema de
que el castellano no es la única lengua en la que se puede expresar el nombre de una
ciudad (¿Alicante o Alacant?).
Abad García y Aleixandre (43) realizan una selección y clasificación de los MeSH
(Medical Subject Headings) utilizados por la National Library of Medicine para indizar los
artículos sobre documentación clínica hospitalaria, así como la traducción al
castellano, tanto de los términos como de la definición que aporta el MeSH.
Navarro, en dos artículos publicados en la revista Actas Dermosifiliográficas (44,45)
realiza una curiosa revisión y análisis de los términos médicos derivados de la
mitología, de la que se ofrece un resumen en la tabla 3.
Tabla 3. Algunos
términos médicos derivados de personajes mitológicos. |
| Personaje mitológico |
Ejemplos de términos derivados |
| Afrodita |
afrodisíacos, antiafrodisíacos, anafrodita (frigidez) |
| Eco (repetición) |
ecografía, ecomatismo, ecomimia, etc. |
| Eos |
eosina, eosinofilia, eosinófilo, etc. |
| Eros |
erotismo, erótico, erógeno, etc. |
| Helios |
gas helio, helioterapia |
| Hermes + Afrodita |
hermafroditismo |
| Mercurio |
mercurio (en termómetros y esfigmomanómetros) |
| Narciso |
narcisismo |
| Ninfas |
ninfas (labios menores), ninfomanía, etc. |
| Pigmalion |
pigmalionismo |
| Priapo |
priapismo |
| Venus |
venéreo, enfermedades venéreas, contagio venéreo, etc., y collar de
Venus, monte de Venus |
| Vulcano |
collar de Vulcano |
Otros aspectos tratados
Luttikhuizen (46), en un artículo publicado en inglés informa de que existen pocas
instituciones europeas que ofrezcan cursos superiores en escritura técnica y rechaza la
actitud de quienes piensan que si los científicos se
ven obligados a escribir, entonces
serían escritores y no científicos, lo que no es más que una excusa. Entre los defectos
más frecuentes cita la falta de claridad, el abuso de la voz pasiva y la
redundancia.
Con respecto a la corrección de estilo, Navarro (47) recuerda que las
correcciones de estilo deben enviarse al autor, como responsable último de cuanto se
publique con su nombre, para que acepte o rechace las modificaciones introducidas. Se
trata de una responsabilidad ética de los correctores respecto al autor, ya que es un
derecho de todo autor que su obra se reproduzca tal como la concibió. Para Vergeles (48),
los correctores de estilo de Medicina Clínica mantienen una actitud impositiva respecto
al uso de algunos adjetivos. Por ejemplo, el adjetivo inglés mild puede traducirse
correctamente por apacible, blando, suave, leve, ligero y moderado. La ausencia de unos
criterios unificados explica que se utilicen diferentes vocablos. Respecto a la
conveniencia de utilizar la expresión "hipertensión leve" o
"hipertensión ligera", señala que, según el DRAE, no existen diferencias
sustanciales entre estos dos adjetivos. Duque Amusco (49), a propósito de la necesidad de
la corrección de estilo, afirma que frecuentemente pensamos que lo importante en la
comunicación es lo que queremos decir, sin que nos preocupe la forma de decirlo, y que la
retórica y la falta de claridad y sencillez no confieren más altura a nuestro discurso.
Presenta ejemplos de palabras y expresiones incorrectas ("estadío" por
"estadio", "hospital referencial" por "hospital de
referencia", "enfermos refractarios" por "enfermos resistentes",
"disconfort", "adherencia al tratamiento", "entrenamiento
asertivo") y pleonasmos (como "la radioterapia en el
tratamiento
").
Artículos que tratan problemas en general
Aleixandre y colaboradores (30) realizan una revisión en dos entregas de los
principales vicios del lenguaje médico: extranjerismos (donde analizan sus causas y
explican las ventajas de utilizar términos autóctonos), abuso de abreviaturas y
acrónimos (con los problemas de confusión y falta de entendimiento que conlleva su uso),
pleonasmos, solecismos y otros aspectos, como el lenguaje político y sexista, la
deshumanización, entre otros.
Aleixandre y Amador (50), realizan una revisión de los vicios del lenguaje y defectos
de estilo de las comunicaciones presentadas en un congreso de documentación médica. Los
principales defectos encontrados fueron: errores de puntuación, incorrecciones léxicas,
anglicismos, errores de sintaxis, palabras superfluas y abreviaturas no explicadas,
escritura incorrecta de los números, abuso del "etc.", defectos de redacción y
ausencia de bibliografía.
Mallo Pérez y colaboradores (51,52), presentan dos entregas en las que se ocupan
de exponer una serie de precisiones al lenguaje estomatológico, tanto lingüísticas como
técnicas.
Discusión
Al problema del crecimiento de la terminología médica, de la incorporación constante de
neologismos y de la falta de normalización se añade el de la traducción o adaptación
de los términos que se acuñan en inglés. Si este proceso, que es inevitable, se sigue
realizando de forma anárquica, se corre el riesgo de que el español resulte cada vez un
lenguaje más incómodo para la comunicación científica, agravado por la proliferación
de abreviaciones y el descuido de los aspectos sintácticos. A frenar el deterioro de la
situación expuesta podrían contribuir medidas como una mejor formación lingüística de
pre y postgrado, el uso sistemático de manuales de estilo por parte de los investigadores
y un mayor reconocimiento profesional de especialistas como los correctores de estilo y
los traductores científicos. Sería deseable que las instituciones involucradas en la
investigación, docencia y práctica médica (Administración, Facultades de Medicina,
Reales Academias y Sociedades Científicas) se plantearan, como mínimo, la creación y
difusión de glosarios continuamente actualizados de términos técnicos de las distintas
especialidades, así como la discusión temprana y la admisión de neologismos acordes con
las características de la lengua española. Idealmente, al ser el español una lengua
internacional, la creación terminológica debería encomendarse a una institución
compartida por España y la América de habla española, con el objetivo de garantizar la
vitalidad y la cohesión del lenguaje médico español. Pero ello exigiría la
formulación de una política lingüística que hoy no existe, sostenida por una
inversión cuya rentabilidad es difícil poner en duda, a juzgar por el preocupante
panorama que describen los autores aquí estudiados.
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